Los Chanito Aguerri

Reportaje - 20.02.2011
Los Chanito

Cargar con la fama de la familia no es chiche Todos ellos le han puesto su propio estilo al "sello de fábrica" Aguerri-Chamorro. En el deporte, en el cine, en los medios o en las empresas. No hay lugar donde no haya estado un Chanito o donde no se haya escuchado de alguno de ellos. Conozca los personajes de esta peculiar familia

Tammy Zoad Mendoza M.
Fotos La Prensa/ Bismarck Picado Cortesía Familia Aguerri Chamorro

Un economista y administrador de empresas, que es figura pública desde hace varios años. Serio y retrechero. Un director y gerente del semanario que en su tiempo fue el más sangriento y polémico, pero que siempre apuesta a la popularidad. Extrovertido y dicharachero. Un gerente de una empresa internacional que se ha sabido destacar profesionalmente. Conversador y diplomático. Un empresario independiente que prefiere mantener un bajo perfil y dedicarse a los proyectos. Sencillo y protocolario. José Adán Aguerri Chamorro: presidente del Cosep. Juan Carlos Aguerri Chamorro: director y gerente del semanario El Mercurio. Fernando Aguerri Chamorro: gerente de país La Geo. Roberto Aguerrí Chamorro: realiza proyectos independientes.

Todos hijos de don José Adán Chanito Aguerri y doña Hilda Chamorro Hurtado. Su madre ha tenido gran influencia en la personalidad y preparación profesional de cada uno, pero su padre es el responsable de haber popularizado el mote que se convirtió en una "marca", si de familias se trata.

Esta familia se ha involucrado en diferentes escenarios públicos de Nicaragua a través de la historia.

Bien vestidos, perfumados y con el pelo "domado" hacia atrás o a un lado, a punta de gel o crema. De frente ancha, rasgos finos y pequeñines. A excepción del menor que parece haber roto el molde de la familia con varios centímetros de ventaja. Ellos son los Aguerri Chamorro.

Cortesía Familia Aguerri Chamorro
María Lena, la mayor de los Aguerri Chamorro. José Adán Aguerri, presidente del Cosep. Juan Carlos "Chanito" Aguerri, director y gerente de El Mercurio. Fernando Aguerri, Gerente de país de La Geo. Roberto realiza proyectos independientes. "La fama es algo que trasciende generaciones y lo vemos de una ma-nera positiva, cada uno vive la vida que quiere" dice su padre.

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“El serio" Luego de insistir un par de semanas y habiendo agotado todos los recursos, al fin me contesta. Llego a la cita y está aún en su oficina, debo esperar Aparece minutos más tarde y se asoma tímidamente en la puerta, sosteniendo un celular y dando indicaciones a la persona que se encuentra del otro lado. Finalmente entra a la sala y se disculpa. Se sienta, pone el celular sobre la mesa y suspira. Para José Adán Aguerri no ha sido una semana fácil. Reuniones extenuantes, negociaciones complicadas, acuerdos pendientes. Pero ser presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada parece gustarle. Éste sería su cuarto ario consecutivo y su tercera reelección en el cargo.

Escucha, pero parece pensar en otra cosa. En mil cosas más. Inicia haciendo una enérgica aclaración. A manera de advertencia: "Soy un personaje público por mi trabajo y mi cargo, pero soy muy reservado con mi vida privada, es lo único que tengo y prefiero guardarlo para mí".

Su teléfono vibra en la mesa por primera vez. Continúa hablando, pero está inquieto ante la tentación de atender las llamadas. Su teléfono convulsiona en la mesa.

Continúa un poco menos esquivo. Frunce el ceño, aprieta los labios o suelta una sonrisa irónica. Hace pausas largas, se queda pensativo y cuando empieza a hablar, fija su mirada en el vacío. Como quien leyera un teleprompter cada vez que habla, pareciera que en una pantalla imaginaria se deslizan ante él las respuestas políticamente correctas.

