Narciso Zepeda, la historia de una ejecución en el FSLN

Reportaje - 14.01.2019
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En 1974, la Dirección Nacional del entonces movimiento guerrillero Frente Sandinista condenó a muerte a uno de los suyos por “robo y traición”. El asesinato de Narciso “Chicho” Zepeda es la única
ejecución “disciplinaria” que el FSLN reconoce como propia.

Por Eduardo Cruz

El 4 de octubre de 1974, el experimentado guerrillero del FSLN, Narciso “Chicho” Zepeda, salió de su casa en El Viejo, Chinandega, a repartir invitaciones para el cumpleaños número uno de su hijo Óscar Jonathan. Así quiso Chicho que se llamara el niño en honor a Óscar Turcios y Jonathan González, sus amigos y compañeros de lucha caídos un año antes a manos de la Guardia Nacional.

Cuando salió de su casa, Chicho llevaba una pistola 45 envuelta en un periódico que se colocó bajo el brazo izquierdo y esa fue la última vez que sus familiares lo vieron vivo. El 6 de octubre se celebró el cumpleaños del niño pero el papá no apareció.

La entonces compañera de vida de Chicho, Carlota Dávila, recuerda que para aquellos días él siempre le decía: “Me andan buscando los del FSLN”. Pero cuando él ya no regresó ella no se acordó de esas palabras porque en la familia todos estaban acostumbrados a esas desapariciones de Chicho, como en 1963, cuando se fue a la guerrilla de Raití y Bocay. O en 1967, cuando participó en el movimiento guerrillero de Pancasán. Si Chicho no andaba de guerrillero, estaba en Costa Rica haciendo gestiones para el FSLN, o en Managua trabajando al lado de Carlos Fonseca Amador.

Un año y dos días después de la desaparición de Chicho, el 6 de octubre de 1975, cuando su hijo Óscar Jonathan estaba cumpliendo dos años, la Guardia Nacional capturó en las costas de Jiquilillo a dos colaboradores del FSLN, Amílcar Lorente Ruiz y Juan José Úbeda Herrera. El primero de ellos confesó todo. A Narciso “Chicho” Zepeda lo asesinaron sus propios compañeros del FSLN. Lo acusaron de ladrón, de traidor y de poner en riesgo la vida de sus compañeros guerrilleros.

Cuando mataron a Chicho, la Dirección Nacional del FSLN estaba deprimida. Carlos Fonseca Amador y Humberto Ortega estaban en Cuba. Y José Benito Escobar y Daniel Ortega estaban presos. El resto de miembros de la Dirección Nacional histórica estaban muertos.

A finales de 1975, Carlos Fonseca regresó a Nicaragua. En su libro La epopeya de la insurrección, Humberto Ortega explica que él, Fonseca y Germán Pomares realizaron una investigación para determinar qué pasó con el legendario guerrillero. Concluyeron que había sido una ejecución injusta y la mayor responsabilidad recayó en uno de los dirigentes del FSLN en Chinandega, el costarricense Plutarco Elías Hernández Sancho, quien falleció hace dos meses, en los primeros días del pasado mes de noviembre, pero con quien la revista Magazine pudo conversar poco antes en una entrevista sobre la muerte de Chicho Zepeda y la cual está grabada.

La tumba de la familia de Narciso Zepeda en el cementerio de El Viejo. Los restos de Zepeda fueron trasladados a este sepulcro después de ser hallado su cadáver enterrado en una finca cercana a El Viejo. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

 

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El hombre que le enseñó el teje y maneje de la guerrilla a Chicho Zepeda fue nada más y nada menos que el coronel Santos López, el mismo que de joven formó parte del ejército de Sandino y que a finales de los años cincuenta e inicios de los sesenta todavía luchaba en las montañas de Nicaragua para derrocar a la dictadura de los Somoza.

