Recuerdos del Gran Hotel

Reportaje - 25.09.2005
Gran Hotel

En sus habitaciones se hospedaron personajes como Agustín Lara, Bienvenido Granda, Pedro Vargas, Daniel Santos, Libertad Lamarque, Celia Cruz, entre otros. Pero, la noche del 22 de diciembre de 1972, con el último temblor del terremoto que sepultó la capital, el que fuera considerado el hotel más antiguo de la vieja Managua dejó de existir para siempre, y sólo sus recuerdos y fantasmas vagan en las minas reconstruidas del famoso edificio

Orlando Valenzuela
Fotos de Orlando Valenzuela

En la edición del 29 de agosto de 1891 el Diario de la Capital anuncia que el Gran Hotel se ofrece como "el mejor establecimiento de este género que existe en el país. Lujosos salones con comedores públicos y privados. Servicio a la europea, comida a la carta. Espaciosos salas de billares franceses e ingleses. Buenos baños de aspersión, precios módicos. Dirección: Una cuadra al sur del Palacio Nacional. Propietario: S. Lupone". Por el apellido de su propietario, un inmigrante italiano de apellido Lupone este establecimiento se conocía como Hotel Lupone.

Dieciséis años más tarde, una crónica periodística de principios del siglo XX da cuenta que a las seis de la tarde del 23 de noviembre de 1907, el entonces Hotel Lupone recibió a uno de sus más dignos huéspedes, pues ese día arribó a la capital el tren expreso que traía al "Príncipe de las Letras Castellanas", Rubén Darío. La ciudad de Managua estaba engalanada y más de cinco mil personas lo esperaban en la estación, unas para saludarlo y otras para conocerlo. Cuando Rubén salió al andén del tren, no pudo andar, pues la multitud lo abrazó y lo levantó en peso llevándolo en medio de vítores hasta el Hotel Lupone, donde el poeta Manuel Maldonado pronunció el discurso de bienvenida, que Darío contestó agradecido.

El Gran Hotel o Lupone, de aquel tiempo, era pequeño, confortable pero de madera, razón por la cual no resistió el incendio que se desató posterior al cataclismo que destruyó la capital la mañana del Martes Santo de 1931.

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Después de aquel terremoto, un cafetalero de Carazo, José Ignacio González, dispuso comprar unos terrenos que incluían el sitio donde estuvo el antiguo Hotel Lupone y luego decidió construir en el mismo lugar un hotel que llevara el nombre de Gran Hotel y en el otro extremo del terreno construyó el Teatro González, según cuenta Cedrick Watson Becklin, bisnieto de González.

Howard Hughes se hospedó por tres días con toda su comitiva en busca de privacidad, pero fue descubierto por periodistas y se trasladó al Hotel Intercontinental, de donde varios meses después salió huyendo la noche del terremoto de 1972

Con evidente orgullo explica que su bisabuelo fue quien originalmente construyó el edificio que actualmente se ve. Su construcción estuvo bajo la supervisión de Pablo Dambach, quien era un famoso arquitecto de aquella época. Era muy moderno para su tiempo y fue uno de los primeros en utilizar concreto, que era un material nuevo en la construcción. "Creo que eso fue lo que le ayudó a resistir el terremoto de 1972", opina Cedrick.

Durante los cuarenta años que funcionó el nuevo Gran Hotel, entraron como huéspedes muchas figuras de la farándula internacional como Agustín Lara, Daniel Santos, Bienvenido Granda, Mario Moreno "Cantinflas", Pedro Vargas, Los Churumbeles de España, Roberto Carlos y otros como el aventurero y aviador norteamericano Jimmy Ángel, quien en 1937 descubrió las cataratas más altas del mundo en Venezuela, a las que bautizó con su propio nombre, Salto del Ángel.

