Somoza no durmió en la última noche que estuvo en Nicaragua

Reportaje - 05.07.2021
Somoza-y-Urcuyo

Cuarenta y dos años de dictadura somocista terminaron en la madrugada del 17 de julio de 1979. El último de la dinastía renunció al poder porque ya no tenía municiones para combatir a los guerrilleros sandinistas y la OEA lo presionaba. Así transcurrieron las últimas horas de Anastasio Somoza Debayle en Nicaragua

Por Eduardo Cruz

Anastasio Somoza Debayle no durmió en la noche del 16 de julio de 1979. A las 8:00 de la noche se reunió en el búnker con los nuevos jefes de la Guardia Nacional que recién acababa de nombrar, ya que le había dado de baja a todos los antiguos jefes que habían dirigido la guerra contra el Frente Sandinista (FSLN). Les dio algunas orientaciones y a las 10:00 de la noche le entregó a su primo Luis Pallais Debayle, congresista, la carta de renuncia como presidente de Nicaragua para que la entregara temprano al día siguiente en el Congreso.

A las 3:00 de la madrugada del día siguiente, una caravana de autobuses se ubicó cerca del hotel Intercontinental. Eran los que llevarían a los cercanos a Somoza al aeropuerto, de donde saldrían en cinco aeronaves para Miami, Florida.

Somoza supo que ya no tenía tiempo, pero quiso antes despedirse de su personal más cercano. Eran el cocinero, los camareros y los ordenanzas presidenciales, recuerda el propio Somoza en su libro La Nicaragua traicionada. “Fue un momento triste y conmovedor. Los abracé uno a uno y una vez más corrieron las lágrimas”.

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Somoza había estado llorando durante esas últimas horas. Estaba a punto de abandonar Nicaragua después de que él y su familia la gobernaron durante 42 años. Él era el hombre más poderoso de Nicaragua desde que su padre, el dictador Anastasio Somoza García, fue asesinado en 1956 y luego de que su hermano Luis, quien también fue presidente, falleciera en 1967.

Anastasio Somoza Debayle como copiloto en un helicóptero para ir a inspeccionar diversas zonas donde la Guardia Nacional estaba luchando contra los sandinistas durante la ofensiva final de junio de 1979. FOTO/ CORTESÍA/ IHNCA

Salió del búnker, ubicado cerca del hotel Intercontinental, y lo estaba esperando un automóvil que lo condujo al tope de la colina detrás del búnker, para llevarlo al aeropuerto internacional Las Mercedes.

Al sentarse dentro del helicóptero, a Somoza se le revolvieron las emociones. Contempló Managua y las lágrimas le inundaron las mejillas.

A las 5:10 de la mañana de ese 17 de julio Somoza abandonaba Nicaragua y no volvería nunca más.

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Cuando Somoza Debayle abandonó el poder, Estados Unidos calculó que la familia Somoza había amasado entre todas sus pertenencias unos 900 millones de dólares. Somoza Debayle dijo que todo eso era un “mito” y que la fortuna de él en 1979 ascendía a 100 millones de dólares, de los cuales 80 habían quedado en Nicaragua y le fueron confiscados.

Uno de los pecados que siempre le endilgaron a los Somoza es que se habían enriquecido a costa del pueblo de Nicaragua. También que no soltaban el poder y habían suprimido derechos políticos de los nicaragüenses.

El primero de la dinastía, Anastasio Somoza García, descendía de una familia cafetalera de Carazo. Muy joven se había ido a Estados Unidos, aprendió inglés y se casó en ese país con una mujer de la aristocracia nicaragüense, Salvadora Debayle Sacasa. Regresó a Nicaragua y se granjeó el favor de los norteamericanos que tenían ocupado el país.

Logró que lo nombraran director de la Guardia Nacional sin haber sido soldado nunca. Asesinó al general Augusto C. Sandino y luego, con las armas bajo su control, le dio golpe de Estado a su tío político Juan Bautista Sacasa.

Luego se apoyó en el Congreso para que lo ayudaran a retrasar las elecciones de 1936 y borrar los obstáculos constitucionales que le impedían ser candidato. Ganó y desde 1937 se quedó en el poder hasta 1947, bajo el ala del Partido Liberal Nacionalista (PLN).

