Las muertes de Veracruz por un "soplón"

Reportaje - 13.01.2020
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Tres meses antes de caer, la dictadura somocista eliminó a casi todo el Estado Mayor del Frente Occidental del FSLN. Eran seis jóvenes. Un “soplón” habría sido el culpable

Por Eduardo Cruz

La noche del domingo 15 de abril de 1979 fue linda para Idania Fernández, Carlos Manuel Jarquín, Edgard Lang y Róger Deshon Argüello. Estuvieron en una casa del barrio Laborío, en León. Idania tocó la guitarra y cantó. “Fue una noche bellísima”, recordó tiempo después Ana Isabel Morales, quien participó con ellos de ese momento.

Estuvieron en un cuarto con aire acondicionado que tenía doble piso y pasaron toda la noche hablando sobre sus “hijos, amores, experiencias, amarguras, sinsabores, alegrías, esperanzas, compartiendo, cantando canciones revolucionarias”, le contaría después Morales a la comandante Mónica Baltodano.

“Fue como una premonición”, agrega Morales.

Al día siguiente, en el reparto Veracruz de León, cerca de las 4:00 de la tarde, la Guardia Nacional, llevando una tanqueta al frente, rodeó la casa donde estaban los guerrilleros. En el mismo lugar, ante los ojos asustados de la población, la Guardia mató a Edgard Lang, Róger Deshon, Carlos Manuel Jarquín y Óscar Perezcassar. Y a Idania Fernández y Araceli Pérez se las llevaron al camino hacia el fortín donde las violaron y también las mataron.

La Guardia Nacional logró asestar un buen golpe al FSLN matando a la mayoría del Estado Mayor del Frente Occidental en abril de 1979. Para algunos sandinistas, la Guardia tenía buen trabajo de inteligencia pero también ellos cometieron muchos errores al no observar fielmente las medidas de seguridad. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Exceptuando a Perezcassar, todos eran miembros del Estado Mayor del Frente Occidental del FSLN. Guerrilleros reconocidos como de grandes valores. Perezcassar, miembro del Estado Mayor del Frente Interno, estaba ubicado en Managua pero en esa ocasión se había ido a León.

¿Qué pasó? Si había instrucciones de que el Estado Mayor no se reunieran todos a la misma vez. Ahora nadie recuerda si el caso se investigó, a pesar que tres meses después los sandinistas llegaron al poder, pero sí todos están seguros de que hubo un “soplón”. A los que murieron en Veracruz los delató alguien.

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Idania Fernández era de Managua, nació en 1952, pero se crió un tiempo en León para luego regresar a la capital.
Como estudiante, entre los años 1971 y 1972, comenzó a participar en manifestaciones para exigir la liberación de los presos políticos que tenía la dictadura somocista.

En 1974 se casó con David Miranda, un panameño-nicaragüense, con quien tuvo una hija, Claudia. Idania estaba en Panamá cuando se unió al Frente, del que supo después que un grupo de sandinistas se tomó la casa de Chema Castillo.

Idania Fernández carga a Camilo Daniel Ortega Herrera, hijo de Daniel Ortega con Leticia Herrera. Esta última se salvó de morir junto a Fernández. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

De acuerdo con algunas versiones, Idania iba a ser miembro del comando que en 1978 se tomó el Palacio Nacional, pero finalmente eligieron a Dora María Téllez. Según la misma Téllez, Idania formó parte del Frente Sur.

Conocida como “Angelita”, Idania se destacó como morterista y —explica Mónica Baltodano—, en Peñas Blancas sufrió un accidente cuando intentaba usar el mortero con disparos tipo vietnamita. “Ahí casi pierde la mano, por lo que pasó a rehabilitación”, escribió Baltodano.

Araceli Pérez era mexicana. Psicóloga y catedrática universitaria, desde 1975 Araceli se había unido al Comité Mexicano de Solidaridad con Nicaragua pero fue en 1977 cuando la dejaron de ver en su país porque decidió llegar a Nicaragua y unirse al FSLN para luchar contra Somoza. Tenía pensado irse a El Salvador una vez que fuera derrocado Somoza.

