Negocio sangriento

Reportaje - 13.12.2016
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Borrachines vendían su sangre a 35 córdobas el medio litro, dos veces por semana en Plasmaféresis, uno de los negocios más escandalosos que funcionó en Nicaragua por más de cinco años

Por Julián Navarrete

El fuego reinó en la Carretera Norte la noche que fue velado el doctor Pedro Joaquín Chamorro. Las paredes que rodeaban a las compañías y empresas vinculadas al patrimonio de la familia Somoza fueron las que más ardieron esa noche del 10 de enero de 1978.

Las columnas de humo se podían observar al otro extremo de la ciudad, bañando de ceniza y hedor el paisaje desolador donde emergía un edificio blanco, pulcro, cercado por un muro impenetrable, que resguardaba a una compañía dedicada a la compra de sangre humana, cuya materia prima eran los menesterosos, pordioseros y borrachines de Managua.

La empresa se llamaba Centroamericana de Hemoterapia S.A., conocida como Plasmaféresis, cuya función principal era extraer el plasma de la sangre y regresar el resto de los componentes al cuerpo de los donantes. El plasma era exportado y se obtenían jugosas ganancias. Esta fue una de las primeras edificaciones en quemarse aquel día.

La multitud que se agolpó esa noche en las calles lo tenía claro. Pedro Joaquín Chamorro fue el principal crítico de Plasmaféresis en los más de cinco años que funcionó en Nicaragua, desde finales de 1972 hasta inicios de 1978. Pedro Ramos, cubanoamericano y propietario de la empresa, tenía en proceso una acusación contra el director de La Prensa por injurias y difamación. Y Silvio Peña, cabecilla de los sicarios, declaró horas después de ser capturado que Ramos fue uno de los financista de la operación para aniquilar a Chamorro.

La tesis estaba consumada: Pedro Ramos ordenó la muerte del periodista, en venganza por las críticas en su contra y por la serie de investigaciones donde pretendía demostrar la vinculación del cubano con el presidente Anastasio Somoza Debayle, a quien Chamorro acusaba de ser el verdadero dueño de la empresa.

Tiempo después se han tejido varias hipótesis sobre la muerte de Chamorro. Desde que Pedro Ramos actuó como un doble agente de la CIA en una conspiración contra Somoza, en la que pudo haber colaborado el Frente Sandinista, hasta que el asesinato fue ejecutado por Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”, encargado de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), cuerpo militar élite de la Guardia Nacional.

Sin embargo, todas las versiones oficiales apuntan a que las críticas sobre el negocio de Plasmaféresis fueron el principal detonante para acabar con la vida de Chamorro.

“De Somoza se dirá no solo que derramó la sangre de su pueblo, sino que la vendió en el extranjero”, dijo Chamorro en un discurso en Chinandega, meses antes morir.

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Fotos al interior de la empresa Plasmaféresis tomadas en 1972
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Fotos tomadas al interior de plasmaféresis en 1972

Desde que amanecía la fila era larga. Aproximadamente 150 hombres colmaban la entrada del edificio de Plasmaféresis, ubicado donde antes funcionaba Los Manguitos, una desmotadora y centro de acopio de algodón, propiedad del presidente Anastasio Somoza García. Algunos con barbas de tres días, la ropa gastada, sin comer, resistiendo ante el frío que les invadía los huesos antes de entrar para que les sacaran medio litro de sangre.

Bosco León apenas era un adolescente. Pero recuerda, como si fuera ayer, cuando pasaba por la Carretera Norte antes de las 5:00 de la mañana y miraba la fila de bazuqueros apostados en las afueras del edificio, esperando vender su sangre. “Les decían bazuqueros porque eran tan borrachines que mezclaban alcohol puro con bolis. A eso se le llamaba bazuca”, dice León, quien ahora escribe sus vivencias de la vieja Managua en un semanario.

Detrás del muro el lugar era espacioso. Afuera, mientras los donantes esperaban turno se dedicaban a jugar cartas, contar chistes o se recostaban en los adoquines. Adentro, estaban siempre acostados 51 donantes en camillas con decenas de cables conectados bombeando sangre.

El doctor Rolando Santamaría, director de Plasmaféresis, calculó en una entrevista en La Prensa, en 1972, que a diario podían recibir hasta 150 donantes. “Aunque a varios los rechazamos por no cumplir con los requisitos básicos”, dijo.

En el lugar trabajaban cinco médicos tecnólogos, 15 técnicos laboratoristas e igual número de enfermeras, que como Zoila Vega eran señaladas de ser “las vampiras” de la época.

