La tenebrosa cárcel La 21

Reportaje - 10.07.2011
Museo tradiciones y leyendas Coronel Joaquín de Arrechavala  La Antigua cárcel La 21.

“Se lo llevaron a la 21” era a veces lo último que se sabía de alguna persona de León, cuando en aquella ciudad aumentó la represión de la dinastía somocista. Aunque algunos dicen que tras el triunfo de la revolución las historias sobre el lugar se han exagerado un poco, todavía hay vestigios de las torturas en esa vieja cárcel, donde hasta unos “cazadores de fantasmas” encontraron el año pasado “evidencia paranormal”

Arlen Cerda
Fotos de La Prensa/ Arlen Cerda y Eddy López

En golpeteo lejano interrumpe el silencio con el que uno avanza hacia las celdas de la antigua cárcel La 21, de León. La primera impresión es que se trata de un ruido externo, ¿quizá un vecino tocando tambor? Pero luego uno divisa un equipo de sonido y un par de parlantes tras las rejas de una ventana y se percata que el golpeteo es solo un “efecto” de suspenso, para ambientar el recorrido por el museo de tradiciones y leyendas que ahora ahí funciona.

Sin embargo, basta hurgar en la historia de la cárcel para enterarse de que por el horror vivido entre esas paredes no hace falta ningún tipo de efecto, aunque un grupo de “cazadores de fantasmas” viaje desde Estados Unidos para demostrar la presencia paranormal.

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La tenebrosa 21, le llama el empresario radial y escritor Jesús Miguel Blandón, en su libro Entre Sandino y Fonseca, a la antigua cárcel ubicada en el barrio San Sebastián, de León. Blandón narra antes la muerte del líder universitario Uriel Sotomayor, quien una noche de mayo de 1948 entró ahí arrestado y al día siguiente la Guardia lo sacó muerto y ensangrentado, ante su madre y una multitud concentrada frente a la cárcel.

“Era un lugar de terror”, asegura Blandón. Ser llevado a La 21 era para muchos la antesala de la muerte, casi siempre anónima, porque la Guardia Nacional de muy pocos rendía cuenta.

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El abogado Luis Felipe Pérez recuerda que los reos políticos que fueron a parar a La 21, tras aquella
noche de septiembre de 1956 —cuando un poeta asesinó a Anastasio Somoza García fueron los primeros en sufrir varios de los diferentes tipos de tortura que hoy se muestran en varias pintas de los corredores y celdas de la antigua cárcel. “La suerte de quien caía en la 21 era desconocida. A cómo podía salir, lo podían mandar a El Fortín o hasta El Hormiguero, en Managua”, recuerda Pérez.

Otros, agrega, ni siquiera tenían que estar en la lista negra de la Guardia para correr la peor de las suertes. Como los ladrones a los que el comandante Pedro Nolasco Romero mandaba a traer a la medianoche desde La 21 hasta El Fortín para hacerlos cavar su propia fosa y después fusilarlos.

Fotos de La Prensa / Arlen Cerda y Eddy López
Decenas de visitantes, principalmente jóvenes y niños, llegan a diario a la antigua cárcel la 21, interesados en las tradiciones de león y la historia de este sitio.

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Hoy, de la antigua cárcel solo se conservan la segunda crujía y las celdas, rodeadas por altas paredes de concreto, sobre las que se distinguen un par de garitas de vigilancia.

El frontis del edificio fue destruido en 1979 durante los enfrentamientos entre la Guardia y los combatientes del Frente Sandinista, que también acabaron con la parroquia cercana.

Tras el triunfo de la revolución, en julio de 1979, se realizaron los murales que de manera sencilla muestran escenas de la represión de la Guardia en León y las formas de tortura en la antigua cárcel. Según las pintas, a algunos reos los obligaban a tragarse un botón atado a un hilo, para luego guiñárselo desde el estómago. A otros los hacían tomar agua con sal y los golpeaban hasta que vomitaran.

Otras pintas en los corredores izquierdo y derecho muestran otros tipos de tortura más salvajes.

“Los desnudaban y los colgaban de cabeza de aquel palo de mango, con la mitad del cuerpo dentro de alguna de esas pilas, para que el reo hablara o hiciera lo que la Guardia quería. Si el reo no respondía lo iban bajando más y más dentro de la pila, hasta que el reo hablara para no morir ahogado. O si no también los electrocutaban”, cuenta un profesor de primaria a un grupo de siete niños que lo acompaña en un recorrido por el museo.

