Memorias del viejo Camino de Oriente

Reportaje - 05.04.2021
316-CAMINO-DE-ORIENTE-4

Fue el principal centro de esparcimiento en la Managua de los años setenta y ochenta, la época
de la música disco y de la escasez

Por Amalia del Cid

La discoteca Infinito presumía de tener “la única pista de baile iluminada” del país. Era un rectángulo perfecto ubicado en la planta baja de la disco y daba gusto ver cómo los ladrillos se encendían en distintas formas y colores. “Te sentías como John Travolta en Fiebre de sábado por la noche”, recuerda Enrique Aguilar, ciudadano managua de 52 años de edad.

Pero aunque la Infinito tenía el piso mejor iluminado y una segunda pista de baile, redonda, en la planta superior, su competencia contaba con el mejor juego de luces aéreas, en el que sobresalía una gran esfera. Allí donde hoy se halla un gimnasio se leía en grande: Lobo Jack. Aguilar extiende las manos en el aire, colocando imaginariamente el sitio exacto donde hace muchos años estuvieron ubicadas esas letras, sobre la fachada angulosa de un edificio bajo que se extiende por casi una cuadra.

Tiene buena memoria y además, de chavalo visitó con frecuencia los sitios de esparcimiento más famosos de Managua. Muchos de ellos se encontraban aquí, en Camino de Oriente, como las discotecas Infinito y Lobo Jack y como el Bolerama, centro de boliche inaugurado el 12 de diciembre de 1974, oasis de la muchachada de los años ochenta.

Camino de Oriente abrió sus puertas como centro comercial en 1974 y vivió uno de sus mejores momentos en 1977 y 1978, durante la fiebre de las discotecas. Eso cuenta el reportaje Camino de Oriente se despierta, publicado por La Prensa en junio de 2005, hace 16 años, cuando los 74 módulos del centro comenzaban a vivir un nuevo auge económico, luego de varios años venidos a menos.

La pista de patinaje era una de las mayores atracciones del Bolerama, allá en los años ochenta. En las cercanías de Camino de Oriente se ubicó otro gran ícono de la vieja Managua: el autocinema. FOTO: Cortesía del Ihnca

En los últimos años de los setenta las películas de Travolta pusieron de moda la música disco y eso se bailaba en Camino de Oriente, que por entonces era conocida como “Ciudad Plástica”, por ser visitado principalmente por gente de cómodos estratos sociales que abarrotaba sus cinemas, restaurantes y salones de baile.

El mote, dicen los antiguos managuas, fue inspirado por la canción Plástico, de Rubén Blades. Aquella que dice “ella era una chica plástica de esas que veo por ahí, de esas que cuando se agitan sudan Chanel number three (…) no le hablan a nadie si no es su igual, a menos que sea un fulano de tal (...). Él era un muchacho plástico de esos que veo por ahí, con la peinilla en la mano y cara de yo no fui (…) de los que prefieren el no comer por las apariencias que hay que tener”.

***

Con la llegada de los años ochenta, la Revolución sandinista, la crisis económica y la guerra, poco a poco fue perdiendo el apodo, la fama de elitista y el brillo de antaño. El centro comercial fue confiscado por el gobierno sandinista a la firma Incosa el 21 julio de 1981 y pasó de manos privadas a manos estatales. A lo largo de la década estuvo bajo la administración del Instituto Nicaragüense de Turismo (Inturismo) y de Herty Lewites Rodríguez, entonces ministro de Turismo.

Israel Lewites Cornejo, sobrino de Herty Lewites Rodríguez, conoció Camino de Oriente en los años ochenta. FOTO/ Cortesía

Es posible que en el viejo Camino de Oriente empezara a gestarse la idea de Hertylandia, el enorme parque de diversiones que Herty abriría en abril de 1994, supone su sobrino Israel Lewites Cornejo. “Herty tenía ocurrencias ingeniosas y una de ellas fue la pista de patinaje del Bolerama”, cuenta. “En un viaje a Miami compraron patines de segunda mano y al regreso contrataron albañiles que tiraron concreto hidráulico”.

Según Lewites Cornejo, su tío se entusiasmó tanto con la administración de Camino de Oriente que, aprovechando una remodelación del Lobo Jack, el Inturismo tomó las cosas que se descartaron para fundar en Jinotepe una copia llamada El Lobito.

En su mejor época la Lobo Jack fue la discoteca más exclusiva del país, la “disco de los chicos plásticos”. La pista “era como de metal pulido, brillaba mucho y no te deslizabas”, rememora Enrique Aguilar, quien la conoció en 1984. Cerca de esa pista había una pantalla gigante donde la gente podía apreciarse a sí misma, ejecutando sus mejores pasos de baile; y por todos lados se colocaron “televisores culones” que transmitían películas en circuito cerrado, aunque el estruendo de la música no permitía escuchar ningún diálogo.

