Humberto Ortega, un general de gusto fino

Reportaje - 09.09.2019
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Megalómano le dicen sus amigos. Fue el poderoso jefe del ejército en los años ochenta. Distante de su hermano Daniel, todavía hoy sus opiniones pesan. Es el general Humberto Ortega, que no logró desarrollarse como guerrillero

Por Eduardo Cruz

Humberto Ortega vive entre Nicaragua y Costa Rica. Donde quiera que esté no importa. En cualquiera de los dos lugares vive en “condiciones de millonario”, dicen quienes lo conocen de cerca. En Nicaragua habita en la Carretera a Masaya, en un lugar que llaman Complejo Tres, donde tiene hasta gimnasio. En Costa Rica, en Escazú, uno de los sitios más lujosos de ese vecino país del sur.

Para Ortega, ya quedaron muy atrás los años de dificultad que pasaron sus padres, Daniel Ortega y Lydia Saavedra, quienes, por las duras condiciones de vida en La Libertad, Chontales, y también por falta de recursos, perdieron a sus dos primeros hijos, Germania y Sigfrido. Y después pasaron apuros para criar a sus siguientes cuatro hijos: Daniel, Humberto, Germania y Camilo.

Humberto Ortega Saavedra fue jefe del ejército entre 1979 y 1995. Ahora, aunque él lo niega, se dedica a los negocios. FOTO/ ARCHIVO PERSONAL/ ÓSCAR NAVARRETE

La vida cambió completamente para Ortega cuando, de la mano de otros ocho comandantes, llegó al poder en julio de 1979 y se convirtió, por casi 16 años, en el jefe máximo del Ejército Sandinista, acumulando un poder casi ilimitado y disfrutando de placeres en abundancia, mientras promovía el Servicio Militar Patriótico (SMP).

Hoy, convertido en empresario, aunque no le gusta que lo califiquen como tal, Humberto está públicamente alejado de su hermano Daniel, otro de los comandantes de los ochenta y quien ostentando el cargo de coordinador de junta de gobierno o de presidente, en diversos periodos, se ha convertido en el hombre que más tiempo ha estado en el poder en Nicaragua, casi 23 años.

En diciembre de 2018, en plena crisis sociopolítica que se originó en abril de ese mismo año, por haber opinado a favor de elecciones adelantadas, Daniel llamó “peón del imperio” norteamericano a su hermano Humberto Ortega y desde entonces este último aparece menos en la escena pública. Un ex alto oficial del ejército dice que “él nunca está quieto, siempre está hablando o manipulando, lo que pasa es que no lo escuchamos”.

En los siguientes párrafos, la revista Magazine trata de describir al “comandante en jefe” —así le gustaba que lo llamaran en los ochenta—, Humberto Ortega Saavedra.

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Para hablar con Humberto Ortega hay que abocarse primero con su asistente. Un amigo de él, que omite su identidad, se queja: “Cuando él quiere hablar conmigo me llama por teléfono. Pero si yo quiero hablar con él no puedo, porque me sale número desconocido. Entonces no le puedo devolver la llamada. Y yo le digo, “ideay jodido, no te puedo llamar yo”. Él se ríe y me dice que me va a dar el número, pero nunca me lo da”.

Ortega ha sido así desde que se convirtió en jefe del Ejército, en agosto de 1979. Róger Miranda Bengoechea, su asistente personal entre 1982 y 1987, describe en su libro La guerra civil en Nicaragua: dentro de los sandinistas, que en los ochenta Ortega no quería que nadie fuese más que él, excepto su hermano Daniel, y por eso se hacía el inalcanzable. Ni siquiera el segundo jefe del Ejército, Joaquín Cuadra, podía comunicarse con él directamente.

“Hacía esperar a la gente para mostrar su importancia”, dice Miranda, quien lo califica de “megalómano”.

De acuerdo con Miranda, Ortega mantenía su imagen como un comandante “infalible” de la revolución y no tomaba alcohol a menos que fuera en grupos muy reducidos.

Un viejo cuadro del sandinismo considera que Ortega y su hermano Daniel son “acomplejados”, porque cuando eran niños fueron expulsados del club social de Juigalpa porque no eran socios y por eso, cuando llegaron al poder, le hicieron la guerra a la burguesía. “Aunque luego ellos se volvieron burgueses”, dice la fuente que pide el anonimato.

