Los apóstoles de la guerrilla

Reportaje - 12.07.2009
Los apóstoles de la guerrilla

Un 18 de octubre de 1977 doce prestigiosos empresarios, religiosos y académicos se olvidaron de la comodidad de sus vidas estampando sus firmas en una declaración contra el dictador.
¿Por qué?

Luis E. Duarte

En una capilla de los barrios orientales un sacerdote llegaba a una cita inusual. No era su parroquia y tendría unos treinta años cuando se fue a confesar. Lo esperaba el líder de la guerrilla urbana, un hombre cuya estatura sólo podía dejar de notar otro larguirucho como él.

Managua había caído como un castillo de naipes. De las cenizas del trauma, los capitalinos trataban de volver a la normalidad, pero nada sería igual. Sólo Somoza seguía ahí, inamovible y terco.

Fernando Cardenal, el jesuita filósofo, se sentó junto al comandante Marcos, Eduardo Contreras, en una banca de esa iglesia vacía donde había acudido discretamente porque la identidad del clandestino era un tesoro, era su vida.

Ese día de 1973 cuya fecha ya no recuerda, el cura le daba rostro a aquel guerrillero que hasta ese momento era un fantasma en aquella Managua, un espectro en vida entre muertos enterrados bajo los negocios de la Roosevelt y ladrillos de casas desplomadas.

Marcos se había integrado mucho antes al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y le pidió al sacerdote hacer lo mismo. Cardenal pensó que lo estaba reclutando para combatir.

Una película de los Evangelios pasó en su mente, un hombre herido por los ladrones pide ayuda tendido en el camino. El sacerdote y el levita pasando de lejos sin tocarlo y finalmente el buen samaritano, tomando su brazo y llevándolo a salvo cumple la misión cristiana.

Un Cristo colgado vigilaba su decisión, el silencio de la capilla se parecía al susurro divino y las palabras de Marcos tenían un eco en su mente. ¿Las palabras de aquel guerrillero no eran acaso el llamado de Dios? El mismo Papa Juan XXIII había dicho que la Iglesia debía abrirse a los problemas sociales y dio la pauta a la opción por los pobres que comenzaron a predicar en Latinoamérica cientos de sacerdotes como él.

Cardenal dijo "cuente conmigo", aunque se sentía poco competente para la lucha armada. Marcos le pidió que no se preocupara, había muchachos de 18 años capaces de combatir, pero el cura, maestro de generaciones y miembro de un clan arraigado en la aristocracia criolla, debía moverse en otras aguas de la turbulenta corriente de la guerra.

El comandante Marcos le explicó su visión y el sacerdote escuchó atento la comisión de aquel movimiento y le dio su nombre clave: Justo. Sí, de eso se trataba, de justicia, repite el sacerdote cuando lo recuerda.

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Una comisión del Grupo de Los Doce es recibida por Luis Herrera Campins, Presidente venezolano desde marzo de 1979. Magazine/La Prensa/Cortesía

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Carlos Fonseca Amador pocos meses antes de su muerte acudió a la casa de Ernesto Castillo para escuchar a los hermanos Ernesto y Fernando Cardenal que abogaban por la reintegración de los expulsados del FSLN: Jaime Wheelock, Luis Carrión y Roberto Huembes.

Los sandinistas se habían dividido primero en 1976 en dos tendencias, aquéllos con una estrategia maoista conocida como la Guerra Popular Prolongada (GPP) y los Proletarios que pensaban movilizar a los sindicatos.

Los hermanos Daniel y Humberto Ortega, junto al mexicano Víctor Tirado, formaron luego una tercera vía llamada Insurreccional, rebautizada luego como "Tercerista".

En una conversación que se prolongó toda la noche, Fonseca aprovechó para hacer la misma propuesta de Contreras a los hermanos sacerdotes, proponiendo a Ernesto Cardenal como posible presidente de un Gobierno Provisional, lo cual fue rechazado de inmediato por el sacerdote trapense.

"Nosotros solos no podemos sacar a Somoza, necesitamos alianzas a nivel nacional, de sectores, partidos y, a nivel internacional, un gobierno o partido que apoye, para esto necesitamos un grupo de personalidades que despierten confianza", les dijo el fundador del FSLN, según recuerda Fernando Cardenal.

En otra reunión clandestina con Daniel Ortega en un rancho al norte de Masaya volvió a surgir la propuesta y Fernando Cardenal pensó en Emilio Baltodano Pallais, dueño de Café Soluble.

"Era un hombre cristiano muy respetado que hacía ejercicios espirituales en el Centro América", en compañía del padre Amando López, asesinado en la UCA de El Salvador en los años ochenta.

