La historia del córdoba

Reportaje - 11.03.2019
Historia del Cordoba

Tiene nombre de conquistador español, pero nació bajo la intervención norteamericana de 1912. Ha estado a la par del dólar dos veces y sus años más duros fueron los ochenta del siglo pasado. Hoy en día es considerada una moneda ficticia debido a la dolarización. Es el córdoba, que está cumpliendo 107 años de vida

Por Eduardo Cruz

Hoy el córdoba es una moneda ficticia, asegura el economista José Luis Medal, porque los precios de casi todos los productos están dolarizados. Haga lo que haga el gobierno en estos momentos no resuelve nada, indica Medal, porque la economía nicaragüense está dolarizada de facto.

Se considera que el córdoba, que cumplirá 107 años de vida el 20 de marzo de este año 2019, vivió su época dorada durante sus primeros 22 años de vida, cuando los banqueros norteamericanos, que dirigían el Banco Nacional de Nicaragua, sortearon guerras, como la Constitucional y la de Sandino; desastres naturales, como el terremoto de 1931, y malas cosechas, con tal de mantener el córdoba a la par del dólar, al uno por uno.

Otro momento de brillo del córdoba fue entre 1955 y 1979, cuando se mantuvo sin variar a siete córdobas por un dólar, pero luego se desplomó en los años ochenta del siglo pasado, bajo el régimen sandinista de esa época.

El primer billete de un córdoba, emitido en 1912, pero comenzó a circular hasta en 1913. FOTO/ CORTESÍA/ SERGIO BLANDÓN

Tuvo sus momentos de oro el córdoba, como cuando a mediados del siglo pasado lo aceptaban en Costa Rica y en otros países centroamericanos.

El nombre de la moneda, que deriva del conquistador español Francisco Hernández de Córdoba, no es lo más importante para analizar de ella, consideran los especialistas. Sin embargo, varios de ellos creen que el militar español no tiene los méritos para prestarle su nombre a esta moneda que debería llevar el nombre de alguien nacional, como el cacique Nicarao o alguna otra personalidad nicaragüense.

Uno de los primeros billetes que circuló en Nicaragua, a finales de los años 1800. FOTO/ CORTESÍA/ SERGIO BLANDÓN

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El córdoba nació en momentos difíciles para los nicaragüenses, el 20 de marzo de 1912, cuando era presidente de Nicaragua el conservador Adolfo Díaz, un personaje señalado de ser un empleado de los Estados Unidos.

Bajo la presidencia de Díaz se firmó el tratado Chamorro-Bryan, el general Benjamín Zeledón fue asesinado y el Ferrocarril, el Banco y las aduanas fueron hipotecadas para pagar un empréstito con banqueros norteamericanos.

Apenas tres años antes, en 1909, por presión de los Estados Unidos, salió del poder el general liberal José Santos Zelaya y los siguientes años no fueron estables, cuando estuvieron en el poder primero José Madriz y luego Juan José Estrada, quien, también por presiones norteamericanas, cedió el poder finalmente a Adolfo Díaz.

Billete de un peso que circulaba en 1910, poco antes de que naciera el córdoba. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

En 1912, cuando nació el córdoba, hubo otra guerra. La de Mena. Luis Mena era un general conservador que había peleado contra Zelaya, pero luego se unió a los liberales en contra de los conservadores por la sumisión que tenía Díaz con los norteamericanos.

Como Díaz estuvo a punto de perder el poder, pidió la intervención de los marines norteamericanos, que desembarcaron el 15 de agosto en Corinto. El 24 de septiembre, Mena se rindió sin disparar un solo tiro, pero Benjamín Zeledón siguió luchando y murió asesinado el 4 de octubre.

Sofocada la rebelión, los Estados Unidos completaron su intervención llevándola al plano económico, a través de lo que se llamó “la diplomacia del dólar”.

