Locos por los Volkswagen escarabajos

Reportaje - 28.08.2005
Club de Escarabajos

Sesenta nicas forman un club de dueños de escarabajos se facilitan repuestos, viajan al exterior y los bautizan como se fuesen sus hijos. Sus carros son un miembro más de su familia, por el que algunos incluso han arriesgado la vida

Octavio Enríquez
Fotos de Moisés Matute

Scooby Doo no es el perro miedoso de la producción de Hanna-Barbera. Es sólo el nombre de un carro. Claro, no el de cualquiera, sino el de un escarabajo recortado, con calcomanías pegadas en los costados de su carrocería, en la que se ve la imagen del perro café con manchas negras que ha divertido a generaciones de niños. El dueño es Ramón Avilés Ramírez, uno de los miembros del Club de Escarabajos de Nicaragua, un círculo de fanáticos que por ahora forman unas 60 personas que se declaran locos por este tipo de automóvil, creado por Ferdinand Porsche en 1934, a pedido del entonces canciller alemán Adolfo Hitler.

Como todo Volkswagen tiene su historia, también tienen la suya en Nicaragua "El Venado", "Kent", "Chalana", "Junior", "El Aceitoso", "Caballo Blanco", "Bone", "Stronger" y "Andrea", algunos de los carros del club bautizados por sus dueños. Otros prefieren al cine para escoger el nombre. El presidente del grupo, Salomón Serrato, un funcionario del área militar de la Embajada de Estados Unidos en Managua, nombró al suyo "Herbie", en honor al famoso coche número 53 de la película El cupido motorizado, un carro bocón e inteligente en las películas de Disney que alimentó la fantasía de una generación de nicaragüenses y que nuevamente ha vuelto a la pantalla con la exhibición de su segunda parte: Herbie a toda marcha, el regreso del cupido motorizado.

Se trata de una película más del santoral de los fanáticos de los Volkswagen. El carro ha sido protagonista en por lo menos cinco cintas desde que en 1968 se estrenó Ahí va ese bólido. Curiosamente, Disney hizo entonces un casting para seleccionar el vehículo que usarían en la película y se llevaron una sorpresa cuando los empleados de la compañía pateaban las llantas de todos los carros, a excepción de uno. Con los Volkswagen ocurría algo extraño. La gente les sonreía y hasta hablaba con ellos. "Siempre que está parqueado —asegura Serrato 37 años después— la gente en Managua se te acerca para preguntarte por él. Es un clásico que llama la atención de los niños".

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Pero en este club, además de la magia del carro, también hay solidaridad. Varios de ellos rifan repuestos entre otros que no pueden comprarlos. También van a los entierros de los que fallecen y participan de exhibiciones en otros países.

Disney hizo un casting para seleccionar el vehículo de la película y se llevaron una sorpresa cuando los empleados de la compañía pateaban las llantas de todos los carros, a excepción de uno: el Volkswagen

Tienen una galería de fotos, por ejemplo, en Costa Rica. Hace poco hubo competencias de cuarto de milla y no salieron mal parados. En Managua de vez en cuando atoran el tráfico un poco —con la mirada cómplice de los otros o la ira de los apresurados— mientras hacen maniobras como circular varias veces en una rotonda seguido un carro de otro, porque entre ellos mismos han nombrado carros guías que bloquean la circulación y logran la fila de "vochos", como llaman en otras partes a estos carros que sin embargo tienen toda una historia en Nicaragua.

Club de Escarabajos
Parte del club de aficionados a los escarabajos nicas. Al centro, de camiseta blanca sin cuello, Salomón Serrato y Kenneth Herrera Briones de camisa blanca a cuadros.

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Carlos Galo ingresó a Caribe Motors en 1965. Acababa de estudiar mecánica en un centro vocacional y llegó por un trabajo que todavía conserva. "Tener un escarabajo en esa época era una cosa grandiosa. Sólo la gente con dinero tenía uno. Lo ocupaban para ciudad, las fincas, en fin en todo. Era como tener ahora un Mercedes Benz".

