La fortuna de los Somoza

Reportaje - 17.07.2013
Los Somoza posan en la casa hacienda El Porvenir

La familia Somoza fue una estructura de poder que convertía en oro todo lo que tocaba. Expropiaciones, ventas forzadas y monopolio de negocios fueron algunos de los instrumentos con que construyeron una fortuna cercana a los 500 millones de dólares de la época

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Alas tres de la madrugada del 17 de julio de 1979, un grupo de personas carga apuradamente maletas dentro de un helicóptero sikorsky aparcado en la Loma de Tiscapa. El general Anastasio Somoza Debayle huye ese día, dejando un país destruido y gran parte de la fortuna que su familia construyó a la sombra del poder en los últimos 40 años.

Del helicóptero al learjet “Nicarao” rumbo a Miami. Pero el itinerario cambia y aún el 19 de julio estaría viajando, ahora en su yate de lujo hacia Las Bahamas. Le acompañan su hijo Anastasio Somoza Portocarrero y su eterna amante Dinorah Sampson. Llevan poco equipaje comparado a lo que dejan en Nicaragua: una aerolínea, una naviera, fábricas de cemento, de fósforos, de telas, compañías pesqueras, camaroneras y automotrices, además de decenas de fincas cafetaleras, ganaderas e ingenios azucareros. La lista sigue.

En Nicaragua, “Somoza” ha sido sinónimo de autoritarismo, opresión y poder. Pero también tiene que ver con ambición, avaricia y concupiscencia. Esa hambre insaciable, y en su caso, heredada, por acumular más y más riquezas a costa de cualquier medio. Expropiaciones, subastas amañadas, compras bajo presión militar y abuso de información clasificada del Estado fueron parte de la mecánica de enriquecimiento. Aunque jamás se supo exactamente a cuánto ascendía la fortuna de Somoza, el recuento de detallados y extensos inventarios de propiedades, declaraciones de patrimonio, investigaciones y testimonios calculan que para ese día que Anastasio Somoza Debayle abandonaba para siempre Nicaragua la fortuna de la familia rondaba los 500 millones de dólares de la época.

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Julia García y Anastasio Somoza Reyes eran un matrimonio sanmarqueño acomodado: tres hijos y cuatro fincas cafetaleras. Ella se dedicaba al hogar y a atender la casa hacienda El Porvenir. Él era senador del Partido Conservador y un terrateniente con más deudas que tierras o cosechas de café.

Aún así el patrimonio familiar que entregaría en 1925 a su esposa Julia García como “heredera única universal” florecería como nunca lo habrían hecho sus cuatro fincas juntas. La casa hacienda El Porvenir, El Llano, La Pita y El Bosque sumaban un valor de dos mil córdobas de la época. Al año siguiente, tras la muerte de Somoza Reyes, doña Julia García reparte los bienes entre sus hijos: Anastasio Somoza García, el mayor y descrito como “perito mercantil”, Josefina Somoza de Jara y Amalia Somoza de Reyes.

Con ese patrimonio familiar Anastasio Somoza García sugiere crear una sociedad; así, en junio de 1929 nace la razón social Somoza y Compañía. En teoría, la sociedad tendría un plazo de 10 años prorrogables, pero justo a la década se disolvió no solo porque Tacho Somoza, como se le conocería popularmente, habría comprado las acciones de su madre y sus hermanas, sino porque entonces él debía manejar un patrimonio personal mucho más grande.

La voracidad de Anastasio Somoza García había enseñado el colmillo bien pronto. En 1921, cuando tenía 25 años, lo apresaron mientras falsificaban monedas de oro junto a otro joven llamado Camilo González Cervantes, quien años más tarde sería un personaje clave en la construcción de la fortuna de “los Somoza”.

En aquel episodio delictivo, cuenta William Krehm en su libro Democracias y Tiranías en el Caribe (1999), Somoza García se libró cárcel gracias a la intercesión de la familia de su esposa Salvadora Debayle quien logró que fuera indultado. Pero esa sería solo una de las cosas provechosas que le traería haberse casado con una joven de la élite política y económica del país.