Ortega opina poco de la gestión de su hermano mayor. FOTO/ ARCHIVO

Nadie quiere hablar abiertamente de los hermanos Ortega. “Lo que pasa es que todos sabemos que Daniel se irá en cualquier momento, pero Humberto se va a quedar y no sabemos”, dice otra persona allegada al exjefe militar.

De todos los nueve comandantes que gobernaron Nicaragua en los años ochenta, el que menos sabía hablar en público era Humberto, y no Daniel como piensan muchos, consideran los allegados del exjefe del Ejército.

Miranda Bengoechea dice que antes de dar un discurso Ortega practicaba, pero luego se le olvidaba todo cuando empezaba a hablar y cuando veía que no podía era breve su intervención.

Cuando ya terminaba, preguntaba: “¿Cómo hablé?” “Fabuloso”, le respondían los cercanos, aunque había sido “tedioso y terrible”, “era repetitivo y tartamudeaba”.

Para sus allegados, Ortega no podía soportar estar equivocado y por eso en muchas ocasiones le echaba la culpa de sus errores a sus subordinados.

Además, le molestaba sujetarse a horarios y programas de trabajo y por ello, en muchas ocasiones, cancelaba o posponía reuniones.

También era desconfiado. Ortega siempre pensaba que lo iban a matar envenenado o emboscado. Por eso cuando iba a comer un oficial de apellido Vanegas era quien probaba primero la comida, de tal manera que ese oficial luego bromeaba: “El general se come mis sobras”, decía. Y cuando se desplazaba, siempre iba delante de él un contingente explorando el terreno por donde pasaría Ortega. Era tan desconfiado y paranoico, que sus escoltas tenían órdenes de disparar.

La desconfianza de Ortega alcanzaba a las personas que eran cercanas a él como el segundo jefe del Ejército, Joaquín Cuadra, o a otro de los nueve comandantes, Tomás Borge, ministro del Interior en los años ochenta. Miranda Bengoechea acusa a Ortega de que mandaba a espiar a Cuadra y a Borge, del primero porque tenía celos y del segundo porque no se llevaba bien con él.

Los allegados de Ortega también lo tildan de inseguro. Gusta de verse en el espejo para asegurarse de que todo está bien con su vestimenta y su aspecto. “Era de esos militares elegantes, de los que salen en las películas. Y cuando se vestía de civil era un figurín. Sus camisas Lacoste, reloj Rolex, sus botines Bally bien lustrados, los lentes nítidos”, dice una persona allegada a la familia de Ortega.

En noviembre de 2016, Ortega sorprendió apareciendo en televisión mientras vestía de manera casual, con una camiseta mangas largas, fondo gris, con rayas horizontales, cuello V, y una bufanda colgándole del cuello. La imagen fue impactante para quienes lo tienen en la memoria vestido de militar.

Si algo bueno destacan de Ortega sus amistades es que es buen bailarín, le gustan las cumbias y los mambos. Además, le encanta jugar beisbol y a menudo lo hacía con sus escoltas y personal de servicio.

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“ La vida de ellos es muy lujosa”, era una de las explicaciones que solía dar Rosario Murillo, para justificar por qué no le gustaba un acercamiento entre su familia con la de su cuñado Humberto Ortega, en los años ochenta.

Un amigo de ambas familias cuenta que cuando se juntaban se podían ver diferencias, pues las hijas de Humberto Ortega se vestían con ropa de marca, mientras que la vestimenta de los hijos de Daniel Ortega y Rosario Murillo era más sencilla. A veces se bromeaba con “la familia rica” y “la familia pobre”.

Allegados de Humberto Ortega explican que en la casa de este último, durante los años ochenta, todo lo que había era comprado en el extranjero, a pesar de que Nicaragua vivía en esa época un bloqueo económico.

Róger Miranda Bengoechea explica en su libro que Ortega aprovechaba que el Ejército tenía un comprador que iba al extranjero a traer suministros.

El beisbol es una de las pasiones de Ortega, quien se jacta de tirar curvas. FOTO/ CORTESÍA

En 1987, según Miranda, con un salario de 300 dólares mensuales, Ortega tenía 2.5 millones de dólares en un banco de Suiza. De acuerdo con el exasistente de Ortega, ese dinero era producto de negocios que hacía el entonces jefe del Ejército con el comprador de la institución, Mario Castillo, quien inflaba los precios de los artículos, “desde vehículos hasta televisores, y luego Castillo y Ortega supuestamente se repartían mitad y mitad.

Además, Ortega habría manejado una caja chica de 200 mil dólares mensuales.

