Nahúm Bravo, una película de terror

Reportaje - 09.08.2021
Las-tres-víctimas

Desintegración familiar. Amor al dinero. Violencia. Celos de hermanos. Vicios.
Todo eso se combinó para que ocurriera uno de los crímenes más terroríficos
de la historia reciente de Managua. El de Nahúm

Por Eduardo Cruz

Una perita se desmayó cuando llegó a la escena del crimen. Era el 10 de abril de 2015, en una casa del barrio Los Ángeles, de Managua, y dentro de una fosa que se usaba para realizar cambios de aceites a vehículos, había tres cadáveres en estado de descomposición. Se trataban de los cuerpos de Santos Lucio Bravo Gómez, de 58 años de edad; Rosibel Murillo Luna, de 53, y Lucía Leticia Bravo Murillo, de 22. Esta última hija de los dos primeros. Una familia.

Según se determinó después, las muertes habían ocurrido el 26 de marzo de ese año 2015. Cuando descubrieron los cuerpos, las víctimas ya tenían 16 días de fallecidas. La denuncia de un hermano de Rosibel, José Adán Murillo Luna, de que su pariente estaba desaparecida, fue lo que hizo posible que los policías realizaran el hallazgo.

Al abrir la fosa, que estaba sellada con cemento, lo primero que encontraron fue tierra, luego 15 tablas de pino. Después un montón de piezas de ropa. Seguidamente había mechas de lampazo, toallas y papel higiénico llenos de sangre. Al fondo estaban los cuerpos. Ahí fue cuando se desmayó la perita.

Lucía Leticia tenía más de 40 cuchilladas en la espalda y en las partes laterales del cuerpo, por las costillas. Había muerto con los pulmones y el hígado lacerados. A Rosibel le habían desbaratado la cabeza.

La fosa donde estaban enterrados los cadáveres de Santos Lucio Bravo, Rosibel Murillo y la hija de ambos Lucía Leticia. Era usada para realizar cambios de aceite a vehículos en el negocio de venta de lubricantes que había puesto Santos Lucio para que trabajaran sus hijos. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ VIDEO DE CANAL 13

El cuerpo que más impactó, sin embargo, fue el de Santos Lucio. Estaba atado con bridas en los pies y se supone que también de manos porque hallaron otra brida cerca del cadáver. Con un calcetín dentro de la boca. La cabeza la tenía golpeada. El dictamen determinó que el hombre tenía tierra en los pulmones, en la garganta y en las fosas nasales. Eso dio la idea de que, cuando le echaron tierra a los cuerpos, Santos Lucio aún estaba con vida. Respiraba.

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A pesar de que los asesinos habían limpiado la escena del crimen, la Policía encontró manchas de sangre en la sala donde estaba la televisión, en el pasillo que va a la cocina y en la cocina.
Sobre quién o quiénes habían sido los asesinos no había muchas dudas. Había un nombre bien definido: Nahúm Isaí Bravo Torres, de 25 años de edad, hijo de Santos Lucio pero no de Rosibel. Por tanto, hermano solo por parte de padre de Lucía Leticia.

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Santos Lucio Bravo Gómez era un hombre que prefería comerse una tortilla con queso antes que gastar mucho dinero en un plato de comida, explican quienes lo conocieron. Su hermano Dionisio Bravo lo dibuja así: “Era un señor muy casero, él consumía solo de su casa. De la calle, nada”.
La palabra que utilizan la mayoría de las personas para describirlo es “tacaño”.

No obstante, era muy trabajador y llegó a acumular mucho dinero. Dionisio dice que su pariente fallecido tenía cuentas bancarias en Canadá, Estados Unidos, España y Panamá y que su hermano le reveló que en los bancos de los tres primeros países tendría alrededor de un millón de dólares en cada uno. En Panamá era poco porque acababa de abrir la cuenta.

Dionisio afirma que días antes que lo mataran, a Santos Bravo se le vencieron dos certificados que tenía en un banco en Managua, de 250 mil dólares cada uno, y le pidió a su hijo Nahúm que le acompañara a sacar ese dinero, el cual llevaron a la casa y guardaron en una caja fuerte.
De acuerdo con las personas que presenciaron el juicio por el triple crimen, un cerrajero de Ciudad Jardín llegó a testificar que Nahúm lo buscó para que abriera esa caja fuerte, pero no fue posible.