Baltodano llegó a visitarlo en esos días y aprovechó para decirle: "Quiero que participés en un grupo que va a ser del Frente Sandinista pero en secreto, (seremos) como personas interesadas en un cambio, para sacar a Somoza y que haya una sociedad democrática, sin dictadura ni Guardia Nacional".

La gente de los sectores medios miraba con desconfianza que el FSLN asaltara bancos para mantenerse, aunque muchos jóvenes de clase alta habían iniciado sus primeros pasos en la guerrilla con los movimientos cristianos de base, bastante radicales entonces.

Algunos incluso se fueron a vivir a los barrios, por ejemplo, Luis Carrión y Joaquín Cuadra Lacayo, expresa el escritor Sergio Ramírez.

Un sector sandinista sabía que no podían ganar sin alianzas y debían demostrar que había un frente nacional contra la dictadura, pero aquella unidad a lo interno de la guerrilla quedaría rota por la división en tres fracciones en 1976, sumada a las muertes de Carlos Fonseca Amador y Eduardo Contreras en noviembre.

Contreras envió a su hermano Ramiro antes de su muerte para pedirle a Ramírez que organizara desde Costa Rica un gobierno provisional, mientras Humberto Ortega comenzó a definir una estrategia política y propagandística.

En mayo de 1977 los primeros miembros del gobierno provisional se encontraron en el Apart-Hotel San José. Ramírez conocía a Ricardo Coronel Kautz por su padre, el poeta José Coronel Urtecho, a quien visitaba en su hacienda Las Brisas de Río San Juan, pero no a los empresarios Emilio Baltodano; Joaquín Cuadra Chamorro, abogado del Banco de América y la Nicaragua Sugar; y Felipe Mántica Abaunza, directivo del Banco de América y dueño de supermercados, a quienes el padre Fernando Cardenal había convencido de participar.

Cardenal estuvo ausente porque el régimen lo tenía fichado des-pués que denunció a Somoza por abusos a los derechos humanos en el mismo Congreso de los Estados Unidos. Por los terceristas estuvieron Humberto Ortega y Herty Lewites, encargado de la solidaridad internacional, ahí la guerrilla expuso su plan militar bastante exagerado que coincidiría con la presentación del gobierno provisional presidido por Mántica.

Otros encuentros los hicieron en las afueras de San José, en una finca que había alquilado Ernesto Castillo y donde funcionaba en el segundo piso Radio Sandino con Dionisio Marenco, que llegó a ser Alcalde de Managua y esposo entonces de la poetisa Daysi Zamora que también dirigía la emisora clandestina, explica Carlos Tünnermann Bernheim quien se trasladó de Colombia para integrar al futuro gobierno provisional.

Ramírez recuerda que conoció a Daniel Ortega en San José en ese período. Se citaron en el Kentucky Fried Chicken de la carretera a San Pedro y luego fueron a casa de un estudiante nicaragüense donde estuvieron de acuerdo en muchos aspectos de la situación política de entonces.

Humberto Ortega y José Valdivia llegaban a la casa de Castillo para dar parte de la situación militar. "Era más brillante que su hermano", dice Tünnermann, quien recuerda que "cuando llegaba Daniel era aburrido, cansón y no tenía la profundidad de Humberto".

El plan militar era atacar simultáneamente los cuarteles de San Carlos, Ocotal, Masaya y Rivas con un millar de hombres, que al final quizá no llegaron al centenar.

En junio tuvieron una reunión en Cuernavaca en la quinta de un amigo de Lewites que finalmente sería parte del grupo. Se trataba de Carlos Gutiérrez, dentista de Gabriel García Márquez. En este encuentro estuvo también Arturo Cruz, funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo y el ex rector de la UNAN, Carlos Tünnermann Bernheim, mientras los terceristas delegaron a José Benito Escobar.

El enviado de la guerrilla trajo una carta de Daniel Ortega desde Honduras, donde entre otras cosas decía que el emisario no tenía poder de decisión, pero sí de representación, tal vez ese proceder tan inusual, explica por qué después volvió a la tendencia de la guerra popular prolongada, considera Ramírez.

Sin embargo, la ofensiva de octubre de 1977 fue un fracaso. La dirigencia tercerista ante la derrota decidió quitarle responsabilidad a los doce miembros del futuro gobierno, pero inesperadamente los más viejos y comprometidos económicamente decidieron seguir apoyando.

"Nos dijeron que habían hecho un compromiso no con ese momento sino con sus hijos, con una lucha que era justa", revela Ramírez. Así decidieron enviar a La Prensa el primer pronunciamiento con sus firmas, pero sin autonombrarse Gobierno Provisional.

Sólo una cosa debía quedar claro. Baltodano Pallais, el más anciano, admitió: "Voy con ustedes hasta el fin del mundo, pero si a mí me dicen, en ese cuarto es donde torturamos, en el camino cuento todo". Los demás soltaron en risa y le dijeron que nadie sabe cuánto una persona puede aguantar la tortura y agradecieron su sinceridad.