La seguridad personal que tenía Humberto Ortega era impresionante. Miranda la calcula en 350 hombres y al menos 18 vehículos. También tenía un “anillo” de asistentes, para que fuese difícil acceder a él. “La casa se parecía a una fortaleza. Eran cientos de guardas alrededor”, dice una fuente.

Otros exoficiales del Ejército aseguran que Ortega se habría beneficiado de una venta de armas a Perú y Ecuador, la cual se hizo después del triunfo de Violeta Barrios de Chamorro.

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N i Daniel ni Humberto Ortega son fundadores del Frente Sandinista (FSLN), movimiento guerrillero fundado entre 1962 y 1963 por Carlos Fonseca Amador y otros opositores al régimen de los Somoza.

Ellos se unirían al FSLN poco después de fundado. Daniel primero y luego Humberto.

Ortega narra en su libro La epopeya de la insurrección que debió frustrar sus estudios de secundaria en el Instituto Pedagógico de Managua cuando estaba en segundo año para velar por los negocios de su padre, luego de que este último fue operado de la tráquea.

A pesar que los Somoza le negaron matrícula en los colegios de Managua, Ortega explicó a LA PRENSA que se bachilleró en 1966 y luego se formó, de manera autodidacta durante la lucha clandestina, en filosofía política marxista, historia, y recibió cursos militares en Cuba y Corea del Norte.

Su exasistente personal, Róger Miranda Bengoechea, señala que Ortega no fue buen estudiante y que se le daba mejor “la inteligencia de la calle”, lo cual le serviría después para incursionar en la guerrilla del FSLN. Además, indica Miranda, Ortega era bueno a los pleitos callejeros.

Los padres de Humberto Ortega y Germania, en Costa Rica, cuando cayó preso tras intentar liberar a Carlos Fonseca. FOTO/ ARCHIVO

Ya integrado totalmente al FSLN, Ortega cayó preso por primera vez en 1967 cuando con otros intentó atacar, por Las Piedrecitas, a una caravana en la que venía Anastasio Somoza Debayle desde León.

En ese mismo año, en el mes de abril, Ortega abandona la casa de sus padres y se va a la clandestinidad con el FSLN. Casi inmediatamente después se va a entrenar militarmente a Cuba.

La primera acción de envergadura en la que Ortega participa llegaría en el año de 1969, cuando le corresponde ser parte del grupo de guerrilleros que intenta liberar a Carlos Fonseca Amador, quien estaba preso en Alajuela, Costa Rica. Se desconoce cómo se iba a desarrollar el guerrillero Humberto Ortega, propiamente como tal, porque esa fue también la última acción en la que participó activamente, pues sufrió heridas de bala que lo dejaron inhabilitado para el resto de su vida para un combate.

Mientras los guerrilleros sandinistas se liaban a balazos con los guardas de la cárcel costarricense, Ortega fue alcanzado por las balas. En los años noventa él contó el episodio así a la revista 7 Días: “Yo recibo dos balazos, uno calibre 38 milímetros, cuando me encontraba al interior del cuartel, atraviesa mi pecho y me roza el corazón.

El otro, calibre 45 milímetros, que disparan desde el torreón cuando ya he logrado alcanzar el automóvil y me dispongo a abordarlo. Impacta en mi hombro derecho y lo paraliza, catapultándome sobre el carro. Carlos Fonseca viene detrás de mí, me introduce en el vehículo y con Plutarco Hernández partimos velozmente hacia San José”.

Los nicaragüenses no corrieron largo porque fueron capturados y Ortega estuvo un año preso en Costa Rica, hasta que en 1970, otro comando sandinista, dirigido por el costarricense Carlos Agüero, en el que participó también la compañera de este último, Ligia Trejos Leiva, secuestró un avión y lograron la libertad de los presos, quienes luego fueron llevados a Cuba.

Así terminaría la aventura guerrillera de Humberto Ortega, porque después, cuentan antiguos guerrilleros del FSLN, pasó varios años en Cuba, donde le practicaron varias operaciones para lograr recuperar la movilidad en los dedos de ambas manos. En una de las manos logró mejor recuperación que en la otra, pero no volvió a ser apto para ir a un combate.

Ortega se convertiría después en una especie de “estratega”, dirigiendo acciones de combate, ya fuera desde Cuba o posteriormente desde Costa Rica. Uno de los operativos por los cuales Ortega se enorgullece mucho fueron los ataques a diferentes cuarteles de la Guardia Nacional en octubre de 1977, lo que los sandinistas denominaron Octubre Victorioso, a pesar de que no lograron tomar ninguna ciudad, solo San Carlos, en Río San Juan, por cinco horas

Fue la primera ofensiva que el FSLN lanzó contra la dictadura somocista y se produjo cuando se suponía que este movimiento guerrillero estaba casi liquidado.

