Querido Spam

Reportaje - 07.02.2010
Querido Spam

Que se ha ganado la lotería. O que una viuda ha recibido una herencia millonaria y quiere compartirla con usted o simplemente que una chica guapa del otro lado del mundo quiere conocerlo. A través de un correo inventado mantuvimos comunicación con una supuesta chica rusa, guapa y pobre, que
desea entablar una relación “seria” y necesita ayuda. Económica, por supuesto

Dora Luz Romero

Pudo haber sido Tatyana. O Natalya. O Kristina. Pero no. Fue Elvira. Elvira Garbuzova. De origen ruso. De tez blanca y cabello rubio. Alta y sexy. Mesera y con experiencia en modelaje.

Elvira anda en busca de una relación “seria” vía Internet. Dice que no le importa en qué lugar del mundo viva su alma gemela, tampoco parece importarle el aspecto físico, por lo pronto lo único que le interesa es reunirse con su media naranja.

Está tan desesperada que le envía correos a cualquiera. Hombres y mujeres. Niños y ancianos. “Buenos días. Me preguntaba si quizás te gustaría chatear conmigo. Encontré tu perfil en línea y me gustaría conocerte mejor. Por favor contestame al correo Kiara@mail.box-email.c0m decía el mensaje escrito en inglés y recibido el 23 de diciembre de 2009.

Decidimos seguirle el juego a este correo para saber qué hay detrás de tanto correo basura que a diario cae en las bandejas de entrada. Saber qué viene detrás de esos destinatarios que quieren hacernos millonarios, dotarnos de buena suerte, conocernos o vendemos algún producto maravilloso. Queríamos conocer el punto donde la buena suerte que nos llegó a la computadora se convierte en una solicitud de dinero, o un número de cuenta bancaria o tarjeta de crédito.

Primero, inventar un personaje con su respectivo correo electrónico que mantuviera correspondencia con la chica rusa que dice estar en busca de “un amigo, un amante o quizás algo más serio”. El personaje se llama Fernando García, tiene 26 años y aunque nació en México ha vivido toda su vida en Estados Unidos. El también cree en el amor virtual. ¡Vaya casualidad!

En cada mensaje enviado por Elvira, ésta adjuntaba al menos dos fotografías.

***

Elvira y Fernando son como cualquier otra pareja de novios en línea. Se escriben con frecuencia. Hablan de sus gustos, placeres, metas... Ella habla —escribe más bien— más que él. Fernando es un tipo seco, de pocas palabras. Escueto de naturaleza. Elvira, en cambio, describe y escribe tanto que pareciera que su destinatario la tiene enfrente.

“Es increíble cómo en el mundo moderno podamos tener comunicación tan rápida. No como en el pasado. Es que no puedo creer que haya tantos kilómetros entre nosotros”, dice Elvira en uno de sus
tantos correos.

Está feliz. O al menos eso dice. Cuenta que es la primera vez que mantiene una relación en línea y eso le emociona. “Tengo suerte de haberte encontrado. Le conté a mi mamá de nuestra relación y me dice que hombres como vos no se encuentran a cada rato”, asegura.

Fernando, por su parte, cada vez que se sienta frente al monitor deja volar su imaginación para escribirle a su amada Elvira. De paso, se crea como hombre exitoso y guapo. Tiene su propia empresa, es diseñador gráfico, le encanta Viajar y tiene -apenas 26 años.

“Cariño —contesta Elvira- espero que una chica de 25 años te parezca bien para tu edad. Yo soy de un lugar llamado Syberia, en Rusia. Soy mesera, aunque en algún momento trabajé de modelo”, explica. “Mis amigos —continúa- me dicen que soy muy delgada. Que necesito comer más. Mido 1.67 y peso 54 kilos (119 libras). Creo que soy bonita, a mi manera. Aunque lo que más me preocupa es ser bella por dentro. Espero que cuando me conozcas no te decepciones de mi”, dice Elvira, luego de tirar sus cartas sobre la mesa: “Quiero salir de Rusia y viajar hasta donde vos Fernando. Quiero conocerte y quizás hacer una vida allá”.

