El ataque a San Fabián

Reportaje - 11.09.2017
San Fabian

Para el Frente Sandinista es “la gesta heroica de San Fabián”, para Daniel Ortega su primera y única acción de combate en la insurrección, y para don Fabio Peralta, el día que le mataron a sus dos hijos

Fabián Medina

Ese día 56,691 personas, de acuerdo con el conteo de tickets, seguían con el corazón en la boca el segundo juego de la Serie Mundial 1977 en el Yankee Stadium. Era 12 de octubre. Dodgers de Los Ángeles versus Yankees de Nueva York. En Nicaragua, a cuatro mil kilómetros de distancia, la familia Peralta, de Ocotal, se había reunido en una finca en la comunidad fronteriza de Las Manos para ver el partido en un pequeño televisor portátil. Llegaban a ese lugar buscando la altura que permitía ver con nitidez el Canal 5 de Honduras, que transmitía el juego.

Dispusieron bocadillos y una que otra botella de ron para seguir la formidable faena de Burt Hooton, el pícher de los Dodgers, una cara conocida en Nicaragua pues había jugado con Estados Unidos durante el Mundial de Beisbol de 1972, realizado en Managua. Celebraron o sufrieron, según sus simpatías, cada uno de los cuatro jonrones de esa noche, chilearon, comentaron las jugadas y finalmente reconocieron con un “le hizo huevo el pícher” la labor de Hooton, quien se impuso 6-1 ante los Yankees. A las 9:00 de la noche se disponían a regresar a Ocotal y nada parecía presagiar la desgracia que los arrollaría pocos minutos después.

En esos momentos, una columna guerrillera del Frente Sandinista, compuesta por Daniel Ortega, Germán Pomares, Víctor Tirado, Joaquín Cuadra, Dora María Téllez y otros, bajaba desde Honduras y colocaba un retén frente a la hacienda San Fabián, otra propiedad de la familia Peralta, a unos cinco kilómetros de Ocotal, junto a la Carretera Panamericana. Y ya para la medianoche de ese miércoles, muchos de los que acababan de disfrutar el juego Dodgers versus Yankees en Las Manos se encontraban retenidos en la hacienda San Fabián; uno moría desangrado, otro estaba baleado en el estómago y moriría al día siguiente, y para todos ellos comenzaba una pesadilla que hasta el día de hoy recuerdan con agua en los ojos.

Foto/Magazine/Oscar Navarrete/
Don Fabio Peralta y su hija María de los Ángeles, con los retratos de Rommel y Róger, muertos en San Fabián.

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A lo que sucedió ese día el Frente Sandinista le llama la “Gesta de San Fabián”. En realidad, los combates de San Fabián se dieron por accidente. El objetivo de la columna compuesta por unos 40 guerrilleros del denominado “Frente Norte Carlos Fonseca Amador”, que bajó desde Honduras, era la toma del cuartel de Ocotal la madrugada del jueves 13 de octubre.

Dora María Téllez, una de las guerrilleras de esa columna, explica que su presencia en las cercanías de San Fabián, a cinco kilómetros de Ocotal, era parte de “una ofensiva planeada a nivel nacional”. “Iba a entrar Masaya, Managua iba a hacer unos tiritos, iba a entrar Río San Juan, la gente de Solentiname y San Carlos; íbamos a entrar nosotros y alguien más, ni me acuerdo. El elemento central era detonar la insurrección en las ciudades. A nosotros nos tocaba la toma de Ocotal”.

