La bomba Posada Carriles

Reportaje - 12.06.2017
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Terrorista, agente de la CIA, parrandero y jugador. Enemigo jurado de Fidel Castro. Sobre él pesa la acusación de explotar un avión con 73 pasajeros. Luis Posada Carriles apoyó a la contra nicaragüense y ahora vive libre en Miami

Por Julián Navarrete

Fue en Roma que Luis Posada Carriles descubrió que le gustaba el arte. Pasaba horas en la Capilla Sixtina contemplando las pinturas de Miguel Ángel y Rafael. Al verlas se emocionaba tanto que estaba seguro que algún día se convertiría en pintor. En ese momento, a inicios de los años setenta, no podía agarrar un pincel. Estaba al frente de la contrainteligencia anticomunista venezolana que años más tarde fue acusada de explotar un avión en Barbados que provocó la muerte de 73 personas, entre ellas 57 de Cuba.

El atentado contra el avión cubano sería una mancha indeleble que marcaría la figura de Posada Carriles. El gobierno de Fidel Castro lo responsabilizó de ese y otros actos de terrorismo en Cuba y en varios países de América Latina. La última vez fue en el año 2000, en un supuesto intento por acabar la vida del líder cubano en Panamá, donde horas después capturaron a Posada.

“Desde la universidad, Fidel Castro y yo discrepábamos. Él pertenecía a un grupo de bandidos y siempre tuvimos discusión”, dijo Posada a la periodista cubana María Elvira Salazar, en 2011.

“Pero la parte más crítica del odio fue cuando él (Fidel Castro) envió a sus mejores generales a Venezuela en tres desembarcos y yo era jefe de operaciones de la Policía venezolana y los combatimos con fuerza, con apoyo y los derrotamos. Nunca pudieron conquistar Venezuela, que era su bastión”, agregó el cubano en aquel momento.

Por esos años que operaba en Venezuela fue que viajó a Roma y se enamoró del arte. Sin embargo, la lucha contra Castro absorbería todas sus fuerzas. Se acercó a las bombas y se alejó de los lienzos. Durante décadas se dedicó a combatir a las guerrillas del continente y los recientes gobiernos izquierdistas instaurados. “Yo trabajé siempre en contra de los comunistas”, dijo en una entrevista televisiva para el programa A Mano Limpia.

“Estuve con los contras haciendo vuelos a Nicaragua. Estuve en El Salvador entrenando a la Policía”, recalcó en 2013, al confirmar estas acciones.

Posada tiene problemas para emitir palabras. Casi no se entiende lo que habla y el cachete derecho lo tiene abultado. Quedó así luego de que en 1990 una bala le explotara en la mandíbula, en un intento de asesinato que sufrió estando en Guatemala y de inmediato dijo que la acción fue planificada por los “hombres de Fidel Castro”.

Para la mayoría es el terrorista jurado de Fidel Castro. Para muchos cubanos exiliados en Miami, donde vive actualmente, es un patriota que intentó derrocar al régimen de la isla con todo lo que tuvo a mano. Esos cubanos que lo saludan con cariño cuando lo miran en la calle son los mismos que le compran los cuadros de pintura para decorar sus casas.

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Fueron dos bombas. La primera explotó entre el asiento 11 y 15 de la nave de Cubana de Aviación, que cubría el vuelo CU-455 el 6 de octubre de 1976. La segunda explosión, la mortal, se registró en el área de los baños traseros cuando el avión había girado para realizar un aterrizaje de emergencia luego de haber recorrido 28 millas desde el aeropuerto de Seawell, en Barbados.

La ruta prevista era llegar a Kingston, Jamaica, para luego ir hacia La Habana. 24 atletas cubanos de la Selección Nacional de Esgrima habían viajado la noche anterior desde Venezuela, donde ganaron el campeonato Centroamericano y del Caribe de este deporte, rumbo a Trinidad y Tobago, y desde ahí hasta Barbados, donde ocurrió el atentado.