Mónica Baltodano escribió que Araceli fue conocida como “Tere”, “Argentina”, “Pilar” y “Martha”. Había nacido en España en 1945.

La mexicana Araceli Pérez Darias. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

Estuvo en Honduras y apoyaba al Frente Norte y fue a inicios de 1978 que se le encarga ir a trabajar en León y Chinandega.

Róger Deshon era “flemático”, recuerda el general en retiro Hugo Torres. “Era de esas personas que vos decís que se les pasea el alma por el cuerpo. Muy tranquilo. Muy buena persona. Conversador. Con muy buen sentido del humor”, dice Torres.

Vilma Núñez de Escorcia, por aquel entonces abogada que defendía a los reos del FSLN, también recuerda a Deshon porque cuando ella se integró al Frente él era su responsable. “Mi casa era su casa de seguridad. Ahí comía. Era retraído, poco comunicativo. Era de dar orientaciones, muy educado, fraterno. Pero era muy parco”, dice Núñez, hoy defensora de derechos humanos.

A Deshon le decían “Rogelio” o “el Chele”. Era de Managua, nacido en 1940 y era antisomocista desde finales de los años cincuenta.

Estuvo en Moscú, donde abandonó los estudios y se integró al FSLN en 1967 y lo entrenaron en Cuba. También formó parte del comando que asaltó la casa de Chema Castillo en 1974. Fue el único que recibió una herida de bala en esa acción.

Antes de su muerte se había unido a los terceristas, una de las tres facciones en que se dividía entonces el Frente Sandinista, y desde septiembre de 1978 estaba asignado a León y Chinandega.

Óscar Pérezcassar, en la misma casa de Francisco Quiñónez, que era donde estaban antes que los matara la Guardia. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

Núñez recuerda que aunque Deshon era el jefe, Óscar Perezcassar fue quien más le ayudó a ella a entender “lo que estaba pasando en ese momento”. “Me hizo partícipe. Me enseñó hasta cómo enfrentar un interrogatorio de la Guardia, si me detenían”, dice Núñez.

Para Hugo Torres, Perezcassar era “muy convencido de la causa (antisomocista)”. “Era enérgico y muy intransigente con los errores y con las faltas. Muy convencido de sus planteamientos. Había que discutir con él para que reconsiderara lo que pensaba. Pero era muy hermanable”, explica Torres.

“Era acucioso y muy crítico. No aceptaba las órdenes sin razones. Por eso siempre tenía choques con algunos jefes”, escribió sobre Perezcassar la comandante Mónica Baltodano.

Perezcassar era de complexión recia y por eso le decían “el Gordo Pin”. De todos los que murieron en esa ocasión, él era el único originario de León, nacido en 1953.

Era un líder estudiantil y fundador del Movimiento Cristiano Revolucionario de León. Participó en los movimientos de finales del 60, toma de colegios, huelgas, tomas de iglesias y se unió al FSLN en 1972, trabajando en los barrios.

Perezcassar fue primero de la tendencia Guerra Popular Prolongada (GPP), pero después se pasó a la Tercerista.

Casi todos los que murieron en Veracruz eran jóvenes de clase media. Edgard Lang Sacasa era quien tenía familia con más recursos. Era de Managua, nacido en 1955 y le decían “Aurelio”.

Edgard Lang Sacasa. FOTO/ ARCHIVO

Lang estudió Agricultura en California y se regresó a Nicaragua para integrarse al Frente. “Queridos papás: En los últimos meses han notado seguramente, en mí, una conducta un tanto extraña; no voy a fiestas, he abandonado la afición a todo hábito negativo, aparezco y desaparezco. Esto se debe queridos papás a que soy revolucionario, miembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional”, le escribió a sus padres.

