Locos en la tv

Perfil, Reportaje - 29.06.2008
José Ramón Quintanilla y Reynaldo Ruiz

¡Al fin! la fama les llegó. José Quintanilla y Reynaldo Ruiz alcanzaron su sueño: ser famosos.
Pero todo empezó mucho mucho antes. Quintanilla era mesero, Ruiz vendía en las calles, luego se convirtieron en locutores y animadores y de una lluvia de ideas llegó NNN, el programa que los transformó en las nuevas caras de la televisión nicaragüense

Dora Luz Romero Mejía 
Fotos de Carlos Malespín y Diana Nivia

¡Compro-vendo dólares! ¡ Compro-vendo dólares! –grita un cambista en una esquina de Los Robles.

El señor de bigote espeso y sombrero grande es un nicaragüense campesino a quien le acaban de dar un dinero para trabajar como cambista.

De pronto se acercan dos policías.

—A ver amigo, enseñame tu permiso...

El señor esconde el dinero y los policías empiezan a revisarlo.

—¿Por qué estás acalambrado? ¿Por qué escondés los reales? –pregunta uno de los policías mientras le pega con una cachiporra.

—Ahhh. ¿Son falsos verdad? ¿No sos vos el famoso bigote de brocha de la banda de "Los Coyotepe"?

—No. Yo soy Agapito Díaz.

—No hermano. Vas preso. Vas a pasar encerrado seis meses.

—¿Y ahí me van a dar comida? Agapito Díaz tira el machete que lleva en mano, cambia el tono de voz y grita:

—¡Son una verga ustedes! A qué hora me dicen que sí –exclama José Ramón Quintanilla, quien interpreta el papel de Agapito Díaz.

De pronto entra Reynaldo Ruiz, su compañero en el programa NNN.

—Si hombre. Se te va a dar comida, pero ¿para qué hacés esa pregunta? así es como tienen que decirle –les dice a los jóvenes que hacen el papel de policías.

El diálogo se repite una, dos, tres y hasta cuatro veces. Hasta que queda perfecto. La calle atiborrada de admiradores, gente que sonríe con cada palabra que sale de la boca de los actores, personas que comentan si les gusta o no lo que ven.

Aquí no hay grandes escenarios, todo es al natural, sólo se cuenta con una cámara y con los actores. Para esta escena, los guardias de seguridad de la zona le prestaron sus cachiporras a los que hacían de policías. En NNN (Nicaraguan News Network) los actores hacen de todo. Son los creativos, los guionistas, maquillistas, directores...

***

El personaje con el que José Ramón Quintanilla se siente más identificado es Juan Pérez, un muchacho de barrio, un pandillero que habla puro escaliche. "¿Qué nota mi pofazo del almanaque? ¿Qué me diciembre estando en diciembre? ¿Nacaradas conchas del mar? Así me cuadraciclo...". Esa es su manera de hablar. "Me gusta Juan Pérez porque es regazón, por como habla, porque le gusta la música reggaetón y a mí también me gusta", afirma con una risa inocente.

A Quintanilla no se le ha dificultado este personaje, ya que según dice, "soy un tipo de barrio" y la forma de hablar no es nada nuevo. "Es algo que yo manejo y también investigo", confiesa este joven que es conocido en el mundo artístico como J.R.

Creció en el Reparto Schick y actualmente vive en la Villa Miguel Gutiérrez. Es casado, a punto de cumplir 30 años y cuando no tiene a su compañero al lado parece más serio. Habla rápido y sonríe de cuando en cuando.

Aunque resultaría difícil imaginar a Quintanilla escribiendo poesía, lo ha hecho. Publicó un libro titulado Desde el Fondo del Alma, una serie de poemas de amor. "Dentro de poco voy a sacar otro libro", asegura. Para publicar el primero tuvo que dejar empeñado su reloj en la editorial para que éstos le entregaran algunos ejemplares.

Desde muy niño le gustó el humor. Perteneció a un grupo de teatro, participó en decenas de sociodramas y parodias.

Estudió Comunicación Social en la Universidad Centroamericana y no le avergüenza decir que fue de esos universitarios que estudian con varias generaciones. Cuando le tocó trabajar lo hizo de mesero. Quintanilla además es mesero profesional. Laboraba por evento en diversos hoteles de la capital, también lo fue de restaurantes.

Recuerda esa época con una sonrisa en el rostro. "Fui mesero fundador en Campero. Me daban buenas propinas", dice.

—¿Te imaginaste tan famoso?

—Fijate que nunca. Yo sólo decía: Señor ojalá que pegue el programa. Pero nunca me imaginé hacer giras o firmar autógrafos.

—¿Cómo se siente?

—A mí me encanta. Me gusta corresponderle a la gente el cariño que nos tiene, pero hay ciertos momentos en que no me gusta como cuando estoy comiendo, los fines de semana y cuando estoy con mi esposa.

—¿Sos así fuera de cámara?

—En la vida real soy aburrido y antisocial. Es mi esposa la que me hace reír.