Otro guerrillero, Juan Ramón Ramos, más conocido como “El Indio Emilio”, recuerda que la columna era una mezcla de combatientes nuevos con combatientes viejos, que comenzaron a agruparse y entrenar con meses de anticipación en Honduras con miras a esa ofensiva nacional. Dora María Téllez divide a la agrupación en tres tipos: “Los campesinos como el Indio Emilio y Facundo Picado, que habían venido con Víctor Tirado (López) de la guerrilla de la cordillera Isabelia. Guerrilla brava, gente que camina mucho, carga mucho, buenos baquianos. Otro segmento eran obreros, trabajadores urbanos, y después había otro segmento que eran los estudiantes”. Algunos estudiantes, dice, habían tenido entrenamiento en Cuba, como ella misma o como Leticia Herrera. Otros, como Daniel Ortega, por ejemplo, no tenían entrenamiento alguno ni experiencia en la montaña.

“Salimos todos de Honduras, nos reconcentramos en un lugar que se llama La Montañita, territorio nicaragüense. Y de ahí partimos para el lado de San Fabián. Lo que se pretendía era agarrar vehículo y venirnos para Ocotal a tomar por asalto el cuartel”, relata el Indio Emilio que para entonces tenía 22 años. “Lo que pasó es que un vehículo se nos pasó por la carretera y ahí ya se nos cayó el plan porque el que iba en el vehículo vio y vino a informar al comando (de la Guardia)”.

Dos días antes, Dora María Téllez y Facundo Picado, otro guerrillero, habían estado en Ocotal observando el cuartel, la cantidad y comportamiento de los guardias acantonados en la ciudad. “Eran pocos los guardias”, recuerda Téllez. “Guardias panzones, era un cuartel hecho para tiempos de paz que nosotros lo hubiésemos podido tomar fácil y rápidamente. Esa carretera, sin embargo, se convirtió en un obstáculo”.

Cerca de las 7:00 de la noche de ese miércoles 12 de octubre, los buhoneros Emilio Avilés López y Julio Alemán Ortiz bajaban hacia Ocotal en una vieja buseta después de su ambulante jornada de venta en las fincas de Las Manos y Dipilto. En San Fabián se encontraron de pronto con unos troncos y piedras atravesados en la carretera. Hallaron, sin embargo, una orilla por donde pasar y cuatro hombres de verde olivo les hicieron parada. Ellos no se detuvieron a pesar de los balazos en su contra y huyeron por la carretera.

“Sabíamos que la Guardia iba a llegar”, dice el Indio Emilio, como efectivamente sucedió.

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A eso de las 9:00 de la noche, ya los Dodgers habían ganado el partido. La serie se había empatado en ese segundo juego, y los Peralta dispusieron el regreso a Ocotal. Don Fabio y su esposa decidieron quedarse a dormir en la finca, y tres de sus hijos, Rommel, Róger y Fabio Darío, más un amigo, Diego Salgado, se regresaron en un jeep. Por el camino iban alegres y comentando todavía el partido, cuando a la altura de San Fabián la tragedia se desencadenó a ritmo de vértigo. Unos troncos en la carretera, unas sombras que cruzan haciéndoles parada. Nerviosismo. Ráfagas contra el jeep. Se ponchan las llantas. Róger, de 16 años, que viene manejando, se quiere detener, pero un balazo le pega en la rodilla de la pierna derecha cuando busca el freno. Otro balazo cruza superficialmente el abdomen de Rommel, 14 años, que es gordito y viene de copiloto.

Cuando finalmente el jeep se detiene, los guerrilleros sacan a los muchachos del vehículo y los llevan a la casa de la hacienda. El más grave es Róger, que es hemofílico, y aunque su herida no es mortal, se desangra rápidamente.

“La mayor parte de la columna se había quedado como a unos 500 metros de la carretera y un grupo al mando de El Danto (Germán Pomares) y creo que Joaquín Cuadra, estaba a cargo de cortar la carretera, conseguir los vehículos con los que nos vamos a ir, y además retener a la gente para que no avisen a Ocotal que vamos a atacar en la madrugada”, explica Dora María Téllez.

