¿Qué pasó con la Contra después de la guerra con los sandinistas?

Reportaje - 16.12.2019
portada01010

La que llegó a ser una de las guerrillas más grandes del continente quedó reducida a un ejército de campesinos desarmados, lisiados, perseguidos y asesinados en las montañas del país.

Por Abixael Mogollón G.

El 25 de abril de 1990, doña Violeta Barrios de Chamorro toma posesión de la Presidencia de Nicaragua. En su discurso anuncia que pronto se completará la desmovilización de las fuerzas de la Resistencia Nicaragüense y la desmovilización de los jóvenes del servicio militar. Acto seguido, ratifica la permanencia del general Humberto Ortega como jefe del Ejército.

La decisión causó polémica en la mayoría de los sectores del país, incluida la Contra.
El 27 de junio de 1990, en San Pedro de Lóvago, el Estado Mayor de la Resistencia se desarmó. Doña Violeta Barrios, siempre vestida de blanco, rodeada de representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), militares españoles y venezolanos y el cardenal Miguel Obando y Bravo, observó como los últimos miembros de una de las guerrillas más grandes del continente americano entregaba sus fusiles.

***
Casi 25 mil hombres que entraron siendo adolescentes a la Contra se enfrentan a la realidad de buscar qué hacer con sus vidas, luego de pasar gran parte de sus mejores años metidos en la guerra.
Luego los excombatientes de la Contra serían “cazados” por la ya desaparecida Seguridad del Estado, más tarde por el propio Ejército y recientemente por la Policía. Algunos optaron por rearmarse, pero en la mayoría de los casos esto ha acelerado sus muertes.

Gran parte de los guerrilleros de la Contra eran campesinos. Al finalizar el conflicto, los que tenían familia decidieron volver a sus tierras o lo que quedaba de ellas. Algunos no sabían hacer otra cosa que no fuera disparar con un fusil, por lo que de nada sirvió que el gobierno de doña Violeta les entregara tierras, mismas que luego fueron malvendidas.

“Eso de tierras sin asistencia técnica ni capacitación no funcionó”, asegura Óscar Sobalvarro, antiguo miembro de la Contra.

Además, la entrega de terrenos no fue pareja y tampoco se cumplieron otros compromisos que se habían firmado en marzo de 1988, en el Acuerdo de Sapoá. Otros intentaron probar suerte fuera del campo, pero les fue difícil reinsertarse a la sociedad.

El día del desarme del Estado Mayor de la Resistencia asistieron militares venezolanos y españoles al acto. LA PRENSA/ARCHIVO

Cuando iniciaron los primeros acercamientos para llegar a un acuerdo, la Contra desconfiaba tanto de los sandinistas que no aceptó entregar las armas hasta que se celebraran elecciones libres y transparentes. Uno de los principales acuerdos violados fue el de no persecución a los exguerrilleros de la Resistencia.

La decisión de dejar al general Humberto Ortega a cargo del Ejército y de no mover a fichas importantes de la Seguridad del Estado, dejó el campo abierto para que los contras fueran cazados sistemáticamente durante los primeros años del gobierno de doña Violeta.

Más de 500 contras fueron asesinados en las montañas de Nicaragua luego del desarme, según Luis Fley, comandante Johnson, uno de los principales jefes de la Resistencia y quien junto a la OEA y representantes del gobierno de doña Violeta lograron constatar gran parte de estas ejecuciones.

“Fuimos blanco del ejército sandinista. En los últimos años, cada proceso electoral que se da en el área rural siempre hay muertos de la Resistencia”, afirma Sobalvarro.

***

Maximino Rodríguez entró a las filas de la Contra con 17 años de edad. Recuerda que primero formó parte de una célula que se asentó en Nueva Guinea. Luego junto a otros 10 guerrilleros se fue a Jinotega a continuar su preparación para la guerra. Pasó por Río San Juan, donde casi lo descubre el Ejército Popular Sandinista y decidió salir para Choluteca, Honduras. Finalmente conforma la legión 15 de Septiembre.

En sus andanzas en las filas de la Contra le tocó pasar hambre, combatir con cachorros de su edad y casi siempre menores que él y hasta emboscar a los Cinchoneros, una guerrilla de izquierda de Honduras. Fueron cinco balazos los que se llevó en esos años.

Hoy Rodríguez es diputado de la Asamblea Nacional. Un parlamento controlado por los mismos a los que Rodríguez combatió en los ochenta. Es hoy por hoy uno de los pocos excontras que tiene un cargo público.
Para la gran mayoría de los excombatientes de la Resistencia, el gobierno de Violeta Barrios los engañó y tuvieron que afrontar solos hambre y la persecución.

