La muerte de Benjamín Linder

Reportaje - 01.06.2016
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Era ingeniero mecánico, payaso profesional y cooperaba con el gobierno sandinista. En 1987 se convirtió en el primer civil estadounidense muerto a manos de la Contra, pero como en toda historia, en esta hay más de una versión

Por Amalia del Cid

La mañana del martes 28 de abril de 1987 un comando de la Contrarrevolución mató a un joven de 27 años llamado Benjamín Linder, en una emboscada practicada en la zona montañosa de San José de Bocay, Jinotega. El muchacho era uno de los tantos internacionalistas que vinieron a Nicaragua atraídos por los rumores de la guerra y la revolución; pero su muerte no fue una más en la lista de bajas del conflicto armado, porque Linder era estadounidense y, más importante aun, era el primer civil estadounidense muerto a manos de la Contra, financiada por el Gobierno de Estados Unidos.

Hombre de números y de bromas, Benjamín era ingeniero mecánico y a la vez payaso profesional. Lo mismo trabajaba haciendo malabares para animar a los niños en aburridas campañas de vacunación que construyendo microplantas para llevar energía eléctrica a comunidades olvidadas hasta por Dios. Participó en la creación de la planta de El Cuá y cuando lo mataron se encontraba haciendo estudios para encender la luz en San José de Bocay. Ya fuese por sus aportes como ingeniero o por su carisma como payaso, había ganado popularidad y estima entre los campesinos del norte de Nicaragua.

Aunque su muerte fue muy sonada, Benjamín no era el primer extranjero civil caído en la guerra de Nicaragua. Durante los funerales del joven de Oregon, en el cementerio de Matagalpa, el presidente Daniel Ortega mencionó a otros ocho internacionalistas —de Suiza, Alemania, España, Bélgica y Francia— que cooperaban con el gobierno sandinista a través de trabajo social y que murieron durante el conflicto. Pero Linder no era cualquier muerto. Era “un americano asesinado con armas pagadas con impuestos americanos”, en palabras del corresponsal Dan Rather, de la cadena estadounidense de noticias CBS.

El caso saltó de inmediato a la portada del periódico del gobierno, Barricada, con titulares como “Contras asesinan a norteamericano”, “Linders fue ejecutado” y “Familia Linders acusa a Reagan”. Cooperantes estadounidenses se manifestaron frente a su embajada en Managua para exigir explicaciones sobre lo que llamaron “el asesinato” de Linder. Y en el diario The New York Times, el periodista Stephen Kinner escribió: “El Gobierno sandinista ha encontrado un nuevo héroe y mártir en Benjamín Ernest Linder”.

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Que Benjamín cayó en una emboscada es un hecho irrefutable. Nadie, ni los dirigentes de la Contra, han querido negarlo. Sin embargo, hay pequeños detalles que hacen grandes diferencias entre la versión oficial y la de la Contrarrevolución, que por razones obvias en aquel momento no fue conocida.

La primera versión ubica a Benjamín, desarmado y distraído, haciendo apuntes junto al río donde se construiría la presa de San José de Bocay. Según Barricada, tras los primeros disparos de la Contra el joven fue capturado vivo y rematado con un tiro “a quemarropa” en la cabeza. Esas afirmaciones se basaron en testimonios de campesinos que sobrevivieron a la emboscada y en el dictamen de tres médicos.

Sin embargo, el matagalpino Luis Fley, excomandante “Johnson” y fiscal general de la antigua Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN), niega la ejecución y afirma que Benjamín no se encontraba en el río ni trabajando ni de civil en el momento del ataque. Según él, el ingeniero iba vestido de verde olivo, llevaba un fusil y esa mañana se trasladaba junto con otros uniformados en un camión IFA del Ejército Sandinista, de El Cuá hacia San José de Bocay.

Por su cargo, a Fley le tocó preparar el informe para rendir cuentas sobre la muerte de Benjamín ante el Departamento de Estado del gobierno de Ronald Reagan, y en el texto explicó que se enteraron de que habían matado a un estadounidense hasta que lo oyeron en las noticias.

“No sabíamos que era él. Por las noticias nos dimos cuenta de que había muerto un ingeniero conocido como Benjamín Linder”, asegura Fley, desde la tranquilidad de un sillón, a casi treinta años de distancia de los hechos. A su juicio, el gobierno sandinista pintó la situación peor de lo que era a fin de hacer ver a los rebeldes armados de la Contra como “unos asesinos”.

