Los secretos de un enemigo astuto: el nuevo coronavirus

Reportaje - 08.06.2020
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El mundo está de rodillas ante un enemigo microscópico. El nuevo coronavirus, responsable del Covid-19, es el séptimo en el grupo de los coronavirus que pueden afectar a los seres humanos. Esto es lo que sabemos sobre él.

Por Amalia del Cid y Ana Cruz

El 2020 nació muerto. El 31 de diciembre de 2019, mientras el mundo celebraba la llegada del nuevo año y se proponía metas para los siguientes doce meses, China informaba a la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre varios casos de una extraña neumonía de causa desconocida.

El 7 de enero fue aislado un nuevo tipo de coronavirus, el séptimo en un selecto grupo de coronavirus capaces de infectar el cuerpo humano. En los siguientes días las noticias sobre la enfermedad se propagarían por todo el mundo, con imágenes de ciudadanos chinos que de súbito se desplomaban en las calles. Sin embargo, para entonces el fenómeno todavía parecía algo muy lejano.

Dos meses más tarde el mundo estaba en jaque, con países enteros en cuarentena, aeropuertos cerrados y un imparable número de muertes y contagios. Científicos en todo el planeta se entregaron a la investigación del virus, que no ha cesado de dar nuevos disgustos desde su aparición en la ciudad china de Wuhan.

El SARS-CoV-2, como fue bautizado el nuevo coronavirus, resultó ser increíblemente “astuto” y poseer una pasmosa velocidad de propagación. Por otro lado, en solo unas pocas semanas el Covid-19, la infección causada por este microscópico enemigo, pasó de ser una simple enfermedad respiratoria a considerarse una “enfermedad infecciosa multisistémica”, altamente impredecible, que puede dañar pulmones, corazón, riñones, hígado y cerebro.

“Nunca hemos visto algo como esto”, repiten los médicos a lo largo del mundo. Mientras muchas personas pueden contagiarse de coronavirus y ni siquiera percibir síntomas; otras sufren terribles estragos. El virus causa coágulos en la sangre, inflamación de tejidos, falta de oxígeno en el torrente sanguíneo e, incluso, cuando la infección es muy grave, reacciones desproporcionadas y potencialmente mortales del sistema inmune, detalla la BBC Mundo en el reportaje “Coronavirus, de enfermedad respiratoria a multisistémica”.

El planeta enfrenta su peor crisis desde la Segunda Guerra Mundial, pero ahora el mayor enemigo no son las balas ni las armas nucleares. Ni siquiera lo podemos ver. Se trata de un redondo virus que mide alrededor de 100 nanómetros. Para que tengamos una idea más clara de cuán diminuto es: un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro.

Los primeros casos de Covid-19 se registraron en la ciudad china de Wuhan. El gobierno chino los reportó a la OMS el propio 31 de diciembre de 2019. En ese tiempo se hablaba de una “extraña neumonía”.

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Los coronavirus son viejos conocidos de la humanidad. Una gran familia de virus que ha estado entre nosotros desde hace muchísimo tiempo. De acuerdo con el estudio “Un caso para el origen antiguo de los coronavirus”, publicado en 2013 en el Journal of Virology, el ancestro común más reciente de estos virus tiene unos 10 mil años de edad. “Su edad relativamente joven contrasta con la antigua historia evolutiva de sus posibles anfitriones naturales, que comenzaron a diversificarse hace decenas de millones de años”, destaca el texto científico.

“No podemos decir cuántos años tienen exactamente, pero sí que son inestimablemente viejos. Probablemente han estado en contacto desde que existen los pájaros y los murciélagos y tal vez sean más viejos que ellos”, asegura Joel Wertheim, profesor asistente de Medicina de la Universidad de California, San Diego, en el artículo “Qué son los coronavirus, cuántos hay y qué efectos tienen sobre los humanos”.

Existen incontables tipos de coronavirus en murciélagos y pájaros, sus principales reservorios. Sin embargo, no todos infectan a los humanos y muchos solamente producen “un tipo común de resfriado”.

De los siete tipos de coronavirus que pueden afectar a las personas, cinco han sido descubiertos en menos de veinte años. Y el primero, conocido como 229E, fue aislado en 1965, hace apenas 55 años.