Vega era una muchacha menuda, morena, que tenía 20 años de edad cuando empezó a trabajar en la compañía en el periodo de 1974 hasta 1978. El propio día que quemaron Plasmaféresis, simpatizantes del Frente Sandinista apedrearon su casa. El acoso fue tal que a mediados de los ochenta tuvo que salir del país con sus dos hijos y nunca regresó.

“El haber trabajado en Plasmaféresis siempre me siguió. Yo quedé traumada con todo lo que pasé después de la muerte del doctor Chamorro”, escribe Vega desde Guatemala, donde vive desde hace 30 años.

El medio litro de sangre que les extraían a las personas lo pagaban a 35 córdobas, con los que se podía comprar 11 libras de carne, según León. El director Rolando Santamaría aseguró que en 1972 el medio litro de sangre a nivel mundial se pagaba por estas empresas a cinco dólares.

“No era un platal, pero se podía comprar varias cosas. El problema era que los bazuqueros utilizaban los reales para seguir tomando alcohol, malcomidos y sin dormir bien. Por supuesto que después se enfermaban”, dice León.

El doctor Santamaría negó que en el lugar permitieran a donantes mujeres. Sin embargo, seis años después de esa declaración, diversas cartas y testimonios publicados en La Prensa acusan que también a las mujeres se les pagaba 45 córdobas, es decir 10 córdobas más que a los hombres.

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El cubano Pedro Ramos, de camisa blanca al borde la mesa, durante la acusación contra el doctor Pedro Joaquín Chamorro, de gafas y camisa oscura, el 15 de noviembre de 1977.

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El dueño de Plasmaféresis era Pedro Ramos, un cubanoamericano anticastrista, cirujano, obeso, bajo y charlatán, que vino a Nicaragua en 1972 con el negocio de la sangre bajo el brazo. Su enlace con Somoza Debayle fue el inglés Eugenio Dudkiewicz, supervisor de todos los negocios del dictador, quien después huyó por un desfalco a las autoridades aduaneras.

Las sospechas de que Somoza era el verdadero dueño surgieron a partir de la ubicación del lugar, cuyas bodegas instaladas en el céntrico kilómetro 4 de la Carretera Norte, pertenecían al presidente. Según revelaciones de La Prensa, Dudkiewicz gestionó, por medio de decretos, diversas exenciones de impuestos, importaciones y otros beneficios que fueron otorgados por las autoridades locales.

“Pedro Joaquín nunca mintió”, se lee en una publicación de La Prensa, cuatro días después del asesinato de Chamorro, donde se revelan una serie de documentos de las compañías pertenecientes a Somoza, entre ellas, Plasmaféresis.
“¿Es… o no de Somoza Plasmaféresis?”, cita la nota.

El historiador Bayardo Cuadra dice que Pedro Joaquín Chamorro nunca pudo comprobar que Somoza Debayle fuera el verdadero dueño. “Por supuesto que Somoza era coimero. Y se supone que recibía coimas por este negocio. Claro que era Somoza quien avalaba estos negocios y conseguía este tipo de beneficios, pero esto no quería decir que era el dueño”.

Chamorro utilizó todas las armas políticas que tenía a la mano para poder atacar o criticar al gobierno somocista, dice Cuadra. De la misma forma lo hizo con Cornelio Hüek, presidente de la Cámara de diputados, señalado de corrupción y acusado por Silvio Peña, contratista de los asesinos de Chamorro, de haber sido el otro financista del asesinato junto con Pedro Ramos.

“No es que (PJCHC) no tuviera razón en decir que Plasmaféresis era un negocio sucio, sino que lo magnificó y provocó que se generara una opinión negativa y exacerbada alrededor de este tema”, asegura Cuadra.

Desde el asalto a la casa del diputado José María “Chema” Castillo, en diciembre de 1974, Somoza impuso una Ley Marcial que decretaba una censura al diario La Prensa. Sin embargo, Chamorro siempre trató de publicar lo acontecido y levantó la censura en septiembre de 1977, cuatro meses antes de morir.

Uno de los primero temas que plasmó en el periódico fue Plasmaféresis, que Chamorro había dejado en segundo plano a raíz del terremoto de 1972 y el saqueo que Somoza estaba haciendo con las donaciones, según Cuadra.