Para ese momento, el FSLN estaba dividido en tres facciones: los proletarios, los Guerra Popular Prolongada (GPP) y los terceristas, esta última dirigida por los hermanos Daniel y Humberto Ortega y el mexicano Víctor Tirado. Este último grupo también era el más fuerte.

De acuerdo con antiguos guerrilleros sandinistas, los más fuertes eran los de la GPP y los terceristas. Los de la GPP era el que se inclinaba a hacer la guerra al somocismo en las montañas, pero allí la Guardia Nacional había casi exterminado la guerrilla. Incluso, en noviembre de 1976 mataron al máximo líder Carlos Fonseca Amador en las montañas de Zinica.

Los terceristas, por su parte, eran los favoritos del dictador cubano Fidel Castro. Entre los sandinistas antiguos se cuenta que Castro nunca quiso recibir a Carlos Fonseca Amador, a pesar de que este último estuvo varios años en Cuba. En cambio, Castro sí recibió a Humberto Ortega.

Los terceristas, iniciando con los ataques de octubre de 1977, comenzaron una estrategia de realizar operativos en las ciudades y de esa manera llamar la atención tanto dentro como fuera del país. Según viejos guerrilleros, mientras la GPP era diezmada por la Guardia Nacional en las montañas, de donde casi no se sabía nada porque lo que ocurría poco salía en las noticias, los terceristas actuaban en las ciudades y ganaban popularidad. Fue el caso, por ejemplo, de la toma del Palacio Nacional, en agosto de 1978, en la cual se hizo célebre Edén Pastora.

En menos de dos años, desde que los terceristas iniciaron los ataques sistemáticos en las ciudades, en julio de 1979, cayó la dictadura somocista y los guerrilleros sandinistas subieron al poder.

Y aunque después se vendió la idea de que el estratega de la victoria había sido Humberto Ortega, quien estaba en una oficina de Palo Alto, en Costa Rica, detrás de Dionisio Marenco dirigiendo la ofensiva final contra los Somoza, quienes pactaron la rendición de la Guardia Nacional con sus últimos jefes, antiguos guerrilleros del FSLN comentan que en realidad en Costa Rica lo que había era una “repetidora” porque la guerra la estaban dirigiendo los cubanos desde Cuba, con Fidel Castro a la cabeza.

“Humberto Ortega era el favorito de Fidel Castro”, comenta un ex alto oficial del Ejército Sandinista.

La familia Ortega Saavedra. Arriba: Germania y Camilo. Abajo: Daniel Ortega Saavedra, Daniel Ortega Cerda, Lidia Saavedra y Humberto. FOTO/ CORTESÍA

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El 20 de julio de 1979, miles de nicaragüenses se reunieron en la plaza de la República para celebrar la caída de los Somoza. Ese día se comenzaron a conocer los rostros de los “comandantes” sandinistas, entre ellos Humberto Ortega Saavedra.

Antes del triunfo, en marzo de 1979, los sandinistas de las tres tendencias se habían reunido para lograr la unidad y conformaron una Dirección Nacional integrada por tres miembros de la GPP, tres de los proletarios y tres de los terceristas. Nueve comandantes en total, quienes habrían de gobernar Nicaragua en los años ochenta.

En distintas oportunidades, algunos de ellos dicen no recordar exactamente cómo fue que Humberto Ortega fue designado como jefe del naciente Ejército Sandinista. Aunque ahora explican que por ser los terceristas la tendencia más fuerte se quedó con los principales cargos, ya que otro tercerista, Daniel Ortega, fue elegido como el miembro de la Dirección Nacional que representaría a la misma en la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) y luego, en las elecciones de 1984, se convertiría en presidente de Nicaragua.

Otros explican que todo fue decidido por Fidel Castro, quien siempre vio con buenos ojos a Humberto Ortega.
El propio Ortega se lo explicó así al Diario LA PRENSA: “La tendencia insurreccional que yo coordino fue el eje gravitacional para el triunfo de la insurrección del pueblo el 19 julio 1979. Ya previo al triunfo en el proceso de negociación para la unidad de las tendencias sandinistas, habíamos acordado entre Tomás Borge, Daniel Ortega y mi persona, que Daniel sería miembro de la Junta de Gobierno; Tomás, ministro del Interior y yo jefe del Ejército.

