Sangre y violencia en la pantalla

Reportaje - 13.02.2005
La nota roja televisiva

Nunca la nota roja televisiva había tenido la importancia que tiene ahora. Cualquier suceso vale para algunos canales, ya sea un suicidio o un pleito sin consecuencias por un peine. Mientras tanto, políticos, Iglesia, organizaciones de derechos humanos, analistas de medios de comunicación y la propia Policía Nacional dicen basta

Juan Ruiz Sierra
Fotos de Moisés Matute

Un adolescente agarra a su hermana por el cuello sin causarle heridas y después sale corriendo. ¿Es eso una noticia relevante? Para algunos noticieros de televisión, sí. Primero llega el Canal 8, más tarde el 2 y finalmente el 10. En menos de cinco minutos, en la humilde vivienda del barrio Villa Libertad donde ocurrió el forcejeo hay tres periodistas y tres camarógrafos que, debido a las limitadas dimensiones del lugar, chocan entre ellos.

De acuerdo con la víctima, ocurrió lo siguiente: era primera hora de la mañana, el agresor tenía un peine en la mano y estaba tumbado en la cama. Su abuela, que vive en la misma casa, le pidió que le prestara el peine. El adolescente se lo arrojó a la cara. La hermana del adolescente salió en defensa de la abuela. Entonces, el joven, que al parecer tiene algún problema con las drogas, agarró a la hermana del cuello durante unos segundos, la insultó y se marchó de la casa. La víctima cuenta todo esto en el patio de la vivienda. Solloza y enseña una fotografía tamaño carnet del agresor. Los camarógrafos tratan de lograr la mejor perspectiva de su asustado rostro. Después, enfocan al peine, el objeto de la discordia. Fuera de la casa se concentra una decena de niños que, sonrientes, también quieren aparecer en pantalla.

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Cuando los medios de comunicación terminan de grabar, aparecen tres policías. Uno de los agentes dice que no es nada extraño que los periodistas hayan llegado al lugar del suceso antes que las fuerzas de seguridad. "Es porque tienen esos chunches, los escáneres, ¿sabe usted?"

La nota roja televisiva
Según la Policía Nacional, los medios dedicados a la nota roja violan la ley al filmar el rostro de los imputados.

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El arma más poderosa de los medios de comunicación que se dedican a cubrir notas rojas se llama escáner y permite acceder a la radio de la Policía Nacional. Los agentes se comunican las denuncias en clave, pero eso no supone ningún problema; los periodistas conocen las claves. Algunos de ellos han interiorizado tanto el vocabulario policial que, cuando llaman a su cadena de televisión para reportar al editor las noticias que han cubierto, utilizan el mismo lenguaje cifrado. "Tengo un T-68, un T-76 y un E-83".

Lucía Pineda, periodista de Canal 2, utiliza no uno, sino dos escáneres. El primero la mantiene informada de la actividad en las comisarías de la zona oeste de Managua y el segundo en las de la zona este. Su vehículo está permanentemente conectado a La Nueva Radio Ya. En el bolso lleva dos teléfonos celulares, uno para llamar a su redacción y otro para contestar a las personas que quieren denunciar un hecho a través de la línea directa y gratuita del canal. Hoy sólo llama a ese número un niño pequeño que relata a la periodista los sucesos más inverosímiles. "Chavalo jodido, se lo voy a decir a tus papás", le contesta varias veces Pineda. Los dos escáneres, la radio, los dos celulares, todo suena al mismo tiempo dentro del vehículo de Canal 2, como si fuera una sinfonía del suceso.

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Se trata de una mano cortada, entera y sangrante. La reportera rebobina la cinta de vídeo, la pasa para adelante, otra vez para atrás y la detiene cuando hay un primer plano del trozo de carne humana. "¡Mirá, miró, ahí ya está blanca de viaje!", exclama

Apodada La Chilindrina por el expresidente y reo Arnoldo Alemán debido a su similitud con el personaje de la serie mexicana El Chavo del Ocho —baja estatura, anteojos y voz aflautada—, Lucía Pineda se ha convertido en uno de los rostros más populares de la televisión nacional. Popular entre el público y entre algunos policías. Esa misma jornada, durante un quiebre de drogas en el barrio La Fuente, un agente encapuchado le dice: "Soy admirador tuyo, Chilindrina. Cada vez que te veo, digo: `Qué bárbara esa Chilindrina"'. Ella sonríe tímidamente. "Yo soy introvertida", explicará más tarde, "pero ante la cámara me desinhibo, soy otra, no sé qué me pasa".