“La gente sentía que Pedro era, a través de su persona y La Prensa, la voz que no tenían para expresar públicamente su rechazo a la dictadura, pero a la vez había una inercia colectiva, no había actividad política, o si la había era de manera tímida, muy pequeña. Su muerte se convierte en el despertar”, afirma Onofre Guevara, antiguo miembro del Partido Socialista.

En una entrevista póstuma, publicada en The New York Times, Pedro Joaquín Chamorro dice que Somoza tenía intereses en Plasmaféresis, aunque él lo negara. “Yo no puedo probar que tiene acciones en esa compañía porque no permite que investigue, y puede que su nombre no figure en los archivos, pero todo le pertenece”, aseguró en Managua, a los periodistas americanos Charles W. Flynn y Robert E. Wilson.

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Varios donantes esperaban fuera de la clínica de Plasmaféresis, donde vendían el medio litro de sangre a 35 córdobas.

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Hay una telaraña de cables. Hombres acostados y enfermeras con agujas pinchando las venas. Se ven varias bolsas rojas colgadas de tubos con ganchos. Esta foto se publicó con el título “Drácula nunca soñó con esto”, el lunes 18 de diciembre de 1972, menos de una semana antes de que ocurriera el terremoto que destruyó Managua.

La capital quedó en cenizas, destrucción y caos. “Todos teníamos que hacer algo para reconstruir”, dice Bosco León. Incluso, para 1977, cuando algunos diputados opositores pidieron revisar los reglamentos de Plasmaféresis, admitieron que los papeles se habían perdido en la confusión del cataclismo.

El procedimiento de Plasmaféresis se realizaba de forma manual: inmediatamente después de la extracción de sangre, esta era centrifugada en un equipo especial para separar el plasma de las plaquetas y glóbulos que después eran regresados a las personas por medio de autotransfusión, según explicó el doctor cubano Guillermo Castro, quien figuraba como gerente de Plasmaféresis el 18 de diciembre de 1972, cuando concedió una entrevista a La Prensa.

“Sustituimos el volumen de plasma extraído con una solución fisiológica que restituye los glóbulos y esa es la manera que no les de anemia”, aseguró.

El plasma se congelaba en cuartos fríos, iguales a los que existen en los mataderos de reses. Solo de esta manera el plasma podía conservar todos sus componentes, antes de ser enviado a Estados Unidos, donde lo fraccionaban y convertían en medicamentos (hemoderivados) para protección de enfermedades, fabricación de vacunas contra el tétano y viruela, entre otros usos terapéuticos.

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En la actualidad el procedimiento es similar. Sin embargo, ahora se utiliza una maquina llamada aféresis, que extrae la sangre, la centrifuga para separar el plasma y regresa el resto de componentes simultáneamente al cuerpo del donante, en un procedimiento parecido al que se usa en la hemodiálisis. El procedimiento dura más que una donación normal de sangre, que toma unos 10 minutos. Con la Plasmaféresis se puede tardar hasta hora y media en extraer 850 mililitros.

Las primeras técnicas de centrifugación de la sangre fueron inventadas en Suiza en 1877 por el Dr. Carl Gustav Patrik de Laval y patentadas cuando se diseñó la centrífuga de campana en Estados Unidos en 1881. Para las primeras pruebas de este procedimiento se utilizaron conejos, lo que permitió separar el plasma y glóbulos blancos.

El término plasmaféresis fue por primera vez acuñado y publicado en 1914 por John Jacob Abel y colaboradores de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, quienes utilizaron esta técnica para mejorar los síntomas urémicos en perros a quienes se les había inducido insuficiencia renal mediante nefrectomía bilateral.

El primer reporte de plasmaféresis en un ser humano correspondió al Dr. C. Fleig, quien realizó experimentos con un paciente urémico a quien se le practicó la autotransfusión de glóbulos rojos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el plasmaféresis se utilizó para obtener plasma de donadores voluntarios y fue hasta la década de 1950 que el Dr. Edwin J. Cohn, de la Escuela de medicina de Harvard, diseñó la centrífuga de campana que impulsó el desarrollo de la aféresis, ya que se utilizó como un tratamiento terapéutico. No comercial.

El plasmaféresis como negocio se disparó en la región en 1972. En Costa Rica había una empresa que funcionaba a pesar de las críticas de los periódicos. En cambió en El Salvador fue cerrada por la presión de los medios. En Honduras, el gobierno clausuró el centro porque no cumplían con la selección de donantes.

