La tumba de Sandino

Reportaje - 21.02.2010
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El paradero de los restos del guerrillero es un misterio que incrementa su leyenda. Hasta el día de hoy se busca la tumba del general y nacen nuevas hipótesis sobre el destino de sus huesos

Luis E. Duarte

Fotos de Archivo/Cortesía/Walter Castillo

Era más que un mal presentimiento. Algunos se atrevían incluso a preguntarle al general Augusto C. Sandino sí temía que lo mataran y él respondía que no había razones para hacer eso cuando ya había firmado la paz.

Era la tercera vez que estaba en Managua y se hospedaba como siempre en casa del ministro Sofonías Salvatierra, quien en esa ocasión había despachado a su mujer e hijos a Masatepe. Sandino contaba también con la supuesta protección del presidente Juan Bautista Sacasa, pero en el ambiente la premonición fatal crecía a medida que los diarios de la época divulgaban las tensiones entre el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional y la Guardia Nacional.

Por eso, cuando se escucharon los disparos y el sonido de las ametralladoras, ya en la mente de la ciudad oscura y despertada de súbito por los tiros, todos estaban claros que aquello era el anuncio fúnebre de Sandino.

La gente cerró las puertas de sus casas y a la mañana siguiente nadie quería pronunciar el nombre del general por miedo a la guardia. pero desde entonces las especulaciones florecieron con la censura impuesta.

De todas maneras, los periódicos que apenas circulaban y la única radio de la ciudad, no era fuentes fiables de todo lo que había pasado en la noche y madrugada de aquellos días de febrero, describió el cronista Horacio Ruiz, en un reportaje conmemorativo publicado en 1980.

Sólo las agencias norteamericana la noticia. Un cable de la United Press desde Managua declaraba dos días después de su muerte: “durante el día no se produjo acto alguno que indicara el duelo nacional o popular por la muerte de Sandino, ni se produjo arresto alguno, lo que hace pensar que los asesinos no serían jamás habidos”.

La población sabía que Sandino consideraba a la guardia como un ejército inconstitucional y deseaba que fuera una fuerza castrense comandada por el presidente, pero Anastasio Somoza García tenía grandes ambiciones y contaba con el apoyo de los Estados Unidos.

Según Gregorio Selser, biógrafo de Sandino, Somoza se sintió más amenazado cuando leyó el 21 de febrero de 1934 sobre el nombramiento de Horacio Portocarrero como delegado en los cuatro departamentos de las Segovias, entonces Matagalpa, Jinotega, Estelí y Nueva Segovia, con poderes civiles y militares que le restaban autoridad a la comandancia de la GN establecida tras la salida definitiva de los marines.

Sacasa pensaba que nombrando a un personaje muy cercano a Sandino como delegado, podía brindarle finalmente seguridad al ejército sandinista y afirmar la desmovilización definitiva, pero no previó la reacción de la Guardia que miraba como sus rivales dividían en dos al país y la Guardia.

Somoza mismo fue a reclamarle a Sacasa en el Palacio de Tiscapa y le propuso nombrar incluso a uno de sus hermanos en lugar de Portocarrero, pero inesperadamente fue rechazado, sólo le quedó advertirle que había hecho todo lo posible para evitar las consecuencias de esa decisión y mantendría la paz y la disciplina dentro de la guardia.

Después de esa reunión, Somoza fue a conversar con el jefe de la legación estadounidense Arturo Bliss Lane y la misma noche del 21 de febrero de 1934 citó en su casa a consejo de guerra para responder a la amenaza, explicando que el gobierno de Washington respaldaba y recomendaba la eliminación de Sandino.

Managua era una ciudad que se reponía del terremoto que arrasó el centro en 1931 y era 20 veces más pequeña de lo que es ahora. Había pocos vehículos y estaba rodeada de fincas y huertas. Sandino no necesitó mucho tiempo para encontrarse con un operativo de la Guardia, dejar a su padre y a Salvatierra en la cárcel El Hormiguero y llegar al sitio de su muerte, todo en prácticamente 45 minutos.