Salvadora Debayle y Somoza García se conocen y se casan en Filadelfia, Estados Unidos, en 1919. Pero esa boda no tuvo la pompa propia de su estatus social; sus padres, Luis Debayle y Casimira Sacasa, no estaban contentos con la unión. Aún así, luego organizan una suntuosa ceremonia en la Catedral de León en la que se presenta oficialmente el matrimonio ante la aristocracia de la época.

Anastasio Somoza García no logra arrancar en los negocios de sus fincas y se enfoca en crear lazos políticos que se fueron afianzando con su participación en la insurrección de 1925 que llevó al poder al Partido Liberal y que luego lo harían ahijado político del presidente José María Moncada.

Con mediana fluidez en el inglés, aprendido en Estados Unidos cuando estudiaba Administración de Empresas, y por el círculo aristocrático al que tenía acceso por medio de su esposa Salvadora Debayle, Somoza García estableció sus primeros contactos políticos con Estados Unidos a partir de 1926. Años más tarde serviría de intérprete en reuniones oficiales donde se relacionó con algunos representantes del departamento de Estado estadounidense y con el embajador y su esposa, quienes influyen decisivamente en su posterior ascenso a la jefatura de la Guardia Nacional.

Destacó por sus aptitudes y en 1929 fue parte del cuerpo diplomático en Costa Rica. Para 1931 fungía como subsecretario de Relaciones Exteriores. Su gestión eficaz y competente frente al terremoto que afectó a Managua sumaron puntos a la imagen que consolidó a partir de 1933, con su nombramiento como jefe director de la Guardia Nacional (GN), según explica Jaime Delgado en su texto Hispanoamérica en el siglo XX (1992).

El poder de Tacho Somoza empezó a construirse aquí, desde su posición como jefe director de la Guardia Nacional. Y con el poder, la fortuna. Somoza García se impuso como omnipotente y temido jefe de las fuerzas militares, pero en 1934 con el asesinato del general Augusto C. Sandino, líder guerrillero contra la intervención norteamericana en Nicaragua, se consagró no solo como el candidato perfecto para liderar el Partido Liberal, sino como el socio y vecino perfecto de Estados Unidos.

Es entonces que bajo presiones y levantamientos el presidente y su tío político Juan B. Sacasa dimite de la Presidencia en 1936. En enero del año siguiente es proclamado presidente de Nicaragua. Gobierna con puño de hierro; impartiendo su ley “por las buenas”, mediante reformas constitucionales que beneficiaran sus negocios personales y garantizaran su permanencia en el poder, o por las malas, mediante represión y violencia a sus enemigos políticos o quienes atentaran contra sus intereses económicos.

La boyante acumulación de Somoza García termina en septiembre de 1956 cuando se encuentra con las balas disparadas por el joven Rigoberto López Pérez. Anastasio Somoza García muere, sin embargo la historia de los Somoza en Nicaragua tendría un segundo y tercer capítulo. Luis S. Debayle, quien heredaría la Presidencia y gobernaría hasta 1963. Anastasio Somoza Debayle, el que cerraría el ciclo del poder en 1979.

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A la hora acordada bajó al sótano del Banco Nacional escoltado por dos guardias armados. Siempre elegante para la ocasión, el coronel Camilo González, viejo amigo y ahora empleado de Anastasio Somoza García, entró con un maletín oscuro en la mano izquierda y una ametralladora en la derecha. La reunión no duraba más de 10 minutos o lo que tardaran en leer el detalle de la propiedad.

“Finca de 20 manzanas en Jinotega...”. Carazo, Matagalpa, Rivas, Managua... “Iniciamos la subasta con 10 mil dólares, ¿quién da más?” Silencio. “10 mil dólares”. Silencio incómodo. Unos cuantos se retiran, otros se muestran desinteresados, pero esperan a que haya más pujas. No pasa nada. “Bien. Vendida al señor Camilo González”. Y así, una vez cumplido el protocolo, el coronel González sacaba los fajos de córdobas de aquel maletín y se llevaba las escrituras. Luego venía el paso final, el traspaso de las propiedades a nombre de Somoza y su familia.