Al final del caso, todavía no se logra verificar de cuánto era la fortuna de Santos, la cual en un inicio fue calculada en 80 millones de córdobas, según versiones periodísticas. Dionisio dice que nunca supo qué pasó con el dinero que su hermano le confesó que tenía. Uno de los hijos de Santos, de nombre Jonathan, no quiso hablar con la revista MAGAZINE. Y el abogado Álvaro García, quien se encargó de procesar judicialmente la herencia, nunca logró conocer sobre el dinero que Santos supuestamente tenía en el exterior de Nicaragua.

Dionisio Bravo sostiene una foto de su hermano menor Santos Lucio, de quien dice que siempre mimó a su hijo Nahúm. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

Según el proceso judicial por la herencia, los bienes que dejó Santos, quien no testó, incluyen tres certificados bancarios por más de doscientos mil dólares; 18,000 córdobas en efectivo; alhajas; una pluma bañada en oro; la casa donde ocurrió el triple crimen, tres camionetas Ford, una Isuzu, una moto Honda. No aparece nada a nombre de su esposa y su hija también asesinadas.

Los herederos finalmente son dos hijos de Santos Lucio, Abner Saúl y Santos Jonathan. Los otros dos hijos, Lucía Leticia es la fallecida y Nahúm está preso pagando condena de 30 años de cárcel por los delitos de parricidio, asesinato y robo. La ley lo descarta como heredero, declarándolo “indigno” por haber matado a su padre.

Santos Bravo nació en 1957 en Santo Tomás, Chontales, pero en 1976 se trasladó a Managua en busca de mejores oportunidades de trabajo, la cual encontró en el barrio Waspam Sur, en una empresa de concentrados para animales.

Allí tuvo una mala experiencia. Su jefe era concuño del general de la Guardia Nacional, Reynaldo Pérez Vega, quien fue asesinado por los sandinistas en marzo de 1978. En la redada que hizo la Guardia, y como Santos Lucio y su hermano Dionisio vivían en uno de los edificios que requisaron, los echaron presos.

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Una vez aclarado que ellos no tenían que ver, Santos Lucio siguió trabajando en el negocio de los concentrados hasta mediados de los años ochenta del siglo pasado, cuando se convirtió en vendedor ambulante en el mercado Oriental.

Santos se inició en “la trucha”, a como es conocido el negocio de las personas que se dedican a vender lapiceros, cuadernos, baterías, libretas, pastas y cepillos dentales, jabones de baño, entre otros. Como no era derrochador de dinero, su negocio fue creciendo y creciendo.

Cuando lo asesinan, Bravo era un gran mayorista de esos productos. Una empresa distribuidora de pastas dentales y jabones, en concepto de premio por sus ventas, muy aparte de sus ganancias, le entregaba 50 mil córdobas cada mes y medio, explica su hermano Dionisio.

Tenías varios vehículos en su casa. A sus hijos mayores ya los había heredado. Les había dado casas, motos, carros. La vida de Santos era muy solvente.

Para que sus vástagos pudieran trabajar, en su casa instaló un negocio de venta de lubricantes y servicio de cambio de aceite. Ahí laboraba su hijo Nahúm.

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Los cuatros hijos de Santos Lucio Bravo Gómez son Abner Saúl, Nahúm, Santos Jonathan y la ahora fallecida Lucía Leticia.

Abner Saúl nació en 1983 y era hijo de la primera compañera de vida de Santos Lucio, de nombre Cecilia Cisnados.

A finales de los años ochenta, Santos vivía en lo que hoy es conocido como el barrio Las Torres, colindante con el lago de Managua. Ahí conoció a la que sería su esposa, Blanca Nubia Torres.

En 1990 nació el primer hijo de la pareja, Nahúm Isaí y dos años más tarde el segundo, Santos Jonathan. En total fueron cinco años los que duró el matrimonio, el cual terminó en 1992.

Blanca Nubia explicó en un juicio, que en 2012 Rosibel Murillo entabló contra Santos Lucio por violencia intrafamiliar, que en 1992 tenía una empleada doméstica de nombre Rosibel Murillo Luna.

Nahúm y su madre Blanca Nubia Torres. FOTO/ ARCHIVO/ ALEJANDRO FLORES

“Me trabajó como seis meses. Tuve un problema con ella porque se metió a vivir con mi marido”, dijo Blanca Nubia, quien agregó que Santos Lucio se llevó a vivir a Rosibel Murillo a otra casa, donde “la mantenía como reina”.

