La amenaza de Prusia

Reportaje - 22.03.2009

Cuatro barcos de guerra alemanes llegaron amenazantes a las costas nicaragüenses en el siglo XIX para dirimir un conflicto que se originó entre un temperamental marido nicaragüense y una insumisa esposa alemana

Luis E. Duarte

El sol, la pasión juvenil y la fortuna conjuraron a favor de Francisco Leal y Franziska von Hedemann Altman. Dos personajes de diferentes culturas y mentalidades opuestas, pero ciegos por un amor desenfrenado, juvenil, primitivo y tropical.

Francisco era dentista del León metropolitano y académico, “hijo de una influyente familia”, describié el padrastro de su esposa, Paul Eisenstuck. Franziska era hija de un comerciante alemán que de Estados Unidos migró a Nicaragua buscando fortuna.

Ella apenas tenia l7 cuando se casó con el leonés con quien afios después tendria una nifia a quien nombraron Ida Leal von Hedemann, en honor a la madre de Franziska. Pero el amor solo es eterno mientras dura, diria e1 poeta Vinicius de Moraes. N0 paso’ mucho tiempo para que el marido demostrara cémo pensaba gobernar su casa y su esposa parecia una mujer independien—te que no escuchaba los rumores de la ciudad, ni el mando del esposo o los consejos del obispo, así que volvió con su madre y su padrastro.

No sería más que un relato romántico de légrimas entre dos personajes comunes, a no ser porque sus desamores provocaron casi una guerra entre Nicaragua y una de las principales potencias europeas de la época, algo que convierte su historia en una versión criolla de las tragedias griegas, pero en el
teatro doméstico leonés del siglo XIX.

Los detalles de este conflicto familiar que llevaron a Nicaragua al borde de una guerra contra el imperio aleman entre 1876 y 1878, estan en el Archivo Militar de Friburgo en Alemania, donde se resguardan los expedientes historicos de la marina prusiana que Magazine ha adquirido para sus lectores.

Este es el relato del conflicto con el imperio prusiano-alemán de Guillermo I y su canciller Otto von Bismarck, en la Nicaragua de Pedro Joaquin Chamorro Alfaro.

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El entonces canciller Otto Von Bismarck en una imagen de 1875.

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Como Helena en La Iliada de Homero, Franziska se convertiria en el centro de un conflicto entre naciones. La joven esposa y madre tendria 22 afios cuando decidié regresar con su hija a la casa de
su progenitora Ida Altmann, una alemana que finalmente parecía haber encontrado la suerte que le falto con sus dos primeros maridos, muertos en la aventura americana de muchos migrantes europeos en el siglo XIX.

Desde temprana edad, Franziska se había criado con su padrastro Paul Eisenstuck, un comerciante que se convirtio en vicecónsul del imperio alemán en Nicaragua. La condición diplomática no impidié que Leal pretendiera vengarse de sus suegros a quienes culpaba de influenciar en su contra a la madre de su hija.

El 23 de octubre de 1876 “a las diez de la noche regresabamos de una reunion en compafiia de un joven que llevaba a mi esposa e hija a casa. Fuimos seguidos por dos hombres, uno de ellos conocido, quienes dispararon tres veces sin lastimar a nadie por fortuna”, escribio Eisenstuck a1 Ministerio
del Exterior de Alemania después del incidente.

La denuncia del atentado quedó engavetada en un juzgado local. Sólo quedaba entonces una manera de detener a1 marido furibundo, pensó Eisenstuck creyendo que estaba en una corte prusiana. E1 padrastro llevo las cosas al mismo Presidente de la República.

Eisenstuck 1e explicó al mandatario Pedro Joaquin Chamorro Alfaro que su yerno estaba a punto de cometer otra locura y sugirió procesarlo antes que lograra atentar contra su familia o contra él mismo. El Presidente mostró solidaridad y comisioné a1 mismo Ministro de Defensa Isidoro López para capturar a los culpables, pero no ocurrio nada.

Los temores de Eisenstuck se cumplieron. El 29 de noviembre Leal y un cómplice de apellido Infante, quien supuestamente disparó en el primer incidente, contrataron a policías leoneses para atacar a su familia, pero esta vez el asunto fue más grave, porque el herrnano de su suegro era también e1 cónsul
alemán Moritz Eisenstuck.