Chicho, quien había nacido en marzo de 1939, se inició en la lucha antisomocista en 1958. En su tierra natal, El Viejo, jugaba beisbol con otro que sería guerrillero del FSLN: Germán Pomares Ordóñez. A ambos los reclutó para la lucha otro viejano, Cristóbal Guido, quien en ese año llegó a ser el secretario de la Juventud Conservadora.

Para ese año se preparaba también lo que se conoció como la gesta de Olama y Mollejones, y en un escrito Pomares cuenta que unos 10 viejanos, entre los que estaba Chicho Zepeda, llegaron a Managua para ser entrenados y formar parte de la acción guerrillera, pero los líderes conservadores los descartaron por ser campesinos. Pomares y Chicho se regresaron a El Viejo decepcionados.

Pomares ubica a Chicho teniendo un entrenamiento militar verdadero en 1960. Y lo sitúa también en 1962 junto al coronel Santos López, cuando este último entrenaba guerrilleros en el río Patuca, en la frontera hondureña.


El coronel Santos López (al centro), combatiente del ejército de Sandino, cuando entrenaba a guerrilleros en Bocay, a inicios de los años sesenta. Allí también entrenó a Narciso Zepeda y a Germán Pomares Ordóñez. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO UN PUEBLO ALUMBRA SU HISTORIA

La antigua militante del FSLN, Rossy López Huelva, vivía en Cuba en los años sesenta y cuidó a Santos López al final de su vida. López Huelva recuerda cuando Chicho Zepeda estaba en Cuba y llegó a su casa en busca del coronel.

Según López Huelva, el coronel Santos López siempre quiso mucho a los guerrilleros, pero había dos a quienes consideraba sus lugartenientes: Germán Pomares y Narciso Zepeda. “Además de ser mis hermanos dentro del Frente Sandinista, fueron mis hermanos por partida doble, porque el coronel me los legó como mis hermanos. Él me decía: ‘Estos son mis hijos’. Y así los vimos hasta que desapareció Chicho y hasta la caída de Pomares. Para mí, Chicho y Pomares fueron mis hermanos que el coronel Santos López me entregó”, le dijo López Huelva en una entrevista a Armando Amador.

Una hermana de Chicho, Modesta Zepeda, relata que a su casa llegaban a refugiarse muchos miembros del Frente Sandinista, entre los que destaca a Óscar Turcios, Jonathan González y Leticia Herrera.

Zepeda recuerda que su hermano estudió magisterio en Jinotepe. Se graduó, pero el gobierno de Luis Somoza nunca le dio plaza para que trabajara en alguna escuela.

Zepeda también rememora que en 1963 su hermano anduvo en la guerrilla de Raití y Bocay, y en 1967 en Pancasán. En esa ocasión, Chicho Zepeda anduvo con Enrique Lorente, un guerrillero que luego caería muerto. Siete años después de Pancasán, un hermano de Enrique Lorente se iba a convertir en uno de los asesinos de Chicho.

Por sus andanzas con el FSLN, Chicho Zepeda cayó preso en varias ocasiones. En una de ellas fue detenido en Sapoá, Rivas, cuando intentaba trasegar desde Costa Rica un cargamento de armas.


Narciso Zepeda cuando fue detenido en diciembre de 1966, por tráfico de armas. FOTO/ ARCHIVO

Para disimular sus aventuras guerrilleras, Pomares y Chicho trabajaban en lo que les salía. En sus escritos, Pomares dejó plasmado que en una ocasión él y Chicho trabajaron en una desmotadora. Chicho era apuntador y Pomares llenaba costales.

Quienes lo conocieron cuentan que Chicho Zepeda era una persona preparada, dedicada al estudio. Incluso, en sus tiempos libres, les daba clases a los niños. A algunos les cobraba y a otros no.

Entre los defectos que le cuentan están el de mujeriego, parrandero y jugador. En su último año de vida nacieron hijos suyos con tres mujeres distintas.

El amor de Chicho fue Susana Carlota Dávila Pineda, hoy una mujer de 72 años de edad. Se conocieron desde chavalos, pero el destino los separó. Dávila tuvo dos hijos y después se volvió a encontrar con Chicho.