Dice que los excontras desde que terminó la guerra se sintieron marcados de muerte. ¿Quién les puso esa marca?
“No fue la gente. Más bien las personas en las comunidades nos recibían alegres. Todos queríamos volver a una Nicaragua libre y en paz y ya la perdimos. Cuando hablo de estigmatización es de parte de la misma clase política e histórica de Nicaragua. En mi cara me han dicho que ‘la política es para los profesionales’ y que nosotros ya hicimos nuestro trabajo, que fue volar tiros”, dice.

“Yo soy lisiado de guerra y diario tengo que comprar un medicamento caro. Un campesino de la Contra no tiene capacidad para comprar un medicamento o gastarse 200 dólares diarios en medicamento, porque a lo sumo le pagan 100 o 150 córdobas como jornalero. La mayor parte de nuestros combatientes son jornaleros. Una prótesis es cara. A mí nadie de la sociedad nicaragüense me ha dado algo para mis problemas de salud.

En tiempos de doña Violeta me dieron un dictamen médico del ciento por ciento de la incapacidad para trabajar. Me daban 25 córdobas oro de pensión en aquel momento y yo les dije que no”.

Campesinos contras capturados a finales de los años ochenta. Fueron de los últimos prisioneros que tuvo el Ejército Popular Sandinista. LA PRENSA/ARCHIVO PERSONAL OSCAR NAVARRETE

¿Cómo estaríamos en Nicaragua si nunca hubiera existido la Contra?, se le pregunta.

“Seríamos la Cuba número dos. Teníamos un objetivo que era derribar el marxismo leninismo en Nicaragua. Ese régimen sandinista era una amenaza. Seríamos un país conformista que viviría de las migas que da el Estado”.
Durante el mismo desarme se firmó que la Contra tendría su propio partido político y así fue como nació el Partido Resistencia Nicaragüense (PRN).

En la actualidad este partido es una especie de “oxímoron”, ya que es aliado del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Para Maximino Rodríguez es una alianza antinatura, aunque asegura que no es el PRN que está aliado con Daniel Ortega, sino las personas que tienen secuestrado el partido.

“El que está aliado es Julio César Blandón ‘Kalimán’, además que los contras no necesitamos solicitar ser parte del PRN, por el simple hecho de que sus estatutos dicen que todos los que fuimos de la Resistencia somos parte del PRN”, insiste Rodríguez.

El PRN sigue en manos de aliados del Frente Sandinista, por lo que varios miembros de la Contra deciden en 2016 crear el partido Fuerza Democrática Nicaragüense (FDN).

Desde el FDN se pretende “asaltar” el poder por la vía electoral, pero la actual situación que vive Nicaragua desde el 18 de abril de 2018 ha frenado el trabajo que se estaba haciendo con este partido.

En la actualidad, gran parte de los miembros de la Resistencia sobrepasan los 50 años de edad. Son un “ejército de campesinos lisiados de guerra”, a los que se les ha dejado en el abandono, señala Maximino Rodríguez, aunque resalta que si antes eran más de 20 mil contras, hoy son más los miembros de la Resistencia.

“Un hijo de un miembro de la Resistencia es un contra más y vamos a seguir en pie de lucha por la vía democrática para sacar de nuevo a los sandinistas del poder”, sentencia Rodríguez.

***

Uno de los ataques más grandes en contra de contras fue el ocurrido el 6 de enero de 1995 en el cerro de La Marañosa, en la carretera Pantasma-Jinotega, donde miembros del Ejército de Nicaragua masacraron a 13 personas.
Ese día dos camiones rusos Zil del Ejército llegaron al sector de La Zacatera, ubicada a 10 kilómetros al sureste de Wiwilí, en Jinotega. Ahí los esperaba la banda de rearmados los Hugos, que serían trasladados a la base de Apanás, donde recibirían 250 mil córdobas por dejar las armas. Estos eran custodiados por los soldados Henry Vallecillo y Fausto Amador, quienes también fallecieron en la emboscada en el empalme de La Marañosa.

A eso de las nueve y media de la noche, cuando el camión circulaba por el empalme de La Marañosa, se escuchó una detonación y luego disparos que duraron unos 25 minutos, recuerda Harvi Montenegro, quien vivía a 100 metros de donde ocurrió la masacre.

Como era de esperarse, se dijo que las personas que resultaron muertas eran “grupos delincuenciales”, aunque la versión del Ejército se contradecía con la de la Policía en muchos aspectos. Fernando Caldera, jefe policial por entonces, dijo que “se había producido una emboscada por parte de un grupo rearmado contra miembros del Ejército”.