Posterior al triunfo, en una reunión con parte de los nueve miembros de la Dirección Nacional esta voluntad y realidad política se formalizó con el importante apoyo del comandante Henry Ruiz”.

El 19 de agosto de 1979, apenas un mes después del triunfo, la Dirección Nacional designó a Ortega como el “comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista (EPS), cargo que desempeñó durante casi 16 años, hasta que en febrero de 1995, la presidenta Violeta Barrios de Chamorro anunció su retiro. Debió retirarse en abril de 1990, cuando los sandinistas entregaron el poder, pero una serie de negociaciones entre sandinistas y la Unión Nacional Opositora (UNO) le permitieron seguir ostentando el cargo, a pesar de que generaba mucha desconfianza entre los contrarrevolucionarios que habían aceptado desarmarse para iniciar un proceso de paz.

De acuerdo con ex altos oficiales del Ejército Sandinista, el calificativo de “comandante en jefe” le gustaba mucho a Ortega, porque lo hacía sentir más que los otros ocho comandantes de la Dirección Nacional. Incluso, tuvo problemas con eso en Cuba, porque en la isla ese calificativo estaba reservado únicamente para Fidel Castro.

Como jefe del Ejército, algunos de sus exsubordinados consideran que Ortega “nunca fue un militar de carrera, sino que siempre aspiró a otras cosas. Él decía que él estaba para empresas mayores, para dirigir la revolución. Se sobreestimaba mucho”, cuenta un oficial en retiro.

Para muchos exmiembros del Ejército Sandinista, la verdadera conducción del Ejército la llevó durante los años ochenta, al menos en un 90 por ciento, el segundo jefe, el general Joaquín Cuadra Lacayo. “Cuadra sí era un militar”, dice un exoficial. De hecho, Róger Miranda Bengoechea en su libro explica que Ortega le tenía envidia a Cuadra Lacayo, por diferentes razones, especialmente porque Cuadra provenía de “buena familia”, había sido un destacado guerrillero y gozaba del aprecio de los subordinados.

A diferencia de Cuadra, Ortega no pudo desarrollarse en la guerrilla contra Somoza debido a que los dedos de sus manos habían quedado afectados por uno de los balazos que recibió en 1969, en el intento de liberar a Carlos Fonseca en Costa Rica. Mientras que Cuadra fue pieza clave en el Frente Interno.

Además, Ortega desarrolló una estrategia de no ser accesible para nadie. Para poder hablar con él, los subordinados tenían que pasar por “anillos” de asistentes para conseguir cita. Cuadra, por su parte, era campechano. “Cuadra se ganaba el cariño y el respeto de la gente. Humberto era alguien que estaba demasiado arriba, inalcanzable. Él se hacía inalcanzable”, dice un exmiembro del Ejército.

Principalmente, Cuadra vivía entregado a la vida militar, mientras que Ortega se dedicó a gozar de una vida de lujos, explican exoficiales bajo el anonimato.

A Ortega también le atribuyen algunas acciones de irrespeto hacia sus subordinados.

En 1990, cuando los sandinistas perdieron el poder, Ortega firmó con Antonio Lacayo el acuerdo de transición que —según el propio Ortega— “aseguró la estabilidad básica necesaria para marchar por el difícil proceso de la guerra a la paz, lo que le permite defender al EPS y apoyar al FSLN ante el revanchismo y alta polarización política”.

Ortega afirma que se sometió a la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, lo cual, años después, su hermano Daniel Ortega se lo enrostraría como una traición. “El general Humberto Ortega era el jefe del Ejército, que desde entonces con la salida del gobierno (sandinista) simplemente decidió pasarse al lado de los que habían ganado las elecciones y convertirse en un peón de la oligarquía y del imperio, un servidor de la oligarquía y del imperio”, dijo Daniel Ortega en diciembre pasado, durante la crisis sociopolítica que impera en Nicaragua desde abril de 2018.

Lydia Saavedra y Daniel Ortega celebran la liberación de Daniel en 1974. FOTO/ CORTESÍA

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Daniel Simeón Ortega Cerda nació en 1905 y fue el padre de los guerrilleros sandinistas Daniel, Humberto y Camilo Ortega Saavedra.

En La Libertad, Chontales, Ortega Cerda conoció a quien sería su esposa, Lydia Saavedra. Ella era hija del comerciante Benjamín Saavedra y de Mercedes Rivas.

