Sociedades secretas

Reportaje - 19.11.2006
Sociedad masónica. Los miembros de La Divina Luz.

En Nicaragua operan fraternidades o asociaciones que se reúnen regularmente para discutir diversas temáticas. No son una religión, pero aseguran creer en Dios. Algunos los catalogan de satánicos, otros de parásitos, pero ellos afirman ser grupos en busca de la verdad y sabiduría

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Orlando Valenzuela y Oscar Duarte

En el templo pintado de rojo y decorado con flores y telas blancas se observan cuatro púlpitos, uno a cada extremo. Al centro la Biblia y el signo de la escuadra y el compás que representa el espíritu y la materia. Todo descansa sobre una mesa triangular que significa la libertad, igualdad y fraternidad o sabiduría, fuerza y belleza, según el código masón.

En la parte de arriba cuelga una cadena que rodea todo el espacio. “Es el símbolo de unión entre masones y la humanidad”, explica Roberto Calvo Lay, de 47 años, el Gran Maestro o encargado de la sociedad masónica en Nicaragua. Tiene 10 años de ser masón.

Calvo Lay acompaña al Venerable Maestro, quien dirige la sesión y lleva en su mano un mazo, símbolo de la autoridad que representa.

Al templo entra Ricardo Langlois, 16 años, hijo del masón René Langlois, colaborador jurídico de la Corte Centroamericana de Justicia. Es la iniciación del muchacho en la fraternidad. Lleva un velo sobre su cabeza. No será miembro porque para ser masón se debe tener 21 años o más. Mientras cumple esa edad, Langlois tendrá la categoría de “adoptado”.

La adopción es una de las pocas ceremonias a las que puede ingresar quien no es miembro. Aún en esta ceremonia, nadie puede entrar con cámara, ni grabadora y hasta el tomar notas incomoda.

Abren las puertas del templo.

Los miembros alzan las espadas utilizadas en las sesiones para formar la bóveda de acero que representa la importancia de sus invitados. Llevan traje formal, un collarín verde, guantes blancos y un mandil, que parece ser un delantal. Es la vestimenta de un masón.

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Ricardo, de rodillas sobre un cojín rojo frente a la Biblia, luce nervioso. Con su mano sobre la Biblia jura lealtad y fidelidad a los principios de los masones. “Respetar a los hermanos masones, a la humanidad, amarla y procurar todo el bienestar que se pueda”, explica Calvo Lay.

La Biblia no es el único libro con el que se puede juramentar, también se utiliza la Constitución de la República o el Corán por respeto a las leyes y a la diversidad de religiones.

Sociedad masónica. Los miembros de La Divina Luz.
Los Divina Luz cantan y aplauden durante sus sesiones, a diferencia de los masones y rosacruces. Además permiten la entrada de niños.

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Además de los Masones, en Nicaragua existen fraternidades como los Rosacruces y La Divina Luz. A pesar de las grandes diferencias entre estas tres fraternidades, convergen en un mismo punto: no son una religión, sino una forma de vida.

La masonería, cuentan sus miembros, “es una fraternidad y una organización iniciática que procura transmitir enseñanzas antiguas para que cada ser humano trate de ser mejor por sí mismo”.

Cada masón es constructor de sí mismo. La palabra masón significa albañil. El masón René Langlois cuenta que la masonería le ha ayudado a servirle a sus semejantes. “Te enseña a hacerle a tu hermano lo que quisieras que te hicieran a vos. Mi obligación es servir a los demás”.

No hay datos precisos de cuándo y dónde inició la masonería, sin embargo el primer indicio de su existencia aparece en el siglo XIII, cuando un grupo de albañiles (masones) constituyeron un gremio y quisieron monopolizar la construcción. En la masonería antigua únicamente se aceptaban personas que estuvieran dedicadas a la construcción, luego se dio paso a intelectuales. Para preservar sus técnicas y secretos establecieron tres grados: aprendiz, compañero y maestro, además ceremonias de iniciación y fidelidad, que hasta la fecha se mantienen.

Tampoco se sabe con exactitud cómo llegó a Nicaragua. Aunque se habla de masones desde 1860. La prueba es el cementerio masónico ubicado en Greytown, San Juan del Norte.

