Tesoros piratas en Bluefields

Reportaje - 22.03.2009
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Muchos aseguran que en esta ciudad costeña se encuentran tesoros escondidos hace siglos por los piratas que merodeaban por la zona. Y algunos sueñan con el mapa que los llevará al lugar donde se harán multimillonarios

Dora Luz Romero
Fotos de Orlando Valenzuela

A finales de enero de 2003 en Bluefields corría una extraña noticia. El inversionista Roland Howard quien construía un hotel en las zonas aledañas a la ciudad- había encontrado un cofre cargado de miles de dólares y piedras preciosas.

Como sucede en estos casos, las opiniones se dividieron: para algunos sólo era un cuento más y para otros la confirmación de una versión que ha durado siglos: en Bluefields hay tesoros escondidos por piratas o bandidos de cualquier calaña, que han llegado a ese puerto desde el mar Caribe.

En el caso Howard, esto fue lo que supuestamente ocurrió. A eso de las 4:30 de la tarde del 22 de enero, trabajadores de Howard excavaban para construir un tanque séptico. A los seis pies —menos de tres metros- de profundidad dicen que pegaron con una piedra. “Pasamos ocho días tratando de quebrarla y al destruirla volvimos a pegar contra algo sólido pero con sonido hueco”, explicó Howard a los medios en aquel entonces.

De pronto vieron un cofre grande y negro. Inmediatamente Howard retiró a los trabajadores y quedó solamente con uno de ellos, don Rufino Waggon Bent, quien le dijo que si tocaba el cofre podía haber algún maleficio y podía morir.

Por temor, decidieron dejar todo como estaba. Ya había oscurecido cuando Howard regresó a su casa, pero la curiosidad pudo más y decidió regresar por la noche al lugar. “Volví al lugar como a eso de las 8:30 de la noche y decidí abrir la caja y cuál fue mi susto, había en su interior marquetas de oro, joyas de diamantes y rubíes, entre otras riquezas”, aseguró.

También dijo haber visto billetes con denominaciones de 500 y 1,000 dólares “con la efigie de Lincoln”. Un dato fuera de cualquier lógica, ya que los billetes de 500 dólares que dejaron de ser impresos en Estados Unidos para la década de los 40 y que ahora son objeto de colección no llevaban el retrato de Abraham Lincoln, sino de William McKinley, Presidente número 25 de los Estados Unidos. Al igual que 1,000 dólares que mostraban la imagen de Grover Cleveland, Presidente número 22 y 24 de dicho país.

Las crónicas de aquel tiempo aseguran que al ver tanta riqueza Howard tapó el cofre con pedazos de zinc y tierra. Salió del hoyo y se sentó por unos minutos en su carro. Regreso a casa, le contó a su esposa y a pesar de 1a perturbación, logró conciliar el sueño.

Al día siguiente, regresó al lugar pero… el cofre había desaparecido. Toda aquella riqueza que dijo haber visto se esfumó de la noche a la mañana.

En una entrevista realizada justo después del hallazgo, el periodista le preguntó por qué no se había llevado el baúl cuando vio lo que había. A lo que éste contestó: “Ya había hablado con Waggon (el hombre que le acompañaba) y él me aseguró que si lo tocaba podía tener algún maleficio y me podía morir”. Wagoon le advirtió que podía ser “cuestiones de los piratas”.

El inversionista puso la denuncia ante la Policía Nacional, ofreció una recompensa de 20 mil dólares para quien le diera información y 50 mil dólares para quien se lo regresara.

El supuesto tesoro nunca apareció. Y las especulaciones en el pueblo no se hicieron esperar. Algunas personas decían y aún dicen que Howard se quedó con el tesoro. Otros afirman que nunca hubo algo de verdad en tal historia.

Howard no quiere hablar más del tema. “Quizás en otro momento. Ahora no”, grita desde el segundo piso del hotel que aún no ha terminado de construir y que en Bluefields lo bautizaron como el Hotel Tesoro.

