Diez datos para entender el pacto Alemán-Ortega

Reportaje - 13.04.2019
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En 1998, mientras en un edificio de Managua se instalaba un “Diálogo Nacional” para resolver los problemas de Nicaragua, en una hacienda de El Crucero se reunía un pequeño grupo de personas para repartirse el país. Es conocido como “El pacto Alemán-Ortega” y así se cocinó.

Por Fabián Medina

Para 1998, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) era el partido más importante de Nicaragua y el Frente Sandinista (FSLN) vivía sus horas más bajas. Sin embargo, desde hace un par de años se venía cocinando una negociación que cambiaría esta correlación de poder. Estos dos partidos, rivales políticos naturales, decidieron repartirse el poder en Nicaragua en uno de los más reprochables pactos que ha protagonizado la clase política del país.
Si por un lado, Daniel Ortega, el líder sandinista, estaba buscando cómo recuperar el poder perdido, por el otro, Arnoldo Alemán, presidente de la República en ese entonces y líder liberal, tenía su mirada puesta en cómo seguir gobernando una vez que entregara la Presidencia en el 2002.
“Su jugada, como si de una partida de ajedrez se tratara, era conseguir ser diputado después de su mandato y así ser nombrado presidente de la Asamblea Nacional, y desde ahí gobernar el país. Daniel Ortega y el equipo que trabajaba con él dieron muestras de sagacidad en el juego del ajedrez político, cedieron “la torre”, la diputación automática que buscaba Alemán, pero fueron por la “reina”, bajar el piso electoral necesario al 35 por ciento”, se explica en el libro El Preso 198: Un perfil de Daniel Ortega.
A la postre Alemán perdió la partida. Terminó preso, rehén, entregando todo para conseguir su libertad y llevó a su partido a la bancarrota política. Ortega, en cambio, consiguió por fin regresar al gobierno, controlar todos los poderes del Estado e instalar, luego, su dictadura.
Estos son diez datos para entender la naturaleza de este pacto.

El diálogo político se instaló con pompa en el edificio del Banco Central, mientras en secreto se fraguaba el pacto. Foto: Oscar Navarrete.

1. Origen

A principios de 1998, quiso la casualidad que Jaime Morales Carazo, un liberal muy cercano al entonces presidente Arnoldo Alemán, se encontrara en un vuelo a México con el general en retiro Humberto Ortega. Ya entre los liberales se había hablado, pero no buscado, de un entendimiento con los sandinistas que les permitiera gobernar sin esa oposición incendiaria que era el Frente Sandinista. “Por qué no se busca un entendimiento para evitar todas estas fricciones y todas estas cosas, donde ninguna de las dos partes se machuque los callos”, habría propuesto Ortega en esa conversación informal.
Una vez de regreso a Nicaragua, Morales le planteó la propuesta a Alemán y así comenzaron los acercamientos. Un segundo encuentro se produjo entre Morales y Humberto Ortega durante un desayuno en una suite del hotel Camino Real, en México, y un tercero en la casa de un abogado en Managua, donde Ortega llegó con otro personaje: Dionisio “Nicho” Marenco. Ahí se acordó lo que Humberto Ortega llamó “un tope” que era el encuentro dos días después entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán en la quinta de este último en Casa Colorada. Luego las reuniones continuaron en diferentes lugares, pero principalmente en la hacienda El Chile, de Arnoldo Alemán. Humberto Ortega desapareció del equipo negociador. “¿Qué pasó?”, dice Morales que le preguntó a Alemán. “Ni preguntamos y quedó así. Supongo que como ya estaba Daniel en la jugada, Humberto se salía”. Así el núcleo principal de la negociación quedó compuesto por Daniel Ortega, Arnoldo Alemán, Dionisio Marenco y Jaime Morales Carazo. Como asistente participaban Alfredo Fernández, por parte de Alemán, y Pitín Lacayo, por parte de Ortega.

El diputado Miguel Ángel Casco (al centro y de brazos cruzados) fue designado vocero y jefe negociador del Frente Sandinista en el diálogo político que no tuvo mayor trascendencia.