Libros de historia, entrevistas y testimonios dan fe de escenas como esta, repetidas con regularidad, allá por 1943. Eran famosas las subastas al estilo “burro amarrado y tigre suelto”. Son tan populares como el apodo de Camilo González. “El hombre del maletín le decían, él era el pipe de Somoza (García). A veces andaba solo, pero siempre con la ametralladora, esa era su mecánica de negociación. Si se trataba de negocios del general nadie se metía o salías muerto”, comenta Roberto Sánchez Mercado, periodista e historiador. Según explica Sánchez, este fue uno de los principales y más importantes mecanismos de enriquecimiento y acumulación masiva de bienes de Anastasio S. García: compra mediante subastas amañadas. “Él ponía el precio y nadie se oponía, siempre un monto muy por debajo del valor real de las propiedades. Era solo una pantalla para no cometer el robo descarado, pero todo el mundo sabía lo que pasaba”, agrega.

Las propiedades, en su mayoría, eran parte de un listado de bienes de la expropiación a ciudadanos (principalmente) alemanes en Nicaragua a partir de 1941. William Krehm, corresponsal de Time en Nicaragua durante los años 40, expone el caso de la finca Alemania. Según Krehm, The Anglo South American Bank Limited puso en remate esta propiedad de Julio Bahlke, y fue Camilo González el comprador de contado: 60 mil dólares, la décima parte de su valor entonces.

Álvaro Somoza Urcuyo, hijo de Luis Somoza Debayle e Isabel Urcuyo, tiene su explicación a esta historia. “No ha habido una sola demanda de un solo alemán en contra de los Somoza. ¿Por qué, si dicen que les robamos barbaridades y le hicimos chanchadales? Les hicimos un gran favor (…). Que algunos resintieron eso, sí resintieron, porque a nadie le gustaría vender a un precio muy bajo lo que te ha costado construir. El viejo Tacho que tenía muchos de esos amigos (alemanes) les ayudó comprándoles. Les ayudó y se hizo el sueco mandándolos a las fincas y haciendo creer que estaban presos. Luego el viejo Tacho fue indispensable para ayudar a que el gobierno alemán les pagara a todos ellos que habían sido confiscados por la guerra”, sostiene Somoza Urcuyo.

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Las tragedias fueron aprovechadas por los Somoza para incrementar su fortuna. Junto con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, Nicaragua empezó a destacar en la producción del caucho, material preciado para la guerra que se desarrollaba. Anastasio Somoza centralizó el negocio en un grupo de amigos interesados y gestionó para ellos un adelanto de capital por medio del Banco Nacional. Lo compraban 60 córdobas y lo revendían a EE. UU. en 130 córdobas. Era tal el abuso que EE. UU. regañó a Somoza y envió compradores directos a Nicaragua, cuenta María Dolores Ferrero Blanco en su libro La Nicaragua de los Somoza.

Pero Tacho Somoza no estaba dispuesto a perder la confianza con ese país, al que apostaba su futuro. Y es así como Nicaragua es uno de los primeros países del mundo en declararle la guerra a las llamadas potencias del Eje: Alemania, Japón e Italia, pocas horas después del ataque japonés al puerto norteamericano de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941.

“Luego de la declaratoria de guerra, Estados Unidos difunde la ‘Lista Proclamada’, un documento oficial en el que se señala que todos los ciudadanos alemanes, italianos y japoneses debían ser intervenidos por el Estado de los países aliados en los que se encontraran”, expone Dora María Téllez, comandante guerrillera e historiadora.