La Gran Logia de Nicaragua, que es la agrupación que reúne a todos los masones, se fundó el 27 de noviembre de 1907.

Dos son los templos que reúnen a los 170 miembros masones en Nicaragua. Uno en León, otro en Managua y un tercero por formarse en Puerto Cabezas. Aunque dice Calvo Lay que además se reúne un grupo de disidentes que realizan sus propias sesiones, pero no son reconocidas por La Gran Logia.

Se reúnen una vez a la semana durante una o dos horas, tiempo en que realizan trabajos dedicados al desarrollo espiritual. A una sesión asisten 12 hermanos, como le llaman a sus miembros, pero siempre debe haber más de siete.

No pueden hablar de religión, tampoco de política. Además no deberían jactarse de ser masones. Quien viole las leyes es juzgado en su juicio interno, cuya sanción puede ser la suspensión parcial o total de la fraternidad.

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A diferencia de los masones, en La Divina Luz no se juzga a nadie. Aunque tampoco es permitido hablar de política ni de religión.

No se tiene fecha exacta de cuánto tiene La Divina Luz de estar en Nicaragua. No son una religión, sino “un grupo de personas que predican el evangelio de Dios de una manera amplia aterrizada en el hombre. Una asociación de curación, oración y servicio”, asegura Francisco Blandón, quien tiene 27 años de ser encargado de La Divina Luz en Nicaragua. Su nombre astral es Maestro Aarón. Su rostro no es amigable. Tiene mirada fija y el seño fruncido.

“Demos gracias al Señor demos gracias…”, cantaban los miembros de La Divina Luz. Los aplausos se escuchan uniformes, constantes. Sesionan cada segundo domingo del mes. Se persignan como católicos, rezan. Mientras ponen sus manos en forma de triángulo a la altura del pecho. “Es la protección en nuestro shatra”, dice unos de los miembros. “El shatra es la parte interna del espíritu, es la protección que tenemos”, explica.

El sudor corría por la frente de los feligreses que llevan puesta una túnica blanca, la cual, según Blandón, es la vestimenta que se utiliza en las sesiones y que simboliza la pureza. Algunos también cubren sus cabezas con turbantes.

Al igual que los militares, quienes se ganan medallas por su desempeño, los Divina Luz ganan símbolos es su túnica por el servicio que prestan al prójimo.

“Yo me desalojo en el nombre del Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”, recuerda que dijo Silvia Alfaro, de 57 años, el día que practicó una especie de bautizo, llamado por los miembros de La Divina Luz desalojo frente al mar.

Le cubrieron el cuerpo de arena y rezaron, le echaron agua del mar para quitarle las vibras negativas.
Ya había comprado su túnica blanca y tres cintas que suponían ser los colores de su aura. Ahí mismo realizaron la ceremonia de imposición de nombre. “Desde hoy, en el cielo, en la tierra y en el mundo astral serás conocida como Reflejo del Alma”, dijo el maestro a Alfaro. Todos los miembros tienen un nombre astral.

Ella tiene 17 años de ser miembro de La Divina Luz. Llegó a esta asociación por un dolor que le martirizaba. Es una de las 7 mil personas que según Blandón se congregan en los cuatro templos ubicados en Tipitapa, entre Granada y Masaya, Managua y Juigalpa. “Una amiga me trajo”, cuenta.

Uno de los rituales de esta asociación es el llamado mano izquierda. “Se dibuja la mano izquierda, uno pone su nombre, su signo zodiacal y lo deja en un líquido para la mañana siguiente”, cuenta uno de los miembros. “Se le ofrece a Dios”, agrega el encargado de la asociación. Al día siguiente un maestro lee y “siente” qué enfermedad padece esa persona.

Fotos de Orlando Valenzuela y Oscar Duarte
La función del gran maestro Roberto Calvo Lay (izquierda) es desarrollar la masonería en el país. A su lado el masón Octavio Ramón, administrador del templo.

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Octavio Román tiene 62 años y es el administrador del Templo Masónico ubicado en el sector de Armando Guido, en la capital. Es masón desde hace 12 años. Recuerda cómo ingresó a la fraternidad: “Yo trabajaba en un programa radial y un señor me dijo que sí podía entrevistar a tres hermanos (masones). Los entrevisté y de ahí pensaron que tenía todo el conocimiento de la masonería. Me dijeron: ¿No le gustaría entrar? Yo dije sí y desde el inicio me encantó”, agrega.