En ese mismo juicio, Rosibel Murillo explicó que ella trabajaba en la casa de Santos Lucio “y después nos enamoramos”. La mujer cuenta que junto a ella el hombre construyó dos casas y siempre le ayudó a construir la fortuna que llegó a tener.

La ruptura del matrimonio entre Blanca Nubia Torres y Santos Lucio Bravo, los padres de Nahúm, por causa de Rosibel Murillo Luna, fue perturbador para el joven, y desde ese momento viviría bajo la sombra de la rivalidad que surgió entre las dos mujeres.

La abuela materna de Nahúm, Ramona Rivera Morales, actualmente de 83 años de edad, explicó a la revista MAGAZINE que Santos Lucio era un buen hombre cuando convivió con su hija Blanca Nubia, pero todo comenzó a caminar mal cuando él abandonó su hogar para irse a vivir con Rosibel Murillo Luna.

“Él los dejó abandonados y se fue con esa otra mujer. Cuando pasan esas cosas es que los chavalos agarran mal camino. Don Santos era tranquilo. Irse con esa mujer, eso fue lo malo que hizo”, expresó Rivera.

Por su parte, el hermano de Santos Lucio, Dionisio, indica que, tras la separación del matrimonio Blanca Nubia comenzó a hablarle mal de su padre a Nahúm. Que no los quería, que no les daba dinero, que los había abandonado por irse con Rosibel. “Se lo fue echando en contra”, asegura Dionisio.

La “guerra fría” entre Blanca Nubia y Rosibel tuvo uno de sus puntos altos en el año 2012, cuando Rosibel acusó en los juzgados de Managua a Blanca Nubia por el delito de asedio. La cosa no llegó a más porque Rosibel no impulsó el proceso y el juez declaró el abandono de la acusación.

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De los cuatro hijos de Santos Lucio, el más parecido a él era Nahúm. Tal vez por eso, el padre lo mimaba, explica Dionisio Bravo. Se parecían en todo, menos en el color de los ojos. El papá era “ojos de gato” y el hijo no.

La relación entre Nahúm y su padre variaría un poco a partir del 19 de diciembre de 1993, día en que nació Lucía Leticia, la hija de Santos Lucio con Rosibel. Mientras la niña iba creciendo, Nahúm se fue sintiendo desplazado. Santos Lucio comenzó a descargar la mayoría de sus atenciones en su hija menor.

Dionisio Bravo considera que influyeron varios factores para que eso ocurriera, especialmente que Nahúm estaba siendo influenciado por su madre en contra de su padre. Pero también que, a medida que crecía, Nahúm se veía involucrado en actos reñidos con la ley: asaltos o robos, afirma Dionisio.

Varias veces Nahúm fue descubierto por su padre robándole, en una de esas ocasiones le hurtó 300 mil córdobas en mercadería, afirma Dionisio.

Un hermano de Rosibel, José Adán Murillo Luna, declaró en juicio que en vida su hermana le comentaba que Nahúm robaba o sustraía cosas de la casa y por ello Santos Lucio lo había alejado de la misma.

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Varias eran las personas que le decían a Santos Lucio de las fechorías de su hijo, pero el hombre estaba “ciego”. “Yo le decía lo que veía sobre Nahúm, pero Santos lo que decía era que yo no le quería a su hijo. No me lo decía a mí directamente, se lo decía a una de mis hijas”, explica Dionisio.

La abuela materna de Nahúm, Ramona Rivera Morales, dice que su nieto era un muchacho tranquilo, pero admite que se mezcló con “malas compañías” en el barrio Las Torres, aunque no llega a aceptar que su nieto anduviera asaltando.

Al principio, dicen varios familiares, tanto a MAGAZINE como en el juicio por el triple crimen, Nahúm y su hermana Lucía Leticia se llevaban muy bien.

La abuela materna de Nahúm, Ramora Rivera Morales. FOTO/ EDUARDO CRUZ

Ambos actuaban como catalizadores en los conflictos familiares. Si Santos Lucio tenía problemas con la mamá de Nahúm, este último abogaba por él ante la mamá. Si era Nahúm el que tenía problemas con el papá, era Lucía Leticia quien le pedía al padre por su hermano. Y entre ambos resolvían si estaban involucradas las madres de ambos.

En síntesis, Santos Lucio tenía dos familias, la del barrio Las Torres y la de donde él vivía con Rosibel. Constantemente había conflictos.