Los dos primeros hijos que tuvieron fueron Germania y Sigfrido. Ortega Cerda era fan de los alemanes y por eso les puso esos nombres, pero los niños solo vivieron dos y tres años, respectivamente, y murieron en 1945, según el general Ortega por las duras condiciones de vida en la zona y también por falta de recursos. Uno de ellos, Sigfrido, murió el 8 de noviembre, solo tres días antes de que naciera Daniel Ortega Saavedra. Germania había fallecido en junio.

El abuelo paterno de los Ortega Saavedra, Marco Antonio Ortega, fue un personaje sumamente importante en la Granada de inicios del siglo pasado. Escribió La Patria Amada, el Himno Nacional de Nicaragua durante casi 30 años, desde 1910 hasta 1939.

Además, Marco Antonio Ortega fue maestro y luego director del Instituto Nacional de Oriente, donde fue maestro de grandes personajes de la historia nicaragüense, entre los que sobresale el propio fundador de la dinastía somocista, Anastasio Somoza García.

Después del nacimiento de Daniel, el matrimonio Ortega Saavedra se trasladó a Juigalpa, donde nació Humberto, el 10 enero 1947, y un año después nace una niña, a quien inicialmente llaman Lydia Mercedes, pero un año después la bautizan como Germania del Carmen, igual que la primera hija fallecida.

Luego la familia se va a Managua, donde nace Camilo Antonio, en diciembre de 1950.

A partir de 1960 los padres viven pendientes de la vida de sus tres hijos varones, el primero Daniel, quien se une al FSLN en 1963. Luego se une Humberto y por último también Camilo.

Daniel Ortega Cerda muere el 21 de abril de 1975, cuatro meses después de haber celebrado la liberación de su hijo Daniel Ortega de la cárcel. No logra ver la muerte de su hijo Camilo, en Masaya, en 1978, ni el triunfo de la revolución sandinista en 1979, con la posterior ascensión al poder de sus hijos Daniel, como presidente y Humberto como jefe del Ejército.

La familia Ortega Saavedra, menos Daniel hijo, en su casa en el barrio San Antonio, en 1966. FOTO/ CORTESÍA

Humberto Ortega explicó a LA PRENSA la muerte de su hermano: “La muerte de mi hermano menor Camilo Antonio la sufrí en momentos en que mantenía estrecha comunicación con él para dirigir la lucha que Camilo comandaba en Managua y el oriente del país, en particular posterior al asesinato del doctor Pedro Joaquín Chamorro, cuando Camilo comanda el ataque al Cuartel La Pólvora en Granada el 2 febrero 1978 para quitar presión a nuestras fuerzas en el Frente Norte que comandan Daniel Ortega y Víctor Tirado López. Camilo se incorpora este mes a la insurrección de Monimbó y muere torturado al ser capturado herido de muerte el día 26. Luego muy adolorido envío a Managua desde Costa Rica a mi madre doña Lydia y a mi hermana Germania, a reclamar el cadáver, al cual dan cristiana sepultura rodeadas solamente de soldados de Somoza”.

Lydia Saavedra murió el 3 de mayo del 2005, en Managua, a los 97 años edad.

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Humberto Ortega es muy hermético en su vida familiar. Él fue padre por primera vez cuando estaba en Cuba, a inicios de los años 70, después de que fue herido en Costa Rica, encarcelado y un año después liberado por un comando dirigido por el tico Carlos Agüero, un importante cuadro del FSLN y calificado como una persona humilde.

Ese primer hijo de Ortega, con una mujer cubana, es un varón que se llama Humberto y, personas allegadas al exjefe del Ejército, indican que en Cuba es también militar. A Nicaragua ha llegado en diversas ocasiones.

Posteriormente, Ortega se casa con quien ha sido su esposa hasta la fecha, la costarricense Ligia Trejos Leiva. Ella era la compañera de Carlos Agüero, con quien procreó una hija de nombre Elízabeth, quien luego adoptaría el apellido Ortega pues ella era muy pequeña cuando su padre murió y luego su madre se unió al ahora general en retiro.

Algunos guerrilleros antiguos cuentan que cuando Agüero falleció, el 7 de abril de 1977, en un enfrentamiento con las fuerzas de la Guardia Nacional, el FSLN le encargó a Ortega que apoyara en lo necesario a su viuda, especialmente en lo económico. Y de ahí habría surgido la relación. Ortega era muy amigo de Agüero.

