La Loma de Tiscapa

Reportaje - 09.01.2011
La Loma de Tiscapa

Durante casi sesenta años, La Loma de Tiscapa alojó a los actores de la congestionada vida política nicaragüense, desde cuando ahí se inauguró la primera Casa Presidencial en 1931 hasta que el FSLN perdió el poder en 1990. La mayor parte de este tiempo, la Loma, ahora convertida en parque, fue un feudo político y militar, icono de tortura y muerte

Arlen Cerda
Fotos de Archivo, cortesías, Carlos Malespín, Guillermo Flores, Héctor Esquivel y
Arlen Cerda.

Un niño delgado y moreno, quizá de unos 7 años, juega entre los balaustres de las ruinas de la terraza norte de la antigua Casa Presidencial, que se conservan en el Parque Nacional Histórico de la Loma de Tiscapa. La madre, al ver como el niño se balancea entre los huecos de la vieja estructura al borde de un precipicio, se acerca a él y lo toma del cuello de la camisa mientras le dice: “Vení para acá chavalo, que te vas a matar” y se lo lleva casi a rastras, mientras el pequeño divisa a otras personas que, ahí donde la madre dice que se puede caer, toman fotografías de un estrecho y oscuro galerón de donde sale una bandada de murciélagos aún más alborotados por la luz del sol de mediodía.

“Lo que más me gusta del lugar es la vista de Managua y el viento que corre. Hay pocos lugares así de seguros y frescos en la ciudad”, dice la mujer que ahora mece al pequeño travieso y su hermanita en los columpios de un improvisado parque en las ruinas de este lugar.

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¿De los pocos lugares seguros y frescos? Ahí en las mazmorras que se conservan en el galerón en el que anidan los murciélagos eso es lo que menos parece. El sitio apesta a cucarachas y estiércol de ratas y murciélagos, que también cubren el suelo y las paredes en las que hay telarañas y algunos gusanos.

El flash de la cámara alumbra cada calabozo y en uno de ellos cuelga una bujía fundida, hay un viejo aire acondicionado cubierto de sarro, unas argollas a sesenta o setenta centímetros de alto y una zanja que conduce a un hueco del que emana un leve, pero certero hedor a berrinche. En otro también hay una ventana angosta tapada con un espejo que no permite ver al cuarto contiguo y al cual no hay entrada desde el angosto pasillo que conduce a los calabozos, ubicados junto a las antiguas oficinas que ocuparon la Seguridad Nacional de los Somoza y luego la Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE) del régimen sandinista, donde ahora funciona el Archivo de la Policía Nacional y cuyo acceso, todavía hoy, es restringido.

Después de una media hora más de juegos, Victoria, la madre de los dos pequeños, llama a sus hijos y ellos suben al auto rojo que ahora desciende por una curva, donde hasta finales de diciembre de 1972 funcionó un palacio que por su ubicación precisamente fue conocido como “La Curva” y era la residencia del Director de la Guardia Nacional, tal como Anastasio Somoza García lo mandó a construir, de manera que este quedaba entre la Casa Presidencial y la Embajada de Estados Unidos, antes en la entrada a la Loma.

A diario, el Parque Histórico de la Loma de Tiscapa recibe cientos de visitantes, nacionales y extranjeros, que llegan para disfrutar de la vista y el clima que la Loma ofrece en la capital. Algunos llegan para sobrevolar la laguna colgados de los cables de un canopy, y unos pocos para recorrer la exposición fotográfica que la Alcaldía de Managua mantiene sobre los sucesos en esa Loma, que probablemente Victoria y sus hijos igual que muchos otros visitantes ignoran o desconocen en detalle. Pero que para otros siguen frescos.

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A Doris Tijerino Haslam la guardia somocista la arrestó por primera vez en 1967.

Fue después de la masacre del 22 de enero de ese año y la llevaron al Puesto de Mando que la Guardia tenía en la Loma, pero la Seguridad no sabía que ella estaba por cumplir un año como militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), porque sus registros sólo la mostraban como miembro del Partido Socialista y la liberaron a los pocos días. La segunda vez fue en noviembre del mismo año, siempre para la Loma, pero también por poco tiempo. Fue hasta la tercera captura en julio de 1969 en la que ya no tuvo la suerte de antes, sino, de hecho, la peor.

