Los personajes emblemáticos que nacieron en abril 2018

Reportaje - 13.04.2020
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Uno corría como si fuese un Forrest Gump, otra bailaba con huipil azul y blanco, y otra repartía agua a los sedientos. Gente común del pueblo que se volvieron personajes de la rebelión.

Por Ana Cruz

La señora del huipil

Flor de María Ramírez, de 64 años, participó por primera vez en las manifestaciones el 19 de abril de 2018. Fue motivada por la indignación que le causó la golpiza de la que fueron víctimas los opositores en Camino de Oriente, en Managua.

En las marchas la conocen como “la señora del huipil” porque en casi todas las manifestaciones se le veía con un traje folclórico azul y blanco. La pieza fue elaborada por sus propias manos en mayo de 2018, pero la utilizó hasta la Marcha de las Flores, el 30 de junio de 2018, para demandar justicia para los menores asesinados durante la represión.

“Me lo puse porque en esas fechas una joven había sido agredida por bailar folclor. Decidí que fuera en la Marcha las Flores y me lo puse sin pensar que causaría tanto revuelo”, comentó Ramírez.

Foto: Óscar Navarrete/La Prensa.

La manifestante asegura que esa fue su forma de “rebelarse” a la dictadura, “demostrando que los colores de la Bandera de Nicaragua se respetan, son un orgullo y no se debe criminalizar o golpear a quienes lo portan orgullosamente”.

Esa entereza y constante participación en las protestas le ha costado a Ramírez, prácticamente, su paz y libertad. La señora del huipil ha sido detenida en más de cuatro ocasiones. Una de las peores que recuerda fue la de marzo de 2019. Oficiales orteguistas la arrastraron, la golpearon y le lesionaron uno de los dedos de la mano.

“Me golpearon fuertemente. Tengo secuelas en uno de los dedos de mi mano... Pero, más que los golpes, me dolió más la forma en la que ellos actuaron. Me desnudaron. Me tomaron huellas. Me humillaron y ofendieron. Hasta ese momento no había sufrido tanta bajeza, pero por lo menos no me inventaron ningún delito y luego me liberaron”, recordó Ramírez.

La también conocida “bailarina de las protestas” expresó que nunca ha sentido que tiene “un rol importante” en las manifestaciones, pues cuando decidió unirse a protestar lo hizo como “un ciudadano más”.

Sin embargo, la persecución orteguista contra opositores no tiene discriminación y los niveles de asedio contra la señora del huipil han llegado a límites inesperados en la historia de Nicaragua. La manifestante ha tenido que pasar meses en casas de seguridad y ya, prácticamente, no ve a su familia.

A finales de marzo de 2020, cuando Ramírez recién se asomaba por su casa, luego de varios meses lejos, confinada al encierro por seguridad, oficiales orteguistas se apostaron por varios días en la entrada principal de su casa y no le permitían ni salir a la venta por sus alimentos.
“He perdido todo prácticamente. He perdido todo”, denuncia Ramírez, mientras las lágrimas invaden su rostro.

La manifestante afirma que ni siquiera su familia permite que la visite porque temen ser reprimidos por el orteguismo. “Perdí mi trabajo de costurera porque nadie quiere llegar pues estoy permanentemente asediada; mi familia y amistades ni siquiera permiten que llegue a sus casas porque tienen miedo de ser reprimidas, casi no veo a mis hijos, prácticamente me han robado mi libertad”, lamentó Ramírez.

Sin embargo, asegura que volvería, una y otra vez, a protestar contra las injusticias que se cometen contra el pueblo de Nicaragua. “No me harán claudicar en mi demanda de libertad, justicia y democracia”, sentenció la señora del huipil.

 

El maratonista

Alejandro Vanegas, mejor conocido como Don Alex, es un señor moreno, delgado, bajo y de barba larga y canosa que empezó a correr en las rotondas de Managua, en abril 2018, en honor a cada uno de los manifestantes que habían sido asesinados por el régimen de Daniel Ortega.

