La rebelión de las guitarras

Reportaje - 13.07.2008
El grupo Pancasán

La revolución de 1979 le debe mucho a una lucha sin armas, a la canción política nicaragüense, alma y espíritu de un movimiento que derrocó una dictadura y mantuvo en plena guerra civil la moral de sus fieles seguidores

Luis E. Duarte

Van armados de guitarras y poemas, la mirada triste por la muerte que ronda. Alguien comienza a cantar y los ánimos cambian. “No se me raje mi compa, no se me ponga chusmón que la patria necesita su coraje y su valor…”.

Los jóvenes, mechudos, de pantalones campana y gruesos cinturones a la usanza de la época, se reunían en las gradas de las iglesias para improvisar actos culturales que invitaban a la lucha para cambiar la sociedad y acabar con la dictadura. De las gradas de las iglesias se trasladaron a barrios y mercados, pero se siguieron llamando Grupo Gradas, en recuerdo a sus orígenes. Ahí estaban los hermanos Mejía Godoy, Pancasán, Nueva América, Libertad, Pueblo, Nahuatl, Pacaya, Los Rebeldes de Carazo, Igni Tawanka y el coro Nueva Milpa, que integraban cantautores que hasta hoy sobreviven como Mario Montenegro y Salvador Bustos.

El más conocido de todos era el tipo del acordeón, Carlos Mejía Godoy, un somoteño que había despuntado en los 60 con la composición Alforja Campesina y cuyo primer disco de 1973 Canto a Flor de Pueblo había tenido tanto éxito que desplazó a la música comercial de las radios y mostraba con Navidad en Libertad y El Cristo de Palacagüina, el espíritu crítico de la nueva canción política.

Mejía trabajaba además en Radio Corporación, donde la familia Gadea, también de Las Segovias, le dio asilo cultural con el personaje Corporito que hacía burla de todos, menos de la guerrilla sandinista. Ni el mismo Anastasio Somoza Debayle se resistió al sonido fresco del segoviano y usó María de los Guardias en su campaña reeleccionista de 1974. Su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, relataría años más tarde que celebró su ascenso a mayor con la famosa canción de Mejía Godoy, en Montelimar.

Su hermano Luis Enrique que había iniciado en Costa Rica un grupo rockero, grabó primero en 1970 Hilachas de Sol y venía a Nicaragua para apoyar al Grupo Gradas.

Entonces Rosario Murillo, la actual Primera Dama, era la coordinadora y buena amiga de Carlos, recuerda Wilmor López quien estuvo dentro del grupo, entonces ella trabajaba en La Prensa, el principal medio crítico contra la dictadura.

Carlos Mejía recuerda que apoyaba también al Frente Estudiantil Revolucionario (FER), pero ante la represión del sistema salía de la universidad por veredas, pero no evitó caer preso varias veces, particularmente durante la campaña con el Grupo Gradas “No hay por quién votar” en contra de la reelección de Somoza.

“Rosario Murillo tenía la idea de ir a los barrios con Otto de la Rocha, David McCfield. No me invitó, me metí porque dije que eso era lo mío, caímos presos juntos en Reparto Schick y pasamos toda la noche hasta el amanecer en la cárcel de la Aviación”, asegura Mejía Godoy.

López, en esa época del Grupo Gradas, trabajaba con el cantautor en Radio Corporación, irónicamente la misma que en los 80 se convertiría en blanco de censuras y ataques del Gobierno por su acérrima oposición y crítica al sandinismo.

El investigador cultural afirma que muchos jóvenes músicos de aquella época se convirtieron en cuadros políticos del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) cuando llegaron al poder, pero otros continuaron haciendo música. Entre ellos, una muchacha gordita de Ocotal que al final dejó su carrera de Derecho para cantarle a la revolución: Norma Helena Gadea.

Carlos Mejía Godoy cantando en León.

***

Ella fue una de las voces más conocidas de la revolución, cantó en los campos militares, en los mercados, en presentaciones, inauguraciones de calles y centros de salud en los ochenta. Como no sabía más que cantar, el Ejército y el Ministerio del Interior la hicieron militar de carrera y por tres años vistió uniforme.

Esta mujer sola podía vencer un batallón completo con su voz de ruiseñor. No llegó a comandante, pero la apodaron “Flor de Pino” porque era el tema que la identificaba.

Entró a la música, como muchos, por Carlos Mejía Godoy, durante una visita a la familia Gadea en Ocotal, que eran propietarios de Radio Corporación, donde tenía su programa. Norma Helena se acercó y le preguntó cómo hacer para cantar sus canciones.