Arrestos masivos, confinamientos en fincas y deportaciones de alemanes a Estados Unidos. En 1943 se aprueba la Ley de Expropiación y Control de bienes de ciudadanos de países del “Eje”. El Gobierno publica una lista detallada de las personas que sufrirán restricciones económicas, conocida como la “Lista Negra”. Se ordena a alemanes e italianos propietarios de fincas de café entregar la totalidad de la cosecha al Banco Nacional, se congelan sus cuentas y se prohíbe cualquier tipo de transacciones económicas o de bienes. En septiembre de ese año se emite una ley que declara de utilidad pública las propiedades y fondos de los inmigrantes que se encuentren fuera del país o que el Banco Nacional considerara perjudiciales a la economía del país. Unas 25 propiedades de todo tipo fueron expropiadas entre 1943 y 1945 (El café en Nicaragua, Inédito. Dora María Téllez).

“La primera oleada de enriquecimiento masivo de los Somoza se da en este momento. Si te fijás es una operación de robo elegante, nada de robar con las patas. Ellos armaron un proceso gradual para intervenir el dinero, bloquear todas las transacciones para quebrar los negocios, hipotecar y expropiar. Entonces solo organizaban las subastas en el Banco Nacional y llegaba Camilo (González) con su ametralladora a hacer las compras de Somoza”, explica Dora María Téllez.

“Hay un buen número de italianos en las listas, pero casi nunca se habla de expropiaciones, porque también hubo pagos para salvarse. Quienes no entraron a la lista negra, pagaron. Los que se salieron, salieron pagando, mediante empeño o compromisos por favores políticos. El resto, perdieron sus propiedades. Nadie se le escapó”, aclara Téllez.

Magazine/Entrevista Alvaro Somoza Urcuyo/foto/LA PRENSA/Alfredo Zuniga/13 de junio del 2013

“No ha habido una sola demanda de un solo alemán en contra de los Somoza. ¿Porqué, si dicen que les robamos barbaridades y le hicimos chanchadales? Les hicimos un gran favor...”

Álvaro Somoza Urcuyo. Hijo de Luis Somoza Debayle e Isabel Urcuyo.

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En diciembre de 1972 Nicaragua vive una tragedia con el terremoto de Managua y otra vez, Somoza, esta vez Anastasio Somoza Debayle, encuentra cómo sacarle provecho personal al infortunio. “En la época de reconstrucción posterior el terremoto de 1972 él aprovechó la devastación de la ciudad y la información del Estado para comprar terrenos donde sabía que se construirían carreteras o edificios estatales, para luego revenderlos al Gobierno por cantidades que triplicaban su valor”, expone Roberto Sánchez. Fue como encontrar una mina de oro en medio de los escombros.

Con la capital destruida, Somoza Debayle vio la oportunidad de ampliar las empresas familiares hacia el plano de las constructoras, aseguradoras y proyectos habitacionales. Para entonces contaba con el poder que le merecía su título de jefe de la GN, ante la ley marcial declarada por la catástrofe y se dispuso a crear un plan de reconstrucción paralelo al desarrollo de sus negocios y fortuna. Incluso hubo denuncias de malversación de fondos y material de ayuda internacional.

“El modus operandi fue sencillo. Llamaron a los mexicanos para que vieran el tema de la reconstrucción, se hicieron planos de las futuras construcciones de carreteras y calles, donde ahora son las circunvalaciones. Somoza se puso a comprar terrenos en la zona y después se recetaron los contratos de construcción, se adjudicaron todo”, comenta Dora María Téllez.

En el testamento de Somoza Debayle de agosto de 1977 se constata que más de una docena de sus empresas fueron creadas luego de 1972. Entre ellas destacan Promociones Habitacionales, SA y Corporación de Seguros La Capital, SA con una inversión de 50 mil córdobas cada una. La Almacenadora Nicaragüense, Interfinanciera Nicaragüense, Materiales y Construcciones, Mayco Industrial y la Pesquera Solec, todas sociedades anónimas y con una inversión conjunta de más de 30 millones de córdobas.

“Es lo mismo que está haciendo Ortega. Se llama uso de información privilegiada del Estado. Se creó una competencia desleal entre Somoza y el sector empresarial. Eso provocó una crisis entre los empresarios que básicamente eran aliados de los Somoza. En ese momento se da la ruptura con el sector empresarial del país”, agrega.