De nuevo a las diez de la noche cuando los faroles en las calles de León estaban apagados “e1 señor Jericho llevaba a la niña de la señora Leal en los brazos a nuestra residencia, desde la casa del señor Zeuss que queda en la misma calle a cien pasos, en la esquina estaba un hombre con ropa oscura que cuando nos vio hizo una seña con la mano. A a la vez miré que bajaban personas del balcón de frente a nuestra casa. Después un comando de soldados nos detuvo con bayonetas sin dirigirse a nosotros o mediar palabras”, escribió Moritz Eisenstuck a Berlín.

“Un hombre me agarró por el pecho, entonces reconocí al señor Leal, le agarré la mano izquierda
hasta que los soldados me golpearon con los puños, a la vez otros dos agarraron a mi esposa, pude incorporarrne de nuevo y vi cómo mi mujer era golpeada. Leal cayó sobre mi hermano y miré cómo dos personas caían al suelo, escuché cómo gritaba él, mi esposa y la señora Leal que decía ‘ya me llevan’”, describió el diplomático.

Un dato irónico es que ese mismo día Paul Eisenstuck recibió una multa por portar ilegalmente un arma decomisada en mayo de ese año por la Policía leonesa, la misma que tomó prisionero al cónsul Moritz Eisenstuck, pero fue liberado por mediación del comerciante José Quizado.

El enviado del imperio para la región, Werner von Bergen, explicó que Leal “se llevó por la fuerza a su
esposa por veredas hasta Granada la noche del mismo día que, a través de sus apoderados legales, pusiera la carta de divorcio en la Corte”, también explica que probablemente por amenazas del marido, la hijastra del vicecónsul envió clandestinamente un escrito a la Corte manifestando su deseo de permanecer con Francisco.

Moritz Eisenstuck se apuró para acudir al presidente Chamorro, quien casualmente se hospedaba en
esos días en León, y le comentó el altercado. El mandatario pidió una disculpa, pero era un político. En su posterior silencio y apatía contra la agresión algunos historiadores suponen que pretendía dejar que el caso causara un conflicto entre los prusianos y los demócratas leoneses.

Quizá los legitimistas esperaban que los liberales leoneses tuvieran un rival de peso internacional y debilitarlos en su lucha por controlar los intereses nacionales, así les retribuían la piña de dos décadas en el pasado, cuando trajeron a William Walker para invadir Granada.

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El Kaiser Guillermo I.

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El padre de Franziska se llamó August von Hedemann y su abuelo Christian había sido guardabosques del rey prusiano Carlos Federico. A mediados del siglo XIX, el padre partió hacia el Nuevo Mundo a probar suerte, exactamente a Estados Unidos, cuenta el historiador Eddy Kühl en el libro Historia de Inmigrantes. En las travesías de barcos que duraban semanas y a veces meses, conoció a una compatriota de una provincia en el sur de su país, 1a joven Ida Altmann, quien sería su esposa. La pareja perdió en Texas —donde también nació Franzisca- a su primera hija María, que apenas
llegó a cumplir los dos años.

Hedemann vino con su familia a Nicaragua y poco después se trasladó a Granada para alistarse en las tropas filibusteras de William Walker, llamadas por los demócratas leoneses para apoyarlos en la guerra contra los legitimistas.

Ahí nació Dorothea durante el gobierno de Walker, en 1857, el mismo año que murió el padre aventurero. Los filibusteros fueron expulsados y Hedemann perdería la vida en la segunda batalla de Rivas, revela Kühl.

Tratando de llegar a México donde estaban sus padres, la joven viuda se encontró en Chinandega, probablemente camino a Corinto, con el empresario alemán Julius Bahlke. No pasó un año cuando contrajo nupcias por segunda vez.

Se casaron en Chinandega en 1857 y dos años después nació Julio Carlos Bahlke Altman, pero la suerte de la joven madre no duró mucho. Su segundo marido falleció en 1860, sostiene Kühl, quien ha seguido la pista a la migración europea en Nicaragua.

Ida Altman viuda de Hedemann, viuda de Bahlke, tenía apenas 25 años y tres niños de seis, tres y cero años, era extranjera en un país desconocido.

Sin embargo, la dos veces viuda tenía un encanto increíble. Un año después de la fatalidad se casó en terceras nupcias con Pablo Eisenstuck, socio del segundo esposo, y se trasladó a León con toda su prole.

Kühl explica que Julio Carlos Bahlke Altman heredó la fortuna de su padre y entró en sociedad con su padrastro Pablo Eisenstuck, con quien formó la firma Eisenstuck 8: Bahlke, mientras Franziska
conocería a Francisco en León y se casaría con él, apenas teniendo 17 años.

La hermana menor regresó a Alemania y se casó en Dresden, pero uno de sus hijos esta enterrado en el Cementerio San Pedro, bajo el nombre de Rudolf Bech.