En noviembre de 1977, cuando bajaba de la montaña enfermo y con una herida en una mano, fue capturado, pero luego liberado cuando el Frente se tomó el Palacio Nacional, en 1978.

Carlos Manuel Jarquín era de Ocotal. Había nacido en 1956 y le decían “Jacinto” o “Chinto”.

De acuerdo con Mónica Baltodano, participó en los movimientos cristianos del norte y luego se metió al FSLN en 1975.

Carlos Manuel Jarquín. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

Trabajó para el Frente Sandinista en Masaya y estuvo en Honduras en las escuelas de entrenamiento militar creadas en 1977, participando en los operativos ofensivos entre los meses de octubre y diciembre como Frente Norte. Pero en 1978 lo mandan al Frente Occidental.

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En abril de 1979, “el Zorro” inicia una insurrección en Estelí, la segunda y a los otros comandos del Frente les orientan hacer algo para poder distraer a la Guardia y quitarle la presión militar que hay sobre esa ciudad.

“Entonces planificamos operaciones insurreccionales en León”, le cuenta Ana Isabel Morales a Mónica Baltodano.
El lunes 16 de abril de 1979, Óscar Perezcassar convoca a una reunión urgente en el reparto Veracruz.

“Comenzamos en el carro a recoger a los compañeros. Andábamos Edgard Lang, Carlos Manuel Jarquín, Idania y yo, dando vueltas, esperando que llegara la hora de la reunión. Idania tenía un gran dolor de cabeza; le dijimos que se quedara pero no quiso. Llegamos a Veracruz, ya está Róger Deshon, está ‘Pin’ Oscar Perezcassar. Después llega Araceli, quien vivía en esa casa que era de Francisco Quiñónez”, relata Ana Isabel Morales, quien luego fue ministra de Gobernación en la actual dictadura Ortega Murillo.

Charrasca y sus compañeros de lucha en León. Según Vilma Núñez, en León se ganó a la Guardia gracias al coraje de esos jóvenes considerados como “lumpens”. FOTO/ CORTESÍA

Otra sobreviviente de lo que pasó en Veracruz, Leticia Herrera, cuenta en su libro “Comandante guerrillera” que ella ya había advertido de que no eran seguras algunas casas de seguridad en León, pero Perezcassar la regañó diciéndole que tenía delirio de persecución.

Ese día, 16 de abril, a Herrera la llamó Edgard Lang para decirle que iba a llegar por ella y aprovecha para pedirle que no se reúnan en esa casa. Pero Lang le responde que será la última reunión que hagan en esa casa.

“Quedamos en que ellos llegarían por mí. Me habían dicho que iban a llegar por mí a las cinco o cinco y media, porque la reunión iba a ser a las seis y yo me quedé esperando porque no llegaron”, relata Herrera.

Lo que cuenta Ana Isabel Morales es que el chofer de Edgard Lang salió a buscar a Leticia Herrera, pero en ese instante llamó otro de los sobrevivientes, Fanor Urroz.

Perezcassar levantó el teléfono y Fanor le dijo que estaba saliendo de su casa para ir a la reunión; pero que acababa de ver pasar un convoy de la Guardia con una tanqueta adelante. Dirigiéndose a todos, Perezcassar dijo: “Fanor avisa que viene la Guardia”.

“Recuerdo clarísimo. Son cosas que no se te olvidan nunca en la vida. Abrimos la cortina de la sala y vimos que, efectivamente, una tanqueta va en dirección a la casa. Un jeep Becat de donde ya se están bajando unos guardias, y vienen pegados a la casa de Quiñónez”, recuerda Morales.

Según le contó Fanor después a Leticia Herrera, con la Guardia primero iba una tanqueta grande y luego otra más pequeña. También iba el Becat, donde iba el jefe de la columna. Por último iba una ambulancia de la Cruz Roja. Y a cada lado, guardias a pie iban en formación.

