La miliciana de Waswalito

Reportaje - 02.03.2010
Blanca López Hernández

La foto de una mujer amamantando a su hijo, con un fusil terciado al hombro, dio la vuelta al mundo en la década de los 80. Los grupos de solidaridad la usaron como la imagen de la revolución sandinista. 26 años después magazine buscó a los protagonistas de la famosa fotografía: la mujer, el bebé y el fotógrafo.

José Garth y Erika Gertsch R.

Un fusil AK-47 colgado del brazo y un bebé pegado a su pecho, amamantándolo en pleno acto público, captó la atención del fotógrafo Orlando G. Valenzuela en 1984. Así nació una foto, tierna pero determinante, que hizo de Blanca López Hernández la imagen de la Campaña Mundial de Solidaridad con Nicaragua en la década de los 80. Después de esa foto, sin embargo, de ella no se supo más nada.

“No recuerdo quién le puso el nombre de miliciana de Waswalito, lo cierto que así se empezó a conocer esa foto que pronto se hizo famosa. Se decía que así era la revolución, joven, optimista, pero dispuesta a defender con las armas a sus hijos”, recuerda Valenzuela, el reportero gráfico.

El tiempo deterioró la imagen de Blanca. De ella sólo ha quedado la sonrisa franca y recuerdos. Han pasado 26 años desde que el lente de Valenzuela capturara el momento en que Blanca recibía un fusil AK-47 en El Naranjo, amamantando a su hijo José Antonio López Pérez.

“Fue como las once de la mañana en una inauguración en la cooperativa 24 de Agosto en El Naranjo. Él tomó la foto cuando me reía por los chistes que estábamos haciendo con los jefes, porque me estaban entregando esa AK”, relata Blanca.

Magazine logró captar en la comunidad de Rancho Alegre, cerca de la reserva Bosawas, otra imagen de la miliciana revolucionaria.

Para llegar a esa comunidad fue necesario transportarnos en motocicleta de Siuna a la comunidad de Rosa Grande, y luego por la orilla del río Labu. Enormes piedras parecen ser los únicos testigos del despale indiscriminado en la zona, el mismo que poco a poco va secando el río que está en agonía; perdiendo su caudal y su fuerza.

A caballo, Antonio acompañó la travesía por la cima del cerro, hasta que por fin después de varias horas de camino sobre el río Rancho Alegre logramos divisar la escuela de la comunidad donada por unos estudiantes de Estados Unidos y allí justo detrás del centro educativo, localizamos la choza donde vive Blanca López Hernández.

Era Blanca, la misma mujer que representó a nuestro país a nivel mundial, pero ahora de 47 años. Una señora de piel blanca, arrugada por el tiempo. Se le iluminaron los ojos cuando observó a su vástago.

Nos recibió con brazos abiertos, aunque un poco apenada por las condiciones de la vivienda, donde posa. La pobreza que reflejaban sus ojos y esa blusa perforada de hoyos, desgastada por tantas lavadas, demuestran lo que sus palabras reafirmarían: “La vida me ha golpeado por todos lados”.

Nos hace pasar al porche de la choza con piso de suelo, donde hay una hamaca, una mesita y un sillón. Después de unos minutos, empieza a narrar la experiencia, mientras sostiene a una niña de tres años, su décimo quinto hijo.

Fotos de José Garth y Manuel Esquivel
Orlando Valenzuela tomó la foto a la miliciana de Waswalito en 1984.

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Cinco de sus vástagos han fallecido y diez están vivos. Doce de ellos los tuvo de su marido Santos Gutiérrez con quien convive en la actualidad.

Entre sus momentos más duros recuerda “el secuestro” que sufrió un mes después que Orlando Valenzuela le tomara la fotografía.

“Me capturaron. Me dijeron que me estaban secuestrando porque los jefes de ellos me querían en la Contra. Mi hermano Marcial Herrera armó a la comunidad para rescatarme y nos siguió. El combate comenzó a las cinco de la tarde. Yo vi cómo se tendieron los compas y empezó el fuego cruzado y entre morterazos empecé a brincar y a correr hasta llegar donde mi hermano”, recuerda Blanca.

Tras verse sumergida en la pobreza, Blanca se alejó de la política “Di todo a cambio de nada, todo lo hice por amor a la Revolución. Usted no va a encontrar ninguna planilla del Estado donde refiera que me han pagado un centavo. Hoy mientras algunos disfrutan de la Revolución, otros sin embargo, estamos sumidos en el olvido”, dice Blanca con pesar.

Y es que este personaje no cuenta ni con su propia casa. En la comunidad de Aguas Calientes como líder de salud le tocó atender a los heridos del Ejército Popular Sandinista durante el operativo Danto 88.

Después tuvo que huir con su familia y su marido, por una deuda que uno de los mozos tenía con éstos, y para no pagarle, integró las filas del grupo delincuencial conocido como el Frente Unido Andrés Castro que lideró José Luis Marenco a finales de los años 90.

Por temor vendió su propiedad y huyó, ahora “aquí estoy posando en esta casa, y todos me han abandonado”, dice con los ojos brillantes que delatan sus intenciones de llorar, pero se detiene, regalando como siempre una sonrisa.

Ahora se dedica a “servirle a Dios” y a sus hijos, recordando siempre que mientras su fotografía “era usada para traer millones de dólares a Nicaragua, yo tengo millones de necesidades”.

Los personajes de la foto

Blanca López Hernández nació en San Dionisio, departamento de Matagalpa, el 9 de abril 1963. Fue alfabetizada en 1980. Con los pocos conocimientos aprendidos se aventuró a dar clases en las comunidades donde ha vivido.

José Antonio López Pérez, hijo de la miliciana de Waswalito, tiene actualmente 26 años. Se graduó como licenciado en Administración de Empresas en la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense (URACCAN Recinto Las Minas), gracias al apoyo de familiares y al proyecto Horizonte 3000 de Austria que beca a estudiantes pobres de la RAAN.

Orlando Valenzuela. Es originario de Rivas. Empezó a tomar fotos en 1980 en Ocotal, Nueva Segovia.En ese año se realizó la Cruzada Nacional de Alfabetización y él documentó ese momento histórico.Actualmente trabaja en una Tour operadora en el área de comunicación.

“Un dólar por la causa”

En los años 80, la Revolución sandinista consiguió suscitar un formidable movimiento solidario con la causa del pueblo de Nicaragua en muchos países, especialmente en Estados Unidos.

Todos los dirigentes y activistas del movimiento de solidaridad se muestran unánimes al señalar que el comienzo del gran boom de la solidaridad norteamericana progresista con Nicaragua coincidió con la agresividad de la Administración Reagan frente al gobierno sandinista, iniciada en 1982 con la ayuda financiera y militar a los contras y un par de años después con el bloqueo económico. En 1983, los grupos de solidaridad respondieron con una extensa campaña destinada a enfrentar la política Reagan y a defender la Revolución sandinista.

Uno de los ejes iniciales de esta campaña fue recaudar un dólar de ayuda para Nicaragua por cada dólar que la Administración norteamericana destinase a financiar las operaciones de los contras. El éxito fue tan notable que sorprendió a los mismos organizadores. En muy poco tiempo lograron igualar, e incluso superar, los montos oficiales que el gobierno de Reagan y después el de Bush destinaron a la ayuda militar contrarrevolucionaria.

Se calcula que entre 1985 y 1989 Nicaragua recaudó un promedio de 250 millones de dólares anuales en ayuda de todo tipo, personal y material, una cifra sólo inferior en 50 millones al promedio de las exportaciones anuales de Nicaragua en esos mismos años.

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