La inconformidad e indignación social crecía al ritmo de la violenta represión de la dictadura. La insurrección popular sandinista fue ganando terreno y a inicios de julio de 1979 el Frente Sandinista de Liberación Nacional habría logrado derrotar a las tropas de la GN y la derrota del régimen somocista era inminente.

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Tachito. Ese era el apodo popular de Anastasio Somoza Debayle, el hijo menor de Anastasio Somoza García. Pero Tacho Somoza García no solo heredaba motes, títulos políticos y cargos militares.

Para entonces la familia había multiplicado sus propiedades mediante compras por transacciones turbias que incluían conceptos como “ventas forzadas”, “venta prometida”, “propiedad otorgada”, “en cumplimiento de promesa”, “por ejecución en contra de”, según se comprueba en el Inventario de Bienes de Anastasio Somoza García de 1951. Por la naturaleza de este documento, distinto a las declaraciones de bienes ante un Tribunal, aquí se detalla el método de adquisición. Muchas de las ventas forzadas fueron realizadas incluso ante jueces, lo que sugiere el nivel de dominio y corrupción en el sistema. Por medio de estas compras la familia acumuló hasta un 20 por ciento del territorio nicaragüense, un área aproximada a la extensión de El Salvador, según la investigación de María Dolores Ferrero Blanco.

Pero había mucho más que eso. Al menos una docena de las 47 compañías que aparecían en el testamento de Somoza Debayle eran empresas instauradas desde 1940 y dejadas por el fundador de la dinastía, Anastasio Somoza García. La Marina Mercante Nicaragüense (Mamenic), Líneas Aéreas de Nicaragua (Lanica), Hilados y Tejidos El Porvenir y la Compañía Nacional Productora de Cemento, que se calculó como la de mayor inversión: 5 millones de dólares.

Entre 1973 y 1975 Sergio Ramírez Mercado junto con Constantino Pereira (estando en Berlín y Suiza respectivamente) elaboraron un inventario de bienes de Anastasio Somoza Debayle. “Se lo envié a Carlos Tünnermann, quien se encontraba becado en Washington y él contactó al periodista Jack Anderson, que tenía una columna muy famosa en el Washington Post y en trescientos periódicos en Estados Unidos. Él mandó un equipo a Nicaragua a investigar, y comprobaron que lo que decía el documento era cierto, de modo que empezaron a publicarlo en varias entregas”, contó el escritor Sergio Ramírez en una entrevista a La Prensa en octubre de 2002.

En cada una de sus columnas Jack Anderson fue sacando los demonios de la caja de Pandora. La exposición precisa y la crítica mordaz desataron escándalo y críticas en Estados Unidos, sobre todo por el apoyo que este gobierno mantenía al dictador que libraba una guerra contra los civiles que se sublevaron.

“A través de su familia y de sus lacayos, (Somoza) controla toda la industria, instituciones y servicios lucrativos de Nicaragua. Directa o indirectamente tiene granjas, fábricas, bancos, periódicos, estaciones de radio y televisión, barcos, aviones y como le quieran llamar...”, expuso el reportero Jack Anderson en el artículo de 1975 en el diario New York Post.

Dismotor/Mercedes Benz, Nicalit, Calzado Chontal, Televisión de Nicaragua SA... La lista es larga e incluye docenas de fincas ganaderas y con fines agrícolas variados, aunque predominaban los cafetales, ingenios azucareros y arrozales.

En la serie de artículos escritos por Anderson se refiere a Somoza Debayle como el dictador de Nicaragua, el gobernante más ambicioso, el goloso.

“Como la Gran Banana en la pequeña república bananera, Somoza no solo siembra bananos, también fabrica las cajas de cartón donde se empacan. Luego se cargan, invariablemente, a bordo de los buques de carga de su compañía naviera”, escribió Anderson. Además enumera una serie de ejemplos en cada uno de los escritos en los que denuncia acerca del abuso de poder y el monopolio económico que había logrado mediante el poder militar y político.

