Los bisnietos del filibustero

Reportaje - 11.09.2005
Bisnietos del filibustero

Frente al pelotón de fusilamiento, uno de los filibusteros de William Walker ideó una estratagema que no sólo le salvó la vida, sino también le valió para hacerse del apellido del general Tomás Martínez y procrear una descendencia que nos llega hoy en personajes tales como el economista y político Alejandro Martínez Cuenca y el poeta Ernesto Cardenal

Octavio Enríquez

Un hecho bastante conocido es que el economista sandinista Alejandro Martínez Cuenca aspira a ser Presidente de Nicaragua. Lo que pocos saben es que Martínez es descendiente directo de uno de los filibusteros de William Walker. No sólo él. Un poeta de los más grandes de Nicaragua es descendiente del filibustero que peleó hombro a hombro con el norteamericano Walker en la guerra nacional. Ernesto Cardenal Martínez, el panida traducido a más de 30 idiomas, es bisnieto directo de un alemán que vino a Nicaragua en 1856.

¿Cómo ocurrió esto? El cuento tiene mucho que ver con la guerra nacional y la gesta que durante este mes se celebra en el país: la de los héroes nicaragüenses que derrotaron a las huestes de Walker que vinieron aqui a petición de los democráticos de León para combatir a los legitimistas de Granada en una de las tantas guerras civiles de Nicaragua. Sin embargo, el tiro les salió por la culata. La suerte le sonreía a los invasores.

Muchos extranjeros —no exactamente estadounidenses— se enlistaron entre los forajidos que ayudaron a Walker más tarde a erigirse Presidente de Nicaragua y a imponer el inglés como idioma oficial.

En esa lista se cuentan algunos que fueron ajusticiados como Santiago Salomon, Joham Perkins, Peter Dyme, Eduard Rich, y, entre ese inventario largo, estaba uno que es el bisabuelo de Cardenal y Martínez Cuenca. Se llamaba Johannes Jakob Teufel, el nombre de pila de este judío que mediante una estratagema cambió su nombre frente al propio pelotón de fusilamiento y se llamó a partir de entonces Juan Jacobo Martínez, dejando su religión por el catolicismo.

Puede interesarle: En la mente de Walker

"Juan Jacobo Martínez es mi bisabuelo", confiesa el economista Martínez Cuenca en su oficina de la Fundación Internacional para el Desarrollo Económico Global, ubicada en Managua, donde es presidente. Martínez Cuenca está fumando un habano, mientras habla de su pariente, uno de esos personajes que no aparece en los libros de historia que se ocupan en la educación pública.

Johannes Jakob Teufel nació en Posens, provincia de Prusia, y recaló en Nicaragua en búsqueda de tierras y la nacionalidad nicaragüense que ofrecía Walker a sus aliados.

Teufel era un hábil cañonero en las tropas del filibustero que había sido sorprendido vendiendo armas por el Ejército Nacional, comandadas en ese momento por el general Tomás Martínez, jefe del Ejército del Septentrión, formado en .Matagalpa con ladinos e indios flecheros, según Eddy Kühl, historiador matagalpino. Del otro lado están los familiares que sólo admiten que su pariente era un traficante de armas capturado cuando tenía 41 años en plenas transacciones con el bando del invasor.

“Éste es un hecho real que lo menciona el historiador Enrique Guzmán. El hombre inteligentemente logró salvarse y dejó una descendencia que ha sido muy buena para la literatura y la política en Nicaragua. Ernesto Cardenal es considerado de los mejores poetas de Latinoamérica, y Alejandro Martínez es un gran economista y tiene porvenir político", asegura Kühl, autor del libro Matagalpa y sus gentes, en el que se cuenta la historia muy poco conocida de este chele, ojos azules, de más de seis pies de estatura, quien habló muy mal el español durante toda su vida según sus descendientes.

Filibusteros
MAGAZINE/LA PRENSA/ILUSTRACIÓN/EDUARDO ESPINALES

***

1856. El día que lo iban a matar, a Johannes Jakob Teufel le habían puesto una venda en los ojos. No miraba nada como quería el teniente Hilan Fajardo, originario de Sébaco, quien había ordenado colocársela minutos antes del ajusticiamiento. Sin embargo, una voz fuerte, en un español malo, interrumpió la ejecución.

—¡Tenienta, tenienta. Un momento por favore!

—¿Qué pasa gringo? ¿Qué pasa ahora?

