Las últimas horas

Reportaje - 12.07.2009
Celebración del triunfo de la revolución 1979

El 19 de julio de 1979 corrió a ritmo de vértigo. Fue un día intenso. Los principales protagonistas, de uno y otro lado de la contienda, relatan cómo vivieron esas últimas horas

Fabián Medina

El 19 de julio de 1979 le cambió la vida a mucha gente. Esa madrugada, Ramón Cabrales, “Nacho”, se dirigía a toda prisa hacia Granada para reintegrarse a su tropa guerrillera. A esas alturas, ya se sabía que la guerra estaba ganada. Los soldados de la Guardia Nacional estaban en plan de “sálvese quien pueda” y sólo se presentaban tiroteos esporádicos y raquíticos en algunos lugares del país. Sin embargo, a pesar de esta situación, Managua era tierra de nadie. Nadie controlaba Managua después que las fuerzas guerrilleras abandonaran la capital unos días antes, en el capítulo que se conoció como “el repliegue”. Todos los frentes guerrilleros comenzaron a buscar Managua, como los aliados buscaban Berlín durante la Segunda Guerra Mundial.

“Era una marcha por ver quién llega primero, porque sabemos que la Guardia se está desmoronando, está en desbandada, que viene la gente del Frente Occidental, que viene la gente del Frente Sur”, relata Cabrales.

Lo que no sabía Cabrales es que a esa misma hora en que ellos salían de Granada, tropas del Frente Occidental bajo el mando de Dora María Téllez, “Patricia”, estaban tomando posiciones sobre la carretera a León, más o menos a la altura del barrio llamado entonces Open 3 y que actualmente es Ciudad Sandino. Dora María regresaría a León y al mando de esa tropa quedó Leopoldo Rivas. Ésa sería la primera tropa en entrar al Búnker de Somoza, en la Loma de Tiscapa.

El precipitado regreso de Dora María tuvo que ver con que a esa hora se encontraba en León la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) que se había formado en el extranjero y había llegado el día anterior a la ciudad con el propósito de establecerse como el nuevo poder formal en Nicaragua.

Mientras tanto, del otro lado de la moneda, el general Anastasio Somoza Debayle se encontraba en
altamar, en un lujoso yate rumbo a la Bahamas. Le acompañaban su hijo, Anastasio Somoza Portocarrero, conocido como “El Chigüín”; la amante Dinorah Sampson, y otros colaboradores cercanos.

En Managua, el capitán Justiniano Pérez, segundo al mando de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), la fuerza más entrenada y represiva de la Guardia Nacional, abandonaba las instalaciones del centro rumbo al aeropuerto, con los últimos miembros de su brigada, y algunos heridos.

En el aeropuerto lleno de militares y somocistas que buscaban cómo salir de Nicaragua, esperaría un vuelo procedente de San Salvador, El Salvador, que Somoza Portocarrero le había prometido que llegaría a rescatarlo.

Mientras tanto, el sargento Alberto Gutiérrez, conocido como “Macho Negro”, famoso torturador de los barrios orientales de Managua, permanecía escondido en una casa de familiares en la comunidad Los Altos, de Masaya. Tenía una pierna enyesada como testimonio de las últimas refriegas en las que había participado, y estaba rodeado de un arsenal: cuatro ametralladoras Uzi, ocho fusiles Galil, cuatro Fal, una caja grande de municiones diferentes, quince bandas de ametralladora 50 y dos pistolas.

Al final de ese día todo habría cambiado. El guerrillero Cabrales estaría durmiendo en las instalaciones de la EEBI; Sergio Ramírez en el Hotel Camino Real de Managua, el capitán Pérez se escondería en casa de familiares, y “Macho Negro” estaría muerto.

Magazine/La Prensa/Cortesía/Dora María Téllez
Dora María Téllez, de boina y con camisa a cuadros, dirigiendo la guerra en León. Magazine/La Prensa/Cortesía/Dora María Téllez

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Dos días antes, la madrugada del 17 de julio de 1979, un helicóptero Sikorski aterrizó en la Loma de Tiscapa. Según el testimonio que el piloto Abel Toledo dio años después al periódico La Estrella de Nicaragua, al aparato montó Anastasio Somoza Debayle y seis de sus colaboradores más cercanos, y tomaron rumbo al Aeropuerto Las Mercedes (hoy Augusto C. Sandino) donde los esperaba el avión que los llevaría a Miami. La guerra estaba llegando a su fin.

La salida de Somoza se produjo en medio de cruentas negociaciones que sostenía en Costa Rica el Frente Sandinista, representado por Sergio Ramírez, y Estados Unidos, por el embajador William Bowler. El acuerdo era más o menos así: Somoza renunciaba y entregaba el poder a Francisco Urcuyo Maliaños, presidente del Congreso, quien a su vez entregaría a la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional que se había constituido en el exterior. El traspaso de mando se haría en el mismo aeropuerto, con la presencia del entonces monseñor Miguel Obando. Urcuyo Maliaños entregaría la banda a Obando, y Obando a la Junta. Ahí mismo Urcuyo tomaba un avión que lo llevaría al exilio y la Junta entraba a Managua.

El plan se armó de esta forma porque “los gringos querían que el traspaso de mando se hiciera con formalidad”, explica Sergio Ramírez. Sin embargo, sorpresivamente, Urcuyo Maliaños se niega a entregar el poder y más bien llamó “a las fuerzas irregulares a deponer las armas, no ante nada ni ante nadie, sino ante el Altar de la Patria”.

Todos los planes cambiaron. Los miembros de la Junta de Gobierno decidieron venir rápidamente a Nicaragua a tomar el poder ya sin los formalismos acordados. “(El presidente Rodrigo) Carazo Odio puso dos pequeños aviones Cessna de ocho plazas. No hubo la despedida de jefes de Estado que estaba planeada y salimos al amanecer del 18 (de julio) de San José”, explica Ramírez. En los aviones venían doña Violeta, con su hija Claudia, Jose Bárcenas (entonces esposo de Claudia), Juan Ignacio Gutiérrez, que era el médico de la Junta, René Núñez, el padre Ernest

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