Su atuendo siempre era azul y blanco y portó carteles en los que expresaba: “Corro por justicia”, “Corro para correr a Daniel Ortega” y “Libertad para los presos políticos”. En agosto de 2018, Vanegas lideró un maratón de circuito cerrado en el que docenas de nicas corrieron exigiendo libertad para todos los presos políticos. En esa ocasión corrió con el cartel de la entonces presa política Irlanda Jerez.

Foto: Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

La valentía de Vanegas, de 63 años, lo hizo un blanco de la represión gubernamental. Fue detenido en más de seis ocasiones, golpeado y amenazado para que no siguiera corriendo en forma de protesta contra el régimen orteguista. Sin embargo, el maratonista no paró de correr, por lo que la Policía de Ortega una vez más, el 2 de noviembre de 2018, lo detuvo, pero esta vez lo acusó de “escándalo público”.

Vanegas estuvo casi cuatro meses detenido en las celdas del Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo, pero fue liberado bajo la polémica Ley de Amnistía en febrero de 2019. El maratonista de las protestas afirmó en ese entonces, mientras era entregado en su casa, que seguiría corriendo y que si lo iban a volver a encarcelar que lo hicieran ahora mismo.

Sin embargo, el asedio constante en su contra y la posibilidad de volver a ser encarcelado lo hizo decidirse por el exilio. El maratonista tiene más de un año de estar en Costa Rica y resalta que el exilio ha sido difícil.

Ahora, desde el país del sur, denuncia que el régimen orteguista lo hizo perder su negocio de alquileres en Managua y el contacto con su familia. Sin embargo, en Costa Rica, por sus conocimientos de DJ en los años ochenta, cuando dirigió Ovni Discotec, logró conseguir un puesto en un restaurante donde ameniza.

El maratonista asegura que, aunque su vida cambió rotundamente por protestar, no se arrepiente de nada porque no cometió ningún delito y lo hizo para que Nicaragua consiguiera libertad, justicia y democracia.

“No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Un día nos vamos a liberar de esta dictadura”, advirtió Vanegas.

 

Doña Coquito

El 18 de mayo de 2018, Miriam del Socorro Matus, una señora menudita, de pelo cano y bajita, abandonó su puesto de venta en una parada de buses para acercarse a ofrecer bolsas con agua helada a un grupo de gente que se aglomeraba en la entrada principal del Seminario Interdiocesano Nacional Nuestra Señora de Fátima, en Managua.

Matus se fijó que el grupo, al que ofrecería agua helada, eran manifestantes que llegaban a protestar contra el régimen de Daniel Ortega, quien participaba por primera vez de un Diálogo Nacional con la oposición.

Foto: A. Cruz/Magazine.

La anciana, sin temor alguno, se acercó al grupo y les ofreció que compraran agua helada, sin embargo, al escuchar el clamor de madres que exigían justicia se conmovió y, en vez de vender, decidió regalar el agua helada a esas mujeres que lloraban por sus hijos.

“Mi idea era ir a vender agua helada, pero miré a las madres que estaban llorando, pidiendo justicia por sus muertos, entonces, me abrí caminito para donde estaban ellas y resulta que les dije que tomaran agua. La madres, todavía llorando, me dijeron que no, pero igual me puse a repartir el agua con amor, con aquel dolor de ver a esas madres que demandaban justicia por sus fallecidos”, recordó Matus.

Los manifestantes se maravillaron del gesto de la anciana y, desde que supieron su segundo nombre, empezaron a llamarla con cariño como Doña Coquito o la “Doñita del agua bendita”.

Desde ese 18 de mayo de 2018 se unió a cada manifestación que se realizó en Managua. Su participación le costó golpes, insultos, asedio y una detención ilegal. La mujer, de 79 años, recuerda que la primera y única vez que ha sido detenida por la Policía orteguista fue llevada a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como el Chipote.