Según Selser en el lugar conocido como La Calavera en el Campo Larreynaga, Sandino pidió agua y permiso para orinar a sus ejecutores, pero le negaron el último deseo pensando que podría escapar.

Estrada le dijo:

—No le pida nada a éstos. General, deje que nos maten.

—Mis líderes políticos me embrocaron —pronunció Sandino, con las manos en los bolsillos. Fueron sus últimas palabras.

Entonces los tres se sentaron en un promontorio en aquel campo. Sandino a la derecha, al centro Umanzor y Estrada a la izquierda. Así recibieron la lluvia de balas. Dos de ellas alcanzaron al general, una en el pecho a la derecha y otra en la cabeza que entró por la sien.

En casa de Salvatierra, donde estaban dos lugartenientes, una de sus empleadas narró años después como llegaron los guardias a sacar a los oficiales del ejército sandinista, sólo Santos López logró escapar a punta de ametralladora, pero heridos, mientras el cadáver de Sócrates Sandino era arrastrado por soldados para meterlo en la cajuela de un auto que arrancó con rumbo desconocido, a la fosa donde enterrarían al Estado Mayor del Ejército Defensor y un niño inocente que había sido alcanzado por una bala.

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Walter Castillo Sandino, nieto del general Augusto C. Sandino, busca hasta hoy los restos de su abuelo, en declaraciones al oficialista El 19 afirmó que en los últimos tres años ha recibido unas 80 llamadas con referencias al lugar donde están los restos del guerrillero.

Algunos le han dicho que Sandino está en el centro de Plaza de las Américas en Bello Horizonte, otros sostienen que están en una caja fuerte en las aguas del lago, otros afirman que está en Tiscapa y muchas otras cosas poco creíbles.

Sin embargo, confia en una versión de una fuente cercana a Camilo González Cervantes que asegura que Sandino está en una fosa ubicada entre dos guanacastes del barrio Larreynaga en un predio que era de su propiedad.

Según Castillo, Camilo González Cervantes se trata del único civil que estaba durante el encuentro que tuvieron los militares la noche del 21 de febrero y firmó también la declaración donde respaldaban a Somoza García y procuraban arrestar a Sandino. González llegó a convertirse en un coronel de la guardia y una de las personas de más confianza del dictador.

Las recopilaciones de Selser indican que efectivamente González estaba entre los 16 convocados por Somoza al consejo de guerra en su casa, pero se trata de un “general” de la Guardia.

“Gobiernos amigos” están dispuestos a apoyar la búsqueda, incluso los mismos que encontraron los restos del Che (Ernesto Guevara) en Bolivia vendrían a Nicaragua, afirma Castillo. Sin embargo, el guerrillero cubano-argentino fue enterrado en una finca y encontrado tres décadas después, mientras Sandino tiene 76 años en el silencio bajo una ciudad completa.

Hace 29 años el arqueólogo Jorge Espinoza fue encomendado por la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional para encontrar la tumba de Sandino e intentó en 1981 extraer los restos del general niquinohomeño en un terreno donde hoy es un parqueo de la estación policial Ajax Delgado, para eso el primer gobierno sandinista trajo desde Estados Unidos a Abelardo Cuadra, testigo presencial del entierro.

Carlos Eddy Monterrey, oficial que admitió ser quien ejecutó directamente al general, también estuvo en la búsqueda dentro de la delegación policial, pero después de varios meses de excavaciones y una manzana de tierra excavada sólo encontraron dos osamentas indígenas y huesos animales.

En la actualidad, Espinoza considera que las declaraciones de ambos testigos fueron contradictorias, por eso considera que al costado sur de la delegación Ajax Delgado de la Policía Nacional, donde hay un enorme predio que sirve de terminal de buses y también era parte del Campo de Aviación, podría estar enterrado Augusto C. Sandino, desde febrero de l934 y no en el lugar que excavó en 1981.

A pesar del fracaso de un primer intento, Espinoza cree esta nueva ubicación de los restos de Sandino, su hermano Sócrates, sus colaboradores Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor, así como las del niño.

