La primera Miss Nicaragua

Reportaje - 13.01.2013
Rosa Argentina Lacayo, Miss Nicaragua 1955.

A escondidas se postuló para el título de belleza nacional. Su foto en traje de baño fue escándalo familiar y revuelo social. 57 años después, Rosa Argentina Lacayo, Miss Nicaragua 1955, cuenta su historia

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Un poco de labial rojo y lista para la foto. Tenía un solo traje de baño: el enterizo oscuro ceñido a su figura, que acaba una cuarta abajo de la curva de sus caderas. En un estudio de arte se improvisó la sesión de fotos, pero solo necesitó una toma. “Los Totitos (apodo de familia) se van a enojar cuando te vean muchacha”, le dijo el pintor Rodrigo Peñalba, quien fue su cómplice en aquel episodio, a mediados de 1955.

Al día siguiente un par de monjas del Colegio La Asunción, Managua, tocaban a la puerta de su casa. Ataviadas en aquellos hábitos, llegaron cansadas, sudando, como si llevaran consigo el peso de una gran cruz. Para ellas debía ser así. Tenían un ejemplar del Diario Novedades donde aparecía destacada la fotografía de una joven sonriente, cuerpo curvilíneo y un par de torneadas piernas blancas al desnudo.

“Rosa Argentina Lacayo Rivas, 19 años, candidata a Miss Nicaragua”. Era ella. La señorita egresada de aquella escuela religiosa que había dejado a un lado el recato y mostraba su mejor sonrisa mientras lucía relajada en ropa playera.

“Mi papá y mis tíos estaban furiosos, pero mi mamá solo se hacía la enojada, siempre me apoyó”, recuerda doña Rosa Argentina Lacayo, ahora con 76 años.

Antes que las mujeres espigadas, delgadas o moldeadas en un quirófano se disputaran la corona de la más bella en medio de flashes, jóvenes de abundantes carnes y sinuosa silueta se paseaban con encanto por las primeras pasarelas abriéndose paso entre los estereotipos, el juicio moral y la crítica social.

“El pecado para ellos fue haberme expuesto en traje de baño, era reprobable que una señorita, hija de dominio, hiciera eso. Se usaban trajes de baño, pero no era bien visto exhibirse de esa forma”, reconoce Lacayo. Logró su cometido. En julio de ese año viajó a Long Beach, California, como representante de la belleza nicaragüense en Miss Universo 1955.

Rosa Argentina Lacayo. en la foto oficial como Miss Nicaragua 1955. Certamen de belleza. Miss Universo 1955
Rosa Argentina Lacayo, de 19 años, en la foto oficial como Miss Nicaragua 1955.

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Apuestos y fortachones marines halan o empujan carruajes alegóricos a través de la avenida. Sobre grandes conchas posan y saludan jovencitas embutidas en finos trajes de baño Jantzen de color blanco. Entre las 33 bandas que portan, hay una nueva este año. Por primera vez Nicaragua desfila como candidata al mayor título de belleza en el mundo.

El vapor del mar aumenta el calor en la costa y a pesar del sol la gente ha inundado las calles para vitorear a la que le parezca más guapa. Por eso los guiños, los besos al aire y las sonrisas no se hacen esperar desde las carrozas. Los coqueteos son como brisa para el enloquecido público que se empapa con el glamour de la escena.

Era un despliegue de la belleza femenina de los 50: mujeres de tamaño medio, bustos cónicos moldeados con sostenes, cinturas reducidas a punta de ceñidos trajes y redondas caderas que terminaban en piernas gruesas que iban reduciendo al bajar la mirada hasta que la figura acababa en un par de zapatos de tacón. Y ahí estaba Rosa Argentina Lacayo Rivas, una de esas bellezas cándidas y despampanantes de la época.

“Todas eran hermosas, unas más coquetas que otras, pero definitivamente éramos muchachas con más ganas de divertirnos que de rivalizar en la competencia”, asegura Rosa Argentina.

Llegaron un par de semanas antes del certamen y se internaron en el hotel reservado para ellas. Su madre, doña Bertha Rivas, la seguía a todas las actividades públicas en las que estuviera. Fue su compañera y su admiradora fiel.

De la noche del 22 de julio no recuerda mucho, pero sabe que el Auditorio Municipal de Long Beach estaba repleto. Luego de semanas de paseos, giras, desfiles, fiestas, cócteles, entrevistas y hasta reuniones con las estrellas de cine de la época, para Lacayo lo más importante era seguir disfrutando la experiencia.

“Desfilamos todas juntas con una coreografía en traje casual, luego la pasarela con los trajes Jantzen y el traje típico. El último cambio era el de gala, pero solo desfilaban las 15 finalistas. Luego de eso pasé a acompañar a mi madre a las butacas para ver el concurso entre el público”, recuerda Lacayo.