Somoza García salió del poder, pero en su lugar dejó a Leonardo Argüello, a quien pensó que podía manipular. Como no fue así lo declaró loco y le dio golpe de Estado. Desde entonces, cuando un Somoza no estaba en el poder, estaba alguien que era escogido por ellos.

Anastasio Somoza García, a la izquierda, en 1947, el primero de la dinastía somocista, poco antes de darle golpe de Estado al presidente Leonardo Argüello, quien aparece a la derecha. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

En 1950 Somoza regresó al poder gracias a un pacto con Emiliano Chamorro, caudillo conservador y en 1956 se hubiera reelegido, pero cuando celebraba su candidatura en León el poeta leonés Rigoberto López Pérez le disparó cinco veces. Somoza García moriría varios días después en un hospital de Panamá. Su periodo presidencial lo terminó su hijo Luis Somoza Debayle.

Luis Somoza dejó el poder en 1963 y murió cuatro años después, un mes antes de que su hermano Anastasio Somoza Debayle asumiera el poder por primera vez.

Anastasio Somoza Debayle terminó su periodo en 1972, pero volvió al poder en 1974. De ahí no lo bajaron hasta en la madrugada del 17 de julio de 1979, cuando huyó de Nicaragua y los sandinistas tomaron el poder. Terminaron así 42 años de dictadura somocista.

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La dictadura somocista encontró oposición casi desde el principio, pero la primera gran rebelión se produjo en 1944, cuando hubo protestas estudiantiles en contra de Anastasio Somoza García, quien tuvo que desistir de ir como candidato presidencial en las siguientes elecciones.

En 1954, en abril, hubo un complot para matar o sacar del poder a Somoza García, quien había regresado a la presidencia en 1950, pero los rebeldes fueron detectados y asesinados tras una intensa persecución por parte de la Guardia Nacional.

En 1956, con el asesinato del fundador de la dinastía, también hubo fuerte persecución de opositores.

Luego hubo otras rebeliones armadas, como la de Ramón Raudales en 1958 y la de Olama y Mollejones en 1959. Raudales había peleado con Sandino contra los marines norteamericanos.

La oposición armada contra los Somoza comenzó a tomar fuerza a partir del triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959. Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara comenzaron a apoyar guerrillas en Latinoamérica, entre ellas Nicaragua.

En junio de 1959 fue aniquilado en El Chaparral, cerca de Honduras, un grupo guerrillero apoyado por el Che Guevara.

Para ese tiempo ya habían viajado a Cuba varios opositores nicaragüenses, entre ellos un joven llamado Carlos Fonseca Amador. Era hijo de una mujer pobre de Matagalpa y de Fausto Amador, el administrador de las fincas de los Somoza.

Carlos Fonseca leía libros marxistas y en Cuba descubrió sobre la vida de Augusto C. Sandino, el general nicaragüense que se había enfrentado a los marines norteamericanos en 1927, luchando contra la intervención norteamericana en Nicaragua.

otos de Cortesía de la Familia. Reproducción de Orlando Valenzuela
En La Habana, Cuba, el FSLN celebrando la toma de la casa de Chema Castillo en diciembre de 1974. En la imagen, ambos de lentes, Carlos Fonseca y Daniel Ortega. Ortega le pone un brazo en la parte superior de la espalda a Fonseca. FOTO/ ARCHIVO

Varias fuerzas opositoras coincidieron para que naciera, entre 1961 y 1963, un movimiento guerrillero apoyado por Cuba que se llamó Frente de Liberación Nacional, al cual Carlos Fonseca le agregó “Sandinista” y desde ese momento la lucha contra los Somoza estuvo inspirada por Sandino.

Durante los primeros años, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) fue un grupo armado que la Guardia Nacional decía que tenía controlado. Muchos de los líderes del FSLN estuvieron presos en las cárceles somocistas, pero el régimen no los eliminó.

