"Mi padre, Carlos Fonseca"

Reportaje - 14.10.2018
Tania Fonseca Teran

Tania Fonseca se enteró de la muerte de su padre por un mural de su escuela. Este reportaje cuenta la historia del hombre que hay tras el mito de quien se considera el padre fundador del Frente Sandinista

Por Eduardo Cruz

Tania Fonseca Terán estaba una mañana de noviembre de 1976 jugando en la calle, afuera de su casa en La Habana, Cuba, cuando vio acercarse a dos personas conocidas. Se trataban de José Benito Escobar y Doris Tijerino, quienes llegaban con una mala noticia. La mamá de Tania, María Haydée Terán, hizo de todo para que sus dos hijos, Tania y Carlos, no se enteraran del mensaje. El padre de los niños, el comandante Carlos Fonseca Amador, el fundador del FSLN, había muerto. Lo había matado la Guardia de Somoza. Y esta vez sí era verdad.

En la casa de los Fonseca Terán no había televisión. Los niños tenían que ir donde una amiga nicaragüense, Rossy López Huelva, para ver las noticias.

Ese día Tania y Carlos fueron a la casa de López, pero no les permitieron ver la TV. Los adultos tenían miedo de que la muerte de Fonseca saliera en las noticias.

Tuvo que ser de otra manera que los hijos de Carlos Fonseca se dieran cuenta de su muerte. En la escuela. En Cuba había la costumbre de que los periódicos se pegaban en los murales de las escuelas y allí estaba la noticia. Los compañeros de clases de Tania, quien en ese entonces tenía siete años de edad, le dijeron: “Mataron a tu papá, está en el mural”.

Tania salió corriendo hacia el mural y comenzó a leer: “Según versiones de la Guardia Nacional...”. El inicio la alivió un poco. Ya en otras ocasiones se había dado por muerto a Fonseca y resultaba ser falso. Como en septiembre de 1973, cuando la Guardia presentó un cadáver e informaron que se trataba de Fonseca, cuando en realidad era Juan José Quezada. Después, María Haydée Terán tuvo que confirmarles la noticia a sus hijos. Y el 11 de noviembre, el propio José Benito Escobar, en nombre del FSLN, reconocía la muerte de Fonseca.

Carlos Fonseca con sus hijos Tania y Carlos, durante los tres años que permaneció juntos a ellos en Cuba. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ ÓSCAR NAVARRETE

***

Cuando a Tania Fonseca la llevaba su mamá a la escuela, en La Habana, ella iba brincando, subiendo y bajando las aceras, cortando flores y todo lo traviesa que una niña puede ser. En cambio, cuando era su padre quien la llevaba, ella iba quietecita, en línea recta, sin moverse ni a un lado ni a otro.

Lea también: “Amorcita linda…”

En realidad, Carlos Fonseca no pudo disfrutar mucho tiempo a sus hijos. Ni ellos a él. Eso sí, aclara Tania, cuando estaba con ellos, estaba con ellos. “Era un tiempo de calidad”, recuerda.

Incluso, Fonseca y su esposa María Haydée Terán tampoco disfrutaron de mucho tiempo juntos. Ella lo conoció poco antes de que Fonseca cayera preso en 1964, cuando fue capturado en el barrio San Luis, y gran parte de su noviazgo lo hicieron estando él en la cárcel. Se casaron luego en la clandestinidad, en México.

En 1971, para evitar que la Guardia Nacional le hiciera algo a su esposa y sus dos hijos, Carlos Fonseca los envía a Cuba y dos años después se une a ellos en esa isla. Para la manutención de la familia, el gobierno cubano le daba un estipendio a Fonseca.

En La Habana, Fonseca salía todos los días de su casa a las 8:00 de la mañana y se dirigía a una casa que le llamaban La 40. Allí se dedicaba al trabajo político y a escribir. Tania recuerda que fueron tres años los que ella disfrutó a su papá en Cuba. Fueron los únicos tres años que pasó con él en toda su vida.

