Los nazis y Nicaragua

Reportaje - 08.03.2009
1934:  German dictator Adolf Hitler (1889-1945)

¿Qué pudieron decir los nazis de Nicaragua? Archivos Tercer Reich muestran una perspectiva del mundo hitleriano en esta pequeña nación del Caribe, donde tuvieron un grupo de simpatizantes

Luis E. Duarte

Cuando Anastasio Somoza García declaró la guerra a la Alemania de Adolf Hitler, el 11 de diciembre de 1941, parecía una broma ingenua de un pigmeo en una lucha de gigantes.

Muchos conocen el chiste. Hitler buscó en el mapa mundial dónde estaba Nicaragua para atacarla, pero una mosca se posó sobre el país y el dictador no pudo ubicar la pequeña nación del Caribe. Así, según el humor popular, nos salvamos del bombardeo.

La verdad es menos graciosa. Somoza declaró ley marcial, suspendió los derechos civiles, entregó la ruta del canal para que volvieran los marines expulsados años antes por Augusto C. Sandino, aprovechó para apropiarse de las propiedades confiscadas de alemanes en Nicaragua, particularmente las ricas haciendas de café y acumuló una riqueza en tiempo récord que hasta a la misma legación diplomática estadounidense mantuvo estupefacta.

Del otro lado del océano había mucho más detrás de esta convocatoria de guerra donde la Guardia Nacional no disparó un solo tiro, pero se armó hasta los dientes. Sí existió un grupo del Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores (NSDAP, por sus siglas en alemán), simpatía de algunos nicaragüenses y propaganda fascista en los años treinta.

También algunos “totalitarios” junto a extranjeros inocentes fueron hechos prisioneros y deportados a campos de concentración antinazis en Estados Unidos, sólo por tener nacionalidad alemana o italiana. Incluso los dos únicos japoneses residentes en el país fueron detenidos en una guerra donde Nicaragua sólo perdió un barco bananero en las costas norteamericanas.

Magazine ha tenido acceso a documentos históricos de primera mano del período del Tercer Reich del Archivo Político del Ministerio del Exterior de Alemania y los archivos federales de Berlín y Coblenza, donde se devela una parte de la historia de los nazis en Nicaragua.

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Anastasio Somoza García de visita en Washington con Franklyn Delano Roosevelt, cuyo gobierno presionó para que toda la región declarara la guerra al eje. Magazine/La Prensa/Cortesía del IHNCA

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Las listas elaboradas en 1946 con las fichas de afiliación al partido nazi, capturadas por las tropas estadounidenses, contienen más de cuarenta nombres de personas con residencia conocida en Nicaragua, muchas de ellas deportadas entre enero y mayo de 1942.

Oficialmente el partido nacionalsocialista había creado la sección de Organización Extranjera (Auslandsorganisation) en mayo de 1931, para coordinar a sus simpatizantes nacionales en el extranjero.

La primera correspondencia fue con el entonces cónsul Franz Bunge, quien en abril de 1933 define su posición a favor y en contra del nuevo Gobierno. La primera mención de un “sitio de apoyo” en Nicaragua, es decir, un grupo menor de 25 miembros, aparece hasta el 31 de mayo de 1935, cuando el nuevo cónsul del Tercer Reich, el ex capitán de la Primera Guerra Mundial, Hugo Danckers, envía por correo aéreo un reporte a la oficina de Comercio Exterior del partido en el edificio cuatro de la calle Tiergarten de Berlín.

En Nicaragua había apenas 212 italianos y alemanes, como lo determinó un reporte del FBI en marzo de 1942, citado por el historiador Andrew Crawley, pero finalmente Danckers logró afiliar a más alemanes y crear un “grupo local” en Centroamérica. Las colonias alemanas más grandes estaban en Guatemala (2,720) y Panamá (2,334).

El reporte de Danckers a la oficina de comercio de la Organización Extranjera del NSDAP trata sobre el clima de inversión en Nicaragua y describe los principales negocios alemanes, incluyendo dos “no arios” de los judíos Simon Wolff, Teodoro y Jacobo Tefel, de Granada y Managua.