2. Plática de presos

El viernes 28 de agosto de 1998 se instaló con mucha pompa en el Banco Central el llamado “Diálogo Político”, donde se reunieron delegaciones de nueve de los doce partidos con representación parlamentaria en ese momento, con el propósito de discutir y consensuar las leyes y reformas que necesitaba el país para su desarrollo. En realidad era una plática de presos, que no conducía a nada, una negociación pantalla, porque el verdadero pacto se discutía en ese mismo momento en la hacienda El Chile entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.
El diálogo del Banco Central era el público, el que salía en los medios, el que tenía voceros que daban conferencias de prensa. El otro era secreto.
“Hay dos reuniones. Una es la que se está llevando aquí y otra la que en privado sostienen los líderes (del PLC y FSLN)”, denunció en la sesión inaugural el directivo del MDN, Reynaldo Hernández, y aseguró que las reuniones secretas se realizaban en la casa de Daniel Ortega, en El Carmen.
“En mi casa no he tenido la oportunidad de recibir a ningún dirigente liberal para estos asuntos. Eso es una gran falsedad”, replicó Ortega. “El señor Hernández está desinformado o es un gran mentiroso”.

El pacto significó el punto de inflexión que detuvo la caída del Frente Sandinista y propició su regreso al poder. En el PLC sucedió todo lo contrario.

3. Secreto

Había rumores de negociaciones verdaderas y paralelas al publicitado “Diálogo Político”. Pero los resultados se mantuvieron en secreto hasta que ya todo estuvo cocinado.
El pacto, confirma Dionisio Marenco, lo comenzó negociando Humberto Ortega por los sandinistas, con Jaime Morales por los liberales. “Luego me incorporaron a mí por el lado del Frente y Alfredo Fernández por el lado de Alemán, porque Alfredo y yo somos amigos, y la negociación, el corazón de la negociación secreta, la manejamos entre cinco: Jaime (Morales), Alemán, Alfredo (Fernández), Daniel y yo. Lo que ahí se acordaba después se llevaba a la Asamblea Nacional para su ratificación pública. Pero la negociación fue muy larga, 30 reuniones, una cosa así. Y nunca se filtró ninguna”.

Para inicios de 1998, el PLC era el principal partido político de Nicaragua y la preocupación de su líder y presidente de Nicaragua era cómo seguiría gobernando una vez entregara la banda presidencial en 2002.

4. Salto de obstáculos

El gran obstáculo que Daniel Ortega no podía saltar era la barra del 45 por ciento de los votos que la Ley Electoral había colocado para poder ganar en primera vuelta. Para Ortega ganar en segunda vuelta era imposible porque el voto antisandinista superaba por mucho al voto sandinista.
• 1990, contra doña Violeta, Ortega consiguió el 40.82 por ciento de los votos.
• 1996, contra Arnoldo Alemán, 37.83 por ciento
• 2001, contra Enrique Bolaños, 42.28 por ciento.
Uno de los grandes propósitos de Ortega en la negociación era eliminar la segunda vuelta. Que ganara quien tuviera más votos en primera vuelta. No lo logró pero el pacto con Arnoldo Alemán le bajó la barra hasta el 35 por ciento de los votos necesarios para ganar en primera vuelta, y así es como consigue regresar a la Presidencia en el 2007, cuando ganó solo con el 38.07 por ciento de los votos.

Jaime Morales Carazo, negociador de los liberales. Foto: Oscar Navarrete.