Además de las guerras, el peso también se vio afectado en su valor debido a las muchas falsificaciones de dinero que se daban en esa época y pronto, por la inflación, las autoridades acordaron realizar una conversión monetaria, la cual dejaron en manos de banqueros norteamericanos, quienes a su vez contrataron a dos expertos también norteamericanos.

El 20 de marzo de 1912 se decretó la conversión monetaria, mediante la cual se estableció el córdoba como moneda nacional.

Fue hasta en marzo de 1913 que se comenzó a hacer el cambio de la moneda. El día 23 los nicaragüenses comenzaron a cambiar sus pesos por córdobas, a razón de 12.50 pesos por un córdoba.

Foto tomada el 23 de marzo de 1913, el primer día que circuló el córdoba. Los nicaragüenses hacen fila en la sucursal de León del Banco Nacional, para cambiar 12.50 pesos por un córdoba. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO DE LUIS CUADRA CEA

La conversión estaba programada a realizarse en seis meses, pero fue imposible, terminó hasta dos años después, el 31 de octubre de 1915.

En total se cambiaron 49 millones 962 mil pesos entre billetes y monedas. Y se pusieron a circular cuatro millones y medio de córdobas en billetes.

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Entre 1913 y 1925, el córdoba vivió asediado por la gran depresión que afectó a Estados Unidos, las malas cosechas y los problemas políticos de Nicaragua. Pero no dejó de valer lo mismo que el dólar.

En 1925, los marines abandonaron Nicaragua, pero en ese mismo año el general Emiliano Chamorro le dio golpe de Estado al gobierno del conservador Carlos Solórzano, como presidente y el liberal Juan Bautista Sacasa, como vicepresidente.

Los partidarios de Sacasa creían que, al salir Solórzano del país, el poder debía recaer en Sacasa y se inició así una guerra denominada Constitucionalista. Esta guerra terminó el 4 de mayo de 1927, cuando el general liberal José María Moncada pactó con el secretario de Estado norteamericano, Henry L. Stimson, que irían a elecciones.

Inmediatamente después, estalló la guerra de Sandino, quien no estaba de acuerdo con que los marines norteamericanos permanecieran en el país y además vigilaran las elecciones.

A pesar de esos acontecimientos bélicos, el córdoba no dejó de valer uno por uno con el dólar. Según el economista José Luis Medal, todo se debe a que las autoridades no emitieron córdobas sin respaldo.

En marzo de 1931 se produjo el terremoto que destruyó Managua y continuó el córdoba manteniéndose, pero ya no por mucho tiempo, pues la primera devaluación del córdoba llegó en noviembre de ese mismo año, cuando se comenzó a cambiar a razón de 1.10 córdobas por un dólar, siendo presidente Juan Bautista Sacasa.

El córdoba se mantuvo más o menos estable durante la época de la dictadura somocista. Llegó a valer siete córdobas por un dólar.

Fue en los años ochenta la debacle, cuando el régimen sandinista tuvo que resellar los billetes existentes para elevar la denominación de los mismos.

Con la caída de los sandinistas y la llegada al poder de doña Violeta Barrios de Chamorro, el presidente del Banco Central, Francisco Mayorga, presentó el córdoba oro, el cual se usa en la actualidad.

Comenzó a la par del dólar, es decir, uno por uno, pero poco a poco se ha ido devaluando y en la actualidad tiene un deslizamiento del cinco por ciento anual.

¿Qué prefiere, un peso o un córdoba?

Para los coleccionistas de la moneda nicaragüense, el peso es más apetecido que el córdoba. Los diseños de los billetes de pesos, además de que son más antiguos, los hacen más apetecibles, explica el presidente de la Sociedad Filatélica Numismática de Nicaragua Rubén Darío (Sofinic), Sergio Blandón García.

En el caso del córdoba, igualmente, los más antiguos tienen mayor valor que los más recientes para los coleccionistas. Los que tienen menor valor son los que se emitieron en la década de los años ochenta, cuando los rostros de los billetes principalmente eran héroes sandinistas, como Sandino, Carlos Fonseca, Germán Pomares y Rigoberto López Pérez, aunque este último no fue sandinista.