El cantautor le sugirió entrar a los Talleres de Sonido Popular y a las Brigadas de Salvación del Canto Nicaragüense y la muchacha segoviana llegó a Managua a estudiar Derecho, pero terminó con la guitarra cantando las canciones de la trova cubana y la Nueva Canción.

Una vez en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), en protesta por el cierre de Radio Corporación, empezó a entonar una canción de la venezolana Soledad Bravo “hermano voy a la guerra, me llevan muy obligado”, cuando la guardia amenazaba el auditorio desplegada sobre el Mocorón.

Mientras cantaba empezaron a disparar. “Esa es una de las veces que más he corrido”, dice esta mujer que nunca ha dejado de tener su peso. Sin embargo, su guitarra siempre llegaba a la casa, antes o después de ella.

“A la revolución me entregué como una novia a su gran amor, estaba ciega por aquel proyecto”, revela esta mujer cuyo domicilio de soltera en Managua fue usado como casa de seguridad. Norma Helena siguió apoyando la revolución después del triunfo; su padre y sus tíos no.

Nunca perteneció al FSLN de manera orgánica, tanto que las tres tendencias la invitaban a cantar y ella reconocía por sus discursos quién era tercerista, proletario o de la guerra popular prolongada. Con el triunfo de 1979, le fue negada la entrada al partido probablemente por las sospechas con su familia en la oposición. “Estuve en todos los comités de base luchando por esa militancia”, pero sólo después de la derrota en 1990 le mandaron en un sobre de papel kraft su carnet, pero la desilusión llegó rápido cuando “cabezas hirviendo que quedaron” tiraron una granada al patio de la casa de su padre. Después, “comprendí que nosotros a lo mejor sólo fuimos usados para amenizar los actos, a pesar que lo hicimos por amor a nuestro pueblo”, dice la cantante.

El cantor de la revolución con los combatientes, previo a un acto en 1979, entre ellos el comandante Carlos Núñez (q.e.p.d.).

***

Dice Carlos Mejía Godoy que la muerte de Fernando Gordillo en 1967 lo dejó marcado, era sólo un intelectual, el régimen no podía tener ninguna oposición, cuando Doris Tijerino cayó nuevamente presa en 1969 y fue violada en la cárcel, compuso y cantó en la UNAN Muchacha del Frente Sandinista, con lo que sus simpatías quedaron evidentes.

Los discos se hacían clandestinos en Nicaragua porque no pasaban de Costa Rica. Había canciones legales y guerrilleras que empezaron a sonar en Radio Habana y se multiplicaban por casetes, llegaron de mano en mano a toda Latinoamérica, como llegaba la música de los grupos sudamericanos de izquierda.

En estos días, Carlos Mejía ha iniciado un litigio legal por el uso de esa música que hacen representantes del partido Frente Sandinista. “Esa música fue inspirada en aquella lucha, no está (…). Ya que no era capaz de meterme a la lucha armada, lo menos que podía hacer era una canción”.

Este año, hace un mes, el cantautor subió al podio frente a la rotonda de Metrocentro para entonar aquella canción que compuso 30 años atrás y que cantó junto a Rosario Murillo. No se raje mi compa, repite esta vez contra sus viejos compañeros de la insurrección y en solidaridad con la ex guerrillera Dora María Téllez, durante su huelga de hambre.

No se me raje mi compa fue compuesta meses antes de tomar la militancia del FSLN. El acordeón y la guitarra eran parte de su apoyo al movimiento,como el transporte de armas y guerrilleros clandestinos, entre otros el comandante Marcos, Eduardo Contreras, el hombre más buscado del régimen, el jefe de la guerrilla urbana.

Al rebobinar el casete de la historia, reconoce que 1974 fue un año duro en el que cayeron combatientes en el campo y la ciudad, un año de tomas de iglesias y la reelección de Somoza.

Un enviado del Gobierno le ofreció 15 mil dólares para que le dejara usar María de los Guardias, a pesar que el cantautor mencionaba ahí a “un hombre arrecho llamado Sandino”, el mismo que el padre del tirano había mandado a matar 40 años antes.

Ahora la historia es distinta con el FSLN: “Ellos se creen con derecho de arrasar con todo, ésa es la piñata musical”. Estas semanas de junio desde los radios y el canal del Gobierno, le ha llovido toda clase de improperios por prohibir que el aprtido toque su música. Así protesta el Movimiento renovador Sandinista (MRS) el partido que llevó a Carlos Mejía Godoy como candidato a la Vicepresidencia en el 2006 ha perdido su legalidad.