Pero quizás el huésped más extraño que tuvo el Gran Hotel, según Cedrick, fue el multimillonario Howard Hughes, quien por tres días se hospedó allí con toda su comitiva, quizás en busca de privacidad, hasta que fue descubierto por periodistas y se trasladó al Hotel Intercontinental, de donde varios meses después salió huyendo la noche del terremoto de 1972.

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Aunque estaba pequeño, Cedrick recuerda algunos detalles del edificio donde pasó su infancia. "Me acuerdo que al entrar estaba el lobby o salón principal, allí había sillas y un juego de sofás muy cómodo, un piano que tocaba un señor de la Costa Atlántica de apellido Watson. A la derecha, estaba un pequeño bar, atrás estaba la piscina, que era de tamaño olímpico, con muchas mesas alrededor y había balcones con toldos contra la lluvia que miraban hacia la piscina por dentro y también hacia la calle.

Hotel Lupone
El terremoto de 1931 puso fin al antiguo Hotel Lupone, que estuvo en el mismo lugar donde se construyó el Gran Hotel, también destruido por otro terremoto, el de diciembre de 1972.

Al fondo, estaba el comedor principal y a mano derecha había un comedor especial para niños que se llamaba El Carrusel, pintado en rosado, que tenía un juego de caballitos con música y daba vueltas. Al lado izquierdo estaba la barbería y después seguían varias tiendas de regalos, una clínica dental, la oficina del abogado Leonte Valle López, la escuela de danza de Adán Castillo y otras.

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El periodista e historiador Roberto Sánchez formó parte de la carnada de asiduos visitantes al Gran Hotel preterremoto, ya que para esa época se ganaba unos realitos como secretario notificador del doctor Marcos Castillo. "Yo llegaba a beber guaro y a bailar a la tertulia de los sábados. Eso era como ley. Ir a la tertulia del Gran Hotel, posiblemente la tertulia de más duración que había en la vieja Managua y después de eso iba a curiosear a las chavalas en vestidos de baño a la orilla de la piscina, porque allí llegaban mujeres lindas. De allí salíamos bolos todos los sábados", recuerda Sánchez.

Como anécdota curiosa, Sánchez cuenta que "frente a la acera del Gran Hotel se pusieron las primeras prostitutas que anduvieron a pie en Managua y la gente les puso el nombre de golondrinas, ya que por la tarde, desde la esquina del Palacio Nacional y frente al Gran Hotel, los cables del tendido eléctrico se llenaban de miles de golondrinas. Entonces era una jodedera, porque al que iba abajo lo cagaban, la gente les tiraba bombas para espantarlas, pero se iban y venían de vuelta otra vez, entonces cuando surgieron las prostitutas la gente les puso las golondrinas". Uno que conoció y tuvo del pelo a muchos huéspedes del hotel fue don Donaldo José Barquero, de 73 años, quien desde un 6 de noviembre de 1956 entró a trabajar como peluquero en la barbería de la esquina sureste del edificio.

Don Donaldo, quien también es un entusiasta gallero, recuerda que para entonces él tenía 24 años y entre los personajes que conoció están Libertad Lamarque, que cantó en el Gran Hotel; Agustín Lara, Los Churumbeles de España, "Cantinflas" y Pedro Vargas, entre otros.

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"Pedro Vargas salía con nosotros, ¿sabe?", dice con un poco de orgullo y nostalgia. "Esperaba que termináramos de trabajar a las ocho de la noche y nos llevaba a la carne asada o al Malecón para ir a ver cualquier cosa".

El terremoto de 1972 fue una de las duras experiencias que le tocó vivir a don Donaldo, ya que esa noche él estaba durmiendo a sólo cuatro cuadras y media abajo del Teatro González, sobre la calle Momotombo. "No sé cómo estoy vivo todavía, si me cayó la casa encima", relata.

Otro episodio que don Donaldo nunca olvida es la "toma" del Gran Hotel el 22 de enero de 1967, cuando Fernando Agüero y otros líderes del Partido Conservador se refugiaron en este local después que la Guardia Nacional terminó en masacre una manifestación política de ese partido.