Por ejemplo, explica Blandón, el billete de un peso que se emitió en 1881 puede costar entre ocho mil y 15 mil dólares. “Esos primeros billetes tenían un diseño bonito”, explica Blandón, quien agrega que no tenían muchas medidas de seguridad como existen como ahora.

Sergio Blandón, director ejecutivo de la Sociedad Filatélica y Numismática de Nicaragua. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Mientras que los billetes de los años ochenta son más baratos. El billete de Carlos Fonseca, cabeza pequeña, cuesta cinco dólares. En cambio, los córdobas de la época de Somoza pueden costar 250 dólares.

“Hay billetes que son una obra de arte”, dice Blandón García, quien revela que recientemente en la Sociedad Filatélica lograron recuperar un billete de 100 pesos que emitió en 1888 el Banco Agrícola Mercantil de León y el que era usado principalmente para grandes transacciones comerciales, especialmente entre bancos de la región centroamericana, ya que 100 pesos era mucho dinero a finales del siglo XIX.

El billete de 100 pesos que recientemente la Sociedad Filatélica y Numismática de Nicaragua adquirió en Costa Rica. FOTO/ CORTESÍA/ SERGIO BLANDÓN

Blandón asegura que de ese billete de 100 pesos el Banco Central de Nicaragua solo tiene uno y le tiene que hacer copia a la parte trasera para poder mostrar al público las dos caras al mismo tiempo.

Blandón afirma que, así como los pesos eran bonitos y bien elaborados, también hay córdobas preciosos, como el de 50 córdobas que salió en 1959 y que mostraba en el anverso dos rostros, algo muy raro, celebrando 100 años del gobierno binario de un liberal y un conservador, Máximo Jerez y Tomás Martínez.

Billete de 50 córdobas que se emitió para conmemorar 100 años del gobierno “chachagua”, a como se le conoció al gobierno de dos presidentes, el liberal Máximo Jérez y el conservador Tomás Martínez. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Uno de los que más apasiona a Blandón es el billete de 500 córdobas que sacó Anastasio Somoza García en 1945, en el que aparece por primera vez en un billete el poeta Rubén Darío.

Sobre ese billete, Blandón cuenta que el rostro que iba a aparecer es el de Somoza García, pero sus allegados le dijeron que mejor pusiera el rostro del poeta. A regañadientes, Somoza aceptó, pero más adelante, en 1953, sacó un billete de un mil córdobas con la imagen de él.

“La de a peso”

Después de haber estudiado en un colegio de Washington, Estados Unidos, llegó Lilliam Somoza a Nicaragua en julio de 1941. Era hija del dictador Anastasio Somoza García y todos los funcionarios de alto rango se esmeraron en recibirla como a una reina.

Cuatro meses después, por sugerencia de un soldado raso, según cuenta Rodolfo Delgado en el libro Banco Nacional de Nicaragua y su entorno histórico, Lilliam Somoza fue coronada en la Catedral de Managua, por monseñor Lezcano, como Reina del Ejército.

Monseñor Lezcano bendice a Lilliam Somoza en la Catedral de Managua, el día que ella fue coronada reina del Ejército como Su Majestad Lilliam I. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO DE LA GUARDIA NACIONAL

Le pusieron una corona de oro, un cetro, un anillo que costó varios miles de córdobas y también un par de aretes de oro con forma del Escudo de Nicaragua, todo con diamantes y pedrería, con los colores del Escudo Nacional. Todo pagado por los miembros de la Guardia Nacional mediante aportes mensuales, deducidos de sus sueldos, explica Delgado.

Para esa misma época, los billetes de un córdoba tenían en el anverso la imagen de una mujer de frondosos cabellos revueltos, de tez blanca y con un pecho desnudo, lo cual, según el coleccionista de monedas, Sergio Blandón García, causó revuelo entre la sociedad nicaragüense desde 1924, cuando se emitió por vez primera dicho billete. La imagen corresponde, siempre según Blandón, a Marianne, la mujer que representa los valores de la república de Francia: libertad, igualdad, fraternidad.