Irónico en las últimas campañas electorales el FSLN procuraba no alterar su imagen de paz y reconciliación y prohibieron usar el himno oficial que Carlos les compuso porque en una parte decía “luchamos contra el yankee enemigo de la humanidad”.

—No quiero que mi música se siga utilizando por ningúm partido, para llenar el molino de nadie
sostiene una y otra vez el somoteño.

¿No es contradictorio porque tu música es en gran parte política?

—La situación política apunta a unir todo el sentimiento prodemocrático para detener esto. No voy a permitir que Radio Ya, Canal 4 y Radio Sandino que son los voceros (del FSLN), ni en las tarimas enfloradas de esa gente, utilicen esa música. Ayer te dicen, esta música no sirve, hoy ye dicen, la queremos.

***

“No se me raje mi hermano, no me vuelva a ver pa´trás”. Carlos Mejía Godoy y Los de Palacagüina vuelven a entonar el canto como apoyo a sus compañeros. El FSLN ha perdido las elecciones de 1990. En la Plaza de los Países No Alineados Daniel Ortega dice su discurso más recordado. “Vamos a gobernar abajo”, promete el derrotado comandante que apenas un día antes había reconocido en tono fúnebre que la oposición ganaba las elecciones generales.

Luis Enrique Mejía Godoy, recuerda el distanciamiento paulatino con el partido rojinegro después de la derrota. “Al día siguiente fuimos a darle nuestro respaldo al Frente Sandinista y nos preguntamos ahora qué (…), Resulto que había otro caudillo, ahora uno de izquierda. Yo le dije, chiva no quiero ser chi cheñol (…). Fui viendo que quienes disentían de las propuestas del Frente Sandinista “gobernando desde abajo”, empezaron a decirles traidores, se metieron incluso con la integridad de familias”, replica el autor de varias canciones de la Campaña de Alfabetización.

El creador de obras tan míticas de la revolución como Allá va el General, Eran 30 con él y Al General Sandino, también ha prohibido que canten sus composiciones.

“La gente puede pensar equivocadamente que todas las canciones las hicimos después de los 80 o las hicimos porque éramos militantes o porque eran encargadas. Nunca. Jamás. Son iniciativa nuestra. Por estas canciones fuimos amenazados dentro y fuera de Nicaragua por la Contra”, repite Luis
Enrique.

—¿Por qué la mayoría de músicos no están con el FSLN?

—No sólo músicos, también intelectuales. El FSLN se convirtió en una empresa, en un partido familiar, manejado por Ortega y Murillo.

—Cómo rompe usted con el FSLN –preguntamos a su hermano Carlos.

—Yo no rompo con el sandinismo, nunca voy a dejar de ser sandinista, la imagen de Sandino va más allá. Yo rompo con el Frente Sandinista no en el momento de la derrota electoral, no es porque perdemos, sino, porque perdemos la batalla moral, caímos en los vicios del somocismo y nos convertimos en empresarios y le dimos la espalda a los ideales originales.

—Pero en concreto ¿qué le desilusionó?

—El pillaje, la ratería y la doble moral de sentirte antiplutocracia y ser plutócrata.

Luis Enrique Mejía Godoy amenizando una actividad.

***

A Pablo Martínez Téllez le llaman El Guadalupano porque se crió en el barrio Guadalupe de León.

Se trata de un hombre bajo cuyo acento campechano se nota más por teléfono, tiene 62 años y es uno de los pocos personajes del arte que continúa fiel al partido de Daniel Ortega, del cual fue incluso diputado entre 1996 y 2001.

Este personaje que cantó la Misa Campesina con artistas españoles como Ana Belén, Miguel Bosé y Mocedades, compone ahora las canciones de los candidatos del FSLN.

En los 70 cuando empezó a componer sus primeras canciones, se ganaba la vida en los algodonales y en las canteras de León. También hacía las comparsas de la Gigantona, ganando una docena de concursos.

En 974 conoció a Carlos Mejía Godoy en una gira con los hermanos Duarte que fundaron después el grupo Los de Palacagüina, el Indio Pan de Rosa y Los Bisturices Armónicos.

Los músicos se presentaron en Radio Darío con sus recopilaciones folclóricas. El Guadalupano les cantó algunas de sus composiciones y el cantautor somoteño lo invitó a Radio Corporación para darle una oportunidad a su carrera musical.

Mientras preparaba la Misa Campesina, Mejía le pidió que compusiera algo en su estilo para el disco y El Guadalupano al día siguiente le dijo que tenía El Canto de Meditación listo.