Foto de Orlando Valenzuela
Éste es el Hotel —que aún no se ha terminado de construir—donde Rolando Howard supuestamente encontró el cofre cargado de dólares y piedras preciosas.

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Las historias de piratas y tesoros escondidos circulan como moneda corriente en esta ciudad costeña… (describi un poco Bluefields, mija). El origen de estos relatos transmitidos de padres a hijos y de abuelos a nietos, tiene que ver con la misma historia y posición geográfica de la ciudad. A este lugar llegaron barcos procedentes de Europa desde el mismo comienzo de la colonia, y ya para el siglo XVII, formó parte de las rutas de los mas famosos piratas que asolaban el Mar Caribe. Piratas y comerciantes europeos empezaron a poblar la Costa Atlántica de Nicaragua y la ciudad de Bluefields debe su nombre al corsario holandés Abraham Blauvelt.

“Toda esta area de Bluefields, Corn Island, Laguna de Perlas… eran lugares visitados por piratas. Por los accidentes geográficos, bahías, lagunas y desembocadura de grandes ríos era ideal para escondite de
piratas que lo usaban para aprovisionarse de comida, también como punto de emboscada para diferentes tipos de embarcaciones”, relata el historiador Hugo Sujo. Los bucaneros además de despojar de sus provisiones a los pocos habitantes de la zona, los obligaban a servirles como esclavos.

Algunos de los corsarios que se sabe que estuvieron en la Costa Caribe nicaragüense son el holandés John Esquemeling, el francés Jean David Nau y los ingleses Sussex Cammock, William Dampier y Henry Morgan. Morgan, uno de los más conocidos piratas que pasó por Nicaragua, fue quien en 1654 junto a sus tropas saqueó y quemó Ciudad Segovia, lo que provocó la migración de cientos de pobladores. Y fue así como se crearon poblados que hoy se conocen como Ocotal, Somoto, Palacagüina, Condega, Estelí… Se dice que descendientes del pirata Morgan viven en Corn Island.

A pesar que la historia habla de la existencia de piratas en el territorio, el historiador costeño no cree en los tesoros enterrados. “Muchos viejos contaban que los piratas usaban diferentes puntos de la región para esconder sus tesoros y enterrarlos. Pero son puras creencias, es parte de nuestro folclor”, dice el historiador costeño.

Foto de Orlando Valenzuela
Stefany Wilson siempre ha querido soñar con el pirata que aparece en los sueños y que indica la ubicación del supuesto tesoro. “Pero si lo soñara creo que no tendría el valor de ir a buscarlo”, dice.

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Doña Stefany Wilson, de 40 años, tenía seis años cuando le contaron el primer cuento sobre piratas y
tesoros. Sentada en el piso de su casa junto a sus hermanos y primos escuchaba atenta y veía sin pestañear a su abuela, esa viejita canosa que relataba las historias y en la que confiaban plenamente. Desde ese día, ella creyó en la existencia de tesoros escondidos en su ciudad natal, Bluefields. Cada noche, en la casa de los Wilson ubicada en el barrio Beholden, había una velada de cuentos. Los pequeños escuchaban con los ojos bien abiertos mientras los abuelos se adentraban en historias ficticias
que hacían volar la imaginación de sus nietos. Y así pasaba en muchos hogares de esta ciudad de la Costa Atlántica. En forma de cuento, les hablaban de los corsarios ingleses que se refugiaban en el Río Escondido en el siglo XVII, del pirata holandés Abraham Blauvelt en honor a quien llamaron la ciudad Bluefields.