“Yo iba a esperar la marcha y estábamos haciendo tiempo ahí por el mercado Iván Montenegro para que llegaran los demás, pero llegaron primero los policías. Me detuvieron junto a doña Flor. Me agarraron del cuello, pero como se percatan que llegan los medios cambiaron de posición y me toman del brazo para subirme a la patrulla, pero como doña Flor me ayudó y no dejaba que me subieran ellos me jalonearon y me tiraron en la tina de la patrulla”, denunció Matus.

La también conocida como “Abuelita vandálica” fue liberada horas después de su detención. Los oficiales la llevaron hasta su casa y la sentenciaron diciéndole que dejara de andar en “esas cosas”. Desde entonces, Matus es asediada en su venta de dulces y bebidas que tiene en la parada de buses del Seminario Nacional en Managua. Oficiales orteguistas pasan tomando fotos, sujetos desconocidos en una ocasión le robaron su mesa de trabajo y fanáticos orteguistas que circulan por el sector la pasan insultando o tirándole huevos. Sin embargo, Doña Coquito afirma que todo lo que hizo por Nicaragua “lo volvería a hacer porque corazón me sobra para luchar por mi pueblo, porque amo Nicaragua, porque todos estamos aguantando a este virus de los Ortega”.

 

LOS DESERTORES

Las masivas protestas les hicieron ver que estaban en el lado incorrecto de la historia y dieron el salto a pesar de los costos que sabían tendría esa decisión.

La exsecretaria política

El 20 de abril de 2018, Ligia Gómez, la exsecretaria política del Frente Sandinista en el Banco Central de Nicaragua (BCN), tuvo la valentía de defender sus principios antes que ejecutar las órdenes del dictador Daniel Ortega, que exigía a las instituciones del Estado enviar a los trabajadores a las rotondas y principales avenidas, para demostrar su poder político sobre las demandas de un pueblo que exigía la derogación de las reformas a la seguridad social y justicia para los primeros asesinados.

Foto: Cortesía/Magazine.

“Nos habían ordenado mandar gente al sector de la pista sururbana y yo me negué y le dije que no, que todo mundo se iba para su casa. Después, me dijeron que los mandara viernes, sábado y domingo, pero volví a decir que no, desmonté a todo mundo y los mandé a su casa, entonces, empecé a tomar todo ese tipo de decisiones y solo informaba que ya no estaba mandando a la gente cuando la convocaban”, recordó Gómez.

La exsecretaria política decidió no mandar a su gente a exponerse porque estaba clara que el Frente Sandinista no les estaba diciendo la verdad. “Ellos siempre nos dijeron que no era el partido, que eran las pandillas, que se había metido otro tipo de gente a las protestas y al inicio trataban de justificar, pero era evidente lo que estaba pasando, nosotros mirábamos lo que pasaba en los medios de comunicación y era evidente que esas explicaciones no encajaban con la realidad”, refirió Gómez.

La “rebeldía” de Gómez, exsecretaria política y exgerente de investigaciones del BCN por más de cinco años, solo duró hasta el 26 de abril 2018 que regresó Ovidio Reyes, quien inmediatamente ordenó a los trabajadores participar de las manifestaciones y la desplazó del cargo político.

“Cuando regresó Ovidio se cerró de que teníamos que cumplir, entonces, le dije que me quitara porque no los iba a mandar”, rememoró la exsecretaria política.

Gómez conservaba la esperanza de seguir en su puesto de gerente de investigaciones, aunque ya no fuera secretaria política, porque tenía los estudios suficientes en Economía que demostraban su capacidad, pero no fue así. Luego de casi tres meses en los que todos los trabajadores la ignoraban, la limitaron a actividades básicas en una oficina pequeña y sin ventanas, la sacaron de toda actividad interna del BCN y del partido, Gómez fue citada, justamente, el Día de la Alegría, 17 de junio, por la responsable de recursos humanos del Banco.