“Aquí la vida no es buena. La gente gana muy poco dinero. Mi mamá me dice que soy lo suficientemente bonita como para triunfar en otro país. Necesito un amigo que me ayude en mis primeros meses. Es difícil estar en otro país y sola”, escribe. Antes de despedirse Elvira le envía besos a Fernando a quien asegura extrañarle sin siquiera conocerlo y aclara: “Soy un pájaro libre.
No tengo novio y estoy abierta a cualquier cosa”.

La idea del viaje a Fernando le parece genial. Sobre todo porque la mamá de Elvira pagará el boleto.
El viaje está planeado para enero de 2010.

Las fotografías que envía esta red de estafadores mediante Elvira corresponden a la actriz rusa Nastya Tsvetaeva.

***

En el 2009, afirma un sitio web especializado en estadísticas de Internet, la cantidad de correos basura (spam) enviados por día fue de 200 mil millones.

Si de correo basura se habla, los hay de todos los tipos y estilos. Algunos buscan cómo estafar a sus destinatarios. Les dicen que se han ganado la lotería, que una chica guapa quiere conocerles o que
son herederos de alguna fortuna perdida. Además están los correos supuestamente enviados por los
bancos donde le piden al receptor que cambie sus datos en línea. El resultado será que en cuestión de
segundos su cuenta estará vacía.

Otros apelan a los sentimientos y niños o mujeres con alguna enfermedad horrenda e incurable solicitan
ayuda, en la mayoría de los casos.

Sin embargo, así como hay spam cuyo fin es timar a los cibernautas, hay otros que simplemente buscan
cómo ofrecer algún producto o servicio.

Cuando llegó el primer correo de Elvira entre paréntesis aparecía una alerta que decía: spam. Sin embargo, Fernando tan curioso, a sabiendas de la situación, optó por escribirle.

La relación entre Elvira y Fernando empezó en vísperas de la Navidad del año pasado.

“Hola. Me encanta mantener contacto vía Internet con personas alrededor del mundo. Me gustaría
saber más de vos. Saludos”, contestó Fernando al primer correo enviado por Elvira.

De ahí en adelante, ella saturó su bandeja de entrada. Eran tantos que en ocasiones Fernando no tenía
el tiempo para responderle y a veces ni de leerlos completos. Ella comprensiva —como muy pocas mujeres reales- optaba por seguir hablando de su vida.

De paso adjuntaba dos o tres fotos en cada correo. Las fotografias mostraban a una muchacha delgada
como alfiler, alta, de cabello liso y rubio. En las imágenes, Elvira transmitía ese aire de pureza y timidez.

Estas fotografías, enviadas por Elvira, son las mismas que aparecían en una foro donde varios hombres indignados se quejaban de intentos de estafa. Además alertaban a otros para no caer en la trampa.

***

17 de enero. “Elvira en Moscú”, se leía en la bandeja de entrada en un mensaje marcado como no leído.

“Mi amado Fernando, no me lo vas a creer. Estoy en Moscú”, decía.

La rusa de cabello rubio había decidido emprender su viaje cuyo destino final sería Mobile, donde
vive Fernando.

“Tengo mucho miedo, pero si no lo hago ahora no lo haré nunca. El boleto lo compré con mis ahorros,
ahora sólo me queda comprar mi boleto de Moscú hasta tu aeropuerto más cercano. Sé que no será
barato, pero mi mamá me dará el dinero”, explica.

Al correo adjuntó un par de fotografías: en una aparecía abrazada a un osito de peluche y otra en medio
de un jardín mordiendo una rosa.

Antes de que a Fernando se le ocurriera pedirle fotos en Moscú, Elvira le explica que “mamá no me
ha dejado traer la cámara por eso no te mando fotos de mi estadía aquí”.

Hace más de dos semanas que Fernando se escribe con Elvira. La idea del viaje sigue en pie. Elvira como alistándose para el encuentro le dice: “Espero que seas un hombre cariñoso y lindo y que no me harás entristecer. Creo que soy una chica lo suficientemente bonita como para causar envidia entre tus amigos. ¿No crees?”. Sí, piensa Fernando. La rusa podría causar envidia entre sus amigos.

Ya han pasado un par de dias sin que Fernando le escriba a Elvira. Pero al enterarse de su viaje hacia
Moscú para luego visitarlo, ha decidido reportarse nuevamente. “Hola querida. Qué alegre que hayas llegado bien y que pronto estarás por aquí. Contame cómo es la ciudad. Antes de tu llegada hay cosas que me gustaría saber de vos. Quisiera saber ¿cuáles son tus planes al venir? ¿Pensás trabajar? ¿Dónde pensás vivir?”, le preguntó.