A don Fabio Peralta, padre de los dos muchachos heridos, todavía se le hacen agua los ojos al relatar los acontecimientos. “Róger era hemofílico. La herida de la rodilla comenzó a sangrar y no podían detener la sangre. La Dora María Téllez andaba una inyección anticoagulante, pero se puso nerviosa y quebró la inyección. Y es la única que andaba. Entonces se desangró”. Téllez confirma este episodio. “Era vitamina K”, dice. “Es que había una balacera tremenda”.

Antes los guerrilleros habían detenido el jeep conducido por Marcio Peralta, primo de don Fabio. “Yo andaba en un jeep Nissan que tenía. Cuando vengo veo unas barricadas, piedras puestas en la carretera, pasé con cuidado y adelante me paran. Ya veo que son guerrilleros. Yo venía con María Celina,  Armando Joaquín  y los dos chavalos. ‘Deme la llave’, me dijeron. Bajaron a los chavalos. ‘No tengan miedo’. Yo conozco a  Joaquín Cuadra. Ellos se comportaron correctos. Me agarraron a los chavalos y nos metieron a la hacienda, a la casa. ‘Mirá —me dice mi papá—, no dilata en venir la guardia porque pasó una camioneta y le hicieron una balacera. Eran unos buhoneros ambulantes’”.

Efectivamente, a la medianoche una solitaria patrulla de la Guardia Nacional llega a inspeccionar el incidente reportado, en un jeep Willy de esos que usó el ejército de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Los guardias se acercan desprevenidos, pensando que se trata de algunos ladrones, y están lejos de intuir el fuego que caería sobre ellos.

“Cuando la patrulla está ahí, El Danto deja ir una granada. Y comienza a disparar. Nosotros comenzamos a disparar hacia donde disparaba El Danto porque no vemos nada. No sé si alguien de esa patrulla se regresó, pero eso obliga a que todo el mundo se repliegue. Y tenemos un problema, que el resto del país va a entrar en ofensiva en la madrugada”, dice Téllez.

Los guardias de la patrulla quedan muertos frente a la hacienda. Los guerrilleros, previendo la llegada de más guardias, abandonan la casa de San Fabián y disponen una emboscada de casi un kilómetro sobre la Carretera Panamericana. En la casa quedan los Peralta. Como a las 2:00 de la mañana, Róger, de 16 años, muere desangrado en los brazos  de doña Blanquita Paguaga, madre de don Marcio, que lo consoló hasta el final.Infografía/Magazine/

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Entre la heterogénea columna guerrillera, destacaba un personaje mechudo, bigotón y de gruesos lentes “culo de botella”. Cleto, le llamaban. Caminaba con dificultad por esas veredas de Dios en las montañas, no tenía entrenamiento militar y su imagen estaba muy lejos del prototípico guerrillero como Germán Pomares “El Danto”. Pero llegó al campamento de Honduras precedido por una larga trayectoria en el Frente Sandinista que lo colocaba, a pesar de sus incapacidades, como uno de los principales jefes de ese grupo.

El nombre de pila de Cleto era Daniel Ortega. Comenzó a los 15 años a manifestar violentamente sus inconformidades con el somocismo. Pertenecía a una pandilla de muchachos del viejo barrio San Antonio, de Managua, que buscaban bronca, primero espontáneamente y luego a través de la Juventud Patriótica Nicaragüense (JPN). El 21 de enero de 1960 Ortega, Carlos Guadamuz, Selim Shible y Edmundo Pérez cayeron presos por primera vez, acusados de incendiar unos vehículos estatales y atentar contra instalaciones del Gobierno. Poco después, Ortega se integraría al naciente movimiento guerrillero Frente Sandinista de Liberación Nacional.

El 23  de octubre de 1967, con 22 años, participó en el asesinato de Gonzalo Lacayo, un guardia del somocismo al que el Frente Sandinista condenó a muerte por las torturas que propinó a los reos que caían en sus manos. En noviembre de ese mismo año, Ortega fue capturado mientras se escondía en una casa de seguridad por el barrio Bóer de Managua, y así comenzó una de las carceleadas más largas que sufrió sandinista alguno durante le época somocista: siete años y 42 días.

