Las guerras del eurodiputado Javier Nart

Reportaje - 13.04.2019
Javier-Nart-IMPO

“Yo me jugué la vida por la libertad de Nicaragua”, dijo un eurodiputado. Mostraba su foto herido en el Frente Sur y con ello su decepción con el gobierno del país. Magazine relata la historia de este corresponsal de guerra, fotógrafo y sobreviviente de decenas de combates.

Por Julián Navarrete

La única herida de guerra de Javier Nart la sufrió en Nicaragua. Fue su bautismo de fuego, como político, fotógrafo y periodista, en un ir y venir de más de 20 años entre guerras y guerrillas, alzamientos y aplastamientos, dictadores y revolucionarios, ilusiones y decepciones; irresponsabilidades, suerte o disparates.

La herida fue menor, en la parte posterior de la cabeza, provocada por el impacto de una esquirla de un mortero que apenas le abrió el cuero cabelludo, le raspó el cráneo y le provocó una conmoción leve.

—No sé si usted ha tenido buena o mala suerte —le dijo un doctor estadounidense en un “hospitalito” en territorio costarricense donde atendían a los sandinistas heridos—. Si hubiera tenido la cabeza un centímetro más abajo no le hubiera tocado, y si la hubiera tenido un centímetro más arriba estaría muerto.

Es por esa razón que el pasado mes de enero de 2019, durante una conferencia de prensa de la delegación de eurodiputados que hicieron una visita a Nicaragua a raíz de la crisis política del año pasado, Nart mostró con orgullo una fotografía en blanco y negro en la que aparece herido.

Ahora pertenece al partido político español Ciudadanos.
LAPRENSA/O.Navarrete

“Este soy yo. Yo me jugué la vida por la libertad en Nicaragua, y de eso me siento profundamente orgulloso. Y la libertad no significa que gobierne una bandera rojinegra, que era la mía y que es la mía porque tengo el corazón donde lo tengo, sino que haya espacios verdaderos de libertad. Y la libertad significa la capacidad de asumir que se pierda el poder. Porque el poder no es el fin, es el medio para que el pueblo pueda tener una vida mejor”, dijo Nart, ahora de 71 años de edad, sobre la imagen de junio de 1979, en el Frente Sur Benjamín Zeledón.

Fuera del formalismo político, Javier Nart en dos conversaciones telefónicas con Magazine dijo que fue el único herido de aquel ataque que ejecutó la guardia somocista contra los guerrilleros. “Con lo cual hice un ridículo espantoso”, dice riéndose, porque estuvo apenas unas 10 horas con la guerrilla sandinista.

Sin embargo, en poco tiempo y por la experiencia supo que aquella guerrilla tenía el mismo problema de casi todas: son bravas en combates frontales pero no tienen entrenamiento militar y son vulnerables por los flancos y a los ataques de aviones. Por lo tanto, la defensa antiaérea era fundamental. Eso mismo le dijo a Daniel y Humberto Ortega en aquella ocasión, después de que fue alcanzado por la metralla.

—Hay que bajar los zopilotes (aviones) —le reconoció Daniel Ortega, según el libro de Javier Nart ¡Sálvese quien pueda!, en el que narra sus historias de guerra—. Buscanos ayuda entre las organizaciones que conocés.
Nart en ese entonces era el responsable de Política Internacional para África, Medio Oriente y Mediterráneo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y por lo tanto tenía buenas relaciones para acceder a la petición del futuro presidente y caudillo nicaragüense.

En el horizonte se barajaron tres opciones para pedir ayuda: Argelia, Libia o la Organización para la Liberación de Palestina en el Líbano. Y para esta última fue Javier Nart a su primera operación de armas.

Combate real casa a casa en la guerra civil de N’Djamena, Chad 1980.
LAPRENSA/J.Nart.

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Javier Nart nació en Laredo, de la comunidad autónoma de Cantabria, que limita con el País Vasco, en donde el padre de Nart era notario. Por lo tanto, creció en una familia de la burguesía establecida del municipio del Getxo, Bilbao.

Fue alumno del Opus Dei en el colegio de élite Gaztelueta, donde por entonces creía que “los obreros eran por naturaleza rojos, ateos y antiespañoles”. Pero el cambio ocurrió un día, cuando tenía entre 14 y 15 años de edad, que sus padres recibieron una carta que despertaría para siempre su conciencia política.