"Debíamos darle un respaldo moral —al FSLN— y se sacó el pronunciamiento que La Prensa publicó en primera plana con el nombre de `Grupo de los Doce' porque Pedro Joaquín Chamorro —contó— al final cuántos eran", revela Tünnermann.

"El FSLN no tenía todo el apoyo de la sociedad nicaragüense, lo que se hace con el pronunciamiento es pedirlo porque son los únicos que están peleando en serio contra la dictadura, los políticos con pactos y arreglos tenían decepcionada a la gente, además Somoza estaba en un nivel de represión y persecución que sólo daba lugar a la lucha armada", agrega el ex rector de la UNAN.

La carta pública redactada por Ramírez y firmada por todos sorprendió a la redacción del diario que no pudo confirmar de inmediato su autoría, pero fue publicada el 19 de octubre bajo el título "Circula extraño documento", donde los fir-mantes reconocían al FSLN como una organización que "ha luchado con generosidad por lograr un cambio".

Esto le valió el exilio a los firmantes que no pudieron regresar a Nicaragua porque de inmediato el régimen ordenó prisión para ellos. Semanas después Pedro Joaquín Chamorro envió con Edmundo Jarquín su colección de cuentos El Enigma de las Alemanas a Ramírez con la dedicatoria "esperando ser el número trece", pero en enero de 1978 el director de La Prensa sería asesinado y su muerte cambiaría por completo el mapa político de ese momento y la recomposición de fuerzas del futuro gobierno tras la caída del régimen.

Un mes después Los Doce llamaban a "todas las fuerzas vivas del país, empresariales, laborales y populares, para que la patriótica huelga general en que están empeñados se transforme en resistencia activa que permita la movilización del pueblo hacia el triunfo sobre Somoza y todo lo que éste representa".

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El cinco de julio de 1978 en el Aeropuerto Las Mercedes miles de Nicaragüenses recibieron como héroes a las personalidades que optaron por hablar del fin de la dictadura. Magazine/La Prensa/Cortesía

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Mántica Abaunza tenía suficiente prestigio entonces para ser Presidente, pero dejó el grupo pocos meses después, no sin antes conversar con el presidente venezolano Carlos Andrés Pérez, a quien conocía personalmente y asegurar su respaldo económico.

El mandatario entregaba cien mil dólares mensuales en efectivo a Joaquín Cuadra Chamorro, aunque la primera vez lo hizo a tra-vés del hombre fuerte de Panamá, Omar Torrijos, para comprometerlo con el movimiento, explica Sergio Ramírez.

El empresario adujo razones de conciencia para separarse. No estaba de acuerdo con la lucha armada por su vocación cristiana católica, aunque el padre Fernando Cardenal explica que su esposa tenía cáncer y el empresario decidió atenderla plenamente en Nicaragua.

Mántica manifestó a través de una asistente que estaba delicado de salud para hablar del tema en este reportaje.

Los miembros restantes no sustituyeron a Mántica quien no aparece en el comunicado de junio de 1978, pero según Carlos Tünnermann, fueron invitados a participar Reinaldo Antonio Teffel y Roberto Argüello, aunque nunca aparecen en los pronunciamientos.

Entre todos estaban conectados por una red de relaciones, amistades e incluso parentescos. Cardenal es primo de Ernesto Castillo y estudió en el Centro América con Miguel D'Escoto, a quien reclutó en nombre del comandante Marcos después de su muerte; Tünnermann le había dado clases a Ramírez.

Emilio Baltodano Pallais y Joaquín Cuadra Chamorro se quedaron en el grupo hasta el final. Tenían razones más allá de la política, sus hijos estaban en la guerrilla. Alvaro Baltodano, actual secretario ejecutivo de Zonas Francas, estaba ya integrado a la lucha armada, así como Joaquín, Martha Lucía, Cristina y Berta Cuadra Lacayo.

Joaquín Cuadra Chamorro aprovechaba las reuniones con los terceristas para preguntar por el frente urbano en Managua. "¿Cómo anda la cuestión en Managua, hay un chelito por ahí, no han visto a mi chelito?", decía. Estaba hablando de su hijo, el que había sido parte del comando que tomó la casa de Chema Castillo y sería en el futuro jefe del Ejército de Nicaragua.

Finalmente, el cinco de julio de 1978 Los Doce deciden viajar a Nicaragua desde Costa Rica en un vuelo de Copa, a pesar que el régimen había dicho que los iba a capturar. Sólo después de la temeraria provocación supieron que el gobierno de Jimmy Carter había amenazado a Somoza en caso de encarcelar al denominado Gobierno Provisional.

