“Siempre me enseñaron lo que cuesta la vida”

Reportaje - 08.08.2010
Vivian-Vanessa-Pellas

Vivian Vanessa Pellas, la hija del hombre más rico de Nicaragua, quiso ser cantante, pero la voz no le dio. Amante de la música y del baile, esta jovencita bailó junto a Britney Spears en uno de sus vídeos. Por ahora, la única hija del empresario Carlos Pellas dirige un canal de televisión

Dora Luz Romero

Quiso ser cantante. Desde niña ése fue el sueño de Vivian Vanessa Pellas. Se imaginaba en un escenario lleno de luces cantando y bailando frente a miles de espectadores. El rostro y el entusiasmo lo tenía, pero no la voz.

Tomó clases de canto, pero no le fue muy bien, lo confiesa. “Lo hice un año en California, pero después me dije: no voy a perder mi tiempo. Me di cuenta que es difícil el mundo de los artistas. Primero porque la mayoría de ellos que ya son famosos empezaron desde los 3 años y yo decía: con 21 años no hay forma que pueda aprender a actuar y a cantar”, dice entre risas.

También incursionó en el mundo de la ópera. Tomó un par de clases, pero sabe que “no hubiera llegado tan lejos como artista”. Además confiesa que “todos la viven callando”.

Vivian Vanessa Pellas, de 28 años, la única hija mujer de los tres retoños del empresario Carlos Pellas y Vivian Fernández, ha dejado a un lado el sueño de ser artista y se ha dedicado a explotar su lado empresarial, al igual que su padre.

Pero, ¿cómo es ser la hija del hombre más rico de un país? Ella se lo cuenta a magazine.

Foto Uriel Molina
Sus padres nunca la dejaron cortarse el cabello, entonces una vez casada, fue lo primero que hizo, comenta entre risas.

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Nació en Miami el 20 de marzo de 1982. Un par de años antes de su nacimiento, en Nicaragua había triunfado la revolución sandinista y sus padres, Carlos Pellas y Vivian Fernández, habían decidido viajar a Estados Unidos.

Ella era la única hija mujer del matrimonio Pellas Fernández. Se crió junto a sus dos hermanos, Carlos y Eduardo.

—¿Fuiste la mimada por ser la única hija?

Vivian lanza una carcajada.

—Yo creo que los tres hemos sido mimados.

De niña, con mucha frecuencia viajaba de Miami a Nicaragua junto a sus padres, pero al entrar a tercer grado, allá por los años 90, la familia se instaló nuevamente en Nicaragua.

Estudió en el Colegio Americano y desde entonces ha sido una excelente alumna, se jacta. “He estado en los top de la clase”, dice.

Al graduarse, viajó a Estados Unidos a la University of Southern California (USC) donde estudió Comunicación y Economía. “Me fui allá porque me encantan los artistas, la televisión y qué mejor que Los Ángeles”, asegura Vivian, quien años más tarde hizo una maestría en Administración de Empresas en el Instituto de Empresa en Madrid.

El estudio ha sido una herencia de su padre, reconoce. Para Carlos Pellas la educación ha sido prioridad en la vida de sus hijos. “Desde pequeño nos inculcó que teníamos que sacar buenas notas. Y si lo hacíamos no nos castigaba”, recuerda la jovencita tan delgada como un aguja.

De su niñez, Vivian guarda muy buenos recuerdos. Fue feliz, dice. “Mi papá es un hombre sumamente cariñoso. Eso me encanta de él”, asegura. Mientras que con su mamá la relación ha sido como de las mejores amigas.

Una de las cosas que más recuerda es que en su casa sus padres supieron separar los negocios de la familia. “Mi familia siempre fue muy unida. Almorzábamos juntos, cenábamos juntos y era prioridad irnos al menos una vez al año, unos diez días, de vacaciones”.

También tiene recuerdos de su etapa de rebeldía. “Mis padres me decían que no podía hacer algo o que no me dejaban salir y pues no me portaba muy bien”, confiesa con las mejillas ruborizadas. Los castigos, eran como los de cualquier otro joven, le quitaban el teléfono, no la dejaban salir… Pero ésa fue su única época de desobediencia, aclara.

Foto Uriel Molina
“Yo soy como soy donde sea. Y así soy feliz”, dice Pellas.