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El presidente Pedro Joaquín Chamorro Alfaro.

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Los diplomáticos pensando que la ley podía ayudarles a detener a Leal y recuperar a la hijastra, quisieron acusarlo ante un juez del crimen por la golpiza, el intento de homicidio y el secuestro, como demuestran copias hasta hoy inéditas del Archivo Militar de Alemania, donde cientos de páginas impresas y manuscritas explican el Aíïaire Eisenstuck-Leal.

La comunidad alemana en Centroamérica entonces había solicitado por medio de Werner von Bergen el envío de un buque que izara la bandera de guerra como lo habían hecho los franceses antes o los
ingleses en El Salvador, “si en mi última visita hubiera visto un barco de guerra en el puerto de Corinto seguro sería apresada la persona que disparó al vicecónsul porque nunca la flota de la marina alemana se ha visto aquí”.

El almirantazgo respondió la petición con reserva. “Poner un barco para esos fines es imposible, tal medida significaría abandonar necesariamente los puestos extranjeros establecidos. Ademas si un barco saliera de inmediato tardaría cinco a seis meses para alcanzar el lugar establecido”.

Lo que no sabían en ese momento era que había un segundo atentado. El gabinete del imperio alemán liderado por Bismarck, discutió por primera vez el caso en Berlín a mediados de enero de 1877 y solicitó una explicación al gobierno nicaragüense, la cual recibió efectivamente a través de La Gaceta de Nicaragua, una hoja oficial que hizo circular el cónsul nicaragüense en Panamá, donde descalificaba al vicecónsul Eisenstuck.

Nuevamente sometieron a juicio por injurias al diplomático nicaragüense, pero un juez envió el caso al Congreso de Nicaragua por su inmunidad, mientras la corbeta Victoria estacionada en el Caribe era enviada a explorar la Costa Atlántica y el Gobierno británico como muestra de apoyo envió un barco al Pacífico para proteger a la familia del cónsul.

Los diputados sesionaron el 26 de mayo de 1877 y concluyeron que Eisenstuck era culpable de toda la situación porque “no había sido personalmente baleado, (por eso) el Congreso se declaraba como no
competente para tratar asuntos ex oficio”.

El mismo presidente del Congreso reconocía los hechos de 1876, pero explicaba a los alemanes que el caso era un problema meramente familiar y no correspondía al Gobierno perseguir a los culpables.

Mientras tanto la Corte Suprema daba por concluidas las diligencias del caso Eisenstuck-Leal y se declaró fuera de competencia para este asunto porque se trataba de un asunto privado, los magistrados declararon: “No se ha probado que exista la intención de cometer un asesinato u otro delito que requieran un juicio ex oficio”.

La Corte, muy patriota, ya había expresado anteriormente que “se trata de un escándalo insignificante probablemente dado por razones domésticas para influir en la tranquilidad de una familia”.

En una carta de ocho paginas del ocho de enero de 1878, el secretario del canciller Bismarck, Bernhard Emst von Bülow, escribe al ministro de Estado y jefe del almirantazgo Albrecht von Stosch, que “independiente a un acción militar contra Greytown, (…) en la costa oeste deben enviarse más
barcos”.

El imperio alemán que había sido formado del Reino de Prusia, para no quedar humillados ante sus vecinos de Europa como naciente potencia, enviaron desde el Pacífico de Asia tres naves de guerra a la costa oeste de Nicaragua, y un barco que estaba en las Antillas a Bluefields, que pese a ser protectorado británico tenía gran importancia estratégica para penetrar por Greytown en la desembocadura del río San Juan.

También pusieron un ultimátum de guerra con cuatro condiciones: una disculpa oficial del Gobierno de Nicaragua por los dos atentados contra el cónsul y sobre todo por la participación de policías, un proce-
so a todos los implicados contratados por Francisco Leal, una indemnización de 30 mil dólares y un saludo a la bandera del imperio con 21 cañonazos por parte de la armada nacional, un ministro de Estado y el prefecto de la provincia de occidente.

El 9 de marzo de 1878 los barcos Elisabeth, Ariadne, Leipzig llegaron a Panamá y el Medusa a Colón. Un día después la Cancillería del Kaiser comunicó al Consejo de Ministros que las autoridades nicaragüenses no acataban el ultimátum y al parecer querían ver la capacidad bélica de los alemanes.

Hasta entonces el Consejo de Ministros de Nicaragua prefería la guerra a muerte, hasta que el diario El Porvenir el 16 de marzo publicó una nota donde expone que un conflicto contra “el coloso de Europa del norte” no tiene sentido, la resistencia era absurda e imposible y sólo una suma demasiado grande o la petición de violar leyes nacionales debería llevar a las armas.

