La Operación Olivero, el más grande ataque de la contra en los años ochenta

Reportaje - 03.05.2021
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En 1987, unos siete mil contras atacaron por sorpresa Siuna, Rosita y Bonanza, en el más grande operativo que realizó la Contra durante la guerra contra los sandinistas

Por Eduardo Cruz

A mediados de los años ochenta del siglo pasado, en plena guerra civil entre sandinistas y contrarrevolucionarios, en el Triángulo Minero (Siuna, Rosita y Bonanza), el ejército sandinista estaba acostumbrado a ver pasar de lejos a grupos de rebeldes de 50 y hasta 100 hombres. No les preocupaban. Los espantaban con cohetes Katiuska.

En la mañana del domingo 20 de diciembre de 1987, aproximadamente a las 5:40 de la mañana, las cosas iban a ser diferentes. Ese día la Contra ponía en marcha la más grande ofensiva que ese grupo insurgente realizó durante toda la guerra de los años ochenta: la Operación Olivero, un ataque sorpresa con siete mil contras a las minas de Siuna, Rosita y Bonanza.

Por ser época de Navidad, del Triángulo Minero se fueron de vacaciones el grueso de las tropas del Ejército Popular Sandinista (EPS), dirigido por Humberto Ortega Saavedra y los de la Dirección General de la Seguridad del Estado (DGSE), adscrita al Ministerio del Interior (Mint), jefeado por Tomás Borge. En esa época de guerra ambas tropas se mantenían permanentes en el Triángulo Minero por ser de mucha importancia económica y también una vital vía de transporte que comunica Puerto Cabezas con Managua.

“Florecilla”, una de las miembros de la Seguridad del Estado, recuerda que en Siuna solo quedaron unos 50 soldados y 30 del personal de la Seguridad.

Desde el 18 de diciembre, la Seguridad del Estado ya tenía conocimiento de que los contras andaban cerca con un numeroso grupo y así se lo avisaron al Ejército. Pero no le hicieron caso. Había una especie de rivalidad entre los dos bandos. Los del Ejército no creían que la Contra fuese capaz de penetrar tan profundo en territorio nicaragüense. Tan solo unos días atrás, el comandante Bayardo Arce había dicho que la Contra no controlaba ni un solo milímetro del territorio de Nicaragua, sino que operaba desde Honduras.

En los alrededores de las tres ciudades del Triángulo existían cooperativas, tanto de agricultura como de güiriseros, a como les llaman a quienes sacan oro de manera artesanal. Estos cooperados funcionaban también como milicianos, término que se les daba a los civiles que recibían cierto entrenamiento militar y portaban armas de guerra.

Poco después de las 5:00 de la mañana de ese 20 de diciembre, la persona que está en el radiocomunicador en el comando de Siuna le avisa hasta el comando central del Ejército en Managua, al entonces teniente coronel Javier Carrión, que se acercan tropas contras a Siuna. El doctor Henry, el jefe de médicos de la Contra, va con Tirso Moreno, comandante Rigoberto, y ambos escuchan que el soldado habla con tranquilidad por la radio. Cree que, como siempre, se trataba de unos pocos contras. Se comunica varias veces y en las primeras se muestra tranquilo, como si tuviera todo bajo control. Pero llega un momento en el que se desespera.

La instalación minera de Siuna, un día después del ataque de la contra en diciembre de 1987. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

—Javier, esto es serio —dice el hombre en la radio al teniente coronel Carrión. —Mándenos refuerzos por favor. Mande los helicópteros, los tenemos como a un kilómetro y medio. Son muchos.
Carrión se niega a mandar helicópteros porque el Triángulo Minero es una zona plana y no montañosa donde pudieran refugiarse las aeronaves. “No podemos mandar helicópteros. Tienen muchas flechas”, advierte Carrión, según están escuchando los contras en las intercepciones de las comunicaciones del ejército sandinista.

Florecilla corría por las calles de Siuna haciendo ejercicios cuando a las 5:40 de la mañana escucha los primeros balazos. El hombre que estaba en la radio se vistió de civil y huyó.