La mayoría de los primeros líderes fueron muriendo en combates: Silvio Mayorga, Faustino Ruiz, José Benito Escobar, Julio Buitrago. Después Carlos Agüero, Óscar Danilo Rosales, Eduardo Contreras, Pedro Aráuz Palacios, Germán Pomares. El propio Carlos Fonseca fue asesinado en las montañas de Waslala en 1976.

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Nuevos líderes fueron surgiendo, en especial los hermanos Daniel y Humberto Ortega y Henry Ruiz. También estaban dos fundadores del FSLN que no murieron, Tomás Borge y Víctor Tirado.

Los guerrilleros sandinistas eran entrenados en Cuba, la Unión Soviética y en otros países de la Europa socialista y de esa manera la guerrilla sandinista se fue fortaleciendo.

El primer gran golpe contra Anastasio Somoza Debayle se da en diciembre de 1974, cuando un grupo guerrillero comandado por Eduardo Contreras asalta la residencia del funcionario somocista José María Castillo y logra la liberación de los reos sandinistas, entre ellos el actual dictador Daniel Ortega.

El otro gran golpe se produjo en agosto de 1978, cuando Edén Pastora comanda el asalto al Palacio Nacional, secuestra a los congresistas y Anastasio Somoza Debayle se ve obligado a cumplir con las exigencias del comando, entre las cuales estaba pago de dinero, emitir comunicados del FSLN y liberación de reos sandinistas.

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Un mes después, en septiembre de 1978, comienzan fuertes ataques de guerrilleros sandinistas en diferentes ciudades de Nicaragua que se intensifican al mes siguiente, en octubre.

La Guardia Nacional de Somoza controla la situación, pero a partir de entonces Somoza comienza a darse cuenta de que la guerrilla sandinista está bien armada, que su gobierno está perdiendo el apoyo de la OEA por influencias del nuevo presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter. Eso le dolió a Somoza porque la dictadura siempre se había declarado amiga de Estados Unidos. Carter propugnaba por el respeto a los derechos humanos y consideraba que el régimen somocista los violentaba en Nicaragua.

Además, Estados Unidos comenzó a bloquear el abastecimiento de armas a la dictadura somocista; Costa Rica prestaba su territorio a los sandinistas para que desde ahí atacaran Nicaragua; Panamá, pero especialmente Cuba, suministraban armas a los guerrilleros sandinistas.

Al final de junio de 1979, la Guardia Nacional tenía pocas municiones, explicó Somoza. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

Somoza comenzó a denunciar en la OEA y ante Jimmy Carter una agresión internacional en contra de su gobierno, pero la suerte de la dictadura somocista estaba echada.

A principios de 1979 los sandinistas continúan los ataques. También hay protestas civiles y los empresarios nicaragüenses comienzan a apoyar también a la guerrilla.

En junio de 1979 se lanza la ofensiva final contra Somoza, quien viaja varias veces a Guatemala buscando el apoyo de los presidentes de Centroamérica, pero no lo encuentra. Somoza regresa decepcionado a Nicaragua, pero su empecinamiento por el poder lo hace quedarse.

Tres cosas terminan con la testarudez de Somoza. La Guardia Nacional ya no tenía municiones y ningún país le vendía por temor a Estados Unidos. Tampoco tenía dólares en el Banco Central. Tenía córdobas, pero estos no se los aceptaban en el mercado negro de armas. Finalmente, el 23 de junio de 1979, 17 países de la OEA le piden la renuncia a Somoza, de lo contrario Nicaragua quedaba como un país proscrito ante la comunidad internacional.

Mientras todo eso ocurría, el FSLN estaba siendo apoyado por varios países del mundo y guerrilleros internacionalistas habían llegado a la frontera sur a unirse a las tropas de Edén Pastora que luchaban contra las tropas de Pablo Emilio Salazar, el comandante Bravo, fiel a Somoza.

En su libro La Nicaragua traicionada, Somoza cuenta que a mediados de junio le informaron que cinco mil guerrilleros estaban atacando en la frontera sur y se dio cuenta de que todo estaba perdido. Los miembros de la Guardia eran pocos en comparación con los guerrilleros y tenían que correr de un lado a otro para sofocar los ataques guerrilleros, de Managua a Rivas, de ahí a León, de ahí a Nueva Guinea, y así. No había descanso.