En ese contexto se preveía que en Guatemala se instalara una planta, mientras que en Haití se cerró porque el dueño del negocio cayó en desgracia con el gobierno. Según dijo el doctor Castro, la demanda de sangre era generada por la guerra de Vietnam, epidemias y catástrofes.

En Nicaragua el problema era que esta compañía se asentó en un país tan pobre y con altos índices de desnutrición crónica, según el doctor Elías Vega, especialista en Hematología. “Se sometían a pacientes que se nutrían mal y vivían tomando licor. Lo lógico era que terminaran cirróticos. Las consecuencias no se podían ver ahí nomás, sino que las consecuencias fueron en el mediano y largo plazo”.

Anastasio Somoza Portocarrero cuenta que cuando Pedro Ramos le propuso el negocio a su padre, el general dijo: “Si es lícito en Estados Unidos, es lícito aquí”.

Desde el punto de vista legal el negocio era correcto, dice Bayardo Cuadra. El problema estaba desde el punto de vista ético y moral, que era donde las personas lo rechazaban al ver largas filas de borrachines e indigentes que tenían que vender su sangre para poder comer o alcoholizarse. Morir más rápido.

Las clínicas que se dedican a la comercialización de la sangre son legales en países como Estados Unidos, Canadá, Austria, Alemania y República Checa. Cada donante recibe entre 25 y 30 dólares por extracción y se permite realizar dos sesiones en un lapso de siete días.

En Nicaragua la donación de sangre no es remunerada. La obtención de esta sustancia está en manos del Ministerio de Salud, que administra el Banco de Sangre, desde donde se suministra de paquetes sanguíneos a los hospitales del país, que ascienden a 75 mil donaciones anuales, según el doctor René Berríos, director del Servicio Nacional de Sangre de la Cruz Roja Nicaragüense.

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Descifrar a Silvio Peña, la mente ejecutora del asesinato de Chamorro, ha sido imposible. Cuando fue apresado pocas horas después de que se cometiera el crimen de Chamorro, acusó directamente a Pedro Ramos, dueño de Plasmaféresis, Cornelio Hüeck, presidente de la Cámara de diputados, Fausto Zelaya, presidente del Banco de la Vivienda y Anastasio Somoza Portocarrero, “El Chigüín”, según las memorias de doña Violeta Barrios de Chamorro, escritas en su libro Sueños del corazón.

“Los amigos de Pedro le advirtieron una vez más que por todo Managua circulaban rumores de planes para asesinarlo. Le advirtieron que los artículos sobre Plasmaféresis representaban un desafío mayor y más directo al dictador que cualquier cosa que se hubiera atrevido a hacer antes, pues todo el mundo sabía que Anastasio Somoza era socio secreto de la empresa”.

El otro dedo acusador en contra de Pedro Ramos vino del propio Anastasio Somoza Debayle, quien en su libro Nicaragua Traicionada culpa directamente al cubano. “Chamorro no comprendía que Ramos, siendo cubano, había sido criado bajo un código moral diferente que el suyo. Obviamente tenía un temperamento más volátil y determinó, aparentemente, que una satisfacción personal era el único recurso que le quedaba. En ese momento decidió pagarle a Silvio Peña para que matara a Chamorro”.

El 15 de noviembre de 1977, Pedro Ramos demandó a Pedro Joaquín Chamorro por la serie de crónicas y críticas contra Plasmaféresis. “En realidad lo que provocó la muerte de Chamorro fue su ataque extremado al Dr. Ramos”, escribió Somoza Debayle. “Era público y notorio que el Dr. Ramos tenía un pleito pendiente contra Chamorro por difamación”.

La única versión a favor de Ramos fue la del hijo del dictador, “El Chigüín”: “A mí no me consta que Pedro Ramos pudo haber sido la persona”, dijo en una entrevista concedida al periodista Fabián Medina, en febrero de 2008, donde implicaba a la dirigencia del Frente Sandinista en la conspiración.

“Hay mucha gente que cree que fue lo que más les ayudó (al Frente Sandinista), porque logró que un sector de la sociedad que no quería involucrarse con ellos, los vieran como el principal vehículo para deshacerse del gobierno liberal”, dijo Somoza Portocarrero.

La familia Somoza tenía negocios de mataderos de reses, curtiembres, destaces de cerdos, fábricas de embutidos, zapatos, tejidos, cemento, de materiales de construcción, fincas de café y ganado, pesquerías.

“Pero ningún negocio era odiado tanto como Plasmaféresis, por su carácter vampiresco. Además, se corría ya el rumor de que el socio de Somoza en aquella empresa, el cubano Pedro Ramos, se hallaba comprometido en la conspiración”, publicó Sergio Ramírez en su blog, el 11 de enero de 2008.