Fanor Urroz. Fue quien avisó a Deshon que la Guardia iba a donde ellos. Urroz murió un día antes del triunfo de los sandinistas, cuando venía de León hacia Managua y tuvo un combate con los últimos focos de resistencia de la Guardia Nacional. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

De acuerdo con Morales, en el momento de esa reunión, que no estaba planificada, no había una escuadra de apoyo para los que se iban a reunir y ellos tampoco andaban armas.

Morales indica que contiguo a la casa donde ellos estaban, que era de un hombre llamado Julio César Castillo, ahí sí había armas del Frente.

“Pin le dice a Araceli que salgamos para el otro extremo, y que ellos, con Róger Deshon, van a buscar las armas. Salen en dirección a la casa de al lado, y Araceli nos saca a nosotros hacia las otras casas”, recuerda Morales.

En esa época, las casas de León se comunicaban con huecos entre cada casa para no salir por la calle. Los guerrilleros pasaron por una piscina donde estaban unos niños, pero ya la Guardia está haciendo el cerco y comienzan a hacer disparos al aire. “Una cuestión psicológica para sembrar el terror, mientras están terminando el cerco. Nosotros pasamos y detrás de nosotros van todos los niños con las empleadas”, dice Morales.

Afuera, la Guardia los invita a que se rindan bajo promesa de que les van a respetar la vida. Según Leticia Herrera, Perezcassar dio la orden de que se rindieran y que después le explicaron que lo hizo para proteger a las familias.

Los guerrilleros llegaron a la última casa del tope, donde ya no hay salidas, y la Guardia comienza a romper el portón del frente, mientras le decía a la gente que saliera con las manos arriba.

Lo que salva a Morales es que ella agarra a una niña que está gritando histérica. La niña, de los nervios, la agarra y la abraza mientras todos salían a la calle, pero Deshon y Perezcassar se fueron a otra casa. Lang, Jarquín, Idania y Araceli se metieron en un cuarto.

A ese cuarto se mete la Guardia y los saca.

“Yo estoy con los niños, pero para ese entonces las empleadas no usaban lentes, yo atraje su atención, entonces un Guardia me pregunta quién era, y yo contestaba que era empleada. Las compañeras que estaban trabajando de niñeras, todas sabían que nosotros éramos sandinistas. Ellas eran colaboradoras del Frente y una me pregunta calladita mi seudónimo. ‘Julia’, le digo yo, y entonces les decía a los niños: –Es la tía Julia, la tía Julia. Entonces los niños decían: –Mi tía Julia, mi tía Julia. Como la Guardia no estaba convencida de que yo era empleada, entonces ellas decían que era familiar de los dueños de esa casa”, recuerda Morales.

Ana Isabel Morales, a la derecha. La que fue ministra de Gobernación se salvó de morir en Veracruz tras hacerse pasar por niñera. FOTO/ CORTESÍA

La Guardia los tenía a todos arrodillados, incluidos a los niños, y con las manos sobre la cabeza, mientras disparaba. “Era una situación terrible, y en eso llega la dueña de la casa y ve su casa inundada de guardias, a sus hijos arrodillados, amenazados por la Guardia. Mira a cuatro jóvenes que en su vida ha visto, otra que dice ser su familiar, a la que un guardia la tiene agarrada del pelo. A ella la bajan del pelo también y le preguntan que quién soy yo. La señora con la mirada de terror porque en su vida me había visto, cuando va a hablar y decir que no me conoce, se le desgaja la quijada”, rememora Morales.

Para poder colocarle otra vez la quijada a la señora, se armó un alboroto y eso ayudó a que finalmente Morales no fuera agredida por los guardias.

Sus compañeros no corrieron igual suerte.

Cuando se le desgaja la quijada a la señora, Morales todavía ve a sus compañeros vivos. Luego la Guardia se los llevó y al ratito escuchó una balacera. Era que estaban matando a los varones.

A Deshon y a Perezcassar ya los habían matado también.

