Philip el rastra

Reportaje - 19.09.2010
Philip Montalbán

Rastafari, yoga, músico y productor. Ése es Philip Montalbán, el primer afrodescendiente en recibir la orden cultural Rubén Darío, y quien con su música ha logrado integrar el Atlántico con el Pacífico nicaragüense

Tania Sirias

Para cada frase que habla esboza una sonrisa. No es por la entrevista, pues quienes lo conocen muy de cerca afirman que ésa es su manera de ser. Lo catalogan como un hombre muy abierto y sincero. Sin embargo lo que más llama la atención de este afrodescendiente es su cabello, el cual ha crecido más abajo de la cintura.

Su aspecto físico es su sello. Cabellera larga, boina multicolor, jeans, y una camisa de tela ligera. A sus trenzas les da un cuido muy especial. Aunque algunos lo pongan en duda Philip afirma que conoce el champú y el agua de manera muy regular.

“Me lavo el cabello cada dos días, y sólo utilizo productos naturales”. Philip Montalbán tiene doce años de no pisar una barbería, sus trenzas representan un símbolo de su lucha interna, el ser un hombre nuevo. Dicho de otra manera es un rastafari.

Al ingresar a su estudio de grabación, el cual tiene poco de ser construido, lo primero que se observa es una bandera de Etiopía, con el León de Judá en el centro. Ése es el símbolo de este movimiento sociocultural y religioso que surgió a inicio de los años 30, en Jamaica.

El rastafari deja crecer su cabello para formar al nuevo hombre, ése es un voto y a la vez un símbolo del cambio y de la transformación espiritual, dice este músico descendiente de africanos.
El voto de Philip consiste en no comer carne, no fumar, ni tampoco dejarse llevar por otros vicios. Todo esto es parte del cambio en su estilo de vida.

Ya instalado en su pequeño estudio de grabación se siente como pez en el agua. En el cuarto hay un par de guitarras, una batería, un bajo y un teclado. De fondo, no podía faltar, el póster de Bob Marley.

Se acerca al micrófono y comienza a interpretar un par de canciones que vienen en su próximo álbum, el cual contará con las voces de Lya Barrioz, Carla Kjaerby y Keyla Rodríguez. Comenta que este estudio de grabación tiene como objetivo producir música nacional, y apoyar a los nuevos talentos.

“Aún nos faltan más cosas. Necesitamos una máquina para poner más micrófonos, una mezcladora, pero ahí vamos haciendo la lucha para grabar nuestros temas. Tenemos el edificio que es el primer paso, el resto vendrá por añadidura”, expresa mientras se acomoda para la entrevista.

Fotos René Ortega/Archivo

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Philip Montalbán nació en el municipio de Tasbapauni, muy cerca de Laguna de Perlas, en la Región Autónoma del Atlántico Sur. De padre mestizo, y madre criolla, se desarrolla en un ambiente rodeado de música, ya que su abuela Amy Rose Hebbert era una especie de actriz en las veladas del pueblo, y cantaba en el coro de su iglesia.

Su tío-abuelo, Eduard Hebbert era un cantautor de música caribeña. Philip recuerda que cuando tenía unos siete u ocho años, él le llevaba la guitarra donde éste iba a amenizar las fiestas, y algunas de sus canciones fueron retomadas por el grupo musical Dimensión Costeña.

Otras de sus fuentes de inspiración fueron la Iglesia morava y los cantos devocionales. “En mi casa siempre había música, y a eso tengo que agregar que mi mamá, Marlene Hodgson, era una de las mejores bailarinas del pueblo”, dice Philip Montalbán.

A los 14 años deja Tasbapauni para ir a estudiar el bachillerato en Laguna de Perlas, y junto a su profesor, Mr. Frank Hebber, quien le llevaba un año de edad, forman un pequeño grupo musical. Ese muchacho tocaba el órgano, la trompeta, la guitarra, logrando impresionar a Philip, ya que era una persona tan joven, pero tan diestro en la música. En todo el sentido de la palabra, fue un maestro para él.

El recuerdo más grato de su infancia –expresa Philip– es sentado en la iglesia de tablas de su pueblo, escuchando las historias que contaban los ancianos.

“Eso es lo más bonito de vivir en comunidad. Tasbapauni era un caserío como de unas veinte familias. Nos sentábamos a escuchar por horas los cuentos que nos decían nuestros ancestros, sobre todo uno que siempre nos cautivó, el hundimiento de la Atlántida. Uno se empapaba de ese conocimiento que iba pasando de boca en boca, y de generación tras generación”.