“La corrupción está en lo fino. Denuncias, documentos que prueban faltantes. Plasmaféresis nos acusó de injuria, pero el juicio está estancado porque la controversia ha sido tremenda. Además de que los acusamos, también ahora les demostramos que Somoza tiene intereses en ese sucio negocio. Y eso después de que decenas han condenado a la Plasmaféresis por traficar con sangre humana”, escribió Chamorro, en unos de sus editoriales a finales de 1977.

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El doctor Pedro Ramos, quien figuraba como dueño de Plasmaféresis. Ramos era un cubanoamericano anticastrista y cirujano de Miami.

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Radio Corporación: Doctor Pedro Ramos, lo llamamos porque acaba de declarar el señor Silvio Peña Rivas que usted le había pagado para que matara al doctor (PJCHC), ¿Qué nos dice al respecto?

Pedro Ramos: Eso es mentira. Eso es totalmente falso. Yo no le he pagado dinero para que mate a nadie.

Radio Corporación: ¿Conoció usted o conoce a Silvio Peña?

Pedro Ramos: No, por ese nombre no sé, tal vez lo habré visto o hablado algún día con un señor que se llame así, pero yo no recuerdo que conozca a nadie con ese nombre.

Radio Corporación: Doctor, nosotros entendemos que tenía un juicio contra el doctor Chamorro, y que él tenía otro juicio contra usted por injurias y calumnias en base a unas publicaciones hechas en el diario La Prensa. ¿No cree que se puedan estar aprovechando de estas circunstancias para involucrarlo en este asunto? ¿Cuál es su opinión?

Pedro Ramos: Es una cosa obvia que si yo fuera un individuo criminal y quisiera matar a alguien, cualquiera que este fuera, yo no me voy a poner en la picota pública en una confrontación con esa persona desde el punto de vista del fondo legal, con juicio, publicidad y todo. Eso sería lo más estúpido del mundo. Yo a ese señor apenas lo conozco, no. ¿Cómo yo me voy a comportar con un individuo que no sé ni quién es para hacer una cosa semejante? Eso es lo más imbécil que he visto en mi vida.

Radio Corporación: Doctor, (Pedro Ramos interrumpe la pregunta y agrega: “¿A quién ese señor está protegiendo? Yo no lo sé”.

Extracto de la entrevista, mientras Pedro Ramos estaba en Miami, el 12 de enero de 1978.

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El hombre de la foto es Enrique Morán Loáisiga, quien se enfermó después de dos años de vender plasma y fue remitido a los hospitales públicos.

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Una carta estaba en el escritorio del doctor Mauricio Mendieta. En realidad era una circular titulada “La verdad con relación a Plasmaféresis”, informando a todos los hospitales y trabajadores del país sobre la actividad. Mendieta trabajaba en el Hospital Occidental y cada letra de lo expuesto en el escrito le indignó de sobremanera.

“Hemos tenido la oportunidad de constatar personalmente, al atender pacientes indigentes, en nuestros centros asistenciales, quienes ingresan para ser sometidos a cirugías electivas presentando ocho gramos de hemoglobina (normal: 2 a 15 gramos) quienes según han referido son donadores asiduos (dos veces por semana) de Plasmaféresis; siendo necesario en estos casos practicar transfusiones sanguíneas, para poderlos someter a una intervención quirúrgica, incurriendo esto en un costo mayor para el hospital en la atención de este tipo de pacientes, formándose así un círculo vicioso eterno”, cita la carta que firmaron 11 médicos especialistas, convencidos por el doctor Mendieta y enviada a todos los medios de comunicación el 8 de noviembre de 1977.

El doctor Mendieta no se equivocaba. Los enfermos como Enrique Morán Loáisiga empezaron a invadir los hospitales de Managua, tras caer desmayados en las calles. Morán Loáisiga tenía el número de donador 8564. Durante dos años había llegado muy temprano los miércoles y sábados para que le extrajeran sangre. Pero un día se sintió mal y pidió ayuda en la empresa, que prometía responder en caso de enfermedades, pero le cerraron las puertas.

Morán Loáisiga era un zapatero que tenía a su abuelita enferma y su sangre era el último recurso para alimentarse con arroz frijoles, queso y pan, según su testimonio. En el hospital le prohibieron vender su plasma durante 45 días y mientras caminaba afuera de la clínica lo único que le importaba era cómo iba a hacer para conseguir dinero en esas semanas.

