TV en tiempos de guerra

Reportaje - 02.12.2007
Chocoyito Chimbaron

¿Cómo era la tele antes de los power rangers, mtv y los noticieros sangrientos? La respuesta es simple: la tele hace 20 años era el Canal 6, “más visión en tu televisión”. Personajes que vivieron tras las cámaras en los convulsionados ochenta rebobinan el casete con la historia de la pantalla chica

Luis E. Duarte
Fotos de Orlando Valenzuela y Jorge Ortega

La nostalgia se sacude con plumas de un chocoyo gigante con voz de mujer, o títeres narizones que se enamoran: Casimiro y la Casimirita de España. A las ocho de la noche puntualmente, un campesino se vuelve odiado por muchos en casi toda Nicaragua, porque detrás de una alambrada decía: “Yo soy un hombre libre como la luz del día”.

Luego sonaban una musiquita antes del noticiero sandinista, la pausa inevitable antes de las telenovelas. La esclava Isaura, Vereda Tropical, Niña Moza, El Bien Amado, Roque Santeiro, Vale Todo, Baila Conmigo.

Al mediodía salía un muchacho de apellido impronunciable, Denis Schwartz y la muchacha que también actuaba en el teatro, Cristina Saballos, quien vive con su esposo en Estados Unidos.

Los domingos don Bobby Benítez y su programa Séptimo Libre eran muy conocidos. Aparecía con la
actriz Evelyn Martínez en el kilométrico programa de concursos que popularmente fue bautizado como
“Séptimo horrible”

Más académico era el profesor Julio César Sandoval en La Liga del Saber o El Pollito Intelectual, donde muchas escuelas participaron con sus mejores alumnos, aunque estaba también el programa deportivo Compitiendo por mi Escuela, donde salían los mejores en educación física.

Antes que Wálmaro Gutiérrez fuera diputado o María Lilly Delgado presentadora de noticieros, ambos cantaron en Séptimo Libre, fueron al Gastón y compartieron honores con destacados artistas como Fátima Ayerdis, Christian Somarriba, Martha Baltodano, Deyanira Toruño y Mauricio Baca.

Mucho antes que Evertz Cárcamo aspirara a la Alcaldía de Managua, salió de verde olivo en los campamentos militares en la revista Los Muchachos.

Los programas juveniles y musicales eran Jóvenes en Acción. Energía, Viva La Música y Ciclograma, donde se podían ver vídeos de artistas de la época, incluso de aquellos músicos del “imperialismo” como Madonna, Michael Jackson y Rod Steward, también existía Sexo y Juventud, Perfiles y el programa cultural Así es Nicaragua, donde se hizo conocido Wilmor López.

El Sistema Sandinista de Televisión (SSTV) jugó un papel importante en las estrategias propagandísticas del Gobierno de los ochenta con su noticiero y los lunes negros con los De Cara al Pueblo, pero también tuvieron sus estrellas, en una época donde abundó una programación nacionalista, ya sea para cumplir el papel ideológico-cultural o para llenar los espacios de los enlatados que no
venían más por el embargo.

¿Qué hacen algunos de estos productores y presentadores veinte años después de haber convivido en
los hogares nicaragüenses durante una década?

Foto de Orlando Valenzuela y Jorge Ortega
Lo que fue Miss Maja se convirtió en Miss Nicaragua años después. En los extremos don Booby Benítez y Martina Porta, presentador y productora del SSTV.

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A Luz Marina Montenegro le dicen “Lucha” desde que tiene memoria. Casi todos los ex trabajadores del SSTV conocen el gran secreto mejor guardado de la televisión. Ella, una adolescente del Instituto Ramírez Goyena, con su voz aguda y su cuerpecito de 102 libras, se puso el traje que pesaba ochenta.

Mario Delgadillo que se volvería famoso en 1986 filmando la captura de Eugene Hassenfus, se puso
primero el disfraz del Chocoyito Chimbarón y “Lucha” Montenegro moduló su voz para adaptarla a
la personalidad del personaje, pero después de varios programas fue llamado al Servicio Militar.

El sustituto también fue llamado después de varias grabaciones y la dirección de infantiles del SSTV
decidió dejarle a “Lucha” la voz y el personaje juntos, porque como mujer no tendrían más el
problema de perderla por los reclutamientos.