En el avión bromearon con el recibimiento que esperaban, entre amigos y familia calculaban unas cincuenta personas, pero en Managua Rafael Córdoba Rivas organizaba a la población.

Ernesto Castillo había llamado por teléfono a su hermano desde el aeropuerto, si la guardia no lo dejaba pasar se verían en la gasolinera de Tiscapa.

Aunque los oficiales de Migración les dieron tratamiento diplomático tras las ventanas se observaba a la Nicolasa Sevilla y unos 20 tipos con cara de piedra, recuerda Ramírez.

Agrega que "cuando salimos la plazoleta donde ahora está el parqueo estaba a reventar, había una camioneta con unos parlantes y nos subimos. Ahí dije que la dictadura era un cadáver y veníamos a enterrarlo".

Recorrieron en la tina de la camioneta la ciudad en una procesión que inundó de gente la Carretera Norte, adelante iba una unidad de Radio Corporación transmitiendo en vivo el recibimiento. La llegada de Los Doce ha sido uno de los recibimientos más multitudinario de la historia nacional, Tünnermann cree que estuvieron unas 150 mil personas.

Tardaron cinco o seis horas para llegar a Camino de Oriente y entraron a Masaya a las ocho de la noche para dar un discurso en Monimbó que había sido la punta de lanza de la insurrección. Al día siguiente fueron a darle un homenaje a Pedro Joaquín Chamorro en su tumba del Cementerio Occidental, después de eso cada uno se fue a la casa de amigos o familiares para protegerse de la Guardia Nacional.

Sin embargo, cada fin de semana organizaban marchas, estuvieron en Estelí, Ocotal, Somoto, Yalí, León, Granada, Chinandega y Matagalpa, creando las condiciones políticas para la insurrección hasta la Operación Chanchera del 22 de agosto, cuando un comando sandinista tomó el Palacio Nacional.

Los siguientes días estuvieron escondidos. La represión fue inusitada, pero hubo un levantamiento espontáneo que no estaba vinculado con la ofensiva programada a iniciar el dos de septiembre. Luego vino el bombardeo a las ciudades.

Consiguieron visa de salida pagando mordidas de hasta dos mil dólares porque no tenía mucho sentido quedarse en Nicaragua y volvieron a Costa Rica. Las tres tendencias del FSLN se pusieron de acuerdo y llegó la ofensiva final.

El 18 de julio un avión del presidente mexicano José López Portillo llevó una parte del gobierno provisional a Managua. Los once miembros del grupo asumieron tras el triunfo los cargos que efectivamente estaban destinados. Sólo faltaba un presidente.

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Los doce se reunían con la tendencia tercerista. Al centro de pie y manos cruzadas Humberto Ortega, acompañado de José Valdivia; abajo al extremo derecho aparece esta vez el funcionario del BID, arturo cruz porras. Magazine/La Prensa/Cortesía

Gobierno tras Somoza

Felipe Mántica Abaunza
Miembro de la junta directiva del Banco de América y dueño de supermercados, se retiró antes de la insurrección. Actualmente sigue al frente de la cadena La Colonia.

Joaquín Cuadra Chamorro
Abogado del Banco de América y Nicaragua Sugar Estate de la familia Pellas; llegó a ser presidente del Banco Central en los años ochenta. Falleció en el 2001.

Miguel D'Escoto
Monje Maryknoll y secretario de comunicaciones del Consejo Mundial de Iglesias, fue Canciller y actualmente es presidente de la Asamblea General de la ONU.

Ricardo Coronel Kautz
Agrónomo y Viceministro de Reforma Agraria, actualmente está a cargo de la empresa Albalinisa.

Carlos Tünnermann
Ex rector de la UNAN, fue ministro de Educación, actualmente apoya al MRS.

Fernando Cardenal
Sacerdote jesuita y académico. Director de la Campaña Nacional de Alfabetización y en la actualidad a cargo de la organización Fe y Alegría.

Emilio Baltodano Pallais
Empresario, gerente de Café Soluble; fue Contralor y falleció a comienzos de los noventa ejerciendo este cargo.

Sergio Ramírez
Escritor, fue Vicepresidente de la República. Fundó el MRS y actualmente está retirado de la política.

Arturo José Cruz
Funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo, formó parte de la Junta de Gobierno, fue embajador en Washington y pasó a la Contra. Está retirado.

Ernesto Castillo
Abogado exiliado en Costa Rica, fue Procurador de Justicia. Ahora es profesor universitario.

Carlos Gutiérrez Sotelo
Dentista radicado en México y posteriormente embajador.Vive en México y es el dentista de Gabo.

Casimiro Sotelo Rodríguez
Arquitecto residente en Canadá y en los ochenta Embajador en ese país, donde es posible que aún resida.

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