“Él produce mucha de la comida que su gente come, los cigarros que fuman, el café que toman, el azúcar que le ponen a ese café, y hasta los cubos de hielo que usan para helar sus bebidas”, anotó el reportero norteamericano Jack Anderson en una de sus columnas en 1975. Luego habla de la popularidad de los autos Mercedes Benz en Nicaragua, además de los civiles, los usaba la policía para patrullajes e incluso los camiones recolectores de basura eran comprados a la franquicia que pertenecía Somoza.

“Los Somoza poseen, controlan o tienen participación en una amplia variedad de bienes económicos dentro de Nicaragua, cuyo valor estima la Embajada que es aproximadamente de US$38,810,029. (…) También tienen una indeterminada cantidad de bienes en el exterior, que se calculan entre 15 y 20 millones de dólares (…) Es poco probable que los Somoza paguen impuestos proporcionales a su capital. Y estas cifras son deliberadamente conservadoras (…) Los perfiles económicos secretos del Departamento de Estado norteamericano muestran que los Somoza tenían un mínimo de 54,000,000 de dólares ya en 1963, en base a lo cual es posible que en esta fecha los Somoza poseyeran el 10 % de la riqueza de Nicaragua”, escribió Jack Anderson en su artículo El capital de los Somoza, reproducido por La Prensa el 15 de agosto de 1978.

Anderson denunció también los abusos de la “Guardia Nacional, equipada y entrenada por Estados Unidos, que es capaz de mantener a 2.3 millones de nicaragüenses bajo control, a menos que quieran confrontarse a un ejército profesional razonablemente preparado para llevar a cabo una guerra bastante profesional”. De igual manera fue enérgico, preciso e incisivo en sus columnas de denuncia posterior al asesinato del periodista y opositor a la dictadura Pedro Joaquín Chamorro el 10 de enero de 1978. A partir de entonces se enciende la llama de la insurrección popular que un año después consumiría a la dictadura en medio de una guerra que lo enviaría al exilio y la muerte.

La Marina Mercante Nicaragüense (Mamenic)
La Marina Mercante Nicaragüense (Mamenic) fue una de las más importantes empresas fundadas por Anastasio Somoza García. Aquí junto a su hijo Anastasio Somoza Debayle y un grupo disfrutando de la vista del puerto y sus barcos de fondo.

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16 de julio de 1979. “Consultados los gobiernos que verdaderamente tienen interés de pacificar al país, he decidido acatar la disposición de la Organización de los Estados Americanos y por este medio renuncio a la Presidencia a la cual fui electo popularmente. He luchado contra el comunismo, y creo que cuando salgan las verdades, me darán la razón en la historia”. Este es un fragmento de la carta de renuncia de Anastasio Somoza Debayle ante el Congreso Nacional, antes de salir del país. Encontró refugio en Asunción, Paraguay, pero un año después la muerte lo alcanzaría allá. Murió igual que su padre, asesinado en un atentado.

Luego del triunfo de la revolución no quedó un miembro de esta familia en Nicaragua. Pero los rastros de una dinastía de 45 años que gobernó el país con bota militar y poder político estaban por todos lados. Una aerolínea, una naviera, una cementera, una fábrica de fósforos, de telas, compañías pesqueras, camaroneras y de producción de alimentos. Pero todo eso estaba a punto de desintegrarse, como la dictadura.

Cien, 400 o 500 millones de dólares de la época (1979). Nadie ha logrado determinar el monto exacto de la fortuna de la Sucesión Somoza, como se conocería al conglomerado de propiedades, empresas, acciones y dinero que acumuló y heredó Somoza García a sus hijos Luis y Anastasio Somoza Debayle, y finalmente a su nieto Anastasio Somoza Portocarrero, actual apoderado generalísimo.

“La fortuna de los Somoza se quedó en Nicaragua en el 99 por ciento. Los famosos cientos de miles de millones de dólares que existían afuera no hay tales, nunca hubo, porque los Somoza creían en invertir en su país. Lo más que hay es una casa en México, una en Costa Rica y se acabó”, aclaró Anastasio Somoza Portocarrero en una entrevista al periodista Fabián Medina que incluye en su libro Los días de Somoza (2009). “El Chigüín” fue el último en ocupar un cargo en la Guardia Nacional. Fue jefe de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), el cuerpo militar encargado de sofocar los levantamientos civiles.