Este interés por la economía, el clima de inversión y los negocios de alemanes simpatizantes era parte de la estrategia nazi en el continente y no dejaba de preocupar a los estadounidenses.

Incluso después de la declaración de guerra de 1941, los nazis seguían interesados en la economía nicaragüense, como lo revelan recortes de periódicos en los archivos del sindicato único de los nazis, el Frente Alemán Obrero (DAF, por sus siglas en alemán).

El historiador Andrew Crawley explica que el gobierno de Roosevelt desconocía en realidad los verdaderos intereses nazis en Latinoamérica y la legación de Washington en Managua estaba preocupada por el incremento de las relaciones comerciales bilaterales con el Gobierno de Hitler que habían pasado de ser el diez por ciento de sus exportaciones en 1932 al 21 por ciento en 1937.

Igual temían una revolución de los hermanos Emiliano y Segundo Chamorro que acabara con la relación ideal con Somoza, por lo que el gobierno de Franklyn D. Roosevelt empezó a olvidarse de su política del buen vecino y no intervencionismo cuando el FBI advirtió en noviembre de 1941 que los Chamorro estaban recibiendo armas y financiamiento en México de los alemanes y tenían simpatía por los nacionalsocialistas, según un reporte de inteligencia desclasificado que Crawley menciona en su libro Somoza and Roosevelt: Good Neighbour Diplomacy in Nicaragua, 1933-1945.

Irónicamente, el cónsul Danckers explicó en su reporte de 1935 a las autoridades nazis que muchos alemanes simpatizaban con los liberales, porque los conservadores cuando llegaban al poder compraban al Estado sólo en los negocios familiares.

Por otra parte, el Consulado del Tercer Reich, el Club Alemán y el Colegio Alemán, mantenían activa la propaganda en Managua, como revelan los diarios de la época y había también un programa de 15 horas de radio para Latinoamérica patrocinado por Berlín.

El mismo Somoza había puesto una foto de Hitler en su despacho cuando los nazis invadieron Francia, pero la cambió por una de Roosevelt al iniciar la resistencia en París, señaló el primer secretario de la legación estadounidense, John Muccio en una carta fechada en julio de 1940, citada por Crawley.

El historiador Eddy Kühl afirma que Danckers, un comerciante asociado con su suegro Hugo Reese, se trasladó a Managua en 1932 cuatro años después de enviudar y abrió la primera tienda de descuentos del país, el Almacén de 5 a 95 centavos.

En abril de 1933, este comerciante de Hamburgo, de 35 años, junto al ingeniero Rolf Bunge (hijo de Franz) y el secretario de la legación alemana Harry Eckner, fueron aceptados en el NSDAP, y sus membresías fueron la 3280746, 1578591 y 1773872, respectivamente.

Sin embargo dos alemanes de León, Emma Veit (Nr. 250743) quien desde junio de 1930 simpatizaba con los nacionalsocialistas y su esposo Fritz que ingresó un año después (Nr. 550325) fueron los primeros nazis de Nicaragua.

Entonces nadie esperaba una guerra, como demuestra una nota del diario La Noticia en enero de 1935 titulada “La simpatía germano-nicaragüense”, que informa la recepción de más de 600 personas del presidente Juan Bautista Sacasa al enviado especial del Tercer Reich para Centroamérica, el señor Kraske, quien a su vez describió al mandatario nicaragüense como un médico leonés “muy educado que había viajado a Europa”, según una carta que envió al Ministerio del Exterior de Berlín.

A partir de 1934, Danckers fungiría como cónsul ante la renuncia de Bunge y realizó por su parte una recepción especial en el Club Alemán donde asistieron 250 invitados, en su mayoría alemanes.

Según Kühl, a partir de 1934 funcionaba también la Escuela Alemana en Managua dirigida por maestros enviados por el gobierno nazi como Hans Kunze y la señorita Fricke, señalado por los medios nacionales de difundir propaganda nazi.