A pesar de que estaba con ella, Chicho se fue a Rivas, donde conoció a una mujer de nombre Carmen, y se casó con ella. “Un sábado se casó y el lunes lo tenía en la casa”, recuerda Carlota Dávila. Ella estaba embarazada de Chicho cuando se dio cuenta de que él se había casado con otra y que la esposa también estaba embarazada. “Le dije de todo”, afirma Dávila.

A Chicho también se le atribuye ser muy dado a la bebida y a los juegos. “Le gustaba el billar”, dice su hermana Modesta.

El hombre que ordenó el asesinato de Chicho Zepeda, el tico Plutarco Hernández, lo acusó de que le gustaba ponerse a jugar naipes con los guardias en el cuartel de El Viejo. “En su tiempo Narciso fue guerrillero, pero después se convirtió en un lumpen”, dijo Hernández en agosto pasado a la revista Magazine, menos de tres meses antes de morir producto de un cáncer.


El Plutarco Elías Hernández Sancho, miembro de la Dirección Nacional del FSLN, fue quien ordenó la muerte de Narciso Zepeda. FOTO/ CORTESÍA/ LA NACIÓN DE COSTA RICA

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Parte del trabajo que le correspondió a Narciso “Chicho” Zepeda dentro del FSLN fue ingresar clandestinamente a Nicaragua a los miembros del movimiento que estaban fuera del país, lo hacían por Costa Rica y especialmente por Honduras.

Entre octubre y noviembre de 1973, Chicho Zepeda ayudó a dos grupos guerrilleros a entrar al país desde Costa Rica. Chicho era un gran baqueano junto a Pomares. En el primero de los grupos venía el hermano de Enrique Lorente, Amílcar Lorente Ruiz, quien tenía varios motes pero se le conocía principalmente como Chequel. En el segundo grupo venía Juan José Úbeda Herrera, “Rolando”, quien en la década pasada fue director del Irtramma y ahora es vicepresidente de Iniser.

Amílcar Lorente Ruiz, alias Chequel. FOTO/ TOMADA DE FACEBOOK

Para este reportaje la revista Magazine quiso conocer las versiones de Lorente y Úbeda. De Lorente fue difícil conocer ubicación o si aún vive. Úbeda no quiso hablar con Magazine. “De todas maneras LA PRENSA siempre pone lo que quiere”, dijo vía telefónica.

En diciembre de 1975, cuando estaba preso, Amílcar Lorente dijo que había entrado al FSLN por consejo del entonces periodista Bayardo Arce Castaño, quien después llegó a ser uno de los nueve comandantes y hoy es asesor económico de Daniel Ortega.

Tanto Lorente como Úbeda llegaron a Nicaragua procedentes de Cuba, donde estuvieron seis meses siendo entrenados en tácticas guerrilleras y después pasaron brevemente por Moscú.

El contacto de Úbeda para entrar al FSLN fue Filemón Rivera, en Estelí.

Tras ingresar clandestinamente a Nicaragua, guiados por Chicho Zepeda, Lorente y Úbeda fueron asignados por Pedro Arauz Palacios, “Federico”, para que trabajaran en Chinandega.

El responsable de las escuelas militares del FSLN en Chinandega era el tico Plutarco Hernández, un socialista que se había unido a los guerrilleros nicaragüenses después que conoció a algunos de ellos mientras estudiaba en 1966 en la universidad Patricio Lumumba de Moscú.

Los guerrilleros del FSLN se movían por varias escuelas que tenían en diferentes partes de occidente, como El Sauce, Chichigalpa y El Viejo. Lorente y Úbeda llegaron finalmente a El Viejo. Dirigidos por Plutarco Hernández, conocido como Alfonso, montaron una escuela en una finca propiedad de Juan de Dios Torres. Lorente era el cocinero de todo el grupo y quien hacía las compras. Pobladores de El Viejo recuerdan que él caminaba libremente por todo ese poblado y, lógicamente, una de sus paradas era la casa de Narciso Zepeda. Allí, Modesta Zepeda lo recuerda llegando a pedir ayuda, especialmente alimentos.