Eran tiempos de la dictadura de Francisco Franco, entre el año 1960 y 1961, y la misiva era de una familia de su padre que vivía en una cuenca minera importante. Resulta que en el lugar las fuerzas de represión de Franco les habían cortado el pelo a unas mujeres para humillarlas. El hecho, repugnante en sí mismo, fue agravado por la burla que hizo el ministro de Comunicación: “Si les cortaron el pelo, fue porque ellas le habían querido tomar el pelo (se habían burlado) de los guardias”.

Con este gesto contra las mujeres despertó Nart. “Ahí empezó mi sensibilidad con la defensa de los derechos humanos. Y no era ni siquiera eso, era decencia lo que buscaba”, dice.

Años más tarde, huyendo del Opus Dei, viajó a Barcelona a estudiar Derecho por la mención que había escuchado de la universidad catalana: “El único bar con facultad de España”.

“En dos meses en Barcelona me espabilaron en un abrir y cerrar de ojos. Fui desvirgado de cuerpo placenteramente y, con menos satisfacción pero con más pecado, de espíritu”, cuenta Nart en su libro de memorias.

Al centro Javier Nart, con do guerrilleros realistas bakilis de compras en la ciudad de Saada durante una tregua en Yemen 1976.
LAPRENSA/Cortesía.

En ese corto tiempo formó parte del Sindicato Democrático de la Universidad de Barcelona que se oponía a Franco. Y fue así que el tres de diciembre, justo el día de su santo, obtuvo su primera expulsión de la universidad.

Luego fue parte del Partido Socialista Popular, donde trabajó como secretario de Relaciones Internacionales. Y con la unión de ese partido al PSOE se convirtió en responsable de Política Internacional para África, Medio Oriente y Mediterráneo.

En esa lides se encontraba cuando conoció a Ernesto Cardenal, con su traje de Che Guevara: guerrera militar y boina negra que no se despegaba, quien le contó sobre la tragedia nicaragüense con la represión de la dictadura somocista. Era diciembre de 1977 y desde entonces quedó de acuerdo con Cardenal que ayudaría durante la insurrección final.

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Sobre la mesa del porche de su casa, Edén Pastora tiene un revólver. Camina hacia su estudio y enciende la lámpara con el cañón de la pistola. Se sienta y coloca el arma a la par. De fondo hay murales, fotos, y armas, muchas armas, que adornan un cuarto en el que se cuela una luz de finales de la tarde.

El guerrillero sandinista es una de las personas a quien Javier Nart le dedica su libro. “A todos mis amigos que ganaron su vida, aun perdiéndola”, escribe Nart. “A los que son y a los que fueron”, remata en su dedicatoria.

Esa última sentencia puede hablar de la actual relación que existe entre Pastora y Nart, a quien el guerrillero reconoció como uno de sus amigos. “Me siento dolido por todo lo que ha hablado ahora en contra del gobierno de Daniel Ortega”, dice Pastora.

“Pudo venir a mi casa y yo le pude mostrar todos los proyectos que ha hecho este gobierno”, dice Pastora. “Pero lo que hizo fue creerles a los sandinistas (del partido) que se fueron y que él (Nart) le volaba verga en este libro”, remata, con el libro en la mano.

Ciertamente en el libro, publicado por primera vez en el año 2003, Nart critica fuertemente a los nueve comandantes de la revolución sandinista, devenida en “una oligarquía radicalizada en el integrismo marxista con sus ilustres traseros bien atornillados en las poltronas del poder y sin otro propósito que el de perpetuarse en él vitaliciamente”.

Nart acepta que tuvo diferencias fuertes con muchos dirigentes sandinistas de los 80, incluso con Ernesto Cardenal, a quien fue a ver en su última visita. “Ahora me he encontrado con compañeros con los que tuve discrepancias, pero que vuelven a los postulados de libertad, democracia y respeto a los derechos humanos”, dice Nart.

Sin embargo, cuando se le pregunta sobre el motivo del rompimiento con Edén Pastora, responde: “Fue algo tan sumamente sórdido que prefiero que quede así. Yo nunca me imaginé que podría tener un comportamiento como el que tuvo. Yo lo consideré como un hermano y la decepción fue absoluta. Pero no en el terreno político, en política uno puede tener ideas distintas. Yo prefiero discrepar con una persona decente que estar de acuerdo con sinvergüenza. Por lo tanto, para mí lo importante es poder mirar a los ojos, capacidad que he perdido con este personaje”.