Un cabo de la GN de apellido Espinoza que había conducido el camión con los cadáveres, declaraba que en 1934 había llevado los cuerpos cerca de un enorme árbol frente a una fábrica de maicena. El arqueólogo Espinoza señala el árbol más viejo y robusto de toda esta área, es un “pelo de gato” cuyas raíces dejaron de crecer hasta donde el pavimento le permitió. Supone que en esta zona pueden estar los restos de Sandino, aunque no hay seguridad que éste sea el árbol, si acaso ese árbol existe.

Fotos de Archivo/ Cortesía/ Walter Castillo
Anastasio Somoza, Sandino y Pedro Zepeda, representante del general extranjero.

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Managua también ha crecido inevitablemente y los terrenos de 1931 y 1972 cambiaron el rostro urbano definitivamente, incluso ya no existía el hospicio Zacarías Guerra, donde se habían alojados los marines cuando mataron a Sandino, pero el sitio en escombros es mencionado por testigos de la época como referencia ubicar sus restos.

Somoza también mandó a construir esos terrenos una piscina, covachas y gasolineras, para cuando la Junta de Gobierno comisionó la búsqueda, el lugar ya no era un predio montoso con pistas de aterrizaje, sino, un lugar con construcciones de todo tipo.

A pesar de eso, Castillo, el nieto del general Sandino, sostiene que los restos están cerca de Ciudad Jardín, un lugar con muchas casas y construcciones, pero “según las fotos que poseemos. . . donde supuestamente fue fusilado mi abuelo, están los dos guanacastes”, pero dónde están los restos está aún baldío.

En 1934 estos lugares estaban en las afueras de Managua. Hay por tanto, medias versiones y muchas contradicciones sobre el lugar exacto del fusilamiento de Sandino y lugartenientes, así como del sitio donde está o estuvo la fosa común.

Por otra parte, Somoza, Sandino y algunos oficiales practicaban la masonería y vivían con códigos secretos que no debían romper, además, la Guardia había firmado un pacto que los comprometía a todos por el asesinato y era como un juramente de silencio.

La Aviación comprende varias manzanas, mientras el Campo Larreynaga es ahora un barrio completo, por otro lado, es un poco extraño que las víctimas no hayan sido enterrados en el mismo lugar donde fueron fusiladas y sobre todo que los cuerpos no hayan terminado en la costa del lago.

Dos versiones explican estas dudas, la primera es que los estadounidenses querían la cabeza de Sandino como prueba de su eliminación, en aquella época no sabían que podían tomar huellas digitales, mucho menos existía idea del ADN, pero esto no está documentado y parece más una leyenda, aunque coincide con la manera de tratar a los caídos de los marines y sandinistas.

En segundo lugar, se afirma que Somoza García quería ver el cadáver y los guardias antes de enterrarlo fueron a mostrarle el cuerpo al Campo de Marte donde asistía a un recital. Después de constatar la muerte lo mejor era enterrarlo en una zona militar cercana, como había en La Aviación, así evitarían que los restos fueran exhumados
clandestinamente.

Selser consideraba que la versión más creíble de los hechos del 21 de febrero de 1934 viene del teniente Aberlardo Cuadra que estuvo tanto en el consejo militar, como en el entierro de Sandino y publicó su testimonio en febrero de 1949 en la revista cubana Bohemia.

En el texto explica que después de fusilar a Sandino, Umanzor y Estrada en La Calavera, en un lugar conocido como Campo Larreynaga, les despojaron de sus cosas. Al general le quitaron el traje, una leontina de oro, un anillo de diamantes y un reloj, luego, todos juntos fueron arrojados a una fosa abierta “casi al frente de la parte de la primera galera que mira al lago... en la parte del hospicio Zacarías que mira al Oriente”.

Un periodista de la época, Gustavo Alemán Bolaños aseguró en cambio que Sandino murió de culatazos y bayonetazos que le propinaron en El Hormiguero y su cadáver fue profanado con tiros en la cabeza y su mandíbula destrozada para robarle el oro de sus calzaduras.