Hasta esa noche del 15 de julio de 1969, Doris Tijerino era un cuadro clandestino del FSLN y estaba en una casa de Las Delicias del Volga junto a Gloria Campos y su hija Martha Lorente, Mirna Mendoza y Julio Buitrago, otro militante clandestino del Frente Sandinista y jefe de la resistencia urbana. Ahí, decenas de guardias los rodearon y hubo un combate en el que murió Julio Buitrago.

Tijerino, actual diputada ante el Parlamento Centroamericano por el FSLN, recuerda que a diferencia de otros presos que eran llevados a la Loma con la cabeza cubierta por una capucha, a ella la llevaban sin ésa, pero una vez en la celda la encapuchaban para que no pudiera ver cómo era el sitio en donde estaba ni quién la interrogaba.

Ella asegura que la Guardia siempre quiso aprovechar su condición de mujer para humillarla. “A todas las mujeres las desnudaban e insultaban. Luego las manoseaban y les colocaban una picana eléctrica en el recto, el clítoris, los pezones y la vagina. Durante los días que estuve presa en la Loma siempre era interrogada y torturada. Me golpeaban de distintas formas”, recuerda.

Un día, del que Tijerino no sabe la fecha, entró un hombre al cuarto en el que ella era interrogada por un par de hombres que la habían golpeado durante horas. El hombre los vio y les preguntó:

¿Y ésta no ha hablado?

—No —respondió uno.

—¿Y tampoco llora? preguntó otra vez.

—No.

—Entonces regístrenla —fue la sentencia a lo mejor es hombre y lo que pasa es que todavía no le han hallado los huevos. Entonces uno de los hombres le metió la mano entre las piernas para revisar su vagina y ella —que estaba sentada le tomó la mano para tratar de evitarlo, pero sólo logró identificar el anillo que el hombre portaba en la mano y era de la Asociación de Radiodifusores que ella conocía bien, porque su padre José Agustín Tijerino, era un gran radioaficionado.

Días después trataron de ponerle una picana en la vagina, “pero yo crucé las piernas y saqué fuerzas no sé de dónde y no lo lograron, por más que me golpearon”, recuerda. Las heridas y moretones de ese día fue lo que mostró ante el juez a cargo de su caso y que se convirtió en la foto del escándalo capturada y divulgada por La Prensa. Y así fue que el juez ordenó que la liberaran, pero eso pasó hasta en 1971, luego de varias protestas estudiantiles a su favor.

“Tiscapa —reflexiona Tijerino— era para mí un fruto de la aberración de Somoza y de la dictadura, porque ellos vivían ahí y en los sótanos de su casa torturaban a los prisioneros. Sus hijos estaban ahí, participaban de las torturas, Llegaban como para pasar el tiempo. A uno lo desnudaban, lo ultrajaban y golpeaban y ni siquiera te preguntaban tu nombre”

Doris Tijerino Haslam mostró ante un juez los moretones en sus piernas hechas por un guardia somocista que le quiso colocar una picana en la vagina.

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A Carlos Huembes Trejos le tocó estar preso en la Loma de Tiscapa en otro tiempo. No bajo la dictadura somocista, que torturó a Tijerino, Daniel Ortega, Jacinto Suárez o Tomás Borge. O la que desató una redada contra todo liberal independiente, socialista, conservador o disidente tras el asesinato de Anastasio Somoza García, la noche del 21 de septiembre de 1956, en la que se apresó en la Loma a “casi toda Managua”, como relata en Estirpe Sangrienta, el Director Mártir de La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. A Huembes Trejos le llegó el momento de “visitar” la Loma bajo el régimen del Frente Sandinista, que sucedió a la dinastía.