Por considerar que esa mujer, blanca, no representaba a la etnia nicaragüense, el consejo directivo del Banco Nacional de Nicaragua presentó una propuesta para que fuera cambiada la imagen en el billete de un córdoba y propuso que “los billetes de un córdoba para la serie de 1941 serán iguales a los de 1939 en cuanto a dibujos y colorido, y solo distintos en cuanto a la alegoría que llevarán en la parte central del anverso, pues en lugar de ser el busto de una mujer robusta, símbolo de exuberancia, será la imagen de una señorita caracterizada como indígena de Masaya, simbolizando la vida de una raza que aún se distingue por sus típicos y pintorescos atavíos”.

El billete de un córdoba con la imagen de Lilliam Somoza que circuló entre 1941 y 1960. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

A finales de 1941 comenzaron a circular los nuevos billetes de un córdoba, solo que en lugar de “una señorita indígena”, en el anverso del billete aparecía la efigie de Lilliam Ada de la Cruz Somoza Debayle, la hija de Somoza García.

Desde entonces, el ingenio de la gente ya no llamaba un córdoba a los billetes, sino “lilliam”. Y también surgió la frase “te hacés la de a peso” o “el de a peso”, para decirle a la gente que se quería hacer muy importante.

Estos billetes de un córdoba con el rostro de Lilliam Somoza circularon entre 1941 y 1960. Después de 1960 se imprimieron billetes de un córdoba que en el anverso llevaban una imagen del edificio del Banco Nacional de Nicaragua (Bananicar). Esta fue la última edición de billetes que hizo el Banco Nacional, porque el primero de enero de 1961 comenzó a funcionar el Banco Central de Nicaragua (BCN).

Billete de un córdoba que circulaba antes del que tenía la imagen de Lilliam Somoza Debayle. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

El dinero

Antes de que el dinero existiera, los intercambios entre las personas eran, en cierto modo complicados, pues estos se realizaban a través del trueque.

Luego del trueque vino el sistema de intercambio. Se generaron patrones de valor. Por ejemplo, el trigo y el ganado fueron una referencia de costo y pago, pero fue cambiando por opciones más pequeñas. Las conchas marinas, las semillas de cacao, los clavos, la sal, el ganado sirvieron alguna vez como instrumento de intercambio en distintos lugares del mundo.

Por ejemplo, en el Imperio Romano, era usual pagar a los soldados con sal. La sal era muy importante porque permitía conservar en buen estado los alimentos. De ahí viene el término salario.

Las primeras monedas que se conocen se acuñaron en oro y plata en la actual Turquía hace más de 2,500 años. Ya en el siglo IX después de Cristo, durante la dinastía Tang, en China, se inventó la moneda de papel. También aparecieron los primeros bancos, que recibían el oro y entregaban letras de cambio.

La plata y el oro fueron los metales más utilizados, inicialmente en forma rústica y, luego, de forma más elaborada, en monedas. Sin embargo, la plata se empañaba mientras que el oro no, lo cual le daba más ventajas y hacía más fácil detectar falsificaciones. El único problema del oro es que era muy escaso y las monedas debían ser muy pequeñas; y por otro lado implicaba también un problema de seguridad asociado a que llevar monedas de oro era evidente: además de ser pesadas, eran un botín fácil para los ladrones, razón por la cual se buscó reemplazar las monedas por algo más fácil de cargar que no implicara tanto peso y peligro, siendo así como se llegó al papel moneda, llamado comúnmente billetes, los cuales, en un principio, podían ser cambiados por oro.

Es así que surge el denominado patrón oro, que estaba fundamentado por la capacidad de realizar el cambio de los títulos en equivalencias de oro. Este factor también se ve fortalecido con el rol del Estado y de los Bancos Centrales como emisores de moneda. Después de la Segunda Guerra Mundial este patrón oro fue reemplazado por el respaldo del dólar.

