La alemana Corinna

Reportaje - 21.03.2010
Corinna Hoberg

Esta es la historia de una alemana que emigró a Nicaragua en los años 80. De nadadora profesional a entrenadora de las fuerzas especiales del Mint, esta mujer es una caja llena de sorpresas

Laura Rodriguez Rojas

Corinna Hoberg se entrenaba para las Olimpiadas Juveniles de 1980. Iba en el equipo de natación del bloque socialista. Tenía l4 años y había ganado ya 15 medallas en diversos campeonatos. Era parte de la selección nacional de natación de su pais natal: Alemania, y soñaba con competir contra los mejores del mundo en los juegos Olímpicos.

Era un caluroso día de verano. El entrenamiento comenzó con un juego de basquetbol. Corinna atrapó la pelota que le lanzó una de sus compañeras y corrió veloz hacia la canasta. Dio un salto para encestar la bola, pero de pronto perdió el equilibrio. Cayó sobre sus rodillas y dejó escapar un grito de dolor. Fue llevada al hospital e intervenida al dia siguiente. A duras penas, los médicos lograron unir las piezas de sus dos rótulas. Volvería a caminar, pero nunca jamás podría nadar como atleta profesional. Ese accidente marcaría su vida para siempre y sería la razón para viajar a un país muy lejano llamado Nicaragua.

Corinna nació el 5 de noviembre de 1965, en la ciudad alemana de Magdeburg. Fue la menor de tres hermanos y comenzó a practicar la natación a los siete años, en los campos de entrenamiento para niños con habilidades especiales, que eran aquéllos que en el campo socialista destacaban en alguna disciplina. Tres meses después fue escogida para formar parte de la selección nacional de natación. Participó en distintos campeonatos y en dos Olimpiadas organizadas por los países del bloque socialista, pero sus sueños se truncaron a edad temprana. Los entrenamientos se componían de cinco días destinados a la natación y dos a otros deportes. En una de estas prácticas Corinna sufrió el accidente que destruyó su carrera como nadadora profesional.

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Después del accidente, Corinna cayó en una profunda depresión, pero encontró consuelo en la enseñanza. A diferencia de lo que otros creyeron, siguió asistiendo al campo de entrenamiento y decidió convertirse en instructora profesional. Eso la ayudó a superar su decepción y a corner sus conocimientos con otros, pero también la puso en contacto con las tropas comunistas que entrenaban en el mismo sitio. Este detalle le abriría la mente a las ideas revolucionarias y a la práctica de dos deportes de combate: karate y judo.

Tras concluir sus estudios universitarios en Relaciones Internacionales y estudiar un máster en deportes acuáticos, supo que en un país muy distante había surgido una revolución. Ese país era Nicaragua. Cuando busco información sobre el tema, admiré las ideas de igualdad promulgadas por un hombre llamado Augusto. C. Sandino. No lo pensó dos veces y compró un pasaje para embarcarse en un viaje exploratorio.

Pero en Nicaragua no sólo encontró la ideología con la que simpatizaba, sino mucho más. El calor y la apertura de su gente la dejó anonadada. A diferencia de sus compatriotas, Corinna conoció a una población alegre y jovial, donde el individualismo alemán no tenía cabida. Todos querían reconstruir el país y absorber nuevos conocimientos.

El proyecto revolucionario le pareció admirable y quiso formar parte de él. Valiéndose de sus amigos comunistas, logró ingresar en el Ministerio del Interior, donde se desempeñó en diversas actividades. Gracias a sus conocimientos de karate y judo y su master en deportes acuáticos fue entrenadora de las tropas especiales bajo el mando del comandante Tomás Borge. En ese mismo año fue la encargada del Departamento de Divulgación y Prensa de la Campaña de Titulación y entró en contacto directo con los campesinos. “Para mi la experiencia con los campesinos fue maravillosa. Todos estaban dispuestos a aprender. Recuerdo que le enseñábamos cómo administrar su dinero, construir su casa y usar nuevas técnicas de crianza y cultivo”.