—¡Cierren la puerta, cierren la puerta! CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan —gritaba el capitán del avión Wilfredo Pérez a la torre de control.

—Eso es peor, pegate al agua, Felo, pegate al agua —gritó el copiloto, segundos antes de que el avión se hundiera en el mar.
Al día siguiente, el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba confirmó que de los 73 pasajeros que murieron, 57 eran cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos.

Los policías de Barbados arrestaron a los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo, quienes habían abordado el avión en Trinidad y Tobago el mismo día de la explosión. Ellos colocaron explosivos C-4 y se bajaron del avión antes de que despegara, con todo y pasajeros, para que explotara en el aire.

Lugo y Ricardo confesaron que los autores intelectuales fueron Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, ambos líderes de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención de Venezuela. Resulta que Lugo y Ricardo eran guardaespaldas de Posada Carriles y él se los había “cedido” a Orlando Bosch desde hacía un año antes del atentado.

Tanto Bosch como Posada fueron encarcelados y enviados a un Tribunal Militar de Venezuela bajo la causa de “traición”. Sin embargo, este tribunal los absolvió. El caso entonces pasaría a instancias de un tribunal civil y este determinó que el fallo del tribunal militar quedaría anulado, y que todos los antecedentes del caso también. Los cuatro encarcelados fueron acusados de homicidio culposo y traición ante un tribunal civil.

Según documentos desclasificados por la CIA y el FBI, que se encuentran en los archivos de seguridad de la Universidad George Washington, Posada Carriles admitió apenas unos días antes del derribo del avión que “vamos a atacar un avión cubano, y Orlando Bosch tiene todos los detalles”.

En 2015, El Nuevo Herald publicó un documento de 1976 desclasificado por el Departamento de Estado, donde considera a Posada Carriles como autor probable del atentado contra el avión cubano. “La relación de la CIA con Posada, quien cada vez más parece ser la persona que planeó el sabotaje, podría posiblemente llevar a alguna mala interpretación y bochorno, en cuanto él proveyó información no solicitada sobre planes extremistas significativos, más recientemente en febrero y junio de este año”, dice el documento, refiriéndose a información sobre planes para asesinar a un sobrino del expresidente chileno Salvador Allende en Costa Rica y para sabotear un avión cubano en junio de 1976.

El documento indica que el Buró de Inteligencia de Estados Unidos desconocía las razones por las cuales Posada Carriles habría ofrecido voluntariamente ese tipo de información, a pesar de que ya su contrato como informante de la CIA había concluido.

En entrevista con el periodista Juan Manuel Cao, Posada Carriles admitió que informó a la CIA sobre que había planes de explotar un avión cubano en tierra, pero sin pasajeros. “Todos los cubanos sabían que le iban hacer un atentado a un avión de Cubana. Pero que lo iban a explotar en tierra y no en el aire (con pasajeros). Y estoy seguro de que Orlando (Bosch) tampoco sabía. Nunca estuve de acuerdo con que iban a tumbar un avión en el aire”, dijo.

Orlando Bosch, sin embargo, dejaría entrever su participación en el atentado, en una entrevista con Juan Manuel Cao. “Si te respondo que estuve involucrado, me estoy acusando. Y si te respondo que no estuve involucrado y que no participé en la acción, te dijera que te estoy mintiendo. Sin embargo, no voy hacer ni una cosa ni la otra. Solo te voy a referir a los cinco tribunales que me absolvieron en cinco oportunidades”.

Bosch murió en 2011. Sin embargo, desde hacía años repetía que si hubiera participado en la operación no sentiría cargos de conciencia. “En una guerra, chico, como la que tenemos los cubanos amantes de la libertad contra un tirano como Castro, usted tiene que hacer todo lo que esté a su alcance”.