Pero María Hamlin, estadounidense de 76 años, quien fue amiga cercana de Benjamín, está convencida de que la muerte del ingeniero no ocurrió por azar. “Nosotros no tenemos ninguna duda. Había gente que sabía que habían órdenes para eliminarlos a ellos en ese trabajo que estaban haciendo (la microplanta de San José de Bocay). No fue accidental esa emboscada, fue deliberada. El objetivo era Benjamín y el trabajo que hacía, porque podía verse como un logro de la revolución”, sostiene.

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Eran tiempos de idealismo y de oportunismo, de un nuevo orden y un nuevo caos, y en las noticias sobre Nicaragua, Linder había leído tanto de libertad como de represión, de modo que quiso venir a averiguarlo por su cuenta. Tomó sus libros de ingeniería, su monociclo y su nuevo traje de payaso, comprado para la ocasión, y viajó más de 6 mil kilómetros desde Oregon a Managua.

Le pareció que la capital de Nicaragua era una ciudad “extraña, divertida, abrumadora, atemorizante, caliente y muy viva”. Se lo dijo en una carta a su novia Alison Quam. Ben, como lo llamaban sus amigos, era un verdadero memorialista y podía pasar horas redactando largas misivas para su familia o haciendo anotaciones en su diario, material que años más tarde fue empleado por la periodista Joan Kruckewitt en la construcción del libro The Death of Ben Linder (La muerte de Ben Linder), un detallado recorrido por la vida y la muerte del ingeniero.

La Managua que Benjamín conoció era una ciudad de locos, mucho más caótica y absurda de lo que es ahora, con vacas pastando en terrenos céntricos y mujeres cocinando en las esquinas. Le asombraban los buses atestados y sospechaba que todos los conductores habían perdido el juicio. Las personas, sin embargo, le parecían amigables, pese a que en los autobuses lo empujaban para poder bajar. Pronto comprendió que estaba en un país de extremos donde no había invierno ni verano ni primavera ni otoño, sino dos únicas estaciones: la húmeda y la seca. “Cuando está húmedo el fango tiene dos pies de altura. Cuando está seco el polvo lo penetra todo. Comer es como un picnic en la playa, toda la comida cruje con el polvo”, observó.

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Benjamín Linder interpretando a su personaje “Benito El Tonto”. Solía disfrazarse de payaso para apoyar actividades sociales, como jornadas de vacunación y manifestaciones en contra de la guerra y la intervención de Estados Unidos. La foto es cortesía del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA).

 

Solicitó trabajo en el Instituto Nicaragüense de Energía (INE), pero no contaba con la engorrosa burocracia del nuevo sistema. Tuvo que esperar e insistir durante cien días para que lo aceptaran. Entretanto, trabajaba protagonizando a su personaje “Benito The Fool” (Benito El Tonto) en el Circo Libertad, adonde consiguió entrar después de hacer varias pruebas de malabarismo sobre monociclo. No dejó de notar el lado divertido de su situación y a sus padres les escribió: “Voy a la universidad por cinco años, voy a un país olvidado por Dios para salvar al mundo con mis habilidades recién adquiridas y ¿qué pasa? El único trabajo que puedo hacer es el de payaso. Imagino que en algún lugar hay justicia”.

Ya como parte de la milicia del INE, a veces usaba el uniforme verde olivo; pero normalmente vestía jeans desteñidos, camisas arrugadas y botas de montaña. Llevaba consigo calculadora, libreta, varios lapiceros y un fusil AK-47, porque no olvidaba que se encontraba en el centro de un conflicto armado. Él siempre estuvo consciente del riesgo que corría, pero quería trabajar con la gente, asegura su amiga María.

Sin embargo, según testimonios, la mañana que lo mataron estaba vestido de civil y no llevaba el arma encima. La había hecho a un lado para dedicarse a estudiar el flujo del río, en un barranco de Los Ángeles, a cinco kilómetros de San José de Bocay. Ese día sus hombres llevarían el cemento para empezar a construir la presa. Eran cinco y tres de ellos iban armados, relata Kruckewitt en La muerte de Ben Linder.

De acuerdo con las publicaciones de Kruckewitt y Barricada, los hechos sucedieron así: Benjamín estaba sentado en un tronco, garabateando notas en su libreta, cuando desde lo alto la Contra abrió fuego y lanzó granadas. En el ataque murieron el ingeniero y dos campesinos: Pablo Rosales y Sergio Fernández. Los otros lograron escapar. Benjamín recibió un balazo en la cabeza; Sergio, un disparo en el oído y Pablo un bayonetazo en el corazón.