Un banco hijo de la intervención norteamericana

Para derrocar a José Santos Zelaya en 1909, los conservadores necesitaron ayuda y una de ella provino de los banqueros norteamericanos.

En ese año, los bancos J. W. Seligman & Company y Brown Brothers & Company financiaron armamento y gastos de la revolución conservadora que, con 14 mil armados, provocó la caída de Zelaya, de acuerdo con lo que dice Rodolfo Delgado en el libro Banco Nacional de Nicaragua y su entorno histórico.

En 1912, esos mismos bancos norteamericanos recibieron concesiones para controlar desde su fundación, el 19 de agosto de ese año, el Banco Nacional de Nicaragua, Incorporado, que también debía ser llamado en inglés National Bank of Nicaragua. Las siglas eran en inglés, Nabanicar.

El Banco Nacional no tenía su sede en Nicaragua, sino en Connecticut, Estados Unidos, y estaba regido por las leyes norteamericanas. El 49 por ciento pertenecía al Estado nicaragüense y el 51 a los banqueros norteamericanos.

A pesar de ser Nacional, el gobierno nicaragüense no podía emitir moneda, sino solamente el banco dirigido por norteamericanos.

El banco abrió operaciones en la casa de Carmen Sacasa de Barrios, pero luego se trasladó a un edificio que fue destruido por el terremoto de 1931. Sus primeros empleados fueron 12, siete para servicios bancarios y cinco para las operaciones de emisión de moneda.

Rodolfo Delgado explica sobre los empleados del banco: “Era un prestigio entre la sociedad ser empleado del Banco Nacional. Su personal era bien seleccionado, altamente calificado y entrenado. Fue una especie de universidad. Sus empleados fueron a servir a otras empresas”.

Edificio situado en la intersección de la Avenida Roosevelt y la cuarta calle sur este, donde funcionó el Banco Nacional de Nicaragua, Incorporado, hasta que el terremoto de 1931 destruyó el inmueble. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Debido a la intervención norteamericana, no solo el Banco Nacional estuvo en manos de los norteamericanos, sino todas las instituciones financieras de Nicaragua, como el Ferrocarril y Aduanas.

En 1924, el presidente Bartolomé Martínez compró por 300 mil dólares el 51 por ciento de las acciones del Banco Nacional a los banqueros norteamericanos, pero el mismo siempre tuvo que estar dirigido por personal norteamericano, ya que los nicaragüenses habían entrado en pánico porque el banco estaría en manos de nacionales y habían comenzado a sacar su dinero.

Para 1938, Anastasio Somoza García hizo que las oficinas del Banco Nacional se trasladaran de Estados Unidos a Managua y que dejara de estar regido por las leyes de ese país. Además, para 1941 el Banco Nacional solo se llamó así en español. En los billetes dejó de aparecer la leyenda: National Bank of Nicaragua, Incorporated.

Foto de 1918, de una de las dependencias del Banco Nacional de Nicaragua, Incorporado. Se aprecia la vestimenta habitual de los empleados de aquella época. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

En 1938 también se terminó de construir el nuevo edificio del Banco Nacional, en la avenida Roosevelt. Este edificio sufrió daños con el terremoto de 1972. Posteriormente fue reparado y actualmente es donde funciona la Asamblea Nacional de Nicaragua.

En 1961 comenzó a operar el Banco Central de Nicaragua (BCN); el Banco Nacional fue utilizado para desarrollar el campo y en los años ochenta se le cambió el nombre a Banco Nacional de Desarrollo (BND) o Banades, el cual ya no existe.

Instalaciones de la Casa Matriz del Banco Nacional de Nicaragua, en 1977, cuando ya no funcionaba como Banco Central. El Banco Nacional se convirtió en los años ochenta en el Banco Nacional de Desarrollo y quebró en 1998. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

La Operación Berta

En febrero de 1988, el córdoba estaba súper devaluado. Un dólar se cambiaba a 21 mil córdobas en el banco o en las casas de cambio existentes, y en el mercado negro se cotizaba hasta en 40 mil córdobas, según publicaciones periodísticas de la época.