La familia Ortega Trejos la completan los tres hijos que procrearon después: Amanda, Óscar Humberto y Mariana.
De ellos la más conocida es Mariana, quien en el año 2004, quedó entre las 12 finalistas del concurso Miss Nicaragua, y fue electa Miss Rostro del certamen.

En esa ocasión Mariana dijo a la revista Magazine: “Yo no tengo que ser igual que mi padre. Soy otra persona y en otros tiempos. De militar, lo único que tengo es la disciplina... Lo que hizo él me llena de orgullo. Llegar hasta donde ha llegado siendo tan pobre… Ha sido muy duro para él”.

Mariana Ortega, la hija modelo del general que fue finalista en Miss Nicaragua en 2004. FOTO/ ARCHIVO

Tras la derrota de los sandinistas, según cuentan allegados de la familia, Ortega dispuso negocios a sus hijos: A Amanda, una tienda de vídeo; a Elízabeth, una tienda de ropa; a Mariana, una sorbetería, y Óscar Humberto trabaja con él en negocios de importación.

En la actualidad, son sus hijos quienes le ayudan a Ortega a ver las empresas que tiene y en las que es socio.

A Ortega le molesta que le llamen empresario. En una ocasión dijo a LA PRENSA: “Nunca he sido empresario. Aunque desde la paz he apoyado con mis relaciones internacionales la inversión externa de empresarios o gobiernos a nuestra patria. Soy un ideólogo, estratega político, escritor e historiador, y miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua”.

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Además de los gustos, había otra cosa más fuerte que separaba a las familias de los hermanos Daniel y Humberto Ortega: las esposas. No se toleraban.

Según el exasistente de Humberto Ortega, Róger Miranda Bengoechea, Rosario Murillo, la compañera de Daniel, era una “jefa”, “dominante”, “con una gran influencia sobre (Daniel) Ortega”.

“Esa mujer deshonra a Daniel”, solía decir Humberto Ortega en círculos reducidos e íntimos, según Miranda.

Ligia Trejos era lo opuesto a Murillo. Conocida como “Marcela” en la guerrilla sandinista, Trejos, costarricense, es una mujer “sin pretensiones en sus acciones y vestimenta, casi sin perfil público”, dice Miranda, quien afirma que Trejos admitía: “Vivo para Humberto y para mis hijos”. Y Humberto decía: “Hago política mientras mi esposa cuida de los niños. Ella hace lo que yo no puedo hacer y yo hago lo que ella no puede hacer”.

Otras personas allegadas a los Ortega Trejos indican que ella dirigía el Instituto de Estudios Sandinistas (IES), porque a Humberto Ortega le interesaba la historia y escribiría sobre ella. Pero eso causaba roces con Murillo, porque a esta última también le interesaba la historia.

Ortega y Germán Pomares, en lo años setenta, planificando los ataques de octubre de 1977 en diferentes cabeceras departamentales del país. FOTO/ CORTESÍA

Trejos “es una mujer de mediana estatura, con un rostro bonito, sencilla, pero con buen porte. Elegante. Eso sí, tiene rasgos de haber tenido acné. Ella y sus hijas”, dice otra persona allegada.

En los años ochenta dos situaciones ayudaban a que Daniel y Humberto mantuvieran relación: la Dirección Nacional del FSLN, pero especialmente su madre, Lydia Saavedra.

Cuando Humberto Ortega sale de la Dirección Nacional, tras la derrota electoral de 1990, solo les quedaba como punto de convergencia su madre.

Todo indicaba que los hermanos Ortega diseñaron que Lydia Saavedra fuera cuidada por su otra hija, Germania, pero ella murió a inicios de los años noventa y ahora solo podían cuidarla Daniel o Humberto. Finalmente quedó donde el segundo, porque, dicen personas allegadas a la familia, Murillo no habría permitido que su suegra entrara al núcleo familiar.

Luego, Humberto Ortega comenzó a vivir más en Costa Rica que en Nicaragua y ¿quién iba a cuidar de doña Lydia?
Esa situación habría de romper totalmente la relación entre Daniel y Humberto Ortega.

Lydia Saavedra falleció el 3 de mayo de 2005 y su sepelio destapó más la mala relación entre los hermanos Ortega. Humberto, fiel a sus buenos gustos, quería sepultar a su madre en un cementerio privado de lujo. Daniel, en el Cementerio General de Managua.

En la situación tuvo que mediar el cardenal Miguel Obando y Bravo, para ese entonces ya “reconciliado” con Daniel Ortega. El sacerdote invitó a los hermanos a unirse en armonía.