Hace siglos, la masonería ponía a prueba a quienes deseaban ser parte de la Orden. “Se le ponía un grupo de mujeres seductoras a un hombre, si este se dejaba tentar, era muerto, ya no se iniciaba”, dice Román. Aseguran que eso ya se hace. Pero, no cualquiera puede ser parte de esta organización que muchos han catalogado como secreta. En Nicaragua solamente se practica uno de los tantos ritos propios de la masonería: Rito Escocés Antiguo y Aceptado (RAA). En este pueden ingresar únicamente hombres mayores de 21 años. No se aceptan mujeres porque en la antigüedad eran destinadas al hogar y no a trabajos rústicos, como la construcción. Tampoco los niños.

Un masón debe cumplir requisitos como “hacer la solicitud, ser un hombre de buenas costumbres, no perseguido por la ley, además ser invitado por uno o dos maestros. Los miembros de la organización se encargan de investigar la honorabilidad del aspirante, que sea buen padre, buen vecino y de excelentes hábitos, sino la orden se reserva el derecho de admisión”, afirma Calvo Lay.

¿Es secreta la fraternidad? “Más bien podemos decir que es discreta. Así como todos en casa tenemos una intimidad con la familia. Nosotros los masones tenemos algunas enseñanzas, algunos criterios que se discuten en grupo, que son reservados, discretos, pero no secretos”, afirma el encargado de la sociedad masónica. No se pueden leer sus libros, solo lo que ellos facilitan, tampoco estar en sus sesiones, menos tomar fotografías sin autorización.

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Los rosacruces lucen más cerrados que los masones y los Divina Luz. No permiten que los medios de comunicación hablen con sus miembros sin autorización de la máxima autoridad, la encargada de la orden Rosacruz en Nicaragua, llamada Maestro Esperanza Fonseca de Urbina. Tampoco permiten tomar fotografías del templo. “Nadie que no sea miembro puede entrar al templo”, dice Fonseca. Hace una concesión. “La dejaremos entrar para que vea, pero cuando estemos dentro no nos pregunte nada”, pide.

Luce oscuro y hace calor. Las paredes pintadas con figuras del antiguo Egipto, las pirámides, la figura del faraón… Al igual que en el templo de los masones hay cuatro púlpitos y una mesa en forma triangular en el centro. “¡Cuidado! —dice Fonseca—, ahí no puede pasar. Ese es el lugar más sagrado”. Ellos le llaman la Shekinah. Según el diccionario de los rosacruces: “Es el término aplicado por los judíos a la nube de gloria que permanecía sobre el lugar de Misericordia en el Santo de Santos…”

—¿Qué representa para ustedes?

—La trinidad, como en la Iglesia católica —explica Marta Sotelo, secretaria de la Fraternidad Rosacruz.

No pasaron ni dos minutos. “Bueno, es mejor que salgamos”, apura Fonseca. Muestra la salida y prefiere no explicar a Magazine lo que significa cada símbolo, cada objeto ubicado en el templo.

La creencia en Dios en estas fraternidades es vital. En ninguna de ellas aceptan ateos. Aunque el sacerdote Rolando Álvarez asegura que un cristiano convencido no puede ser parte de estas fraternidades que buscan la razón y verdad humana sin la intervención de una divinidad.

Los masones no hablan de Dios, sino del Gran Arquitecto del Universo, cuya obra es hacer del hombre su propio constructor. Se le llama Gran Arquitecto del Universo por el simbolismo que significa ser masón, además para no crear confusiones entre las diferentes religiones.

—¿Se sabe quién o qué es el Gran Arquitecto del Universo?

—Es una energía —agrega Román.

Uno de los miembros de los masones dice que Dios es todo, “en cada quien hay un dios”, expresa.

Los rosacruces le llaman Dios, pero puede ser cualquier cosa. Depende de cada quien. “Yo por ser católica lo complemento y le doy el rostro de Jesús”, dice Fonseca. Mientras que Sotelo cuenta que Dios está en todas partes. “Dios está dentro de nosotros. Para mí puede ser algo para el resto otra cosa, pero cuando alguien es capaz de hacer algo por sí mismo eso es encontrar a Dios”.