En Cuba las víctimas no olvidan la tragedia. Evangelina Jorge es madre de Silvia Pereira, una aeromoza de aquel trágico vuelo. Ella dijo al programa de televisión En el espejo que lo que más le duele es que los causantes del acto terrorista todavía estén libres.
Para Camilo Rojo, quien tenía cinco años cuando ocurrió el atentado donde murió su papá, fue difícil empezar a conocer sobre crímenes y asesinatos siendo un niño. “No sabía de qué me estaban hablando cuando miré las noticias y supe que mi papá había muerto en la explosión”.

De la prisión venezolana, Posada Carriles intentó escapar en tres ocasiones. La primera vez fue en 1982 cuando se fugó y pidió asilo en la embajada de Chile, pero fue apresado. Dos años después lo intentó de nuevo pero lo volvieron a capturar. Finalmente, el 18 de agosto de 1985, durante un cambio de guardias se escapó de la cárcel de máxima seguridad de San Juan de los Morros.
Estuvo escondido en Caracas 15 días, hasta que se marchó en un barco camaronero a Aruba. De ahí viajó hacia Costa Rica y después apareció en El Salvador, bajo el nombre de “Ramón Medina”, desde donde maniobraba acciones militares para apoyar a la contra nicaragüense.

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Posada Carriles en Estados Unidos en 1985, cuando era agente de la CIA.

Pareciera que la historia de Luis Posada Carriles empezó en 1961, cuando salió de Cuba hacia México y después a Miami donde se metió a la Operación 40, un grupo de exiliados cubanos que preparó ese mismo año la invasión frustrada de Playa Girón. De ahí en adelante existe bastante documentación de la guerra que libró contra Fidel Castro, pero la información sobre su vida en Cuba es bastante corta.

Luis Clemente Faustino Posada Carriles nació el 15 de febrero 1928, en la ciudad de Cienfuegos, ubicada a 245 kilómetros al sur de La Habana. Hijo de Luis Nicolás Posada González y Dolores Carriles, de quienes se conoce eran dueños de una librería. Estudió la primaria y secundaria en colegios religiosos de orden jesuita, marista y dominico, donde aprendió Química.

Según datos recopilados en medios cubanos, Posada de joven era recio, de ojos vivaces color verde, siempre armado con una escopeta. A los 18 años de edad trabajó en la destilería del central azucarero San Agustín, en el municipio de Santa Isabel de Las Lajas, donde excompañeros de trabajo también aseguraron que solía manejar una pistola Colt calibre 38.

Fue a principios de los años 50 que Posada Carriles incursionó a una faceta extraña: se convirtió en fumigador de una empresa llamada CEFI y poco después estableció su propio negocio de fumigación, pues anteriormente se había hecho ingeniero químico.

“Desde la adolescencia es aficionado a la caza y la pesca, la bebida y el juego, la defensa personal y el uso de armas de fuego, así como a la confección de artefactos explosivos rudimentarios”, escribió el investigador cubano Julio Lara Alonso, fallecido especialista del Laboratorio Central de Criminalística del ministerio cubano del Interior, en su libro La verdad irrebatible sobre el crimen de Barbados.

Lara Alonso representó a Cuba en las investigaciones que el gobierno de Barbados realizó sobre el atentado contra la aerolínea. En su libro relata que Posada Carriles en 1954 consiguió un trabajo en la empresa estadounidense de llantas Firestone.

La inteligencia cubana afirmó que en 1957 Posada contactó al FBI, y con la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, fue acusado de estar vinculado a grupos opositores que realizaban sabotajes en contra del nuevo régimen.

Frecuentaba el club Yacht, de Cienfuegos, donde supuestamente conoció a políticos que apoyaban al dictador Fulgencio Batista. En la década de los cuarenta se casó con su primera esposa, Concepción Castañeda, con quien no tuvo hijos y se divorció apenas llegó a Miami en 1961.