La relación entre Nahúm y Lucía Leticia comenzó a dañarse cuando en 2012 ella lo acusa a él, en los juzgados de Managua, por el robo de una laptop. El caso terminó en una mediación, en la que ambos hermanos se comprometieron, en aras de mantener la tranquilidad familiar, a respetarse y a no agredirse ni física ni verbalmente. Nahúm devolvió la computadora. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Ya no fue lo mismo.

Ya no había confianza en Nahúm. El padre trataba de mantenerlo en la casa, pero ya había resistencia de parte de Lucía Leticia y de Rosibel. Esta última lo había aceptado a regañadientes desde el principio.

Poco tiempo después de haber dejado el hogar con Blanca Nubia, Santos Lucio se llevó a vivir con él a Nahúm a la casa que compartía con Rosibel. También llevaba a su hijo mayor Abner Saúl y al menor, Santos Jonathan.

En el juicio por la muerte de su padre, Abner Saúl declaró: “Rosibel nos crio”, refiriéndose a él y a sus otros dos hermanos.

Dionisio Bravo, quien vive contiguo a la antigua casa de su hermano, la que dejó a Blanca Nubia, explica que Nahúm y Santos Jonathan vivían con su padre en los días de semana y los fines de semana los llegaban a pasar donde la madre.

Eso fue así hasta que Nahúm fue acusado por el robo de la laptop y se fue a vivir con la mamá.
Fue por petición de la misma Lucía Leticia que en el 2014, un año antes del crimen, Santos Lucio permitió a Nahúm volver a la casa para que trabajara en la venta de lubricantes y cambios de aceite.

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Rosibel Murillo Luna, originaria de León, nació en 1962. Era una mujer bastante sumisa, callada. Desde que se unió a Santos Lucio Bravo, cinco años mayor que ella, respetó la autoridad de él, quien decidía casi todo en la casa, desde qué iban a comer en el día hasta por cuál partido iba a votar en las elecciones, es decir, el FSLN.

Cuando ocurrió el crimen, en la casa fueron hallados varios carnés de militancia en ese partido, a nombre de diferentes miembros de la familia.

Fue por esa sumisión que se quedó callada cuando Santos Lucio decidió que Nahúm iba a vivir con ellos casi desde que se unieron en 1992. En silencio, Rosibel sufría los desmanes de Nahúm desde que era pequeño. El muchacho alborotaba la casa cuando no estaba el padre.

“Rosibel era una mujer mansa. Más o menos buena. No soportaba a Nahúm”, dice Dionisio Bravo. No es que Rosibel, Nahúm y Lucía Leticia vivieran en guerra todo el tiempo. Pero poco a poco los corazones se iban llenando de resentimiento.

Rosibel Murillo Luna. FOTO/ REPRODUCCIÓN

Una mujer que conoció a Rosibel durante mucho tiempo, que por lo espinoso de la historia prefiere el anonimato, indicó que Nahúm fue un ingrato con su madrastra porque ella hasta lo limpiaba cuando él era un niño. La fuente indica que en esta historia casi todos fueron víctimas y victimarios a la vez, pero destacó que Rosibel no merecía ese final.

Para la familia materna de Nahúm, Rosibel era la enemiga número uno.

La abogada Vilma Ampié, quien defendía los intereses de la familia de Rosibel, explica que entre las dos familias que Santos Lucio tenía, la de sus dos hijos de matrimonio, y la que tenía con Rosibel, había falta de empatía, falta de amor. “Se rompió el vínculo familiar. Una (Leticia Lucía) se sentía más que el otro (Nahúm). El otro se sentía relegado. En vez de amor y cariño lo que había era odio y envidia. Ahí estaban los siete pecados capitales”, indica la letrada.

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La decadencia de la familia Bravo Murillo empezó en noviembre de 2012, cuando Rosibel, apoyada por su hija Lucía Leticia, decide romper el silencio y acusa a su marido Santos Lucio por violencia intrafamiliar. Se apoya en un movimiento de mujeres, el cual le brinda asesoría legal, y lo saca de la casa durante cuatro meses, tiempo en el que Santos Lucio se fue a vivir donde una hermana de nombre Celsa. Eso no le gustó a Nahúm, quien vio que a su padre no lo dejaban sacar ni la ropa de su casa.

En la acusación, Rosibel indica que Santos Lucio, casi desde que comenzaron a vivir juntos, la trataba de “ladrona”, “estúpida”, “animal” y además la golpeaba. Además, no la dejaba relacionarse con los vecinos ni con la familia de ella.