“Una madre siempre quiere ver a sus hijos unidos, por eso desde arriba doña Lydia estará bendiciendo y rezando por la unidad de sus hijos, nietos y demás familiares”, dijo el cardenal en la misa que ofició por Saavedra.

En la actualidad, se desconoce con certeza la situación de las relaciones entre hermanos, pero Daniel Ortega evidenció en diciembre pasado que la armonía entre ellos todavía no es una petición cumplida en su totalidad para su progenitora.

Jean Paul Genie Lacayo con sus padres Raymond Genie y Gloria Ángeles Lacayo. La foto se hizo famosa en la época en que se exigía justicia. FOTO/ ARCHIVO

El caso Jean Paul Genie

El domingo 28 de octubre de 1990, escoltas de Humberto Ortega acribillaron a balazos al joven de 16 años de edad, Jean Paul Genie, quien intentaba aventajar en Carretera a Masaya la caravana en que Humberto Ortega se dirigía a su casa.

En un primer momento no se supo, sino hasta varios días después, que habían sido los escoltas de Ortega.
Debido a que la Procuraduría no se atrevió a interponer una denuncia contra Ortega y sus escoltas, se limitó a denunciar los hechos y el caso cayó en manos de Boanerges Ojeda, quien en 1991 era juez Séptimo de Distrito del Crimen en Managua. A él le tocó investigar el caso desde el 2 de junio de ese año hasta el 2 de julio de 1992.

Al final el caso fue trasladado de la vía civil al fuero militar, para ser tratado por jueces y fiscales del Ejército, y un año después, en 1994, la Auditoría Militar absolvió a los acusados.

Sobre el caso, Ortega dijo a LA PRENSA: “El caso del jovencito Jean Paul Genie fue un lamentable suceso que llevó dolor a su familia con la cual mantenía respetuosa amistad por medio del sandinista Herty Lewites. Se da en momentos convulsos de la polarización política al arribar al gobierno doña Violeta Barrios, y se manipula tal suceso para hacer daño al EPS y mi persona. Pero los padres de Jean Paul, abrigados al cristianismo, rechazaron ser manipulados”.

Humberto Ortega y el SMP

Humberto Ortega, como ministro de Defensa y jefe del Ejército en los años 80, es el impulsor de algo que causó mucho dolor entre los nicaragüenses, especialmente entre los jóvenes y sus madres: el Servicio Militar Patriótico (SMP), de carácter obligatorio para todo varón entre los 18 y 40 años de edad.

Según dijo el propio Ortega a la revista Domingo de LA PRENSA, en el SMP participaron desde 1983 hasta 1989, 325,695 efectivos en las dos modalidades SMP: 149,590 jóvenes en el Servicio Militar Activo (SMA) por dos años, y 175,695 en el Servicio Militar de Reserva (SMR) por dos meses al año desde 1985-89 son movilizados, varones y mujeres en las edades de 25-40 años.

Ortega también explicó, en relación con las víctimas, que “hace falta precisar las cifras tarea, muy difícil por el tipo de guerra de agresión no convencional que sufrimos. Algunos calculan 150 mil víctimas entre 1980-89 la mayoría indirectas al incluir huérfanos, viudas y familiares en general. Hasta el presente se habla de más de 50 mil, entre muertos, heridos y desaparecidos... Acerca de bajas de las fuerzas directamente en combates, el último jefe contrarrevolucionario, Óscar Sobalvarro, recuenta en sus filas más de 13 mil muertos. En relación con el SMP la cifra se aproxima a cuatro mil caídos que son el grueso de muertos del EPS”.

Ortega también indicó a LA PRENSA: “Fui el impulsor del SMP cuando el Servicio Militar voluntario fue insuficiente para repeler la Guerra de Agresión de EE. UU. que causaba grandes bajas en nuestras filas. El Servicio Militar obligatorio en época de guerra es una necesidad en cualquier país del mundo. Con el SMP de heroicos y abnegados jóvenes el EPS se profesionalizó, y redujo sensiblemente la sangría de obreros y campesinos del Servicio Militar voluntario, y posibilita hacer del Ejército la columna vertebral que garantizó la defensa nacional, y evitar el plan de Ronald Reagan de sustituir al EPS por la Contrarrevolución. El SMP significó un alto costo político para el sandinismo, pero fue vital para el triunfo militar, la paz y la apertura al proceso largo y complejo de la democracia que aún hoy forjamos”.

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