A los 20 años, Corinna aprendió un nuevo deporte: el taekwondo. “Un grupo de coreanos vino a Nicaragua para impartir cursos a los soldados. Yo decidí probar y me encantó. Primero porque el rendimiento militar era muy alto y segundo porque lo envolvía un misticismo espiritual”. Muy pronto el taekwondo se convirtió en su nueva pasión. No pasó mucho tiempo para que su maestro King Yong Nam la llevara a la Asociación Nacional de Taekwondo, lugar donde pudo perfeccionar su técnica.

En 1992, Corinna formó parte del equipo nicaragüense que compitió en el Mundial de Taekwondo y ganó una medalla de bronce para Nicaragua. “Ir al Mundial fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida. No sólo gané una medalla sino que estuve en contacto con excelentes atletas, aprendí nuevas técnicas, vi otros estilos”.

Para Corinna este certamen tuvo un enorme significado, ya que fue el final de su carrera como deportista. El accidente que sufrió a los 14 años y los años de entrenamiento en artes marciales, hicieron estragos en sus rodillas, por lo que a los 28 años se retiró formalmente del deporte. Hoy Corinna tiene el título de maestro y juez internacional de Taekwondo, y una medalla como mejor atleta de artes marciales en Nicaragua.

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A los 30 años, la vida de Corinna dio un giro de 360 grados, ya que quedó embarazada de su primer hijo: Andrés. Esto la llevó a abandonar la carrera militar. Los primeros ocho meses de su embarazo transcurrieron lejos del padre de su hijo, el comandante Glauco Robelo, pues Corinna decidió ser madre soltera. La relación con él había sido fugaz y ella no quería perder su libertad. Pero un mes antes del nacimiento de su hijo sucedió algo inesperado.

Sobre su relación con Corinna, Robelo confiesa que el embarazo lo tomó por sorpresa. “Yo conocí a Corinna cuando ambos éramos militares. Era dificil no ponerle los ojos a esa rubia de ojos azules y 1.80 de estatura. Recuerdo que tuvimos un breve romance y dejamos de vernos por varios meses. Cuando volvimos a encontrarnos ella estaba embarazada”.

A partir de ese momento Robelo decidió que ya era hora de enmendar su vida de mujeriego empedernido. Comenzó a visitar a Corinna, pero encontró un hueso duro de roer. Ni las flores ni los regalos lograron impresionarla. Ella parecía querer estar sola.

“Corinna era una pared infranqueable. Por mucho que la buscaba para enamorarla no daba su brazo a torcer. La visitaba todos los días, sin excepción. Pero cuando el niño nació ella empezó a bajar sus defensas, hasta que poco a poco me dejó entrar en su vida. Un mes después nos casamos”.

Los primeros años de matrimonio transcurrieron en relativa armonía. Glauco parecía haber abandonado sus andanzas. A los dos años nació su segunda hija —Camila— y Corinna se dedicó por entero al cuidado de sus hijos. Pero la estabilidad se resquebrajó más pronto de lo esperado. Durante los años que duró el matrimonio Corinna sufrió el dolor de los celos y la traición. Las amantes de Robelo parecían no tener fin. La pareja se separó en varias ocasiones hasta que finalmente, tras ll años de matrimonio, se divorciaron formalmente.

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Hasta el momento Corinna está soltera, pero siente que hay un vacío en su vida. “Creo que todo ser humano desea encontrar a alguien con quien compartir sus logros, y yo no soy la excepción. Quiero encontrar a un hombre respetuoso e inteligente, alguien con quien pueda hablar de cualquier tema”.

Corinna empezó a criar perros de raza a los 14 años, cuando aún vivía en Alemania. Participó en varios campeonatos de entrenamiento de obediencia y obtuvo el segundo
lugar en dos de ellos, el tercero en torneos más. A raíz de su viaje a Nicaragua, abandonó su afición durante varios años, hasta que la retomó en 1988.