En la búsqueda del carro soñado llegaban a la Caribe Motors compradores tan asiduos como uno de apellido Chamorro que lograba pagar cada año el que iba saliendo antes del terremoto. Lo atraía el hecho que los escarabajos tenían famas de rudos. Probada hasta en caravanas presidenciales como una que recuerda Galo en que Somoza viajó a la Costa Caribe por tierra tras el sacudión de 1972. Los que viajaron dieron lástima en el camino, a excepción de "una mujer que manejaba un escarabajo y llegó sin dificultades pasando por ese camino deteriorado".

Como todo también tiene su fin, a los escarabajos dejaron de venderlos en Nicaragua, a medida que se acabó la producción en el exterior. "De hecho, la gente aquí no dejó de comprarlos nunca. Más bien lo dejaron de traer cuando la fábrica cerró. Yo me acuerdo que reabrieron la factoría en Brasil y los trajeron de allá", sostiene Galo.

Se apareció fachento en Estelí con su escarabajo. La joven se emocionó. Felicitó al galán y desde entonces supo con seguridad que aquél muchacho se había subido también en el barco de una pasión

¿Cómo andaba el ánimo en ese entonces con los Volkswagen? Galo dice que para ser sincero ve más entusiasmada a la generación actual, que reconstruye los vehículos, los recorta o los pinta conforme a su gusto, una característica de muchos de los miembros del solemne Club de Escarabajos de Nicaragua, entre quienes se cuenta a su secretario: un joven de 23 años, empleado de la telefónica Enitel, a quien nadie relacionaría con un "vocho". Kenneth Herrera Briones es en ese sentido un apasionado discreto.

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La pasión por el Volkswagen, sin embargo, Kenneth la heredó de su padre. El economista Agenor Herrera compró el carro blanco hueso durante 1974, cuando acababa de salir de la universidad y ni siquiera podía conducirlo, lo que lo obligó a pedirle a los funcionarios de la Caribe Motors que se lo llevaron a su casa.

El requería un carro que pudiera sostener a un estudiante recién egresado de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y sobre todo que lo movilizara por una ciudad que tras el terremoto estaba destruida y sus habitantes dispersos en la periferia. Muchos también habían perdido sus carros.

"Entonces salió la película de Cupido motorizado y a mí se me ocurrió que podríamos comprar un Volkswagen (o "carro del pueblo" traducido literalmente del alemán al español) porque era económico. Hacía 55 kilómetros por galón", cuenta Agenor, 31 años después en una marcada diferencia con quienes lo compraban por lujo.

Con su Volkswagen igual se afianzó su historia de amor. Cada vez que podía, más ahora que tenía un vehículo, viajaba a Estelí para visitar a la mujer que tiempo después se convertiría en la madre de Kenneth.

Un día de ésos, cuando ya por lo menos timoneaba mejor, se apareció fachento en Estelí con su escarabajo. La joven se emocionó. Felicitó al galán y desde entonces supo con seguridad que aquel muchacho pequeño de estatura y moreno se había subido también en el barco de una pasión. Fue así que los escarabajos se convirtieron en cómplices de sus aventuras. Una vez, la familia recién formada pasó el río Coco sin que le entrara una gota de agua en unas vacaciones tras el nacimiento de uno de sus hijos.

Agenor también arriesgó en otro momento hasta la vida. En plena insurrección sandinista, cuando ocupaban los carros como barricadas, el economista botó una pared de madera en su casa de Villa Don Bosco. Metió apresurado al Volkswagen y luego clavó en cinco minutos la madera para salvar su coche. Hoy, muchos años después, no se le ve un ápice de arrepentimiento: tiene la escritura de compra del vehículo y en su casa hay llaveros de Volkswagen y relojes de mesa con forma de escarabajo.

—¿Qué tanto quiere a su carro?

—Es un miembro de la familia.

Fue mi primer hijo. Si un escarabajo se vende es por una gran necesidad. Estos son carros con personalidad. Tan es así que yo dije que cuando se dañara y no sirviera, lo iba a poner de macetera en el jardín.