El domingo 14, Día de los Enamorados, de manera sorpresiva, el Gobierno sandinista anunció mediante un decreto que a partir de las 00:00 horas del día 15, los billetes y monedas de córdoba, vigentes en ese momento, quedarían sin valor y que en los siguientes tres días debían cambiarlos por nuevos billetes. Se ejecutaba así un secreto plan del Gobierno que se llamó Operación Berta.

Uno de los nueve comandantes sandinistas que gobernó Nicaragua en los años ochenta, Henry Ruiz, explicó a LA PRENSA que en 1985 se iba a llevar a efecto la Operación Berta, cuando se iba a cambiar un córdoba “viejo” por un córdoba “nuevo”. La idea era hacer una limpieza en el Sistema Financiero Nacional y todo se planeó en una finca de la Carretera Sur, por el kilómetro 27, y la propiedad se llamaba Berta.

Fila de nicaragüenses para cambiar córdobas viejos por córdobas nuevos, el 15 de febrero de 1988, durante la Operación Berta del gobierno sandinista. FOTO/ ARCHIVO

Una de las cosas que más sorprendió a Ruiz fue que la operación realmente se mantuvo en secreto desde su concepción en 1983 y fue hasta en 1985 que se dio a conocer a toda la Dirección Nacional del FSLN.

Según Ruiz, los sandinistas se echaron para atrás porque consideraron que era peligrosa para sus intereses políticos. La indecisión política de no poner en marcha la Operación Berta provocó que el córdoba continuara devaluándose.

Para cuando se llevó a cabo la operación, en febrero de 1988, la gente se sintió robada. Los sandinistas decidieron que se cambiarían mil córdobas “viejos” por un córdoba “nuevo”. “El cambio de moneda se convirtió en una confiscación”, expresó Ruiz.

El decreto del Gobierno establecía, además de los 1,000 córdobas viejos por uno nuevo, que solo cambiaría billetes de 500 córdobas “viejos” para arriba y se cambiaría un máximo de 10 millones de córdobas “viejos”, es decir, un máximo de diez mil córdobas “nuevos”. Así, entre personas que no lograron cambiar y personas a quienes no se le cambió todo el dinero que tenían ahorrado fuera de los bancos, muchos fueron quienes se sintieron “asaltados” por el Gobierno.

Los chancheros

En los años ochenta a los córdobas se les llamaba “chancheros”. Lo que ocurría es que la moneda nacional se había devaluado mucho. En esa época, la economía nicaragüense sufrió una hiperinflación de más del diez mil por ciento.

Era tanta la devaluación de los córdobas que el régimen sandinista tuvo que resellar billetes existentes para convertirlos en una denominación mayor. Por ejemplo, a los billetes de 20 córdobas, que tenían la efigie de Germán Pomares Ordóñez, los resellaron para que se convirtieran en billetes de 20 mil córdobas. A los de un mil córdobas, con el rostro de Sandino, los convirtieron en billetes de 500 mil córdobas.

Sin embargo, esa no fue la primera vez que se usó la palabra “chancheros” para denominar a la moneda nacional. Ni tampoco fue la primera vez que se resellaron billetes.

En 1888 se fundó uno de los primeros bancos privados de Nicaragua, el Banco Agrícola Mercantil, el cual, autorizado por el gobierno, emitió billetes de restringida circulación, principalmente en León y Chinandega.

En uno de esos billetes, en el de 25 pesos, aparecían unos animales de granja, entre ellos un cerdo, razón por la cual los billetes fueron conocidos como “chancheros”, solo que, a diferencia de los córdobas de los años ochenta del siglo pasado, no se les llamaba así de forma despectiva.

El billete conocido como chanchero. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO DEL BANCO CENTRAL DE NICARAGUA

El Banco Agrícola Mercantil quebró en 1890, debido a la falta de pago de algunos agricultores, pero en las bodegas del mismo quedó una buena cantidad de billetes nuevos, sin siquiera ser firmados.