En las fotos en las que Fonseca aparece joven, se ve a un hombre totalmente flaco, alto. Quienes lo conocieron dicen que medía seis pies y que pesaba apenas 140 libras. Pero en su última estancia en Cuba, donde comía bastante, según recuerda su esposa, Fonseca se tornó algo gordo. “Echó su pancita”, expresa María Haydée Terán.

Cuando se trataba de estar con sus hijos, Fonseca también era entregado. Tania recuerda que a su mamá no le gustaba mucho salir, entonces ella y su hermano salían todos los domingos con su papá. A ellos les encantaba ir al parque.

Eso sí, en el camino, su padre casi siempre les iba hablando de política. A su hijo, el hermano de Tania, que también se llama Carlos, le decía: “Vos naciste en 1966. En el 66, así, como las botas de Sandino”. O le daba por recitarles poemas de Rubén Darío, especialmente uno que dice: “Temblad, temblad, tiranos, en vuestras reales sillas. Ni piedra sobre piedra quedará de todas las bastillas, mañana quedará”.

Lea también: El padre de Carlos Fonseca

“Mi papá todo lo relacionaba con política”, rememora Tania. Aunque también se acuerda que mientras iban en el bus o estaba meciendo a su hijo Carlos en algún columpio se ponía a preguntarles las tablas matemáticas: “A ver, ¿cuánto es...?”, comenzaba a interrogarlo.

Otras actividades que Fonseca hacía con sus hijos era contarles cuentos o hacer ejercicios con ellos. Los sacaba a correr. Los sacaba a comer y muchas veces también fueron a la playa.

Un día, a Tania le dijeron que su papá tenía que ir a hacer un viaje de un año por varios países del mundo y que después de ese año iba a regresar. Eso fue en 1975. Fue la última vez que lo vio. Fonseca venía a internarse en las montañas de Nicaragua, donde finalmente murió en un encuentro con efectivos de la Guardia Nacional.

En La Habana, Cuba, en 1972, con militantes del FSLN, entre los que destacan Camilo Ortega, Edgard Munguía, Humberto Ortega, Jaime Wheelock Y Francisco Rivera El Zorro. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

***

Cuando ya había muerto Carlos Fonseca, y estando siempre en La Habana, una mañana María Haydée Terán salió al supermercado y le dijo a sus hijos que no le abrieran la puerta a nadie. “Nosotros éramos inquietos, pero ese día le hicimos caso a mamá”, recuerda Tania.

María Haydée Terán regresó a la casa y se encontró con un señor en la entrada, a quien los niños no dejaron pasar a la vivienda. Era Fausto Amador Alemán, el abuelo paterno de los niños. El padre de Carlos Fonseca.

En ese momento había un encuentro de países azucareros en La Habana y Fausto Amador trabajaba como administrador de las haciendas de Anastasio Somoza Debayle. El historiador Nicolás López Maltez recuerda que él estaba con Somoza y Amador el día que el presidente le dijo: “Andate vos Fausto a ese encuentro, y de paso mirás a tu hijo (Carlos Fonseca)”. Sin embargo, Tania asegura que cuando su abuelo Fausto llegó a Cuba, Fonseca ya había muerto.

Fausto Amador aparece en esta imagen a la derecha de Anastasio Somoza Debayle, quien lo observa con una mirada que refleja una relación muy cercana. FOTO/ CORTESÍA/ NICOLÁS LÓPEZ MALTEZ

La impresión que Fausto Amador se llevó de sus nietos debe haber sido muy buena, una vez que logró entrar a la casa de la mano de su nuera María Haydée. Tania recuerda que ella, por instinto se le acercó al abuelo y le dio un beso en la mejilla. Eso le impactó a Fausto, quien inmediatamente se metió la mano en el bolsillo, sacó su cartera y le dio un billete de 10 dólares a la niña. Tania se acercó de nuevo a su abuelo y le dio otro beso. Pero solo era una cosa de instinto, que ella quería besarlo y volver a besarlo. Pero Fausto nuevamente sacó otro billete de 10 dólares y se los entregó a su nieta. Ella, apenada, porque no quería dinero, ya no lo besó más.

