La muerte de Hertylandia

Reportaje - 13.01.2020
640-Dom-heryl12

El más grande parque de diversiones de Nicaragua fue creado por Herty Lewites, un descendiente de judíos que tenía mente de empresario y se quedó a medio camino de la Presidencia de Nicaragua

Por Eduardo Cruz

Es 1994 y en Nicaragua, en un lugar de Jinotepe, Carazo, circula un tren. Es rústico. Pero avanza. A veces entre árboles de laurel de la india. A veces entre cafetales. En un clima fresco. Rico. La gente va alegre. Ríen. Se dan bromas. Para algunos, que nunca montaron en uno, es una sensación extraña.

De repente el susto.

De entre los arbustos salen unos indios montados sobre caballos. Gritos. Parece una escena salida de una película de vaqueros del oeste de los Estados Unidos. Se oyen disparos. Pum, pum. Pero también se disparan flechas. ¿Qué está pasando? Hay pánico. Los indios sobre sus caballos cabalgan a la par del tren.

Cerca del lugar hay un hombre que goza al enterarse del susto de las personas que van en el tren. Es Herty Lewites.
Todo ocurre en Hertylandia, el parque de diversiones más moderno en Nicaragua hasta ese momento. Son casi 50 manzanas de terreno, cuya puerta principal fue abierta al público en abril de 1994.

El creador del parque turístico, Lewites, era un descendiente de judíos. En los años setenta del siglo pasado fue colaborador del Frente Sandinista (FSLN) en la lucha para derrocar a la dictadura somocista. Y en los ochenta, cuando ya estaban los sandinistas en el poder, fue ministro de Turismo. Creador de los balnearios Pochomil, La Boquita, Montelimar, el centro turístico de Granada, El Trapiche, las diplotiendas y muchos otros negocios que dejaron muchos dólares.

Herty Lewites siempre vigiló la operación de Hertylandia, hasta que se metió a candidato presidencial en 2005. FOTO/ ARCHIVO

El pasado mes de octubre, 25 años después, Hertylandia murió. Así como ocurrió con su dueño, el primero de julio de 2006, cuando enrumbaba su vida a convertirse en el nuevo presidente de Nicaragua, enfrentando al poderoso Daniel Ortega, al igual que había emprendido otros tantos proyectos en su vida.

La nueva dueña de Hertylandia, Carmen García viuda de Lewites, no pudo mantener más el negocio abierto. Lo dio por clausurado.

Ya era una “estafa” para sus clientes porque la mayoría de sus atractivos estaban deteriorados o ya no existían.

***

Herty Lewites era hijo de Israel Lewites, a quien conocían como “Sol” porque tenía un rostro radiante, así como Herty, así como el astro mayor de la vía láctea.

Lewites (padre) había fundado en Jinotepe una fábrica de caramelos llamada Bambi, que fabricaba unas imitaciones muy buenas de caramelos Kraft. Róger Rodríguez, sobrino de Herty Lewites, recuerda que los abogados de Disneylandia llegaron hasta donde su abuelo a reclamarle para que le cambiara el nombre a los caramelos porque era el mismo de su famoso venadito que aparece en las tiras cómicas de esa empresa estadounidense. Pero Lewites nunca le cambió el nombre.

Lewites (padre) también tenía una lavandería, y uno de sus sueños era reciclar el agua y verterla en piscinas adonde la gente llegara a divertirse.

El viejo tractor con el que los jardineros cortaban la maleza en Hertylandia. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

Según su sobrino, Herty Lewites habría crecido con ese sueño frustrado de su padre porque a principios de los años 90, cuando le nació su primer hijo, Herty Lewites junior, se le vino la idea de un parque de diversiones.

Herty Lewites junior, hijo también de Edda Lacayo, había nacido con cierta discapacidad física y hacía que su padre lo mimara mucho.

Saúl Lewites, hermano de Herty, lo recuerda muy bien. Después de la derrota de los sandinistas en 1990, Herty compró una finca cafetalera en Carazo. Juntos planearon construir una planta procesadora de café que le diera trabajo a las personas que vivían en la zona. Saúl recuerda que le gente le decía que no había trabajo.

Planeando la construcción de la planta estaban. Saúl ya había abierto un pozo profundo. El agua estaba a 840 pies de profundidad. Y el pozo era de 1,150 pies. El agua salió a borbollones. La alegría era total. La planta de café iba a ser una realidad.