Cuatro de esos coronavirus suelen causar resfriados comunes. Por desgracia, el más reciente miembro de la familia se unió a los que causan más daño. Dos de sus “hermanos” ya producían enfermedades graves: el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS). El problema de este nuevo coronavirus es que se transmite con mayor facilidad.

Según la OMS, “la enfermedad puede propagarse de persona a persona a través de las gotículas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose o exhala. Estas gotas caen sobre los objetos y superficies que rodean a la persona, de modo que otras pueden contraer el Covid-19 si entran en contacto con estos objetos o superficies y luego se tocan los ojos, la nariz o la boca. También pueden contagiarse si inhalan las gotas que haya esparcido una persona con Covid-19 al toser o exhalar”.

Pero aparte de eso, se encuentra el oportunista mecanismo de propagación empleado por el virus, que se infiltra en el organismo engañando al sistema inmune y a las células humanas.

“Para infectar, los virus utilizan siempre algo que sea esencial para la célula, algo que no pueda mutar para defenderse”, explicó José Aguilar Gavilán, investigador y profesor de virología en la Universidad de Córdoba, a la revista Muy Interesante. “Para entender cómo infecta un virus a una célula podemos usar la analogía de la llave y la cerradura. Los coronavirus presentan una envoltura sobre la cual se localizan unas púas pequeñas que les dan el aspecto de corona y se llaman espículas. Pues bien, esas espículas son la llave de entrada a las células y, en el nuevo coronavirus, a diferencia del SARS o el MERS, la llave tiene muchísima más afinidad que la que tienen los otros coronavirus. Eso significa que abren con más facilidad las puertas, y por lo tanto se transmiten más rápidamente”, dijo el experto.

Cuando infectan una célula, “los coronavirus utilizan una proteína, denominada S, la cual se une a la membrana celular a través de un proceso que es activado por enzimas específicas de la célula”, explica el artículo titulado “¿Por qué el coronavirus se propaga tan fácilmente entre las personas?”, del portal especializado Investigación y Ciencia. “Los análisis genómicos han revelado que la proteína S del nuevo coronavirus difiere de las de sus parientes cercanos, y sugieren que la proteína presenta un sitio, o dominio, que es activado por una enzima de la célula huésped llamada furina”.

Se trata de un dato importante, “porque la furina se halla en numerosos tejidos humanos, incluidos los pulmones, el hígado y el intestino delgado, lo que significa que el virus tiene el potencial de atacar múltiples órganos”, ha advertido Li Hua, biólogo estructural de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong en Wuhan, donde comenzó la pandemia.

Sin embargo, algunos investigadores se han mostrado cautelosos respecto a la importancia que se atribuye “al sitio de activación” en la rápida propagación del coronavirus. “Desconocemos si realmente es un problema principal o no”, dice en el mismo artículo Jason McLellan, biólogo estructural de la Universidad de Texas, en Austin, quien ha analizado el nuevo coronavirus.

El equipo de McLellan identificó otra característica que explicaría por qué el nuevo coronavirus infecta con tanta eficacia las células humanas. Sus experimentos demostraron que la proteína S “se une a un receptor de las células humanas, denominado enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2), con una fuerza al menos diez veces mayor que lo hace la proteína S del virus SARS-CoV”.

Tanto la furina como el receptor ACE2 están implicados en la reproducción del virus. Ellos se encargan de abrirle la puerta de la célula.

“La furina realiza una escisión en las proteínas espiga del coronavirus (aquellas que sobresalen de la superficie), clave para que esta pueda entrar en las células huésped y reproducirse”, detalla el sitio Redacción Médica.
Bajo la acción de la furina, una entrometida muy inoportuna, la proteína S del virus se divide en dos subunidades, S1 y S2. De manera que la S1 se une con gran afinidad al receptor ACE2 de la célula y el otro fragmento se fusiona con las membranas.

Estas amañadas estrategias del coronavirus para introducirse a nuestro cuerpo y “colonizar” nuestras células han sido estudiadas por científicos de todo el globo a fin de desarrollar vacunas y terapias que puedan inhibir su mecanismo de acción.

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El mundo no estaba preparado para soportar una pandemia. Los mejores sistemas de salud han colapsado y las mayores economías del mundo han sufrido estragos. Para este año el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha proyectado una recesión económica global de -3 por ciento. La mayor desde la Gran Depresión.