El escritor cubano, exiliado en Miami, Manuel Prieres conoció a Posada en Venezuela. En un artículo para la revista Exceso de Caracas, en 1990, lo describe como de rostro inexpresivo, austero, casi puritano. “Esporádicamente fumaba un habano y sentía por las bermudas especial predilección. Embutido en unos pantalones de camuflaje y franela verde oliva”.

Prieres dice que Posada era experto en interceptar o bloquear líneas telefónicas; y abrir cerraduras. A partir de la llegada al poder del presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, en 1974, se termina misteriosamente la relación de Posada Carriles con la Policía venezolana.

Prieres cuenta que en ese momento una cadena de supermercados, con mucha fama en el occidente del país, contrató sus servicios de seguridad, agobiada por el robo de sus mercancías.

“En poco tiempo Posada puso al descubierto una red que incluía desde altos ejecutivos hasta los cajeros”, dice Prieres, quien afirma que también fue contratado por una sociedad financiera en Guyana y una embalsamadora en Valencia, que estaban desprovistas de esquemas de seguridad.

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La caída del avión donde venía Eugene Hasenfus destapó Irán-Contra, la operación que dio a conocer la financiación estadounidense a la guerrilla de los contras con dinero producto de la venta de armas a Irán.

La caída en Nicaragua del avión C-123, donde viajaba Eugene Hasenfus, desató un escándalo en el continente. La nave llevaba armas y suministros para los combatientes contras nicaragüenses, que había enviado la CIA en 1986, según declaró Hasenfus horas después de ser agarrado.

Según el entonces viceministro del Interior de Nicaragua, Luis Carrión, en la acción participaban dos cubanos que continuamente se ufanaban de su amistad con el entonces vicepresidente George H. Bush. Basándose en el testimonio de Hasenfus, Carrión dijo que uno de ellos se llamaba Luis Posada Carriles.

“Le gustaba jactarse de ser amigo personal de George Bush”, dijo Carrión en aquel momento. Aunque al inicio solo se conocieron los nombres de combate de los cubanoamericanos, días después de la caída del avión, el gobierno sandinista los identificó como Félix Rodríguez, quien operaba con el alias Max Gómez, y Luis Posada Carriles, quien trabajaba bajo el nombre de Ramón Medina.

En este punto arrancó el llamado escándalo Irán-Contra, la operación que desentrañó la financiación estadounidense a la guerrilla de los contras con dinero producto de la venta de armas a Irán.

Carrión asegura que estaba “convencido” de que el segundo al mando de la operación de suministros de armas y pertrechos a los contras era Posada Carriles, acusado de la voladura del avión de Cubana de Aviación en 1976.

El mismo Félix Rodríguez, encargado de la misión, confirma esta versión en una entrevista a El Nuevo Herald. El veterano excolaborador de la CIA dice que coordinaba los vuelos de suministros a los contras desde la base de Ilopango, en El Salvador.

Irán-Contra era financiada por la CIA y dirigida por el teniente coronel Oliver North, consejero de Seguridad de la Casa Blanca. Rodríguez aseguró que la función de Posada en la operación de apoyo a los combatientes era secundaria.

“La misión de Ramón (Posada) era atender las casas de seguridad donde dormían los pilotos, los copilotos; que las casas tuvieran criadas, tuvieran comida; que los choferes los llevaran a tiempo”, sentenció.

Sin embargo, los nexos de Posada en aquel contexto de la guerra fría venían desde muy atrás. Julio Lara Alonso, investigador cubano, dice que una semana después de que Posada abandonó Cuba fue detectado en las bases de entrenamiento de Guatemala, desde donde atacarían Playa Girón, utilizando como punto de salida Puerto Cabezas, en Nicaragua.

En 1964, tres años después de salir de Cuba, Posada fue colocado por la CIA en un campamento en Tampa, debido a sus conocimientos y experiencias en explosivos y demoliciones para que entrenara a fuerzas contrarrevolucionarias.