Sostiene además que los cadáveres de los guerrilleros y el niño que murió en el tiroteo de la casa de Salvatierra, estaban hacinados en una fosa donde cabían dos a lo ancho, pero a Sandino se le puso un sobrebotas para reconocerlo.

Carlos Eddy Monterrey que había ejecutado la orden y disparado a Sandino directamente, llevó a los soldados del pelotón de fusilamiento a un camino de Tipitapa y ahí los mató a todos, menos al chofer apodado Papelillo, emparentado con una cocinera de la familia Somoza, asegura Alemán Bolaños.

El periodista concluye su relato con una inquietante afirmación: “Sé que después fueron desenterrados los despojos por Anastasio Somoza hijo y llevados a un lugar desconocido”.

Fotos de Archivo/ Cortesía/ Walter Castillo
Junto al presidente Juan Bautista Sacasa, detrás del presidente el ministro de agricultura Sofonías Salvatierra.

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Según el investigador Roberto Sánchez, la ejecución de Sandino fue donde hoy es el edificio central de Migración y Extranjería, pero lo sepultaron en lo que es hoy la delegación policial Ajax Delgado donde estaban entonces barracas dejadas por las tropas norteamericanas.

Esto se sabe por los testimonios de Davidson Blanco, Policarpo Gutiérrez y otro guardia de apellido Canales, quienes habían enterrado a Sandino.

El teniente Abelardo Cuadra describiría la fosa así: “Era rectangular, de Oriente a Occidente y tan ancha que hay cabida para dos cuerpos uno junto a otro. Sandino está hacia el norte y Sócrates hacia el sur, Estrada y Umanzor al norte y sur, respectivamente... hacinados los cadáveres,...entre los dos edificios del ex hospicio Zacarías, donde había un cuartel. Llegué del centro de la ciudad, y encontré el cuerpo del general Sandino sin una de sus botas de campaña, desfigurado por las balas. Por cierto corté un mechón de su cabello que conservo...”

También el arqueólogo Espinoza conoce que en 1944 cuando la población se manifestó contra la dictadura, muchos clamaban para rescatar los restos del “sombrerudo” y el gobierno prefirió exhumar los restos antes que entregarle evidencias del asesinato.

Dicha acción fue confirmaba por el mismo José R. Somoza en un encuentro que tuvo con Espinoza en Miami, además, dijo que los Somozas conservaron la mandíbula de Sandino.

Espinoza no cree esta versión porque en una fosa común es dificil considerar que las calaveras no se confundieron y debían hacer pruebas para determinar si era un hueso de Sandino y no de sus lugartenientes.

Sánchez en cambio sostiene que esta historia es totalmente cierta, por lo tanto, ya no es posible encontrar los restos de Sandino porque estos fueron incinerados por la dictadura en 1944 y echados a la micropresa de Los Gauchos.

Mientras el historiador Jorge Eduardo Arellano considera que existen al menos cinco versiones a considerar sobre el asesinato de Sandino, también se habla que el cuerpo fue desenterrado tres o cuatro veces, pero es inevitable pensar que los restos se perdieron para siempre.

Resuelto o no el misterio, la muerte del líder guerrillero no cambiará su leyenda, ni siquiera la falta de una tumba. Como explica Sánchez, no era desconocida para la pequeña población de Managua el lugar donde estaban los restos de Sandino después de una década.

Cuando caen dos dictaduras militares en la región, se extienden las manifestaciones contra la familia Somoza y se recuerda el nombre del héroe nacional asesinado por el padre de la dinastía en 1944, Anastasio Somoza Portocarrero ordena a sus hermanos Luis y José R., y a los hermanos Francisco y Horacio Aguirre Baca que exhumen los restos y los desaparezcan.

Por eso, sólo queda parafrasear a Carlos Mejía Godoy y Ernesto Cardenal: No dijeron dónde lo enterraron y por eso su tumba es todo el territorio nacional, ahí en cualquier parte podría estar el general.

"Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán"

Augusto C. Sandino

Fotos de Archivo/ Cortesía/ Walter Castillo

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