Ese domingo 22, don Donaldo estaba en un torneo de gallos jugando con colegas de Granada, León, Chinandega y Managua, entre los que se encontraban algunos guardias nacionales, como el tristemente célebre Moralitos y otros, cuando de pronto una patrulla de la Guardia llegó y suspendió el juego, ordenando que todos se fueran a sus casas. Don Donaldo y varios compañeros que iban manchados de sangre de los gallos heridos tuvieron problemas en cada uno de los retenes que tenía la Guardia en toda la ciudad, pero los salvó uno de los galleros que iba con ellos que también era guardia.

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Un día de 1961 llegó al Gran Hotel César Andrade Escobar, formando parte de la compañía de espectáculos Bikinis Girl. Aquella caravana artística llevaría a Andrade hasta República Dominicana, pero ante el incumplimiento de pago del empresario decidió quedarse en Nicaragua para regresar a su país y desde entonces se dedicó a hacer lo que mejor sabe: cantar boleros y salsa.

Durante muchos años Andrade deleitó con su voz a los huéspedes y clientes que llegaban a las tertulias que se armaban en el Gran Hotel, donde tuvo la oportunidad de conocer a otros artistas que llegaban a pasar una temporada de espectáculos en Nicaragua. "En una ocasión me encontré con `Cantinflas' —cuenta Andrade—.

Roberto Sánchez, periodista: "Yo llegaba a beber guaro y a bailar a la tertulia de los sábados. Eso era como ley. Después iba a curiosear a las chavalas en vestidos de baño a la orilla de la piscina allí llegaban mujeres lindas"

Ya estaba por salir de la presentación, a las ocho de la noche, cuando él llegó y se quedó viendo el show. Era una persona que tenía la cualidad de ser bien abierto con todo el mundo, y platicamos un rato", agrega Andrade, quien ya es nica y sigue cantando, pero ahora lo hace todos los viernes en el María Bonita, de las ocho de la noche en adelante, "hasta que la gente se aburra", dice con una amplia sonrisa.

Centro Cultural Managua
Así luce hoy el Centro Cultural Managua, remodelado sobre la misma estructura de lo que antes fuera el Gran Hotel.

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Testigos fieles de los tiempos de gloria del Gran Hotel fueron doña Juana Martínez Acosta y sus hijas, fundadoras de la famosa carne asada del Gran Hotel ubicada frente a la esquina del célebre hotel, lugar donde se instalaron a principios de 1959.

Doña Martha Acosta, hija menor de doña Juana, mientras le da vueltas a varias piernas y pechugas de pollo que tiene en la estufa de su caramanchel de carne asada, recuerda que cuando ella salía del colegio llegaba a ayudarle a su mamá y sus hermanas mayores a preparar la carne, las tortillas, el gallo pinto, la ensalada y dejar listo todo para luego trasladarse frente al Gran Hotel, donde desde las cinco de la tarde hasta el amanecer empezaban a asar y vender en hojas y papel de envolver la más rica y tradicional carne asada de la vieja Managua.

"Ahora ha salido un montón de gente que vende carne asada, ponen cuatro sillas y ya se dicen del Gran Hotel, pero nosotras somos las verdaderas hijas de la verdadera fundadora de la carne asada del Gran Hotel", afirma doña Martha con un gesto de modestia mal disimulada.

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Para doña Martha, esos tiempos son inolvidables, pues en esa época conoció a muchos artistas de fama internacional que llegaban a hospedarse al Gran Hotel y que en ocasiones, para romper la rutina de la comida a la carta, salían a la acera de enfrente a comer carne asada en medio del bullicio de la gente y de los pitos de los carros.

En los años setenta había un restaurante que se llamaba Los Gauchos, entonces a la carne asada del Gran Hotel le decían los gauchos parados, porque la gente comía de pie a la orilla de las panas y las estufas. "Me acuerdo que en una ocasión llegó Bienvenido Granda y mi mamá le sirvió su comida y como sólo había una banca y tanta gente, él agarró su paquete y se puso a comer de pie, como los demás", asegura doña Martha.

