Mi otra vida

Reportaje - 11.02.2007
Noelia-Román

Se les puede encontrar en heladas oficinas, de mangas largas y corbata los hombres, traje sastre las mujeres, pelo engominado, dirigiendo personal, trabajando en computadoras o como médicos atendiendo pacientes. Eso es durante todo el día.
En la noche todo cambia…

Alma Meléndez

Por la mañana, el ortodoncista Luis Pastor González está afanado colocando uno a uno los brackets en los dientes de una jovencita en su consultorio de Residencial Los Robles. Más allá, cerca de la Rotonda Universitaria, el gerente de operaciones de Tip-Top, arquitecto Jorge Díaz Bonilla, revisa unos planos, mientras en otro edificio Noel Noguera, diseñador gráfico de LAFISE, da forma en su computadora a una nueva tarjeta de crédito. En ese mismo momento, el odontólogo Sandor Guido limpia los dientes de un paciente en el Hospital Carlos Roberto Huembes. Noelia Román, en cambio, atiende una reunión como parte de sus funciones de gerente de mercadeo del Hotel Crowne Plaza.

Por la noche todo cambia. Luis Pastor, el ortodoncista, arranca aplausos al auditorio con su canto y su guitarra; Jorge, el gerente de Tip-Top, se transforma en el bajista del grupo rockero Malos Hábitos; Sandor, el odontólogo, espera con ojo de lince el lanzamiento que hará el pícher mientras las barras animan el estadio; Noel, el diseñador gráfico, sacude con los palillos la batería del grupo rockero División Urbana, mientras Noelia, la gerente de Mercadeo del Crowne Plaza, ha dejado su ropa formal y desfila por la pasarela en traje de baño, mostrando sus portentosas curvas. Metamorfosis total.

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La administradora de empresas Noelia Román Prado, de 24 años de edad, felizmente casada, es gerente de cuentas corporativas del Hotel Crowne Plaza. Su trabajo tiene que ver con ventas y relaciones públicas, tiene una cartera de clientes a la que debe darle mantenimiento, estar pendiente de los negocios y de lo que necesiten con relación al hotel, como la realización de eventos y el hospedaje de comitivas.

Es bonita, delgada, piernas largas, brazos finos y postura elegante. Rostro alargado, cabello castaño oscuro, recogido hacia atrás, cejas perfectamente delineadas, enormes y coquetos ojos oscuros. Un ajustado traje gris de ejecutiva favorece su silueta de curvas sinuosas.

Quien la ve, bien diría que parece modelo, y no estaría en un error: desde hace cinco años modela para la Agencia Eleganza y hasta la fecha cada vez que la llaman para una sesión de fotos o pasarelas, pide permiso a su jefe, hace el tiempo, adelanta trabajo y se va a desfilar.

Entre la fotografía y la pasarela prefiere esta última, los desfiles de moda son su debilidad. “Soy súper desinhibida, tengo cero miedo y cero vergüenza, a como modelo un vestido de noche o un disfraz, modelo un traje de baño o ropa interior”, dice entre risas, mientras se arregla el collar de perlas negras que lleva colgado al cuello.

Se inició en el mundo del modelaje profesional a los 19 años, por interés más que por vocación. Recuerda que una profesora de la universidad le contó de un concurso que se llama Reina del Carnaval y que el premio era un carro.

A pesar de que no tenía la más mínima experiencia fue al casting. Había más de 150 muchachas y quedó entre las 19 seleccionadas. No ganó la corona, esa le quedó a Berta Valle, pero ella fue una de las siete finalistas.

Ese mismo año participó en el concurso de Miss Montelimar 2003 y ganó. Después de eso comenzaron a lloverle invitaciones. Primero las fotos para portadas de periódicos, con las que no ganaba dinero, pero mantuvo su imagen en los medios, luego las invitaciones para desfilar en pasarelas y entonces sí, pasó a ganar, según ella, hasta seiscientos dólares al mes como modelo.