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Fueron dos operaciones de envergadura las que realizó la Contra entre octubre y diciembre de 1987. La primera fue la Operación David, el 5 de octubre, jefeada por el comandante Quiché y tenía como objetivo paralizar el tráfico de El Rama hacia Managua, aunque fuera solo un día. Esa era única carretera en buen estado que comunicaba a la Costa Caribe con el Pacífico.

Para ello la Contra realizó emboscadas entre Juigalpa y El Rama, específicamente en Muelle de los Bueyes, Santo Tomás, La Gateada y San Pedro de Lóvago. La idea era paralizar unos 60 kilómetros de carretera, ya que por esa vía pasaba la ayuda que la Unión Soviética y Cuba le enviaban a los sandinistas, especialmente armamento. Parte de esa ayuda era también para la guerrilla salvadoreña y los rebeldes guatemaltecos.

Entre otros objetivos, con 2,500 contras intentaban destruir un puente clave y también otros de menor importancia.

Al final, los contras no lograron destruir el puente clave, pero causaron muchas bajas a los sandinistas y cerraron la carretera durante tres días. Era la primera vez que los contras reunieron una enorme fuerza táctica y la usaron en acciones de apoyo mutuo.

Hubo varias fases de apoyo de Estados Unidos o la CIA hacia los contras. En la primera fase no realizaron operativos grandes, salvo el ataque de la CIA a los tanques de Corinto, en 1983. Pero no fue la Contra en sí, sino mercenarios internacionales contratados por la CIA. Los contras apenas se dieron cuenta de lo que iba a pasar en Corinto.

El doctor Henry, jefe del cuerpo médico de la Contra, cuyo nombre real es Enrique Zelaya Cruz, explica que Estados Unidos nunca utilizó a los contras para ganar la guerra, sino como un medio de presión para que los sandinistas convocaran a elecciones limpias.

Para 1987, cuando el Congreso norteamericano aprobó 8.1 millones de dólares más para los contras, la CIA retó a los contras a que demostraran que ya eran un ejército maduro, capaz de atacar posiciones y mantenerse dentro de las mismas, ya que hasta entonces solo atacaban cooperativas agrícolas con milicianos y uno que otro cuartel general del ejército sandinista en algunas ciudades del norte de Nicaragua. También atacaban objetivos económicos indefensos, como centrales eléctricas.

Una bomba que no explotó lanzada por los sandinistas a los contras durante la Operación Olivero. FOTO/ CORTESÍA

Por eso, la CIA les pidió que realizaran los operativos David y Olivero. David era el seudónimo de un contra que había sido asesinado y Olivero era el seudónimo de un jefe contra que se llamaba Pedro Armengol Aráuz Palacios, asesinado por los sandinistas en febrero de 1987. Olivero había sido miembro del ejército sandinista, pero desertó en 1981 y se unió a la Contra desilusionado de la revolución.

A pesar de que no realizaban operativos espectaculares, los contras sí iban aumentando en número. Algunos calculan que para 1987 ya eran 23 mil. Por eso, la CIA les puso como reto realizar las dos grandes operaciones: David y Olivero.

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Las tropas de la Contra que realizaron la Operación Olivero partieron principalmente de Chontales y de Honduras. Nadie sabía a qué iban. Solo lo sabían el jefe militar de la Contra Enrique Bermúdez, comandante 3-80, y los comandantes más altos, entre ellos Tirso Moreno, comandante Rigoberto; Francisco Ruiz Castellón, comandante Renato y Diógenes Membreño Hernández, comandante Fernando Chele.

El propio doctor Henry, miembro del Estado Mayor de la Contra y jefe del cuerpo médico, le preguntó a Renato para dónde iban y este último no se lo quiso decir. Todo era secreto. Tenía que ser una verdadera sorpresa.

De Chontales salió otro enorme contingente, jefeado por el comandante Diablo, Esteban Rizo Morán.

Ambas expediciones salieron a mediados de noviembre hacia las minas. A quien iban viendo que no era apto para la misión lo iban descartando y lo enviaban en grupos de regreso a los campamentos. Igual a los que se enfermaban. Todos los que iban tenían que estar en buen estado de salud. Y una cosa muy importante: no mostrar miedo. Al que veían titubear, también lo regresaban.