Según su madre él siempre ha sido una persona seria, medida, enfocada en sus actividades. Inclinado a los estudios, disciplinado y selecto a la hora de hacer amistades.

"Siempre he sido así, serio, muy pendiente de mis responsabilidades de estudiante y ahora de mi trabajo, quizá por la época que me tocó vivir, durante la dictadura de Somoza los jóvenes de esa época tuvimos que desarrollar una lucha, un mejor país", justifica José Adán, de 49 años. "Evidentemente eso hace que tu adolescencia y juventud sea diferente a la de muchos otros muchachos. Supongo que eso influyó en mi forma de ser".

Casado y con tres hijos. La mayor a punto de independizarse y contraer matrimonio. En su familia trata de mantener los valores de unidad, responsabilidad y trabajo que le han inculcado.

La relación con sus hermanos la califica como "normal", basada en las diferencias de edad de cada quien. Juan Carlos fue el más cercano a él, sólo hay una diferencia de un año. Compartían colegio, amistades, actividades y juegos. Es poco lo que recuerda o poco lo que desea compartir. Los paseos de los domingos a comer algo fuera, a la finca o al mar es lo único que llega a contar.

Ahora cada uno tiene su propia familia y su dinámica de vida, pero los cumpleaños, efemérides como el Día de la Madre o del padre o fechas especiales están marcadas en su calendario para reunión familiar. Las conversaciones de familia son sencillas, espontáneas y abiertas. De los hijos, de la vida, del trabajo.

Con un hermano que en el 2001 estuvo en el ojo del huracán por la polémica de la nota roja y la pornografía en El Mercurio, en ese entonces el semanario con el contenido más crudo y sangriento en sucesos y popular por sus "gatitas", modelos desnudas y semidesnudas en contraportada. Y él mismo, quien ha estado bajo la crítica pública recientemente por su reelección en el cargo del Cosep y señalamientos de algunos por supuestos "entendimientos" con el presidente Daniel Ortega.

"Con respecto a asuntos profesionales somos muy respetuosos", asegura José Adán.

"Son temas que le corresponde a decisión personal de cada quien de lo que quiere empujar o emprender. Lo que nos toca es respaldar, no tenemos por qué cortar el emprendedurismo de nadie, aunque sea polémico, eso es parte de la vida. Respetamos mucho lo que cada uno ha querido hacer. Son temas que se tratan con seriedad y naturalidad".

Llama a su asistente para que le facilite la agenda y saber si podrá participar de la foto familiar. La foto de los Chanito. Tiene un par de reuniones, pero al final confirma la hora.

Recibe una llamada y finalmente resuelve contestar. Intenta esquivar al periodista que llama en busca de primicia, pero cae ante la tentación de dar la buena nueva.

"Efectivamente este viernes se efectuará la firma del TLC con Chile, estamos muy contentos con este logro..." las declaraciones telefónicas duran un par de minutos y José Adán se muestra desenvuelto, no parece ser el hombre que calla o esquiva. Cita datos, hace referencias y explica. Está realmente emocionado. "Shit, se cortó", dice impulsivamente. Parece haber olvidado que no estaba sólo. Recapacita de inmediato. Hace un ademán con la cabeza como para volver a concentrarse y retorna la conversación. Le pido hablar de sus hermanos.

"No me pongás a hacer eso a mí, ahí sí paso, eso es territorio privado. No emito opiniones de los demás, me toca hablar de los temas en los que trabajo. Esa sí te la quedo debiendo, respeto y quiero a cada uno de mis hermanos tal como son, cada uno tiene sus características, cualidades y defectos como todos... lo importante es el sentimiento de unidad y de cariño que seguiremos desarrollando lo que nos queda de camino"

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Aunque comparte cualidades con su padre, la diferencia de personalidades es la más marcada. Pero no por eso dejan de llevarse bien. Don Chanito es un hombre accesible, parlanchín y jocoso. Inteligente, con una memoria prodigiosa y mil historias que contar, pero con una lista de amigos y conocidos aún más nutrida.