El único lugar al que la dejaba ir era a la iglesia.

Lo peor ocurrió entre 2011 y 2012, cuando Santos Lucio dejó de dar dinero para la comida. “No nos daba alimentos adecuados y él teniendo las posibilidades económicas”, declaró Rosibel en juicio.
Lucía Leticia declaró contra su padre diciendo que ella veía cómo golpeaba a su madre y también la arremetía contra ella. “Cuando me compraba algo me lo sacaba, me daba dinero, pero siempre me humillaba”, dijo la joven en el juicio.

La abogada Vilma Ampié. FOTO/ CORTESÍA

En ese proceso judicial, Santos Lucio fue declarado no culpable y a favor de él llegaron a declarar Nahúm y la madre de este último, Blanca Nubia Torres, exesposa de Santos Lucio. En ese juicio fue que la mamá de Nahúm explicó que Rosibel había sido su empleada y se enamoró de su marido.

Cuando Rosibel fue asesinada tenía siete meses de estar trabajando como ayudante de cocina en un comedor que su hijastro Abner Saúl Bravo tiene con su esposa Verónica Toledo en el mercado Roberto Huembes. “Era bien trabajadora. Solo los viernes descansaba”, recordó Abner Saúl.

Una fuente cercana a la familia Bravo indicó que Santos Lucio era un hombre muy bueno, honrado, trabajador, pero tenía un problema de bipolaridad que lo hacía pasar con facilidad de la risa al fuerte enojo. “Tenía muy mal carácter. Eso lo hizo golpear fuerte a Abner (su hijo mayor) pero con Nahúm fue diferente. Lo consentía, más bien”, explicó la fuente.

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Dionisio Bravo considera que su sobrino Nahúm “no tiene ninguna habilidad, sino que es como lerdo”. Ni siquiera es violento. “Una vez un hijo mío en dos minutos lo tenía en el suelo”, comenta su tío paterno.

El papá lo metió a estudiar, pero Nahúm no quiso ir a la escuela. Más bien se dedicó a tomar cervezas y andar con “malas compañías”.

Como no quiso estudiar, fue que el papá instaló la venta de lubricantes y el servicio de cambio de aceite en la casa para que Nahúm y sus otros hermanos trabajaran. Nahúm especialmente.

El hermano mayor de Nahúm, Abner Saúl, comentó que él casi no tenía relación con su medio hermano y solo lo saludaba cuando lo veía en la casa del padre de ambos. Lo que sí aseguró es que Nahúm y el papá se llevaban bien porque hasta moto le había comprado.

Nahúm vendió la moto que le compró su papá y después andaba en la de su padre.

Los familiares de Nahúm cuentan que él tiene dos hijos y el primero nació antes del crimen. Santos Lucio siempre estaba pendiente del niño y le daba dinero a Nahúm cuando el pequeño se enfermaba.

A Rosibel y Lucía Leticia no les gustaba que Nahúm solo buscaba al papá para pedirle dinero. Siempre había sido así, pero a medida que crecía, se le notaba más esa búsqueda de cómo sacar beneficio económico en la casa del padre.

Lucía Leticia era diferente. Fue la única de los hijos de Santos Lucio que quiso estudiar. Cuando fue asesinada, le faltaban seis meses para graduarse como administradora de empresas en la Upoli.

“Era una muchacha muy estudiosa, muy querida por su papá, pero envidiada por su hermano”, comenta un joven que fue compañero de clases de Lucía Leticia, pero quien pide el anonimato.

El joven que era novio de Lucía Leticia, Emilio Obregón, de 23 años de edad, contó a los medios de comunicación, recién ocurrido el crimen, que la joven era muy alegre, llena de optimismo, de buen corazón, con principios católicos y que integraba el coro de la iglesia Asunción de María, en Ciudad Jardín.

Lucía Leticia Bravo Murillo. FOTO/ REPRODUCCIÓN

Una amiga, Azucena García, recordó que Lucía Leticia a veces le relataba que tenía muchas discusiones con su hermano Nahúm.

El capitán Giovanni Hernández fue quien entrevistó a Nahúm cuando fue capturado por el triple crimen y explicó en juicio que el ahora condenado le confesó las inquinas que tenía con su hermana y su madrastra.

