La refinería que nunca despertó de su sueño

Reportaje - 13.05.2019
Refineria

Con el grandilocuente nombre de El Supremo Sueño de Bolívar fue inaugurada la construcción de esta megaobra el 20 de julio de 2007.

Ahí estaba Daniel Ortega, que recién había regresado al poder, y el presidente venezolano Hugo Chávez. Eufóricos. Chávez de guayabera roja manga larga, y Ortega de camisa blanca recogida en los brazos. Ambos con el pie sobre la piedra fingen echar cemento.

Ese día las promesas de dinero abundaron. Chávez habló de ganancias previstas de 600 millones de dólares al año una vez que la refinería entrara en funcionamiento. Tres mil empleos. Más de seis mil millones de inversión en las tres fases de construcción. Estaba prevista que comenzara a funcionar cinco o seis años después de ese día, pero “trataremos de hacerlo en cuatro”, dijo Chávez optimista.

El Estado le otorgó concesiones excepcionales para su construcción, dado todos los beneficios que traería. La Asamblea Nacional aprobó la Ley Especial Complejo Industrial El Supremo Sueño de Bolívar, la cual la libera del pago de impuestos y concede exoneraciones tanto en la fase de construcción como en la de operaciones.

Si alguna vez hubo una intención seria de construir una refinería de ese tamaño en Nicaragua, el proyecto comenzó a morir en agosto de 2014 cuando el precio del petróleo empezó a caer por debajo de los 100 dólares el barril. La prevista “refinería más grande de Centroamérica” devino en unos depósitos privados para el almacenamiento de combustibles. Bolívar no despertó de su sueño.

Grandes proyectos que quedaron en el papel

El Gran Canal de Nicaragua

Hidroeléctrica Tumarín

Satélite

Otros proyectos que quedaron colgados de la brocha

Irrigación Cota 100

Ciclovías en Managua

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