Un hombre que cultivó su fama desde la juventud. Fundó el Club Juvenil con el padre León Pallais en 1952. Se involucró en el baloncesto como promotor del equipo femenino, luego incluso trabajó con el boxeo. Por su estatura tuvo éxito en el fútbol, en el que se destacó como gran anotador del equipo La Salle, campeones de primera división en 1954.

Fue miembro de la Comisión Nacional de Deportes y luego fundó la Concacaf (Confederación Centroamericana y del Caribe de Fútbol). Luego se involucró de la liga del béisbol profesional y fundó el Comité Olímpico Nicaragüense. Después del terremoto del 72 organizó la liga "Esperanza y Reconstrucción" que marcó una época de bonanza en el deporte nacional.

Pero su pasión por el cine es la que más ha marcado su vida, interés que compartió con su padre. Nació en la cuarta calle noreste de Managua, del palco del teatro Margot cuadra y media abajo. Se involucró en el mundo del cine como agente y representante de agencias cinematográficas internacionales para Nicaragua.

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Siendo apenas un joven, conquistó el mundo del deporte y comenzó a construir su negocio del cine en Nicaragua. Un joven blanco, menudito, con cejas tupidas y negras que daban el marco perfecto para una mirada coqueta que era el toque final de un rostro fino y proporcionado. Un apuesto caballero de la época.

Llegó a ser el distribuidor oficial e incluso representante de compañías como Universal, Paramount, Warner y traía también un par de películas europeas. Comenzaron a proyectar las películas en los cines González y Margot. Luego Chanito propuso a su padre la construcción del Teatro Aguerri, un lugar que se popularizó con su eslogan 2P y que se conserva como uno de los iconos de la vieja Managua que aún vive en la memoria de muchos. Mercedes y María fueron también cines de su propiedad. La cadena de cines RAP nace después del terremoto del 72 como la Corporación de Diversiones Aguerri-Rap S.A. Chanito Aguerri inyectaba vida a más de 10 salas de cine con sus distribuciones.

Sus hijos disfrutaron por muchos años los beneficios de los cines. "A veces me llamaban para pedirme permiso de invitar a sus amigos al cine. Hubo un tiempo que sólo ahí vivían, eran trenadas de chavalos las que entraban", recuerda sonriente don Chanito.

En el mundo del espectáculo también se relacionó con artistas y trajo a varias estrellas para presentaciones en ferias. Rocío Durcal, Lucha Villa y su mariachi son de las más recordadas. Inquieto, "bisnero", emprendedor. El ha heredado a sus hijos algunas características que se detectan al primer contacto con cada uno de sus hijos.

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“El tremendo" Juan Carlos es el segundo de los hijos varones. Con un año de diferencia de José Adán las personalidades son casi opuestas.

Pero ambos dicen haber sido los mejores compañeros en la infancia y conservar una buena relación en la adultez. Cuando están juntos la chispa reaparece, entre bromas cada uno de ellos se complementan.

Juan Carlos Chanito Aguerri Chamorro es el único de los hermanos que reconoce haber adoptado el apodo. Aunque no hace falta que lo diga, cuando cada jueves en la edición semanal de El Mercurio el Chanito aparece en boca de las "gatitas" de la semana. Hermosas mujeres en traje de baño o con muy poca ropa que invitan cada semana a los lectores y al mismo director del semanario a disfrutar del mar, del campo o de una buena cama.

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Un hombre hablador, populacho y espontáneo. A simple vista, y antes de que comience a hablar, parecería un hombre conservador, tranquilo y calculador.

Una vez en su oficina, un cuarto amplio lleno de recuerdos, fotos de su familia, un cuadro de Sor María Romero que tiene de vecino a uno de Sandino. Todo con una pulcritud y un orden sorprendente. El hombre se muestra tal como es.

"Entonces vamos a hablar de los Chanitos... "La dinastía Aguerri" no te enredés", me dice con el vozarrón y soltando una carcajada. Un hombre sencillo al hablar y humilde en lo que cabe, pero no deja de hacer referencia al gran orgullo que siente al ser parte de su familia. Para él Chanito Aguerrí es una marca de fábrica.