En aquella época una versión del gobierno cubano lo vinculó a una conspiración del entonces dictador de República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, quien envió un avión armado a Cuba, aunque Posada Carriles no arribó en ese grupo. Tres años después la CIA lo envió a Venezuela para tratar de impedir una “invasión cubana”.

En ese país Posada se incorporó a la Disip, policía venezolana, en donde asumió la jefatura de la brigada de explosivos, bajo el seudónimo de “Comisario Basilio”. En sus últimas entrevistas Posada cuenta orgulloso su labor en Venezuela, al impedir que Cuba convirtiera este país en su mayor fuente de recursos.

“Lo que quería Fidel Castro era apropiarse del petróleo venezolano y de esa forma se iba hacer más poderoso”, dijo Posada.
Según el exiliado, esa guerra contra Castro duró unos cuatro años, y para él la victoria logró dos puntos: “Nosotros con la ley y con el orden, destruimos las guerrillas y eso salvó la democracia venezolana”.

Además del atentado de Barbados, el gobierno cubano lo ha responsabilizado por una serie de ataques con bombas en la isla en 1997, uno de los cuales mató a un turista italiano. Posada se encontraba en El Salvador en ese momento y los ejecutores confesos del atentado fueron identificados como Otto René Rodríguez, Francisco Chávez y Ernesto León, todos salvadoreños, quienes acusaron a Posada de ser la mente detrás del atentado.

En una entrevista con The New York Times, a mediados de 1998, Posada describió los detalles de las ayudas financieras de la Fundación Nacional Cubano Americana, considerada como el más poderoso grupo anticastrista, y del ya fallecido líder de esa agrupación, el cubano Jorge Mas Canosa, para lanzar una ola de atentados terroristas que sacudió al sector turístico de Cuba entre abril y septiembre de 1997.
Años después Posada negó y rechazó cualquier acusación, y tildó a los responsables de esos ataques como “terroristas aficionados”.

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Una cubana exiliada en Miami durante una recolecta para Luis Posada Carriles, en 2010.

El anciano de 89 años de edad que ahora presenta el rostro desfigurado y el cabello totalmente blanco, estuvo más de 15 años preso. Nueve años pasó en una cárcel en Venezuela, acusado del atentado del avión en Barbados. Cuatro permaneció encarcelado en Panamá, señalado de ser el cabecilla de un complot para matar a Fidel Castro. Y otros dos en Estados Unidos, al ingresar sin permiso después de ser indultado en el país canalero.

Posada ha sido absuelto en más de cuatro ocasiones en Estados Unidos, cuyos tribunales de justicia son los que le brindan más confianza, según dice. Ha reconocido que desde la cárcel ha hecho explotar bombas y se ha disfrazado de policía para poder escapar. Fue entrenado por israelitas y estadounidenses. Ha sido señalado de pertenecer a una organización anticastrista que estuvo a cargo del magnicidio de John F. Kennedy, en una de las tantas teorías de conspiración que se han tejido alrededor de ese caso.

Si Posada Carriles sigue libre se lo debe en gran parte a la expresidenta de Panamá, Mireya Moscoso, quien lo indultó el primero de septiembre de 2004. Posada había pasado cuatro años en prisión y fue perdonado, junto con otros tres hombres acusados del atentado contra Castro, a quienes les encontraron documentación falsa y explosivos en Panamá.

Meses después apareció en Miami tras cruzar la frontera con México y pedir asilo en Estados Unidos. Lo arrestaron y enviaron a una cárcel de Nuevo México, donde salió bajo libertad condicional en 2007, luego de pagar una fianza de 350 mil dólares.

Después de dos años de la primera acusación en su contra en Estados Unidos, un jurado de la ciudad de El Paso, Texas, lo declaró inocente de los 11 cargos, entre ellos, cometer perjurio, fraude, obstruir procesos y dar falsas declaraciones a funcionarios estadounidenses durante los interrogatorios de petición de asilo político y de ciudadanía en 2005, cuando entró en Estados Unidos.