“Me llamó la gerente, yo sabía por dónde iba la cosa, y me dijo que Ovidio (Reyes) había ordenado que se cancelara el contrato, pero que ella le dijo que mejor te diera la opción de renuncia inmediata porque si no perdería todas mis prestaciones. Entonces, como yo tengo una niña con lupus de 9 años y otra de 17 años que dependen de mí, decidí ser práctica y puse la renuncia, agarré mis cosas y me fui inmediatamente”, relató Gómez.

La exsecretaria política creyó que si dejaba el Banco y no hablaba nada la dejarían vivir tranquila. Sin embargo, no tuvo paz en ese mes y medio posterior a su despido porque las amenazas no se hicieron esperar.

“Me mandaron a decir que calladita me miraba bonita, que cuidado con mi familia, me preguntaba qué estaba haciendo y cuando me llegaron amenazas por escrito me dio más temor, entonces decidí irme del país porque ellos ya tenían temor de que hablara”, detalló Gómez.

La exsecretaria política tuvo que salir huyendo de Nicaragua junto a su familia, sin avisar nada a nadie, sin vender sus bienes y en un vuelo que salía por la noche, directo a Estados Unidos, donde iba dispuesta a contribuir con la justicia y exponer ante los miembros del Congreso estadounidense los actos de corrupción de los que fue testigo.

La exfuncionaria del BCN, en tan solo 15 días de estar en territorio estadounidense, logró conseguir una cita para exponer todo lo que sabía ante el Congreso de Estados Unidos.

“Expuse la complicidad del Consejo Supremo Electoral y la Asamblea Nacional, porque los ministros llegaban a las reuniones de los Consejos Políticos a decirle a la gente cómo tenían que adoctrinar y comportarse antes de cada elección, les hablé de la orden que giraron en abril 2018 sobre el “Vamos con todo”, que llegó a lo interno en una reunión de secretarios políticos, sindicatos y representantes de la Juventud Sandinista. Nos dijeron, se está dando esta situación, entonces, vamos con todo, no dejaremos que nos roben la revolución, eso lo dijo Fidel Moreno”, pormenorizó la ahora perseguida del régimen orteguista.

“Yo digo que a mí me tocó sacrificar todo pero eso, probablemente, era mi misión porque tenía suficiente formación para darme cuenta de lo delicado de lo que estaban y siguen haciendo. Me ha tocado de todo, me ha tocado empezar de nuevo a mis 50 años, pero uno aprende que debe hacer lo que salga para poder sobrevivir y no me arrepiento de nada”, culminó Gómez.

 

El exantimotín

El 18 de abril de 2018 a Julio César Espinoza, de 31 años, le tocó estar entre las filas de agentes antidisturbios que resguardaban a las turbas sandinistas y no hacían nada por detener la agresión contra opositores que protestaban en Camino de Oriente en Managua.

Foto: Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

“La Juventud Sandinista siempre trabaja de la mano con la Policía. Nosotros sabíamos que no nos podíamos meter, pero cuando vi la agresión a un anciano, que ahora sé era Gonzalo Carrión, lancé una bomba lacrimógena para que se apartaran los chavalos de la juventud, ellos luego me dijeron que no los podía tocar porque eran de la JS, pero les dije que me valía verga, que dejaran al anciano. Esas cosas que vi ese día me ayudaron a abrir mi mente porque yo fui testigo de que los muchachos estaban pacíficamente y nosotros abrimos cordón para que ellos (los JS) actuaran, mientras los otros no tenían nada, entonces, todo el tiempo la Policía ha acuerpado a l la Juventud Sandinista”, confesó el exantimotín.

Espinoza señaló que luego del ataque represivo en Camino de Oriente, el 19 de abril, fue enviado a Masaya, porque supuestamente querían quemar el Instituto de Seguridad Social, pero seguía sintiendo que estaba en el lado incorrecto y, cuando estuvo en Monimbó, Masaya, asegura que nunca disparó de frente y procuraba que fuera al aire para no lastimar a nadie y se limitaba a usar balas de goma.

