Quiero ser Miss Nicaragua

Reportaje - 06.02.2011
Miss Nicaragua 2011

Una enfermera. Una relacionista pública. Una estudiante de Medicina. Una maquillista. Catorce muchachas caminan tras un mismo sueño: convertirse en Miss Nicaragua 2011. Para lograrlo les ha tocado abandonar estudios, trabajo y algunas hasta sus novios. A menos de un mes del certamen, las participantes están convencidas de que cualquier sacrificio vale la pena con tal de ser coronada como la mujer más bella del país

Dora Luz Romero
Fotos de Bismarck Picado y Diana Nivia

Altas. Bajas. Delgadas. Gordas. Blancas. Morenas. Capitalinas. Extrovertidas. Tímidas. Poco más de trescientas jovencitas entre 18 y 25 años de edad se inscribieron este año para poder participar en el concurso de belleza más grande del país: Miss Nicaragua. De esas tres centenas solo catorce lograron clasificar y entre ellas se elegirá a la próxima reina de belleza que representará al país en Miss Universo.

Puede que sea Priscilla. O Lauren. Puede ser Adriana o quizás Amalia. Cualquiera de estas catorce muchachas puede ganar el título de la nicaragüense más bella. Pero más allá de la corona, más allá del concurso de belleza y de lo poco que se logra ver en los diarios y en la televisión, ¿quiénes son estas jovencitas de cuerpos bien formados? ¿Qué les ha tocado hacer para ocupar ese espacio? O ¿qué han tenido que dejar?.

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Hay algunas que lo confiesan con más honestidad que otras. Han dejado sus trabajos, estudios y algunas hasta novios. Han empezado dietas. Largas jornadas de ejercicios. Se han sometido a cirugías... Y no es solo una. Son todas. Las catorce participantes han dejado todo, o casi todo para concentrarse en el concurso por tiempo completo. Porque ellas mismas lo dicen, entrar al Miss Nicaragua es un trabajo. Un trabajo que hasta hoy, según aseguran, ha sido la mejor experiencia de sus vidas.

Fotos de Bismarck Picado y Diana Nivia
Más de trescientas chicas se inscribieron este año en el Miss Nicaragua. Solo catorce lograron clasificar. En la fotografía las participantes. Una de ellas representará a Nicaragua en Miss Universo.

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Priscilla Ferrufino tiene los ojos verdes y una sonrisa que transmite inocencia. Es blanca y lleva sus delgados labios pintados de rojo intenso. Cuando camina, con ese par de piernas largas y estilizadas, su cabello rubio y ondulado parece rebotar sobre su espalda.

Priscilla se crio en el extranjero. Cuando era niña, sus padres migraron hacia Estados Unidos, donde ella creció. Ahí —cuenta como susurrando— a sus padres les tocó trabajar de lo que fuera y a ella también. Dice que fue mesera y que la gerente de uno de los sitios donde trabajó fue quien la promovió al mundo de los cosméticos. Priscilla es maquillista profesional de una famosa marca de cosméticos y ha participado una que otra vez en algún concurso de belleza. Ella, al igual que sus trece compañeras, busca la corona de Miss Nicaragua este año. Lleva tres años intentando entrar al concurso, asegura, pero por estudios, trabajo o cualquier otra razón no había podido. "Siempre ha sido uno de mis sueños", suspira. Va más allá y continúa: "Mi sueño es traer la corona de Miss Universo".

Otra de las aspirantes es Dania Cáceres. Originaria de Ocotal, desde niña ha sido partidaria de los concursos de belleza. Relata que participó en Miss Chiquitita y que desde siempre le ha gustado salir en "todo". "Siempre andaba en los Días de la Madre, del Padre..." Pero Dania no quiere mostrar solo ese lado de miss que lleva dentro, también quiere que se sepa que es una mujer que le ha tocado trabajar. Y duro, recalca. Cuando su papá murió, siendo la mayor de sus hermanas le tocó hacerse cargo de la finca de su familia y de dos canales de televisión locales, de los cuales su padre era dueño. "También me tocó arrear ganado", cuenta tras una larga carcajada.

De cabello negro y lacio, Dania se siente bella y dice que ella tendría que ser Miss Nicaragua, porque "creo que tengo las cualidades culturales para ser una digna representante de mi país".

Pero todas sienten lo mismo. Todas se sienten merecedoras de la corona. Por ejemplo, Amalia Martínez, una jovencita de 20 años, morena y coqueta, cree que ella debería ser electa la más bella de Nicaragua por ser "única, auténtica", porque se considera una mujer "bonita, muy atractiva. Porque soy natural, sencilla porque conozco y quiero a mi país", afirma Amalia, quien cursa cuarto año de Medicina.