Después, Tania y su familia fueron a ver al abuelo Fausto al hotel donde estaba hospedado, pero esa fue la única ocasión en la que lo vio.

El padre de Carlos Fonseca, Fausto Amador. FOTO/ CORTESÍA/ NICOLÁS LÓPEZ MALTEZ

***

La madre de Carlos, Agustina Fonseca, a quien también llamaban Tina, murió de un derrame en 1967, pero su nuera María Haydée Terán llegó a conocerla. “Era una señora buena, cariñosa”, alcanza a decir sobre ella Terán.

El historiador Nicolás López Maltez afirma que, en la época en que los marines estaban luchando contra Sandino en las montañas del norte, Agustina Fonseca tuvo un romance con uno de los soldados norteamericanos, el teniente Orville Pennington, de cuya relación nacieron en 1933 dos hijos gemelos: Raúl y Carlos. Pero Carlos murió siendo aún un tierno. Del teniente Pennington hay una foto en la que él aparece sosteniendo la cabeza decapitada del campesino Silvino Herrera, combatiente del general Augusto C. Sandino.

La investigadora norteamericana Matilde Zimmermann, en su libro Carlos Fonseca Amador y la revolución nicaragüense, indica que una vecina de Agustina, de nombre Benita Alvarado, describió que la vida de Agustina Fonseca era bien difícil. “Su vida era lavar y planchar”. Alvarado también explica que ella y Agustina eran “fiesteras”. “Paseábamos y salíamos a bailar a los que había en la salida a Jinotega. La Tina era muy bonita y por eso no tenía que arreglarse mucho; al contrario, en las fiestas era la más sencilla pero la más bonita”, dijo Benita Alvarado.

Agustina Fonseca era originaria de San Rafael del Norte, el mismo lugar de donde era la esposa de Sandino, Blanca Aráuz. Fonseca había llegado a Matagalpa en 1930 y, ya con su hijo Raúl, trabajaba en el hotel Bermúdez.

En 1935, Fausto Amador, según Zimmermann, era un rico veinteañero que había regresado de estudiar en Estados Unidos y que tenía reputación de pícaro y parrandero. De la relación de Amador y Fonseca nació Carlos el 23 de junio de 1936.

Lea también: Vida, muerte y legado de un joven llamado Marlon Zelaya

La niñez de Carlos fue de pobreza. Su madre llegó a tener cinco hijos en total. Cada uno de ellos de diferente padre. Cada vez que salía embarazada, una tía de ella, Isaura Úbeda, quien le daba posada, la corría de la casa y la volvía admitir después del alumbramiento. Cuando la tía Isaura la corría, Agustina y sus hijos alquilaban unos cuartos miserables. Zimmermann cuenta que en una ocasión Carlos Fonseca le describió a un amigo cómo era una de esas habitaciones: “Y ni siquiera tenía una puerta fija, sino que en la noche teníamos que ponerle camas junto a ellas para que no se abriera”, contó Carlos. La tía Isaura siempre se compadecía bajo la promesa de Agustina de que iba a cambiar.

Por su parte, Fausto Amador se casó con Lolita Arrieta, hija de cafetaleros de Matagalpa. Entre 1939 y 1950, Amador y Arrieta tuvieron una hija y tres hijos: Gloria, Iván, Fausto y Cairo.

Fausto Amador aparece acá con su esposa Lolita Arrieta y sus hijos Fausto y Cairo. FOTO/ CORTESÍA/ NICOLÁS LÓPEZ MALTEZ

Según un reportaje de la revista Magazine, por haber estudiado en Estados Unidos, Fausto Amador era bilingüe y tenía fama de ser buen administrador. Por eso los Somoza lo contratan para administrar una mina en Chontales y en 1950 se traslada a Managua para administrar el resto de las empresas de los Somoza.

A pesar de la pobreza en que se había criado, a veces vendiendo en las calles para ayudar a su mamá, Carlos Fonseca se bachillera en 1955 en el Instituto Nacional del Norte, donde recibe la Estrella de Oro por haber sido el mejor alumno en cada uno de los años de estudio. Para esa época ya había fundado una revista, Segovia, y empezaba a conocer el marxismo, aunque todavía no había conocido a Sandino. Aunque es probable que ya hubiese leído el libro que supuestamente escribió Anastasio Somoza García sobre Sandino, el Calvario de las Segovias.