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Anastasio Somoza Debayle fue cínico. No aceptó los errores cometidos mientras fue presidente de Nicaragua. Siempre dijo que cumplía con las leyes y la Constitución.

La Guardia Nacional capturaba campesinos, mataba, torturaba. Hasta el día de hoy la gente recuerda como la aviación somocista dejaba caer bombas sobre la población civil. Había prisioneros políticos, censuras de prensa, ejecuciones, suspensión de garantías constitucionales, ley marcial.

Parte de la familia Somoza en campaña electoral a favor de Anastasio Somoza Debayle en 1974. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

Las “operaciones limpieza que hizo la Guardia desde septiembre de 1978 fueron criminales”. “La operación limpieza era algo bien sencillo”, dice un exguardia que prefiere ocultar su identidad. Explica que se trataba de limpiar las áreas de cualquier guerrillero sandinista y de las barricadas que eran instaladas en las calles. Para ello, adelante iban los guardias disparando y, en la mayoría de las ocasiones, acompañados de una tanqueta, principalmente para intimidar.

En realidad, según indican los exguerrilleros sandinistas, como Moisés Hassan, las operaciones limpieza eran más que limpiar las calles de barricadas, ya que mataron a mucha gente, incluso a jóvenes, sobre los cuales los guardias presumían que más adelante podían unirse al FSLN y luchar contra la Guardia.

Somoza tampoco quiso admitir el enriquecimiento ilícito de su familia. Ya en el exilio, en Paraguay, dijo en una entrevista al diario español ABC que todo lo que tenía era producto de su “trabajo” y que no era verdad que los Somoza eran dueños de Nicaragua, sino solo de un “40 por ciento”.

Además, en esa misma entrevista indicó que en Nicaragua había democracia porque existían elecciones libres, pero no admitió que se cometieron fraudes electorales durante toda la dictadura somocista, además de que aniquilaron a la verdadera oposición y tuvieron una que se conformaba con unos cuantos cargos y a la que se le llamaba “zancuda”.

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El 29 de junio de 1979 Somoza ya sabía que se iba. Ese día redactó la carta de renuncia a la Presidencia pero no la entregó. La llevó consigo durante 17 días sin revelarlo a nadie, para no causar desmoralización entre sus allegados, especialmente entre los guardias, explica Somoza en su libro La Nicaragua traicionada.

“Esos fueron los 17 días más largos de mi vida. Fueron días y noches llenos de zozobra y tensión. Yo no podía decir ni hacer nada que fuera a revelar que yo había aceptado renunciar”, explicó Somoza.

Desde el momento en que supo que no podría conseguir más municiones para la Guardia, comenzó a cabildear con Estados Unidos para que le permitieran una salida hacia ese país y que en Nicaragua se conservara la Guardia Nacional como poder militar y el Partido Liberal Nacionalista (PLN) como poder político. Mañana y tarde, durante los últimos días del mes de junio conversaba con el embajador norteamericano Lawrence Pezzullo.

Somoza no podía entender cómo lo estaba abandonando Estados Unidos, país al que siempre había rendido pleitesía, al punto de que se jactaba de su educación en la academia militar West Point y de que hablaba mejor inglés que español.

Anastasio Somoza Debayle acusó al presidente estadounidense Jimmy Carter de ser el responsable por la llegada al poder en Nicaragua de los sandinistas. FOTO/ ARCHIVO

Tampoco podía entender cómo Jimmy Carter no se daba cuenta de que estaba apoyando a los comunistas, al igual que el presidente costarricense Rodrigo Carazo Odio, a quien le reclamaba que prestaba territorio tico a los sandinistas.

El 29 de junio Pezzullo le dijo que estaba todo listo para que Somoza renunciara y tenía todas las garantías de Estados Unidos, pero que aún faltaban ciertos detalles, que esperara, que no renunciara todavía.

Según Somoza, en sus memorias, ese día él redactó su renuncia, la que tuvo que cargar durante 17 días y considera que si ha renunciado ese 29 de junio probablemente la Guardia Nacional hubiese conservado su poder, pero los norteamericanos lo hicieron renunciar hasta el 16 de julio por la noche, cuando la Guardia había sufrido mucho más desgaste y estaba prácticamente sin municiones.