Venidos los años noventa, consiguió un empleo en el Gobierno y le asignaron un vehículo. Ése fue el primer paso para que Kenneth se empezara a fijar en el carro y, aunque no lo aceptó en un principio, luego se apasionó como el que más. Ahora es el secretario del club y diseña la página web. La tarde del 13 de agosto fue soleada. Doce escarabajos se aparcaron en una gasolinera cerca de Metrocentro. La gente comentaba, extrañada por tantos vehículos del mismo tipo.

En plena insurrección sandinista, cuando ocupaban los carros como barricadas, el economista botó una pared de madera en su casa y metió apresurado al Volkswagen  y luego clavó en cinco minutos la madera para salvar su coche

Kenneth sin embargo lucía feliz como esos vaqueros del lejano oeste con pistola al cinto sobre su caballo. El sonaba el pito de "Kent", el original de este tipo de carros conocidos como correcaminos que hace un sonido escabroso en comparación con el pip-pip del animal perseguido por el coyote. El carro pasa bajo el puente de desnivel que comunica la Carretera Masaya con el Hospital Militar Alejandro Dávila Bolaños. Lo siguen 11 carros más que se ubican estratégicamente para que el resto no los obstaculice. La hermandad se protege.Club de Escarabajos

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La historia de los carros del club es la de cada uno de sus miembros. Salomón Serrato, el presidente del club, compró a "Herbie" en un dólar hace ocho años. Entonces un miembro de la misión de Estados Unidos en Nicaragua, a quien acompañaba, circulaba en la cercanía de los semáforos de la Robelo y vio en un autolote el carro azul marino.

Desde que lo vio quiso comprarlo. El dueño dijo, sin embargo, que no lo tenía en venta. Era un valioso recuerdo familiar del que sólo fue posible "despegarlo" tras una cuota de perseverancia de parte de los interesados, además de una evidente necesidad económica. Salomón y el estadounidense hicieron ocho intentos en tres meses. Al final lo compraron en 1,500 dólares.

Tiempo después cuando el norteamericano se iba, le preguntó varias veces a Salomón si quería quedarse con "Herbie". Lo adquirió hasta el último momento. Después que el extranjero le obsequió varias cosas, entre ellas un horno microondas y una plancha, volvió con lo del carro y la respuesta fue de nuevo la misma: No. "¿Tienes un dólar entonces?", preguntó. Salomón le extendió el billete, mientras el otro le ofrecía las llaves.

Desde entonces tiene este carro. En un principio se lo prestaba a varios de sus compañeros en la Embajada para que lo utilizaran como repuesto cuando sus coches se dañaban. El valor del carro lo descubriría cuando su otro vehículo sufrió una avería. Obligado a usar a "Herbie" debió viajar a El Viejo, Chinandega, pero esta vez ya no gastó los habituales 700 ó 800 córdobas en combustible, sino que sólo fueron 110. Herbie resultó un prodigio.

Esa sensación también la experimentaron Waldo García y su papá Rafael con su carro: "El Bone". Los García encontraron tirado el vehículo en un taller, convertido literalmente en una basura. Con paciencia —dos años de trabajo— y 40 mil córdobas de inversión lograron recuperarlo. Lo pintaron de verde y amarillo como la bandera de Brasil, porque es un modelo de ese país. El carro está muy bien arreglado. Tiene instalado un DVD para escuchar música y los vidrios suben por un sistema eléctrico, como los carros modernos. Así andan varios de los carros del club. La pasión los ha movido a cambiarlos, aunque reconocen que la mayoría son de trabajo o de aventura. Para Carlos Galo precisamente hablar de los escarabajos es pensar en el día cuando se perdió en las montañas de La Dalia, Matagalpa. De ese modo fue a parar a Jinotega y nunca sufrió un rasguño.

La otra característica de los dueños de estos carros es que parecen unos cruzados por estos vehículos, adecuándose a los nuevos tiempos. "Yo creo que si viniera de nuevo el escarabajo invadiría el mercado. Tendría un éxito. Le quitaría el primer lugar a otras marcas (...) Yo creo que lo van a volver a sacar al mercado porque es un vehículo con motor pequeño, económico, rentable. Sería una alternativa perfecta para la gente del tercer mundo, tomando en cuenta el alza del combustible".

Una cronología "volks"
FUENTE:WWW.VOLKSWAGEN.CL

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