5. 40/35+5: Fórmula matemática

La mayor victoria del Frente Sandinista fue salir de las negociaciones con la fórmula matemática del 40/35+5 electoral que le puso el triunfo electoral al alcance de sus posibilidades. O sea, se gana en primera vuelta con más del 40 por ciento de los votos o con el 35 por ciento siempre y cuando haya un cinco por ciento de ventaja sobre el segundo lugar. La fórmula se le atribuye a Jaime Morales Carazo. “Al final, Jaime Morales Carazo diseña la fórmula: se baja a 35 por ciento, siempre y cuando la distancia entre el primero y segundo lugar sea más del cinco por ciento. Que al final quedó como un guante hecho a la medida a lo que ocurrió en la elección última”, dice Dionisio Marenco.
Sin embargo, Morales tiene otra versión: “Un día Arnoldo me dice: ‘He arreglado con los sandinistas rebajar el porcentaje al 35 para no ir a segunda vuelta’. ¡Carajos! ¿Y a cambio de qué? Es una barbaridad entregarle la posibilidad de llegar al poder a los sandinistas”, dice que le replicó. “Voy y les digo que aceptamos pero con la condición, y eso es agregado mío, con la condición que haya una ventaja del 10 por ciento sobre quien quedó en segundo lugar. Los sandinistas rebaten y se baja a cinco por ciento. Esa es la real historia”, dice Morales Carazo.
En el libro El Preso 198 se narra la siguiente conversación sobre el tema:
—¿Por qué habrá cedido el Gordo esto? —preguntó Daniel Ortega a Marenco, mientras bajaban por la cuesta de El Crucero, una madrugada que venían de la casa hacienda El Chile, del entonces presidente Arnoldo Alemán. Eran los días en que se cocinaba el pacto entre el Frente Sandinista y el Partido Liberal Constitucionalista.
—Ni sigás preguntando nada —le dijo Marenco—. Firmemos ya ese 35 por ciento, que esa es la fórmula que nosotros necesitamos.

La foto histórica. De pie, René Gutiérrez, Wilfredo Navarro, María Fernanda Flores, Noel Ramírez, María Dolores Alemán, Manuel Coronel, René Núñez y Edwin Castro. Sentados, los caudillos Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.

6. La foto

La “foto del pacto” en realidad no es del pacto. O por lo menos no de las negociaciones que culminaron con los nombramientos y la aprobación de leyes y reformas de 1999. “La foto del pacto” se tomó en realidad en 2005 cuando Daniel Ortega llegó a la hacienda El Chile a buscar los votos liberales de la Asamblea Nacional para promulgar una “ley marco” que protegiera durante un tiempo al gobierno de Enrique Bolaños de las reformas que acordaron en el pacto. La foto la tomó Carlos Alemán, el hijo menor de Arnoldo Alemán y en ella aparecen: de pie, René Gutiérrez, Wilfredo Navarro, María Fernanda Flores, Noel Ramírez, María Dolores Alemán, Manuel Coronel, René Núñez y Edwin Castro. Sentados, los caudillos Arnoldo Alemán y Daniel Ortega.
En ese entonces, Arnoldo Alemán estaba bajo el régimen de “casa por cárcel” y dice que pidió que se tomara la foto para que vieran que aún estando preso llegaban a buscarlo como el líder liberal que era.
Noel Ramírez, expresidente del Banco Central, ha escrito en varias ocasiones sobre esa foto para desmarcarse del pacto. “La foto, que con intereses políticos los medios de comunicación han querido vincular al pacto mencionado, nada tiene que ver con ese pacto, y fue tomada en El Chile, en el 2005, una o dos horas después que el comandante Ortega y el presidente Bolaños se habían reunido. Ortega, a solicitud de Bolaños y del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, acepta suspender temporalmente la puesta en práctica de una reforma constitucional que facultaba a la asamblea a ratificar, como en los Estados Unidos, los nombramientos de los miembros del gabinete y del cuerpo diplomático. El doctor Alemán me invita a la reunión, como miembro del Comité Ejecutivo Nacional, y después de escuchar el planteamiento del comandante Ortega, que consistía nuevamente en recurrir a una ‘Ley Marco’, que es una ley ordinaria, para suspender la reforma constitucional, como abogado les dije que no estaba de acuerdo y que no votaría a favor de dicho acuerdo. Por lo tanto, esa foto es producto de la negociación que se da sobre esa reforma constitucional”.

Daniel Ortega con el presidente Enrique Bolaños, una vez que Arnoldo Alemán enfrentaba acusaciones por corrupción.