Una cosa superprohibida era encender radiocomunicadores. No querían ser detectados por los sandinistas. La gran pregunta era: ¿cómo mover un batallón de 500 hombres sin dejar rastros en las montañas? Se apropiaron de “chanes” (baqueanos) y se metieron a las junglas.

El grupo que llegaba desde Honduras se perdió el 7 de diciembre. El chan no sabía dónde estaban. Y tampoco tenían comida. Alguien dijo hoy es 7 de diciembre, Día de la Virgen. Recemos. Se juntaron con los evangélicos. Ustedes oren y nosotros rezamos, decían los católicos. Se hizo un culto inmenso.

Tropas del comandante contra Rigoberto, Tirso Moreno, mientras se dirigían a atacar el triángulo minero en diciembre de 1987. El Doctor Henry es el tercero de adelante hacia atrás. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE ZELAYA CRUZ

De repente, dos reclutas llegaron con dos dantos o tapires. Esa fue una gran alegría. Ahí nomás los asaron y otra parte la frieron. Solo comieron la carne. Ni plátanos hallaron en las cercanías.
Al día siguiente continuaron caminando. No sabían por dónde iban y tampoco podían encender el radio. Solo caminaban.

Otra de las órdenes que tenían era no enfrentarse con los sandinistas si se los topaban. Todas las energías y municiones estaban destinadas para usarlas en el Triángulo Minero.

Antes de subir un pequeño cerro, miran una cooperativa y un hombre que estaba afuera con un fusil. Los jefes gritan que no le disparen, que lo rodeen y lo eviten. El objetivo era Siuna y no esa cooperativa. Desafortunadamente el hombre dispara. Y los soldados contras ni cortos ni perezosos se le dejan ir encima a toda la cooperativa. El doctor Henry dice que solo escuchaba los gritos y los llantos de la gente. Los contras solo llevaban armas de alto calibre.

Más adelante, cuando llegan a la cima de otro cerro, ven a un hombre vestido de militar, quien, al ver a los contras, antes de topárselos se mete en un montarascal. Poco después ven que va subiendo el cerro una mujer vestida de civil pero que lleva colgado un fusil AK-47. Los contras no lo piensan inmediatamente, pero después deducen que seguramente la mujer era la esposa del hombre que habían visto de militar y que se había escondido en el momento. Al escuchar disparos, le debió de haber dado el arma a la mujer.

Los contras no le disparan a la mujer, pero ella hace algo indebido. El doctor Henry cree ahora que la mujer solo trataba de quitarse el fusil para dejarlo caer al suelo, pero los contras creyeron que iba a disparar y ahí nomás la acribillaron. Cuando el doctor Henry corre hacia ella, está todavía agonizando y muere en sus brazos. El doctor Henry jamás olvida eso. La mujer estaba embarazada.

Llegados a un punto, se separan los que venían de Honduras. Renato a Bonanza. Fernando Chele a Rosita y Rigoberto para Siuna. La gente que viene de Chontales también se divide. El Diablo se va a Siuna.

Uno de los comandos del Diablo, Willor, comenta que la tropa del Diablo se topa con unos sandinistas cerca de las 4:00 de la mañana. Eso es un problema serio, porque la orden es atacar todos juntos a las 6:00 de la mañana.

El Diablo enciende su radiocomunicador, que estaba prohibido, y comienza a llamar a Rigoberto.
En la radio de Rigoberto se escucha: “Florida, Florida”. “¿Qué pasó hombré?”, pregunta Rigoberto. “Florida, ya me detectaron. Ya aquí no me detengo. Voy encima. No sé ustedes pero yo ya voy a atacar. Aquí va el primero para que oigas”, dice el Diablo, al tiempo que descarga el fusil sin que se conozca a quién le disparaba.

A esa hora Rigoberto da la orden: “Abran los radios”. Pero como la gente de Rigoberto todavía está lejos de Siuna, comienzan a caminar y a caminar. Por eso es que comienzan a atacar Siuna a las 5:40 de la mañana, después de 52 días caminando en la selva, con los pies en llagas porque en todo ese tiempo no se habían quitado las botas, salvo en pocas ocasiones y por breves momentos.