Ha sido modelo de la Belmont y de Enitel, cuando trajeron a Pedro el Escamoso y ella fue una de las tres edecanes que contrataron para que acompañaran todo el tiempo al artista. “Teníamos que andar por toda la ciudad en un carro rojo descapotado saludando a la gente”, cuenta. “Ese hombre es un show”, dice mientras fija la mirada en sus recuerdos y se le dibuja una sonrisa.

“El trabajo es demasiado absorbente, si te dejas llevar, en un lapso de tiempo tenés el estrés en niveles altísimos”, dice la joven, quien a pesar de tener una jornada diaria de diez o hasta 12 horas de trabajo, mantiene un aspecto saludable, un cuerpo impecable, porque va al gimnasio al menos tres veces a la semana y luce fresca como una lechuga.

A pesar de ser gerente de cuentas corporativas del Crowne Plaza, Miss Montelimar 2003, Noelia Román sigue activa en las sesiones fotográficas.

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En el consultorio fresco y celeste solo el sonido del taladro con que se hacen las calzas consigue romper la atmósfera de tranquilidad que crea la música instrumental que se escucha de fondo.

El ortodoncista Luis Pastor González Vega, especialista en la alineación de los dientes y en la corrección de la mordida, va pegando con cemento especial uno a uno los brackets de ortodoncia en los dientes de la paciente. “Esto es todo un arte”, comenta admirando el resultado. La manda enjuagarse y le da la lista de indicaciones: “No mastique hielo ni chicharrón, no masque chicle, lávese los dientes después de cada comida…”

No mide más de un metro y sesenta, tiene 33 años, piel clara, cabello oscuro, mejillas rosadas, barba espesa debidamente rasurada y lentes de grado. Por debajo de la gabacha impecablemente blanca, asoma una camisa a cuadros celestes y una corbata amarilla.

Se dedica con esmero a arreglar sonrisas y mejorar la apariencia facial de sus pacientes, pero al caer la tarde cuelga la gabacha y toma la guitarra. A veces compone melodías, otras escribe canciones y en ocasiones, sobre algún escenario, presenta el resultado de sus noches de inspiración.

Muchos pacientes reconocen en el odontólogo al cantautor nacional, vocalista del grupo Tierra Fértil y le llevan recortes de periódicos para que se los firme y le preguntan la fecha de los conciertos para estar pendientes de irlo a ver.

Tiene dos discos grabados de forma independiente, Solo sueños, que salió al mercado en 1997 y Pintemos el provenir, lanzado en mayo del año pasado, en el que reunió música de los artistas que lo han influenciado, como Alux Nahual, de Guatemala; Guillermo Anderson, de Honduras; Adrián Goizueta, de Argentina; Hernaldo Zúñiga y los Mejía Godoy de Nicaragua, entre otros.

Toca guitarra y canta desde que estaba en el colegio, en la universidad compuso sus primeras letras e hizo los primeros conciertos, pero nunca pensó en dedicarse exclusivamente a la música, siempre supo que sería un profesional que llevaría de la mano la faceta musical.

“La música y el arte no son un hobby para mí”, explica mientras acomoda la espalda en la silla reclinable. “Un hobby no es más que un pasatiempos, algo así como ir al cine o cocinar, yo hago música por convicción, porque quiero transmitir un mensaje a través de lo que interpreto…” Decía esto, cuando mira algo que lo desconcentra y se interrumpe. Instintivamente toma del escritorio una arcada dentaria de yeso, acomoda las dos piezas y vuelve a ponerla en su lugar.

—Esta pieza tiene que estar arriba y esta otra abajo, si sale invertida en la foto qué van a pensar mis colegas. Además de ser ortodoncista y cantautor, es empresario. Su empresa se llama Lupa Producciones y a través de ella maneja todo lo que tiene que ver con su propia carrera. Traza planes de actividades que incluyen desde las visitas a los medios de comunicación hasta el diseño e impresión de pósteres promocionales. Asimismo hace producciones para artistas como Luis Enrique Mejía Godoy, Norma Helena Gadea y Katia Cardenal.

Para Luis Pastor, ortodoncista de profesión, la música es más que un pasatiempos, es la mitad de su vida.