Muchas personas cuando veían llegar a Lorente se escondían o le cerraban las puertas, pero él era “testarudo” e insistía en que le dieran ayuda para el FSLN.

En la finca de Juan de Dios Torres los guerrilleros sandinistas hicieron desastres. Allí llevaban a muchachas de El Viejo para que les sirvieran como mujeres y como correos. “La convirtió en su amante para utilizarla como correo”, tituló el diario somocista Novedades en diciembre de 1975, en un artículo en el que la joven Alma Nubia Maradiaga Moraga dice que Juan José Úbeda comenzó a enamorarla y que, después de iniciar una relación con él, al poco tiempo le pidió que le llevara un papel a una muchacha que iba a estar en el parque de Chinandega, vestida de pantalón verde y blusa rosada.

Tanto en Novedades como en LA PRENSA aparecen testimonios de jovencitas viejanas relatando historias similares a las de Maradiaga.

A mediados de 1974 llegó a El Viejo la costarricense Liliana Rosa Benavides Grütter, quien había estado estudiando historia 10 años en Cuba y se había unido al FSLN. Benavides se convirtió en la compañera sentimental de Plutarco Hernández y hay quienes dicen, en El Viejo, que Chicho Zepeda tuvo aspiraciones con ella. La revista Magazine quiso comunicarse con Benavides, pero en Costa Rica, en un club del cual ella es miembro, dijeron que se encuentra en Cuba y no tenían cómo comunicarse con ella.

La costarricense Liana Benavides cuando fue capturada en 1975. Era pareja de Plutarco Hernández cuando la muerte de Chicho Zepeda. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

Mientras en la finca de Juan de Dios Torres, Úbeda y Lorente hacen y deshacen, bajo las órdenes de Plutarco Hernández, en el FSLN comienza una crisis a mediados de 1974 que posteriormente culminaría en una división. Según Humberto Ortega, en su libro La epopeya de la insurrección, en una finca que se llamaba Panamá, en Carazo, se llevó a cabo una reunión en la que se abordó el tema de la crisis del movimiento guerrillero, pero también se aprobaron “medidas severas disciplinarias, las que no se especificaron” a los combatientes sandinistas Narciso Zepeda y al campesino Catalino Flores.

Lo que Plutarco Hernández le contó a la revista Magazine es que la decisión de matar a Narciso Zepeda se produjo en agosto o septiembre de 1974, en la misma reunión en la que se decidió que se iba a realizar un fuerte operativo contra el somocismo, que resultó ser la toma de la casa de José María “Chema” Castillo, la que finalmente se produjo el 27 de diciembre de ese mismo año, cuando sus propios compañeros de armas ya habían matado a Chicho.

En la reunión que menciona Hernández, se acusó a Chicho Zepeda de haberse robado 3,000 córdobas que el FSLN le entregó porque iba a conseguir pistolas a bajo precio, el robo a una tienda Broadway en El Viejo, participación en la muerte del norteamericano Stambrich, a quien habría robado 2,000 córdobas, deserción en la montaña y calumnias contra la Dirección Nacional.

El gringo Stambrich colaboraba con el FSLN, según Hernández, y cuando llegaba el grupo guerrillero a la finca del norteamericano, este último mataba un venado para darles de comer.

Además, aseguró Hernández, la Guardia Nacional le cayó a una casa de seguridad del FSLN que solo Chicho sabía donde quedaba.

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Carlota Dávila fue compañera de Narciso Zepeda. Procrearon un hijo, el que, según el deseo de Zepeda, debía llamarse Óscar Jonathán, pero al final fue Óscar Bruno. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

A Susana Carlota Dávila no le quedó ni un recuerdo de su amado Chicho. Cada vez que la Guardia Nacional llegaba a catear la casa se llevaban todo lo que era de él. Una vez se llevaron una foto del pícher Denis Martínez, creyendo que era Chicho, y que Carlota tenía en la pared de su casa y en la que estaban también los beisbolistas Antonio Herradora y Ángel Dávila. Lo que pasa es que Dávila era familiar de Carlota.

