La pelea perdida de “el terry”

Reportaje - 10.01.2016
David "El Terry" Acevedo, (izq)en pleno combate contra el leones Nelson Altamirano. Foto LA PRENSA/Manuel Esquivel

David Acevedo Rivas quería ser campeón, pero se convirtió en el primer púgil en la historia del boxeo nacional que fallece luego de un enfrentamiento

Texto por Tammy Zoad Mendoza M.

Fotos por Manuel Esquivel

A los nueve años empezó a dar golpes a un saco. Su padre, David Acevedo Ocón, lo entrenaba junto a su hermano menor Yamil. Practicó lucha olímpica, beisbol, pero su sueño era convertirse en boxeador profesional, ser campeón mundial, pasar a la historia en el boxeo. Y lo hizo, pero de una forma desafortunada.

David Alexander Acevedo Rivas, de 23 años, es el primer púgil en la historia del boxeo nacional que fallece luego de un enfrentamiento en Nicaragua. Se desplomó en el ring al octavo asalto de la pelea semiestelar en la velada del 14 de noviembre. Luego de una operación de emergencia y siete días en coma, falleció el 21 de noviembre. Perdió la pelea, la vida, y puso a este deporte contra las cuerdas.

Juan Alberto Molinares, presidente de la Conibop, asegura que “no es responsabilidad del médico que realiza los chequeos, ni de esta comisión ver si el muchacho entrenó o no entrenó o en qué condiciones llega. Eso es responsabilidad del entrenador, del apoderado y sobre todo del deportista mismo”.

“El Terry” le decían desde chiquito, “porque eran terribles los dos (David y Yamil). Eran muy inquietos”, cuenta su papá. David estudiaba Contabilidad y se había preparado como profesor de educación física, este año empezaría a trabajar en un colegio capitalino.

Pero “El Terry” Acevedo estaba empeñado en que el boxeo sería su profesión principal. Corría varios kilómetros en las madrugadas, entrenaba todas las tardes de una a dos horas en el gimnasio y trataba de mantener una dieta. Con sus 1.80 metros de altura su peso natural podía llegar hasta 173 libras, pero él luchaba por bajar a 146 y entrar en la categoría superwelter, la más cercana en la que encontraba rivales para aumentar su récord de peleas y seguir avanzando en su camino por un título.

“El que se mete a esto es porque le gusta el deporte, no es fácil aguantar golpes, menos si tenés que hacer sacrificios para pelear. El boxeo era su pasión y la comida era su debilidad. Le costaba mucho hacer dieta”, comenta su papá. David tenía atracones en la madrugada. Se levantaba a comer lo que encontrara. Una bolsa de polvorones y un litro de gaseosa eran sus favoritos.

El viernes del pesaje no desayunó ni almorzó, pero aún así no dio el peso. Marcó 148 libras de las 146 estipuladas para la pelea. Según datos médicos del informe de la Comisión Nicaragüense de Boxeo Profesional, Acevedo estaba bien en general. En el pesaje tuvo un pulso de 60 y su presión arterial fue 110/70. Se regresaron a la casa, comió y se acostó temprano. La mañana del sábado 14 se levantó a practicar golpes al aire, descansó, comió algo y después siguió peleando con él mismo frente al espejo. A las seis salieron al hotel donde sería la velada de Búfalo Boxing Promotions.

A un minuto de terminar el octavo asalto y en un intercambio de golpes David abrazó a su contrincante Nelson Altamirano. El réferi los separó y la pelea continuó. Un par de golpes más y los boxeadores se trenzaron en otro abrazo, era David quien amarraba a Nelson para no caer. El réferi apareció de nuevo y dio por terminado el combate por nocaut técnico.

Fue una pelea monótona. “Dentro de lo normal. Aburrida hasta cierto punto, no hubo golpes contundentes. No hubo maltrato en el ring”, asegura Rosendo Álvarez, dos veces campeón de boxeo, promotor y amigo de la familia Acevedo Rivas.

Era su tercera pelea en un lapso de 49 días. Álvarez explica que lo estipulado en el caso de Acevedo era un mínimo de cuatro peleas al año y la frecuencia dependía del número de rounds o el desarrollo de las mismas. “A boxeadores con su peso les resulta difícil expandir su récord en el país. David siempre tuvo dificultad para marcar la categoría. Yo lo aconsejaba, le llamaba la atención. No podés estar bajando de peso el mismo día del pesaje, perjudicás tu salud”, apunta el dos veces campeón.

Según información médica, tenía un hematoma subdural, un coágulo de sangre entre el cráneo y el cerebro. Fue sometido a una cirugía de emergencia que duró cuatro horas. Sobrevivió, pero permaneció en coma y falleció siete días después.

