La maestra guerrillera Olga María Avilés

Reportaje - 24.07.2011
Ola María Avilés "la tía".

Le llaman “la tía”. Era maestra y se metió a guerrillera. Olga María Avilés dejó las aulas para dedicarse a fabricar bombas y armas caseras. Participó en un fallido intento de secuestro al empresario Alfredo Pellas y en el asalto del Frente Sandinista a la casa de Chema Castillo Quant en diciembre de 1974

Arlen Cerda
Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía

La primera vez que Olga María Ávilés López disparó un arma, la detonación la tumbó de espaldas contra una palmera de coco. ¿Qué iba a saber ella, una maestra de primaria graduada de la Escuela Normal de Señoritas Salvadora de Somoza, cómo debía operar un garand o disparar una granada antitanque?

Pero ahí estaba ella, en una isla del Caribe, a más de 1,290 kilómetros de distancia de su familia: madre, hermanos y los sobrinos que criaba. Adiós a los libros y las pizarras de las escuelas de Managua. Era tiempo para aprender a fabricar bombas y armas.

Un chavalo miope de ojos azules que era solo cinco años mayor que ella y se llamaba Carlos Fonseca, fue quien la mandó a estudiar a Cuba. “Tenés que ir a entrenarte militarmente”, fue su orientación, casi a mediados de 1967.

Y un año después, de regreso en Nicaragua, ella no volvió a su casa.

Olga María se quedó como cuadro clandestino del Frente Sandinista, que entonces realizaba los primeros episodios de la resistencia urbana. Luego, cuando la Guardia Nacional desató una fuerte represión, en 1970, al punto que el tercero en la sucesión dinástica, Anastasio Somoza Debayle, declaró que el Frente Sandinista había desaparecido, porque todos sus miembros estaban muertos o presos, ella se encargó de la reconstrucción de las estructuras del FSLN, junto a Oscar Turcios.

Esta es la historia de ella, la maestra guerrillera, a quien otro de los miembros históricos del FSLN, Pedro Aráuz Palacios, bautizó como “la tía”, y quien hoy, a los 70 años de edad, pasa los días en su casa de Villa Fontana, criando a dos niños de una sobrina que murió años atrás.

Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía
Olga María Avilés López se graduó en la Escuela Normal de señoritas Salvadora de Somoza, en la promoción de 1961, dedicaba a Luis Somoza Debayle, hijo del dictador Anastasio Somoza García. Esta foto es de 1960

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Llevaban más de tres meses planificando el secuestro. Al empresario Alfredo Pellas Chamorro —padre del también empresario Carlos Pellas, que actualmente preside el conglomerado empresarial más poderoso de Nicaragua y uno de los principales de la región—, lo tenían bien vigilado.

Era principios de septiembre de 1970, y desde junio un grupo guerrillero integrado por Oscar Turcios, Polo Rivas, Emmet Lang, José Benito Escobar, Julián Roque y Olga Avilés, habían planificado secuestrar al empresario.

Sabían que todos los días él salía a las 7:30 de la mañana de su casa ubicada cerca del hospital El Retiro —que derrumbó el terremoto de 1972— hacia el trabajo.

Cuando el portón de la casa se abrió, Jonathan González le dio la seña al resto del grupo.

A una cuadra del portón, Olga María estaba disfrazada de una enfermera pelirroja, al lado de José Benito Escobar.

“El plan era que aparentáramos esperar un taxi en la esquina opuesta del Parque de las Madres (al oeste) y los otros compañeros del grupo iban a estar en los demás costados. Así, cuando el carro se acercara sobre la calle que iba a El Retiro íbamos a poder emboscarlo”, recuerda Avilés. Pero el plan no resultó como lo habían imaginado.

Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía
Olga María Recibió el grado de comandante en 1982. El entonces Ministro del Interior, Tomás Borge, fue quien le colocó los grados militares.

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En un relato inédito sobre la casa de seguridad de Esperanza Bojorge, donde habían planificado el secuestro, Avilés relata cómo se realizó la acción.

“Todo fue muy rápido. Polo no alcanzó a llegar a tiempo a la puerta trasera del carro ubicada detrás del chofer, ni Julián (logró sacar al chofer. Eso permitió que el elemento (Pellas) saliera por esa puerta y corriera gritando”, menciona.

Llevaban armas, ¿por qué no dispararon?