De Rosibel indicó que siempre andaba inventando cosas para que el padre lo regañara. Y de Lucía Leticia confió que en varias ocasiones lo corrió de la casa diciéndole que todo lo que había en la misma era de ella, que su padre le iba a dejar todo lo que había acumulado.

***

El Viernes Santo de 2015 ocurrió algo que los vecinos de Santos Lucio Bravo Gómez nunca habían visto en su casa. Había música a alto volumen y un grupo de personas se bañaba en una piscina inflable que estaba colocada exactamente donde estaba una fosa que se ocupaba para realizar cambios de aceite a vehículos. Además, estaban tomando licor.

La situación se tornaba más extraña porque hacía días que no se le veían los rostros a Santos Lucio, su compañera de vida Rosibel y su hija Lucía Leticia.

Lo que no se imaginaban era que debajo de esa piscina estaban los tres cadáveres de ellos enterrados en la fosa.

La última vez que Rosibel Murillo fue a trabajar en el comedor del Huembes fue el jueves 26 de marzo, y salió de ahí a las 5:00 de la tarde, y no llegaría el día siguiente porque era su día libre. Martha Verónica Toledo, su jefa, esposa de Abner Saúl Bravo, estaba preocupada el sábado por la mañana porque Rosibel no llegaba, pero luego recibió un mensaje de texto en el teléfono que decía: “Buenos días doña Vero, le escribe Lucía, para decirle que mi mamá no llegará a trabajar porque vamos con mi papá a Jinotega. Mi hermano Nahúm quedará en casa”.

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Toledo vio que ese número no era el de Lucía y llamó. Le contestó Nahúm y le dijo que era el número de él. Toledo lo guardó.

Dionisio Bravo pasó buscando a su hermano Santos Lucio, pero solo encontró a Nahúm en la casa. Eso le pareció raro, porque sabía que su hermano no confiaba en Nahúm y era al último a quien hubiera dejado cuidando la casa en caso de salir fuera de Managua.

“Mi papá no está. Salió para Jinotega. Cuando vine estaba en pleito con Lucía y Rosibel”, le comentó Nahúm.

Nahúm dijo dos cosas más que dejaron pensando a Dionisio. Que Santos Lucio andaba en Jinotega comprando casa para Lucía, cuando no había necesidad de eso, pues ya su hermano había decidido que la casa en donde vivía sería de su hija menor. Nahúm también dijo que habían llegado de la Alcaldía de Managua ordenando que cerraran la fosa porque Santos Lucio no había pagado impuestos. Algo impensable conociendo que su hermano era responsable en sus negocios.

Dionisio quedó llegando cada dos días a preguntar por su hermano. Abner Saúl llegó un lunes a la casa, pero Nahúm lo atendió en la entrada, adonde sacó dos sillas, una para Abner y otra para Toledo.

La Policía investigando en la casa donde ocurrió el crimen. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ VIDEO DE CANAL 13

Por último, llegó el hermano de Rosibel, José Adán Murillo, a preguntar por ella y Nahúm le dijo lo mismo, que andaban comprando casa en Jinotega. Nahúm también explicaba que su papá había cambiado de número de teléfono en Jinotega y no tenía el nuevo. Después comentó que a su papá no le había gustado ninguna casa en Jinotega y se había ido a Chontales. Por último, dijo que ninguno de los tres regresarían porque querían cambiar de ambiente después de todos los problemas familiares que habían tenido, refiriéndose a la acusación por violencia intrafamiliar que habían presentado Rosibel y Lucía Leticia en contra de Santos Lucio.

Ante la sospechosa y preocupante situación, José Adán Murillo fue a presentar denuncia en el Distrito IV de la Policía por la desaparición de los tres parientes.

El 8 de abril de 2015 la Policía llegó por primera vez a la casa de Santos Lucio. Nahúm no estaba, pero lo llamó su compañera de vida, Orquídea, y llegó rápidamente. Dos policías entraron, pero no detectaron nada. Tomaron fotos a varias partes del inmueble, incluyendo a la fosa, y luego se fueron.

 

La Policía llegó nuevamente el 9 de abril, pero Nahúm no estaba. Lo llamaron, pero él dijo a su madre que no lo estuvieran “neciando” y quitó los chips de los dos celulares que tenía.

Ese día Nahúm se fue con su compañera de vida, Orquídea, a huir. Primero estuvieron en Batahola Sur y después se trasladaron a casa de una expareja de su mamá, en Carretera Vieja a León.