—Yo no soy gringo, yo ser alemán y mi tener una última deseo antes de morir.

—¡Qué carajo de último deseo!

—No hombreé, tú poder meter en problemas a Ejército, pregúntale a tu jefe, el general Martínez, él ser un hombre culto y entender que hay convención internacional sobre lo de conceder el último deseo. Preguntar.

Johannes Jakob fue convincente, tanto que el teniente Fajardo se llenó de dudas y no tuvo de otra que ir hasta el comando a preguntar por Martínez y dejar al reo en manos del cabo Ortiz. Se anunció con el secretario del jefe militar y éste lo hizo pasar de mala gana. El jefe después de escuchar el planteamiento lanzó la orden: "Bueno está bien que diga su último deseo. Después te lo volás".

Puede interesarle: Los hijos de William Walker

Fajardo regresó adusto, pero cuando oyó el último deseo se quedó más confundido que la primera vez.

—Mira tenienta, mi ser judío y querer convertirme al catolicismo. Buscarme un cura para que me bautice.

—No es que eras alemán, ¿cómo es eso que sos judío? No entiendo. El teniente Fajardo volvió a ir entonces donde el General. Se anunció de nuevo con el sargento de guardia y éste debió molestar otra vez a Martínez. "¿Ya te lo volaste?», preguntó, pero la respuesta de su subordinado le provocó una risa maliciosa cuando supo la viveza del reo para eludir la muerte. De todos modos aceptó que fueran a buscar al padre Fernández para que le hiciera la caridad de bautizarlo y de paso ordenó que nadie lo siguiera molestando porque estaba haciendo algunos planes de guerra. Estaba súper ocupado.

El capellán del Ejército fue con Fajardo y nuevamente hablaron con "el gringo», que aceptó que su nombre fuera cambiado por uno más cristiano como Juan Jacobo. El problema fue cuando pidió que su padrino fuera d general Martínez en persona. El teniente Fajardo no hallaba qué hacer; al cura, se le deben de haber desorbitado los ojos.

Pero bueno. No podía negarse a recuperar un alma para Dios e insistió a Fajardo que debía ir de nuevo a los cuarteles. Pero aquél estaba asustado y aceptó ir, sólo si el sacerdote hablaba. Se fueron y Martínez reaccionó furioso.

Puede interesarle: Ernesto Cardenal, el poeta cósmico

—¿Cuál es el problema ahora, padre? (Enseguida se dirigió a Fajardo: ¡No te escondas, ya te miré!)

—Es que el gringo pide que le bauticen, y debe tener padrinos, respondió el padre.

—¿Y? Pues que le consigan a dos del pelotón, puede ser Fajardo el padrino.

—No general. (El cura agarra nerviosamente el Crucifijo que anda en el pecho) es que él quiere que sea usted.

Martínez se puso furioso, pero como buen conservador debía dar el ejemplo. Ante todo católico. "Bueno no me queda de otra», dijo y se fueron los hombres hasta el paredón. En cuanto lo vio llegar, Johannes Jakob Teufel lo saludó: "Hola general Martínez" y aquél de mala gana debió responder la cortesía con otro "hola», pero seco.

Lo peor vino después cuando todos escucharon al reo escoger el apellido de su padrino para acompañar el Juan Jacobo. Martinez orgulloso decidió entonces acoger al ahijado en vez de enterrarlo en una fosa como habían previsto, según el libro Matagalpa y sus gentes, del historiador Eddy Kühl.

***

Después de aquel: suceso Juan Jacobo Martínez se asentó en Nicaragua. Se casó con Esmeralda Joya Somoza, pariente de Bernabé Somoza, y procreó cuatro hijos: Ernesto, abuelo de Martínez Cuenca; Juan José, un médico brillante que había estudiado en Francia; Roberto, quien sería padre del general Roberto Martínez, del triunviro de Somoza, y Sara de donde salieron otros parientes: los Mora.

"Ernesto tiene a mi papá, a Jacobo y cuatro hijos más, entre quienes está Esmeralda quien se casa con un señor de apellido Cardenal y de allí descienden Ernesto y Fernando. También el primer Ernesto tiene a Tina que se enamora de un señor de apellido Castillo y de esa rama provienen otro Ernesto, el ex Procurador (Ernesto Castillo Martínez)", revela Martínez Cuenca.