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El 15 de julio de 1979 finalmente se apareció Pezzullo ante Somoza. El acuerdo inicial era que Somoza iba a nombrar a todos los jefes nuevos de la Guardia, pero el embajador norteamericano esta vez dijo que debía elegir entre seis candidatos para nuevo jefe de la Guardia propuestos por Estados Unidos.

Somoza eligió al coronel Federico Mejía González. Pensaba que Mejía González, originario de San Marcos, Carazo, era manejable. Mejía egresó en 1954 de la Academia Militar y se graduó de ingeniero en Brasil. En 1978 fue ascendido a coronel y a general el 16 de julio de 1979, el día en que Somoza lo designó director de la Guardia.

Ese mismo 15 de julio Somoza le comunicó que se iba a su gabinete, al Estado Mayor de la Guardia y a los comandantes departamentales.

La reunión que más le dio miedo a Somoza fue con el Estado Mayor y con los comandantes departamentales. “Entré a esa reunión con la premonición de que tenía 50-50 por ciento de probabilidades de no salir de la misma vivo. Cualquiera de aquellos generales podía haber decidido que la rendición era imposible y que la única alternativa para obtener la paz era mi asesinato”, explicó el dictador en su libro.

Los generales aceptaron la decisión y no hubo novedades.

A la izquierda, el general Federico Mejía, a quien Anastasio Somoza Debayle dejó como jefe de la Guardia Nacional el 16 de julio de 1979. A los dos días Mejía estaba huyendo de Nicaragua. FOTO/ CORTESÍA

El 16 de julio, Somoza le dio su carta de renuncia al Rafael “Adonis” Porras para que la mecanografiara. Después, le pidió al mismo Porras y a su primo Luis Pallais que elaboraran una lista de todos los que debían salir de Managua esa misma noche por avión. Era una lista difícil porque no había espacio para todos en los aviones.

Esa noche se iban los miembros del gabinete, el Estado Mayor, los comandantes de departamentos y el personal militar más antiguo y el de mayor categoría, para que no fueran asesinados o capturados por los sandinistas. Los miembros del Congreso iban a salir al día siguiente 17 de julio.

“Había tanta gente que yo quería llevarme conmigo que resultaba imposible físicamente. Yo pensé en amigos de toda la vida y asociados que iban a tener problemas muy posiblemente y muy serios con el nuevo gobierno. Dejarlos por detrás representó una decisión de vida o muerte. Pero ninguno de aquellos amigos leales protestó jamás. Ellos podían comprender”, escribió Somoza.

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Anastasio Somoza Debayle tenía tres hermanos. Sus dos hermanos de padre y madre, Luis y Lillian. Su otro hermano era José Somoza Reyes, hijo por fuera de matrimonio de Anastasio Somoza García. Luis murió en 1967. Lillian vivía en Estados Unidos con su marido Guillermo Sevilla Sacasa, eterno embajador de Nicaragua en Washington, y José Somoza vivía en Nicaragua trabajando en la Guardia.

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Lillian Somoza Debayle ya sabía que a su hermano lo iban a derrocar, le dijo en una entrevista al escritor Gabriel Traversari.

En mayo de 1979, Lillian Somoza sacó de Nicaragua a su madre, Salvadora Debayle Sacasa.

Los Sevilla Somoza vivían en la embajada de Nicaragua en Washington y Lillian tuvo un presentimiento, por lo cual llamó a un servicio de mudanza y sacó de la embajada todo lo que ella había comprado con su dinero.

Salvadora Debayle y Lillian Somoza, madre y hermana de Anastasio Somoza Debayle, respectivamente. FOTO/ ARCHIVO

Poco después de que Somoza Debayle salió de Nicaragua el 17 de julio, los sandinistas llegaron a la embajada de Washington a sacar a los Sevilla Somoza.

Eustaquio Martínez era el mayordomo de la familia y recuerda que todos se ocultaron en un segundo piso y vieron llegar a los sandinistas y cómo arrasaban con todo lo que había. Abrieron la nevera y se llevaron la carne. Hicieron de todo.

