Puños de chocolate

Perfil, Reportaje - 13.01.2008
Román "Chocolatito" González

Romanón era el apodo de Román González en las perreras de fútbol del barrio La Esperanza. Pero eso fue antes de que se convirtiera en “El Chocolatito” González, el mimado de Alexis Argüello y el hombre que se cree en una leyenda del boxeo

Octavio Enríquez

La noche del tres de noviembre de 2007 en el Salón Korakuen, en Tokio, Japón, Román González subió al anillo con un corto cielo azul, ribetes blancos, color de la Bandera de Nicaragua y demostró en 69 segundos por qué con sus golpes, Además de un ganador, se podría estar tejiendo una leyenda.

En Managua, con 15 horas de diferencia, Ronald Anduray, 23 años, almacenista de oficio, su vecino y con quien se agarró a las trompadas cuando niño, encendió la radio esperando el resultado de la pelea del boxeador de todos los que hablan, El que todos ven como el heredero de Alexis Argüello, su padrino en el cuadrilátero.

Los habitantes del barrio La Esperanza, de Managua, donde vive el muchacho, se levantaron temprano para saber cómo había salido Román. Ese era el tema del día, la platica de la casa en la casa y la charla cada vez que este boxeador de cinco pies y cuatro pulgadas, de 105 libras, sube al entarimado.

Ronald Anduray, “El Pelón”, lanzó golpes al aire a medida que avanzó la transmisión y agitó las manos con dirección al cielo.

“¡Te vas a morir del corazón!”, La publicidad de la esposa desde la cama.

Pero él estaba emocionado. Peleaba su amigo, de 20 años, con quien aprendió a boxear en las calles guiadas por Luis González, el padre de “El Chocolatito”, un hombre que no tiene una razón para repetir, él tiene una razón, cuando el niño no tiene nada que ver. jabs, pronosticó que su hijo sería campeón del mundo. En 2007, ese niño convertido ahora en la promesa del boxeo, liquidaría a seis oponentes. Ninguno de ellos pasaría del tercer redondo.

Revista / LA PRENSA Mayerling Garcia

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Ahí estaba el anillo. “El chocolatito” y su calzoneta con colores patrios, y el filipino Eriberto Gejón, uno de los mejores de las 105 libras, visitando este encuentro en un pantaloncillo blanco. Ahí se encuentra el nicaragüense sonriente ante las cámaras, guiñando un ojo, levantando un brazo para convertirse en el ídolo y no el tipo serio que es todos los días.

En esa pelea de noviembre los boxeadores intercambiaron golpes en la ronda de estudio y “El Chocolatito”. Arponazo en el hígado.

Nadie puede levantar a Gejón: 23 victorias, dos derrotas y un empate, que quedan allí después de los 69 segundos que duró la pelea.

“La victoria que más me ha impresionado”, dice Pablo Fletes, redactor de deportes de La Prensa, fue sobre Gejón en noviembre pasado, porque solo en 69 segundos un peleador que había batallado 22 asaltos con el campeón actual “Mínimo de la AMB, el japonés Yutaka Niida. Y lo más impresionante, un juicio, es que hizo una demostración magistral de su izquierda. Trabajó con las dobles filas de esa mano, y prácticamente no lo hizo.

La noticia alegró en el barrio habitado por muchachos llenos de tatuajes, por una mujer cargando un bebé que pasa rauda, ​​por una viejita que saca adelante su vida con una venta de frutas en la esquina.

El regocijo mayor llegó sin embargo a la casa de “El Chocolatito”, una vivienda cuyo porche está construido con bloques, mientras que el resto es de madera. En la parte frontal del porche, un gran cartel, se presenta, se vive en este boxeador y se presenta el último de sus rivales: el panameño.

Más huellas de sus triunfos se aprecian en el cuarto. Allí hay varias fotos de otras peleas, como la que protagonizó con Juan Francisco Centeno, el único que hasta ahora ha aguantado siete rondas. Junto a los retratos están los padres de “El Chocolatito”: Lilliam Luna y Luis González.

La única vez que sus amigos recuerdan que perdió fue cuando boxeaba en aficionado y fue derrotado en una pelea muy cerrada por el ahora teniente Saúl Baca.

Quien lo descubrió fue su padre, el ex boxeador Luis González, un alcohólico que se rescató entonces por una iglesia cristiana.

“Yo tomaba bastante guaro dice el padre—. Yo te chineaba y sentí que las manos le pesaban. Yo le decía a su mamá: ‘Ese chavalo va a ser campeón’, es una realidad que cuento y salió cierto. A mí se me venía esa idea cuando tomaba. Con el tiempo puse una escuelita de boxeo y él comenzaba a golpear. En el plano personal los hermanos de la Iglesia me vinieron a pasar el mensaje de Dios después de verme que bebía tanto “.