"Yo fui un chavalo vago, todos eran sociables, pero yo siempre fui el más chabacano, no sé, siempre fue así", comenta sin problemas.

Escudriña en los recuerdos y logra rescatar algunos momentos de infancia con la familia. Visitas al mar cada fin de semana, ése es su manera de desconectarse del "corre-corre" del El Mercurio. Comparte con su familia, su esposa y cuatro hijos, a quienes trata de transmitir los valores que le fueron inculcados. El mayor que lleva su nombre le sigue los pasos de cerca. Tiene su empresa, desde hace mucho está metido en "el bisne" del espectáculo.

"Uno quiere lo mejor para la familia, sea como sea. Mi papá nos enseñó a trabajar, a ganarnos los reales con el sudor de la frente y eso es lo que hago", dice haciendo referencia a su trabajo.

Hace 11 años ya que fundó El Mercurio, un semanario que causó revuelo por el alto contenido sangriento y los desnudos explícitos. Un hombre irreverente, arriesgado y trabajador.

"Nunca tuve que ocultar nada a mi familia, ellos siempre me han apoyado en todo y creo que es parte de una relación de respeto... nadie es perfecto, pero las cosas se hablan a como son, se comentan, se dan consejos, pero al final es uno dueño de su vida. Mi papá nos enseñó a querernos, respetarnos y apoyarnos", cuenta Chanito hijo.

Estudió en el Colegio Centroamérica hasta el segundo año de secundario, de donde lo retiraron por sugerencia de los jesuitas. Un joven aplicado, pero inquieto.

"Juan Carlitos siempre ha sido tremendo, ése es un chavalo chispa", dice su madre doña Hilda Chamorro. "Nos salió tremendo, pero es un buen muchacho".

La disciplina, el liderazgo y el excesivo orden llegaron como la moraleja de un castigo que en momento resultó extremo para él.

"Me mandaron a los Estados (Unidos) a una escuela militar, yo no me quería ir del país, estaba chavalo con todas las energías y mis amigos aquí... pero se los agradezco, eso me ha ayudado mucho en la vida, qué te puedo decir, me compusieron esos jodidos", dice Juan Carlos.

Paseos de familia, viajes al mar y grandes fiestas en la casa. De una de ellas guarda un simpático recuerdo que le provoca carcajadas al contarlo.

"Me acuerdo una vez en un cumpleaños de mi papá, los amigos, padrinos de algunos de mis hermanos, le llevaron una enorme caja. Insistieron en abrirla y mi papá al final accedió. Era una caja dentro de otra... pero la última traía al perro callejero más flaquetoso y revolcado que te podás imaginar", cuenta con gracia. "Aquel hombre se puso como loco a gritar. A mi papá no le gustan los perros, no sé por qué. A esa hora todo el mundo buscó dónde meterse y los jodidos gozaban viendo a mi papá detrás del perro para sacarlo de la casa. Después la fiesta continuó y el chile quedó para la historia".

Mientras conversa ofrece conocer las instalaciones del semanario. Un hombre que se siente orgulloso de lo que ha construido en una década, pese a críticas que considera producto de la doble moral.

"Yo te digo una cosa, aquí les encanta criticar, pero andá ve si les gusta hacer. No es chiche. Nosotros somos honrados, cada uno tiene su trabajo y se gana los frijoles. Mi producto ha tenido cambios si, pero todo esto responde a necesidades del mercado, a mi deseo de darle a la gente lo que necesita. Nosotros tratamos temas sociales, nosotros nos codeamos con los barrios. No cualquiera. Yo aquí soy gerente, director y hasta vende anuncios. No le tengo miedo a andar en la calle", advierte Chanito.

Se define como un hombre humilde y popular, con deseos de ayudar y de seguir trabajando. Estricto, esforzado y perseverante. Esta última característica lo mantiene aferrado a la idea de involucrarse en la política. Años atrás habría aspirado a la candidatura para Alcalde de Managua. Ahora considera que si las cosas no se dieron en ese momento fue porque quizá no estaba con la gente correcta ni en la situación adecuada.