Martínez, quien conocía todo el inmueble perfectamente, logró sacar a Lillian Somoza y su familia por la parte de atrás de la casa.

Lillian Somoza recuerda ese momento así: “De la noche a la mañana llegaron a la embajada a sacarnos. Yo tenía a mi madre con nosotros y por un instante pensé que le iban a hacer algo. Mi marido me aseguró que nadie tenía derecho de agredirnos y que además él no permitiría que subieran al segundo piso”.

Para Lillian, lo sorprendente fue que los sandinistas contaban con la aprobación del gobierno de Estados Unidos para llegar a invadir la embajada. “Llegó un representante del Departamento de Estado a decirnos que a partir de ese momento nosotros allí éramos huéspedes temporales”, contó Lillian.

Las cuentas bancarias de los Somoza Sevilla fueron cerradas y después no tenían con qué pagar a las 13 personas que estaban al servicio de ellos.

Después de trabajar más de 40 años para los Somoza, Eustaquio Martínez se fue sin pago y sin liquidación.

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Los días previos al triunfo de los sandinistas fueron “un hervidero de conspiraciones y negociaciones”, recuerda Mónica Baltodano en su libro Memorias de la lucha sandinista.

El 12 de julio de 1979, en Costa Rica, en la casa del presidente Rodrigo Carazo Odio hubo una reunión a la que asistieron los miembros de la Junta de Gobierno Violeta Barrios de Chamorro, Sergio Ramírez, Daniel Ortega y Alfonso Robelo, más Tomás Borge, Humberto Ortega, el presidente Carazo y otros personajes junto al delegado del presidente Carter, William Bowdler. Trataban de negociar cómo sería la fusión de la Guardia Nacional con los guerrilleros sandinistas.

De acuerdo con un escrito de Dionisio Marenco en la revista Envío, en las negociaciones que había desde el segundo trimestre de 1979 entre el gobierno norteamericano, representado por Bowdler, la dirección nacional del FSLN y la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, los norteamericanos presionaban tanto sobre Somoza como sobre los sandinistas para que se diera una transición pacífica del poder.

Imagen de los primeros guardias nacionales que se rindieron en León, en junio de 1979. FOTO/ REPRODUCCIÓN/ LIBRO DESCALZOS A LA VICTORIA

“Que Somoza se fuera: todo el mundo de acuerdo. Que el Frente no ganara: todo el mundo de acuerdo. Pero el Frente tenía que tener alguna cuota de poder, porque militarmente controlaba buena parte del territorio nacional. Hubo varios intentos de ampliar la Junta de Gobierno hasta siete u once miembros y nombres iban y nombres venían. Hasta proponían a algunos militares de la Guardia que no eran vistos con tan mal color. Paradójicamente, uno de ellos era Enrique Bermúdez, quien después fue jefe de la Contra y que tenía fama de militar “decente”, como se decía entonces”, recordó Marenco, fallecido recientemente.

Mientras tanto, los guerrilleros sandinistas avanzaban hacia Managua desde diferentes partes del país. De la parte sur, las tropas de la Guardia Nacional trataban de contener la entrada de Edén Pastora con los internacionalistas.

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Carazo Odio estaba teniendo problemas con su pueblo por darles cabida a los sandinistas en Costa Rica. En los combates en la frontera sur estaban muriendo civiles costarricenses y por eso el presidente tico quería que los sandinistas regresaran a Nicaragua.

“Dado que las fuerzas sandinistas estaban avanzando hacia Managua, Rodrigo Carazo Odio nos aconsejó volver a nuestro país. Sugirió que nos aseguráramos un trozo de territorio liberado y proclamáramos un nuevo gobierno, solicitando entonces el reconocimiento internacional”, escribió Violeta Barrios de Chamorro en sus memorias Sueños del Corazón.

El 17 de julio, cuando huyó Somoza, la Junta de Gobierno voló hacia León, donde se instaló el gobierno provisional.

Al final, la idea era que Somoza renunciara, el Congreso nombrara presidente a Francisco Urcuyo Maliaños y este último le entregaría el poder a monseñor Miguel Obando y Bravo, para que luego fuera pasado a la junta de gobierno.

