El polémico Santamaría

Reportaje - 14.09.2014
Juan Santamaría. Héroe Costarricense. El polémico Santamaría. Magazine.

¿Hubo un soldado costarricense llamado Juan Santamaría? Esta es la hazaña y las dudas sobre el máximo héroe costarricense

Por Arlen Cerda

Dicen que él dio un paso al frente y se ofreció a la arriesgada tarea de prender fuego al mesón de Francisco Guerra, ubicado en Rivas, donde se refugiaban los filibusteros de William Walker. También cuentan que su única condición fue que cuidaran a su madre si a él le pasaba algo. Dicen que su nombre era Juan Santamaría; que era un joven humilde, un soldado raso del extinto ejército tico; que murió acribillado a balazos tras su heroica hazaña. Otros, que en realidad falleció de cólera días más tarde. Pero también, hay quienes creen que este, el más famoso de los héroes de Costa Rica, realmente nunca existió.

Un monumento de bronce, inaugurado en 1895 en el parque central de Alajuela, es la imagen más conocida y precisa del famoso soldado, arquetipo del patriotismo costarricense, frente al cual cada 11 de abril y 15 de septiembre las máximas autoridades del país y miles de estudiantes le rinden tributo. Mientras, quienes ponen en duda su existencia también reviven la polémica todos los años cerda de las mismas fechas.

Los rivenses y turistas que visitan el departamento de Rivas, podrán llegar al parque Evaristo Carazo y sentarse a navegar gratis, consultar temas investigativos, ingresar a las redes sociales y acceder al ciberespacio sin ningún costo, ni limitación. LA PRENSA / R. VILLARREAL
Rivas fue escenario de cuatro batallas diferentes entre 1855 y 1857.

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Una fe de bautismo encontrada en la parroquia de Alajuela se cita como prueba de que Juan Santamaría nació el 29 de agosto de 1831 en esa ciudad. Hijo de “padre no conocido” y de Manuela Santamaría, a quien también llamaban Manuela Carvajal o Gallego, por un mote familiar, que el hijo igual heredó.

Según la tradición oral costarricense, que durante años fue la única fuente que respaldaba su existencia, el primer contacto de Santamaría con el ejército fue a los 10 años de edad, cuando ingresó como aprendiz de tambor. De “güila” también fue ayudante de albañil, jornalero, sirviente de casa y sacristán de la parroquia donde fue bautizado. Sobre su aspecto físico solo se sabe que era mulato, risueño y de cabello ensortijado.

“Pudo haber sido un combatiente más, anónimo, e incluso víctima del olvido, pero el destino le tenía reservado un sitial único”, asegura el escritor costarricense Luko Hilje Quirós, quien en un artículo publicado por el diario El País, de esa nación, exalta la hazaña de quien “tea en mano” y con “las balas perforando su cuerpo”, logró prender fuego a la famosa pensión rivense un mediodía de abril de 1856, contribuyendo así a la victoria centroamericana sobre las tropas de Walker.

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Aquel 11 de abril, los costarricenses habían combatido a los filibusteros durante más de cuatro horas. Era cerca del mediodía y aún no desalojaban a Walker y a sus hombres de la ciudad, donde menos de un año atrás los nicaragüenses lo habían combatido en una primera batalla.

Exactamente el 29 junio de 1855, fue cuando el maestro nicaragüense Emmanuel Mongalo y Rubio le prendió fuego a la casona de don Máximo Espinoza, donde se habían instalado los filibusteros y así lograron expulsarlos. Ahora, las tropas de Walker nuevamente se habían refugiado en una pensión conocida como “el mesón de Guerra”, por el nombre de su propietario.

Publicaciones periódicas y reportes de la época aseguran que el militar salvadoreño que estaba a la cabeza del ejército tico, José María Cañas, sugirió prender fuego a la casona y pidió un voluntario, pero hicieron falta tres intentos para lograr el objetivo. El subteniente Luis Pacheco y el oficial Joaquín Rosales lo intentaron antes de Santamaría. A los primeros las balas los alcanzaron antes de llegar con el fuego. Pero Santamaría corrió mejor suerte.

Combatientes ticos que presenciaron la acción contaron varios años después que Santamaría empapó pedazos de lienzo y tuzas en aguarrás formando una tea que colocó en una vara de caña y se dirigió hacia el mesón capeando los disparos.