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Jorge Díaz Bonilla, de 34 años, arquitecto y administrador de empresas, desde hace tres es gerente de operaciones de Tip-Top, empresa en la que ha trabajado los últimos nueve años.

Como arquitecto tiene a su cargo el diseño y la construcción de los restaurantes Tip-Top, diseñó también el nuevo edificio administrativo de la empresa, e incluso, su propia oficina: iluminada y espaciosa, con un frigobar abarrotado de agua y bebidas frescas, incluido. Por otro lado, como gerente de operaciones coordina compras y el mantenimiento de las bodegas.

Después de las cinco de la tarde, el muchacho de cabellos negros y lacios a la altura del cuello, profundos ojos negros y cejas ralas, cambia la camisa mangas largas por una camiseta negra desmangada.

No tiene tatuajes y nunca usó piercing, pero se considera amante del rock. Hace más de una década toca el bajo con Malos Hábitos, agrupación nicaragüense que ha compartido escenario con artistas internacionales como Enanitos Verdes, Café Tacuba, Juanes, El Tri, Jaguares y Miguel Mateos, entre otros.

Aunque no tengan presentaciones programadas, por lo menos una vez a la semana se reúne con el resto del grupo para ensayar, porque son músicos por convicción y les gusta tocar cada vez que se puede, así sea para ellos mismos.

“Nosotros nos caracterizamos por tocar música propia y evitar los cover, cantamos sobre las cosas cotidianas, el amor, el desamor y las interioridades de cada uno. No somos críticos del sistema porque los sistemas cambian, al cambiar, contra quién protestaríamos, a menos que fuéramos unos eternos inconformes…”

El año pasado Malos Hábitos ganó el premio a mejor banda de rock que otorga la Asociación de Artistas de la Asamblea.

Según el gerente de operaciones de la Tip-Top y bajista de Malos Hábitos, si en algún momento pudiera escoger entre la música y el trabajo de oficina, sin dudarlo se quedaría con la música.

“No soy un oficinista que se metió a músico, soy un músico que se metió a trabajar porque de la música no se vive”, concluye.

Sergio Díaz es músico de vocación, toca el bajo con el grupo roquero Malos Hábitos, pero durante el día es gerente de operaciones de la Tip-Top.

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Noel Noguera, de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde es diseñador gráfico. Trabaja en el departamento de mercadeo del Grupo Financiero LAFISE-Bancentro, donde, junto con un equipo de diez personas, se ocupa de la imagen corporativa de las empresas del Grupo —agropecuarias, almacenadoras, financieras y aseguradoras—.

En su minúscula oficina apenas hay espacio para una silla y el escritorio. Tiene dos computadoras pantalla plana y algunas revistas y papeles impresos, seguramente pruebas de sus diseños para futuras campañas publicitarias.

En ese rinconcito del edificio de varios pisos, uno de los más nuevos y modernos de Managua, diseña tarjetas de crédito y de débito, brochures, manuales, rotulación para edificios, crea logotipos y eslóganes para campañas publicitarias, así como diseña vallas propagandísticas de esas que se ponen en las calles.

El joven de 25 años tiene un aire intelectual, usa gel fijador para mantener cada hebra de cabello en su lugar, camisa mangas largas de botones, corbata, pantalones oscuros y zapatos de vestir. Sin embargo, después del trabajo asume otra identidad, afloja la corbata, se arremanga la camisa y en su carro retumban canciones de rock.

“No se trata de cambio de personalidad”, asegura. Simplemente que el comportamiento tiene que ver con el tipo de tensión que hay en un trabajo y otro. Y después de su trabajo en la oficina es baterista de División Urbana, una banda de rock nicaragüense que existe hace nueve años, pero que Noguera integra desde hace tres, después que el entonces baterista de División Urbana anunció durante un concierto que esa era su última presentación con la banda. Noguera estaba presente esa noche, al lado de sus amigos de camisetas negras con calaveras y cruces invertidas, habían coreado las canciones envueltos en las cortinas de humo de colores.

En los días siguientes, para su sorpresa, recibió en casa el material discográfico de División Urbana y la invitación para que se les uniera. “Ellos ya me conocían, sabían que yo tocaba batería y que estaba sin grupo”, dice mientras se mece en la silla reclinable de la sala de reuniones.