A pesar de la huida de Somoza el 17 de julio, nadie sabía qué iba a pasar. Todo era zozobra en esos días.

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Antes de ir al aeropuerto internacional Las Mercedes, aquella madrugada del 17 de julio de 1979, Somoza Debayle había tenido una discusión con su hijo Anastasio Somoza Portocarrero, apodado el Chigüín.

Somoza dice que su hijo se quería quedar combatiendo con la Guardia, porque según el Chigüín, el grupo que dirigía, la EEBI, nunca había perdido. Somoza regañó a su hijo delante del Estado Mayor de la Guardia y de los comandantes departamentales.

En medio de la discusión, Somoza le gritó a su hijo que debía de estar en el aeropuerto a las 4:00 de la madrugada, que era una orden y que debía de estar puntual. El hijo le respondió que tenía 28 años de edad, ya era un adulto y era consciente de sus deberes y responsabilidades.

Somoza salió del búnker en un helicóptero rumbo al aeropuerto. De acuerdo con el historiador Nicolás López Maltez, el piloto encargado de trasladar a Somoza en el helicóptero fue el teniente Abel Toledo Hislop. Somoza iba con el general Samuel Genie y su esposa Ida Ow, la única mujer general que hubo en la Guardia Nacional. También iban el general Adonis Porras y su esposa María Elena de Porras. En tres maletas Samsonite, los Porras llevaban solo dólares, según contó Toledo a López Maltez.

Guardias, sus familiares y otros allegados a los Somoza huyen el 19 de julio de 1979. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ IHNCA

En el aeropuerto todo era una locura. El jefe de tráfico aéreo de la torre de control, Toribio Muñoz, contó a La Prensa pocos días después, que el movimiento en la terminal aérea comenzó a las 3:00 de la madrugada y poco después llegó Somoza Debayle.

A las 4:00 de la madrugada Somoza Portocarrero no estaba en el aeropuerto. Somoza Debayle pasó del enojo a la preocupación. Sabía que si su hijo se quedaba lo iban a matar. Se preguntaba si lo habían capturado o le había ocurrido un accidente.

Somoza Portocarrero llegó a las 4:35 de la madrugada al aeropuerto. El padre se portó brusco con él, lo llevó al avión en el que debía irse y le pidió al piloto que despegara ya antes de que su hijo decidiera bajarse de la aeronave.

En pocos momentos todos los aviones estaban volando con Somoza y 44 personas de sus más allegadas, incluyendo a su hijo y a su hermano José Somoza Reyes.

Los testigos del hecho dijeron que el avión en el que iba Somoza despegó a las 5:10 de la mañana del 17 de julio de 1979 rumbo a Miami. El dictador no había dormido en toda la noche. Nunca más volvería a Nicaragua.

“El Día de la Alegría”

Los sandinistas le llamaron al 17 de julio de 1979 el “Día de la Alegría”, porque fue cuando Anastasio Somoza Debayle abandonó el poder y salió de Nicaragua.

Mientras la noticia se iba regando, salía la gente a celebrar. En los territorios liberados explotaban los morteros, se disparaban balas y sonaban las campanas de las iglesias católicas.

Ni los mismos sandinistas podían creer que Somoza se había ido.

Ese día también fue de tristeza, especialmente para los miembros de la Guardia Nacional que quedaron abandonados por Somoza.

Los guardias que no murieron en la guerra, ni pudieron salir al exilio, terminaron en las cárceles sandinistas.

Según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en julio de 1979 hasta 6,500 personas fueron recluidas en las cárceles sandinistas. Somoza dijo que fueron 8,000 los guardias y personas allegadas a él las encarceladas.

Celebrando el triunfo de la Revolución sandinista el 20 de julio de 1979. FOTO/ ARCHIVO/ CORTESÍA/ SUSAN MEISELAS

El triunfo de los sandinistas

El 18 de julio de 1979, Francisco Urcuyo Maliaños abandonó Nicaragua y se exilió en Guatemala.

Los guardias nacionales salieron en desbandada desde el día 17, cuando Somoza abandonó el país.