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El 20 de julio de 1979 la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional estableció la confiscación de bienes por medio del decreto 3. “Se faculta al procurador general de Justicia para que de inmediato proceda a la intervención, requisación y confiscación de todos los bienes de la familia Somoza, militares y funcionarios que hubiesen abandonado el país a partir de diciembre de 1977. Una vez intervenidos, requisados o confiscados estos bienes, el procurador general de Justicia remitirá todo lo actuado a las autoridades correspondientes”. A este decreto se le sumó el 38 que estaba dirigido a confiscaciones a los “allegados” de los Somoza. Las propiedades quedaron en manos del Estado; algunas fueron distribuidas por el Área Propiedad del Pueblo, otras han pasado de un administrador a otro o son parte de empresas nuevas que fueron compradas al Gobierno, y en algunos casos los familiares han negociado indemnizaciones por la compra-venta.

Los Somoza que aún quedan no pierden la esperanza de recuperar algo del patrimonio que acumuló su poderosa familia.

“Yo tengo todos los títulos de todas las propiedades que compró mi abuelo. Y veo cartas de compra de venta. No veo expropiaciones, no veo confiscaciones, no veo situaciones...”, dice Anastasio Somoza Portocarrero en la entrevista realizada en Guatemala por Fabián Medina.

“En lo general vemos asuntos de propiedades, la familia nuestra. Aquí tenemos los títulos, los recibos, los finiquitos, y ninguno dice recibido de reforma agraria. O recibido del Gobierno de Nicaragua, por lo menos en medio de Managua. Nuestro trabajo es tratar de mantener el patrimonio familiar donde quiera que esté”, dijo en ese momento.

En 1990 la Comisión Nacional de Revisión de Confiscaciones inició un proceso de revisión de los procedimientos y el estado de las propiedades confiscadas mediante el Decreto 11-90 denominado Decreto Ley de Revisión de Confiscaciones. Sin embargo Álvaro Somoza Urcuyo denuncia que todas las investigaciones en el caso de las propiedades heredadas por su padre e independientes de la Sucesión Somoza han sido mediante procesos viciados, además de lo improcedente del decreto 38 que no aplica al patrimonio independiente de su familia.

“Yo nada tengo que ver con la Sucesión Somoza, tuvimos que ver, pero en el 73 mi madre actuando independientemente se deslindó de esas propiedades en una transacción con mi tío Tacho”, sostiene Álvaro. “Ella (Isabel Urcuyo de Somoza) no estaba de acuerdo con la postergación de la familia en el poder, porque eso no fue lo que mi papa hizo. (…) Él había bajado de la Presidencia y fue electo el doctor René Schick. (…) Cuando mi papa apoyó a su hermano para correr fue bajo muchas influencias familiares y de amigos para que llegara a la Presidencia porque él tenía en ese momento el poder político”, aclara Somoza Urcuyo.

Los reclamos por confiscaciones a la familia Somoza y “allegados” están sujetos a revisión caso por caso, en caso que resultaran favorables habría devoluciones e indemnizaciones, según se determine.

“Recuperar propiedades es un término falso... En la familia Somoza hay un consenso de que una de las cosas que nosotros apoyamos, y queremos verlo perfeccionado, verdaderamente perfeccionado, es la reforma urbana y la reforma agraria rural cuando verdaderamente los beneficiados son gente, trabajadores urbanos y campesinos, donde a ellos el Gobierno les ha hecho una donación de terreno para que lo trabajen. La verdadera reforma agraria, no la reforma agraria hechiza o con mala intención, en la que existen cooperativas que para lo que sirven es para repartirse playas y no han creado ni un elote. ¿A quién le quedaron esas propiedades? ¿Quiénes son los dueños de grandes centros comerciales sobre terrenos de la reforma agraria? ¿Cómo es posible que Managua haya sido la única ciudad en la que los límites urbanos se hicieron más chiquitos después de la revolución? Hay cosas inverosímiles”, expuso “El Chigüín” en la entrevista citada.