Daniel Ortega saldría de la prisión el 30 de diciembre de 1974, gracias a la operación de un comando sandinista que los rescató a él y 12 prisioneros más. De la cárcel en Nicaragua salió hacia Cuba y desde ahí mantuvo una relación a control remoto con la actividad guerrillera en Nicaragua, gestionando recursos con organismos y gobiernos amigos, y participando como uno de los ideólogos  de la tercera propuesta para derrotar a Somoza planteada dentro del Frente Sandinista, junto con su hermano Humberto Ortega y otros cuadros sandinistas. Terminan diseñando la “Ofensiva de Octubre” con la que pretenden insurreccionar Nicaragua tras la toma de algunas ciudades; por eso es que Ortega recala, sin preparación militar alguna, en Honduras, y tiene la misión de tomar Ocotal.

“El jefe de toda la agrupación era el comandante Daniel”, dice el Indio Emilio. “Después venían los otros mandos: comandante Germán Pomares, comandante Francisco Rivera, Víctor Tirado López, Joaquín Cuadra, Dora María Téllez, Oscar Benavides, Jorge Guerrero… Había unos jefes que no traían mando, pero eran como un Estado Mayor. El comandante Daniel no traía tropa pero era el jefe de la agrupación. Los jefes tropistas eran el comandante Pomares, Joaquín Cuadra y otros”.

Dora María Téllez, “Claudia” en la guerrilla, dice, sin embargo, que Ortega no jugó ninguna función de combate en San Fabián. “El jefe del operativo era El Danto. Y el otro jefe operacional era Joaquín. Joaquín comanda la emboscada de contención”.

Téllez recuerda que Ortega era un cuadro político, sin experiencia militar y muchas limitaciones físicas. “Daniel se agotaba rápidamente. Daniel es un hombre con poquísima capacidad física, cegato, sin ninguna habilidad para la montaña. Él sale en el 74 y que yo sepa ellos no hicieron curso de entrenamiento. La Leticia Herrera era explosivista. Humberto es un gran tirador a pesar de tener la mano lisiada, Carlos (Fonseca) tampoco tenía entrenamiento y tenía exactamente el mismo problema. Yo no hablo mucho de esto porque la gente pensará que me burlo. Yo no me burlo. Para dirigir un combate vos tenés que tener la capacidad física para que el físico no se te convierta en un ancla a tu pensamiento”.

Sobre la participación de Ortega, el Indio Emilio reconoce que “sí, él no era de esas personas que son ágiles, como Pomares. Exactamente en la línea de fuego no estuvo. Él estuvo en el puesto de mando, en un cerrito que está como a 300 varas, que hay un poste de luz. Ahí es el puesto de mando donde estaban ellos”.

FotoMagazine/Reproducción Diario La Prensa
Parte de la columna que emboscó a la Guardia Nacional en San Fabián.

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Como a las 7:00 de la mañana, ya con la luz del día del jueves 13 de octubre, aparece en la carretera a Dipilto una caravana de vehículos, civiles y militares con guardias, rumbo a San Fabián. El convoy viene de Ocotal reforzado con efectivos de Somoto. No saben que sobre ellos hay una emboscada tendida, que los deja entrar sin un tiro y poco después se convertirá en una trampa mortal.

Llegan hasta la casa hacienda y la rodean.

—Ríndanse y vamos a perdonar sus vidas —grita y repite varias veces un guardia a través de un megáfono. Pero en la casa ya no hay guerrilleros. Los guardias comienzan a disparar contra la casa. Fuego recio. Alguien improvisa una bandera blanca con una camiseta y la saca, gritando que solo hay civiles. Los disparos cesan por ese momento.