—¿Tenés algún proyecto en mente, algún sueño?

—Yo quisiera llegar a la televisión de los Estados Unidos. Me gustaría hacer comedia –contesta con un gesto de inocencia.

Reynaldo Ruiz está por cumplir 30 años, al igual que su compañero de trabajo. Vive en Bolonia y al preguntarle de sus cualidades dice que "no tengo esas cosas". Eso sí. Es "machista, celoso y un tanto pedante". El mismo lo confiesa. En NNN se le sale lo machista con el personaje de Enrique Flores, un tipo vulgar y homofóbico.

Ruiz tiene tres hijos y es casado con Carolina Rodríguez desde hace 14 años. Nació en Managua, pero debido a la situación económica del país, de niño le tocó migrar junto a sus padres y hermanos hacia Costa Rica. Allá trabajó cortando café. Los recuerdos de su niñez –dice–son recuerdos "duros, muy duros". Desde muy niño le tocó salir a vender a las calles pinolillo, cebada y helados. También cargó quintales en el Mercado Oriental para ganarse unos cuantos pesos.

Quizás ésa sea la razón por la que sueña poner un sitio donde personas de escasos recursos puedan llegar a comer y dormir al menos por una noche. Asimismo sueña con un programa televisivo de concursos y beneficios para la gente.

Ruiz estudió "locución, hice la mueca en Mercadeo y me metí en las clases de mi novia".

Siempre le ha gustado el humor aunque "no tengo una definición de las diferentes clases de humor sólo trato de hacer lo que a la gente le va a dar risa. Tengo que hacer un humor simple, acorde a lo que está sucediendo en este país. Un humor muy blanco la gente tampoco se va a reír, a la gente le gusta un tanto la violencia".

Carlos Malespín y Diana Nivia
Debido a los pocos recursos de NNN, el escenario de un capítulo podría ser cualquier calle de la capital.

***

Un día Reynaldo Ruiz, después de haber reflexionado de la vida, de su trabajo y proyectos, se le acercó a José Ramón Quintanilla y muy seriamente le dijo: "Tenemos que hacer algo. Estoy cansado de ganar seis mil pesos".

—En realidad eran 1,500 pesos los que ganábamos –aclara Quintanilla.

De ahí, de ese instante, cuando ambos trabajaban como locutores radiales, empezaron a producir
ideas tras ideas. "Empezamos a escribir ideas y se las presentamos a un loco que era el creativo del
Canal 2", recuerda Ruiz. Se trataba de un programa que parodiara las noticias del acontecer nacional. Una semana antes de que el programa saliera al aire algo falló. Prefieren no contar detalles. Luego Heriberto Levin puso su empresa llamada Erimotion y es precisamente con quien trabajan actualmente.

Quintanilla recuerda haberle pedido a Dios: "Señor. Ojalá que pegue el programa". Dios escuchó sus plegarias.

Hoy como cualquier famoso tienen sus excentricidades. Bromistas hasta el cansancio y hablantines hasta por los codos. Sentados en el piso de una de las oficinas de Erimotion esperan ser entrevistados. Mientras hablan voltean los ojos, sacan la lengua, hacen muecas... Parece que este dúo no se cansa.

—¿Creen que el programa tiene algo de educativo?

Se miran el uno al otro. Dirigen sus ojos hacia el techo como quien está pensando. De pronto interrumpen el corto silencio con unas ruidosas carcajadas.

—Yo una vez le dije a Reynaldo, hermano, ¿qué queremos ser, mártires, héroes o queremos tener riales? –relata Quintanilla.

—Queremos tener riales. Si quisiéramos ser educativo fuera profesor en algún colegio de primaria –contesta Ruiz.

—Si quisiera ser mártir estuviera con la Dora María (Téllez), pero como no queremos eso... –completa la frase Quintanilla.

—¿NNN les da para vivir?

—Hasta ahora que empezamos a ver la luz al final del túnel –afirma Ruiz.

—Nosotros somos locutores y animadores profesionales –explica Quintanilla.

—NNN no da mucha plata, pero sí beneficios. Estuvimos de
gira nacional, fue todo un éxito, a excepción de Somoto que quiero dejar claro que no volveré a Somoto nunca –dice Ruiz entre risas aclarando que es una broma.

Explica que "fue horrible. Yo le decía a J.R. tirales moños de 100 dólares a ver si se ríen".

—¿Les ha dado vergüenza hacer algo en el programa?

—Si me lo pedís sí. Me bloqueás. Yo me puedo desnudar en la calle si querés, pero si me decís: "dale loco desnudate", ahí no –afirma Quintanilla.

—Es que no somos de carreta –aclara su compañero.

—¿Creen que se les ha pasado la mano en alguna ocasión?

—Muchas veces. Una por ejemplo fue la de la Purísima, cuando pusimos a la Rosario como la Virgen –reconoce.

—¿Cuál es el personaje más dificil?