“Al declarar la guerra a Alemania el gobierno de Somoza confiscó el Club Alemán y la Escuela Alemana no se volvió a abrir hasta 1961, año que el gobierno federal alemán envió al profesor Henning Graf”, explica Kühl.Magazine/La Prensa/Cortesía del IHNCA

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El reporte a Berlín de Danckers incluía 28 firmas alemanas de Managua, Estelí, Granada, León y Jinotega, mientras las listas de miembros del partido capturadas por la armada estadounidense determinan que los líderes de la organización en Nicaragua eran los comerciantes Carl Beyer y Fritz Veit, el ingeniero Rolf Bunge, el secretario de la legación Harry Eckner, el vicecónsul Wilhelm Hüfer y el mismo Danckers.

Pero el concepto de dominación de Adolf Hitler estaba orientado a aprovechar los recursos naturales de la Unión Soviética y no consideraba necesaria una invasión al continente americano, revela el historiador estadounidense Max Friedman en su libro Nazis and Goodneighbors: The United States Campaign against the Germans of Latin America in World War II.

En contraste con su deseo de controlarlo todo, Hitler deja lo relacionado con la región a sus ministros y éstos a su vez lo pasaban a sus subalternos. Así la Organización Extranjera fue creada para los alemanes en el extranjero (Reichsdeutsche) y los descendientes de alemanes (Volksdeutsche), siempre y cuando no tuvieran nacionalidad de otro país.

A partir de 1933 la Organización Extranjera estuvo a cargo de Ernst Wilhelm Bohle, el 43 en la cadena de mando del partido a quien Joseph Goebbels describió como “uno de nuestros hombres más capaces”.

Friedman explica que Hitler tomó pocas notas sobre los acontecimientos en la región, sin embargo, uno de sus confidentes más cercanos Hermann Rauschning que huyó en 1939, reveló un supuesto plan de apoderarse de América del Sur porque era un punto débil de la democracia, formando cinco estados vasallos donde Centroamérica y Colombia formarían un solo bloque, lo cual históricamente ha sido cuestionado porque tal conversación pudo no haber ocurrido.

La propaganda estadounidense tuvo mayor éxito que la nazi en la región. En ese momento vivían un millón de colonos alemanes en Latinoamérica y se hablaba de la formación de una Quinta Columna, es decir, la infiltración de nazis en la política de estos países a través de sus migrantes.

Sin embargo, en Centroamérica la comunidad de alemanes, italianos o japoneses era escasa y por otro lado muy poco disciplinada. Desde 1933 el entonces cónsul alemán en Nicaragua, Franz Bunge, explica sus desacuerdos con la bandera de cruz esvástica que también dividía a la colonia acostumbrada a los colores negro, blanco y rojo del Segundo Reich (1871-1918). El cónsul por su parte admite su desacuerdo contra el antisemitismo encarnizado del nuevo gobierno, pero se declara nacionalista y admite que si Hitler se convirtiera “en el segundo Mussolini” estaría a su favor.

El cónsul Bunge también expresa que desea renunciar, “en la colonia alemana de Nicaragua no faltan esvásticos” que pudieran sustituirlo.

En 1934 el dirigente del partido nazi para la región, un diplomático de apellido Mackeben, explicaba a Berlín que las orientaciones centrales habían dividido más a los colonos alemanes después de un año de trabajo. Los grupos locales por lo general caían en duras críticas y comentarios, tanto públicos como privados contra los líderes enviados por Berlín.

Por otro lado, pese a cierto antiamericanismo los nazis ganaron antipatías. En los archivos del DAF se encuentra un recorte de La Prensa de Buenos Aires del 9 de julio de 1939 citando una nota de la Nueva Prensa de Managua donde explica la preocupación de proteger al país de actividades nazis vinculadas con el Colegio Alemán y el Club Alemán, convertido entonces en un “club del NSDAP”.

Sin embargo, el cónsul Danckers que se encontraba en esos momentos en Berlín, notificaba al Ministerio de Relaciones Exteriores que “Nicaragua es campo de lo más propicio en toda la América Central para extender la propaganda nazi”, según el diario.

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La mansión de Luis Somoza en los años cincuenta, había sido confiscada al alemán Ulrich eitzen en 1941, quien no tenía nada que ver con los nazis.