Desde entonces Somoza Portocarrero no ha vuelto a hablar con la prensa nacional ni respondió a nuestros correos electrónicos. En esa ocasión explicó que la situación legal de las propiedades de la familia aún no ha sido resuelta, pero que “ellos” se dedican a negocios propios y comentó que han recibido porcentajes de pagos mediante arreglos legales de parte de nuevos compradores de tierras que pertenecieron a su familia.

El Alba de Ortega

Aunque oficialmente la fortuna de Daniel Ortega rondaría los tres millones de córdobas, según la última declaración de probidad de su fortuna dada a conocer por la Contraloría General de la República en 2006, es un hecho que el acuerdo petrolero con Venezuela ha convertido al caudillo sandinista en uno de los hombres más adinerados de Nicaragua.

Aunque no hay cifras estimadas, algunos calculan que en los siete años que lleva en el poder la familia Ortega Murillo ha acumulado más riqueza que la que acumularon los Somoza en 45 años.

El acuerdo petrolero con Venezuela le ha permitido a Ortega hacerse del control de la empresa Alba de Nicaragua SA (Albanisa), la cual monopoliza el acuerdo petrolero. De acuerdo con los mismos registros del Banco Central de Nicaragua, desde el inicio del acuerdo petrolero en 2007, Albanisa ha manejado 2,567 millones de dólares, sin control fiscalizador alguno.

El dinero que fluye por Albanisa es administrado por Alba Caruna, una financiera que funciona como un banco paraestatal, igualmente bajo el control de Ortega y su familia. Esta concede préstamos con bajos intereses al Estado y es la receptora de los pagos de los préstamos hechos a transportistas y la distribuidora eléctrica TSK Melfosur, la cual igualmente es señalada de ser un apéndice de Albanisa.

Por consiguiente, Ortega y su familia controlan todas las empresas subsidiarias de Albanisa. Esta son Alba Alimentos de Nicaragua (Albalinisa), la cual controla la exportación de alimentos hacia Venezuela, Alba Transporte, dueña de toda la flota de buses nuevos adquiridos por el Estado, Alba Generación, la mayor generadora energética del país, Alba Forestal, la mayor empresa maderera del país y Alba Puertos, la cual administra las inversiones portuarias del país, aunque estas sean estatales.

El presidente Ortega y su familia también son dueños de al menos tres televisoras y sus estaciones radiales vinculadas: El Canal 4, propiedad de la sociedad Nueva Imagen SA, la que es manejada por Rafael Ortega Murillo, hijo adoptivo del presidente; Daniel Edmundo, Juan Carlos y Tino Ortega Murillo; Canal 8 de Televisión, propiedad de la sociedad Telenica, y administrada por Juan Carlos Ortega Murillo y Canal 13 de televisión, de la sociedad Celeste SA, manejado por Camila, Maurice y Luciana Ortega Murillo.

La familia Ortega-Murillo, a través de dos conocidos testaferros (José Mojica Mejía y José María Enríquez Moncada) es propietaria del 25 por ciento de las acciones de la empresa proveedora de Internet Yota de Nicaragua y es dueña de la empresa de vigilancia El Goliat.

La familia Ortega Murillo se apropió de su bien más lucrativo, en una operación en la que fue apoyado jurídicamente por la Procuraduría General de la República: la Distribuidora Nicaragüense de Petróleo (DNP), que posee la red más vasta de gasolineras del país y además es la que controla la distribución de hidrocarburos. Se estima que sus ventas mensuales superan los 25 millones de dólares. (Moisés Martínez).Reunión de los medios independientes asociados con el presidente electo Daniel Ortega en la secretaria de el FSLN para hablar sobre la libertad de prensa durante su proximo periodo de gobierno. 25 noviembre 2006, Managua, Foto La Prensa, Diana Nivia

Foto cortesía del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica.

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