“Llega la Guardia por segunda vez y comienzan a disparar contra la casa. ¡Baran gan!, ¡baran gan! Los guerrilleros ya se habían retirado y se habían ido a poner a la loma. Solo estábamos civiles. Salimos con las manos arriba. Nos acostaron en la carretera. En la carretera  había una alfombra de cápsulas de bala. Nos montan a todos, a mi mamá, a mi papá, a todos nos traen detenidos”, relata Marcio Peralta.

Deciden llevarse a todos los civiles en calidad de detenidos, tendidos en la tina de una camioneta. A Rommel, el muchacho herido en el abdomen, lo montan separado en un jeep, creyéndolo guerrillero, pues anda unas botas militares. A don Marcio lo ponen a manejar su propio jeep, con varios guardias en él.

“Nosotros ya tenemos montada la emboscada”, dice Dora María Téllez. “La Guardia llega hasta la casa. Arman una tirazón, vienen descontrolados. Pero cuando termina esa balacera ellos están entrampados porque está Joaquín (Cuadra) adelante y todo el resto de la emboscada principal atrás. Cuando vienen, comienza la emboscada nuestra”.

El Indio Emilio calcula que “en principio la Guardia pensó que tal vez eran unos delincuentes los que estaban ahí. La primera patrulla que llegó no pensó que se iba a encontrar con un fuego fuerte. Y cuando llegó el refuerzo nunca se imaginaron el armamento que teníamos nosotros”.

“Estábamos emboscado y vimos que venía una caravana de camiones y dejamos que entraran todos a la emboscada. Y se armó el combate. Desde la seis de la mañana hasta la once de la mañana. Llegaron los push and pull. Nosotros teníamos la ventaja. Estábamos en los cerros. Un muchacho tenía un fusilito con mira telescópica. Como a las diez de la mañana hicieron una maniobra y quisieron atacarnos por la retaguardia y quisieron subir. Los muchachos rafagueron y cayeron unos, por un río que hay por ahí. El mando decidió que había que retirarse. Sin ningún muerto, solo un muchacho que salió herido. Le decimos “Santos Recluta”, él se llama José Luis Rivera. Dora María estaba con Carlos Manuel Jarquín en un cerrito con una ametralladora 30 y ahí los agarramos en vivo a todos. Me imagino que hicimos unos 20 vehículos, camiones y vehículos pequeños. Todos chocaron entre ellos”, dice.

Efectivamente, Téllez y otro guerrillero, Carlos Manuel Jarquín, disparan desde una loma con una ametralladora 30, “viejita pero funcionaba bien”. Aquello es una lluvia de balas sobre la carretera. Don Marcio se orilla con el jeep a un barranco buscando protección, pero aun así su vehículo recibe 16 impactos de bala y uno de los guardias es herido y muere posteriormente. Los guardias comienzan a caer muertos. Rommel recibe otro balazo en el brazo y se baja del jeep abandonado. Todavía don Marcio dice haberlo visto por el espejo retrovisor, caminando, herido pero vivo, sobre la carretera. A este muchacho lo encontrarían muerto al día siguiente, en una alcantarilla, como a 500 metros de distancia de donde lo vio don Marcio.

“¿Cómo murió Rommel? No lo sé”, dice su padre, don Fabio. Los balazos que recibió no eran mortales. Lo hallamos ya el viernes 14. Tenía la faja de él al lado y señas como de estrangulamiento. Pero eso ya debe haber sido la Guardia. Los ojos llenos de sangre”.

A la cabeza del convoy iba el subteniente de la Guardia, Eliseo Guillén. El Indio Emilio lo recuerda bien. “Quien se peinó al teniente Guillén fue un muchacho de Masaya que le decimos Santos Recluta. El teniente ese iba subiendo, dándoselas de gallo, adelante. Entonces lo agarró cerquita. Lo despojó de una pistola nueve milímetros, una carabina M2, una esclava de oro  y unos anillos de oro. Era uno de esos chicos plásticos, de academia, bien caché, diferente al guardia raso”.