Cuando en 1896 el dictador José Santos Zelaya amenazaba con reelegirse, se produjo una revuelta en León que se opuso a Zelaya y los revolucionarios entraron al banco y extrajeron los billetes sin usar. Luego, para tener con qué alimentar a las tropas y pagarles, resellaron los billetes tachando el nombre de Agrícola Mercantil y les imprimieron la leyenda Tesorería General.

De esa manera, los “chancheros” resellados de la época de Zelaya fueron los primeros billetes obsidionales de Nicaragua, es decir, fue la primera moneda utilizada en tiempos de guerra o bajo estado de sitio, explica el coleccionista de monedas, Sergio Blandón García.

Derrotados los revolucionarios en La Paz Centro, Zelaya desconoció los billetes mediante el decreto ejecutivo del 26 de marzo de 1896.

Poco después, en 1909, cuando los mismos revolucionarios sacaron del poder a Zelaya, volvieron a validar los billetes chancheros.

Francisco Hernández de Córdoba

¿Se imagina llegar a una pulpería y, en vez de decir “deme 20 córdobas de frijoles”, se diga “deme 20 andaluces de frijoles”? Lo que ocurre es que la moneda nicaragüense se llama córdoba en honor al conquistador español Francisco Hernández de Córdoba, según se dispuso en la ley monetaria del 20 de marzo de 1912.

El problema es que los historiadores no están seguros de que Hernández de Córdoba realmente sea “de Córdoba”. El coleccionista de monedas, Sergio Blandón, explica que lo más probable es que Hernández sí es de Andalucía, España, y, como los nobles en España acostumbraban llevar como apellido su lugar de origen, entonces sería Hernández de Andalucía.

Capitán español Francisco Hernández de Córdoba. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO DE LUIS H. FLORES

El historiador Carlos Meléndez en su obra “Hernández de Córdoba, capitán de conquista en Nicaragua”, explica que en Andalucía hay dos lugares denominados Córdoba, una provincia y una ciudad que está a la par del río Guadalquivir. Se supone que Hernández es más probable que sea originario de la provincia que de la ciudad.

Los historiadores también ponen en entredicho que Hernández de Córdoba haya pertenecido a la nobleza española. No se conocen datos de quién era él antes de llegar a América. Se cree que más bien lo ennoblecieron debido a las habilidades que mostró como conquistador y por haber tenido como “padrino” a Pedrarias Dávila, quien sí es considerado noble español.

Se conoce que a los dos años de haber llegado a América se convirtió en capitán, tras participar en la fundación de Panamá y se le nombró alcalde ordinario del primer cabildo de esa ciudad. Por esa razón —explica Meléndez— Hernández comenzó a vivir con magnificencia y señorío y se rodeó de personas que le servían.

Aunque Gil González fue el primer español que recorrió territorio nicaragüense, le correspondió a Hernández de Córdoba ganarse el título de conquistador de Nicaragua, cuando en 1524 fue enviado por Pedrarias y fundó las ciudades de León y Granada. Esta última aún subsiste en el mismo lugar que la fundó Hernández, mientras que León debió ser trasladada debido a una erupción del volcán Momotombo.

Tras fundar ambas ciudades, Hernández de Córdoba pidió a los reyes de España que lo nombraran gobernador de Nicaragua, lo cual molestó mucho a Pedrarias, quien, aunque estaba avanzado de edad, salió de Panamá en busca de su subordinado, quien antes de que llegara Pedrarias fue apresado y luego degollado por órdenes de este último.

Las tumbas de ambos están en las ruinas de León Viejo.

Debajo de estas escaleras que llevan al altar de la iglesia La Merced, en la parte izquierda, fueron encontrados los cadáveres de Francisco Hernández de Córdoba y Pedrarias Dávila. Luego fueron sepultados en la plaza de León Viejo. FOTO/ EDUARDO CRUZ

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