De repente, un día, Herty Lewites vio que su único hijo, hasta ese momento, se divertía mucho en la finca cafetalera. El niño andaba en una moto entre los surcos y era feliz ahí.

“Hermano —le dijo Herty a Saúl— aquí voy a construir un parque de diversiones. Decile adiós a tu planta de café”.

“¿Qué le iba a decir yo a mi hermano, que tenía un hijo con esas características?”, recuerda hoy Saúl. “De todas maneras vos sos socio”, lo consoló Herty. La planta de café “se fue al carajo”, rememora Saúl.

***

Un préstamo de un millón de dólares fue el capital inicial para construir Hertylandia. Herty decía que él nunca ponía dinero en sus inversiones. Que nunca perdía dinero en un negocio.

En el ramo del turismo, Herty ya era un experto. Tenía contactos. Y con ese capital se aventuró, a dos kilómetros de Jinotepe y cuatro de San Marcos, a construir el parque de diversiones más grande que ha tenido Nicaragua. Sobre la carretera que une a esos dos municipios de Carazo.

“Herty no tenía dinero, lo que tenía era contactos”, reitera su sobrino, el arquitecto Róger Rodríguez Lewites.

Primero sembraron los árboles de laurel de la india. Hicieron los senderos. Herty quería que la gente caminara bajo sombra desde el inicio. En la entrada construyeron una rotonda pequeña. Colocaron una muralla con unas torres que asimilaran a una fortaleza.

En la entrada de Hertylandia, Lewites construyó parqueos y mandó sembrar árboles, para que la gente entrara al lugar caminando bajo sombra. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

La inauguración fue un acontecimiento. Cuando el público entró al lugar se encontró con dos pistas para carros, conocidos como go-cars, y otra para motos, para los amantes del motocross. Eran 40 carros pequeños de gasolina y 15 motos montañeras de 80 cc, para los aficionados a ese deporte de las dos ruedas.

También encontraron un hermoso jardín donde había 15 venados, evocando a la fábrica de caramelos de su padre, la Bambi. Además de patos de 12 especies diferentes, un mono cara blanca y otros tipos de animales. Era un paraíso el lugar.

Un día, caminando por Jinotepe, Herty se topó con un gimnasio y vio que el dueño tenía buena pinta con una novia muy bonita. Al poco tiempo la pareja estaba trabajando en Hertylandia, en una especie de jungla, haciendo de Tarzán y de Jane, su novia.

La gente se divertía mucho también en la “casa embrujada”. Allí Herty había instalado unas mangueras a presión que soplaban fuerte, haciendo un ruido extraño cuando la gente iba pasando y al final había un cementerio. Pero en el trayecto una serie de personas con máscaras de terror hacían cundir el pánico entre los visitantes. “El lugar estaba lleno de telarañas y calaveras. Era terrorífico”, recuerda Róger Rodríguez, quien como arquitecto le ayudó a Herty a diseñar Hertylandia.

Hertylandia inició con 40 pequeños carros de gasolina. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

El proyecto tuvo varias etapas. La idea de Herty era cada año añadirle novedades.

En la segunda de las etapas se construyó un parque acuático. Era una piscina enorme a la cual Herty le mandó a construir una costa, para que la gente sintiera la sensación de que estaba caminando sobre la arena del mar. También mandó a poner toboganes para adultos y niños.

Enumerar todo lo que había en Hertylandia requiere esfuerzo, aunque mucho menos de lo que le costó a Herty construir su proyecto más ambicioso.

Ahí también construyó un restaurante, juegos mecánicos, pistas de patinaje, una fortaleza, parqueos, y le hizo falta tiempo porque cuando murió, en julio de 2006, planeaba construir un hotel.

A una familia que vivía en la finca de la siembra del café, les inventó ser una familia Apache y el padre era el jefe indio. La familia estaba muy contenta con su nuevo trabajo. Hasta se tomaban fotos con los turistas.

Para la familia de Herty todo estaba bien menos el nombre, les parecía horrible.

—¿Cómo le va a poner así? —lo cuestionó un sobrino.

—¿Ideay? ¿Y Disneylandia no se llama así por el dueño? —recriminó Herty, quien había vivido en California, Estados Unidos.

—Pero Disney ya está muerto —le respondieron.

—¿Yo para qué quiero honores ya muerto? —sentenció Herty.

***

Hertylandia es hoy un lugar abandonado. No se ve vida. Apenas en octubre pasado fue cerrado oficialmente pero parece que lleva años en abandono.