Todas las armas estaban fuera de las fundas, pero había orden de no disparar. De otra manera el tipo era hombre muerto y así no nos interesaba. Nunca planeamos llegar a matar. Lo que queríamos era secuestrarlo para pedir un rescate y financiar la resistencia urbana.

—¿Creen que él sospechaba y por eso la acción salió mal?

—Muchas cosas no se pensaron bien y otras no salieron como esperábamos. Por ejemplo, el señor Pellas siempre viajaba solo con su chofer, pero ese día la empleada de la casa iba en el asiento del copiloto, donde habíamos planificado que yo iba a montarme para encañonar al conductor. Yo la amenazaba, pero la mujer no se movía, en eso fue que Pellas salió corriendo.

Según el relato de Avilés, Pellas forcejeó con Jonathan González y Polo Rivas. Una leyenda que se tejió sobre ese intento de secuestro es que Pellas logró quitarle las armas, pero Avilés lo niega.

—El hombre solo gritaba, se soltó y echó a correr hacia su casa.

—¿Ahí fracasó completamente la misión?

—Pues sí. José Benito dio la orden inmediata de emprender la retirada, pero yo no me percaté.

Cuando él dijo eso yo iba corriendo detrás de Pellas. El señor seguía gritando y yo lo iba persiguiendo.

—¿Lo alcanzó?

—Eso es lo que yo trataba de hacer, pero José Benito me agarró en vilo y me montó al carro de un tirón. Ahí sí se acabó la misión.

Unos días después del intento de secuestro, la Guardia se apareció en la casa de Esperanza Bojorge, preguntando por “Olga”, pero Esperanza solo la conocía por su seudónimo de Sofía y nunca había visto al resto del grupo guerrillero. Entonces los guardias registraron toda la casa.

Avilés ya no estaba ahí, pero encontraron el uniforme de enfermera y varias pelucas, entre ellas una de pelirroja. “La ventaja fue que “La Negra” trabajaba en un hospital y por ahí explicó lo del traje de enfermera, de las pelucas no pudieron relacionar nada, por más que los guardias trataron, a ella no la sacaron de no sé”.

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En la sala de la casa de Olga Avilés parece que siempre se está esperando a que ocurra alguna reunión.

Varios juegos diferentes de sillas y mecedoras están colocados alrededor de tres largas mesas de café, puestas una delante de la otra como si se quisiera dar la impresión de que es una sola mesa extensa.

“La verdad es que sí”, explica. “Aquí a veces en cualquier momento hay una reunión”.

Olga Avilés recuerda que hasta hace algunos años ahí llegaba el profesor Fidel Coloma para pasar una tertulia vespertina con varias de las antiguas maestras del Ramírez Goyena, donde ella dio clases de español, matemática y cívica. También ahí se reúne con ex compañeras de la Escuela Normal de Señoritas, que funcionó en San Marcos, y para la campaña electoral y el día de las elecciones su casa es puesto de mando del Frente Sandinista.

“Mi casa siempre ha sido un lugar donde se concentra la mayor parte de la gente que va a participar en las elecciones. De aquí se le da de comer a los que están en las mesas electorales y junto a otros se hace la labor de recoger el dinero entre la militancia del Frente para dar de comer a la gente”, comenta.

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Cuando regresó de las misiones diplomáticas que ocupó durante el gobierno del Frente Sandinista en los años ochenta, tras el triunfo de la revolución, Olga María se vio a sí misma sin oficio ni trabajo.

“Pero yo no me afligí. Me pusé a pensar en qué podía hacer y se me ocurrió comprarme un microbús.

Así inicié una empresa de viajes a Guatemala, Panamá, El Guasaule. Mientras la empresa fue bien me compré otros carros, pero luego todo lo vendí para comprarme un puesto en el (mercado Oriental de Managua)”, narra.

Una nota publicada en una revista comercial da cuenta del éxito de su negocio, bajo el título de “la embajadora del comercio”.

De un puesto de venta de granos básicos, Avilés creció a una abarrotería con más de 15 mil productos, que mantuvo durante casi nueve años. Entonces decidió venderlo para apoyar económicamente la campaña electoral del actual presidente Daniel Ortega, en las elecciones de noviembre del 2006.

Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía
En la casa de seguridad de Esperanza Bojorge, ubicada en la Colonia Morazán, de Managua, fue donde se planificó el secuestro a Alfredo Pellas Chamorro, en 1970. En la foto, Olga Avilés con “La Negra” Bojorge, en el patio de la misma casa, muchos años después.