Durante las grabaciones, la guionista leía sus parlamentos mientras hacía la mímica y después de la
edición le montaban la voz chillona que caracterizó a este personaje de cuatro años que quería enseñarle a los niños de preescolar a leer, contar y sobre todo, a saber cómo llegaban y se hacían las cosas que tenían en su casa: la leche, el café, los bloques de cemento y muchas cosas más.

Había entrado al sistema a los trece años, cuando montaron “Carlos, el amanecer dejó de ser
una tentación”, en conjunto con su instituto en el Teatro Nacional Rubén Darío, cuando estaba en
primer año. Fue la única que quedó trabajando en la televisión de un grupo de casi 200 estudiantes.

Así pues domingo de por medio, intercalaban los títeres de Matatirutirulá, cuyos directores
ahora forman el Teatro Guachipilín, con el Chocoyito Chimbarón y su peculiar canción: “Chocoyito, cho-coyito a dónde vas, chocoyito, chocoyito me llevás…”

Finalmente aquel personaje vestido con cinta de mantequilla verde, regordete y expresión de “yo no fui”, pasó a ser probablemente el más popular de la televisión. Tanto así que el Gobierno debió prohibir
que se hicieran piñatas con su figura, pues durante las celebraciones los niños empezaban a golpear a “Lucha” pensando que llevaba caramelos por dentro.

Una vez fue enviada al hospital Vélez Paiz después que un niño con Síndrome de Down le pegó a mitad del pecho, precisamente donde no estaba protegida.

Oscar Miranda, “Mirandita”, era productor entonces y recuerda que en cada filmación debían quitarle
la cabeza al chocoyito después de quince minutos, así Lucha podía respirar.

También estuvo sujeta a dietas para poder llevar el peso del traje que había elaborado una estadounidense y cuya expresión jamás pudo ser duplicada, ni por la misma persona del
primer disfraz.

Montenegro, sin rencores dice en su casa de Monseñor Lezcano que todavía sigue trabajando con Los Pipitos, pero el traje del chocoyito se lo robaron.

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Martina Porta terminó produciendo Jóvenes en Acción junto a Juan Edgard Zelaya, después de hacer prácticas de periodismo con un grupo de compañeras entre ellas Olga Moraga, Nielvis y Lorena López.

Porta estaba embarazada cuando empezaron a transmitir Jóvenes en Acción donde aparecía Loma Dixon, quien posteriormente estudió cine en Cuba, trabajó con el director Ken Loach y finalmente en la televisión española, hasta que todo el mundo le perdió la pista.

El moderador Alfonso Martínez está casado actualmente con una nieta de Rafael Córdoba Rivas, miembro de la Junta de Reconstrucción de 1979, mientras Luis Ramírez es posible que esté fuera del país, dice su antigua productora.

Sin embargo, explica que cuando se encuentra con algunos compañeros del SSTV es como volver a ver a un familiar.

Durante los certámenes Gastón Pérez, las jóvenes practicantes fueron edecanes de los invitados de esa época: Flans, Maná, Piero y sobre todo Chayanne. “Aprendimos mucho de la personalidad de los artistas. Valentino siempre andaba con su Niño Dios y rezaba antes de salir, mientras David Mercado necesitaba de cinco a diez minutos sin hablar con nadie”, recuerda Porta.

Actualmente está produciendo la revista televisiva Nuevos Horizontes para promover “una alternativa diferente en la agenda cotidiana porque en la actualidad no existe un concepto de equipo o comunidad”.

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En julio de 1979 entraron las columnas guerrilleras a Managua. El Canal 6, expropiado a la familia Somoza, comenzó a transmitir las imágenes en vivo desde la Plaza de la Revolución, eran las celebraciones por el triunfo.

Oscar Miranda, trabajaba en Televicentro Canal 2 en sus instalaciones de Las Palmas antes que la confiscaran y recuerda a los guerrilleros que les pidieron las llaves. Desde ahí en realidad, lanzaron la señal y crearon el SSTV.

Iván García, nombrado meses después del triunfo director del sis-tema, está actualmente en el Canal 11 y era amigo de Miranda. Lo llamó en septiembre de 1979 a trabajar con el Gobierno porque lo conocía como publicista, tenía muchos contactos y podía ayudarles en las ventas.