El 19 de julio, la Fuerza Aérea se encontraba atestada de guardias y sus familias queriendo salir en avión a cualquier parte, especialmente a Estados Unidos.

Ese mismo 19, las tropas sandinistas se tomaron Managua y llegaron al búnker de Somoza.

Al día siguiente, 20 de julio, los nuevos gobernantes sandinistas se reunieron en la Plaza de la República para celebrar el triunfo, acompañados de muchos nicaragüenses. El lugar estaba rebasado de personas de todas partes de Nicaragua.

Los nicaragüenses ni conocían a los dirigentes sandinistas. Tomás Borge y Edén Pastora eran los más conocidos.

Lo primero que hicieron los sandinistas fue expropiar a los Somoza y sus allegados y ordenar la repatriación de Anastasio Somoza Debayle para juzgarlo. Algo que nunca ocurrió. Somoza fue asesinado exactamente 14 meses después de huir de Nicaragua, el 17 de septiembre de 1980, en Asunción, Paraguay, adonde estaba asilado.

Muerte en Paraguay

Los sandinistas no querían vivo a Anastasio Somoza Debayle. Primero, tenían miedo que armara una contrarrevolución y regresara a querer recuperar el poder. Dos, tenían sed de venganza. También le habían quitado las propiedades.

Somoza salió de Nicaragua y dejó en la presidencia a Francisco Urcuyo Maliaños, quien debía entregar el poder a monseñor Miguel Obando y Bravo, pero Maliaños dijo que terminaría el periodo de Somoza hasta 1981 y ordenó a la Guardia seguir combatiendo a la guerrilla sandinista.

Los sandinistas se enojaron y continuaron atacando con el fin de llegar a Managua.

También los norteamericanos se incomodaron y le dijeron a Somoza, cuando este ya había llegado a Miami, que ya no era bienvenido a Estados Unidos, suponiendo que Somoza estaba involucrado en la decisión de Maliaños.

Magazine/La Prensa/Cortesía/Nicolás López Maltés.
Anastasio Somoza Debayle (centro) y su hijo Anastasio Somoza Portocarrero (derecha) en Paraguay. El dictador fue asesinado el 17 de septiembre de 1980 en ese país sudamericano, donde vivía con su amante Dinorah Sampson después de haber recibido protección del dictador de ese país, Alfredo Stroessner. FOTO/ CORTESÍA/ NICOLÁS LÓPEZ MALTEZ

En menos de 48 horas Somoza salió rumbo a Bahamas y luego obtuvo asilo en Paraguay. El presidente de ese país, Alfredo Stroessner, era el único que había votado a favor de Somoza en la OEA antes que lo derrocaran.

En Paraguay, adonde había llegado el 19 de agosto de 1979, Somoza había comprado tierras en una zona conocida como el Chaco y vivía bien, pero hasta ese lugar lo alcanzó el brazo de los sandinistas a través de un comando argentino liderado por Enrique Gorriarán Merlo.

El comando argentino llegó a la capital paraguaya, Asunción, y estudió los movimientos de Somoza.

En la mañana del 17 de septiembre de 1980, vestido con un traje oscuro, Somoza salió de su mansión a las 10:00 de la mañana, acompañado por Beittiner y Julio César Gallardo, chofer de la familia durante 35 años. Subieron al Mercedes Benz blanco de Somoza y tomaron la Avenida España rumbo al centro de la ciudad, donde visitarían un banco.

Cinco minutos después, el comando argentino le disparó una granada al carro de Somoza. También le dispararon balas a Somoza.

“Observé que los disparos penetraron sin dificultad. Disparé tiro a tiro, y cada disparo hacía que el cuerpo de Anastasio Somoza se moviera... Al agotar el cargador del M-16 ya estaba Santiago a mi lado en condiciones de disparar el lanzagranadas... La granada dio en el centro del vehículo y estuvo claro que la misión estaba cumplida. Santiago me preguntó: ‘¿Le pegué?’, a lo que respondí: ‘Lo destrozaste’”, declaró Gorriarán Merlo al diario El País, de España, en agosto de 1983.

Así murió Anastasio Somoza Debayle. Los sandinistas celebraron su muerte en Nicaragua.

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