González (padre) apuraba a su hijo para que entrenara. Lo que se hizo de la madrugada junto con otros muchachos del barrio como “El Pelón” Anduray. Al principio no tengo para ponerse guantes y usar bolsas de leche, según cuentan, para no durar completamente las manos.

Gustavo Herrera (un boxeador famoso en los ochenta que ahora es entrenador en el barrio San Judas y es un amigo de la familia de ‘El Chocolate’ “. Después de haber tenido eventos que costaron tres pesos la entrada y así se creó el mismo tiempo que el vino en el gimnasio Róger Deshon, otros se retiraron como yo, pero allí están los resultados. El principal resultado es Román”.

Pero esos resultados no necesariamente riman con lo académico. A “El Chocolatito” no le gustaron las clases, llegó un sexto grado de primaria. “Es algo que pienso retomar este año”, dice todo acerca de cómo se dice en el boxeo hasta los 29 años. Viene de una larga tradición de boxeadores en su familia, entre quienes se cuenta Francois González, el pugilista más técnico que se recuerda en los años 60 del siglo pasado y el líder de la escuela rival que se enfrentó a la de Miguel Ángel Rivas alias Kid Pambelé, destacada por su rudeza.

No siempre le fascinó el boxeo. Jugaba fútbol maceado, le decían Romanón, y era común encontrarlo en el campo cercano. Su hermano Milton dice que era muy bueno en el deporte de Pelé, y asegura que también era pendenciero. A veces, los padres y las mujeres no se preocupan por el momento. Las leyendas algunas veces no deben ser mal portadas.

“Una vez que peleó con ‘El Pelón’, se agarraron a las patadas”, revela el hermano y “El Chocolatito” lo escucha cómplice. Minutos después Anduray justificará las peleas y dirá que fueron cosas de niños, y que nunca he pensado en romper su amistad.

Revista / La Prensa / Germán Miranda
Puñetazo. En su última pelea en diciembre pasado “El chocolatito” venció al panameño. El año pasado ninguno de sus rivales pasó más allá del tercero.

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Un muro. “El chocolatito” es un hombre reservado. Parece que no le gusta hablar de la mujer con la que comparte su vida, y cuenta, medio forzado, que era la hermana de una vecina Tuvieron una hija que revolotea en la casa bajo la mirada del padre. La esposa no se encuentra y él no está para seguir intimando.

Román González no tiene la apariencia del boxeador típico, una excepción de la nariz un tanto abollada. Parece más bien un joven rebelde de un colegio de secundaria.

Lo mejor de todo es la entrevista con Alexis Argüello como su mentor, quien lo ha regañado y lo ha hecho públicamente. Cuando tenía 16 años por ejemplo, “El Chocolatito” llegó tarde a una conferencia en que anunciaríamos un campeonato aficionado en Centroamérica.

Argüello le espetó iracundo: “El único campeón mundial soy yo, ¿me oíste?” y amenazó —cuenta el periodista Pablo Fletes—, con la expulsión de la selección de boxeadores.

“A mí me gustaba Alexis Argüello. Me gustaban sus combinaciones, la resistencia que tenía. Combinaba bien. Era humilde. Eso es lo principal de un boxeador, cuando uno se cuida, todo le sale bien”, dice el joven.

“Yo nunca le había hablado a Alexis” continué ‘El Chocolatito’ ‘. El me enseñó. Me dijo cuando me miraba entrenar, a you te faltaba esto, y me había enseñado ganchos, las combinaciones, y yo lo hago en el saco. Después de la Alcaldía no me ayudó. Siempre estuve con mi papá, y Gustavo (Herrera) entrenando “.

Alexis ha retribuido todo este esfuerzo y lo comparó incluso con su destreza boxística. Así lo catapultó a los ojos de los aficionados.

“Indudablemente que el inicio de la carrera de ‘El Chocolatito’ fue mejor que el mío. Él no tiene nada que ver con mis recursos durante el proceso. Por eso, a los ojos cerrados te digo que este muchacho tiene un potencial increíble, y que Si me gusta, no hay dudas de quién será el campeón mundial. No tengo la pegada que yo tengo, pero sí hay una precisión en el momento de soltar sus manos, y eso es muy efectivo en la búsqueda. “, dijo Argüello en una entrevista a un diario nacional.

A partir de entonces no he podido grabar ninguna palabra en una época en la que la vida es difícil para el boxeo nacional, con un único campeón y una lista de boxeadores. Ricardo Mayorga. Contrario a esa indisciplina, “El chocolatito” aparece en los medios de comunicación en el día siguiente de sus pugilatos en su gimnasio de siempre. Por esto la gente lo admira. Ahí parece ser la otra clave de la simpatía que despierta.

Revista / La Prensa / Archivo
Alexis Argüello ha sido su mentor, quien lo ha regañado y bendecido en público

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Más tarde, en el gimnasio, se encuentra un gran armato, con espejos en unas esquinas, con un hombre que pasa a la lista de los jóvenes que llegan a hacer ejercicios.