Nart entrevista a Edén Pastora en Río San Juan en 1983, cuando el guerrillero formaba parte de la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE).
LAPRENSA/Cortesía.

Para Pastora “no existe justificación” para romper la relación con Nart, más que la de ser “un jodido falso que se vende”. El comandante lo acusa de vender armas y artículos periodísticos en todos los movimientos armados en los que participó.

“Él (Nart) vino la insurrección a vender armas y a hacer un artículo periodístico, pero no es un combatiente histórico”, dice Pastora.

En el libro Adiós muchachos, de Sergio Ramírez, se presenta a Javier Nart como un “árabe portador de un catálogo de armas”. Sin embargo, Nart aclaró en una carta al escritor y exvicepresidente de Nicaragua las dos misiones de obtención de armas en las que participó en el año de 1979.

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De no ser porque la serie de eventos que se relatarán a continuación no tuvieron un final trágico, es que ahora Javier Nart puede comentarlos con bastante humor. Pero lo cierto es que las anécdotas sobre los envíos de armas demuestran la candidez e inexperiencia que hubo en los guerrilleros sandinistas de entonces para con su anillo de seguridad.

Nart dice que nunca había realizado una operación de remisión de armas, pero sabía que era más que evidente que la “cuestión requería discreción como elemento fundamental”. El Frente Sandinista designó a Herty Lewites como el contacto con quien se entendería para el traspaso de armas.

Con Lewites, entonces encargado del centro de información del Frente Sandinista en San José, crearon un código para informarse sobre los avances de la operación. De manera que con el improvisado protocolo las armas fueron transformadas en piezas de arte. Por ejemplo, el mortero de 60 milímetros era una “estatua”, el de 81 “alfombra”, el de 107 un “tapiz”. Una ametralladora era un “jarrón”, el misil antiaéreo Sam-7 se denominaba “anillo”, el RPG-7 resultaba “collar”, las municiones “ejemplares”, los instructores militares “artesanos”, y el avión que los llevaría “conjunto”. Líbano era “Ernesto”, Panamá “Luis”, Costa Rica “Carlos”, y a los palestinos les llamaban “Julián”. Javier Nart era “Art Export” y el FSLN “Importaciones Orientales”.

El número de télex con el que se comunicaban —no existía el fax ni los correos electrónicos— era 2867 Dinema CR.

—Compañero, vete tranquilo, todo está en orden —recuerda que le dijo Lewites, con un sólido apretón de manos al despedirlo para regresarse a España.

Sin embargo, desde ese mismo regreso, según Nart, los sandinistas lo pusieron en aprietos por primera vez.
Resulta que el boleto de regreso que Nart suponía era de San José-Madrid, en realidad hacía escala en Miami, donde la inteligencia norteamericana seguía muy de cerca a los grupos guerrilleros. Su imagen tampoco le ayudaba: un español con la cabeza vendada por un balazo, las credenciales del Frente Sandinista, la actitud de un “solidario revolucionario”.

Las fuerzas de Goukouni durante la toma de una gendarmería en N’Djamena.
LAPRENSA/J.Nart

Nart no corrió muy lejos, pues de inmediato fue detenido por dos agentes en el aeropuerto de Miami que lo interrogaron durante varios minutos. Y solo fue soltado cuando mostró una credencial de la revista Play Boy donde había colaborado con varios reportajes.

El siguiente despiste de los sandinistas fue que el télex que le dieron era el de la propia oficina sandinista del que surgía y se recibía toda la información de los frentes de combates y declaraciones políticas, y por lo tanto, según Nart, era el más intervenido por los servicios de Inteligencia.

Estas son algunas de las comunicaciones que hubo en las que se cometieron errores:
22 de junio de 1979
Para Importaciones Orientales (Frente Sandinista)
Preciso urgente ratificación del lugar de pago (llegada) del conjunto (avión) y conformidad de Luis (Panamá). Posiblemente fecha de envío el próximo martes.
Firmado Art Export (Javier Nart)

La contestación de Importaciones Orientales (Frente Sandinista) ocurrió el mismo 22 de junio.