El recuerdo que le quedó y que lo tiene grabado está solo en su memoria, cuando Chicho Zepeda salió de la casa aquel 4 de octubre de 1974, con la pistola 45 dentro de un periódico que se colocó bajo el brazo izquierdo y en las manos un puño de tarjetas de invitación para el cumpleaños número uno de su hijo Óscar Jonathan Zepeda Dávila. Al final, Carlota le cambió el nombre y ahora se llama Óscar Bruno.

Plutarco Hernández contó que ese día Amílcar Lorente invitó a Chicho a que llegara a la finca de Juan de Dios Torres, porque allí le iban a tener un dinero. Inclusive, antes de eso le habían dejado tres córdobas que costaba el pasaje de El Viejo a la finca de Juan de Dios Torres.

Cuando Chicho entró a la casa de la finca, de detrás de la puerta salió Juan José Úbeda y le propinó un golpe en la nuca, supuestamente con una raja de leña. Esa fue la versión que la familia de Chicho conoció, explican Carlota Dávila y Salma Meléndez. El golpe hizo que Chicho cayera al suelo y botara la pistola 45 que llevaba debajo del brazo.

Un año después de la muerte de Chicho, Amílcar Lorente contó ante un tribunal que Úbeda detuvo a Chicho en nombre de la Dirección Nacional del FSLN. Chicho intentó escapar pero lo intimidaron y desistió de su pretensión. Lo sentaron en una silla y le ataron de pies y manos con una sondaleza.

Úbeda, Lorente y otros guerrilleros que estaban con ellos, se trasladaron a una parte de la finca donde estaban unos chagüites, como a 100 metros de la casa hacienda, y allí cavaron una tumba. Luego regresaron a la casa.

Por la tarde llegó Plutarco Hernández para cerciorarse de que realmente habían apresado a Chicho. No quiso entrar a ver al reo. Se fue advirtiéndoles que debían matarlo. “Lo fusilamos. Lo fusilamos. Simplemente lo fusilamos, por varias razones”, diría Hernández recientemente a la revista Magazine, antes de morir el pasado noviembre.

Después que se fue Hernández, a Chicho le pusieron esparadrapos en los ojos y también en la boca para que no gritara.

Amílcar Lorente y Juan José Úbeda Herrera, cuando fueron capturado en 1975 y fueron llevados a una corte militar. FOTO/ ARCHIVO

Por la noche de ese 4 de octubre de 1974, cuando ni el dueño de la finca los veía, Úbeda y Lorente sacaron a Chicho y lo llevaron adonde habían cavado la tumba.

Las palabras que decía Chicho nunca se le olvidaron a Amílcar Lorente, quien casi se volvió loco un año después, cuando cayó preso y se despertaba a medianoche agarrándose la cabeza, sudando, gritando, llorando y diciendo: “No, no, no, perdoname hermano. Perdoname Chicho”. Así lo recuerda una persona que pidió el anonimato y que estaba preso con Lorente en La Aviación.

Cuando estaban por matarlo, Chicho le decía a Lorente y a Úbeda: “No me maten. Es injusto. Chequel, acordate que yo conocí a tu hermano (Enrique Lorente), anduve con él”. Y después agregó: “En esa forma me pagan todo lo que hice por el Frente (FSLN)”.

Úbeda y Lorente acostaron a Chicho a orillas de la fosa y Úbeda preguntó, mientras la víctima escuchaba todo: “¿Lo matamos acostado o parado?” “Acostado”, dijo Lorente.

Según lo que contó Lorente en un tribunal, Úbeda le dejó ir el primer disparo a Chicho en la oreja derecha. Después otro en la otra oreja. Luego lo desnudaron y lo empujaron a la tumba.