Ante la cámara, Pineda da noticias de suicidios desde el lugar del hecho, o, suplantando el rol policial, captura a presuntos delincuentes y utiliza el vehículo del Canal 2 para trasladarlos a la comisaría. Muchos días, sin embargo, cubre sucesos de poca trascendencia, como el pleito del peine en el barrio Vía Libertad, del que Pineda dice que es importante, porque refleja "las secuelas que deja la droga. Un día de éstos el muchacho (el agresor) se puede llevar el televisor". Antes no eran noticia, pero ahora, con la actual fiebre de la nota roja, se transmiten por los más importantes canales televisivos.

Los periodistas de nota roja siguen día y noche a las patrullas policiales
Los periodistas de nota roja siguen día y noche a las patrullas policiales. El escáner los guía.

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Nunca la nota roja televisiva había tenido la importancia que tiene ahora. El fenómeno empezó a inicios del 2001, cuando Canal 8 adaptó a la pantalla el periodismo amarillista de La Nueva Radio Ya. En poco tiempo, el noticiero del 8 se convirtió en el más visto del país, por encima del de Canal 2, que había sido hasta entonces líder de audiencias. Canal 2 no se quedó de brazos cruzados. En noviembre pasado lanzó un informativo llamado 22-22, donde trabaja Pineda, separado de TV Noticias y en el que la única información posible es la del suceso.

Después llegó el Canal 10, cuyo informativo, el Telediario, era el de mayor prestigio. La segunda semana de enero de este año se reconvirtió en Acción 10, proceso que conllevó el despido de cuatro periodistas y la llegada del jefe de información del Canal 8, Mauricio Madrigal, y de otros camarógrafos y reporteros familiarizados con los entresijos de la noticia sangrienta. Acción 10 viene a ser, en algunos aspectos, una versión aún más extrema del noticiero del 8: ni siquiera cubren noticias internacionales y la estridente sirena policial que acompaña a los reportes del 8 aparece en el nuevo informativo de principio a fin, durante todo el programa.

"La competencia nos ha arrastrado a esto (la banalización del sufrimiento). Nosotros no nos podemos quedar atrás. Habría que buscar un pacto de caballeros para beneficiar a la población"
—Mauricio Madrigal— jefe de información de Acción 10

Ante este nuevo fenómeno, los activistas de derechos humanos levantan la voz porque consideran que se está haciendo "espectáculo con los más pobres", la Policía afirma que la constante presencia de los periodistas les dificulta su labor, e incluso algunos reporteros que se dedican a esto, como el propio Mauricio Madrigal, hacen examen de conciencia. La polémica ha llegado hasta la Iglesia y el Poder Legislativo: el cardenal Miguel Obando y Bravo declaró el pasado 17 de enero que estos programas "estimulan la violencia", y la comisión parlamentaria de Educación y Medios de Comunicación recomendó recientemente a los propietarios de los canales que autorregulasen la emisión de noticias sangrientas.

Lucía Pineda (a la derecha), de canal 2, entrevista junto a Karla Acosta de Canal 8,
Lucía Pineda (a la derecha), de Canal 2, entrevista junto a Karla Acosta de Canal 8, a una señora acusada de brujería por su vecina. La señora no quiere aparecer en pantalla.

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La comisionada Miriam Martha Tórrez, jefa de prensa de la Policía Nacional, está enojada. "Estos medios obstaculizan nuestro trabajo", afirma. "Invaden el lugar del suceso y nos dificultan la toma de pruebas". También, dice, al filmar los rostros de los imputados, condenarlos públicamente sin que se haya celebrado el juicio y tomar declaraciones de menores que han sido víctimas o testigos del delito, violan el Código Procesal Penal y el Código de la Niñez.

El uso del escáner, por otra parte, es inevitable. La Ley de Comunicaciones prohíbe la interferencia de sistemas de radio, pero nada dice sobre la escucha. No hay, además, presupuesto para cambiar el sistema de comunicaciones, aunque a veces se opta por utilizar el teléfono celular, pues la Policía sabe que puede haber más periodistas que agentes escuchando su radio interna. Donde Tórrez sí cree que hay mucho por hacer es en las relaciones que existen entre policías y reporteros. Reconoce que algunos oficiales reciben prebendas —tarjetas telefónicas, por ejemplo— a cambio de información. "Eso es una forma de corrupción, algo desleal", opina, "pero sólo podemos combatirlo a través de la educación".

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Desde el campo de los derechos humanos, el fenómeno se ve de forma más catastrófica. María López Vigil, vicepresidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH), habla de "suicidio colectivo" para referirse a los efectos que provocan este tipo de noticias televisivas. "Van a generar más violencia y, a través de la constante exposición del sufrimiento ajeno, menor sensibilidad social", sostiene. De acuerdo con López Vigil, las televisiones que se dedican a la nota roja son "clasistas", porque sólo cubren sucesos ocurridos en los barrios humildes y nunca en las zonas acomodadas. "Los pobres se prestan a este juego porque la televisión ha sido hasta ahora muy exclusiva y no había un espacio para ellos", argumenta. "Ahora lo tienen y creen que, a través de la pantalla, pueden ser algo. Las televisiones lo saben y se aprovechan".