El ll de marzo el almirantazgo alemán da la orden de partir a las costas de Nicaragua y los tres barcos en el Pacífico llegan el día 19 a Corinto y el Medusa se posiciona frente a las costas de Bluefields.

El barco insignia en esta operación había servido durante 10 años en el pacífico asiático y estaba comandado por un capitán de 30 años, Wilhelm von Wickede, era el SMS Elisabeth (Barco al Servicio de su Majestad), una corveta de madera, con velas y motor de vapor, capacidad para 390 hombres a bordo y 17 cañones, de 79.3 metros de largo y 13 de ancho.

El SMS Ariadne era un crucero corveta de cinco años, 1 10.80 de ancho, con capacidad de hasta 248
hombres a bordo y ocho cañones, mientras el SMS Leipzig era un crucero fragata de 87.5 metros de largo y 14 de ancho, con capacidad de 430 hombres y 17 cañones. Un poco más viejo era el SMS Medusa que tenía 13 años de estar en misiones, pero medía 65 metros de largo y 10.2 de ancho,
con capacidad para 190 hombres y 14 cañones de ataque.

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Reproducciones de los retratos del capitán del barco Elisabeth, Wilhelm von Wickede, de dos marineros a bordo de su nave y del Leipzing en la operación contra Nicaragua de 1878. Un ejemplo de la “diplomacia de los cañoneros” de las grandes potencias contra excolonias pequeñas en el siglo XIX.

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Aunque los barcos tenían gran capacidad destructiva, una invasión era poco probable. Los alemanes querían demostrar fuerza, pero por fortuna 1a prudencia de algunos pudo evitar una guerra.

El encargado de negocios del imperio para Centroamérica, Werner von Bergen, explica que con destino a Nicaragua tuvo la suerte de encontrar a un francés, terrateniente y comerciante, Luis Debaer que abogó entre las partes para una solución pacífica, también conoció a J.C. Hollenbeck, cónsul nicaragüense en San Francisco.

Este diplomático escribió a diferentes personas cuando arribaron a Puntarenas en Costa Rica y pidió a un señor de apellido Lacayo que regresara a Granada para tratar de mediar porque conocía personalmente a la familia Chamorro. Luego fue al SMS Medusa en el Atlántico y lo trajo a Greytown cuando se arregló el conflicto.

El 24 de marzo, Bergen gestionó a última hora para evitar el bombardeo y logró que Chamorro admitiera estar “dispuesto a someterse a todo, con excepción de lo imposible”.

Un juicio a todos los implicados en el atentado fue negociado para “evitarle a Nicaragua un agravio innecesario”, pues había personalidades importantes en la pequeña León y conflictos con sus rivales
granadinos en el poder.

A bordo del Elisabeth, Bergen envía el 25 de marzo de 1878 un telegrama a Panamá, que llega cinco días después a Berlín, donde señala que “en el último momento se ha conseguido una solución
pacifica con Nicaragua. Tres condiciones han sido tomadas por completo y una de ellas con dificultades”.

El Gobierno emitió una disculpa oficial, pagó los 30 mil dólares “para lo cual hemos cerrado algunas escuelas y despedido a maestros y algunos funcionarios”, un grupo armado hizo el saludo a la bandera alemana con los 21 cañonazos y finalmente suspendió a los policías acusados, inclusive al alcalde
Balladares que pagó al final 500 dólares y fue suspendido por tres años.

Y… lo que son las cosas. Franziska von Hedemann y Francisco Leal no se divorciaron, se quedaron viviendo juntos en Granada, hasta la muerte del temperamental esposo en 1913, además de su primera hija Ida, tuvieron otros tres niños: Franzisca, Pablo y Carlos Leal von Hedemann, asegura Eddy Kühl.

Su hija Franzisca se casó con Víctor Manuel Torres Fuentes, Pablo fue alcalde de Managua, falleció en 1944 y Carlos se casó con una dama norteamericana de nombre Helen, según el historiador. Pablo Leal, el heroe asesinado por las fuerzas de Somoza García después del movimiento armado de 1954, es nieto de este polémico matrimonio. También es descendiente de esta pareja un canciller nicaragüense, Ernesto Leal Sánchez.

Años más tarde, Nicaragua y Alemania se vieron involucrados en otros conflictos. En esas ocasiones, fue Nicaragua la que declaró la guerra a Alemania en 1918 y otra vez en 1941. Pero, ésa es otra historia.

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