Desde entonces la libertad de Posada ha levantado todo tipo de debates. Los Castro y Hugo Chávez exigieron su extradición a sus respectivos países, mientras que Estados Unidos se negó a esa acción, alegando que podía ser torturado.

El periodista argentino, Andrés Oppenheimer, escribió en 2005 que si el gobierno del presidente George W. Bush no deportaba al exiliado cubano, la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo perdería toda credibilidad en el resto del mundo.

Oppenheimer basaba su análisis en la premisa de que Posada era el instrumento de Fidel Castro y Hugo Chávez para señalar que “Estados Unidos era un país hipócrita que apoya a los terroristas que le convienen”.

Bush no lo soltó y esto no fue impedimento para que tuviera conflictos morales en las invasiones de Afganistán e Irak. Algunos analistas afirman que esas guerras tuvieron un costo político bien alto en el expresidente, a quien Castro y Chávez culpaban en cualquier oportunidad que se les presentaba, utilizando entre otras armas la figura de Posada Carriles.

El propio Posada dice que el régimen de los Castro, ahora liderada por Raúl, lo sigue utilizando para culparlo de todos los problemas que pasan en Cuba, principalmente después de la caída de la Unión Soviética.

“Yo en cierto momento era más útil vivo que muerto, porque era el único a quien le podía echar la culpa Castro”, dice Posada.
Algo de cierto pueda tener estas tesis, ya que un exagente de la inteligencia cubana conocido como “Hernando”, exiliado en Miami, ha dicho que cuando trabajaba en el régimen de Castro, la muerte de Posada fue planificada pero nunca se dio la orden definitiva. “Nosotros le estábamos llegando muy fácil. Como que si la gente que protegía a Posada lo hubiera dejado solo. Había una guerrilla de Centroamérica que también estaba colaborando en ese plan y también le estaba llegando fácil”, dice.

Alias “Hernando” afirma que de un momento a otro se determinó detener el ataque contra el exiliado por “la importancia de seguir inculpando a Posada de todos los problemas que pasaban en Cuba”.

Posada también confirmó esa anécdota y citó al escritor cubano Norberto Fuentes, que cuando Castro llegó al poder, platicaba a diario con el mandatario. Estaban en esas cuando Tony La Guardia, hombre de confianza de Fidel, llegó al despacho para informarle que tenían localizado a Posada en El Salvador y que seis hombres estaban esperando a que diera la orden de matarlo, pero Castro ordenó que se cancelara la misión.

A pesar que durante décadas fueron conocidos como enemigos jurados, tanto Castro como Posada tuvieron oportunidades de matarse, pero no lo hicieron por diferentes razones.

Posada cuenta que conoció a Fidel Castro en la universidad de Belén. Durante un tiempo el exiliado fue presidente de la carrera de Ingeniería, mientras que Fidel cabildeaba para que un amigo llegara a la presidencia de Derecho.

Un día Castro junto con tres amigos y Posada, llegaron a la casa del universitario Rafael Pratts para convencerlo de que este votara por el amigo de Castro. Al parecer Pratts no estaba convencido y Castro intentó llevárselo a la fuerza. Posada intervino y le dio varios empujones a Fidel. Ambos forcejearon, pero Vilitren, un amigo pistolero de Castro, intervino y Posada le conectó un “piñazo”.

Vilitren no dudó en sacar el arma y enojado apuntó a Posada. Estuvo a punto de apretar el gatillo, cuando Castro se paró frente a él y le dijo:

—No, no, esto no es a tiros, vamos a conversar.

El día que se murió Fidel Castro, Posada salió a celebrar con los exiliados en Miami y dijo: “Castro buscaba la oportunidad de matarme a mí y yo matarlo a él”. Sin embargo, años antes contó que en una ocasión Fidel Castro se descuidó durante una cumbre en Colombia y lo tuvieron en la mira, pero no lo ejecutaron “porque sabían que iban a morir inocentes”.