—Profesor, ¿y se morían? —interrumpe uno de los niños.

—Claro. Aquí hubo un montón de muertos responde el profesor que luego prefiere “hablar más sobre las tradiciones y leyendas”.

Quizá para evitar pesadillas a los niños que lo escucharon atónitos.

El historiador leonés Manuel Noguera sí habla de las torturas. Y hay una que recuerda más.

Fotos de La Prensa / Arlen Cerda y Eddy López
En el primer patio de lo que queda de la antigua cárcel La 21 se construyeron varios mosaicos con pequeños ladrillos. Los mosaicos del lado derecho muestran imágenes de las leyendas de espanto leonesas. Las del lado izquierdo, las escenas de la represión somocista.

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Santos Bárcenas era madre de tres guerrilleros que la Guardia nunca atrapó. Por eso la encarcelaron a ella. “Se la llevaron a La 21, fue lo último que se escuchó”, dice Noguera.

Muchos leoneses ni siquiera la recuerdan, aunque el mercado municipal que llaman La Estación, oficialmente lleva su nombre, que parece más el de un varón.

“Quizá fue porque la escena era escalofriante que la mayoría prefirió olvidar qué pasó, y pocos recuerdan que el suyo era uno de los cadáveres que la Guardia dejó en La 21”, asegura el historiador. Su cadáver fue encontrado junto al de otros reos, tras la toma del comando y la cárcel La 21, casi un mes antes de que en el resto de Nicaragua triunfara la revolución. La mujer tenía un palo atravesado desde el orificio rectal hasta las entrañas y casi nadie la reconoció porque tenía el rostro desfigurado por viejas palizas. “Es la Santos Barcenas”, gritó uno. Y la noticia se regó por todo León.

Otros cadáveres que encontraron también mostraban indicios de tortura. Según Noguera, algunos hasta habían sido incinerados, por el alto grado de descomposición.

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La antigua cárcel prácticamente estuvo cerrada hasta principios del siglo pasado. Antes abría ocasionalmente para mostrar las pintas de la vieja cárcel, pero fue hasta el 31 de octubre de 2000 que se oficializó como museo, cuando instalaron ahí la exposición particular de muñecos de trapo representativos de las leyendas y tradiciones de León, de Carmen Toruño.

La antigua cárcel fue rebautizada como Museo de Leyendas y Tradiciones Coronel Joaquín Arrechavala, pero conservó las pintas que aún se aprecian por todas las paredes e instaló una sala de exposición fotográfica sobre la historia de la antigua cárcel. Ahora, a diario llegan al lugar visitantes nacionales, la mayoría jóvenes y niños que quieren aprender sobre las tradiciones y leyendas de León. Y también de vez en cuando aparecen grupos de extranjeros en busca de historia, y hasta de fantasmas.

Fotos de La Prensa / Arlen Cerda y Eddy López
Con el museo de leyendas y tradiciones Coronel Joaquín Arrechavala, instalado en la antigua cárcel desde el 2000, las pintas del sitio se mezclan con las figuras de espantos, hechas por doña Carmen Toruño.

¿Presencia paranormal?

En junio del año pasado, un grupo de la serie de televisión Ghost Hunters International viajó a Nicaragua para comprobar la presencia paranormal en la antigua Fortaleza de El Coyotepe, de Masaya, y la antigua cárcel La 21 de León. En el episodio 8 de la Segunda Temporada, los GHI revelaron como única evidencia los supuestos sonidos extraños del lugar y una “luz voladora” que se perdía en los corredores de La 21.

Orígenes de La 21

El historiador Manuel Noguera cree que por recomendaciones de la Constabularia que se instaló en Nicaragua en 927 como antecedente a la Guardia Nacional se decidió construir una nueva cárcel en León, hecha con concreto, paredes altas y garitas de vigilancia.

La cárcel fue construida en la antigua casa del exjefe de Estado, José Guerrero, y fue inaugurada en 92 de donde tomó su nombre.

El abogado Luis Felipe Pérez estima que “La 21 primero era una cárcel común, pero adquirió otro tono con el encarcelamiento de los opositores se tomó relevante con la muerte de Uriel Sotomayor y acabó con ribetes tenebrosos por sus torturas y asesinatos”.

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