García fue colaborador del Frente Sandinista durante la insurrección, tanto así que la Guardia baleó su auto y lo tuvieron preso, posteriormente se fue a estudiar televisión en Boston y el Gobierno lo premió dándole la responsabilidad del Canal, con mucha autonomía, pero bajo la tutela del Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura.

Pero el aspecto comercial estaba reducido a lo mínimo en el SSTV, así que Miranda terminó produciendo programas, entre ellos el Festival Gastón Pérez.

En Las Palmas las condiciones para trabajar eran mínimas, pero después del cierre de casi todas las 248 salas de cine que existían en Nicaragua, la tele se convirtió junto a la radio en la única diversión posible para la población.

Antes del embargo estadounidense en 1985 se podían comprar progra-mas, después había una necesidad de producir a nivel nacional para llenar espacios, afirma Miranda. Por una parte los checos, polacos, rusos y cubanos apoyaron la televisión sandinista, pero en Managua no podían convertir los programas europeos al formato estadounidense que utilizaban, al menos que fueran a La Habana.

En esa época comenzaron a piratear películas, grabándolas con recepciones de antenas parabólicas, mientras los partidos de béisbol de Grandes Ligas los transmitían desde un hotel.

—¿.Y cuál era la función del secretario político?

—Se metía a la biblioteca a leer libros, tuvimos varios. El se encargaba de la instrucción que debíamos tener. Si venía una información había que hacer el análisis político, pero eso no le tocaba a musicales y espectáculos, sino, a prensa —sostiene Miranda.

Los aspectos políticos estaban centrados en el departamento de prensa, aunque “era pro gobierno, con eso no hay vuelta de hoja”, pero tuvieron libertad creativa para hacer sus programas, aunque les tocaron sus domingos rojinegros, cortando monte y limpiando el terreno de la antena en El Crucero.

En una ocasión, su guión fue traspapelado durante un homenaje que abrirían Denis Schwartz
y Sergio Ramírez. El entonces Vicepresidente se quedó sin la página donde debía hablar. Miranda explica que “era un régimen duro, en la mañana me presentaron a la dirección del sistema y me mandaron un mes a hacer curias promocionales”.

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Del robusto señor de barba cerrada quedan apenas fotografías. Don Bobby Benítez tuvo un infarto en el 2000, perdió mucho peso y vitalidad. Este salvadoreño que vino a Nicaragua detrás de una muchacha, fue el presentador de Séptimo Libre y de algunas ediciones de los Gastón Pérez, ahora es asistente del departamento artístico de Radio Nicaragua.

Benítez fue conocido en 1968 cuando presentó Domingos Super Gigantes en el Canal 2, “mucho antes de Don Francisco“, afirma. El programa duraba casi cuatro horas y regalaban casas, motos, vehículos y dinero, una época de bonanza económica que no se comparaba con los años en Séptimo Libre, donde los premios estaban limitados a una canasta básica, pero “comprendiendo la situación, la gente la recibía con alegría”.

Oscar Miranda le pidió hacer el programa de concursos de la televisión sandinista en 1981 y Benítez aceptó el reto, donde el público decidía quién era la mejor pareja de baile o el mejor cantante, mientras el premio principal se lo llevaba el que llegara primero a una meta, tirando un dado gigante y respondiendo preguntas, adivinanzas o diciendo trabalenguas.

También escondían algún “tesoro” en un barrio y llevaban las cámaras para captar al afortunado que lo encontraba. “Teníamos un cuidado especial en la preparación de artistas, hacíamos ensayos rigurosos porque el programa era en vivo”, afirma Benítez.

Entre sus fotos hay una en un barco de El Rama, el Bluefields Express, poco antes de grabar en la Costa Atlántica y trata de recordar la fecha, finalmente alguien le dice que a principios de los ochenta la Contra lo hundió.

Benítez recuerda, sin embargo, otro programa que hicieron en una zona de guerra. “No le di importancia de meterme donde estaban los combates, pero cuando llevábamos la diversión a las tropas nos asustamos por nuestra vida, ese día hubo ataques, sentí de cerca la muerte”.

Foto de Orlando Valenzuela y Jorge Ortega
En el estudio Eddy Berríos se emitía en directo Séptimo Libre, donde se premiaba con una canasta básica a los ganadores.

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