Los Divina Luz le llaman Dios. “Para nosotros es el Creador y el Padre Eterno”, dice Blandón. A él le cantan, le rezan y le piden curación y sabiduría.

Los masones, al igual que los rosacruces y los Divina Luz creen en la reencarnación, no creen en cielo, ni en infierno, tampoco en pecados. Es por ello que sus estudios se centran en “resolver las grandes incógnitas”. ¿Existe el diablo? ¿Existe el poder de la mente? ¿Qué pasa después de la muerte? ¿Qué fuimos en la otra vida?… No lo cuentan, pero en un rápido pase de páginas sus libros lo muestran.

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Hace 10 años Esperanza Fonseca de Urbina, de 52 años, no se imaginaba que llegaría a ser Maestro de la Orden. Recuerda que ella era una persona muy nerviosa. Llegó un miembro de los rosacruces a su casa y le dijo: “Vaya a este lugar, donde le enseñan a meditar y a relajarse, de esa forma se le quitarán los nervios”. La invitó a que llegara un lunes, día en que los rosacruces realizan un foro abierto para las personas que estén interesadas en ingresar a la orden.

Cuenta que fue con su esposo, pero antes de llegar le dijo: “Si no creen en Dios, olvidate”. Llegó al lugar y le gustó.

—¿Qué beneficios le ha dado ser Rosacruz?

—Mi hija es una de las cosas más bellas que me ha dado la orden.

Se entusiasma. Sus ojos se le llenan de lágrimas. Siempre quiso una niña y cuando su hijo menor tenía 16 años, nació su hija. “Yo digo que fue por eso, con las meditaciones y los estudios que yo visualicé a mi niña hasta que se me materializó”.

“La sociedad Rosacruz busca la perfección, el servicio de la humanidad, el mejoramiento de cada individuo, el dominio de sí mismo”, dice. Asegura que no son una secta, pero deja claro que tampoco una religión. “Yo soy católica, soy mariana, aquí tengo mi rosario”, afirma Fonseca. Toma el rosario, mientras asegura que en los rosacruces no se discrimina a nadie, ni por religión, política o raza.

A diferencia de los masones, quienes solamente permiten en su orden hombres mayores de 21 años, los rosacruces aceptan mujeres y varones mayores de 18 años.

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Pero ¿cómo subsisten estas fraternidades que dicen ser organizaciones sin fines de lucro? Blandón, de La Divina Luz, dice que subsisten de lo que las personas dan voluntariamente. Abre la mano y muestra unos billetes. “Aquí puede ver 100 pesos y 20 dólares que me acaban de dar”, dice.

No quiere dejar pasar el momento sin dar la evidencia que no recibe remuneración alguna por ser parte de la Asociación. Llama a uno de los feligreses y pregunta.

—¿Cuánto me pagan por estar aquí?

—Nada —contesta el joven intimidado.

—¿Cuánto me pagan por hacer Mano Izquierda?

—Nada —repite.

—¿Y cuántas Mano Izquierda puedo hacer?

—Muchas —dice el joven.

Los rosacruces pagan 10 dólares por afiliación, 15 por trimestre para recibir los estudios que son secretos. “Estos son”, dice Sotelo a un par de metros. No permite tocarlos. “Estos solamente lo pueden ver los principiantes”, dice.

—¿De qué tratan?

Inmediatamente los guarda. No responde.

La Sociedad Rosacruz alquila una propiedad y con el dinero que dan sus feligreses dicen pagar los servicios básicos. Los masones sí cobran mensualidad. “Cada miembro da 100 córdobas para pagar
teléfono, agua, luz…”, dice Calvo Lay. Además en cada sesión cada miembro da un aporte voluntario.

Fotos de Orlando Valenzuela y Oscar Duarte
Cada lunes los rosacruces realizan foros abiertos para todas aquellas personas que deseen información acerca de la fraternidad.

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Los primeros rosacruces datan del año 1500 antes de Cristo, bajo el reinado del faraón Thutmosis III. Se basaban en el estudio de los misterios del Antiguo Egipto. Se hicieron populares a inicios del siglo XVII con la publicación de tres escritos que exponían sus propósitos.