Incluso en los ochenta, la Lobo Jack fue “una disco más elitista”, recuerda Aguilar. “La ‘gallada’ solo entraba cuando un colegio organizaba fiestas ahí o cuando había un evento de break dance”. Pero, con todo, se le consideraba “la disco”.

La Infinito, por otro lado, ofrecía matinés para que chavalos de 13 a 17 años llegaran a bailar. Sonaba la música disco y las canciones de Air Supplay, pero los programas siempre incluían salsa y alguna balada de Franco de Vita.
Estaban de moda los overoles, los pantalones “pachucos”, los peinados “estilo Valentino”, con copetes frondosos y desordenados, y los “zapatos chinos”, popularizados por las películas de Bruce Lee, pero también por el bloqueo y la falta de insumos para la confección de calzado, pues el cuero era destinado para las botas del Ejército Popular Sandinista.

El Bolerama, situado en Camino de Oriente, fue un local pionero de los juegos electrónicos, el patinaje y la práctica del boliche.
FOTO/ CORTESÍA DEL IHNCA

Para los jóvenes el principal atractivo eran las discotecas; para los adolescentes, el Bolerama. Además del boliche, estaba la pista para patinaje, donde todos andaban sobre cuatro ruedas, y había maquinitas de Atari para jugar Pacman, Tennis y Space Invaders.

Otra gran atracción, por supuesto, eran los cinemas 1 y 2, que se ubicaban donde ahora hay un supermercado; así como los restaurantes, de los cuales varios sobreviven hasta la fecha, como La Crema Batida y Las Brasas, fundada en 1980.

En aquella época de crisis, también fue popular el McDonald’s de Camino de Oriente, pero sus combos no eran ni por cerca los que la cadena servía en el resto del mundo. “La hamburguesa cuarto de libra no tenía carne; en vez de queso, se usaba cuajada y en vez de lechuga, repollo; las papas fritas eran yuca frita y en lugar de Coca Cola servían fresco de pitahaya”, relata Israel Lewites Cornejo, de 44 años. “Era el McDonald’s más sano del mundo, aunque el papel en el que envolvían las hamburguesas se despintaba y uno no sabía qué tinte se estaba comiendo”.

En esa década también cobró auge una actividad que se volvió característica de Camino de Oriente: la prostitución.

Parte de Camino de Oriente el 21 de julio de 1981, cuando fue confiscado por el gobierno sandinista. FOTO/ Archivo

***

El declive del antiguo Camino de Oriente ya era palpable a inicios de los noventa. “Era una cosa decadente, como decadente era toda Managua”, recuerda el periodista José Adán Silva, de 46 años, quien conoció el centro comercial “cuando ya iba de bajada”.

Había “pocos lugares abiertos y unos empezaban a remodelar, la mayoría cerraba temprano”, recuerda. “El Lobo Jack, lo mejor que existía antes, venía para abajo rumbo a su extinción como centro de entretenimiento, y discos como Infinito, una discoteca de clase media baja, empezaban a agonizar ante nuevas opciones”.

Las trabajadoras sexuales eran vistas con más frecuencia y “trabajar en Camino de Oriente” se convirtió en una forma de hacer referencia a la prostitución.

“Kioskos de comida rápida empezaban a ocupar las aceras y el Bolerama, que fue una atracción única en el país, ya era una cosa triste de pobre y atrasado”, cuenta Silva. Pero “a la par de todo esto empezaban a aparecer carros modernos con altoparlantes a todo volumen, que vibraban cuando pasaban junto a uno, era otro Camino de Oriente, otro ambiente”.

A veces él iba a buscar una gaseosa o alguna hamburguesa y, cuando podía, se metía a ver una película a los cinemas 1 y 2. Sin embargo, para ese modelo de cine de los setenta fue difícil competir con las salas de los centros comerciales emergentes, como Metrocentro y Plaza Inter, sostiene.

El actual Camino de Oriente también es un sitio popular, con nuevas y numerosas tiendas y antiguos restaurantes. Hay pocos lugares en Managua donde convivan tan claramente la nostalgia y la modernidad.

El interior de la discoteca Lobo Jack, la más famosa de los años setenta y ochenta, con su pista metálica y su juego de luces. En Camino de Oriente también estaban las discos Infinito y Casa Blanca. FOTO/ Cortesía del Ihnca

Sección
Reportaje