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La fotografía muestra a una niñita risueña. Lleva el cabello liso y con una pava que cubre parte de sus cejas. A la par suya su padre, Carlos Pellas, la abraza. Ésa, ya no es la misma niña. Vivian Pellas tiene 28 años, siempre risueña y ahora un tanto maquillada, lleva las riendas del canal de televisión (Canal 14) del grupo que dirige su padre.

Sentada detrás de un escritorio impecablemente ordenado, sonríe igual que en aquella fotografía de hace más de veinte años.

No lleva mucho tiempo en el puesto de directora, fue en marzo de este año que decidió asumir esto que ella llama “un reto”. “Yo sentí que yo era la persona indicada. Porque tengo el lado empresario de mi padre y vengo con una maestría. Sentía que tenía la experiencia suficiente. Segundo, tengo la parte artística, la de la moda, el baile, el gusto y además desde niña me interesó mucho lo de la televisión”, explica.

La idea, cuenta, era hacer un canal más atractivo, variado y dinámico. “La producción nacional es bien costosa. Lo que uno produce tenés que garantizar que sea bueno. No podés estar produciendo por producir, por eso se eliminaron varios programas. Queremos demostrar que en Nicaragua se puede hacer televisión de calidad”, afirma.

En el canal algunos la llaman “Jefa” otros “Directora” y uno que otro simplemente Vivian. Pero no es la primera vez que se ve a Vivian involucrada en los negocios de su padre. Después de graduarse en Comunicación y Economía fue la Coordinadora de Mercadeo de Flor de Caña en Estados Unidos, al llegar a Nicaragua trabajó durante dos años en el mismo puesto, pero enfocada en Latinoamérica.

—¿Alguna vez te has puesto a pensar que todos los negocios de tu padre quedarán en manos tuyas y de tus hermanos?

—Sí, lo he pensado.

—¿Te sentís preparada?

—Yo creo que estoy preparada para asumir lo que me vayan a poner. Cada industria es diferente y uno tiene que aprender, pero lo más importante es la visión y cómo uno lo maneja. Pero además de la familia estamos rodeados de gente muy capaz.

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17 de febrero de 2007. En el altar de la Catedral de Managua un muchacho alto, sonriente espera a la novia. La música comienza a sonar y de la mano de su padre, Carlos Pellas, entra Vivian Vanessa. El muchacho que la espera, Juan Carlos Muñoz, ha sido su novio por doce años y lo conoció desde que estaban en el colegio.

“Una de mis mejores amigas era enamorada de él. Él era amigo de su hermano. Yo lo conocía por eso. Pero un día se me acerca y me dice: ‘¿cuándo fue la última vez que tuviste novio?’ Hace dos meses le contesté. ‘¿Y la última vez que diste un beso?’, me preguntó. Hace dos meses, le dije. ‘¿Y qué haces si te lo doy uno ahorita?’” No tuvo tiempo para reaccionar cuando sintió que él la había agarrado y le había dado un beso.

“Primero pensé ¿qué le pasa a este chavalo?, pero fue como ¡wow! qué espontáneo y eso fue lo que más me gustó de él”, reconoce.

Su boda con Juan Carlos Muñoz dio mucho de que hablar en los medios. Sin embargo se manejó con muchísima privacidad, tanto así que se prohibió la entrada de los medios de comunicación a la ceremonia. Ese día, en la fiesta hubo más de 700 invitados, se contó con la presencia del famoso pianista Raúl Di Blasio y se dice que el pastel fue una verdadera obra de arte: nueve pisos que formaban la Torre Eiffel.

Vivian Vanessa confiesa que tuvo muchos enamorados, pero muy pocos novios. “Fui de relaciones duraderas”, asegura.

Ahora dice ser una mujer feliz. “Tengo a alguien agradable que me deja ser y que me quiere como soy. Nunca ha querido cambiarme nada. Yo soy como soy y así soy feliz”, cuenta y esboza una sonrisa como dibujada.

En febrero de 2007 Vivian Vanessa contrajo nupcias con su novio Juan Carlos Muñoz, con quien jaló por doce años.

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Con unos pantalones “baggy” y un sombrerito negro se apareció Vivian para hacer un casting donde elegirían a las bailarinas del nuevo vídeo de Britney Spears, Do Something (2005). “Iba vestida súper cool”, considera. Esa tarde, subió a un escenario junto a seis aspirantes más y por un minuto debieron demostrar que merecían ser parte del vídeo.

Vivian había bailado desde que era una pequeñita. Había comenzado en clases de ballet, pero tan impaciente que prefirió salirse para aprender jazz. “Desde los cinco años que bailo y me encanta hacerlo. No me pongo nerviosa. Me da una emoción que siento que el escenario es mío”, manifiesta.