No todos los exiliados cubanos miran con buenos ojos a Posada, dice Oppenheimer. Aunque según Posada espera ser recordado como un hombre de virtudes y defectos. “Me consideró un luchador por la libertad de mi patria, sometida a una dictadura horrible, que hay que eliminar, de los Castros y sus secuaces”, dijo en el programa en El Espejo, en el año 2014.

La primera vez que Castro se miró con Posada simpatizaron. El anciano cuenta que el líder lo defendió en sus primeros días en la universidad. Fidel llevaba algunos años estudiando, en el momento que Posada recién entraba. En Cuba era común que le cortaran el cabello a los nuevos universitarios, pero Fidel intervino para que no le pasaran la tijera a la larga cabellera que Posada lucía entonces.

Ahora Castro está muerto y Posada exiliado en Miami. La guerra fría se acabó y Posada ocupó todos los años en la cárcel para dedicarse a pintar los cuadros que estaba seguro que haría cuando se inspiró en la Capilla Sixtina.

“En nombre de Luis Posada Carriles, deseo invitarte a la exposición y venta de obras de este patriota cubano y pintor. La exposición tiene el patrocinio del U.S. CENTURY BANK, y se inaugura el jueves día 12 de abril de 6:00 a 8:30 p.m. En el local del 3001 Ponce de León, Coral Gables, Fl. 33134. Te rogamos que a todos los que sepas desean adquirir una de las pinturas de Luis, les reenvíes esta invitación”, dice un comunicado que repartió en la comunidad de exiliados, donde subastó 50 cuadros que tenían un valor de entre 200 y 350 dólares.

En EBay todavía se pueden encontrar algunas pinturas de Posada, enmarcadas en oro, a precio de 1,200 dólares. “De una colección privada de Cuba, un hermoso campo que captura una escena de pintura al óleo original sobre lienzo firmado y fechado en 2008, por el polémico anticastrista combatiente Luis Clemente Faustino Posada Carriles”.

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“Eugene Hasenfus dijo que Ramón Medina y Max Gómez se jactaron de que eran amigos del vicepresidente George H.W. Bush (…) hemos llegado a la conclusión de que Ramón Medina no es otro que el cubano Luis Posada Carriles, un terrorista conocido internacionalmente”.

Luis Carrión Cruz
Viceministro del Interior en 1986
Durante la conferencia de prensa de captura del estadounidense Eugene Hasenfus

Ros-Lehtinen sobre Bosch: “Era un luchador”

Según The New York Times del 17 de agosto de 1989, la congresista de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen negoció personalmente con el entonces presidente George Bush (padre), la liberación de Orlando Bosch, el otro cabecilla del atentado en Barbados. La reunión fue organizada por Jeb Bush.

En 1990 Bosch fue puesto en libertad, gracias en parte a una campaña muy pública en su nombre por Ileana Ros-Lehtinen, el miembro republicano del Congreso para Miami. “Era un luchador por la libertad de Cuba y falleció sin ver a su amada tierra libre de la dictadura de Castro”, dijo Ros-Lehtinen.

Muerte de Castro

El militante anticastrista y enemigo público número uno de Fidel Castro calificó la muerte del exmandatario cubano como “injusta” y lamentó que llegara “tan tarde”.
El exiliado fue a celebrar el deceso junto con centenares de cubanos en el restaurante Versailles y dijo que lo había esperado desde hacía mucho tiempo. “Es una muerte injusta: en el mejor hospital de Cuba, con los mejores médicos y las mejores medicinas. Eso no era lo que debía ocurrirle”, añadió.
“Él no cambió nunca, así se murió” dijo Posada en referencia al historial de asesinatos de Fidel Castro.
Luis Posada ha estado casado en dos ocasiones, primero con Concepción Castañeda Nápoles, con quien no tuvo hijos, y posteriormente con Nieves de Posada, quien lo acompañó a Venezuela y con quien tuvo dos hijos.

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Reportaje