"Tengo muchos planes, en primer lugar poder guiar a mi familia por el camino correcto, luego seguir El Mercurio y convertirlo en un periódico... y pues, uno nunca debe abandonar sus deseos, quién dice que no podría llegar a trabajar por Managua, seguir con la gente, eso es para mí, me veo como un líder con el pueblo", comparte. "El sol sale parejo para todos. Eso es todo, manó"

Fotos La Prensa/ Bismarck Picado/ Cortesía Familia Aguerri Chamorro
"¿Quién no conoce a los Chanitos? Mi papa fue un hombre que andubo en todo, además que Managua es un pueblón y aquí tonos se conocen" dice Juan Carlos "Chanito" Aguerri quien aparece en la foto junto a su esposa y sus hijos.

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Fernando es el diplomático, el embajador de la familia. Mantiene un bajo perfil con respecto a sus primeros dos hermanos, pero ostenta un cargo importante en La Geo, empresa de generación de energía eléctrica con recursos geotérmicos. Es el gerente de país.

Un hombre sereno, discreto, pero buen conversador. Amable, educado y detallista. Es el que más recuerda historias de la familia.

Su oficina es bastante sencilla y seria. Una computadora, un teléfono de escritorio y su celular. Un par de documentos por leer y una foto de su familia en la almohadilla por la que desliza el mouse. Sólo lo necesario.

"Mi papá ha sido de todo aquí, en el deporte, con los cines, incluso estuvo involucrado en la construcción del Hospital del Niño, un proyecto que llevó de la mano con doña Hope Portocarrero, la esposa de Somoza (Debayle ", señala Fernando, de 46 años.

Según don Chanito Aguerri, Fernando fue quien más compartió con él la etapa deportiva. Se turnaban los viajes, pero Fernando siempre se apuntaba a ir a los partidos. "Andábamos de arriba para abajo, Fernandito siempre fue bien pegado con nosotros", dice su padre.

La particular cercanía con sus padres se mantiene. Cada vez que puede escucha "Aquí y ahora con Chanito Aguerri", el programa radial que conduce todas las mañanas su padre en radio El Pensamiento. Se mantiene al tanto de las noticias en caso de que alguno de sus hermanos mayores aparezcan de protagonistas.

El, José Adán y Roberto, su hermano menor, son quienes frecuentan la casa los fines de semana. Visitan a sus padres y a María Helena, la hermana mayor.

"María Lena es para nosotros el ángel de la familia, siempre lo hemos visto de esa manera, desde la infancia", dice Fernando.

María Lena tiene 52 años. Lleva los nombres de sus abuelas y es la joya de la familia. Su condición lo amerita. Durante el parto, el doctor jaló con fuerza para que saliera y en su intento imprimió más fuerza de la debida y le provocó una fractura en el cráneo que desencadenó una lesión cerebral.

Es una mujer sonriente. Alerta de todo lo que pasa a su alrededor y con la buena memoria de su padre. Ha aprendido a pintar y hacer manualidades en sus clases diarias en Los Pipitos. Amable y atenta, platicona como todos los Aguerri Chamorro.

"Esa es otra lección que nos han dado nuestros padres, la fortaleza y el amor incondicional, la entrega a la familia que es lo más importante en la vida", recalca Fernando.

Hablar de las cosas que ha aprendido de su padre dice no resultarle fácil.

"En primer lugar creo que nos han enseñado el amor al trabajo y todos los valores que esto conlleva, ambos han trabajado desde jóvenes, y mi papa sigue de frente. La honradez es otro punto importante, todo lo que llegamos a tener fue mérito propio y realmente lo admiro. A pesar de conocer a mucha gente y ser amigo de gente con altos cargos en el tiempo de Somoza, él se fue al exilio como cualquier otro", sostiene.