Si algo aprecia mucho Philip es todo ese conocimiento que fue adquirido por sus padres y abuelos, entre ésos está el gusto por la música, la cultura africana e indígena, y la utilización de plantas naturales como medicinas.

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En una pequeña tienda de medicinas naturales pasa el mediodía Gina Cristina Duffies. “Con eso me entretengo”, dice esta mujer de raza negra. Tiene nueve meses de tener este pequeño negocio, ubicado en un restaurante de comida naturista.

De inmediato se advierte que es de pocas palabras. Se acomoda los lentes y su chal mientras responde a la pregunta ¿cómo la enamoró su esposo, Philip Montalbán?

“Me enamoró con canciones”, dice a carcajadas. Pero la cosa no fue tan fácil para la pareja, ya que su familia se opuso a esa unión por dos razones: la primera es que era muy mujeriego, y la segunda porque no sabían cómo la iba a mantener con un salario de músico.

“Nos conocimos desde niños, ya que el pueblo donde crecimos era pequeño, pero nunca me imaginé que terminaríamos casándonos. El mayor acercamiento que tuvimos fue cuando estudiamos la secundaria en Bluefields. Yo lo veía como alguien especial. Lo que más me atrajo fue que era muy inteligente”, expresa Gina.

Su noviazgo inició en unas vacaciones escolares, cuando ella regresaba de Bluefields donde estudiaba la secundaria.

“Nos hicimos amigos, pero desde la primera vez que la vi sabía que ella iba a ser mi pareja para toda la vida, pues sentí como si la conocía desde mi vida pasada. Gracias a Dios resultó ser una buena esposa, hemos formado una familia, y sobre todo ha aguantado la vida de un músico, pues hay temporadas donde nos va bien, y otras donde nos va mal, a como dicen ha mordido el leño junto conmigo”, dice Montalbán.

Gina agrega que como familia han logrado una buena unión, ya que comparten la vida espiritual. Ambos practican el yoga.

“En mi pueblo Philip era muy popular ya que una vez se embarcó y estuvo viviendo en Jamaica y en Estados Unidos. A eso hay que sumarle que era músico, eso hacía que tuviera muchas enamoradas, algunas dicen que tuve suerte de casarme con él”.

Se casaron en Managua, en marzo 1983. Gina recuerda que fue una boda muy sencilla, pues estaban en plena guerra. De esos 27 años de matrimonio nacieron tres hijos: Felipe, de 27 años: Amy, de 25 años, y Thomas, de 22 años.

No es fácil estar casados, siempre hay altos y bajos, confiesa Gina, pero la convivencia se hace más fácil cuando se comparte la misma creencia espiritual.

“Me alegra saber que nuestros padres se equivocaron, pues llevamos 27 años de casados. Lo que sí tengo que reconocer es que hemos pasado nuestros buenos y malos ratos”, dice la esposa.

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Estando en Managua, Philip Montalbán ingresa a la Universidad Centroamericana (UCA) para estudiar la carrera de Derecho. Es allí donde conoce a los hermanos Katia y Salvador Cardenal, y a Keyla Rodríguez, formando una buena amistad que aún persiste al tiempo.

“Salvador Cardenal fue un amigo muy cercano, ya que además de compartir el gusto por la música, también nos unía el pensamiento de la búsqueda por la paz y lo espiritual. Ambos practicábamos yoga”, cuenta Philip.

A Keyla la conoce cuando el grupo musical donde tocaba Philip buscaban una voz femenina. “Yo ya andaba con las ganas de cantar, así que me fui al casting, y así conocí a ese hombre educado, amable y cariñoso”, narra Rodríguez.

Sólo estuvo seis meses en el grupo, ya que se fue a estudiar a Cuba, pero comenta que fue una buena experiencia musical, ya que aprendió mucho sobre la música caribeña.

“A mi regreso nos seguimos viendo, somos amigos, y hemos compartido escenarios juntos, he grabado voces en sus discos”, dice la cantante.

Para Keyla, Philip Montalbán hizo un gran aporte a la música nacional, ya que en Nicaragua poco se conoce de los otros grupos caribeños.

“Antes sólo se conocía el palo de mayo que toca Dimensión Costeña, pero podemos gozar de un reggae, de la socca, de la punta, y el precursor de la música caribeña fue Philip, quien ha luchado para mantener sus raíces negras”, expresa.