Los poblados de Siuna, Rosita y Bonanza son calmos. Para los años ochenta el área urbana la controlaban los sandinistas. Pero en las zonas alejadas, rurales, los campesinos apoyaban ciento por ciento a los contras.

A través de los campesinos, la CIA recopila suficiente información para transmitirla a los contras. Una de ellas es que en Siuna hay 14 ametralladoras antiaéreas en la entrada al poblado, cerca del cerro conocido como el de las cuatro letras, porque tiene grabado FSLN en uno de los costados. De las 14 ametralladoras una está mala. No dispara. Es la número 12.

Una madre que perdió dos hijos trata de cuidar a otra de sus hijas herida, la cual se ve al fondo, acostada. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

También saben que hay sistema de radar mediante el cual los sandinistas detectan a los aviones que llevan provisiones a la Contra desde Estados Unidos o desde Honduras. A través de ese radar lo detectan todo. Es potente. De fabricación soviética. Es uno de los principales objetivos a destruir durante la Operación Olivero.

La base del ejército sandinista estaba contiguo a las oficinas de la Seguridad del Estado. Los militares que servían en ambos cuarteles vivían en casas del pueblo, pero por ser Navidad la mayoría estaba de vacaciones, tanto en Siuna como en Rosita y Bonanza.

Florecilla, miembro de la Seguridad del Estado en Siuna, recuerda un detalle muy significativo. Una noche antes del ataque, en la oscuridad del 19 de diciembre de 1987, varios civiles se pusieron a tomar licor en el cerro de las cuatro letras y comenzaron a invitar a los soldados que estaban resguardando la zona. Todos los militares se pusieron muy borrachos.

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Fueron ocho horas de intensos combates. A quien más fácil le salió fue a Renato. A las 10:00 de la mañana estaba informando que tenía el control total de Bonanza.

A Fernando Chele no le fue tan fácil en Rosita. Es donde más resistencia hubo por parte de los sandinistas. Aun así, lograron varios objetivos, especialmente que los refuerzos que estaban llegando desde Puerto Cabezas no pudieran pasar.

En Siuna, los militares salieron huyendo. A esa localidad la salvaron dos grupos: los miembros de la Seguridad del Estado y los milicianos, unos 50 que estaban fuera de Siuna y luego llegaron dando la sensación de que llegaban refuerzos.

Los milicianos también fueron importantes en Rosita y en Bonanza, aunque en esta última ciudad no fue mucho lo que pudieron hacer. Bonanza fue arrasada.

A su paso, los contras destruyeron las pistas de aterrizajes de los tres poblados, las principales estaciones de control de radar y logística del ejército sandinista, vehículos para transportar tropas y combustible, bodegas de armamento, infraestructura minera, una planta de generación hidroeléctrica. Les capturaron armamento y alimentos.

Dentro de una tubería de alcantarilla, en la cual se ven manchas de sangre, unas personas recrean cómo fueron asesinados dos adultos y cinco niños durante la operación Olivero en Siuna. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El doctor Henry, el comandante Willor y muchos otros comandos de la Contra consideran, con el debido respeto a otros operativos de la Contra, como la toma de Estelí, de Pantasma, la propia Operación David, entre otras, que la Operación Olivero fue el más espectacular ataque que la Contra realizó durante la guerra civil contra los sandinistas.

Durante los ataques, la población civil se tuvo que ocultar debajo de sus camas e incluso entre unos tubos de concreto para aguas negras, algunos de los cuales tenían manchas de sangre en el interior.

La población minera nunca se imaginó que la Contra pudiera entrar tan devastadoramente a la zona del Triángulo.

Si durante la Operación David los contras controlaron tres días la carretera El Rama-Juigalpa, en la zona minera los contras solo demoraron ocho horas. Y demoraron ese tiempo porque se esperaba que el máximo jefe de la Contra, el comandante 3-80, Enrique Bermúdez, llegara a una de las minas ocupadas. Al final no fue así.

Ese mismo 20 de diciembre, por la tarde, iniciaron la retirada. Llevaban muertos y heridos, pero iban satisfechos por haber cumplido con el ciento por ciento de los objetivos.

Antes de salir de Siuna, los contras verificaron si era verdad, a como la CIA lo había informado, que la ametralladora antiaérea número 12 estaba dañada. Era verdad. No disparaba. Entonces se dieron cuenta de la fiabilidad de la información que suministraba la CIA.