¿Por qué “la tía”?

Cuando en el Frente Sandinista le pidieron que se fuera a Cuba para aprender a preparar explosivos, Olga María Avilés le dijo a sus padres que se había ganado una beca para ir a estudiara México, pero de la capital azteca partió hacia la isla.

Aunque su familia siempre fue antisomocista, ella prefirió no decir su verdadero paradero y motivos para no preocupar a su madre.

Sin embargo, más allá de la maestra que dejó las aulas para ser guerrillera, Olga Avilés también es una mujer que a pesar de que no tuvo hijos, siempre ha criado niños.

Primero fue una niña, que uno de sus hermanos le entregó a los seis meses de edad. Ahora son dos pequeños hijos de otra muchacha que ella crió, pero murió por las complicaciones de un raro desorden mental.

Varios miembros de la dirección nacional del FSLN se enteraron de que ella criaba una sobrina, porque incluso un tiempo se la llevó a vivir con ella a una casa de seguridad. La dirección mandó a estudiar a la niña a Cuba, pero Avilés —por referencia— se quedó ya como “la tía”.

No la capturaron

La Guardia de Somoza nunca pudo atraparla. La buscaban como una mujer baja, de pelo largo y entrenzado, que vestía pantalones y chaqueta de remaches, pero en realidad siempre estaba cambiando de vestuario.

“A veces usaba pelucas de diferentes tonos y siempre me miraba más alta y esbelta porque usaba unos botines de plataforma con tacón a los que me acostumbré tanto que con ellos hasta podía montar a caballo, recuerda la comandante Olga Avilés.

“Ahora es que me dicen que ya perdí mi brillo conspirativo, porque se me han metido a robar algunas veces a la casa” cuenta entre risas.

Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía
Tras el asalto a la casa de José María Moncada, el comando Juan José Quezada fue fotografiado en La Habana. De izquierda a derecha están: Leticia Herrera, Hilario Sánchez, Javier Carrión, Omar Halleslevens, Joaquín Cuadra, Alberto Ríos, Róger Deshón, Eduardo Contreras, Germán Pomares, Hugo Torres, Olga Avilés, Eleonora Rocha y Félix Pedro Picado.

El asalto a la casa de Chema Castillo

Una de las acciones más importantes en las que participó Olga Avilés fue en el asalto a la casa de José María Moncada Quant.

A las 10:15 de la noche, del 27 de diciembre de 1974 trece guerrilleros del Frente Sandinista, incluida ella entraron disparando a la casa del político liberal José María Castillo Quant, donde se realizaba una fiesta en la que participaban varios funcionarios del gobierno de Anastasio Somoza y miembros del cuerpo diplomático.

Era el Comando Juan José Quezada, a cargo de Eduardo Contreras, que apenas unos minutos antes no sabía dónde exactamente iba dar el golpe, hasta que el radioperiodista Laslo Pataky se jactó de tener invitación para asistir a la refinada fiesta.

“Eso nos dio la oportunidad de ejecutar una acción importante para exigir la liberación de varios presos políticos y pedir un rescate millonario a Somoza” recuerda.

En la fiesta estaban el alcalde de Managua, Luis Valle Olivares; el embajador de Nicaragua en Washington, Guillermo Sevilla Sacasa; el embajador ante la Organización de Estados Americanos (OEA), Noel Pallais, y el ministro Alejandro Montiel Argüello, entre otros funcionarios y diplomáticos, con el anfitrión Castillo Quant, que murió tras un enfrentamiento con los guerrilleros.

“Uno de nosotros tomó el teléfono para avisar a las radios sobre el asalto. Pero ya había amanecido y era el Día de los Inocentes, por eso no le creyeron” recuerda Olga Avilés.

Las negociaciones comenzaron hasta en la madrugada del 28 y duraron tres días, hasta que Somoza aceptó liberar a un grupo de 22 presos políticos y con ellos el comando partió hacia Cuba, para después reintegrarse de forma clandestina a Nicaragua.

Fotos La Prensa/ Carlos Malespín/ Cortesía
El principal objetivo con el asalto era lograr la liberación de varios presos. Entre ellos:
Daniel Ortega, Lenín Cerna, Carlos Guadamuz, Leonel Espinoza, Jacinto Suárez, Carlos Argüello, Daniel Cuadra, Jaime Cuadra, Julián Roque, Oscar Benavides y José Benito Escobar Una vez que lo lograron pidieron que un avión los llevara hasta Cuba.

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