Carlos Fonseca en sus tiempos de estudiante en Matagalpa. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

***

Es muy probable que Tania Fonseca haya tenido una idea clara de quién era su padre cuando este último aún vivía.
Él murió cuando ella apenas tenía siete años de edad. En una ocasión ella discutió con una compañera de clases en Cuba. La niña le dijo: “Le voy a decir a mi papá para que te golpee”. Y Tania le respondió: “Le voy a decir al mío, que es el jefe de la guerra y tiene pistola”.

Aunque a Tania le habían dicho que su papá era periodista, ella veía el movimiento alrededor de su papá, a todos los miembros del FSLN que llegaban a su casa y escuchaba de las reuniones. Carlos Fonseca era el secretario general del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el FSLN, que luchaba para derrocar a la dictadura somocista en Nicaragua. A pesar de que Fonseca pasó varios años en Cuba, nunca logró reunirse con Fidel Castro, pero sí mantenía contacto con altos dirigentes de la Revolución cubana.

“No me acuerdo que Carlos se haya reunido con Fidel”, dice su viuda María Haydée Terán. La norteamericana Matilde Zimmermann explica que cuando triunfó la Revolución cubana, en 1959, varios nicaragüenses llegaron a Cuba en busca de apoyo para derrocar a Somoza, entre ellos Fonseca. Pero en ese entonces Fonseca no era tan importante y no logró reunirse ni con Fidel ni con Ernesto “Che” Guevara.

Fue hasta que Tania Fonseca, su hermano y su mamá regresaron a Nicaragua, el 8 de agosto de 1979, cuando ya había triunfado la Revolución sandinista, es que ella se enteró de la magnitud y la importancia de su padre, el comandante Carlos Fonseca.

Lea también: ¿Dónde están los nueve?

Para ese entonces los sandinistas ubicaban así a sus más grandes héroes: Primero Sandino, después Carlos Fonseca y luego Rigoberto López Pérez. Augusto C. Sandino era el héroe que había luchado contra los invasores marines norteamericanos. Y los había vencido. Era el patriota, defensor de la soberanía nacional, lesionada por los imperialistas norteamericanos. Rigoberto era el iniciador del fin de la dinastía somocista. Él había disparado mortalmente en 1956 en contra del fundador de la dictadura somocista, Anastasio Somoza García, quien murió días después de los disparos en un hospital de Panamá. Y Carlos Fonseca era el rescatador de la figura de Sandino, enterrada en el olvido, y también era el padre de la Revolución sandinista, el fundador del FSLN.

De eso se dio cuenta Tania cuando regresó a Nicaragua. En febrero de 1979, Tania y su familia salieron de Cuba rumbo a Nicaragua. Pero la insurrección contra Somoza estaba fuerte y tuvieron que ir a Panamá. Fue cuatro meses después que lograron llegar al país. Llegaron con la abuelita María Haydée Navas de Terán.

Carlos Fonseca hijo, María Haydée Terán y Tania Fonseca, en 1979, tras llegar a Nicaragua. FOTO/ LA PRENSA/ ARCHIVO

María Haydée Terán y sus dos hijos se instalaron en una casa en León, y Tania fue matriculada en el Colegio La Asunción. Lo que Tania recuerda de esos primeros días en Nicaragua es que no podía salir a la calle porque la gente le preguntaba al paso: “¿Vos sos la hija de Carlos Fonseca?”. Eso era siempre. Tania admite que llegó a ser incómodo. Se dio cuenta de que su papá era muy importante, y agradecía el afecto de la gente por él, pero llegó un momento en que sintió que no podía ser ella misma, sino solamente la hija del comandante Fonseca.

En los últimos años de sus estudios de secundaria, Tania Fonseca llegó a ser miembro de la Juventud Sandinista. Incluso, participaba en los cortes de café y de algodón. El más participativo en la Revolución sandinista fue su hermano Carlos Fonseca Terán. “Él solo movilizado vivía”, dice Tania, refiriéndose a que su hermano anduvo en los frentes de guerra en los años ochenta.