Fueron dos semanas que marcaron su vida. Su carisma y el dominio del inglés le ayudaron a establecer contactos y relaciones. Después del viaje, su amistad con aquellas muchachas permaneció hasta que el tiempo o la muerte la disipó. Para ella la sueca Hillevi Rombin, ganadora de la corona ese año, era una mujer bella y dulce. Murió en 1996. A la salvadoreña Maribel Arrieta la recuerda como una barbie coqueta. Y de una de sus compañeras cercanas, la argentina Hilda Isabel Sarli, solo sabe lo que vio en los medios; se convirtió en actriz e icono del cine erótico latino.

De regreso en Nicaragua ella era una joven cotizada, tanto por pretendientes como por clubes sociales. Aunque los novios nunca fueron prioridad. “Así como se iban, venían”, reconoce.

Anastasio Somoza García la requería para eventos sociales, inauguraciones y toda actividad en la que calzara. Se convirtió en una suerte de embajadora de obras sociales y así conoció al amor de su vida y padre de sus cuatro hijas, Edgar Luria. Él tenía un alto cargo en la Tabacalera y ella solicitó apoyo para una obra social.

Pero el noviazgo no detuvo su curso: fue reina del Club de Leones en 1956, reina del Club 20-30 en 1957. Por razones organizativas el certamen no se realizó hasta 1960, pero ella solo mantuvo la corona de Miss Nicaragua hasta 1958, año en que se retiró para contraer matrimonio con el mexicano Edgar Luria. Pero incluso en 1965 fue nombrada agregada cultural de la Embajada nicaragüense en Londres.

Rosa Argentina Lacayo. en la foto oficial como Miss Nicaragua 1955. Certamen de belleza. Miss Universo 1955
“Había muchos nicas en las calles apoyando, nunca imaginé que mi presencia resonaría de esa forma”, confiesa Rosa Argentina Lacayo, Miss Nicaragua 1955.

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Siempre le gustó la moda, las competencias y la idea de viajar por el mundo. Aquella mañana que vio el anuncio en el periódico supo que era la oportunidad de su vida. Lo tenía todo: era joven, hermosa, con carisma y mucha actitud. ¿Por qué no intentarlo?

Al salir de aquel estudio se fue a las instalaciones del Diario Novedades y se postuló como candidata. La molestia de su familia y la conmoción de aquellas monjitas no pudo contra la vorágine que se desató con su imagen. Sus amigas la felicitaban por su determinación, la gente que la reconocía en la calle le daba muestras de apoyo y los piropos y enamorados empezaron a florecer a su paso. Pero no todo es color rosa.

“Te puedo decir que es una de las épocas más lindas de mi vida, hice lo que quise y llegué lejos, conocí y aprendí del mundo, de otras culturas, pero también tuve que pasar malos momentos para llegar ahí”, reconoce doña Rosa Argentina.

Era la candidata de Managua, una muchacha de aproximadamente 1.60 metros con unas 120 libras bien distribuidas, una buena parte delicadamente puesta en las caderas y las piernas. Cabello negro y rizado. Ojos cafés y cejas espesas. Un sonrisa que al extenderse en su rostro acentuaba con gracia la redondez de su rostro.

Su rival de belleza era la chinandegana Carol Cabrales, una joven hermosa, con un cuerpo bien proporcionado, rostro angelical y cabello claro.

“Éramos las dos más populares, pero creo que su barra se le salió de las manos. Es triste recordar que tuve que enfrentar chismes, ofensas y groserías… eso fue por mucho tiempo”, resiente Lacayo.

Medio siglo después y las cosas, al menos en ese aspecto, no han cambiado mucho. En los certámenes de belleza nacionales hay rivalidades sanas o desproporcionadas, desde rumores “inofensivos” hasta chismes tóxicos, sabotajes que van desde esconder vestidos hasta armar complot contra peinados y maquillajes.

Por eso, entre otras cosas, doña Rosa Argentina cree que en condiciones actuales a ella no se le habría ocurrido concursar.

“Ahora las competencias son a otro nivel, es una locura la presión a la que se someten estas muchachas. Lo mío fue un deseo de explorar, de hacer nuevas cosas, de aprender. En ese entonces Miss Universo era para las muchachas una forma de proyección, pero también la oportunidad de compartir, de divertirte, de hacer historia en tu juventud. Sin embargo ahora es un asunto de industria, la competencia va más allá de las participantes, por eso se invierte en su preparación… ¡y ni hablar de las cirugías!”