Pero junto a esta parte de la historia crecieron las leyendas. Los ancestros contaban que en Bluefields, así como en otras zonas del Caribe nicaragüense, los piratas habían dejado tesoros escondidos. Decían
que antes de enterrar el tesoro, el corsario mataba a uno de sus tripulantes para que su espíritu cuidara el cofre, relataban que quien soñara con el bucanero estaba destinado a ser el dueño de esa riqueza…

Las leyendas se transmitieron oralmente de generación en generación, se adaptaron según la época y después de varios siglos aún se conservan como parte de la historia y cultura de los blufileños. Hay quienes creen, hay quienes no, pero lo cierto es que en Bluefields no hay quien no tenga una anécdota que narrar de tesoros escondidos.

Foto de Orlando Valenzuela
Debido a las historias que sus padres y abuelos les contaron, Armando Espinoza y Farid Safrian creen en la existencia de tesoros piratas.

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La leyenda que relatan los blufileños cuenta que los corsarios enterraban sus tesoros y mataban a uno de sus compañeros para que su espíritu cuidara el baúl. Parte de las viejas generaciones aseguran que el pirata se aparece en sueños y le indica a quien lo sueña dónde está la caja llena de oro y piedras preciosas. “Cuando uno sueña es porque ese pirata ya está cansado y necesita otro que le vaya a cuidar. Uno puede llegar, pero nadie te garantiza que vas a salir vivo, quizás te quedas cuidando por cien años más”, cree doña Stefany Wilson. Y no sólo eso. También explica que “sino es la persona indicada, el tesoro desaparece. También la leyenda dice que uno sólo puede tomar lo que necesita cuando
hay avaricia entonces desaparece”.

Otros como el señor Osmond Wells, de 63 años, dice que quien encuentre esas riquezas debe dejar caer sangre sobre el lugar. “Es como pagar un tributo por haberlas tomado”, asegura. Doña Serafina Hienz, de 74 años, afirma que sus abuelos le contaron que los “suerteros” debían llevar un animal para sacrificarlo. Y así hay decenas de creencias.

Para el historiador Hugo Suj o ya sólo quedan los cuentos. “Eso ira desapareciendo. La juventud ya no cree en esas cosas”, considera. Pero ala nueva generación todavía le gustan los cuentos de tesoros piratas.

Armando Espinoza tiene 21 años, y mientras espera que lleguen el resto de sus compañeros para practicar en la comparsa de la que es parte, habla un poco de lo que ha escuchado. “Esa es nuestra historia. La gente mayor me cuenta y yo le pongo mucha importancia. Yo sí creo que el espíritu del pirata sale en sueños y es el que te dice dónde está el tesoro”, afirma. Un amigo suyo, Farid Safiian, también cree. “Mi padrastro es marino y él me cuenta que hace muchísimo años los bucaneros enterraban sus baúles o los tiraban al mar”, dice convencido. Este joven de 21 años le ha matado la curiosidad. Aunque él no ha tenido el sueño que muchos añoran, se ha reunido con varios amigos para excavar en las cercanías del aeropuerto de la ciudad, donde se dice que hay tesoros, pero no han tenido suerte. “Quizás sea porque lo más que hemos excavado ha sido un metro o metro y medio, pero yo si creo que Bluefields está lleno de tesoros escondidos”, manifiesta.

En el caluroso Bluefields tanto jóvenes como viejos están convencidos que en alguna parte de su ciudad están los baúles cargados de oro que dejaron los piratas europeos. Y para que las historias que un día les contaron sus padres y abuelos continúen siendo parte de su cultura depende de ellos mismos.

Ahora es el turno de Stefany Wilson. Ella ha optado por continuar la tradición. Por las noches, cuando logra reunir a todos sus chiquitos, les relata las mismas historias que un día le contaron. “Es importante que nuestros hijos sepan de esto porque es parte de nuestra cultura y sería triste que se perdiera”, considera esta mujer quien anhela soñar con el espíritu del pirata. Su papá la observa y ríe incrédulo.

Foto de Orlando Valenzuela
Osmond Wells quiere mantener viva la tradición. Él le cuenta a su hijo las historias de piratas.

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