“A ellos los asesinaron en la piscina de esa casa. Cuando ellos están entrando a la otra casa, ya la Guardia había entrado, porque nosotros encontramos en la piscina, en el jardín, en el césped, los anteojos y la cartera de Pin, varias cosas y documentos de ellos. Nosotros pensábamos que estaban vivos”, recuerda Morales.

De acuerdo con Dora María Téllez, a las mujeres las violaron en el camino al fortín y después las mataron.
A las 12:00 de la medianoche de ese 16 de abril, la Guardia llevó los cuerpos de los seis jóvenes al hospital de León.

Los cadáveres de los guerrilleros sandinistas tenían señas de haber sido torturados. FOTO/ ARCHIVO

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Exactamente tres meses después de la muerte de los seis jóvenes, el sandinismo llegó al poder. No se supo si se hizo una investigación alrededor de sus muertes.

Lo que hay son versiones distintas sobre que fueron denunciados.

De acuerdo con Leticia Herrera, una mujer que vivía cerca de la casa de seguridad le era infiel al marido con el presidente de la Cruz Roja, que era “soplón” de la Guardia.

La comandante guerrillera Leticia Herrera también se salvó de morir en Veracruz, León, porque no la llegaron a traer. En esta imagen, de los años ochenta, aparece con Omar Cabezas en una conferencia de prensa. FOTO/ ARCHIVO

“Ahí (los guardias) tenían una fuente de información fidedigna, fresca, de todos los días, porque ahí estos amantes se veían todas las veces que podían y lógicamente en las intimidades aquel sabía cómo sacarle información a la mujer”, relata Herrera.

Según Herrera, el presidente de la Cruz Roja le dio información a los guardias a cambio de que echaran preso al marido de la mujer y quedarse con ella.

Otra versión, sobre lo que pudo haber pasado, la explica Vilma Núñez de Escorcia.

En esa época, el Frente quiso darle un golpe económico a la dictadura en León, quemando las desmotadoras de algodón, pero quemaron también la de un importante algodonero que era colaborador del Frente.

El algodonero no pudo perdonar lo que le hicieron, sin darse cuenta de que le habían quemado su desmotadora para que el somocismo no sospechara de él, y es quien supuestamente habría informado a la Guardia de la reunión que iba a realizar por última vez en esa casa el Estado Mayor del Frente Occidental del FSLN.

Según Dora María Téllez, hubo sospechas sobre varias personas como las posibles “soplonas”, pero nunca se determinó nada.

Tras el triunfo de los sandinistas, en el barrio San Judas hay un mercado que se llama Óscar Perezcassar. La oficina de Telcor se llamó Carlos Manuel Jarquín. Una plazoleta se llama Róger Deshon. El centro de salud del barrio se llama Edgard Lang.

Todos, los seis, tienen algo con su nombre. Una tanqueta recuperada a la Guardia se llamó “Araceli”.

Esta tanqueta de la Guardia cayó en manos del FSLN y se le puso el nombre de Araceli. FOTO/ ARCHIVO

La hija de Idania

Para integrarse al FSLN, Idania Fernández renunció a sus estudios y a su pequeña hija Claudia, cuando ella solo tenía 3 años de edad.

El escritor Sergio Ramírez conversó con ella y relata que Claudia conserva los casetes que Idania solía enviarle con sus mensajes. Y también le mandaba canciones acompañadas de guitarra, como cuando cantó en su última noche con vida.

Idania cargando a su hija Claudia. FOTO/ CORTESÍA/ DORA MARÍA TÉLLEZ

En la casa de sus abuelos, en Managua, Claudia conserva una foto: la de su madre acribillada en un charco de sangre y que apareció en el diario Novedades, de los Somoza.

Claudia le preguntó a Ramírez cómo era su mamá y él le dijo: “Se parecen. Morenas las dos”.

“Yo te dejo un ejemplo en la vida; nada más”, escribió Idania a su hija en una carta.

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