—Para mí el tico, sobre todo en vivo. Porque el personaje siempre fue creado para que lo odien y yo a veces espero que se rían y cuando no lo hacen a mí me duele –explica Ruiz.

—A mí el que me molesta es Flavio Mantelón. No porque sea gay, sino porque grabarlo es un tequio. Tengo que grabarlo de una sola vez porque no hay corte. Interrumpe Ruiz.

—Enrique Flores creó la palabra más famosa de Nicaragua. Todo el mundo dice ¡Si querés! Políticos, familia, niños... ¡Qué bonito se siente eso! –dice en tono burlesco.

—¿Es verdad que casi acaba el programa por falta de patrocinio?

—(Ríen) Sí. Y así estamos todavía. Aunque hubo un momento en el que dijimos "no seguimos más en esto". Ahora la cosa está mejorando –afirma uno de ellos.

—¿Creen que hay NNN para rato?

—Si es por Reynaldo Ruiz hay programa para millón de años, pero como un ciudadano nicaragüense dificil porque no hay pauta.

***

Dice el dicho que el precio de la fama se paga caro. Ruiz y Quintanilla ya lo sienten. Aunque amen su trabajo, aunque les guste entretener al público con sus ocurrencias, hay un momento en el que consideran que los fanáticos se exceden.

En una de las salas de Erimotion, sentados en el piso y siempre sonrientes, se acomodan para recrear una escena que les ocurre con frecuencia.

Quintanilla simula tener un sándwich en la mano y justo en el momento de llevarlo a la boca, ambos gritan:

—¡Mi hijo es fanático tuyo!

Tomate una foto con él por favor. Sueltan una carcajada, chocan las manos... "Lo malo de ser conocido es que ya no se puede ni comer tranquilo", dice Quintanilla. Aprovecha para contar que por las calles se encuentra a personas que desean que les grabe un ringtone en su celular con la retahíla de Juan Pérez que dice: "¿Qué nota mi pofazo del almanaque..." "La gente quiere que uno haga eso personalizado y no se puede", considera.

Desde que son rostros de la televisión sus vecinos no les hablan. "Evito hablarle a la gente. Cuando comencé a agarrar cierta fama entonces la gente dice que me las lanzo y no me saluda. Uno tiene derecho de andar malencarado, también tengo deudas, problemas con el agua, la luz...", explica Ruiz. Quintanilla opina igual, aunque en su barrio, a quienes sí les habla es a "las señoras de las ventas". No
permanece en su casa al punto que cuando va a comprar a la pulpería uno que otro vecino se le acerca a preguntar: "¿Y vos vivís aquí?".

Ambos confiesan que la fama se les ha subido a la cabeza, pero intentan aterrizar a la pista que pertenecen. "La que me mantiene con los pies en la tierra es mi mujer. Ella es la que siempre me dice que me calme", confiesa Quintanilla. Mientras que Ruiz aterriza solo. "A uno le pasa, pero tengo que saber quién soy, de dónde vengo y dónde puedo volver a caer".

La fama de Ruiz ha trascendido a sus dos hijas mayores. "En el colegio no creen que soy su papá. Cuando las voy a traer y a dejar entonces sus compañeras de clases me ven y las que no les hablaban les hablan. Ahora son populares", dice el padre orgulloso de sus tres hijos.

Pero lo más peligroso de la fama, dicen, son las enamoradas. Algunas más osadas que otras quieren abrazarlos, y según ellos, hasta besarlos. "Es peligroso porque a veces yo estoy con mi esposa", dice Ruiz.

—Además no somos fáciles agrega Quintanilla con gesto altivo, pero bromista.

(Ambos sueltan una carcajada).

Carlos Malespín y Diana Nivia
Éstos son algunos de los personajes que aparecen semana a semana en NNN. En el orden, de izquierda a derecha: Agapito Días, Pandiman, Maycoll Frederick Potoy, nazario Arrechavala Custou, Juan Pérez. todos los personajes de NNN son licenciados.

Parodia de la realidad

Según el comunicador social Arturo Wallace, en un país donde la producción humorística está dirigida mayoritariamente a los temas políticos, NNN intenta hacer humor sobre otras temáticas. "Creo que eso lo acerca más a las preocupaciones o intereses de mucha gente", dice el comunicólogo quien dejó claro que así como en ocasiones logran ser divertidos hay otras veces que no.

Wallace considera que aunque a veces NNN "puede resultar ofensivo y vulgar, sería injusto afirmar que ése es siempre el caso". Dice que no se puede perder de vista que NNN es una parodia de los medios nacionales, por lo tanto, "muchas de las cosas que pueden resultar chocantes de NNN son en el fondo características propias de nuestros medios y personajes mediáticos, o de nuestra sociedad en su conjunto sólo que magnificadas por el lente del humor".

Para Wallace criticar a NNN "por la vulgaridad, por lo grotesco de algunos de sus sketchs sin darse cuenta que de eso ya están llenas las pantallas de nuestros televisores, las transmisiones de radio, incluso las páginas de periódicos me parece algo miope, o hipócrita".

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