“Ellos nos tiraban morteros y nosotros, al comienzo, solo nos dejaban tirar balas de goma, pero ese mismo día veo que la cosa está fea porque nos meten a Monimbó, veo que en realidad estoy reprimiendo al pueblo y de ahí me eché para atrás, entonces, veo que lastiman a uno de mis compañeros y dije aquí me zafo. Me subí con mi compañero herido a la patrulla, pero cuando vamos saliendo me dan un pedrada y yo ya iba sin el casco”, detalló Espinoza.

Reproducción: Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

El ahora exagente asegura que pasó tres días en coma por un trauma craneoencefálico y le dieron tres meses de subsidio. Sin embargo, la Policía estaba necesitada de oficiales y le insistían a Espinoza que se reintegrara, que no tenía nada y para presionar su regreso en varias ocasiones le suspendieron su pago.

El asedio fue tal que Espinoza fue citado a Plaza El Sol, en Managua, y lo entrevistaron dos agentes de Auxilio Judicial, lo amenazaron con cárcel y esto lo motivó a poner la baja en la institución. El 6 de agosto de 2018, Espinoza se presentó para poner la baja y entregar sus uniformes, sin pensar que cuatro días después, el 10 de agosto, en represalia lo mandarían a encarcelar a él y a otros tres miembros de su familia.

La tortura contra el exantimotín fue psicológica. Lo amenazaban con tomar represalias con su familia, lo interrogaron en varias ocasiones y lo tachaban de traidor y vendepatria. En total, estuvo siete meses encarcelado: una semana en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como el Chipote, un mes y 13 días en una celda de castigo del Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como La Modelo, y el resto en celdas junto a reos comunes y presos políticos.

“Me condenaron por negarme a reprimir a mi pueblo, pero no me arrepiento”, sentenció Espinoza.

Actualmente, el exantimotín sigue viviendo en Diriamba, Carazo, pese al asedio policial, y se gana la vida vendiendo pollo, pues su récord sigue manchado. “Ha sido un cambio rotundo, duro, pero es admirable mi decisión ante todo el país, aunque algunos me rechacen. Yo fui condenado por amor a mi patria y lo volvería a hacer porque no es un delito. Todos debemos seguir siempre en la lucha, para ver un día a Nicaragua libre”, culminó Espinoza.

 

El exmagistrado

El 8 de enero de 2019, quizás un poco tarde para muchos, Rafael Solís renunció a su cargo como magistrado de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) y a su militancia en el Frente Sandinista dirigido por Daniel Ortega y Rosario Murillo, a través de una carta que hizo llegar a la pareja de dictadores.

Rafael Solís, exmagistrado de la Corte Suprema de Justicia de Nicaragua. Foto: Elmer Rivas/Confidencial.

Solís, quien hasta el cierre de esta edición no respondió nuestra solicitud de entrevista, no era cualquier militante que renunciaba, sino uno de los más importantes operadores políticos de los dictadores, padrino de bodas de Ortega-Murillo en 2005 y uno de los cinco magistrados de la CSJ que, en 2010, abrieron el camino de la reelección de Ortega.

El exmagistrado justificó su renuncia “inmediata e irrevocable”, tanto al cargo de magistrado como al de militante, aduciendo que no compartía las decisiones que estaban tomando Daniel Ortega y Rosario Murillo frente a las protestas que iniciaron en abril 2018.

“Siempre creí que la sensatez y la cordura se podían imponer en ustedes y proceder a una negociación política que permitiera el adelanto de las elecciones y algunos de los otros puntos planteados por la oposición, pero la realidad ha demostrado todo lo contrario”, lamentó Solís en su carta, firmada el 8 de enero de 2019, un día después de su ingreso a Costa Rica, lugar al que viajó tras un tratamiento médico que recibió en México.

En la misiva, el exoperador político, prácticamente, confesó y confirmó las denuncias de los opositores, que exponían que los Ortega-Murillo estaban cometiendo graves violaciones a los derechos de los nicaragüenses. Además, puso en evidencia que los poderes del Estado, incluso el Electoral, son obedientes al Frente Sandinista.