Hasta el momento Corinna tiene más de 30 perros que han sido premiados con títulos nacionales e internacionales en torneos de exhibición y belleza. Gracias a esto tiene la potestad de ser Juez Internacional en competencias de exhibición canina. Ha introducido tres perros de raza a nuestro país: el chihuahua, el frensh poodle y el basenji y tiene una veterinaria dedicada a brindar atención especializada a los perros.

Actualmente Corinna es la presidenta de la Asociación de Perros de Raza en Nicaragua, y es una de las promotoras de la ley de protección animal. “Esta ley tiene el objetivo de hacer más humana la vida de los animales, porque aunque muchos no lo entienden así, los animales no son seres de segunda categoría. Ellos tienen sentimientos y derechos, y si alguien los lastima, debe ser castigado”.

Para ella, el maltrato animal es fruto de la falta de educación que existe Nicaragua. “El problema en Nicaragua es que no existe la cultura de integrar al animal como un miembro más de la familia, darle un lugar donde dormir, asegurarle una buena alimentación, darle atención, y lo que es más importante: establecer un vínculo emocional con él”.

En octubre del 2011, los directivos de la Asociación se reunieron con los diputados de la Asamblea Nacional para discutir los artículos incluidos en la ley,pero aún ésta sigue engavetada. Por esa razón, la Asociación está impulsando diversas actividades. “Estamos recolectando firmas y planeando un festival que se celebrará el 20 y 21 de marzo en la Universidad Católica (Unica). En este festival planeamos hacer chequeos médicos gratuitos, vacunar y difundir información sobre la importancia de la ley”.

Compartir sus conocimientos es otra de las grandes pasiones en la vida de Corinna. Ella dio sus primeros pasos en la educación a los 14 años, cuando decidió impartir clases de natación a un grupo de niños en Alemania. Cuando llegó a Nicaragua, inició un proyecto similar en la piscina de la Policía Nacional. Éste estaba dedicado a rescatar a los niños que deambulaban en las calles, enseñarles buenos valores y reintegrarlos a la escuela. “El objetivo no era que los niños aprendieran a nadar y ya, sino inculcarles la disciplina del trabajo y el esfuerzo a través de la práctica de un deporte”.

Años después, Corinna impartió clases de natación el Colegio Alemán. Hoy continúa su labor didáctica, pero esta vez pro de los animales. “Yo brindo charlas en la Unica y doy seminarios a los bomberos y a la Policía Nacional. Éstos van encaminados a cambiar el concepto de que los animales no tienen ningún valor. Yo defiendo la opinión de que merecen el mismo respeto y cariño que nosotros”.

Cuando Corinna llegó a Nicaragua nunca imaginó que este país la acogería en su seno con tanto amor y cariño. En contraste con la frialdad alemana, ella encontró personas que le abrieron sus brazos y su corazón. Hoy, Corinna considera que ella no tiene nacionalidad. Para ella las fronteras y los pasaportes no deberían existir, porque son obstáculos para la interacción humana. Más que alemana, Corinna se considera ciudadana del mundo y asegura que lleva a Nicaragua en su corazón. Tras 37 años de vivir entre lagos y volcanes, no podía ser de otra forma.

“Aunque a veces extraño la disciplina, el orden y la limpieza de Alemania, no cambiaría mi vida en Nicaragua por nada. Aquí todo es más tranquilo y menos estresante. Las personas son menos competitivas y mucho más alegres, y están más abiertas al cambio”.

Madre, deportista destacada, relacionista pública, instructora de natación y amante de los animales son las facetas que definen a Corinna Hoberg, Una mujer que ha encontrado la llave del éxito en una sola frase: “Hacer las cosas con amor”.

Fotos de Héctor Esquivel/Cortesías
Carina posee más de 30 perros de raza que han sido premiados con títulos de Campeón .

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