Ya dentro de la fosa le dejaron caer astillas de madera pero se dieron cuenta que Chicho aún estaba vivo porque se quejó cuando le cayeron las astillas. Úbeda lo habría rematado disparándole al corazón. Chicho seguía vivo porque se dio vuelta. El último balazo, en la espalda, terminó de quitarle la vida.

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El primer cumpleaños de Óscar Jonathan se celebró el 6 de octubre, sin la presencia de su padre. La familia sí se preocupó por Chicho, pero sabían que él acostumbraba a desaparecer para irse a la montaña o para irse a ver con Carlos Fonseca.

Además, según cuenta Carlota Dávila, Juan José Úbeda les mandó a decir que no se preocuparan porque Chicho se había ido a la montaña.

La hermana de Chicho, Modesta Zepeda, recuerda que ya muerto su hermano el propio Amílcar Lorente llegaba a la casa a pedir ayuda.

El que sí sabía lo del asesinato de Chicho Zepeda era su amigo, Germán Pomares Ordóñez, quien llegó furibundo a una de las reuniones donde se estaban ultimando los detalles para la toma de la casa de Chema Castillo. Pomares sabía quién era el verdadero responsable de la muerte de Chicho: Plutarco Hernández.

Presionado por esa muerte y también por otras razones, Plutarco Hernández abandonó Nicaragua y dejó botadas sus responsabilidades en Chinandega. Se regresó a su natal Costa Rica. En mayo de 1976, Humberto Ortega lo incorporó de nuevo al FSLN, a pesar de las airadas protestas de Pomares.

Un año y dos días después de la muerte de Chicho, el 6 de octubre de 1975, la Guardia Nacional capturó en la playa de Jiquilillo a Juan José Úbeda y a Amílcar Lorente, así como a otros guerrilleros del FSLN que también habían estado involucrados en la muerte de Chicho.

Cuando los capturaron, Amílcar Lorente estaba acostado en la playa y Juan José Úbeda estaba jugando con las olas del mar con otro guerrillero, Maximiliano Martínez Torres. “Estamos perdidos”, dijo Úbeda cuando vio que se acercaba un guardia adonde estaba acostado Lorente, narró Martínez en los tribunales somocistas.

Martínez Torres estaba molesto con Lorente porque este último estaba dormido y no reaccionó cuando se acercó el guardia, que andaba solo, y le quitó una escopeta y una pistola 45. “No comprendo cómo se durmió Chequel, nuestro responsable, sobretodo que nos decía que lo primero de un militante es no dormirse en las postas”, se quejó Martínez en los tribunales.

Ya encarcelado, Amílcar Lorente no soportó la presión. Le contó todo a las autoridades somocistas. De cómo habían matado a Narciso Zepeda. Úbeda lo negó todo. Bayardo Arce y Pedro Aráuz Palacios también habían estado en la finca de Juan de Dios Torres en los días que mataron a Chicho. Aunque no fueron partícipes del crimen, dijo Lorente.

Aunque los sandinistas han sostenido que Chicho Zepeda fue la única ejecución que existió en el FSLN entre los mismos compañeros, Amílcar Lorente no confesó solo la muerte de Chicho, sino también la de otros guerrilleros, como Francisco Flores, quien era compañero de vida de una mujer que también sostenía relaciones con Plutarco Hernández. También mataron a Bertín Hernández y Gustavo Andino.

“Terrorista relata masacre entre miembros del Frente”, tituló Novedades. “Sensacional relato de un reo del FSLN”, publicó LA PRENSA en su noticia principal de la portada del jueves 11 de diciembre de 1975. Lorente habría confesado la muerte de cinco miembros del grupo guerrillero, a manos de sus propios compañeros.

A las autoridades somocistas el relato de Lorente sobre la muerte de Chicho y de los otros guerrilleros les parecía increíble. Inmediatamente salió una expedición de Managua hacia El Viejo, con los reos Amílcar Lorente, Juan José Úbeda, Maximiliano Martínez Torres y Lucas Cortés. “Les tocó matarlos y desenterrarlos”, tituló LA PRENSA al día siguiente.