La Policía comenzó a tener mayor sospecha sobre él. Llegaron los uniformados nuevamente el 10 de abril y fue cuando hallaron los cuerpos en la fosa.

El abogado Noel Vallejos contó en los medios de comunicación que fue él quién descubrió los cuerpos. Ese 10 de abril llegó a la casa y sintió “un olor a ratón” cerca de la fosa. Llamó a los policías y con los bomberos comenzaron a desaterrar la fosa. Lo primero que salió fue un brazo. Desde que se inició la excavación el mal olor se fue haciendo cada vez más fuerte.

Cuando se descubren los cuerpos, Nahúm comienza a hacerle creer a la familia que el asesino podría ser su hermano mayor, porque no tenía buena relación con Santos Lucio. Pero la Policía lo busca en Carretera Vieja a León y él huye en una moto. Lo alcanzan en el kilómetro 44 de esa vía y le hacen disparos, tres de los cuales impactan en un glúteo de Orquídea, quien viajaba en la parte de atrás de la moto. Nahúm pierde el equilibrio, caen y los detienen. La Policía teme por la vida de ambos y los trasladan al Hospital Antonio Lenín Fonseca.

***

Santos Lucio tenía una costumbre que sirvió para que lo mataran. Todos los martes y los jueves, a las 4:00 de la tarde, solía ir a Bolonia a comprar cuajadas.

El martes 24 de marzo del 2015, Nahúm le propone al Pelón, apodo de Jairo Josué Ugarte Centeno, que le ayude a matar a su padre, a su madrastra y a su hermana. El Pelón le pide 100 mil córdobas por el “trabajo”. Ambos quedan de acuerdo.

Ese mismo día, y también al día siguiente, los dos asesinos van a la casa de Santos Lucio para observarla desde afuera y deciden que cometerán el triple crimen el jueves 26 de marzo, a las 4:00 de la tarde, aprovechando que Lucía Leticia estará sola en la casa, ya que Rosibel anda trabajando en el Huembes y Santos Lucio irá a comprar cuajadas.

El día del crimen, Nahúm llegó a trabajar en el cambio de aceite a la 1:00 de la tarde. Cerca de la hora acordada, el Pelón llegó a la casa a esperar que Santos Lucio saliera en la camioneta para entrar.

Cuando eso ocurre, Nahúm lo hace entrar. Se lo presenta a su hermana Lucía como un primo que está llegando de la Costa Caribe. Lucía Leticia estaba viendo televisión, se levanta, va a la cocina y regresa con galletas, las cuales comparte con el Pelón. En ese momento, Nahúm la toma por detrás, ella grita, pero su hermano le tapa la boca y ella lo muerde. El Pelón va a la cocina y trae una navaja con la que Santos Lucio acostumbra pelar naranjas.

Lucía Leticia está forcejeando con Nahúm en el suelo, pero el Pelón se la quita de encima a su cómplice y le propina más de 20 estocadas en la espalda y en las partes laterales del cuerpo a la joven.

Entre ambos la arrastran hacia a atrás del televisor y limpian la sangre con papel toalla, mechas de lampazo y con cuanto trapo encontraron a mano.

Llega Santos Lucio de comprar las cuajadas. Entra a la casa y le dice a Nahúm que guarde las cuajadas, pero el hijo no le hace caso. Entonces le pregunta: “¿Dónde está la Lucía?”. “Se fue a Ciudad Jardín a reparar su celular”, respondió Nahúm, quien relató que su padre no le creyó y se fue a la cocina, pasando cerca del cadáver de la hija sin lograr verlo.

Cuando Santos Lucio viene de regreso, Nahúm lo toma de una mano y el Pelón le quiere dar en la cabeza con un bate de aluminio, pero no le da, sino que le pega a Nahúm. El Pelón no cesa en su labor asesina y le deja ir más batazos a la víctima hasta que le logra dar. Nahúm se retorcía del dolor.

Los dos criminales trasladan los cuerpos de padre e hija y limpian la escena del crimen.

Después de las 5:00 de la tarde llega Rosibel. Nahúm está sentado frente al televisor. La mujer dice “buenas”. Él abre la puerta y la madrastra le pregunta: “¿Y la Lucía?”. Nahúm le responde que anda reparando el celular y que el papá andaba en el supermercado.