Mr Nart- dejaron entrever su nombre después de pocos días de haber sido detenido en Miami. Recordar la necesidad de personal técnico especializado para los anillos (misiles Sam-7). La mercadería (armamento) es muy urgente.
En la contestación no cumplieron llamándole “artesanos” al personal técnico, con lo cual se pudo empezar a levantar sospechas.

De modo que tras varios días de dejar migas, cuando el 10 de julio de 1979 las 30 toneladas de armas salieron de Beirut, era posiblemente el avión más fotografiado y controlado que en ese momento surcaba los cielos. Así que a la primera ocasión se le hizo bajar en Túnez donde la carga fue intervenida y los guerrilleros palestinos regresados a su país, mientras los funcionarios del aeropuerto, con acento norteamericano, preguntaban por Nart.

Nada más cinco días más tarde, el 15 de julio, Nart trataría de buscar armas en Libia, pero solo le ofrecieron pistolas cortas, inútiles para la guerra.

—Una guerra no es una operación de la policía y las 300 pistolas son absolutamente inútiles —envió una misiva Nart a los líderes libios, quienes de inmediato entendieron y se comprometieron a enviar armas de guerra.
Sin embargo, la burocracia de los libios demoró hasta el 17 de julio, cuando se produjo el triunfo del Frente Sandinista y la misión de las armas se canceló.

Un ataque de la guerrilla del FROLINAT a un bastión de Bili en Chad 1978.
LAPRENSA/J.Nart

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— ¿Cuándo se desilusionó de la revolución sandinista?

Casi inmediatamente. Cuando constaté que los nueve comandantes se habían configurado en los propietarios de Nicaragua, y que la militarización de lo que era un movimiento político de libertad era una constante, y que no se producía lo que era evidente que debía producirse que eran las elecciones libres. Cuando progresivamente se convirtió en una mala copia del castrismo, que fue casi inmediatamente, dije: “Yo no me he jugado la vida para que mis amigos se queden en el poder, me la he jugado por la libertad”.

—¿Compararía a Somoza con Ortega?

Cuando un régimen saca matones a la calle, dispara con armas de guerra contra la población civil, genera centenares de muertos y de presos, tortura, cuando la justicia está dominada por el poder ejecutivo, cuando no existen libertades y democracia, yo francamente que aunque se llame sandinismo o somocismo, como lo fuera me da igual. La etiqueta es lo de menos, porque se parecen tanto que me da una profunda repugnancia.

—¿Por qué cree que Nicaragua nunca ha sido libre?

Al decir que nunca ha sido libre, quiero decir que lamentablemente desde la independencia ha tenido un triste transcurso de golpes, dictadores, caudillos, sin hablar de la dinastía somocista y de la esperanza fracturada que representó tener a un sandinismo que se convirtió en una oligarquía. La apariencia de una revolución fue eliminando cualquier discrepancia, y terminó en aquello tan vergonzoso que fue la piñata.

—Después de tantas guerras y estar cerca de la muerte, ¿tiene alguna reflexión?

La guerra es una patología que pensamos que puede dar soluciones. Pero no hay soluciones a través de la guerra. La brutalidad de la guerra no lleva absolutamente a nada. Es decir, cuando se admite como un hecho posible el que tengas que matar al prójimo para alcanzar la razón, eso en sí mismo es una monstruosidad. Existen guerras inevitables. Por ejemplo, contra Somoza era la única manera de alcanzar la libertad. Pero la tragedia de todos los movimientos revolucionarios es que cuando llegan por medio de la fuerza al poder, transforman el poder en el proceso de mantenerlo. Así que no hay atajos a través de la guerra para obtener libertad.

—¿Qué es lo peor de la guerra?

Te digo una cosa, cuando ves lo que es matar y lo que es morir. Mira, la muerte tiene algo terrible que es el estertor del agonizante, el olor de la muerte, de la persona que está muriendo, es algo que no se te quita, y cuando ves una vida que desaparece por la metralla, los disparos, todo eso, es horroroso.

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Foto de Nart a la guerrilla
Chadiana durante un asalto.
LAPRENSA/J.Nart

La primera guerra en la que estuvo Javier Nart fue en el conflicto de Líbano. Fue la primera cobertura como periodista con la naciente revista Interviú de la que formaba parte a los 19 años de edad. En aquella ocasión fue detenido por unos agentes rusos que lo confundieron como un espía de la CIA porque andaba tomando fotos.