La primera vez que a él lo apresaron fue a mediados de la década de los ochenta, cuando regresaba de una gira de la Coordinadora Democrática Nicaragüense por Guatemala y Costa Rica, hecha junto a otros 12 miembros. Una acción por la que los acusaron de reunirse con la Central de Inteligencia Americana (CIA, por sus siglas en inglés De manera que todo miembro de la Coordinadora que iba regresando al país era conducido por la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) a las celdas de la Loma donde antes operó la Oficina de Seguridad Nacional somocista.

“Yo me enteré que todos estaban cayendo presos cuando aún estaba en Costa Rica, pero sabía que no había cometido ningún delito fuera o dentro de Nicaragua y no dudé en regresar”, recuerda Huembes. Al final de la gira, él tomó el avión junto con Cairo Manuel López, Miriam Argüello y Jaime Chamorro Cardenal, y —tal como les habían advertido de la puerta del avión los llevaron a un vehículo militar de la DGSE y de ahí a los sótanos que antes utilizaron los Somoza.

A él lo interrogó Lenín Cerna, quien, según recuerda, le comentó al verlo: “Con que al fin te capturamos” Pero Huembes sólo se puso a reír De manera que Cerna empezó el interrogatorio, pero lo liberaron el mismo día. En otras ocasiones él y sus compañeros no recibieron contemplaciones. En su memoria aún está presente —por ejemplo— el nombre de Luis Ordóñez, un muchacho de 18 años a quien la Asamblea le concedió un indulto, pero que la DGSE desapareció sin dejar rastro. ¿En esos años por qué los echaban presos? Hablar mal del Gobierno era motivo suficiente para caer preso —responde.

Eugenio Membreño, amigo y compañero de lucha de Carlos Huembes en la Central de Trabajadores de Nicaragua (CTN) y también preso por el Frente Sandinista, agrega que “para muchos de nosotros las visitas a El Chipote eran el pan nuestro de cada día”.

“Las celdas —añade Huembes eran las mismas, pero mejoradas para que fueran más eficaces para interrogar a los prisioneros”.

El periodista e historiador Roberto Sánchez Ramírez confirma en uno de sus reportajes publicados en El recuerdo de Managua en la memoria de un poblano, que en julio de 1979, el llamado “búnker” —que Somoza se mandó a construir cerca del Casino Militar luego del terremoto del 23 de diciembre de 1972— fue ocupado por la Dirección Nacional del FSLN, igual que la Jefatura de Operaciones de la Guardia Nacional fue usada por la Comandancia del Ejército Popular Sandinista y la DGSE ocupó las antiguas oficinas de la OSN y las instalaciones del Casino Militar.

“En las mismas celdas en las que encerró y torturó la Guardia después lo hizo la DGSE, nada de eso cambió”, critica Huembes Trejos.

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De las 105 veces que Domingo Sánchez o “Chagüitillo” estuvo preso, unas doce lo estuvo en la Loma.

La primera vez que lo llevaron preso para allá fue el 3 de enero de 1951, cuando aún estaba de duelo por la muerte de su madre, el 18 de diciembre de 1950. Nunca la explicaron las razones por las que lo detenían y apresaban. Pero asume que “era por comunista”.

Desde que lo capturaban le ponían una capucha y la mantenía durante el día y la noche y ni para interrogarlo se la quitaban. Siempre a las cinco de la tarde a cargo de los oficiales del servicio especial anticomunista. Dice que nunca lo golpearon fuerte, pero una vez le dieron a ambos lados de las sienes “con una especie de matamoscas con electricidad” Y otra vez lo desnudaron y lo acostaron esposado de manos y pies sobre un catre de alambre sin colchón, en un dormitorio abandonado del cuartel de los blindados durante cuatro días. “Solo me quitaban la esposa de una mano para comer un bollo de pan y una jarra con café de leche a las cinco de la mañana, como único plato del día durante el encierro”.

Otro día en la Loma a “Chagüitillo” lo metieron a un cuarto lleno de cal en el que era dificil respirar bien y para tratar de hacerlo debía pegarse a la puerta y durante nueve días no durmió por el temor de morir ahogado.