7. En la lona

Para 1995, el Frente Sandinista está en sus horas más bajas. Después de la derrota electoral de 1990, afloraron las diferencias y prácticamente se conformaron dos grupos que tenían una visión distinta del rumbo que debía tomar el partido: los renovadores, cuya cabeza visible era el exvicepresidente Sergio Ramírez Mercado, que promovían la democratización interna, y los ortodoxos, con Daniel Ortega como líder, que insistían en los viejos fundamentos de la disciplina partidaria que venía desde la guerrilla, donde el partido funciona con una estructura vertical.
Las diferencias se saldaron con la ruptura. El 18 de mayo de 1995 se funda el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) que incorpora casi a todos los diputados que tenía el Frente Sandinista en ese entonces. En esas condiciones va a las elecciones del 96, y aunque pierde por segunda ocasión, queda en segundo lugar, y apenas logra recomponer su bancada parlamentaria, pero casi desaparece su presencia en el resto de poderes del Estado.
“Si vos te ponés en el momento en que ocurrió eso, o antes, cuando nace el MRS… ¿Cuántos diputados le quedaron al Frente? De 40 se quedaron dos. 38 se fueron al MRS. Cualquier analista que mire esas cifras te dice: ‘Póngale la tapa al pomo’. Todo el andamiaje político, en el Consejo Supremo Electoral, en las cortes, el Frente estaba en cero, no tenía un solo representante. Y recuerdo que yo le decía a Daniel Ortega: ‘Ni se nos ocurra ir a una elección si no tenemos al menos un magistrado en ese Consejo porque nos van a joder’. Y ahí comenzamos, a ver cómo se podía recomponer eso”, dice Dionisio Marenco, para justificar por qué llegan al pacto.
El Partido Liberal Constitucionalista (PLC), en cambio, estaba viviendo sus mejores momentos. La fuerza sandinista eran los tranques y asonadas. “Éramos muy conscientes que teníamos que llegar a arreglos si queríamos gobernar. Si no nos entendemos con los sandinistas, para qué ganamos el poder si no vamos a poder gobernar”, dice Morales que planeaba a Arnoldo Alemán. Sin embargo, al cabo de unos años, el pacto más bien cambiaría la correlación de fuerzas, llevando a su mínima expresión al partido liberal y regresándole el poder a Daniel Ortega.

Públicamente se informaba una versión, mientras en secreto se cocinaban los acuerdos reales.

8. Alianzas y propósitos

Arnoldo Alemán venció por amplio margen a Daniel Ortega en las elecciones de 1996. El PLC logró 51 diputados y el Frente Sandinista 38. Con el juego político de los primeros meses estos números cambiaron ligeramente. El Frente Sandinista prácticamente se quedó sin representación en los poderes del Estado.  Para provocar una negociación recurrió en abril de 1997 a los tranques y asonadas. “Sentíamos que no íbamos a poder gobernara así”, dice Jaime Morales Carazo. Por eso a Morales no le pareció mala idea la propuesta de Humberto Ortega en un encuentro fortuito durante un vuelo hacia México. “¿Por qué no se busca un entendimiento para evitar todas estas fricciones y todas estas cosas, donde ninguna de las dos partes se machuque los callos?”, planteó Ortega.  Y así se lo propuso Morales luego a Arnoldo Alemán.
Personalmente, el gran interés de Ortega era eliminar la segunda vuelta electoral. El de Alemán era conseguir una diputación.  Para seguir gobernando el país y el partido desde la Asamblea Nacional una vez que terminara su mandato como presidente.
Para conseguir las reformas electorales y constitucionales que buscaba, Alemán tuvo dos opciones. Una era aliarse con una diáspora de nueve partidos que juntos representaban 15 diputados, los cuales sumados a los 42 del PLC le daban 57 votos, uno más de los 56 necesarios por ley para aprobar las reformas a la Constitución. La otra opción era aliarse con el Frente Sandinista, su enemigo natural, que tenía 36 votos disciplinados. Escogió aliarse con los sandinistas. Negociar con uno grande en lugar de nueve negociaciones con pequeños.