En octubre pasado los últimos 20 empleados abandonaron sus puestos.

Ya no llegaban clientes.

Y las facturas de agua y de luz llegaban muy altas siempre.

Para Saúl Lewites, hermano de Herty, Hertylandia no cerró en octubre pasado, sino cuando murió su hermano, en julio de 2006. Él era el que le daba vida. Él mismo iba a regar las plantas del lugar para que se mantuvieran vivas.

Dentro de Hertylandia hay dos ranchones, con su propio bar, así como una terraza, y otro donde vendían comidas rápidas. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

Herty Lewites, quien desde joven se había metido a político, desde los años 60 del siglo pasado cuando se incorporó al Frente Sandinista (FSLN) y con otros se tomó el cuartel de la Guardia Nacional en Jinotepe, era candidato presidencial cuando murió el primero de julio de ese año 2006. Iba camino a la Presidencia de la República.

En un segundo matrimonio con Carmen García, tenía otra hija, a la cual llamó Sol, a como le decían a su padre.

Primero había estado casado con Edda María Lacayo, con quien tuvo a Herty Mauricio Lewites Lacayo, sordomudo, quien fue el que lo inspiró a construir Hertylandia.

Todo era Sol para Herty. Así le llamó a su empresa. Y también a su movimiento político.

A García la había conocido en los años ochenta cuando ella era secretaria en Inturismo. Se casaron en 1995.

En entrevista con LA PRENSA, en el año 2000, cuando Herty era candidato a alcalde de Managua, cargo que finalmente alcanzó, ella confesó que su mayor defecto era su carácter, pero que se llevaba bien con Herty.

Carmen García era la administradora de Hertylandia, aprovechando que había estudiado Administración de Empresas.

Dentro de Hertylandia, Lewites metió 15 venados, patos de 12 especies diferentes y un mono cara blanca, entre otros animalitos. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

En su camino a la Presidencia, Herty iba con buen rumbo. Las encuestas de mediados del 2006 lo arrojaban como el tercer candidato con mayor intención de votos para las presidenciales, y sus posibilidades iban en aumento. Pero murió cuatro meses antes de las elecciones, el domingo 2 de julio de 2006.

La versión que dio Carmen García fue que falleció de un infarto fulminante y que no hubo sangrado de ningún tipo, y pidió que no se le hiciera una autopsia. Pero una investigación que llevó a cabo el hermano de Herty, Saúl, a lo largo de dos años, indica que había sangrado en el colchón donde durmió Herty sus últimos momentos. Él duda de la versión de la viuda.

En Hertylandia había dos piscinas con tres toboganes, tanto para niños como para adultos. El parque acuático era de seis manzanas de extensión. FOTO/ FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

Hertylandia sobrevivió algunos años más a su creador, pero, según Saúl Lewites y otros familiares de Herty, ya no fue lo mismo.

Los nuevos administradores no se preocuparon por invertir. Además, siempre según Lewites, la gente ya no llegaba también por razones políticas, porque estimaban a Herty.

Hertylandia murió 13 años después de su creador, pero ya todo era “una estafa” para los clientes, afirma Saúl Lewites.

Números de Hertylandia

Valía más de dos millones de dólares.

Medía 50 manzanas de extensión.

Tuvo 25 años de existencia.

Tenía capacidad para albergar a mil personas en un día.

El parque acuático tenía seis manzanas de extensión.

Había dos piscinas grandes.

Un gorila que mandó a construir Herty. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE PADILLA DÍAZ

Otros proyectos de Herty

Herty Lewites fue ministro de Turismo en los años 80 e impulsó proyectos como Pochomil, La Boquita, Montelimar, el centro turístico de Granada, el centro de convenciones Olof Palme, la ampliación del Hotel Las Mercedes.

También impulsó las diplotiendas, las cuales Herty concibió en 1982 después de que los diplomáticos residentes en Nicaragua se quejaran que no se podía encontrar papel higiénico siquiera en Nicaragua. La idea, según dijo el propio Lewites en 1987 al diario Barricada, era captar los dólares que ingresaban los miles de extranjeros que llegaban al país, ya fueran diplomáticos, cooperantes o turistas.

Después de 1990, Herty tuvo una línea aérea y creó el Carnaval de La Piñata, otro centro de diversiones, más pequeño que Hertylandia y estaba ubicado en Managua.

Sección
Reportaje