El economista luce tranquilo, pero cambia de tono cuando se asegura que su pariente es un filibustero. "Yo no me siento mal. En mi familia hay desde ministros zelayistas hasta generales de triunviro de Somoza".

Según Martínez Cuenca "los Teufel es una familia que llega a Nicaragua en 1856. Coincide con la guerra nacional. Lo que nosotros sabemos es que era vendedor de armas. Él no viene de Estados

Unidos, sino de Europa. Lo capturan cruzando el río San Juan en el momento en que estaba Tomás Martínez de Presidente".

Puede interesarle: El engaño sandinista con los huesos de Juan Santamaría

"Resulta que había conocido en París a doña Esmeralda Moya y la familia Moya estaba vinculada con el presidente Tomás Martínez. Cuando a él lo capturan pide hablar con el Presidente".

"La historia dice que d general Martínez no quiso recibirlo. Siguió insistiendo y le iban a aplicar la pena de muerte. Entonces finalmente convence al guarda que le lleve una carta a Esmeralda Moya y ella intercede ante Martínez para que lo recibiera porque de verdad lo había conocido en París".

—¿Qué siente usted de ser descendiente de un filibustero?

No acepto que es filibustero. Yo me inclino por la otra historia, pero en primer lugar son cosas del pasado. Si revisamos la familia, todos tienen algo de filibustero, unos de una forma y otros de otra. No me quita el sueño.

Eddy Kühl dice que era un cañonero y vendía armas...

Mira yo tengo la historia de mi papá, la de Eddy Kühl, la de un tia mío, hermano de mi papá que decía que había venido de Alemania. ¿Cómo iba ser filibustero si no había estado en Estados Unidos?

—La explicación de Kühl es que se enlistó para conseguir su nacionalidad, tierras... Eso lo podes verificar con mayor autoridad con un pariente de nosotros que tiene toda la historia en un CD. Es historiador.

—Qué dirán sus adversarios, ¿no cree que lo puedan criticar? ¿Por qué? ¡Qué culpa tengo yo! Eso es una historia que para comenzar no está esclarecida.

***

La verdad" de los Martínez, o un acercamiento por lo menos, lo debe tener Alejandro Martínez Urtecho. Pero el padre del economista y político sandinista ha preferido no hablar con Magazine, después de que su propio hijo lo llamó por teléfono.

—Papá, tengo un amigo de La Prensa aquí en la oficina —le dice por teléfono— ¿quieres hablar de Juan Jacobo? —Ve papá, pero ¿somos o no somos filibusteros? —continúa por teléfono. Luego de unos breves comentarios estalla en risa. "Dice que quién de todos los nicas no es filibustero... Y me dice que no puede darte la entrevista porque está algo indispuesto".

Aunque todo parezca sonrisas, la verdad es que dentro de la familia más cercana de Martínez no es tan confortable hablar del tema y tampoco en la otra vertiente: los Tefe!, el apellido en que devino con el paso del tiempo el Teufel original de Juan Jacobo y el de su hermano Teodoro que si tenía negocios en Hamburgo y que vino al país en la misma época que el otro, pero para hacer negocios de otro tipo.

Puede interesarle: El intenso Fernando Cardenal

William Reinado Tefel Tórrez es descendiente directo de Teodoro. No acepta lo que se dice su tío bisabuelo y hasta explica su proceder. "Juan Jacobo traficaba armas como existen las personas que se dedican a eso hoy. Lo único es que ahora son sofisticados. Él le vendía armamento a Walker cuando era Presidente de Nicaragua. Para nosotros más bien el general Martínez lo perdona porque manejaba información importante que le ayudó a derrotar a Walker", sostiene Tefel Tórrez en un inicio de la entrevista.

Después encontraría en sus mismos documentos una revelación que lo sorprendería. Dedicado a recopilar la información de su familia, transmitida de generación en generación de manera oral, en uno de sus apuntes se dice que Juan Jacobo era en verdad un filibustero y la fuente no está para mayores dudas: es el mismo Teodoro Tefel, que también formó una familia en Nicaragua y fundó empresas como la Cervecería, el Banco Tefel, Compañías de Seguros y adquirió propiedades de café. Juan Jacobo "el filibustero" dejó atrás su pasado de guerra, después de que le perdonaron la vida, y llevó una vida tranquila hasta morir de viejo con más de 104) años de historia encima. Sin él, Cardenal, Martínez Cuenca y Castillo jamás hubieran existido.

Sección
Reportaje