La autopsia reveló rastros de pólvora en el cráneo del ingeniero y condujo a la conclusión de que le dispararon “a quemarropa” cuando estaba inmovilizado por heridas en las piernas y el brazo izquierdo. Fueron los padres y hermanos de Benjamín quienes se encargaron de hacer la investigación, con declaraciones juradas, entrevistas y análisis de los dictámenes médicos. En conferencia de prensa, David Linder calificó el hecho como “asesinato” y responsabilizó al gobierno de Reagan.

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La emboscada estaba preparada desde antes del amanecer. El 28 de abril de 1987 los hombres del comandante Contra “Tiro al Blanco” esperaron el momento preciso durante tres o cuatro horas. Se trataba de una emboscada aleatoria, afirma Luis Fley. Lo que en lenguaje militar se conoce como “blanco de ocasión”.

Unos 15 hombres del Comando Regional Rafaela Herrera estaban apostados a lo largo de treinta metros en una colina, a una distancia de cien metros del camino. Era una zona “sinuosa y quebrada”, perfecta para emboscadas, y los hombres dispararon cuando vieron aparecer un camión militar, relata el excomandante “Johnson”. “Hubo una lluvia de balas y ahí murieron”.

No importa que Benjamín haya sido un civil, “si vas en un vehículo y vas armado y van otros armados en el vehículo, era un vehículo que era un blanco militar”, sostiene Fley. “Él no andaba el fusil guindado como crucifijo, lo andaba para ser usado. Cuando se es civil y estás participando en obras civiles nunca debés tomar un arma porque te convertís en parte del conflicto”.

La Contra no ejecutó a Linder, asegura. “Eso se dijo para hacer aparecer como una atrocidad que hizo la Contra, pero fue una emboscada, ametrallaron el vehículo y en ese ametrallamiento murieron él y como tres o más soldados del Ejército Sandinista que lo acompañaban. La Contra no bajó a ver. Hizo los disparos y se fue. Vos disparás al objetivo y te vas, no vas a verificar porque generalmente cuando vas a verificar tenés el riesgo de que un herido mate gente, porque pasó en varias ocasiones. Por ir a rematar, por ir a recuperar un fusil, munición o algún objeto de valor, perdías a un hombre o te lo herían”.

“A nosotros (la muerte de Linder) no nos preocupó”, cuenta Fley. “Ese era un problema del Gobierno de Nicaragua. La Contra puso la emboscada y no iba dirigida para Ben Linder. Él iba ahí y fue la fatalidad que le llegó”.

El pequeño Benjamín Linder fue sepultado en el cementerio de Matagalpa, pues había pedido que si algo le pasaba sus restos quedaran en Nicaragua. El cortejo fúnebre se extendió por más de siete cuadras y fue acompañado por payasos de cara triste y otros artistas del Circo Nacional. El propio Daniel Ortega se presentó para dar condolencias, pronunciar un encendido discurso contra el Gobierno de Estados Unidos, cargar el ataúd de Benjamín y concederle al ingeniero una orden póstuma que le fue entregada a su madre, Elisabeth Linder.

Cuando se apagaron los ardores políticos provocados por su muerte, su familia y amigos se encargaron de continuar con el proyecto de pequeñas plantas hidroeléctricas. Una asociación que lleva su nombre sigue encendiendo la luz en comunidades remotas para que, como Benjamín quería, el día no se les termine a las 6:00.

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La procesión fúnebre de Benjamín Linder ocupó más de siete cuadras. Los restos del ingeniero fueron sepultados en el cementerio de la ciudad de Matagalpa.

Sobre Linder

La canción Fragile, del músico británico Sting, vocalista de la banda The Police, está inspirada en la historia de Benjamín Linder. El tema aparece en su álbum Nothing like the sun. “En el contexto actual se está volviendo muy difícil distinguir entre ‘Defensores de la Libertad Democrática’, gangsters apolíticos traficantes de drogas, trabajadores del Cuerpo de Paz y revolucionarios marxistas. Ben Linder, un ingeniero estadounidense, fue asesinado en 1987 por los ‘Contras’ como resultado de esa confusión”, escribió el cantante.

Tenía 15 años cuando participó en una manifestación antinuclear de 38 horas contra una planta de energía atómica en las afueras de Portland.

En el verano de 1980 recorrió en monociclo casi dos mil kilómetros desde Canadá hasta la frontera con México. Y el día de su graduación subió a recoger su diploma, ante 2,500 graduados de la Universidad de Washington en Seattle, montando su monociclo.

La Asociación Benjamín Linder continúa trabajando para llevar energía a comunidades remotas del norte del país a través de pequeñas plantas hidroeléctricas. Hay centrales en El Cuá (fundada en 1985), El Bote y San José de Bocay. Los mismos campesinos se encargan de construir las redes y las turbinas hidráulicas y de cuidar la cuenca del río.

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San Fabián