Rosibel va a la cocina y ahí estaba escondido el Pelón con un tubo metálico. Nahúm agarra por detrás a la víctima, forcejean, caen al suelo y el Pelón lanza tubazos. Le pega a la mujer, pero le vuelve a dar Nahúm en el mismo lugar.

Según contó Nahúm después, en su confesión, Rosibel le pidió perdón por todo lo mal que se había portado con él, pero no siguió hablando porque el Pelón la remató hasta que a la mujer se le salieron los sesos.

Notaron que Santos Lucio todavía respiraba. Le taparon la cara y le pusieron una brida en los pies. La idea era asfixiarlo.

Luego trasladaron los tres cuerpos a la fosa, donde se cambiaba el aceite a los vehículos, y lanzaron los cadáveres al fondo. El hoyo lo taparon con trapos manchados de sangre.

Nahúm revisó la casa y encontró, en la caja de la venta del día del taller de mecánica, 2,500 córdobas, de los cuales le entregó mil córdobas al Pelón como abono del pago.

Los forenses y peritos cuando llegaron a sacar los cadáveres de la casa de Santos Lucio Bravo. Uno de ellos se desmayó en la escena del crimen. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ VIDEO DE EL NUEVO DIARIO

El Pelón se retiró de la casa a las 6:00 de la tarde y luego Nahúm tomó una camioneta que era de su hermana y fue a buscar a Orquídea, su compañera de vida, quien estaba embarazada. La llevó a la casa y desde entonces se quedaron viviendo en la misma.

Al día siguiente, Nahúm fue al sector de la UCA, donde compró un viaje de tierra y por la tarde le pagó a un vende agua helada para que le ayudara a llenar la fosa donde estaban los cuerpos con la tierra y le pagó 100 córdobas.

Nahúm contrató a dos personas más, a una para que limpiara la casa y a otra, a la cual le pagaría cuatro mil córdobas mensuales, para que cuidara la casa.

Como era época de Semana Santa, llegaron varios amigos de él, varones y mujeres, y estuvieron tomando licor, oyendo música y bañándose en una piscina que colocaron sobre la fosa donde estaban los cuerpos, la cual fue sellada con la tierra, 15 tablas de pino y cemento, la cual fue destapada hasta que la Policía, con ayuda de los bomberos, sacaron los cuerpos de Santos Lucio, Rosibel y Lucía Leticia. Fue cuando se desmayó la perita al ver la forma salvaje en que fueron asesinadas las víctimas.

La condena

Nahúm fue condenado a 68 años y nueve meses de prisión por los delitos de parricidio en perjuicio de su padre y de su hermana, así como de asesinato en contra de su madrastra, pero solo cumplirá 30 años de cárcel porque así lo establecía la ley en ese momento.

El juez de la causa, Carlos Silva, explicó a la revista MAGAZINE que si la condena hubiese ocurrido en la actualidad, se habría enfrentado a la cadena perpetua.

Para que Nahúm salga antes de los 30 años de la cárcel, el abogado Álvaro García contó que el condenado realiza labores en el sistema penitenciario y está integrado a actividades religiosas y deportivas. De esa manera, los días cuentan dobles para él dentro de la prisión.

Los acusados: Nahúm, el Pelón, un vende agua helada que no tenía nada que ver en el crimen y la compañera de Nahúm, Orquídea. Estos últimos dos están libres. FOTO/ ARCHIVO/ ALEJANDRO FLORES

Después de la condena, el juez Silva notó que muchos nicaragüenses hubiesen querido que Nahúm hubiera sido puesto media hora en una plaza pública y fuera linchado por quien quisiera hacerlo.

Silva mencionó que un estudio de un argentino determinó que “en ninguna parte del mundo el endurecimiento de las penas reduce la criminalidad, sino que todo es un problema de pobreza, de falta de educación, de falta de recreación, de falta de deportes”.

El Pelón y la mujer de Nahúm, Orquídea, también fueron condenados. El Pelón y Nahúm están presos, pero Orquídea ya está libre tras cumplir la pena que se le impuso.

Poco después de cometido el crimen, el Pelón le dijo a Nahúm que se sentía con remordimientos y le pidió que ya no le pagara los 100 mil córdobas que habían acordado.

Las víctimas en vida: Santos Lucio Bravo Gómez, Rosibel Murillo Luna y Lucía Leticia Bravo Murillo. La primera en ser asesinada por Nahúm y el “Pelón” fue Lucía Leticia, luego su padre y por último su progenitora. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ VIDEO DE CANAL 13

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Reportaje