Tania Fonseca en su casa, en León. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

En la actualidad, Tania Fonseca es médico, está casada y tiene tres hijos. Todos ellos heredaron la miopía de su padre Carlos Fonseca. Y también su hermano Carlos.

Vive separada del sandinismo y no tiene relaciones con la cúpula que está en el poder actualmente. Renunció hace dos años al Hospital Escuela Óscar Danilo Rosales Argüello (Heodra) de León. Y está contenta de ser así, porque en la actualidad sus excompañeros médicos han sido despedidos del Heodra y los hijos de ellos han caído presos, reos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Lea también: Traición y muerte en el FSLN

“Gracias a Dios yo he hecho mi vida totalmente al margen de la política. Me dedico a mi profesión y nunca me he sentido más dichosa, de que así sea, que en estos momentos”, explica la hija del comandante Fonseca.

***

Después de que Carlos Fonseca se bachilleró, se fue a Managua y llegó un día con una valijita de madera al Instituto Ramírez Goyena, cuyo director era el poeta Guillermo Rothschuh Tablada.

Rothschuh nombró a Fonseca bibliotecario del Goyena porque Fonseca había editado en Matagalpa una revista que se llamaba Segovia. Rothschuh lo veía valiente y de ideas fijas.

En el Goyena lo conoció también el historiador Nicolás López Maltez, quien se ponía a discutir con Fonseca sobre el marxismo. Según López Maltez, le decía a Fonseca que con el marxismo solo se lograba manipular las bajas pasiones humanas, porque era fácil venderle a los pobres la idea de injusticia atacando a los ricos, diciendo que toda propiedad es un robo.

Carlos Fonseca con su madre y uno de sus hermanos menores, Juan Fonseca. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

De acuerdo con López Maltez, Carlos Fonseca era un acomplejado y como prueba recuerda la anécdota de cuando Fonseca salió de bibliotecario del Goyena y se fue a matricular en la universidad de Derecho para estudiar leyes. Se cuenta que cuando Fonseca se estaba matriculando, escribió sirvienta en el espacio para la ocupación de la mamá. Quien estaba matriculando le preguntó: ¿No quiere decir de oficios domésticos? Y Fonseca le respondió: “No, soy hijo de una sirvienta”.

Para 1956, Fonseca tenía nexos con el partido comunista, es decir, el Partido Socialista de Nicaragua (PSN). Y en 1957 ese partido lo manda a la Unión Soviética. A su regreso, Fonseca escribe, a inicios de 1958, Un nicaragüense en Moscú, en el que hace una alabanza del sistema soviético, pero, como señala Matilde Zimmermann, no menciona para nada a Augusto C. Sandino, ni en sus escritos posteriores.

Es hasta en 1960, cuando Fonseca está en Cuba y logra leer la biografía que del héroe nicaragüense escribe el argentino Gregorio Selser. Fonseca comienza a mencionar a Sandino en cada uno de sus escritos y señala que “Sandino es el camino”.

En Moscú, en 1957, adonde Carlos Fonseca llegó como enviado del Partido Socialista de Nicaragua (PSN). FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

En 1959, Fonseca resulta herido en El Chaparral, en territorio hondureño, cuando estaba en grupo armado que pretendía entrar a Nicaragua bajo el mando del ex guardia nacional Rafael Somarriba.

Fonseca es herido en un costado, lo capturan y lo llevan preso a un hospital de Tegucigalpa. Estuvo a punto de morir por una bala que le atravesó un pulmón. Todavía en estado grave, fue trasladado a La Habana, Cuba.

En discordia con el PSN, Fonseca y otros compañeros, entre ellos Jorge Navarro, a quien había conocido en el Goyena, funda el Frente de Liberación Nacional, que después pasó a llamarse Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), agregándosele el sandinista por insistencia de Fonseca.

De acuerdo con una declaración que hizo ante un juez en 1964, el FSLN se habría fundado en septiembre de 1962, en Honduras.