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El DAF cuenta con algunas notas periodísticas sobre Nicaragua en el contexto político en 1938, se nota sobre todo el interés en las relaciones económicas y por la construcción del canal interoceánico en Nicaragua.

La revista Technik und Wirtschaft de abril de 1938 publicó por ejemplo, “la resurrección del Canal de Nicaragua”, cuya razón sería estratégica militar. Los nuevos buques de guerra no podrían pasar por el ancho de 45 metros del canal panameño.

La colección de recortes periodísticos del sindicato nazi conservó también un artículo del Frankfurter Zeitung del 19 de septiembre de 1940 titulado “El doble” y trata sobre la construcción de un segundo canal blindado en Centroamérica como estrategia geopolítica y militar de los Estados Unidos.

La interpretación alemana entonces era que el proyecto del canal en Nicaragua había cobrado vida desde los primeros bombardeos en el Canal de Suez, Panamá parecía estar en estado de alerta como la única ruta que unía dos mares que aún se encontraba funcionando en el mundo.

A la vez la United Press informaba de una jornada de protestas universitarias en Managua, donde los estudiantes entregaban volantes frente a los comercios alemanes con el título “guerra sin cuartel contra el nacismo”.

El rechazo se dio por una supuesta orientación del Consulado que prohibía el matrimonio entre un joven alemán con una nicaragüense. El señor Ruebke en realidad había roto el compromiso por su propia voluntad, pero la prometida ofendida prefirió llevar su afrenta al nivel político y la población, pese a todas las explicaciones oficiales, no quiso desvincular el asunto privado de la política racista del Reich, según documentos enviados desde Guatemala a Berlín, firmados por Maciejewski en julio de 1939.

“Muchísimos habitantes se unieron a los estudiantes y los negociantes alemanes se vieron en la necesidad de clausurar sus comercios”, informaba la United Press.

Max Najsman era un adolescente en aquella época y por el contrario, no supo de confrontación entre los alemanes y judíos en Managua, recuerda que el Colegio Alemán quedaba donde hoy es la planta eléctrica en Carretera Norte, pero nunca vio una esvástica.

Lo único que viene en su memoria es el mal presentimiento cuando acompañaba a su compañero de clases, el hijo de Max Bretschneider, dueño de la Panadería Alemana y observó tras su silla un retrato de Hitler.

Sus padres, judíos-polacos inmigrantes entre las dos guerras mundiales tampoco tuvieron dificultades con el resto de la comunidad de migrantes, pese a la ideología de decenas de alemanes.

Por eso, no es extraño que en el telegrama del Consulado alemán para Centroamérica y Panamá, en Guatemala, se reporten en junio de 1940 actividades antialemanas en toda Centroamérica, menos en Nicaragua.Magazine/La Prensa/Cortesía del IHNCA

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La guerra de Somoza contra Hitler no dejó de tener un tono tragicómico. En diciembre de 1941 todos los alemanes por igual fueron detenidos junto a los italianos residentes y los dos únicos japoneses, con excepción de los judíos.

Hasta hoy no se conoce oficialmente cuántos fueron apresados en la cárcel de El Hormiguero, ni recluidos en el campo de concentración de la Quinta Eitzen, confiscada y luego comprada a precio ridículo por el mismo Somoza y donde fue con cierta ironía el Ministerio de Cooperación Externa.

El número de nacionales del eje y simpatizantes nicaragüenses serían entre cien y mil personas, entre los detenidos nacionales se destacan según La Nueva Prensa de 1941 Carlos Manuel Pérez Alonso, Juan Reyes Martínez y Edmundo Alaniz, aunque en la redada también fueron capturados los poetas Luis Alberto Cabrales y Joaquín Pasos, pero sus familiares desmintieron que estuviera preso, en el caso del primero o revelaron que estaba detenido por deudas en el caso del segundo.

Meses después el médico nicaragüense que había estado en el Instituto de Enfermedades Tropicales de Hamburgo, Luis Hurtado, fue expulsado de Guatemala supuestamente por hacer propaganda fascista.