“Que se le reventó una venita (ruptura de un aneurisma), que eso provocó el sangrado y el coágulo. Los médicos nos explicaron que le pudo haber pasado a cualquiera, a él mismo mientras trabajaba, en la calle, en la cama… pero pasó ahí la desgracia. Se me fue mi muchacho”, dice don David Acevedo. Aún llora por “mi Alex” y teme que Yamil, su hijo menor, vuelva a subir al ring.

Según las tarjetas, Acevedo gana el primero y el segundo round, y aunque el séptimo lo pierde porque le bajan un punto, él mantiene la ventaja.En el octavo round, después de intercambiar golpes y amarrarse en dos abrazos de cansancio, se declara nocaut técnico. Mientras Altamirano alza el puño de la victoria, David cae en cámara lenta. Quiere sostenerse de las cuerdas, pero no puede. El réferi trata de ayudarlo y no logra mantenerlo en pie. El médico interviene. Lo acuestan. Empiezan los estímulos para que reaccione.Según Juan Alberto Molinares, presidente de la Conibop, “no fue una pelea violenta, ni de choque frontal. Ninguno llegó en las mejores condiciones físicas, pero eran golpes contundentes, eran más al cuerpo, más que arriba”. “Este es un caso lamentable. Nosotros tenemos reglamentos, revisiones médicas y un examen físico a los boxeadores, pero el ámbito de competencia de nosotros como organización empieza con el pesaje, no antes del pesaje”, aclara.

David Acevedo sigue tendido en la lona

David sigue tendido en la lona. Tiene los ojos abiertos, pero no ve a ningún lugar. El médico le habla, le sostiene la cabeza, le indica que respire. Le dice que ya todo pasó. “Tranquilo David, tranquilo”. No reacciona. Rosendo Álvarez le quita los zapatos y le sube las piernas, para que el flujo de la sangre y oxígeno se normalice. David hace esfuerzos por atrapar el aire con la boca. “David era un muchacho de poder, mucha pegada, buena estatura. Técnicamente tenía movilidad, combinaba bien sus manos, pero recibía muchos golpes, no esquivaba. Fue un guerrero, un valiente, le gustaba dar espectáculo a la gente. Además era muy educado, respetuoso y cariñoso conmigo. David era como un miembro de mi familia”, dice Rosendo Álvarez, excampeón de boxeo y promotor de los hermanos Acevedo.

David Acevedo sigue tendido en la lona. Tiene los ojos abiertos, pero no ve a ningún lugar.

David tiene la mirada perdida.Lo giran despacio al costado derecho. Convulsiona. “¡Se nos va!”, dice Rosendo Álvarez, “llevémoslo (al hospital)”. Sus brazos están rígidos y los ojos siguen clavados en la nada. “¡David!”, le gritó su novia, pero David no parecía escuchar a nadie. Pidieron camilla y lo sacaron del lugar hacia la ambulancia que esperaba afuera. Acevedo no tenía pelea programada esa noche, según la cartelera inicial de Búfalo Boxing Promotion. “Pero él vino a mi casa con su papá y me pidió pelear. Yo lo iba a programar a tres rounds, pero él quiso a ocho. Fue una pelea normal, hasta aburrida, no hubo golpes contundentes. David estaba ganando la pelea”, señala Rosendo Álvarez.

Managua, Nicaragua. Boxeo profesional en el hotel Xolotlan. Manuel Esquiivel/ LA PRENSA.

Cinco minutos tardó la ambulancia del hotel donde fue la velada hacia el hospital Salud Integral, según el informe. Se le suministró oxígeno y se monitorearon los signos vitales. Los exámenes revelaron un coágulo de sangre entre el cráneo y el cerebro y lo intervinieron de emergencia. Pero David no volvió a despertar. Siete días después fue declarado muerto.“Lo que pasó fue un accidente. Muchos quieren culpar al árbitro, al promotor, al papá, al entrenador. No hubo culpables, es absurdo buscar un culpable en algo accidental. Lastimosamente le ocurrió a David”, dice Álvarez, quien asumió los gastos médicos de Acevedo.

David "El Terry" Acevedo

“Yo no culpo a nadie.Dios quiso que fuera así”, dice resignado don David Acevedo Ocón. “Pero también es bueno que los jóvenes boxeadores, los entrenadores, la Comisión analice el trabajo que se está realizando, que haya más mecanismo de control para el deportista. No es culpa de nadie, pero es una desgracia en mi familia. No sé qué decisión tomará mi hijo Yamil, pero para mí sería muy difícil verlo en un ring donde murió su hermano”.

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