***

En 1975, como Carlos Fonseca había pasado bastante tiempo en Cuba, los dirigentes del FSLN que estaban en Nicaragua comenzaron a cuestionar el liderazgo de Fonseca y así se lo enviaron a decir.

Fue entonces cuando a Tania Fonseca le dijeron en La Habana que su padre iba a emprender un viaje por varios países y que iba a regresar al cabo de un año.

Rossy López Huelva, quien vivía en La Habana y era amiga de los Fonseca Terán, cuenta que Carlos llegó a notificarle que debía regresar a Nicaragua y ella le dijo que no, que él ya no tenía condiciones para estar en la montaña, especialmente por la miopía y porque ya era un hombre que rondaba los 40 años de edad. “Tengo que ir”, le dijo Fonseca.

El general en retiro Hugo Torres recuerda que había conocido a Carlos Fonseca en Cuba, en diciembre de 1974, después que se realizó el asalto a la casa del somocista José María Castillo y el comando llegó a la isla junto a los prisioneros liberados, entre ellos Daniel Ortega.

Torres vio que Fonseca estaba “pasadito de peso” pero como era alto casi no se le notaba. “Me impresionó su sencillez, a pesar de que era muy serio”, recuerda Torres. Carlos Fonseca no era de hablar malas palabras pero en esa ocasión Torres lo escuchó decir: “Chocho, qué vergazo”, refiriéndose al asalto a la casa de Castillo.

Torres cree que la razón por la que Fonseca nunca fue recibido por Fidel Castro en Cuba es porque Fonseca era un líder atípico, que no permitía el servilismo y no se presentaba mesiánico ni le gustaba llamar la atención.

Cuando Carlos Fonseca salió de Cuba, llegó en Honduras a una casa de seguridad en la que se encontraba Hugo Torres. Fonseca llegó preguntando por el seudónimo de Torres, que era Jacinto, pero Torres no lo reconocía porque Fonseca andaba disfrazado de pastor evangélico. El cabello se lo había alisado y se había colocado una prótesis en la mandíbula que lo hacía ver “trompudo” y además andaba con una Biblia bajo el brazo.

Carlos Fonseca, disfrazado, cuando iba a entrar a Nicaragua en 1975. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Entraron a Nicaragua y Fonseca llegó a Managua y se instaló en una casa en el reparto Ocón, cerca de Las Piedrecitas. Pero su idea era llegar a la montaña y reunirse con el comandante Modesto, seudónimo de Henry Ruiz. Y también con los demás líderes de la zona urbana, como Pedro Arauz Palacios. Para ese momento el FSLN estaba dividido y Fonseca quería lograr la reunificación. Y también reafirmar su liderazgo en el FSLN.

En marzo de 1976, Carlos Fonseca se dirige a la montaña. Hugo Torres dice que él era uno de los encargados de llegar a buscar a Fonseca en un punto en la montaña, pero Fonseca nunca llegó. Después se dieron cuenta de que Fonseca iba haciendo estaciones en el camino para conversar con los campesinos, adoctrinarlos y saber cómo estaba la situación. El trayecto, que debía de hacerlo en días, se prolongó varios meses, indica Hugo Torres.

Quien mejor relata lo que pasó con Fonseca en esos días de camino es Francisco Rivera el Zorro, quien le relató sus memorias a Sergio Ramírez que se convirtieron en un libro: La marca del Zorro. En todo ese tiempo, desde marzo hasta noviembre de 1976, Carlos Fonseca se movió por Dipina, Waslala, Las Bayas, Zinica, Cusulí y El Varillal. El Zorro lo acompañó y, pocas horas antes de la muerte de Fonseca, lo dejó como a cuatro horas de camino de Boca de Piedra, el lugar donde Fonseca finalmente cayó muerto.

Según el Zorro, la reunión entre Modesto y Fonseca, a quien en ese momento se le conocía como Agatón, debía ser el 15 de noviembre en la vega del río Iyas. En su camino hacia la muerte a Fonseca solo lo acompañaban dos personas, Cresencio Aguilar y Benito Carvajal.