Tuvo exactamente una semana para escuchar el repertorio y ensayar, el siguiente sábado era su debut. “Obviamente toqué mal”, reconoce con una sonrisa tímida, como recordando la escena. En efecto, esa noche se equivocó en cuatro de seis canciones, pero los seguidores del grupo lo perdonaron porque sabían que era nuevo.

Tres años después, su carrera artística se está consolidando. “Hemos ganado muchos premios, claro que yo le llamo premio a cualquier diploma que me den, no tiene que ser dinero, cualquier reconocimiento de participación para mí es un premio”, dice satisfecho. El roquero asegura que la ropa no hace al hombre. Se siente tan roquero como el que viste de negro, con cadenas, piercing y tatuajes. Según él “los accesorios no expresan lo que hay en el interior, ni mucho menos la preparación académica de una persona”.

El roquero Noel Noguera, baterista de División Urbana, es licenciado en Diseño Gráfico y trabaja en el área de mercadeo del Grupo LAFISE-Bancentro.

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Porte atlético, poco más de un metro y setenta, extremidades fuertes y bien definidas, piel canela, cabello al rape. A primera vista Sandor José Guido Mayorga parece un joven pueblerino, sencillo y tímido, pero basta un minuto de conversación para que salga a flote su personalidad espontánea y desinhibida.

De las siete de la mañana a la una de la tarde se le puede encontrar en una sala del Hospital Carlos Roberto Huembes, es odontólogo general.

Lleva puesta una gabacha verde y una mascarilla del mismo color que le cubre la nariz y la boca, con los ojos bien abiertos examina dentaduras, hace extracciones, calzas y prepara pacientes para procedimientos de endodoncia. Aún no tiene una especialidad, pero está en sus planes especializarse en odontopediatría para trabajar con niños.

Muchos de sus pacientes, antes de estar sentados boca abierta frente a él, prefieren verlo en el engramado del Estadio Nacional Dnenis Martínez. No porque saque mal las muelas o tenga la mano pesada, sino porque Sandor Guido es uno de los mejores jugadores de beisbol del país.

Es primera base del León y juega con la Selección Nacional. Se consagró entre los mejores el año pasado, cuando se convirtió en el pelotero número 34 que ha conectado tres o más jonrones en un desafío de Primera División.

Al salir del hospital, el joven odontólogo de 28 años se quita la gabacha para darle lugar a la ropa de ejercicio, viaja hasta León y pasa el resto de la tarde entrenando, pero cuando es temporada de juegos, va directo a vestir el uniforme blanco y verde de su equipo y dar lo mejor de sí desde su posición de primera base.

En 1999 ya jugaba beisbol profesional y estudiaba una carrera universitaria por imposición de su familia, que decía que tenía que estar preparado para el futuro. Pero su prioridad era el beisbol y si asistía eventualmente al curso de Medicina era por obligación. Cuentan los que le han seguido la trayectoria Fenosa que le gustaba andar de fiesta en fiesta y beber en exceso. En una ocasión, regresando en moto de Poneloya, a altas horas de la a noche, sufrió un grave accidente. Resultó con múltiples fracturas y casi perdió una pierna. Pasó 16 meses en rehabilitación y en ese tiempo llegó a pensar que no volvería a jugar y decidió retomar la universidad, esta vez con responsabilidad y escogió una carrera que le atraía verdaderamente: la Odontología.

Con el tiempo se recuperó totalmente del accidente y como no le quedaron secuelas que se lo impidieran volvió a entrenar con el equipo de León y poco a poco se reintegró a los juegos. Para sorpresa de todos, regresó jugando mejor que antes, tanto que acabó siendo convocado para la Selección Nacional.

“Si tuviera que escoger entre el beis y la odontología no sabría qué hacer, porque el deporte me deja buenas divisas, entre mil quinientos y dos mil dólares al mes, pero la odontología es lo que me va a dar de comer más adelante”, reflexiona.

El beisbolista estrella del León, Sandor Guido, encontró en la odontología la carrera ideal para combinar con el beisbol.

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