Después de estudiar dos años en la UCA, Philip se retira de las aulas, ya que su mujer se encontraba muy enferma, y su situación económica era muy precaria.

“No pude seguir por muchas razones, y una de ellas es que no tenía suficiente dinero para mantener a mi esposa. Ella se encontraba muy enferma, y además tenía una familia que alimentar. Hice un gran esfuerzo por concluir mi carrera ya que estudiaba de mañana, y trabaja por las noches hasta la madrugada”.

“Una vez venía viajando de Chinandega y me quedé dormido al volante porque estaba desvelado, casi choco de frente contra un camión, y fue cuando decidí dejar la universidad, pues no tenía el tiempo suficiente”, relata el músico.

A pesar de no concluir sus estudios como abogado, Philip Montalbán dice estar muy realizado, pues entendió que la música era su verdadera vocación, y eso lo ha llevado a brindar cátedras hasta en universidades en los Estados Unidos.

“En 2007 fui condecorado con la Orden Independencia Cultural Rubén Darío, y me convertí en el primer afrodescendiente en recibir tal mención. A partir de eso, el periódico Miami Herald me buscó para hacerme una entrevista”.

Debido a esa publicación –explica Philip– distintas universidades norteamericanas de Miami, Kansas, y en Baltimore le han pedido que brinde cátedras sobre la cultura indígena, los afrodescendientes, y sobre todo de la música del Caribe nicaragüense.

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En 1993 que Philip Montalbán inicia su carrera como solista, y empieza a escribir sus primeras canciones. De su carrera musical tiene cuatro discos grabados: Revelations, Philip Montalbán a lo natural, Viva la vida, y el último África.

En este momento se encuentra elaborando su último material que cuenta con la colaboración de Lya Barrioz, Carla Kjaerby y Keyla Rodríguez.

Comenta que su visión como músico es poder exportar sus canciones, que se escuchen en todas las emisoras del país, e incluso en el extranjero, pero admite que ésa no es una tarea fácil.

Algo que llena de satisfacción a este hombre de trenzas largas es que la música caribeña tenga una buena aceptación en el Pacífico, y un ejemplo claro es que en las escuelas, las bandas de gimnasias rítmicas lo incluyen dentro de su repertorio y lo hayan hecho suyo.

Además añade que esta música ha servido como un rol integrador entre el Atlántico y el Pacífico, ya que mucha gente compra los discos, y le encanta ir a los conciertos.

A diferencia del reggaeton comercial que suena en las radios del país, el reggae que canta Philip Montalbán es una música de protesta. Es un canto de los descendientes de los africanos donde piden justicia, y que haya igualdad. Son temas de la vida real que se hacen canto para poder expresar la lucha de un pueblo.

“El reggae nació como música de un pueblo, no es lo que venden ahora con el reggaeton. Lo que me llama la atención de ese género nuevo es que es muy pegajoso, bailable, pero a veces los muchachos cantan como peleándose entre sí, y sobresale el que puede decir más vulgaridades. En cambio el reggae es un baile espiritual”, dice Philip Montalbán.

Agrega que la música nos integra como pueblo, pero cada uno con su diferente manifestación cultural. Somos muy multiétnicos, ya que en la Costa Caribe hay garífunas, miskitos, mayangnas y creoles, por eso es necesario que esta cultura se penetre más en el ámbito nacional y que tenga su espacio.

Philip Montalbán reitera que en Nicaragua es difícil vivir de la música, a pesar de ser un profesional, pero está satisfecho de que su nombre sea reconocido en los escenarios nacionales y más aún que su cultura afrodescendiente guste en el Pacífico.

“Me ha tocado vivir la duras y las maduras. Había momentos donde no tenía lugar dónde tocar, pero lo que decidí es hacer promoción de mi música, y eso me ha llevado hasta al extranjero. También he sido profeta en mi tierra, ya que mi música suena tanto en Corn Island, como en Ometepe”, dice Philip Montalbán.

Keyla Rodríguez agrega que Philip nació con una madurez musical y que ésta en un escalón a donde los demás músicos les gustaría estar. Él nació grande, con una estrella en el ámbito musical.

Fotos René Ortega/Archivo
Philip Montalbán fue uno de los nominados a los premios Claro en la categoría de Grupo o Solista Tropical del año.

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