La última foto del Estado Mayor de la Resistencia antes de dejar las armas. LA PRENSA/ARCHIVO

Mientras que el comunicado del Ejército aseguró que “desde el día 16 de diciembre de 1994 las Fuerzas Especiales de la Agrupación Táctica de Combate Benjamín Zeledón, sostuvieron contacto con los enlaces de la banda de delincuentes armados jefeados por los individuos César Meza Rivera ‘Hugo’ y Mario Meza Rivera ‘Bayardo’, quienes querían conversar con el Ejército Popular Sandinista (EPS) para su desarme”.

Sobre el enfrentamiento del 6 de enero de 1995, “cuando la caravana que era escoltada por 20 comandos se desplazaba a 2 kilómetros al sureste del empalme de La Marañosa —narran los militares— se escuchó una ráfaga en el camión que transportaba a los delincuentes, produciéndose de forma instantánea la muerte del conductor del camión, el soldado del EPS Harry Vallecillo y del soldado escolta Fausto Amador Zelaya. Al mismo tiempo los delincuentes desde el camión atacaron con granadas el camión escolta, produciéndose un combate que duró 30 minutos”.

Luis Fley aseguró que este grupo de 13 personas eran recontras que se habían levantado en armas para exigir el cumplimiento de los acuerdos firmados durante el desarme.

Entre los alzados estaban: César Meza Rivera, alias Hugo; Mario Rivera Meza; José Rivera Meza; Jesús Meza, padre de los rearmados; David Montenegro González; Marlon Duarte Olivas; Aníbal Duarte Olivas; Edwin Rugama Martínez; Bernardino Chavarría Matey; Tilo Quintero Castro y la profesora Egdomilia Peralta Beflorín.

Los últimos rearmados ejecutados

Tras la vuelta al poder de Daniel Ortega, la persecución en contra de los excombatientes de la Resistencia se ha intensificado. Desde 2011 al menos han sucedido unos 20 enfrentamientos entre patrullas de la Policía, en combinación con miembros del Ejército, en contra de “grupos delincuenciales” a los que se les ha denominado rearmados.

Al menos, 47 rearmados han resultado asesinados en estos enfrentamientos, siendo la masacre de La Cruz de Río Grande en noviembre de 2017 uno de los últimos episodios. Donde fueron asesinados los dos hijos menores de edad de la campesina Elea Valle.

En febrero de 2011 fue asesinado José Gabriel Garmendia, conocido como Jahob.

En enero de 2012, fue asesinado en Honduras Santos Guadalupe Joya, conocido como Pablo Negro. Miembros de la Contra aseguraron que fue el Ejército.

En abril de 2013, el campesino Joaquín Torres Díaz “Cascabel” fue asesinado. Días antes se había publicado un video donde aseguraba que se había levantado en armas contra Daniel Ortega.

El 12 de junio de 2014 Saturnino Lira, comandante Naval, murió en un enfrentamiento con el Ejército.

La mayoría de estos campesinos aseguró antes de morir que eran excombatientes de la Contra.

La leyenda del Flaco Gutiérrez

En octubre de 2018, en redes sociales se hizo viral un video donde un grupo de hombres armados que hablan contra Daniel Ortega. Entre ellos, sorprende la aparición de Gerardo de Jesús Gutiérrez, conocido como el Flaco, que manda saludos a los estudiantes que se levantaron en abril de 2018 y al barrio indígena de Monimbó.

Gerardo no era visto desde 2013, cuando aseguró ser un excombatiente de la Resistencia y anunció que tomaría las armas para combatir a Daniel Ortega.

Este campesino originario de la comunidad Tamalaque, a ocho kilómetros al oeste del poblado Praderas, cabecera municipal de Santa María de Pantasma, departamento de Jinotega, es uno de los pocos hombres que ha escapado de ser ejecutado por el Ejército de Nicaragua.

En 2013 el coronel José Dolores Hernández, jefe del Sexto Comando Militar Regional (SCMR), le acusó de robo, secuestro y abigeo. En todo 2014 hubo 13 enfrentamientos entre el SCMR y grupos rearmados en el norte del país. De esos enfrentamientos solo el Flaco Gutiérrez ha sobrevivido.

El asesinato de 3-80

No había pasado un año desde el desarme de la Contra cuando el 16 de febrero de 1991 fue asesinado Enrique Bermúdez Varela, conocido como comandante 3-80.

Fue el último jefe de la Contra asesinado a tiros. 3-80 fue asesinado en el estacionamiento del Hotel Intercontinental, hoy Crowne Plaza. Recibió dos disparos, uno de ellos en la cabeza. Según la crónica del diario LA PRENSA, el excoronel somocista, exagregado militar de la embajada nicaragüense en Washington, fue asesinado con un arma de alta precisión.

“Le dispararon sin asco”, dijo el cardenal Miguel Obando y Bravo durante la misa de cuerpo presente de 3-80. “Quien lo mató, lo hizo por la espalda sabiendo que Bermúdez era todo un hombre”.

Sección
Reportaje