El grupo liderado por el doctor Mauricio Mendieta y Elías Vega no fue el único que rechazó a Plasmaféresis. Un grupo de médicos y profesores de Medicina de la UNAN León y la policlínica Pavlov también rechazaron oficialmente el comercio de la sangre y lo calificaron como “vergüenza pública nuestra”.

El repudio hacia Plasmaféresis también lo planteó la Organización Mundial de la Salud, las Naciones Unidas, sociedades de transfusión de sangre en Francia y la Cruz Roja, quienes abogan por la donación de sangre voluntaria a nivel mundial, e indicaban en ese entonces que se realizaran más estudios a fondo.

Varios donantes corren en cuanto se enteran que un fotógrafo dispara flashes. Algunos ingresan por la única puerta metálica de Plasmaféresis. Desaparecen. La orden era no dar entrevistas a los medios de comunicación. Es una de las primeras fotos de la empresa en 1972. Meses después, en vísperas de Navidad, los hombres se acercan a la cámara, gritan y sonríen, con carteles en las manos donde piden a la empresa que aumente a 50 córdobas el pago del medio litro de sangre que les sacarán esta mañana.

Saqueo, vandalismo y fuego. El edificio blanco, inmaculado, que extrajo la sangre de los borrachines por más de cinco años, ardió la noche que el cuerpo del director de La Prensa era velado. Las cenizas y manchas oscuras se tatuaron para siempre en las paredes de este negocio sangriento.

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En vísperas de Navidad de 1972, los vendedores de plasma solicitaban que el medio litro de sangre lo pagaran a 50 córdobas.
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Un grupo de “donantes” huye cuando un fotógrafo de La Prensa los está retratando. A las personas que vendían plasma les prohibían hablar con los medios.

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“En realidad lo que provocó la muerte de Chamorro fue su ataque extremado al Dr. Ramos. Era público y notorio que el Dr. Ramos tenía un pleito pendiente contra Chamorro por difamación”.

Anastasio Somoza Debayle,
expresidente de Nicaragua, en el libro Nicaragua traicionada

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“Los amigos de Pedro le advirtieron una vez más que por todo Managua circulaban rumores de planes para asesinarlo. Le advirtieron que los artículos sobre Plasmaféresis representaban un desafío mayor y más directo al dictador que cualquier cosa que se hubiera atrevido a hacer antes, pues todo el mundo sabía que Anastasio Somoza era socio secreto de la empresa”.

Violeta Barrios de Chamorro,
expresidenta de Nicaragua y viuda de PJCH

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La cura de enfermedades

Los principales hemoderivados que se obtienen del plasma son la albúmina, que sirve para tratar, por ejemplo, ciertas patologías del hígado y shocks traumáticos.

  • Tratamientos a pacientes con hemofilia que sufren hemorragias frecuentes y las inmunoglobulinas que se emplean en sujetos inmunodeprimidos que sufren infecciones frecuentes.
  • Enfermedades auto inmunitario: condiciones que se producen cuando el sistema inmunitario ataca a sus propios tejidos y órganos.
  • Enfermedades neurológicas: trastornos que afectan el sistema nervioso.
  • Niveles de colesterol muy altos que no disminuyen con dieta y medicamentos

Riesgos

  • Muertes súbitas relacionadas con el empleo de soluciones anticoagulantes y con reemplazos plasmáticos enérgicas.
  • Problemas técnicos del acceso vascular.
  • Infección en el sitio de acceso vascular. Estas infecciones en los pacientes sometidos a plasmaféresis provocan una mayor morbilidad y mortalidad.
  • Hemorragia

Banco de sangre

El banco de sangre de la benemérita institución se fundó desde 1976, pero aproximadamente hace 11 años la Cruz Roja firmó un convenio con el Ministerio de Salud (Minsa) para que este último asumiera los gastos de procesamiento sanguíneo.
“La ley 369, sobre seguridad transfusional, permite al Gobierno que sea el encargado de todo el procesamiento de la sangre, con el objetivo de que la sangre llegue al país de forma gratuita”, dijo René Berríos, director del Servicio Nacional de Sangre de la Cruz Roja.
En el país existen cinco Bancos de Sangre, en Managua, León, Estelí, Matagalpa y Juigalpa. Según cálculos de Berríos, se necesitan 75 extracciones de sangre anual para cubrir la demanda de los hospitales.

Sección
Reportaje