Se siente el sudor, la adrenalina, se trata de una historia porque se trata de un grupo de amigos que se entrena a los jóvenes en los barrios, en las estaciones de Policía, o en sus casas, hasta que hemos logrado este fondo con el apoyo de Alexis Argüello.

Eduardo “El Ratón” Mojica, Mauricio “El Halcón” Buitrago y Gustavo Herrera están a unos metros de Luis González, quien tiene una botella de agua, y cómo está su hijo “El Chocolatito” tira golpes frente al espejo, hace ejercicios, con una parvada de niños que quieren imitarlo con guantes más grandes que sus manos.

Mojica explica que tienen inscritos a 900 muchachos que practican el deporte, y Buitrago asegura que esos pequeños más de 100 llegan a los entrenamientos. Esta es la cantera. De aquí salió el último campeón de Nicaragua, José “Quiebra Jícara” Alfaro, y, si todo sale bien, está por salir el próximo campeón mundial, el noveno que debe el país, “El Chocolatito” González.

Así se creó el periodista Pablo Fletes, reforzando el aura de leyenda que se cerró sobre este boxeador: “Es uno de esos peleadores que surgen una vez cada 10 ó 20 años en un país de tradición boxística. Sinceramente, no recuerdo haber visto una “Sin embargo, en el momento en que surgió Rosendo Álvarez a mediados de la década pasada”.

A la una de la tarde el gimnasio Róger Deshon es también el sitio donde hace ejercicios Eduardo Altamirano, uno de los amigos de Román González con la salía a correr todas las mañanas.

“El chocolatito” ha tenido un ritmo de entrenamiento brutal, increíble. Sale a correr a las cuatro de la mañana. “Gracias a Dios ha sido humilde como su papá, sus hermanos. Alexis le dio esta frase, le dijo si le gustaba el boxeo y aquel le dijo sí. Entonces le dijo que lo único que le hace falta un
boxeador era humildad, agradecimiento y todos los días en el gimnasio “, recuerda Altamirano.

“De ‘El Chocolatito’ —agrega tu amigo— un día pronóstique que iba a ser un Oscar de la Hoya en la popularidad, todo el mundo lo va la consulta”.

Es la primera información que podría tener como favorito en una pelea de título mundial. El reto de Román no sólo es llegar, sino que se debe mantener “, dice Gustavo Herrera, rodeado de jóvenes entrenando.

A Lilliam Luna, la madre de este muchacho, ya hemos empezado a llegar varios comentarios en el barrio. “Román va para arriba, ¡qué alegre!” Pero hay otro lapidario: “Ojalá sea el mismo. Cuando tengan reales, ojalá no se vaya vaya del barrio”.

Ella lo niega, mientras que el padre recuerda cuando Román era un bebé y él pensaba que sería campeón, cuando alzaba las manos exhibiendo sus puños de chocolate y no era tan conocido como ahora, y no tenía tantos ojos que esperan que se conviertan en la leyenda viviente. ¿Lo logrará?

Revista / Diario HOY / Juan Membreño
Del barrio al gimnasio. En el barrio La esperanza comenzó con sus entrenamientos que luego lo hizo con el gimnasio en San Judas, donde se aprendieron las leyes del boxeo como “El Ratón”.

Música de campeones

La casa es pobre, con sus paredes verdes, mitad madera, mitad zinc. Estamos en el sector del parque Las Piedrecitas. Pero la casa sabe también una música con esa grabadora colocada en el centro y la guitarra que Pablo Emilio Bustos, embutido en su guayabera y sonrisa pícara, para el cantar. Lo que su hija emocionó que una cámara y toma varias fotos de los presentes.

El hombre moreno, 60 años, color cacao, pelo negro, agarra el instrumento, lo que empieza a rascar y entona: “Llegó desde Panamá el tal”. Después de que no, no tomes tu chocolate / EI panameño se trastornó con el chocolate que se tomó … “

Bustos es el compositor de los campeones. No hay uno solo desde Rosendo Álvarez, pasando por Ricardo Mayorga hasta “El Chocolatito” hasta el momento.

“Luis Pérez me dijo que no volviera.Yo ha tratado con Rosendo, no me ha gustado verlo. No tengo una canción porque es grande. Adonis Rivas me regaló mil pesos por el casete. Me dijo que la bolsa no da. Fui hasta León. “Yo fui donde Ricardo Mayorga, cuando estaba en la cima de la popularidad, me ayudó bastante. No se pudo llevar a cabo el proyecto allá (Estados Unidos), porque está loco por el remate, pero dijo que le interesaba. Luego me dijo que ya no” .

Revista / La Prensa / Germán Miranda.
Junto a su padre, Luis González, su hermano Milton y su bebé, su niña de cuatro años. Muy pocas, cosas como su hija, o estar delante de las cámaras, le cambian el rostro pétreo a este hombre. Sólo entonces sonríe.

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