Mauricio Madrigal, jefe de información de Canal 10, no coincide con esta opinión, e incluso piensa que el periodismo que él ejerce contribuye a que se cometan menos delitos, pero sí admite que en ocasiones hacen de las desgracias un show. "La competencia nos ha arrastrado a esto (la banalización del sufrimiento)", asegura. "Nosotros no nos podemos quedar atrás. Pero es necesario un esfuerzo de reflexión entre todos. Habría que buscar cómo hacer un pacto de caballeros para beneficiar a la población y respetar el dolor ajeno".

¿Parte de la solución de este conflicto pasa entonces por la autorregulación de los medios? "Absolutamente", contesta Carlos Fernando Chamorro, director del Centro de Investigaciones de la Comunicación (CINCO). "Las televisiones deben declarar ante el público qué principios les guían y qué responsabilidades han adquirido con los televidentes. Ahora no hay límites". Pero lo que más le preocupa a Chamorro es que, en un momento en el que la Asamblea Nacional pretende despojar a los medios de comunicación de las exoneraciones fiscales que ahora disfrutan, los canales televisivos les den razones para hacerlo. "Están enviando el mensaje equivocado en el peor momento posible", asegura. "Lo que vienen a decir estos noticieros es que el mercado es primero y la responsabilidad social viene después. Están entregando en bandeja de plata un argumento a los diputados".

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El otro día, mientras almorzaba y miraba la televisión, Chamorro vio una mano cortada en la pantalla. Incómodo, cambió de canal. Esa misma mano es la que aparece en el monitor que utiliza la periodista Karen Erazo en la redacción de Canal 10. La amputación ocurrió durante un pleito entre pandilleros del barrio Primero de Mayo. Se trata, efectivamente, de una mano cortada, entera y sangrante. La reportera rebobina la cinta de vídeo, la pasa para adelante, otra vez para atrás y la detiene cuando hay un primer plano del trozo de carne humana. "¡Mirá, mirá, ahí ya está blanca de viaje!", exclama, señalando a la pantalla con su brazo derecho, que está enyesado.

Después, Erazo se sube a uno de los vehículos de Acción 10 y, con el escáner de rigor en la mano, se dirige a San Rafael del Norte, donde el alcalde entrante ha despedido a decenas de trabajadores municipales y éstos se han movilizado en su contra. Durante el trayecto, la periodista explica que le enyesaron el brazo tras un raro incidente con Lucía Pineda, de 22-22.

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Ambas periodistas seguían a un vehículo policial que acababa de detener a varios presuntos miembros de pandillas. Cuando los policías llegaron a su destino, el carro de Acción 10 se estacionó detrás del de 22-22 y Erazo salió para grabar a los detenidos. Al pasar por la furgoneta de 22-22, Pineda, voluntaria o involuntariamente, la golpeó con la puerta del vehículo. Resultado: un dedo fracturado y una nueva nota roja. Pineda, la victimaria, agarró el micrófono y comenzó a preguntar a Erazo qué había sucedido, algo que la víctima agradeció. "Me hizo aún más famosa", dice riendo en el interior de la camioneta.

"Estos medios obstaculizan nuestro trabajo. Invaden el lugar del suceso y nos dificultan la toma de pruebas". Comisionada Myriam Marta Tórrez, relacionista pública de la Policía Nacional

En San Rafael del Norte todo está tranquilo. No hay lo que la reportera de Acción 10 llama "acción", valga la redundancia, y, por lo tanto, no hay noticia que dar. Así que se vuelve a Managua. Una voz en el escáner recita siglas incomprensibles para el no iniciado. Suena el celular de Erazo. Es uno de los camarógrafos, que se encuentra en Ciudad Sandino, donde un joven ha agredido a un policía con un machete. "Vos grabó que yo me lanzo todo el show. Nos vemos en el canal", le dice la periodista al camarógrafo.

Erazo pega su oído al escáner y el carro llega al Canal 10. El vehículo del camarógrafo ya está en la puerta. En el estudio, la presentadora del informativo interrumpe la noticia que estaba dando y anuncia: "Última hora, un policía lesionado. Karen Erazo viene de Ciudad Sandino y tiene el reporte". Mientras en la pantalla aparece la imagen de la cabeza sangrante del agente herido, la voz en off de Erazo cuenta todos los detalles. "La Policía quedó acorralada... Al agresor lo llaman El Pelo de León... Acción 10: cara a cara con la noticia...". Erazo viene de San Rafael del Norte, no ha estado en Ciudad Sandino, pero ¿acaso importa? Conoce todos los elementos de la noticia, se ha "lanzado todo el show". Como dijo el policía, tiene "esos chunches, los escáneres, ¿sabe usted?"Los periodistas de nota roja

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