Daniel Ortega, al centro, con sus hermanos Camilo y Humberto, en una foto del anuario del Colegio La Salle.

9. Viejos amigos

Los dos líderes pactistas, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, son viejos conocidos. Estudiaron en el mismo colegio y vivieron en el mismo barrio cuando eran niños, tal como se relata en el libro El Preso 198:
“Yo vivía frente al cine Victoria”, dijo Arnoldo Alemán en una entrevista. Ambos estudiaron en el Instituto Pedagógico La Salle. “Nos veníamos (del Colegio La Salle) juntos en grupo. Daniel venía dos años menor en clases. Aunque él es mayor, venía dos años menor que yo. Daniel nace el 11 de noviembre, el mismo día que mi padre, del 45, dos meses y unos días mayor que yo. Yo nací el 23 de enero del 46. Nos veníamos juntos y nos separábamos en lo que fue Bicicletas Phillips, él agarraba para el San Antonio”.
Daniel Ortega, a su vez, recuerda así a Alemán: “Yo lo conozco desde muchacho, porque nos criamos en el mismo barrio. Yo vivía en San Antonio y él vivía por el (cine) América. Estuvimos en el mismo colegio durante bastante tiempo. Luego dejamos de vernos”.
Alemán cayó preso en 1989, cuando Ortega era presidente. Siete meses estuvo en la cárcel por razones políticas. Cuando entrevisté a Daniel Ortega en 1998, justo cuando estaban cocinando el pacto, dijo que nunca supo que el Arnoldo Alemán confiscado y encarcelado por su gobierno era el mismo vecino con quien se venía del colegio cuando eran adolescentes. “Cuando él estuvo preso yo ni idea tenía.  Y no me lo cree, porque cree que yo lo mandé a echar preso. Yo ni idea tenía que ese Alemán del que hablaban era el mismo que había conocido en el barrio”.

 

10. ACUERDOS

Como resultado de los acuerdos del pacto a principios del 2000 se reforma la Constitución Política de Nicaragua y la Ley Electoral. La Biblioteca Enrique Bolaños hace el siguiente resumen de los acuerdos:

• El presidente de la República saliente, pasará automáticamente a ser diputado ante la Asamblea Nacional, durante el período siguiente. (De esta manera Alemán obtuvo la diputación que le permitió ocupar la presidencia de la Asamblea Nacional).

• Para ser electo presidente de la República, se redujo el porcentaje del voto popular requerido del 45 % al 40 %, salvo que con por lo menos el 35 % del voto popular supere al del segundo lugar por una diferencia mínima del 5 %.

• La CSJ pasó a ser integrada por 16 magistrados y 16 conjueces (suplentes), en vez de solo 12 magistrados iniciales. Con esta reforma Alemán y Ortega obtuvieron así 20 nuevos cargos que repartir entre sus incondicionales (4 nuevos magistrados y 16 nuevos conjueces). En la práctica prontamente se tradujo en repartición del 50 % para cada bando (8 magistrados con sus 8 conjueces, para cada uno). Además, se le asignó a la CSJ al menos el 4 % del Presupuesto Nacional para sus gastos.

• Se creó el Consejo Superior de la Contraloría General de la República integrada por 5 contralores propietarios y tres suplentes, con duración de cinco años en el cargo y serán electos con por lo menos 60 % del voto de los diputados que integran la Asamblea Nacional. (Alemán y Ortega obtuvieron así 8 cargos de alta jerarquía para repartir entre sus incondicionales). Aún más, en febrero de ese mismo año 2000 la Asamblea aprobó ampliarlos a 7 miembros: 7 propietarios y 7 suplentes.

• Se modificó el Art. 133 de la Constitución para limitar que solamente los candidatos a presidente y vicepresidente del partido que obtenga el segundo lugar en las elecciones nacionales serían diputados, propietario y suplente respectivamente, en el período para el que sean electos.

 

 

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