El primer cadáver que sacaron fue el de Chicho Zepeda. Lorente identificó fácilmente el lugar donde estaba enterrado. En la exhumación del cadáver estaban presentes la madre y hermana de Chicho, María del Pilar Zepeda y Otilia Lilly Zepeda.


Las osamentas de Narciso Zepeda, que fueron sacadas de la fosa cavada por Juan José Úbeda y Amílcar Lorente, en la finca de Juan de Dios Torres, en El Viejo. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

Cuando se procedía a la excavación de la tumba de Zepeda, Lorente se mantuvo de pie con la mirada hacia abajo, cuentan las crónicas periodísticas de la época en Novedades y LA PRENSA.

Los excavadores dieron con las astillas que Úbeda y Lorente echaron sobre el cuerpo de Chicho y supieron que ya estaban cerca del cadáver, del que estaban solamente los huesos de Chicho. Otilia Zepeda, como era enfermera, reconoció el cadáver de su hermano por los dientes, afirma una hija de ella, Salma Meléndez.

“Chicho era amigo mío. No creía que yo fuera a hacer eso. Él no dijo nada, murió sin hacer ninguna protesta, solo me dijo que era injusto lo que íbamos a hacer y que así le pagaban lo que él había trabajado con el Frente”, dijo Lorente a los periodistas.

Fue en esa época que una fuente anónima —que estuvo en prisión con Lorente— relató que este último tenía trastornado el sistema nervioso. Como a Lorente los guardias no le dejaban pasar medicinas, a través de esta fuente anónima le hacían pasar tranquilizantes porque todas las noches se despertaba pegando gritos. “Perdoname hermanito, perdoname”. Y luego, a su compañero de celda, le contaba como Chicho de rodillas le rogaba: “Hermanito, no me matés”.


La madre de Narciso Zepeda, María del Pilar Zepeda (derecha) y la hermana Otilia Lilly Zepeda (izquierda), cuando exhumaban el cadáver de Chicho. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ NOVEDADES

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El triunfo de la revolución sandinista, en julio de 1979, agarró a la familia de Chicho Zepeda en las mismas condiciones que siempre han vivido, en la pobreza, pero siempre ganando el sustento con esfuerzos propios, recuerda Modesta Zepeda.

De todos los miembros del FSLN que llegaron a la casa de los Zepeda para refugiarse durante la guerra contra Somoza, solamente uno llegó a visitarlos: Gladys Báez, comentan Modesta Zepeda y Salma Meléndez, esta última sobrina de Chicho.

Al inicio de la revolución, los sandinistas quisieron mejorarle la casa a las madres de Germán Pomares y de Narciso Zepeda, pero María del Pilar Zepeda, la madre de Chicho, no aceptó. “La sangre de mi hijo no la vendo”, dijo. Siguió viviendo en la misma casa que tenía.


La casa de la familia de Narciso Zepeda en El Viejo, la cual fue refugio de varios guerrilleros del Frente Sandinista durante los años sesenta e inicios de los setenta. Allí estuvieron Leticia Herrera, Óscar Turcios, Jonathán González y otros. FOTO/ ÓSCAR NAVARRETE

En ocasiones, los combatientes históricos le hacen homenaje a Chicho, y hace pocos años la Alcaldía de El Viejo le puso el nombre de Narciso Zepeda a una colonia.

Los familiares de Chicho todavía guardan un extracto de un discurso de Daniel Ortega que brindó en julio de 2006, en El Viejo, en el que dijo: “Hermanos de este municipio trabajador, valiente, luchador. Esta es la tierra de Germán Pomares… Él y Chicho, su gran compañero, Narciso Zepeda, eran dos hermanos que caminaban juntos…”.

De la vida de Narciso Zepeda

Timoteo Vásquez y María del Pilar Zepeda fueron sus progenitores. Sin embargo, a Narciso “Chicho” Zepeda lo crió una tía materna, Agustina Díaz.