El gran adversario de la humanidad es apenas “un brevísimo mensaje escrito con combinaciones de las mismas cuatro letras (a, u, g, c)”, dice el diario El País, de España, en el texto “Las doce letras que cambiaron el mundo”. Su código genético pesa solo 8 kilobytes y es tan minúsculo respecto a un ser humano como una gallina respecto a la Tierra.

Quizá esa sea la mayor de sus ventajas. Es tan pequeño que a muchos les ha parecido inofensivo. Grave error.

El doctor David Tyrrell deposita un virus de la gripe común en la nariz de una paciente, durante una investigación en 1966.

La historia del primer coronavirus

Hasta el siglo XX, se desconocía que los coronavirus también pueden infectar a humanos. De acuerdo con la revista Muy Interesante, el descubrimiento de los primeros coronavirus humanos es “un mérito compartido entre dos laboratorios”.

En 1965 la investigadora de la Universidad de Chicago, DorothyHamre, y su compañero John Procknow encontraron un nuevo tipo de estos virus mientras analizaban el tejido de estudiantes que padecían un resfriado común.

Al mismo tiempo, dice Forbes, en un laboratorio inglés un grupo de investigadores dirigido por el doctor David Tyrrell estaba aprendiendo más sobre el resfriado común. Ellos también aislaron lo que parecía ser un nuevo tipo de virus en el cultivo de las fosas nasales de un niño. Cuando el equipo de Tyrrell lo examinó bajo un microscopio electrónico, descubrió que se parecía a un virus que en la década de 1930 había sido aislado de pollos con bronquitis. Era el mismo tipo coronavirus, el primero en los registros de los coronavirus humanos.

A ese primer coronavirus le llamaron 229E. Dos años después fue descubierto un segundo coronavirus humano, sin embargo pasarían cuatro décadas para que apareciera el tercero. De 2002 a 2019 se hallaron los cinco coronavirus restantes que conocemos hoy.

Curiosidades

  • Infectan a una amplia variedad de animales y son comunes en todo el mundo. Existen cientos de coronavirus y la mayoría circula entre animales como murciélagos, aves, camellos, cerdos y gatos. Causan enfermedades respiratorias, entéricas (en los intestinos), hepáticas y neurológicas de asintomáticas a graves.
  • De todos los coronavirus conocidos, solo siete han infectado a los humanos. El primero en descubrirse fue el 229E, en 1965. Los otros fueron descubiertos en 1967, 2002, 2003, 2005, 2012 y 2019.
  • Los coronavirus 229E, OC43, NL63 y HKU1 provocan aproximadamente un tercio de todos los resfriados comunes (el porcentaje restante lo causan otros virus, como los rinovirus y los adenovirus). Sin embargo, el SARS-CoV provoca el Síndrome Respiratorio Agudo Grave; el MERS, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio, y el SARS-CoV-2, el Covid-19, que actualmente es una pandemia global.
  • Todos los coronavirus, incluidos los que afectan a los humanos, parecen tener un origen animal (no humano). Esto los convierte en zoonosis, enfermedades que pueden saltar entre los humanos y otros animales.
  • El murciélago, un reservorio de coronavirus, parece ser el origen común de varios coronavirus humanos. El MERS-CoV (2012) y SARS-CoV (2002) fueron originalmente virus de murciélago que pasaron a un animal intermedio (camello y civeta) y luego a los humanos. Al parecer, los parientes genéticos más cercanos del nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) son coronavirus de murciélago y la especie intermediaria podría ser el pangolín, un animal en peligro de extinción debido al tráfico ilegal de sus escamas y su carne. Se le considera el mamífero más traficado del mundo.
  • El Covid-19 es menos letal que el SARS o el MERS, pero tiene una tasa de contagiosidad mucho mayor.
  • Todo indica que los coronavirus evolucionan igual que cualquier otro tipo de organismo: mediante selección natural.
    El término “coronavirus” fue acuñado en 1968. Esto se debe a que, vistos a través de un microscopio, la envoltura de estos nuevos virus presentaba similitudes con la corona, la capa exterior del Sol.
  • Las proteínas con forma de “espiga” en la superficie de su envoltura funcionan como una llave maestra que les permite colonizar células de organismos huéspedes. El nuevo coronavirus utiliza la proteína S.
  • El código genético del virus pesa los mismo que una página de word con 100 palabras escritas. Apenas 8 kilobytes.
  • El genoma del nuevo coronavirus tiene menos de 30 mil “letras” genéticas de longitud. El humano posee más de tres mil millones.
  • No está vivo... Ni muerto. No está vivo porque no cumple una de las funciones básicas de la vida: reproducirse por sus propios medios. Y tampoco está muerto porque, como un ladrón de bancos, puede abrir la caja fuerte donde las células humanas guardan sus secretos más preciosos: su información genética.
Los murciélagos y las aves son los principales reservorios de los coronavirus. Estos virus han saltado a los humanos a través de animales intermediarios, como el camello y la civeta.