La historia de Amalia, de Dania o de Priscilla bien puede ser contada por cualquiera de las catorce
participantes. Sus historias no distan mucho de las de sus compañeras. Muchachas que desde muy pequeñas han disfrutado de los certámenes de belleza, que previo al casting no pudieron ni dormir y que sueñan con ese día donde cientos de personas las verán coronarse como Miss Nicaragua.

"¿Qué pasa muchachas? Hay alguien que no lo está haciendo bien", dice en voz alta Renée Fabiola Dávila, la maestra de pasarela mientras aplaude para que las aprendices se pongan en posición.

En un cuarto lleno de espejos, las participantes modelan. Hacen pasarela y de vez en cuando chocan entre sí. Caminan rectas y sacan pecho. Cuando Renée Fabiola las regaña, callan y escuchan. Siguen instrucciones casi como en un régimen militar. A las que se equivocan con mayor frecuencia no les queda más que reír avergonzadas.

—Uno, dos... cinco —indica Renée Fabiola para hacer el conteo de la pasarela.

Lauren Lawson parece no tener fuerzas, se le ve cansada. Esta joven de 23 años, blanca, de ojos claros y cabello chocolate, camina lento, está sudada y su maquillaje no luce tan fresco como el de la mañana. Bosteza y se sienta por unos segundos para descansar. "Mis pies no estaban así", se queja, mientras los muestra enrojecidos y con ampollas. Ella, al igual que el resto de sus compañeras, debe usar tacones todo el tiempo. Para visitar a los patrocinadores, para practicar, para bailar. Pero en sus días fuera del Miss Nicaragua, siendo enfermera, Lauren no los usa muy a menudo y ahora sus pies lo resienten.

Las jornadas de entrenamiento no son fáciles para las concursantes. Las clases de pasarela son apenas una de las actividades que realizan. Además reciben clases de voz y dicción, coreografía y maquillaje. Fuera de eso, deben hacer ejercicios, mantener una dieta balanceada y visitar a todos los patrocinadores, siempre bellas, en pose y sonrientes. "Es como un trabajo, hay que dedicarle todo el tiempo", dice Priscilla Ferrufino. Eso bien lo sabe Xiomara Blandino, coronada Miss Nicaragua 2007. "Cuando uno entra a un concurso de belleza sabés que tenés que ser superdisciplinada. Tenés la presión de todo el mundo, tenés que cumplir con una dieta adecuada, hacer ejercicios... Pero la presión psicológica que tenés como candidata, que si ganás o no ganás, lo que dice la gente, eso es lo peor. Es tensionante", reconoce.

Fotos de Bismarck Picado y Diana Nivia
De izquierda a derecha: Lauren Lawson, Dania Cáceres y Priscilla Ferrufino.

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El día para las misses empieza de madrugada. "Como tengo el pelo largo, si no me lo arreglo, el día anterior tengo que levantarme a las 4:00 de la mañana. Yo trato de alistar la ropa de la semana. El día termina a las 5:00 de la tarde, pero muchas nos quedamos haciendo ejercicios y otras cumplimos con nuestras tareas de trabajo", asegura Dania Cáceres, quien le dijo a su jefe que está dispuesta a sacrificar sus fines de semana para compensar los días perdidos debido al concurso. No es la única. Adriana Dorn, quien trabaja como ejecutiva de Relaciones Públicas en ProNicaragua, de repente se aparece en su oficina a las 6:00 de la mañana para avanzar trabajo y poder cumplir con sus obligaciones. Para poder concursar, confiesa, está usando sus días de vacaciones.

"Hay días que siento que pongo la cabeza sobre la almohada y suena la alarma", cuenta Dania. Y a todas les pasa igual. Oriana Chamorro reconoce que "siempre andamos a la carrera. Tenés que estar aquí, allá. Venimos (al gimnasio) a medio comer, retocarnos y seguimos", pero lo hace con gusto, insiste. "Si vas a entrar al Miss Nicaragua, ya sabés que vas a hacer todo esto", asegura con una amplia sonrisa.

Pero fuera del concurso, insisten, son como cualquiera otra muchacha de su edad. Y al menos a simple vista así parece. En el microbús donde las trasladan, le suben el volumen a la música y algunas hasta logran bailar sentadas. Hablan de la fiesta del día anterior y de las próximas salidas. Igual que todos los grupos de misses, dicen que son muy unidas y entre ellas no hay envidias, pero de cuando en cuando con disimulo se miran de reojo. Se quejan muy poco y obedecen las indicaciones de los organizadores del concurso. Lo único que sí reclaman en voz alta, entre ellas, es que se les dé de comer ensaladas. "Noooo. Ya no queremos comer ensalada", dice una de ellas y la otra le contesta resignada entre risas: "Pero si ya sabés que eso es lo que nos van a dar". "Yo quisiera un gallo pinto con tajadas", interrumpe otra, y sus palabras se disipan en medio de la algarabía.