El Zorro recuerda la estampa de Carlos en la despedida: “La barba de meses, poco desarrollada, sus gruesos lentes que le eran tan necesarios por la miopía, su uniforme verde olivo, sus botas altas, su escopeta automática calibre 12, su pistola Browning 9 milímetros de 14 tiros y una granada de fragmentación al cinto”.

***

Al capitán de la Guardia Nacional, Enrique Munguía, sus superiores le habían ordenado que patrullara la zona por donde andaba Carlos Fonseca. Pero no le mencionaron el nombre de Carlos Fonseca.

Munguía y su tropa, 15 hombres, anduvieron patrullando y luego se pusieron a descansar cuando un campesino les alertó de que por la zona andaban guerrilleros. “Me quisieron disparar”, les dijo el campesino.

Luego llegó otro campesino, esta vez un juez de mesta, quien les confirmó de la presencia guerrillera y quien también dijo que le habían disparado.

La patrulla de la Guardia llegó a un camino que se partía en dos y Munguía le dijo a su segundo al mando, el teniente Francisco Cisneros, que agarrara a la izquierda con siete hombres más y él, con seis hombres, se iría por la derecha. Era el 7 de noviembre de 1976. Estaba lloviendo y empezaba a oscurecer. Además, había frío y mucha neblina.

Cisneros y Munguía se estaban comunicando por radio constantemente. Y, cuando ya estaba muy oscuro, Munguía y la gente que se había quedado con él escucharon un tiroteo. Se comunicó con Cisneros y este último le dijo que de los guardias no había muerto nadie, pero que de los guerrilleros había uno muerto. Acordaron que a la mañana siguiente se reunirían porque ya era imposible caminar en la oscuridad y sobre todo lloviendo.

Munguía y su gente llegaron adonde Cisneros al amanecer. Había dos muertos de los guerrilleros. Uno de ellos estaba arrecostado a un árbol y con una granada sin detonar en una de las manos. Era Carlos Fonseca. En ese instante, a pesar de que Munguía había conocido a Fonseca porque estudió en el Goyena cuando Fonseca era bibliotecario y con él hacían círculos de lectura, no lo reconoció.

Al principio, los guardias creyeron que la granada en la mano de Carlos era una trampa de los guerrilleros que según ellos habían escapado, para que al mover el cuerpo la granada estallara. Por eso le dispararon a la mano de Carlos para que cayera la granada, pero no explotó.

De repente, un campesino dijo que el muerto era Agatón, es decir, Carlos Fonseca. Por radio avisaron a Managua, desde donde ordenaron que le cortaran las manos a Carlos y las enviaran a la capital, donde finalmente por las huellas digitales se confirmó que se trataba del fundador del FSLN.

Foto que difundió la Guardia Nacional del cadáver de Carlos Fonseca. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El historiador Nicolás López Maltez asegura que logró conversar con el capitán de la Guardia Nacional, Abel Toledo Hislop, encargado de pilotar el helicóptero en el que se llevaron el cadáver de Carlos Fonseca ya sin las manos.
A Toledo Hislop lo acompañaba el teniente Ángel Modesto Sáenz Caballero.

Como Toledo Hislop era de la zona caribe, enrumbó el helicóptero en esa dirección y, volando sobre zona totalmente montañosa, selvática, divisó una parte entre los árboles en la que podía aterrizar. Toledo y Sáenz bajaron el cuerpo de Carlos. La orden era perderlo. Se adentraron unos 100 metros entre la montaña y allí lo enterraron.

Años después, Toledo le diría a López Maltez: “Si vos me decís, llevame, te voy a poner un helicóptero, no sé donde enterramos a Carlos. Los ríos ahí cambian de curso”.

El teniente de la Guardia Nacional, Ángel Modesto Sáenz Caballero (a la derecha), fue el copiloto del helicóptero en el que fue transportado el cuerpo de Carlos Fonseca para ser sepultado en la selva. A la izquierda, el general Federico Mejía y al centro teniente Mario Sarria. FOTO/ CORTESÍA

Somoza y Fonseca

Cuando Rigoberto López Pérez mató a Anastasio Somoza García, Carlos Fonseca cayó preso a como ocurrió con muchos opositores. La investigadora norteamericana Matilde Zimmermann cuenta que la Guardia en esa ocasión le decomisó como ochenta libros a Fonseca, todos sobre marxismo. Y, cuando por gestiones del padre, Fausto Amador, Fonseca salió libre, le escribió una carta a Anastasio Somoza Debayle, para entonces jefe de la Guardia, para que le devolviera los libros.