La última vez que lo llevaron preso a la Loma fue antes de 1963, cuando aún era presidente Luis Somoza. Lo capturaron en Muelle de los Bueyes y de El Rama lo llevaron a la Loma, donde llegó cerca de las once de la noche, pero a las once de la mañana Luis Somoza ordenó que se lo llevaran a su despacho, donde el mismo lo interrogó y luego lo liberó.

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De la Loma de Tiscapa se relatan muchas leyendas. Algunos la mencionan corno un primitivo sitio para los sacrificios y para otros es el sitio de tortura y muerte, del que se desconocen cifras confiables, durante la dinastía somocista y el régimen sandinista.

Muchos como Doris Tijerino nunca han regresado a las celdas en las que estuvo presa. Otros como Tomás Borge mandan a poner placas que cuentan los nueve meses y las cinco mil horas que permaneció aislado y describen las torturas que padeció. Pero de esto poco se divulga en el Parque Histórico de la Loma donde apenas algunas placas y los vestigios de un par de tanquetas cuentan algo de aquellas tragedias.

Edificación y destrucción

Cuando Managua era sólo una aldea de pescadores con el Xolotlán limitando al Norte y la Loma de Tiscapa al Sur, este sitio era conocido como la “montaña”. Ahí funcionó el primer servicio domiciliar de agua potable, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando el entonces futuro Presidente de la República José Santos Zelaya conservaba una propiedad cafetalera en los que luego se llamó Campo de Marte.

La primera Casa Presidencial en la Loma fue inaugurada por José María Moncada el 4 de enero de 1931, pero el terremoto del 31 de marzo de ese año dañó la estructura, que con el terremoto del 23 de diciembre de 1972 fue dañada severamente, al punto que se optó por su demolición.

A mediados de los años treinta, Anastasio Somoza García mandó a construir cerca del Palacio Presidencial la residencia del Director de la Guardia Nacional, que fue conocida como La Curva. Ese edificio también fue dañado por el terremoto de 1972 y en su lugar Anastasio Somoza Debayle mandó a construir después una residencia de una planta en la que convivía con su amante Dinorah Sampson.

La residencia tenía numerosas habitaciones, una amplia sala, comedor y cocina con un cuarto frío de gran tamaño, según detalla el periodista e historiador Roberto Sánchez Ramírez, en un reportaje publicado por La Prensa en el 2002. El dormitorio que ocupaban Somoza y Sampson era amplio y a la par había un gran baño con una bañera para hidromasajes y un moderno gimnasio. La residencia ahora es utilizada como la Casa de Protocolo del Comandante en Jefe del Ejército.

Del Palacio Presidencial sólo quedan las ruinas. A principios de 1990 se levantó ahí el Monumento a Sandino, ideado por el poeta trapense Ernesto Cardenal, y años después colocaron a los pies de éste los restos del Monumento a Somoza, derribado el 19 de julio de 1979, frente al Estadio Nacional.

Actualmente, bajo la terraza norte se puede visitar una exposición fotográfica permanente primero llamada Sandino Vive, pero en la que ahora se aprecian textos y fotos del libro Noches de Tortura, de Clemente Guido Chávez, padre del ex director de Patrimonio Histórico de la Alcaldía de Managua, Clemente Guido Martínez, a cargo de la administración del Parque Histórico, declarado así en 1996, por el Gobierno saliente de doña Violeta Barrios de Chamorro.

Los sótanos en donde cientos fueron torturados fueron cerrados y mandados a rellenar. Contiguo a las celdas de la Oficina de Seguridad Nacional funciona el Archivo Policial y a las celdas no se permite el acceso de los visitantes del Parque. En las celdas de los Blindados, popularizadas como El Chipote durante el régimen sandinista, ahora funcionan celdas bajo la custodia de la Dirección de Auxilio Judicial de la Policía Nacional. El resto de instalaciones están ocupadas por el Estado Mayor del Ejército de Nicaragua y la Comandancia de la Fuerza Naval.

Vista de la antigua Casa Presidencial. La puerta de abajo, al centro, llevaba a los sótanos.

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