El comunicado No. 18 de la Guardia Nacional, publicado ese mismo día, reconoce cinco guardias muertos, incluyendo el subteniente Guillén, y otros cuatro heridos. Sin embargo, todos los testigos dicen que las bajas fueron mucho mayores. No hubo muertos entre los guerrilleros.

“San Fabián es un fracaso y una victoria. El fracaso de la ofensiva tal como estaba prevista, que era tomar Ocotal, pero es una emboscada exitosísima. Primero, la Guardia nunca había tenido tal nivel de bajas en una emboscada. Segundo, era emboscada en carretera pavimentada. Eso lleva a la guerrilla a una cercanía tal a las ciudades y eso es que estás tocándole la barba a los Somoza”, valora Téllez.

El Indio Emilio tiene la misma apreciación: “A pesar que fue algo imprevisto lo que se hizo, se combatió también. Lo importante fue la propaganda. Porque se decía que aquí no había guerrilla. Si supuestamente la guerrilla estaba aniquilada, ¿qué era eso?”

Cada 12 de octubre el Frente Sandinista celebra la “gesta de San Fabián”. Se reúnen frente a la casa hacienda un nutrido grupo de sandinistas con las clásicas camisetas multicolores, combatientes históricos, instalan una tarima y sonido, y en algunas ocasiones hasta han llegado Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

A Carlos Peralta, a cargo de la finca, le fastidia un poco el bullicio que se arma. “Yo les digo, hagan sus celebraciones del cerco para allá, pero es que a veces los encuentro metidos en la casa como si es un espacio público”. También le molesta que la Alcaldía de Dipilto no lo deje componer la vieja casona porque “es patrimonio histórico”, aunque no hay algún decreto que así lo establezca. La Alcaldía de Ocotal le ha propuesto convertirla en museo, pero “de las palabras no han pasado”, dice.

“Por lo menos ahora me dejaron reparar el techo, porque ya estaba por venirse abajo”, explica señalando las paredes de taquezal pasconeadas por los balazos que sobre ellas llovieron.

“La primera etapa la iniciamos en 1977, cuando combatimos aquí, en la Hacienda San Fabián. Ahí fueron los combates en la Ofensiva Insurreccional del 77”, dijo Daniel Ortega en febrero del 2009, cuando llegó con su esposa a Ocotal para celebrar un natalicio de Sandino.

San Fabián es para Daniel Ortega el evento insurreccional que lo vincula directamente a una acción de combate, aunque por sus propias características y su posición de mando político en la columna guerrillera no haya volado un tiro. “A Daniel siempre le ha gustado esa celebración. Imagino porque para él tiene ese significado”, calcula Dora María Téllez.

Después de la emboscada a la Guardia en San Fabián, la mayor parte del grupo guerrillero se fue al campamento central, entre ellos Daniel Ortega. Dos grupos pequeños, uno bajo el mando de Joaquín Cuadra y otro con Germán Pomares, se van a atacar los cuarteles de San Fernando y Mozonte con el objetivo de atraer a la Guardia para quitarle presión a los guerrilleros que atacaron Masaya y San Carlos, quienes, en términos militares, habían fracasado en su intento de tomarse los cuarteles e insurreccionar las ciudades.

Don Fabio no ve mal que el Frente Sandinista celebre su victoria de San Fabián, pero sí lamenta que se hayan olvidado de los mártires de ese evento. Sus hijos. Los dos muchachos que sin saber nada de la guerra murieron después de ver un partido de beisbol.

Magazine/Óscar Navarrete
Carlos Peralta muestra las perforaciones que dejaron las balas en la pared de taquezal de la hacienda. Se queja de que la Alcaldía no deja a su familia componer la casa.