La joven Rosa Argentina solo requería afinar a punta de deportes lo que la naturaleza le había dado. Los gimnasios no eran su templo de belleza, en lugar de eso se ejercitaba en algún campo o una cancha. Siempre trató de alimentarse bien, pero nunca se sometió a una dieta como las de barritas energéticas, enlatados o productos sintéticos de la actualidad.

“Para el Miss Nicaragua todas éramos jóvenes sencillas, te arreglabas un poco para el evento, pero nadie andaba detrás tuyo. Recuerdo que solo el traje de baño con el que posé en la foto oficial de Miss Nicaragua fue del patrocinio de una tienda famosa, pero para el resto de vestuario uno se las tenía que ingeniar”, asegura Lacayo.

Fue su tía Adilia Lacayo, modista, quien se encargó de confeccionar su traje de gala para el certamen en el Teatro González. Un vestido blanco de top, ajustado como para tallar a una sirena, y que terminaba con una cola esponjada a punta de vuelos y aplicaciones. Era un vestido de ensueño, el mismo que usaría para desfilar junto a las 32 candidatas por el cetro de belleza universal.

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Su familia, amigos y conocidos contemporáneos recuerdan aquella noche en la que el Teatro González se vistió de gala. Estaban citados a las siete y el programa era sencillo: la presentación en un desfile en traje casual y la pasarela en traje de noche, con una corta entrevista pública. Nada de trajes de baño.

“El lugar estaba repleto y no solo eso, daba la impresión de desbordarse por los gritos, silbidos y pancartas de la gente. Era una locura”, recuerda su hermana Lucrecia Lacayo, de 70 años.

Su familia no solo la apoyó en el teatro, habían realizado una maratónica campaña para conseguir los votos que aparecían en el diario Novedades a manera de cupones.

Luego de su coronación, como la favorita del jurado y del público, Rosa Argentina regresó a su casa para celebrar en familia con nacatamales y la bulla de una banda musical y los pitos de los camiones de bomberos que uno de sus tíos había convocado frente a su casa en la famosa Calle Candelaria.

Después de eso todo fue un corre corre. Los organizadores del concurso garantizaban su boleto de ida y vuelta, junto a un acompañante, a Long Beach, California, para participar en Miss Universo 1955. Pero en ese momento ella debía ocuparse de lo demás: preparación, vestuario y viáticos.

Todos las tardes iba donde su tía Adilia Lacayo para tallarse ropa, a modelar con un libro en la cabeza y a practicar sencillas poses. Se cortó el cabello para evitar complicaciones con el peinado, perfiló sus tupidas cejas oscuras y se mantuvo activa para no perder la línea.

Al parecer eso fue suficiente para destacar entre las mujeres más bellas de ese entonces. Al final del certamen internacional fue nombrada la dama más elegante de Miss Universo ese año. Llevaba tres maletas repletas de trajes confeccionados por su tía modista y logró regresar con un reconocimiento a su estilo, porte y elegancia.

Es esa estatuilla plateada de la venus desnuda sobre una pequeña base de mármol que aún conserva en su casa de Monterrey, México, país donde reside Rosa Argentina Lacayo desde que se casó y se dedicó al cuido de la familia. “Puedo decirte que fui feliz en cada etapa de mi vida. No añoro la belleza del pasado, pero sí me gusta ver a las muchachas en los desfiles de Miss Universo. Los veo cada año y me siento orgullosa de haber llegado ahí”, comenta.

Rosa Argentina Lacayo, con el traje con el que fue coronada Miss Nicaragua 1955. Rosa Argentina Lacayo. en la foto oficial como Miss Nicaragua 1955. Certamen de belleza. Miss Universo 1955
El traje con el que fue coronada Miss Nicaragua 1955 meses antes, fue el mismo con el que desfiló en la gala de Miss Universo ese año. Una de sus hijas se casó usando este vestido, ella aún lo conserva como un recuerdo preciado de su época de reinado.

Las novias de la belleza, elegancia y clase

Antes de los desfiles, las coronas y reinados, la belleza femenina se premiaba de otra manera. En los años 50 se acostumbraba elegir una novia de cada club social.
En la vieja Managua los clubes de mayor prestigio, y por ende con las novias más distinguidas, eran el Club de Leones, Club 20-30 y Club Terraza.
Sin embargo el certamen más popular de belleza era el de “La novia de los chicos de La Prensa”, organizado por el cuerpo de periodistas que nombraba a una joven hermosa y destacada para acompañarles o representarles en distinguidos eventos sociales.
A nivel nacional la elección de la Musa Dariana y las Canéforas tenía gran importancia y reconocimiento social, aquí tanto la belleza, como el nivel social y cultural eran valorados. Los desfiles de las musas en la vieja Managua eran el evento social de la época.

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