Para cuando hizo casting para el vídeo de la llamada “princesa del pop”, Vivian pertenecía a una agencia de modelaje en California, donde ya había hecho alguna que otra pasarela. “Ahí te llamaban para hacer castings para modelar o para comerciales, pero yo rechazaba varias cosas porque no quería estar perdiendo mi tiempo, pero cuando me dicen que es un vídeo de Britney Spears, yo me muero, me vuelvo loca. Era súper fan de cómo ella bailaba”, recuerda.

Unos dos días después del casting, Vivian recibió la llamada que tanto esperaba. Ella había sido seleccionada para participar en el vídeo. “Wow estaba encantada. El vídeo fue interesante, pero bien cansado. Estuvimos como 16 horas”, relata.

Pronto, Vivian supo que ése no era el mundo al que quería dedicarse.

Vivian Vanessa baila jazz desde que tiene cinco años.

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A Vivian Vanessa Pellas un día se le puede ver con zapatos deportivos y unos jeans desteñidos. Otro día se le puede ver muy bien maquillada, de tacones y vestido. O con unas gafas inmensas y unos pantalones flojos. “Yo ando como soy. No soy nada protocolaria. Soy de lo más sencilla. Me visto por el humor que ando”, dice.

Ella se considera una muchacha normal, como cualquier otra. Cree que no ha tenido ni más ni menos por ser la hija de Carlos Pellas. Ella, se autodefine, como una joven sencilla, honesta y genuina.

Le gusta la música, preferiblemente la “underground”. Disfruta salir a platicar y reírse con sus amigos. Adora bailar y si hay algo a lo que tiene “nervio” es salir a la calle y encontrarse con alguien que ande vestida igual que ella. Por eso prefiere hacer sus compras en el exterior.

—¿Qué cosas locas has hecho en tu vida?

—Mmm.. En Suiza hice hang gliding (Ala Delta) que tenés una barrita en las manos y otra en los pies y te tirás de 4 mil pies de altura. También hice una vez Bungee Jump (deporte de tirarse al vacío sujetado de una cuerda) y de eso me arrepiento. Eso sí da miedo.

—¿Y hay algo que no hayas hecho que quisieras hacer?

—(Suspira) Un tatuaje. Siempre he querido uno desde que tengo 15 años y nunca me lo he hecho. Pero siento que es algo que quiero hacer, pero como soy muy indecisa un día quiero una flor, otro día un mono, otro día un elefante. Por eso no me lo hago.

—¿En algún momento te has sentido comprometido a hacer o dejar de hacer algo por ser la hija del hombre más rico de Nicaragua?

—Yo no siento presión de ser diferente. Yo soy como soy donde sea. Soy bien transparente. Lo único que el cuidado de las personas en el sentido de quiénes son verdaderos amigos, quiénes están por interés, ésas han sido las cosas un poco más difíciles de ver y debo tener mucho cuidado.

—¿Por tener tanto dinero sentís que te has desubicado en algún momento?

—Yo siento que mis padres fueron excelente en guiarnos. Ellos pueden tener dinero, pero a mí nunca me tiraban el dinero. Siempre me enseñaron lo que cuesta la vida. Yo siempre tuve el mismo presupuesto que tenían todas mis amigas. No me dejaban comprarme ropa, carteras caras. Siempre me dijeron que cuando yo tuviera el dinero lo podía gastar. Yo nunca sentí que tenía el montón de dinero. Eso ha influenciado la forma como somos mis hermanos y yo. Nos sentimos igual a los demás.

—Uno creería que la hija de Carlos Pellas ha tenido todo lo que ha querido en la vida. ¿Así ha sido?

—En ciertas cosas sí. En la educación mis padres siempre me apoyaron para ir a excelentes colegios, universidades… En el baile igual. En las cosas que me apasionan ellos han sido un apoyo, pero no tengo toooodo lo que yo quiero.

—Decime algo que querrás y no tengas…

—Aaaaay yo quisiera tener un clóset con el montón de ropa. Me encanta la moda. Me encantaría tener como cien pares de zapatos.

La familia Pe Pe llas Fe Fe rnández en una de sus vacaciones familiares en Hong Kong. De izquierda a derecha: Carlos Pellas, Carlos Francisco, Vivian Vanessa, Vivian Fernández y Eduardo.

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