Ofensiva de octubre

San Fabián es para el Frente Sandinista el inicio de una jornada que llama “Ofensiva de Octubre” y que ha registrado para la historia con el nombre de “Octubre Victorioso”. Se trataba, en resumen, de los ataques simultáneos a varias ciudades del país. Según Humberto Ortega, principal estratega de esta jornada, el objetivo era “la toma de cuarteles enemigos con el fin de generar la incorporación de la población y armarla; sostener las posiciones y combatir al enemigo en movimientos sobre las vías de comunicación; conquistar un espacio de territorio nicaragüense en la frontera tico-nica, en el sector de Cárdenas-Sapoá-Peñas Blancas; hacer que el Mando Tercerista y la Junta Revolucionaria de Gobierno penetren en el territorio liberado y luego se trasladen a la ciudad de Rivas y, finalmente, alcanzar el reconocimiento internacional de la Junta Revolucionaria de Gobierno”.

“Esta histórica y exitosa actividad del recién nacido Frente Norte, bajo la dirección de Daniel Ortega, Víctor Tirado y ‘El Danto’ Pomares, da continuidad de forma beligerante al Tercerismo que fracasa militarmente en los otros frentes apenas formados”. (Fuente: La Epopeya de la Insurrección /Humberto Ortega Saavedra).

Comunicado de la Guardia Nacional

Comunicado No. 18 (*)

Subteniente Eliseo Guillén.

La Oficina de Leyes y Relaciones Públicas de la Guardia Nacional de Nicaragua, informa  a la ciudadanía que a las siete de la noche de ayer 12 de octubre de 1977, se presentaron al cuartel de Policía de Ocotal, Nueva Segovia, los buhoneros Emilio Avilés López y Julio Alemán Ortiz informando que la carretera entre Dipilto y Ocotal se encontraba con obstáculos y que para poder pasar se habían desviado a la derecha de la carretera siendo atacados sorpresivamente por cuatro individuos vestido de over-all y boinas verde olivo.

El cuarte de Policía de Ocotal informó también que el señor Salvador Peralta Gutiérrez, dueño de la Hacienda San Fabián y quien viajaba por la misma carretera en un jeep de su propiedad en compañía de su hijo Rommel y de Róger Ramírez Sevilla, fueron atacados con disparos de armas de fuego, en el asalto de estos elementos subversivos a la familia Peralta asesinaron al señor Róger Ramírez Sevilla y lesionaron de gravedad a los señores Rommel Peralta Paz y a don Salvador Peralta Gutiérrez, quien es hermano del jefe político de Ocotal.

En el encuentro que se produjo éntre la patrulla que llegó a investigar la denuncia y los asaltantes, resultaron muertos en cumplimiento de su deber el subteniente (CT) Eliseo Guillén R. y los alistados: raso Osorio Gonzalo, No. 22620 GN, raso (CH) González Agenor No. 22633 GN, raso Alfaro Santos No. 25091 GN y raso Hernández O. Danilo No. 20720 GN, y heridos el cabo Rivera P. Felipe No. 22103 GN, raso Cruz A. Filadelfo No. 26965 GN, raso Reyes C. Santos No. 23509 GN y el auxiliar Morales M. Abelino GN.

(*) Fragmento y con inexactitudes de los hechos

Captura de El Cuervo

Después de que la columna guerrillera se retira de San Fabián, a eso de las 3:00 de la mañana del viernes 14 de octubre, el mando ordena que se descanse un rato. El procedimiento es que cada quien permanezca en su lugar de la fila, de tal manera que cuando se reanude la marcha el de atrás avise al de adelante para que nadie se quede dormido en la oscurana. “Llegamos a una zona que hay unos pinares y una trocha. Descansamos, pero en columna. No sé qué paso, tal vez El Cuervo (Jorge Guerrero)  por buscar un lugar más cómodo se apartó de la columna. Como a las 4:00 de la mañana, que dieron la orden de continuar, el que venía atrás no lo miró y pasó. Se nos quedó El Cuervo.  Ahí lo capturó la Guardia. Suertero porque lo dejaron vivo”, relata Juan Ramón Ramos, El Indio Emilio.

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Reportaje