Virus en el semen

El coronavirus SARS-CoV-2 fue detectado en muestras de semen de pacientes, tanto enfermos como en recuperación, concluyó un estudio realizado en China que no determina si sería contagioso. Mucho es lo que aún se desconoce sobre esta enfermedad, por ello no se puede afirmar con total seguridad que se transmita por vía sexual como el ébola o el VIH-Sida.

El Gran Cierre: impacto económico

La pandemia de Covid-19 paralizó al mundo y eso es algo que, inevitablemente, afectará la economía global. De hecho, de acuerdo con las predicciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) el impacto negativo de la crisis será el peor que ha vivido el mundo en casi un siglo. Para ser más precisos, será la peor recesión mundial desde 1929.

“Anticipamos las peores consecuencias económicas desde la Gran Depresión”, proyectó la directora de la organización financiera, KristalinaGeorgieva, en abril de este año. La crisis es tan grande que fue bautizada por el FMI como el “Gran Cierre”, aludiendo al confinamiento que ha congelado la actividad económica mundial.

Según el FMI la economía mundial caerá un -3 por ciento en 2020 y, en el caso específico de Nicaragua, la caída sería de -6 por ciento, la peor proyección entre los países de Centroamérica. Superior, incluso, a la reducción de -5.2 por ciento que la organización proyecta para América Latina y el Caribe. Por si eso fuera poco, se prevé un nulo crecimiento economía nicaragüense en 2021.

Una caída de -6 por ciento significa, en términos prácticos, “la reducción en todos los hogares del país de sus ingresos y sus capacidades de consumo de una manera superior a los dos dígitos en cada hogar”, señaló José Adán Aguerri, presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), el reciente 24 de mayo.

En el caso de Estados Unidos sufrirá una contracción de -5.9 por ciento; la de zona euro será de -7.5 por ciento y la de Japón, de -5.2 por ciento. Únicamente China e India mantendrán un crecimiento positivo, aunque bajo, de 1.2 y 1.9 por ciento, respectivamente.

“Hace solo tres meses, esperábamos un crecimiento positivo del ingreso per cápita en más de 160 de nuestros países miembros en 2020. Hoy, ese número ha cambiado: ahora proyectamos que más de 170 países experimentarán un crecimiento negativo este año”, señaló Georgieva.

Para 2021 se proyecta solo una “recuperación parcial” de la economía mundial.

Millones de empleos perdidos

El efecto de la pandemia global de coronavirus sobre el empleo superará con creces lo sucedido durante la crisis financiera mundial de 2008-2009, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo, citado por la BBC Mundo.

Se proyectó que solo entre abril y junio de este año, el Covid-19 hará desaparecer el 6.7 por ciento de las horas de empleos, lo que equivale a la pérdida 195 millones de puestos a tiempo completo.

En el caso de Nicaragua, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pronosticó a comienzos de mayo la desaparición de hasta 125,400 plazas para el mercado del trabajo formal, si la recesión se prolonga como consecuencia de la pandemia.

Batalla geopolítica

El Covid-19 abrió un nuevo frente de batalla geopolítica entre Estados Unidos y China. Tanto China, como Estados Unidos y Europa libran sus respectivas batallas para contener el virus en sus respectivos países, pero también por controlar el relato sobre la crisis. China parece llevar ventaja al haber superado aparentemente la enfermedad. Las grandes potencias han sido incapaces de afrontar conjuntamente un desafío que afecta a todas las latitudes.

“Estados Unidos, centrado en ganar su propio pulso contra el virus, ha renunciado a su papel tradicional de líder mundial, mientras que la Unión Europea se mantiene entre dos aguas, concentrada en su propia supervivencia como institución”, analiza la revista Vanguardia.

 

 

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