Martha Acosta, vende carne asada: "Me acuerdo que en una ocasión llegó Bienvenido Granda y mi mamá le sirvió su comida y como sólo había una banca y tanta gente, él agarró su paquete y se puso a comer de pie, como los demás"

Su hermana, doña Rosa Victoria, de 71 años, añade que cuando su mamá tenía el negocio frente al Gran Hotel, en ocasiones se vendían hasta 1,100 libras de carne en un solo día, gracias al apoyo que todas sus hermanas le daban a doña Juana, quien murió un año antes del terremoto del 72. Sin ningún gesto de jactancia, más bien con tímida modestia, cuenta que a ese lugar llegaba a comer gente de todas las clases sociales, sobre todo después de la salida de las películas de largometraje de los cines de la capital.

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"Allí llegó a comer Roberto Carlos y cuando Mario Moreno `Cantinflas' se hospedó en el Gran Hotel, él llamaba a todos los chavalos, los lustradores, vende periódicos y vende caramelos y pedía comida para todos y todos comían y él pagaba", refiere doña Rosa Victoria quien junto a su hermana mayor, María de Jesús, atiende el puesto de carne asada que tienen actualmente una cuadra arriba de la entrada al Hospital Alemán.

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La historia del Gran Hotel no sólo es de celebridades, alegría, nostalgias, tertulias, pachangas y recuerdos bucólicos, pues también registra hechos trágicos, como el ocurrido la tarde en que Agustín Lara se presentó en el Teatro González y al regresar se enteró que en la piscina del hotel se había ahogado una niñita, hija de un matrimonio muy conocido. Ese hecho le impresionó tanto que después escribió una conmovedora canción que llamó Muñequita linda. También existe el rumor del supuesto romance de un Presidente de Nicaragua que murió de un paro cardíaco en una de sus habitaciones cuando se aprestaba a viajar al extranjero con una amiga.

Piscina del Gran Hotel
Ambiente de la piscina del Gran Hotel recreada por el pintor Salvador Castillo.

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El Gran Hotel, con sus tertulias, fiestas a la orilla de la piscina y grandes personajes entrando y saliendo de sus habitaciones, dejó de existir con el terremoto de diciembre de 1972 y durante muchos años sus ruinas estuvieron abandonadas. Actualmente funciona como Centro Cultural Managua, gracias al apoyo de Noruega y Dinamarca que ayudaron en la reconstrucción.

Bayardo Martínez, director, explicó que el Centro Cultural Managua (CCM) fue concebido como la gran casa del artista nacional y depende del Instituto Nicaragüense de Cultura (INC).

Martínez explicó que el CCM se inauguró el 16 de marzo de 1994 contando con siete galerías de arte para que los artistas expongan sus obras, un anfiteatro con capacidad para 500 personas, ubicado encima de donde era la piscina, y el salón de los arcos, con capacidad para 200 personas; una galería hacia afuera y dos restaurantes, La Cavanga y La Colmena; módulos donde funciona los talleres de los grandes maestros de la pintura como Róger Pérez de la Rocha, Raúl Valverde, Sergio Velásquez, quienes alquilan sus respectivos espacios.

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También funcionan en el mismo edificio el Sindicato de Música, la Comedia Nacional, la Orquesta Nacional, la Cinemateca Nacional, la escuelas nacionales de Artes Plásticas, de Danza, de Teatro y es sede de ensayo del Coro Nacional, entre otros. Pero además el CCM alquila espacios y servicios para autofinanciarse algunas actividades de mantenimiento propias del centro.

Así, de lo que un día fue uno de los más antiguos y mejores hoteles de la Managua provinciana del siglo XIX y la Managua moderna del siglo XX, hoy sólo quedan los recuerdos en las paredes que se resistieron a caer con el último temblor que sepultó la ciudad aquella noche del infierno telúrico.

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