Los Aguerri Chamorro siempre fueron de las familias más populares. Don Chanito fue un hombre que le huyó a la política, pero que estuvo unido por una entrañable amistad con la esposa de Anastasio Somoza, a quien llegó a conocer muy bien al igual que a su esposa, doña Hope.

"Ella era una bella mujer y una maravillosa persona, él era un hombre de cuidado, pero cuando se "enqueridó" con la Dinorah Sampson se terminó de perder", recuerda don Chanito. "Pero yo siempre traté de mantenerme al margen, conozco personas por todos lados y de todas las ideologías, no tengo problemas con eso. Si quieren ser mi amigo, yo aquí estoy", y suelta una carcajada.

Fernando recuerda el exilio como uno de los episodios más amargos. Dejar el país y comenzar de cero.

Pero todos coinciden en que nada ha sido más dificil que la enfermedad de su mamá. Luego de los noventa doña Hilda comenzó a padecer de fuertes, repentinos y reiterados dolores de cabeza. Un día cayó abatida con uno de ellos y pasó días inconsciente. En Nicaragua nadie supo explicar qué era. En México le dijeron que había sufrido de una aneurisma, la inflamación y ruptura de vasos cerebrales que en la mayoría de los casos provoca la muerte instantánea.

Doña Hilda no se dejó vencer y su familia siempre estuvo ahí. Ella se recuperó rápida y notablemente. Para la familia éste es un milagro y una etapa que les recuerda que deben mantenerse unidos.

Atrás quedaron los recuerdos de la casa en Las Colinas. Las grandes fiestas, en las que ninguno de ellos bailara pero todos las disfrutaban. Los vigorones que en la casa de toda buena granadina nunca pueden faltar a la hora de celebrar. Los juegos y las travesuras de jóvenes. "De las cosas que recuerdo con particular simpatía son las vagancias que hacía con Juan Carlos", cuenta Fernando. "Como a los once años éramos una tachuelas, pero ya sabíamos manejar. Agarrábamos la camioneta de mi papá escondidos y salíamos a dar vueltas por el barrio. La gente se asustaba porque veía pasar la camioneta sin conductor. ¡Claro, si no alcanzábamos a pasar la altura del timón, veíamos por una línea del parabrisas! Gracias a Dios nunca pasó nada. Otras eran las aventuras en moto. Juan Carlos se quebró un par de veces los brazos. Ya más grandecitos sólo recuerdo que compartíamos una consola de videojuego, Atari, si mal no recuerdo... la primera versión de un juego de tenis virtual"

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Roberto es el pequeño gigante de la familia. Supera en estatura a sus hermanos y con la mayor brecha de edad entre sí, no deja de compartir el toque Aguerri Chamorro.

Con pocos recuerdos de infancia compartidos, uno de los más gratos es las tardes de cine con su
padre. Afición que don Chanito se empeña en no dejar morir y antes de cerrar cualquier plática extiende su formal invitación a disfrutar del séptimo arte.

Pero sus hijos "ya están grandes" Cada uno con sus familias y sus ocupaciones. Unos con el tiempo medido casi con cuentagotas, otros que se escapan de todo para compartir un momento en familia.

Roberto apenas regresa de un viaje de trabajo, pero ahora ha vuelto para quedarse y vive junto a su esposa y dos hijas cerca de la casa de sus padres. A menos que salga un nuevo proyecto y tenga que partir nuevamente.

Es reservado pero amable, platica sólo lo necesario, pero cuando se junta con el resto las diferencias se disipan un poco.

"¿Cómo está la 'Fulana'? ¡No jodás, acordare de aquello! ¿Y qué pasó con lo otro? Ahí te dejo con el vicepresidente. ¡Llamate al cabezón! ¿Y qué se hizo este maje? ¡Me van a hacer llorar!" Preguntas, comentarios, regaños, bromas y carcajadas.