Las veces que Fonseca cayó preso, su padre siempre lograba liberarlo y en una ocasión, en 1964, hasta lo sacaron deportado a Guatemala.

Antes de que los Somoza lo dejaran libre, en 1964, Moisés Hassan cuenta que Carlos Fonseca fue llevado ante Luis Somoza, quien le prometió a Fonseca mandarlo a estudiar al extranjero, alegando que era muy inteligente. Pero Fonseca le respondió que no quería nada de los Somoza, solo que se fueran de Nicaragua. Entonces Somoza ordenó que lo sacaran de su presencia.

Los guardias nacionales cuentan que ellos se molestaban cada vez que Somoza ordenaba liberar a Fonseca, porque les costaba mucho capturarlo.

Cuando finalmente Fonseca cayó, después de varias muertes falsas, Somoza dijo que los cubanos lo habían mandado a la muerte.

Después, Somoza escribió en su libro Nicaragua traicionada: “El nombre de Sandino no se oyó durante muchos años, hasta que apareció un comunista llamado Carlos Fonseca Amador, hijo ilegítimo del administrador de una plantación de caña de azúcar de nuestra familia. Este hombre organizó un moderno movimiento conocido como el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Carlos Fonseca se robó el nombre de Sandino, pero bajo ese nombre estaban los ideales comunistas de su movimiento. Él siguió el mismo plan seguido por Castro en Cuba”.


Los restos de Carlos Fonseca

Cuando Tania Fonseca, su madre María Haydée Terán y su hermano Carlos Fonseca Terán llegaron a Nicaragua, a los pocos meses, en noviembre de 1979, los sandinistas anunciaron que habían encontrado los restos de Carlos Fonseca Amador, que lo habían rescatado de las hostiles zonas de Zinica, adonde supuestamente lo había enterrado la Guardia Nacional.

En un reportaje de LA PRENSA, elaborado por la periodista Tammy Zoad Mendoza, el militar Irving Dávila (q.e.p.d.) comentó: “Fueron varios meses de búsqueda y cuando finalmente los compañeros a mi cargo me confirmaron el hallazgo, me comuniqué con Humberto Ortega, que estaba a cargo de la jefatura militar, y le propuse la exhumación del comandante Fonseca. Se autorizó y vino Roberto Sánchez a cargo de la misión. Debíamos tener los restos de Carlos Fonseca antes del 7 de noviembre (de 1979)”.

El entierro de los supuestos restos de Carlos Fonseca frente a la antigua catedral de Managua, en noviembre de 1979. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

El entierro en Managua fue multitudinario. Los nueve comandantes del FSLN, incluido Daniel Ortega, cargaron el ataúd con los supuestos restos de Fonseca.

La viuda de Fonseca, María Haydée Terán, y sus hijos Tania y Carlos estaban ahí.

La viuda de Carlos Fonseca y sus hijos le hacen guardia de honor, en noviembre de 1979. FOTO/ LA PRENSA/ ARCHIVO

Según Nicolás López Maltez, ahí no pueden estar los restos de Carlos porque el piloto del helicóptero dijo que ni él podía saber dónde están.

38 años después, la hija de Carlos, Tania, y su viuda, María Haydée, dicen que si son los restos de Carlos Fonseca o no los que están sepultados en el parque central de Managua, no importa sino que querían honrarlo. Si no son los restos de su padre, Tania dice que al menos los sandinistas deberían confesárselo a su madre María Haydée, pero realmente no tiene mucha relevancia para ellas.

Daniel Ortega carga los supuestos restos de Carlos Fonseca en noviembre de 1979. FOTO/ LA PRENSA/ ARCHIVO

Sección
Reportaje