Sus padres vivieron juntos sin casarse hasta que decidieron formalizar la relación, con seis hijos, cuando ambos rondaban los 90 años de edad.

Zepeda dejó cuatro hijos: Óscar Bruno con Carlota Dávila; José Manuel, con Rosario Molina; Carmen María, con Carmen Pastora Jirón, con quien Zepeda fue casado; y Verónica Catalina, con Bertilda Moreno. Tres de ellos nacieron en el lapso de un año.

El guerrillero René Tejada Peralta utilizó el seudónimo de “Tello” en honor al padre de Chicho Zepeda, a quien le decían así.

Chicho Zepeda medía 5.8 pies de estatura y era de complexión recia.
A Zepeda y a Germán Pomares les llamaban fidelistas a inicios de los años sesenta, porque admiraban a Fidel Castro y mucho leían la revista cubana Bohemia.

Sufrió la lepra de montaña cuando entrenaba en la guerrilla en 1960.

La familia de Chicho Zepeda, en El Viejo, está totalmente alejada de la política y también del FSLN. Solo un hermano de él tiene nexos con el orteguismo.

Criado en la pobreza

Narciso “Chicho” Zepeda fue un hombre criado en la pobreza, en El Viejo, por una tía de nombre Agustina, quien de esa forma le ayudaba a su hermana, María del Pilar Zepeda, que trabajaba en Managua.

Según su hermana Modesta Zepeda, Chicho tenía buena letra y era muy inteligente y le gustaba leer. “Era una persona intachable, recto”, dice.

Son varios los testimonios de sandinistas que lamentan la muerte de Chicho y la califican de injusta. Entre ellos están Leticia Herrera, Humberto Ortega, Henry Ruiz, Tomás Borge, entre otros.

Humberto Ortega escribió que él, Germán Pomares y Carlos Fonseca investigaron la muerte de Chicho Zepeda y llegaron a la conclusión de que fue injusta.

“Carlos Fonseca nunca aprobó la pena de muerte como medida disciplinaria en nuestras filas, siendo este un caso extraordinario y raro”, escribió Ortega.

Quiénes sí y quiénes no

En el año 2005, el comandante Tomás Borge recalcó que él estuvo en contra de la ejecución de Narciso “Chicho” Zepeda. Según Borge, el tico Plutarco Hernández fue el que se dedicó a convencer a todos para ejecutar a Zepeda y al final logró convencer también a Henry Ruiz.

“Lo de Chicho fue una excepción en la que yo no estuve de acuerdo, nunca hemos acostumbrado matar a nadie por rivalidades políticas… Esto es un preámbulo para demostrar que queremos matar a (Herty) Lewites”, dijo Tomás Borge en 2005, sobre un reportaje de LA PRENSA sobre la muerte de Narciso Zepeda.

Algunos líderes sandinistas de mediados de los setenta, afirman que Borge no era parte de la Dirección Nacional cuando se produjo el crimen de Chicho Zepeda.

El comandante Henry Ruiz también en 2005 reconoció que él completó la orden contra Zepeda, acusado de poner en peligro operaciones clandestinas y la vida de sus compañeros, por parte de Plutarco Hernández, con quien Zepeda tuvo líos por razones sentimentales.

“Yo completé (la decisión de ejecutarlo) como jefe de la montaña; así eran las reglas, si los compañeros están diciendo que está poniendo en peligro la vida de otros compañeros… Yo completé la orden”, afirmó Ruiz.

De los otros líderes sandinistas que tuvieron que ver con la decisión de matar a Chicho, Pedro Aráuz Palacios murió enfrentando a la Guardia Nacional en un retén en Tipitapa, y el tico Plutarco Hernández falleció de cáncer hace pocos meses.

Hernández fue excluido de la Dirección Nacional del FSLN en marzo de 1979 y desde agosto de ese mismo año se retiró a Costa Rica, país del cual fue embajador en Moscú en los años ochenta.

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