En Siuna se destruyeron las instalaciones de la brigada 336, un local de la Policía Sandinista, las bodegas mineras, las oficinas de internacionalistas y la pista de aterrizaje. En Bonanza también se destruyó la pista de aterrizaje, incluyendo la torre de control y 24 tanques de combustibles. Además de 16 vehículos de la Seguridad del Estado. Ahí mismo se quemó un cuartel y la planta “Siempre viva”.

En Rosita también destruyeron la pista de aterrizaje y cuatro tanques de gas. Además de siete vehículos militares y dos puentes de carretera hacia Puerto Cabezas.

En estos ataques murieron 57 contras y 78 resultaron heridos. Se calcula que entre muertos y heridos de ambos bandos, hubo un total de 440 víctimas.

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Casi 34 años después de haber ocurrido la Operación Olivero, el entonces jefe del Estado Mayor del ejército sandinista, hoy general en retiro Joaquín Cuadra, admite la victoria de la Contra en ese operativo.

“Sí, buena operación fue esa. Dos cosas relevantes a mi criterio: uno, supieron usar el factor sorpresa por medio de una operación de radio inteligencia de engaño. Varios de los radios de las fuerzas de tarea que participaron en la operación estaban transmitiendo desde Jinotega, lo que nos hizo creer que se encontraban en Jinotega, lejos de su objetivo. Nos desinformaron usando los radios y a los mismos radioperadores, pues se les conocía la voz a los radistas”, explica Cuadra a la revista MAGAZINE sobre la Operación Olivero.

En el segundo punto, el exjefe militar sandinista trata de minimizar el impacto del operativo.
“Las minas son importantes, pero no dejan de ser un objetivo secundario, lejano y sin repercusión nacional. Es otro teatro de operaciones el Atlántico (hoy Costa Caribe), por tanto, su incidencia política fue poca. No por eso dejó de ser buena operación, pero no pudo contribuir a cambiar el curso de la guerra o sumar en su correlación militar”, finaliza diciendo Cuadra.

La contra se llevó a varios heridos a Honduras. FOTO/ CORTESÍA/ ENRIQUE ZELAYA CRUZ

Lo que Cuadra no menciona es que cuando se realizaron las operaciones David y Olivero, Daniel Ortega estaba en República Dominicana, tratando acuerdos de paz con el directorio de la Contra. Y unos meses atrás, en agosto de 1987, se habían firmado los Acuerdos de Esquipulas, que dieron paso, junto a otras acciones, a que se adelantaran elecciones libres en febrero de 1990, las cuales a la postre perdió el sandinismo, en gran parte porque la población nicaragüense estaba cansada de la guerra. Los soldados sandinistas y los contras mismos también estaban cansados.

A los dos meses de la Operación Olivero, Estados Unidos cortó la ayuda económica a los contras, lo cual también contribuyó para que las dos partes en conflicto alcanzaran acuerdos de paz.

Todas esas circunstancias evitaron que la Contra continuara con operativos de gran envergadura. Según el doctor Henry, el siguiente sería tomarse Juigalpa, pero ya no fue posible.

Armas ocupadas

Además de la destrucción en infraestructura que provocó la Contra con la Operación Olivero en el Triángulo Minero, el ejército rebelde afirmó que había ocupado el siguiente armamento a los sandinistas:

Más de 800 fusiles soviéticos AK-47.

185 fusiles M-16.

1,500 granadas de cueteras soviéticas PM-21.

80 ametralladores RPD.

392 granadas de cueteras de 122mm.

7 ametralladores PKM.

9 ametralladores 14.5 mm.

2 morteros 81 mm.

60 ametralladoras PP checoslovacas.

12 lanzacohetes chinos RPG-7.

4 reflectores antiaéreos.

30 misiles antiaéreos SAM-7 soviéticos.

1,400,000 tiros de AK 47.

400,000 tiros de ametralladora PKM.

300,000 tiros de ametralladora RPD.

1 mortero de 82 mm.

185 granadas de morteros de 82 mm.

1,200 minas Claymore.

3,200 granadas de RPG-7.

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