Solís asegura en su carta, que muchos consideran una confesión, que los Ortega-Murillo han impuesto en el país “verdaderamente un Estado de terror, con el uso excesivo de fuerzas parapoliciales o aun de la Policía misma con armas de guerra… Ya no existe derecho alguno que se respete, con las consecuencias inevitables de la instalación y la consolidación al menos de una dictadura con caracteres de monarquía absoluta de dos reyes, que ha hecho desaparecer todos los poderes del Estado, dejando al mismo poder judicial al que yo pertenezco reducido a su más mínima expresión”.

La renuncia de Solís es considerada por políticos opositores como “importantísima” para corroborar, desde el núcleo de la dictadura Ortega-Murillo, que en el país se han cometido crímenes de lesa humanidad, pues, han dejado un saldo de más de 300 muertes, centenas de heridos y criminalizados, además de los miles exiliados con la represión que han perpetrado desde abril 2018.

Sin embargo, desde el orteguismo la renuncia ha sido considerada como una traición. Los operadores políticos como el diputado Edwin Castro, el canciller Denis Moncada y el camaleón Wilfredo Navarro, a su ingreso a lo que se llamó el segundo Diálogo Nacional entre la dictadura y la oposición, en abril de 2019, han asegurado que el exmagistrado “traicionó Nicaragua, apoyando los esfuerzos por destruir esta sociedad que estábamos construyendo”.

Aunque se sabe poco sobre la forma en que le pudo cambiar la vida a Solís con su decisión de dejar el partido al que sirvió por más de 30 años, se conoce que sigue en Costa Rica desde el 7 de enero de 2019 en carácter de exiliado.

 

PERIODISTAS EN REBELDÍA

 

Dino Andino

Foto: Óscar Navarrete/ LA PRENSA.

Dino Andino de 53 años, renunció a su cargo como presentador y periodista del noticiero de Canal 2 el 18 de abril de 2018. El comunicador, que estuvo 18 de los 29 años que tiene de ejercer el periodismo en ese medio de comunicación televisivo, aseguró en ese momento que renunció tras reflexionar en todo lo que había pasado en esas primeras 24 horas de las protestas desatadas contra el régimen de Daniel Ortega. Andino, actualmente, se encuentra exiliado en Costa Rica y formó su propia plataforma: “Actualidad con Dino Andino”, para continuar informando a los nicaragüenses.

Arnulfo Peralta

Arnulfo Peralta de 39 años, también fue uno de los primeros periodistas en renunciar a medios oficiales que mentían sobre la realidad de la represión que se estaba viviendo en Nicaragua en abril 2018. El comunicador tenía 14 de sus 20 años de ejercicio periodístico de laborar en Canal 2, pero en ese entonces aseguró que “hay momentos en que la balanza se inclina” y, en este caso, se inclinaba hacia la verdad. Peralta, actualmente, se encuentra exiliado en Estados Unidos y labora para Telemundo.

 

Eveling Lambert

Foto: Cortesía.

Eveling Lambert la comunicadora social Eveling Lambert, de 34 años de edad y 16 años de experiencia en el periodismo, renunció el 23 de abril de 2018 a su cargo como periodista y presentadora de Canal 8, propiedad del régimen orteguista, pues no estaba dispuesta a mal informar u obviar la represión que se estaba cometiendo contra el pueblo de Nicaragua.

 

Carlos Mikel

Foto: Cortesía.

Carlos Mikel La renuncia del periodista Carlos Mikel, editor de El 19 Digital, propiedad del régimen orteguista, ocurrió el 18 de junio de 2018. Mikel laboró nueve años para ese medio de comunicación, pero dijo que “ya no aguantaba” seguir mintiendo sobre lo que realmente le estaban haciendo al pueblo de Nicaragua. El comunicador actualmente está exiliado en Costa Rica, pues tras su renuncia fue víctima de asedio y amenazas.

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Reportaje