Unos dicen que logró subirse al techo, otros que solo acercó la improvisada tea al cielorraso de cañas secas y el fuego se propagó. Entonces las balas lo alcanzaron.

Unos dos años más tarde, en noviembre de 1857, su madre solicitó al gobierno costarricense una pensión por la muerte de su hijo durante aquella que llamaron la Segunda Batalla de Rivas. El gobierno le asignó tres pesos ticos al mes y en 1865 aumentó la pensión a doce pesos.

“La revalorización de Santamaría como héroe nacional es parte del proceso de construcción de la identidad del Estado-Nación costarricense”.

José Andrés Díaz González, académico costarricense.

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El primero que plantó la duda sobre la existencia de Santamaría fue el diplomático guatemalteco Lorenzo Montúfar y Rivera (1823-1898). En 1887 él cuestionó la veracidad de esa hazaña y puso bajo sospecha las intenciones de los gobiernos liberales costarricenses para rescatar el relato y promover una declaración de héroe nacional, tras más de tres décadas de tenerlo en el anonimato.

La respuesta fue una “Investigación Ad Perpetuam” con el testimonio de 11 excombatientes de esa lucha, que el Club Liberal de Alajuela ordenó “para poner en claro, de una vez por todas, la verdad histórica del acto heroico” de Santamaría.

En Costa Rica la figura del soldado representa la lucha y sacrificio del pueblo costarricense contra las tropas filibusteras. Desde hace cuarenta años existe en el centro de Alajuela un Museo Histórico Cultural que lleva su nombre y también así se ha rebautizado el Aeropuerto Internacional de San José.

Sin embargo, los documentos sobre su identidad y su hazaña son muy pocos y entre esos hay un libro de defunciones firmado por el capellán del ejército, Francisco Calvo, que menciona la muerte de un soldado de nombre Juan Santamaría afectado por cólera mientras los costarricenses regresaban de Rivas.

“No hay que pasar por alto que la imagen heroica del soldado Juan se empezó a tallar con ímpetu cuando el dictador liberal guatemalteco, Justo Rufino Barrios Auyón (1835- 1885), declaró la unión de Centroamérica el 28 de febrero de 1885, dejando clara su intención de realizarla por la fuerza de las armas en caso de que otras repúblicas del Istmo no acataran su adhesión. Entre el 5 y el 6 de marzo de 1885, mientras el gobierno costarricense empezaba a planear una movilización popular contra la declaratoria de guerra guatemalteca, apareció en el diario de Costa Rica una reproducción de un discurso –publicado tiempo atrás– por el intelectual hondureño Álvaro Contreras Membreño (1839-1882), donde refería, en forma destacada, la hazaña de quien había llamado un “héroe anónimo”, “sin nombre”, advierte la revista tica Umbral, en un artículo de mediados del 2006, donde cuestiona la figura del soldado y los motivos del gobierno para exaltarlo.

Quienes defienden la existencia del héroe tico, aseguran que el muerto por cólera era otro de los cinco Juan Santamaría que para aquel año estaban inscritos en las tropas ticas. Todos también originarios de Alajuela, pero que el Juan Santamaría de la gesta heroica que hace más de un siglo y medio se comenta en Costa Rica, murió tras incendiar aquel mesón de Francisco Guerra.

Huesos de vaca y mono

El 11 de abril de 1981, en la frontera entre Costa Rica y Nicaragua, el entonces jefe de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, Daniel Ortega Saavedra, entregó una urna de madera al presidente Rodrigo Carazo Odio.

La caja generó gran expectativa en Costa Rica, porque se había informado que esta contenía restos de muchos héroes costarricenses muertos en la Segunda Batalla de Rivas contra las tropas filibusteras de William Walker, en abril de 1856, incluido Juan Santamaría.

Pero un mes después, un equipo de antropólogos y médicos ticos descubrió que las osamentas repatriadas eran “un surtido de fémures de vaca y mandíbulas de mono”. El historiador nicaragüense Alejandro Bolaños Geyer cuenta en El predestinado de los ojos grises, que los restos fueron regresados a Nicaragua y, a pesar de la queja, aquí nuevamente los enterraron con solemnidad.

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