Los Estados Unidos mientras tanto actualizaban la lista negra de empresas que comerciaban con los países del eje, mayoritariamente negocios centroamericanos, que debían ser confiscadas.

Algunos evadieron la prisión por conexiones familiares, amistad o contactos políticos como Edgard Ahlers casado con una prima del ex presidente Juan Bautista Sacasa, pero que no aparece en la lista nazi o Eugene Lang, originario de Oehringer y casado con una hija del ex presidente José María Zelaya, quien es abuelo del magistrado electoral Emmett Lang y en la lista de nazis del ejército estadounidense aparece con membresía 2768804 aprobada el primero de octubre de 1934.

Otros eran técnicos útiles para las empresas de Somoza, como el ingeniero Julio Fischer del Ingenio Montelimar, sin membresía conocida. Otros ya se habían naturalizado nicaragüenses y no fueron deportados, según Kühl.

El caso más difícil para el entonces presidente Somoza fue la detención de su amigo Julio Bahlke, nacido en Dresden, con membresía 2766358 desde 1934. Según el historiador Friedman, este alemán lo había escondido mientras era fugitivo en 1926 y alimentado personalmente.

Bahlke era uno de los principales exportadores de café y no había cumplido cuarenta años en esa época. Somoza esperó mucho hasta encarcelar a su amigo y entregarlo a Estados Unidos, al final no resistió la tentación de apoderarse de su hacienda Alemania, la que compró por cien dólares cuando producía cinco mil al año, en una subasta amañada como ocurrió con la finca de Ulrich Eitzen, quien ni siquiera era nazi.

Kühl sostiene que Bahlke logró huir en 1942 y vivió en Costa Rica, donde está enterrado, pero a los demás detenidos los embarcaron a partir de marzo de 1942, unos salieron por Corinto, otros por Puerto Cabezas, otros fueron sacados en avión a Nueva Orleáns o Galveston, de allí en tren a Cristal City y Kennedy City, cerca de Dallas, Texas, donde los alojaron en campos de concentración.

Tanto en la Quinta Eitzen como en Estados Unidos, los campos de concentración no representaron lo mismo que en Europa. Los detenidos recibían alimentación de sus familias. En Texas por su trabajo obtenían el salario mínimo y también comida. Otra historia vivieron los de la cárcel El Hormiguero, donde varios cientos de personas estaban hacinadas por meses.

La única baja conocida en Nicaragua en esa declaración de guerra fue la de un pequeño barco cargado de bananos que aparentemente fue torpedeado el 7 de mayo de 1942 en un muelle de Estados Unidos, los catorce tripulantes sobrevivieron pero admitieron no haber visto el submarino.

El Gobierno mientras tanto servía en bandeja la soberanía a los Estados Unidos para que “protegieran” el país, es decir, la ruta del Canal, otorgando la hacienda Cosigüina en el Golfo de Fonseca como base naval, otra base en el Puerto de Corinto y permiso en Puerto Cabezas para operar.

Los marines que habían salido humillados por la guerrilla de Augusto C. Sandino, apenas ocho años antes, regresaron a Nicaragua. Sin embargo, Roosevelt después de varios años de hablar de su política del “buen vecino”, panamericanismo y no intervencionismo, consideraba políticamente improcedente invadir Nicaragua en caso de una revolución o el derrocamiento de un Somoza cada vez más ambicioso.

Para asegurar los intereses frente a una eventual revolución conservadora y garantizar la estrategia militar que resguardaba el vital Canal de Panamá, Estados Unidos decidió armar y modernizar la paupérrima Guardia Nacional y conociendo el oportunismo de Somoza, financiar su gobierno para garantizar lealtad.

Así Hitler ganó su batalla en Nicaragua sin saberlo. Un sistema totalitario, represivo y capaz de bombardear a su propia población civil había nacido a la imagen del fascismo y se mantuvo más de cuatro décadas en el poder, como ningún otro en el continente.

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Así lucía el cuartel El Hormiguero cuando fueron internados alemanes, italianos y japoneses en 1941. Magazine/La Prensa/Archivo

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