Mientras tanto, en Nicaragua fue hasta 1955 que se habla de la Sociedad Rosacruz. Juan María Castro Silva, miembro rosacruz, fue designado por la Orden ubicada en San José, California, para organizar a rosacruces en Nicaragua. El 16 de enero de 1955 Castro convocó a estudiantes rosacruces, quienes se reunieron en un templo masón. De esta forma dio origen la Orden Rosacruz en el país. Hasta ahora son 51 años de existencia. Actualmente se congregan 200 miembros, pero dicen que puede que hayan mil porque para ser rosacruz no es necesario ir al templo. Aunque para entrar al templo es necesario haber sido iniciado, que significa haber tenido una especie de bautizo. “Cada iniciación (ritual) es diferente y se dicen cosas distintas. Le llamamos ritual, pero es como una obra de teatro, en donde el miembro par-ticipa, en donde se hacen invocaciones y pide la presencia de Dios. Es una meditación, en silencio, en recogimiento, en reposo, a la luz de las velas con olor a incienso de rosa siempre”, cuenta Sotelo.

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“Yo creo que son grupos, son parásitos, porque a quienes atraen son hombres y mujeres que ya están viviendo una experiencia de Dios en una religión. Además porque una vez que los han influenciado por estos pensamientos esotéricos y sincretistas los reenvían a sus religiones para contraponerse a las enseñanzas y las doctrinas de sus religiones”, dice el sacerdote Rolando Álvarez al referirse a estas fraternidades. Ante los ojos de la Iglesia

Católica, Álvarez dice que estas sociedades, asociaciones o grupos son “inaceptables”, ya que la Iglesia cree en la capacidad de la razón humana para describir grandes verdades, pero con la gracia divina. “Estos grupos que empiezan siendo gnósticos, se transforman en grupos de hombres y mujeres de todo tipo de religiones que proclaman cualquier verdad y terminan siendo relativistas porque cada persona profesa su propia verdad”, asegura el sacerdote.

“Los rosacruces no son una sociedad secreta porque no está vedada ni oculta. Todos los que entran a la orden tienen acceso a todos los conocimientos”, dice Marta Sotelo.

—¿Cuál es el conocimiento que se brinda?

—Son enseñanzas tradicionales que vienen desde la cultura egipcia. Dentro de ella hay mucho conocimiento sincrético. La Orden es un sistema de estudio privado —contesta.
—¿Cuántos rituales son?

—Varios —interrumpe Fonseca.

—¿Qué se hace en los rituales?

—Te voy a decir, pero no me gustaría que los divulgaras —dice con tono de secreto.

—¡Maestro! —interrumpe Sotelo con un gesto de quien se siente ofendido.

—No puedo —retrocede Fonseca arrepentida.

—¡No! Es que este es un sistema privado —apuntala Sotelo.

—No es nada malo, no es nada malo, pero no podemos decirte —explica la maestro Fonseca.

Fotos de Orlando Valenzuela y Oscar Duarte
Para los rosacruces la base de la enseñanza está en la meditación.

Personajes

Los libros y documentos referidos a la historia de estas sociedades secretas afirman que grandes escritores, filósofos, políticos han sido parte de estas fraternidades.

En la Sociedad Masónica son considerados ilustres masones Augusto César Sandino y Rubén Darío. Además, aparece Salvador Allende, Simón Bolívar, José Martí, Benito Juárez. Asimismo se dice que fueron parte de esta fraternidad George Washington, Martin Luther King, Mario Moreno “Cantinflas”, Walt Disney, Miguel Hidalgo y Costillas. Incluso personajes de la realeza como Eduardo VII, Federico II, Felipe de Edimburgo, entre otros.

También filósofos y escritores como Voltaire, Francis Bacón, Montesquieu, Víctor Hugo, Alexander Pope, Mark Twain y Oscar Wilde.

La Orden Rosacruz también ha tenido famosos entre sus miembros, pero han sido menos que los masones. Algunos son Roger Bacon, Jacobo Boehme, Henry Khunrath y Michel Majen. No se tiene información de ilustres que hayan pertenecido a La Divina Luz.

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