Don Chanito y doña Hilda los observan. Doña Hilda hace de señas que dejen de darse bromas y se escandaliza con uno que otro comentario. "Son necios ellos", me dice como una disculpa, mientras don Chanito lanza nuevamente otra invitación al cine a quien desee recibirla y disfruta viendo a sus hijos a carcajadas.Fotos La Prensa/ Bismarck Picado/ Cortesía Familia Aguerri Chamorro

La foto de los Chanito

La última vez que estuvieron todos juntos en casa de sus padres fue para celebrar la Navidad.

"No tardan en venir ellos me dijeron que venían" me dice para tranquilizarme cuando nos recibe don "Chanito" catrín, como siempre. Todos confirmaron su participación a las 2:30.

La primera en saludares María Lena, quien se vistió de gala para posar No deja de sonreír, ni de asomarse a la puerta a cada momento. Ella es la que recibe a todo el mundo.

Mientras tanto doña Hilda, una mujer vanidosa y elegante, se prepara para salir.

El primero en llegar es Femando. Realiza el saludo diplomático yen cuanto se sienta saca el celular y comienza a llamara sus hermanos. Luce impecable y hace un par de preguntas para romper el hielo. Mientras, don "Chanito" apresura a doña Hilda. "Aló, sí ya están todos, sólo hacés falta vos. Sí, "Chepito" aquí estamos listos", se oye decir a don "Chanito".

Llega Roberto y luego del saludo pasa directo al cuarto a acompañar a su madre.

Un rato más y los que faltan no atienden las llamadas. Nadie dice nada, pero todos temen que uno de ellos falte.

Juan Carlos entra, saluda con su vozarrón, se acomoda donde le parece y rápidamente hace sus particulares comentarios para disminuir latensión. Unas cuantas risas y la espera continúa.

José Adán llega para completar la escena. Se sienta y entre mensajes y llamadas deja que todos se acomoden y él se incorpora al grupo justo antes del "clic" Roberto capta rápidamente la dinámica y hasta que José Adán no se levante de la silla y no guarde el celular él no se prepara para la foto.

Fernando y Juan Carlos están colaborando. Que si la mano en la bolsa, que si cruzo los brazos, que si se recuestan en el hombro de su padre. Se lucen en la sesión.

"Ideay parecés ancianito ahí en esa silla, no fregués", lanza como provocativa broma a su padre José Adán.

"Ay callate, ya me arruinaron, yo quiero estar de pie, en esta silla me siento tullido... porqué no se sientan ustedes y yo quedo de pie" replica don "Chanito".

"A ver a ver ya es tarde" replica uno de ellos.

Les pido que se unan. "Me van a hacer llorar" se escucha un comentario entre dientes.

Finalmente posan y luego del "clic" unos huyen de la escena para hacer una llamada. Otro sale a despedirse de su mamá. Uno se queda para ayudar a reordenar el lugar Y don "Chanito" suelta el comentario: "A ver ¿quién se apunta a ir al cine?"

¿De dónde Chanito?

"Cuando yo vivía por el Margot tenía de vecinas a un montón de chavalas, eran mis amigas y yo por molestarlas entraba a las casas a abrirles las puertas y salir corriendo mientras se vestían. Era un cipotillo. En una de las casas trabajaba una morenaza que sabía que yo era el diablo, un día me mandó a Ilamar y me propuso hacer negocios. En la noche ella se bañaba y el asunto era hacer un hueco en una puerta y cobrar por la chequeadita, O centavos, cinco y cinco" cuenta don José Adán con picardía.

"Una de las chavalas me descubrió y me corrieron del vecindario por un tiempo. El día que me mandan a llamar para hacer las paces, estaban jugando desmoche y justo cuando yo entro en la sala, a una de ellas le sale el 2 negro de la baraja. Pensó que había perdido. ¡Chanito hijuelagran...! ya me saló el juego. En ese momento se da cuenta que yo acabo de entrar y me hizo responsable de su suerte. ¡Ahí está el jodido Chanito, sólo a hacer zanganadas vino!".

Don José Adán se convirtió desde entonces para todo el que lo conoce u oído de él en Chanito Aguerri, el hombre de las mil historias por contar.

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Reportaje