Fue uno de los nicaragüenses que asistió al XXI Festival de la Juventud y los Estudiantes en La Habana, en una época que los pasaportes llevaban escrito “prohibido viajar a los países socialistas”, compartió por varios días escenario con los grupos más famosos de la Nueva Canción y la Nueva Trova, pero lo
echaron preso al regresar, porque aunque venía de Panamá, la noticia recorrió el mundo.

Un tono de reproche sale cuando advierte que nunca le grabaron un disco cuando los Mejía Godoy dirigieron Enigrac, la disquera del Estado, a pesar de eso el autor de El Niquinohomeño sostiene que sigue siendo amigo de los hermanos disidentes.

—¿Por qué se ha quedado con el FSLN?

—Para mí el Frente es mi única opción, no creo en otro partido aunque se fraccione del mismo, yo creo que hemos venido cambiando. Dijeron (los disidentes que Daniel los tenía secuestrados, pero era él quien daba la cara.

—¿Qué partido es el Frente Sandinista?

—Un partido siempre revolucionario, con la visión de ayudarle a la gente más desposeída.

—¿Con un solo líder?

—Tenemos varios líderes, el problema de liderazgo de Daniel el que es el Secretario General, pera democráticamente se pelea, se discute. Yo no soy “chi cheñol”.

Mejía Godoy y los de Palacagüina en sus años mozos.

***

Francisco “Pancho” Cedeño recuerda que en 1975 se unió a los recitales promovidos por el FER en la UNAN. Cantaba en el Grupo Pancasán La Hora Cero tomada de un poema de Ernesto Cardenal y María Rural de la guerrillera Arlen Siu.

Es el único de los cinco que no terminó su carrera de sociología, Pancho se quedó en la música, los otros se dedican a la psicología, ingeniería y derecho.

Pancasán grabó en 1978 su primer disco y naturalmente fue prohibido. Los cinco miembros del grupo se habían conocido en la UNAN y llevaban la influencia de la Nueva Canción Latinoamericana.

Cuando llegó la ofensiva final, los integrantes del grupo dejaron las guitarras y tomaron las armas, incluso la vocalista Marlene Alvarez. Cedeño considera que “la gente estaba clara que a Somoza sólo se podía derrotar con las armas, no había cabida para otra forma de lucha o protesta”.

“En Masaya cantando en un mitín, habían tropas que estaban combatiendo varios días y llegaron a un cuartel a descansar una noche. Yo llegué con una guitarra y en el momento que cantaba la Guardia detectó ese cuartel en una casa en San Jerónimo, tiraron dos morteros y en medio de 80 compañeros, vieras los desastres, salieron doce heridos”, afirma Cedeño.

La UNAN fue un reducto para los músicos, uno de los grupos formados ahí fue Libertad. En los 80 sacó una canción muy conocida Encachímbese. Luis Manuel Guadamuz, llegó al grupo de muchachos que tocaban un solo instrumento, la guitarra. Comenzaron a imitar como la mayoría a Inti Illimani, Atahualpa Yupanqui, Quilapayún y Violeta Parra.

Guadamuz sigue en la música, ahora con Luis Enrique Mejía. Recuerda que tras el triunfo surgieron nuevos grupos patrocinados principalmente por el Ministerio de Cultura y la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura, entre ellos el dúo Guardabarranco.

Libertad tuvo la oportunidad de integrar una brigada cultural del Ejército y cantó a los soldados en todos los frentes de guerra en los 80, hasta que el grupo desapareció en 1987 porque ya nadie quería ir a tocar a las zonas de guerra.

Pancasán también hizo giras patrocinadas por el Ministerio de Cultura hasta que se separaron en 1985, pero no por razones personales ni políticas, sino porque cada banda tiene su época, asegura Cedeño. “Mis mejores amigos son ellos, nos respetamos. Seguimos creyendo en mensajes que cantamos que necesitamos una revolución como un proceso de cambio que apunte a la justicia social”, afirma.

—¿Después de 18 años, cuál es la lectura de esa música?

—Los campesinos siguen sin tierras, el hambre ahí está…

—¿Dejarías que siguieran usando tu música?

—Si lo que dice la canción es diferente a tu práctica, uno sólo es un adorno como las flores en la tarima.

En la UCA, para el 25 aniversario de la Alfabetización, el grupo Pancasán volvió a reunirse para cantar las viejas canciones. Un grupo de profesionales adultos se sorprendió de un auditorio universitario que reventaba, jovencitos que coreaban canciones de un grupo desintegrado antes que ellos nacieran. “Esas canciones tienen parte de nuestra cultura como la marimba y el atabal, porque muchas de las tradiciones nacen de la lucha, como el Güegüense o la Gigantona”, advierte Cedeño.

Sección
Reportaje