Fotos de Bismarck Picado y Diana Nivia
En el centro, en primer plano, Gisselle Álvarez y Dania Cáceres.

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¿Qué lleva a una jovencita a participar en un concurso de belleza? ¿Qué hace que alguien deje todo para dedicarse a esa búsqueda de coronarse como la mujer más bella de un país? Las respuestas de las participantes suenan similares. La mayoría han soñado desde niñas con ser reinas de belleza y ahora se sienten listas para representar a la mujer nicaragüense en el extranjero. "Ser la embajadora de la belleza", "Para sacar adelante a mi país", "Para ser la cara de Nicaragua", "Ser una voz positiva para mi país". ¿Vanidad? ¿Ganas de viajar? ¿Ser popular? Nada de eso está incluido en sus respuestas. Para lograr ser Miss Nicaragua algunas han abandonado más cosas que otras. Priscilla, por ejemplo, renunció a su trabajo y también a su novio. "Dejé todo por entrar al Miss Nicaragua. De verdad que creo que es una gran responsabilidad. Yo tengo una meta en mente y quiero lograrla. Ya después veremos". Dania opina igual: "Yo dejé todo porque si lo voy a hacer, lo voy a hacer bien. Dar más de lo que la gente espera de mí".

—¿Y hay límites?

—Claro que los hay. Cuando las cosas van en contra de tu salud y tu moral.

Y vos, ¿qué estás dispuesta a hacer para ganar este concurso?

—Esforzarme muchísimo, trabajar noche y día para ello. Físicamente hablando matarme en el gimnasio.

—¿Cirugías?

—La cirugía viene a mejorar la autoestima de la mujer y a que se sienta más bella.

—¿Te has hecho alguna?

—Sí. En los dos meses que tenía no me iba a quedar tiempo para quedar como yo quería, entonces me hice una cirugía previa al concurso. Me hice una liposucción. Nunca he sido gordita, siempre he sido delgada, pero usé mucho pantalón de cadera, entonces tenía las famosas "agarraderas del amor" y para este concurso no podía quedarme con ellas. Estoy feliz, me pongo traje de baño y me siento realizada. Quiero que el 26 (de febrero) cuando me toque salir en el Teatro Nacional la gente diga: ¡Wow!

Dania Cáceres no ha sido la única este concurso que ha mejorado algo de su cuerpo con cirugías. También lo hizo Oriana Chamorro. "Me hice dos cirugías y me las hice porque me estaba preparando para el Miss Nicaragua. Me hice de nariz y de busto", explica.

La cirugía, ese tema tan recurrente en los concursos de belleza, es algo con lo que Xiomara Blandino no está muy de acuerdo. "Creo que eso es algo medio negativo de los concursos, a veces hay como una presión. Yo estoy a favor de lo natural, pero tampoco tengo nada en contra de la gente que lo hace", afirma.

Pero, a pesar de los pros y de los contras, Xiomara está convencida de que un concurso de belleza le cambia la vida a una jovencita. "Por lo menos las que quedan en el top, cinco podrán representar a Nicaragua en certámenes internacionales, las empresas las van a contratar. El Miss Nicaragua es una palanca para conseguir buenos trabajos, te permite hablar mejor en público, tener una mejor presentación. Yo creo que ninguna chavala que entre a participar en Miss Nicaragua va a volver a ser la misma. Es un curso intensivo de relaciones públicas, diplomacia...", opina. Eso bien lo saben las candidatas. Saben que habrán cambios y que los hay desde ahora. Lo sabe Amalia, quien ha tenido que cambiar las rutas por los taxis. Lo sabe bien Oriana, quien no aguantó ni quince minutos en un partido de beisbol por andar vestida como las reglas de ser miss lo sugieren, de tacones, maquillada.. Pero nada de eso parece importarles. Aceptan los cambios. Aceptan las rutinas de entrenamiento. Las dietas. Los ejercicios. Las levantadas temprano. Y lo hacen con gusto, aseguran todas, como ensayadas. Amalia. María Esther. Priscilla. Ana Francis. Lauren. Las catorce concursantes están dispuestas a pagar el precio con tal de convertirse en la nueva Miss Nicaragua.

Dora Luz Romero Fotos de Bismarck Picado y Diana Nivia
Adriana Dorn.

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