Al día siguiente, cuando Fernando llegó a su oficina ya había un correo de Elvira. “La ciudad es maravillosa. Es una ciudad muy cara. Fernando, tengo una pregunta. Si nos gustamos el uno al otro ¿podríamos vivir juntos? Claro. Si no te molesta. En la agencia todo está arreglado, pronto mi mamá me mandará el dinero y estaré lista para ir donde estás vos. Quisiera tener algo serio con vos. Ha sido mi sueño desde niña, conocer a un hombre con el que pueda formalizarme”, le dijo. Por un momento Fernando hasta sintió que engañaba a aquella pobre jovencita de la sonrisa tímida.

Elvira solicitó que le enviaran 950 dólares vía Western Union. Para no dar lugar a errores, la rusa mandó su pasaporte escaneado. Falso, por supuesto.

***

La relación marchaba sobre rieles. Fernando esperaba a que su chica rusa le escribiera diciendo qué día llegaría para así ir por ella al aeropuerto. Pero el 19 de enero, cuando Elvira ya tenía dos días en Moscú y le faltaban apenas cuatro días para salir rumbo a Mobile, llegó un correo del que salpicaba
desesperación. Necesitaba ayuda.

Su mamá había tenido problemas con el dinero que le enviaría para el boleto y Elvira, la mesera —en ese entonces desempleada en Moscúno tenía más que 300 dólares en su bolsillo.

“Estoy desesperada... Fernando quisiera pedirte que me ayudaras a pagar mis boletos”, le suplicaba la
rusa, quien necesitaba 950 dólares para completar su pasaje, cuyo pre- cio era de 1,250 dólares.

En algún momento, en la parte final del mensaje, Elvira sintió pena. “Si no te tuviera la confianza que te tengo no te pediría semejante favor, pero es que no tengo otra opción. Trabajaré y prometo pagártelo.
Mandame el dinero por Western Union con mi nombre completo: Elvira Garbuzova”, escribió. Y para
evitar errores, adjuntó su pasaporte escaneado y le pidió que al depositar el dinero le enviara el número de transferencia.

Fernando sintió compasión por la pobre Elvira. Pero también dudó de sus intenciones. Así que le escribió: “Me da mucha pena lo que está ocurriendo. En este momento no tengo el dinero, pero puedo hablar con mi agencia de viajes. Compro tu boleto aquí y te lo envío”. “¡Imposible!”, contestó Elvira en
un correo casi inmediato. Su agencia le había advertido que ella es la única que podía comprarlo. “Yo
nunca te he mentido. De verdad quiero conocerte. Espero que podás ayudarme”, contestó y como para
convencerlo cerró el correo con: “Sueño con nuestra primera cita, con nuestra primera noche juntos.
Todo depende de vos amor”.

Fernando fue sincero. Le dijo que temía ser estafado, por lo que le propuso que un amigo suyo que vivía en Moscú llegaría a buscarla y así entregarle el dinero para su boleto.

Dos. Tres. Cuatro días pasaron y Fernando no recibió respuesta de Elvira. Los mensajes siguientes eran rebotados en su bandeja de entrada.

Pero a los pocos días, Fernando descubrió un foro, cuyos participantes se quejaban de intentos de estafa. “No es justo. No se vale que jueguen así con los sentimientos de uno. Yo hasta contesté el correo”, decía uno de los tantos hombres indignados hablando de una mujer llamada Kristina.

Los participantes de este foro se habían dado cuenta de que las mujeres rusas que les escribían no eran más que la pantalla de alguna mafia de estafadores.

En el foro, algunos colgaron los mensajes enviados por las supuestas muchachas. Otros hasta las fotos
subieron. Todos se sentían identificados con la historia. Hasta el mismo Fernando que cuando Vio las
fotografias del resto supo que se trataba de su novia, la rusa. Algunos la llamaban Kristina. Otros Tatyana. O Natalya. O Alena. Para Fernando era Elvira. Elvira Garbuzova. Tan falsa. Tan mentirosa. Tan inventada. Como el propio Fernando.

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