Diez años más tarde fue a cubrir la guerra de Chipre, en 1977, y posteriormente la de Nicaragua. Desde ese tiempo se involucró en todo tipo de conflictos: Laos, Chad, Camboya, Birmania, Afganistán, Irán, Irak, Líbano, conflicto palestino, Yemen, Libia, Egipto, Rodesia, Filipinas. En fin, para resumir, en casi todos los combates desde entonces, menos Vietnam.

Solo de algunas acciones se siente orgulloso, como la de haber improvisado el primer chaleco de fotógrafo con una pieza de pescador que compró en México. Nart asegura que la foto en la que aparece herido es la primera de alguien con un chaleco de fotografía especial.

Desde hace algunos años el mar es su refugio. No sabe nadar pero la belleza del océano lo atrapó desde la primera vez que se metió a bucear. En una ocasión fue atacado por un tiburón que lo hizo rebobinar el carrete de su vida: los peligros en los que ha estado, el morterazo que recibió en Nicaragua, las guerras, todas las guerras, pero también el amor a su esposa Isabel, y a sus dos hijos, Gorka y Laia.

Por suerte sobrevivió al ataque del dentudo, hasta que un día, luego de que lo embargó el miedo, el cansancio, el sentido común, o todo a la vez, decidió colgar su cámara y su chaleco de fotógrafo, para hundirse en el océano y emprender desde entonces su pasatiempo: bucear en todos los mares que encuentra, incluso si hay tiburones.

De algo le ha servido su peligrosa empresa, pues ahora tiene claro que los escualos grises de arrecifes, atigrados y toros, son “infinitamente” menos peligrosos que los animales políticos y financieros a los que se vive enfrentando cuando sale del mar.

Junto a Mohamed Moussa Kosso Dazika frente a la legión extranjera francesa.
LAPRENSA/Cortesía.

 Mandela

En 1989 fue contactado por los servicios de Información del ejército sudafricano, quienes a espaldas de su propio gobierno le solicitaron ayuda para la liberación del líder africano, Nelson Mandela, quien desde hacía 20 años se pudría en la cárcel.

El punto de los agentes de servicios secretos era que creían “necesaria una negociación con la mayoría negra para la transformación hacia una sociedad comunal, no racial, igualitaria” a como lo proponía Mandela. “Solamente podemos negociar una salida al bloque actual con el líder negro indiscutible (Mandela). El único capaz de gestionar la negociación y la paz. Y precisamente quien deberá ser el presidente de la futura nación”, le dijeron los agentes.

Desde luego que no todo era transparente, dice Nart. Los militares pretendían ceder, pero también crear mecanismos para que la minoría blanca lograra perpetuarse estratégicamente en el poder económico y político. “Cedían en la forma, pero querían mantener el núcleo duro, la esencia”.

El caso es que los agentes buscaron el apoyo europeo para avalar el proceso. Y es por eso que buscaron al gobierno de Felipe González, presidente de España en aquel entonces.

Nart lo propuso a las altas esferas del gobierno español pero no le creyeron porque pensaban que era una trampa. La anécdota quedó para la historia porque el PSOE dio marcha atrás, pero tan solo un año más tarde liberaron a Mandela y poco después se convirtió en el presidente de la nueva República de Sudáfrica.

Una de las postales que Nart colecciona sobre niños en guerra.
LAPRENSA/J.Nart

Atentado ETA

Javier Nart asegura que en 1983 el Frente Sandinista le solicitó al grupo terrorista ETA el asesinato de Edén Pastora. Dice que el jefe de seguridad de Costa Rica le informó sobre el operativo. Según el plan, los etarras alquilaron ocho casas utilizando nombres falsos.

La policía costarricense capturó a uno de ellos, Gregorio Jiménez Morales, apodado el Pistolas, quien fue el que “cantó” sobre el plan. De esta manera fue que la seguridad tica desmontó el atentado.

El operativo consistía en colocar varios kilos de explosivos en la ladera de una montaña en el trayecto habitual de Pastora, desde su domicilio hacia la frontera nica, mientras otro grupo, algo alejado, se encargaría de rematar.

Nart escribió un reportaje para Interviú contando este episodio y le comunicó la demás información al presidente Felipe González. Sin embargo, el gobierno español siguió teniendo buenas relaciones económicas y políticas con el gobierno sandinista. “Jamás entendí aquella extraña complacencia con quienes ayudaban y acogían y se servían de los liberticidas etarras”.

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Reportaje